¡Ciao! Este capítulo me ha quedado bastante corto, pero para recompensar, el siguiente es más largo (y tiene lemmon).
POV Gilbert
-¡¿Cómo dice?! ¿Que mi hermano junto con otro hombre ha asesinado a un transeúnte?
Cuando la persona del otro lado de la línea me lo dice, no me entra en la cabeza. No. Tiene que ser una equivocación. Es imposible que el buenazo de Ludwig haya hecho algo así. Me imagino quién es el supuesto "otro hombre": Feliciano; su noviete italiano.
-Sí, señor. Cuando llegamos a la escena del crimen, ya habían matado al pobre atacado. Feliciano, el hombre con el cual iba, tenía un cuchillo manchado de sangre en la mano, y Ludwig también estaba ensangrentado. Los dos estaban encima del cadáver. Mi deber es informarle de que mañana a las cuatro de la tarde tendrán su primer horario de visita. Si quiere usted, puede pasar por allí para hablar con ellos dos.
-¿Quiere que le diga algo, buen hombre? No quepo en mí mismo de la rabia que me infunda el saber que mis dos tortolitos preferidos están enjaulados por una equivocación que habéis tenido. Porque yo sé y tengo muy claro que ellos nunca harían algo así. Créame, por favor. Son buena gente, y ahora lo deben estar pasando muy mal. Dígame que los han puesto en la misma habitación, por favor.
-Sí, los hemos colocado en la misma parcela.
-Meeenos mal. Así no les habéis quitado el sexo.
-Perdone, ¿Cómo dice usted?
-Lo que oye, bastardo –este gilipollas me tiene ya hasta los cojones.
-Por lo que sé, se pasan el día abrazados, pero, no tengo ni idea de lo que hacen en la noche. Apagamos las luces. Si me disculpa usted…
-¡Oiga! ¡No me cuel-
*pip, pip, pip,*
Dios mío. Creo que les he privado de lo único que tenían.
Agarro fuertemente la cruz de hierro que hay colgada en mi cuello, pensando en mi hermano y en Feliciano, y casi inconscientemente, susurro a nadie en concreto:
-Por favor, por favor, que estén bien…
Conociendo a west, sé que tiene una voluntad de hierro, pero cuando se desploma, se desploma. Me da miedo el estado de depresión en el que pueda entrar. Realmente, ama a Feliciano. Le… aporta felicidad. Y si ahora se lo quitan, no sé cómo se quedará…
He metido la pata. No debía haberles dicho nada sobre lo "sexualosos" que son mis chicos.
Sacándome de mis pensamientos, suena el teléfono.
Es Lovino, el hermano de Feliciano. Lo cierto es que lo conocí antes que a Feliciano, porque yo y mis amigos quedamos para ir a tomar algo, y la anterior vez dijimos que traeríamos a nuestros novios. Yo me traje a mi pastelito, Roderich; aunque él no tuviera muchas ganas de venir, Francis trajo a Arthur, que tampoco estaba muy animado, y Antonio trajo a Lovino.
Cojo el móvil, y lo primero que oigo es la voz nerviosa del romano.
-¡Gilbert! –chilla al teléfono- ¡Han arrestado a Feli y al bastardo pat… digo a tu hermano!
-Lo sé –y al decir esto, oigo como estalla en lloros. Me parece oír cómo Antonio lo consuela, y seguidamente, coge el teléfono- ¿Gil? -pregunta el español.
-Sí, soy yo.
-Supongo que ya estás enterado de la situación...
-Lo estoy. Joder, qué mal está el sistema.
-Por mí que los mu' tontos de la pasma se han equivocado.
-Opino lo mismo. Esos dos son unos buenazos; nunca harían nada tan malo.
-¿Irás mañana a verlos en el horario de visitas?
-¿No es obvia la respuesta?
-Supongo que sí, fusososo-
-No es hora para risas, Toño –le regaño mirando con cara de indiferencia la nada, mientras me imagino su cara justo donde miro.
-Perdón si te he molestado, pero es que creo que no es para tanto. Estoy segurísimo de que no han sido ellos; así que de un momento para otro se descubrirá la verdad, y los liberarán.
-¿Tú crees?
-Sí. Cuando nos pillaron a Lovi y a mí por lo del tráfico de tomates, se confundieron y nos dejaron en libertad en tres días de nad… coño. Sí que son tontos.
-Bueno, recemos para que no les separen de celda.
-Ah, ¿Que están en una misma?
-Hasta ahora… sí.
-¿Cómo que hasta ahora?
-Se me ha escapado al hijo de puta del teléfono que son pareja, y justo cuando le he dicho lo que no les habían privado del sexo, me ha dejado colgado.
-Pfff… Pobre Lud, pobre Feli. ¿Por qué eres tan malo?
-Joder, ¡que ha sido un error!
-Vaaaale, vaaaale. No sé Feli, pero Lovinito tiene una necesidad de sexo flipante –de fondo oigo un "¡Antonio! ¡Que te oigo, bastardo!"-… Como son hermanos, igual a Feliciano le pasa lo mismo.
-Puede ser. Y créeme que Lud tampoco es que sea demasiado… asexual.
-En fin… Nos vemos mañana, Gil.
-Nos vemos.
Dicho esto, colgamos.
Sólo espero que si les separan de celda, que los pongan bien cerca.
Y sí... Les pondrán cerca... ¡Hasta el próximo capítulo!
