En la parte más alta de un montículo, se hallaba un chico de estatura promedio,quién vestía una camisa azul y blanca con capucha y cierre, pantalones negros y zapatos rojos con negros, sin mencionar su inseparable gorra rojiblanca con una poké ball azul, en pocas palabras, se trataba de Ash K.

Sonará extraño, pero en esta ocasión Pikachu no estaba con él como siempre solía hacerlo, ¿dónde se encuentra?, eso era algo que no dejaba de atormentar al chico dentro de sus pensamientos. De repente, el viento empieza a aumentar de intensidad, el pasto cedió ante la fuerza de aquella brisa, pequeñas hierbas se arrancaron de la tierra para sobrevolar hacia donde el viento las llevara.

El chico estaba sentado debajo de un gran árbol frondoso, presenciando el final de un atardecer mientras varias hojas caían por el viento, completamente solo, sin esperar la presencia de algo o de alguien. Ash tenía la mirada cabizbaja, sus ojos estaban cubiertos por su gorra, estaba a punto de caer rendido en aquel árbol; sin embargo, antes de esa acción, miró que había alguien enfrente de él, tenía la piel blanca como la nieve, cabello castaño recogido en una gran coleta, ojos azules, su vestimenta consistía en unos shorts azules de mezclilla rasgados en la parte baja, una camiseta blanca de manga cero, un chaleco negro sobre esa camiseta, botas negras, y una gorra muy similar a la de Ash, solo que de color blanco y rosa; para hacerlo más breve, esa persona tenía por nombre Hilda White.

Ash alzó la mirada hacia aquella chica, ésta le estaba dando una bonita sonrisa, tratando de animarlo, mientras que él se mantenía con algo de melancolía, sobretodo en sus ojos...

— ¿Te encuentras bien? — Preguntó Hilda para dar inicio a esta conversación, aún tratando de hacer sentir bien a su amigo

Ash se mantuvo afónico, no sabía cómo responder a esa pregunta, así que lo único que dio como respuesta fue un suspiro, pero no un simple suspiro, sino que se trataba de uno que demostraba pesadez y algo de amargura

— Es por lo de Pikachu, ¿cierto? — Volvió a cuestionar aquella chica

Éste no pudo soportar la tensión, y lo que hizo solo fue agachar aún más su cabeza y cubrirla con sus dos brazos para que su amiga no viera que estaba sollozando.

Hilda se dio cuenta de lo hirientes que pudieron ser esas preguntas, así que ella solo se sentó a un lado del chico para consolarlo. Se mantuvieron en silencio por un largo rato, el tiempo suficiente para que Ash se haya tranquilizado un poco y, al hacerlo, volvió a alzar la mirada; Hilda, quien esperaba a que Ash se haya recuperado, empezó a hablar.

— ¿Sabes, Ash?, siento mucho que estés pasando por esto, pero no todo está perdido — Hizo una corta pausa — Pikachu estará siempre contigo estés donde estés, y creeme que estará totalmente feliz si jamás te darás por vencido y si sigues adelante como siempre lo haces — Dijo con una ligera sonrisa

Ash se quedó pensativo, estaba reflexionando en aquellas palabras que su amiga acababa de decir.

— ¿Tu crees? — Preguntó en voz baja — Yo realmente deseo que Pikachu estuviera aquí para apreciar el atardecer como solemos hacerlo los tres juntos... No veo el momento en el que me pueda acostumbrar a estar sin él — Hizo una pausa de 5 segundos — Él fue mi primer pokemon, vivimos tantas aventuras, hemos hecho muchos amigos, y hemos luchado muy arduamente para que al final pase esto... Yo simplemente no puedo olvidarlo — Dijo con voz algo entrecortada y a punto de caer desmayado por la tensión que estaba aguantando, él esperaba que esto fuese un sueño, sin embargo, ese pensamiento fue algo más que erróneo, pues estaba en la triste realidad que lo acompañará por siempre.

Hilda comprendió las palabras de su amigo, ella también estaba a punto de llorar, pero sabía muy bien que tenía que mostrarse fuerte para no hacer que su amigo caiga aún más en la depresión.

— Te entiendo a la perfección, Ash, pero, ¿te digo algo?... No dejes que eso te atormente para siempre, sé que suena fácil decirlo, pero si no dejas de lamentarte harás cosas de las que te vas a arrepentir...— Ash empezó a prestarle atención a Hilda — Te confieso algo, mi padre tuvo un aparatoso accidente automovilístico en el día de mi cumpleaños, ese día estaba esperando con mucha alegría su llegada para pasarla bien en familia, al ver que no llegaba, nos habían avisado que fue chocado contra otro auto que había sido manejado por alguien en estado de ebriedad... — Su voz empezaba a hacer pequeñas pausas a causa de la tristeza por recordar este hecho — Toda mi vida cambió desde ese instante... muchas veces pensaba en el suicidio, porque creía que sólo así me encontraría con mi padre una vez más... y recordé que él una vez me contó, que cuando alguien muere, lo que no debes hacer es pensar en eso, y darte cuenta de que esa persona sería mucho más feliz si demuestras ser lo suficientemente fuerte y no tirar la toalla... — Después de esto, el silencio se hizo presente, a excepción del sonido del viento y las hojas del árbol que caían, pero el diálogo de Hilda no terminaba por ahí... — Pero... después te conocí a ti... fuiste la única persona en el mundo que alegró mi vida desde esa pérdida, siempre haz sido bueno conmigo y nunca me dejaste sola... y por eso... siento que... te quiero... — Terminó de hablar mientras su corazón empezaba a latir con mayor rapidez, comenzaba a ponerse nerviosa y esperaba una respuesta por parte de Ash.

