LO QUE TRAJO LA NAVIDAD

Cap II Interrogatorio

...

Cuando salieron de secretaría, ya era demasiado tarde como para entrar a ninguna clase.

El sol había caído hacía un rato, pero la luz artificial les había engañado en un falso día muy largo, tanto como las excusas del responsable del papeleo y las quejas de Sherlock juntas.

John..., quién le habría mandado estar allí, no pudo más que apoyar a su amigo inventando mil historias a su favor. Cualquier cosa con tal de salir de allí con el cambio de profesor hecho. Sí, ése era "el misterio".

Dijo que su trabajo le impedía asistir a su clase — mentira.

Dijo que tenía cargas familiares — mentira.

Dijo tantas cosas que ya no recordaba y que le hacían sentir mal por la gente que en realidad sí vivía esa situación... Pero ese profesor... No les aprobaría mientras vivieran. Es por el bien común, es por nuestro bien. ¿Cómo llegaré a ser médico y salvar vidas si no apruebo todas las materias?, se repetía mentalmente mientras se alejaban cada vez más de la puerta principal.

—Recuérdame que te mate cuando nos licenciemos. Una cita... ¿Ése era tu gran plan?

—Exagerado. Estaba claro que la chica te comía con la mirada. Siempre puedes decir que te surgió algo.

—Sí, un amigo especial —el ambiente se tensó. Y una llamada entrante en el móvil del rubio no ayudó.

—¿Contestarás? —el moreno no parecía tener prisa por ir a ningún lado.

John miró la pantalla: su madre. ¡Fantástico!, no hay día para llamar, mamá.

—¿Diga?

—¿Cómo que diga? ¿Dónde estás que aún no llegas? —Sherlock empezó a reírse tras él. John lo intentó acallar con aspavientos, lo que no arregló la situación. Definitivamente, no. —¿Con quién estás? ¿Es una chica? —preguntó la mujer, ansiosa por saber.

—No, mamá. Es un amigo —las miradas de ambos se cruzaron. —Ya voy para allá.

La madre de John bajó el tono de voz y Sherlock no pudo seguir escuchando la conversación, aunque la cara de John lo decía todo..., casi todo.

—Mi madre quiere que vengas a cenar. Es Navidad, es muy..., así, ya sabes, madres.

—No.

—¿Por qué no? No tendrás que hacer nada, no será como si fueras mi... —John calló. Las palabras a continuación eran delicadas.

—No es el momento.

—No hay problema —negó John con la cabeza. Luego declaró sonriente. —Sherlock, no eres como el común de los mortales, ¿lo sabes, verdad?

—¿Eso es bueno o malo? —preguntó el moreno, poniendo la mano para parar el autobús.

El estudiante de doctor puso un pie en el escalón sin contestar.

—¿No subes?

—Iré dando un paseo —agitó la mano y, dándose media vuelta, emprendió su camino. John siguió sus pasos con la mirada hasta que le perdió de vista por unos árboles.

—¿Va a subir o no? —farfulló el conductor con muy mal carácter. John agitó la cabeza y subió el otro pie.

Tras pagar, se sentó en el primer asiento mirando por la ventana que daba a esa misma acera. Ahí estaba de nuevo. Su caminar, su pelo...

Ese chico tenía algo que le tentaba a no dejar de mirarle, a encontrárselo, a seguirle la corriente.

Por el cielo, apenas le conocía y ya habían discutido como... No. No quería pensar eso. Todo menos eso. Otra vez ese dilema; otra vez no.

...

Llegó a casa para la cena. Entre semana el tráfico era un caos entre colegios, trabajo y gente de acá para allá.

—No te metas a duchar, come primero —gritó su madre desde el salón. Así que se lavó las manos y se dispuso a comer un deseado banquete. Hambre, hambre, clamaba su estómago todo el pasillo.

John se sentó a la mesa con su hermana, su padre y su madre, que servía un más que apetecible asado.

—¿Qué tal el día, cielo? —le preguntó la mujer.

—Bien. He conocido a un chico nuevo —de pronto se sintió observado. Su madre, su padre y su hermana le miraban como a un actor famoso. —¿Qué?

—Ah, el chico del teléfono. Vendrá a cenar, ¿no?

—Sí, que venga —dijo su padre.

—Sí, tráelo, a ver cómo es —insistió su hermana Harry.

—Pero, ¿por qué? —John no entendía tanto interés de repente. No solía hablar de su vida y más le hubiera valido haber seguido callado.

—Está bien, no le presionéis. Él traerá a su novio cuando crea conveniente.

—¿Mi novio? —chilló John arrastrando la silla al levantarse. —¡No es mi novio!

—Claro, mujer. Novio ya no se dice. Ahora será su chico, o su pareja, o su contrario... —puntualizó su padre, haciendo reír a Harry. Pero a él no le hacía ninguna gracia el asunto.

—¿Podemos dejar el tema, por favor? —pidió molesto antes de empezar a comer. Y comiendo, nadie habla.

John se fue a dormir ese día pensando en Sherlock, y se levantó con el mismo pensamiento.

Mientras tanto, Sherlock no tuvo debate en su casa. De hecho, ni siquiera tuvo con quién tenerlo.

Acostumbrado a la soledad, hijo de padres que pasaban más tiempo fuera de casa que dentro, y con un hermano estudiando fuera, no tenía más compañero que su violín, fiel desde hacía tantos años..., más que su recuerdo.

Eso no significaba que el amor no tuviera cabida en esa familia, sólo..., que era peculiar, como el sentimiento mismo.

...

Tras una ducha de agua fría, su cuerpo lo quiso así al no querer obedecerle, John partió para las clases.

Salió de casa escondiéndose de toda su familia para evitar que volvieran a sacar el tema de "su novio". Qué novio ni qué nada, si no había cruzado más que unas frases, eran las palabras que divagaban por la mente de John.

Sin embargo, en el autobús, mientras miraba a través de la ventana, seguía pensando en ese chico, con esa cara tan característica, ese cuerpo tan peculiar...

—¡Dios! —gritó al encontrárselo de pronto a través del cristal.

Sherlock le sonrió ampliamente y se quedó ahí, esperando a que bajara.

—¿Qué te hace tan feliz? —preguntó John intrigado.

—Tenemos anatomía.

—Tengo la sensación de que me ocultas algo.

Sherlock no contestó, simplemente siguió caminando. Y caminando a su lado siguió John.

Continuará...