Ash, escuchó a la perfección lo que dijo la chica castaña, en su mente, comenzó a deliberar si lo que iba a hacer era lo correcto, pero llegó a una conclusión... de no ser por Hilda, él ahora mismo ya estaría atado del cuello una soga en ese árbol, y comprendió que la vida tiene su lado bueno y su lado malo, a pesar de eso, se dio cuenta de que había alguien que se estaba preocupando muchísimo por él, y ese alguien estaba enfrente suyo, ni más ni menos que Hilda; ¿será que ella sea el motivo de su felicidad?

— Hilda... — Ash se levantó de donde estaba sentado aún con la mirada hacia abajo

— ¿Ahhh? — Preguntó con algo de miedo

— ¡Muchas gracias! — Exclamó mientras abrazaba a su amiga de manera sorpresiva, sabía a la perfección que a ella no le gustaba dar ni recibir abrazos, pero fue más la sorpresa de Ash al darse cuenta que Hilda, por primera vez desde que se conocieron, correspondió el abrazo de muy buena manera. Era un abrazo bastante largo, donde ninguno de los dos se quería separar para nada, de todos modos, lo hicieron para que pudieran mirarse uno al otro.

— Hilda, primero que nada, siento mucho lo de tu padre, es bastante triste que haya ocurrido eso; por otra parte, me haz dado motivos para seguir viviendo, solo espero que Pikachu esté igual de feliz que yo — Dijo el muchacho, a lo que la castaña soltó una pequeña risa

— Claro que lo estará Ash, siempre y cuando tú también lo estés; y no te preocupes, mi padre estará bien si yo también lo estoy — Añadió la chica de manera risueña

Ash sonrió, al igual que Hilda; así que a Ash se le ocurrió una idea — Bien... el sol está por meterse, ¿qué tal si miramos el paisaje un rato?, así podremos estar un poco relajados — Sugirió

— Es... está bien... — Aceptó ante la petición del muchacho

Los dos se sentaron debajo del árbol a contemplar el ocaso, donde pasados 30 minutos de puro silencio y compañía entre amigos, el sol estaba por desaparecer de la vista de los dos jóvenes para dar paso a la oscuridad de la noche, donde se podía apreciar una infinidad de estrellas desde el firmamento, y la luna irradiaba una luz blaquiazulada. Era un buen momento para pasar este momento a solas

— Que vista tan hermosa... — Dijo Hilda mientras miraba las estrellas

— Tienes razón, lo es... — Añadió su amigo

Ash y Hilda estaban sentados muy cerca uno del otro; Ash, de manera involuntaria, abrazó el cuello de su amiga con un brazo, Hilda tampoco estaba en sus cinco sentidos y recargó su cabeza contra el hombro de Ash y, además, colocó su pierna derecha encima de la pierna izquierda del chico... los dos pudieron sentir los latidos rápidos del corazón del otro. En eso, aparece una hermosa y grande estrella fugaz que apenas fue visible por el par.

— Vamos, pide un deseo, Ash — Dijo Hilda alegremente

— Deseo... que Pikachu esté conmigo aunque ahora él esté en el otro mundo... — Habló con un poco de esperanza hacia la vida

— Yo deseo que mi padre esté orgulloso de mí aunque ya no esté con nosotros... y más cuando sepa en el futuro que me he convertido en una maestra pokemon... — Dijo con cierto optimismo en su voz

Ash y Hilda rieron un poco por lo que habían dicho y siguieron apreciando el cielo estrellado.

— Hilda... gracias por todo — Fue lo que dijo el azabache

— No, Ash, gracias a ti... eres la clase de chico que he estado buscando toda mi vida — Respondió la castaña

De repente... los dos empezaron a bostezar

— Tengo sueño... — Dijo la muchacha mientras estiraba sus brazos y piernas

— Yo también... — Bostezó mientras con una mano se cubría su boca por educación a su amiga— Me dan ganas de quedarme aquí a dormir— Respondió el chico

— Entonces, dormiremos aquí los dos juntos — Dijo mientras se ajustaba aún más a Ash

— Haha... supongo que sí — Respondió mientras la abrazaba

— Buenas noches Ash/Hilda — Articularon los dos con sincronía

En efecto, los dos se quedaron dormidos, abrazados y con afecto del uno al otro... mientras que en el cielo las estrellas formaron una constelación con la cara de Pikachu y otra de una Pokéball, dando a entender que los seres queridos, a pesar de ya no estar más con vida, siempre estarán contigo, y no necesariamente tienes que recurrir al suicidio/muerte para estar con ese ser en el otro mundo...

En fin, Ash y Hilda, después de esto, encontraron muchas razones para vivir, y una de ellas es la felicidad que se daban entre ellos, indudablemente, habían encontrado su alma gemela, y por ende, un nuevo ser querido al que siempre estarán unidos hasta el final...

Notas del autor

Siento la demora... la universidad está cañón...