Segundo capi resubido. Sigo sin saber a quien dejar como el hermano muerto de Sakura. Se aceptan sugerencias :P


Los personajes de Naruto no me pertenecen.

Ojo: AU - OoC (ligero, pero hay)


Recuerden la campaña "Con voz y voto" ; porque agregar a favoritos y no dejar comentario es como manosearme la teta y salir corriendo..."

Bueno... si pueden dejen un review con sus impresiones, teorías, insultos o alabanzas en el buzón.


LUCES Y SOMBRAS

II

EL PELIGRO ACECHA

El sonido del agua de la cascada era lo único que podía escucharse en los alrededores. A esa hora, cuando los rayos del sol aun no asomaban por detrás de las montañas, el bosque se convertía en una completa maraña de silencio y oscuridad.

Y eso lo convertía en su momento preferido del día para calmar su mente y fortalecer su cuerpo.

Ahí, sentado en una roca frente a la imponente caída de la cascada, permanecía en posición de loto. Su torso desnudo recibía los embistes de las corrientes de viento y las gotas de agua que llegaban hasta él.

Como era de esperarse en una madrugada de invierno, la temperatura era muy baja. Una cortina de vaho se formaba en su cara con cada pausada respiración y sus extremidades estaban ligeramente entumidas. Pero ahí permanecía él, quieto, respirando tan suavemente que cualquiera que lo viera a distancia lo confundiría con un cadáver.

Al cabo de un rato, la aparición de los primeros rayos del sol dieron por terminado su entrenamiento. Se levantó lentamente y realizó algunos movimientos para activar sus extremidades dormidas, reanudar la circulación y así generar un poco de calor.

Un ruido proveniente de un cuerno lo hizo tensar su cuerpo y mirar hacia lo alto de la cascada en donde se ocultaba su aldea. Era señal de alerta, algo se acercaba. Segundos después, dos soplidos más completaron la información; una comitiva se acercaba, no eran desconocidos, pero no significaba precisamente que fueran aliados. Los tres toques lograban comunicar y alertar a la población de estar tranquilos, pero no lo suficiente como para bajar la guardia por completo.

Siendo así, lo mejor era regresar pronto. Recogió la chaqueta de su keikogi* y deslizó sus brazos a través de la mangas. Tomó también el haori negro que lo esperaba sobre la roca, y apurando sus pasos, terminó de vestirse camino a su aldea.

- o -

Sus piernas ágiles y su perfecto conocimiento de la geografía a su alrededor le permitieron llegar antes que los misteriosos visitantes.

Desde la rama de un árbol, con una mejor visual de su alrededor, los ojos negros de Sasuke no perdían detalle del desfile frente a él.

La procesión iba a paso lento. El invitado de honor, como siempre adornado con llamativas ropas, iba fielmente escoltado por sus propios guardias, quienes con expresiones cargadas de superioridad, no perdían detalle de los movimientos de las personas a su alrededor. Éstos a su vez, devolvían las miradas con la misma intensidad.

El ambiente estaba lo suficientemente tenso, cargado de rechazo mutuo y amenazas silenciosas de cuellos destrozados ante cualquier movimiento sospechoso.

Sasuke frunció el ceño. Otra vez ese sujeto, con esta era la cuarta vez que visitaba su aldea. Algo no le cuadraba, sus instintos le decían que ese hombre era peligroso y que estaba arrastrándolos lentamente hacia un abismo, hacia algo demasiado grande incluso para ellos y que nada bueno saldría al final. Sin embargo nadie parecía notarlo, todos se dejaban engañar por la lengua de ese hombre, cuyas palabras de riqueza, poder y un mejor futuro atacaban directamente a los nervios más ambiciosos de los superiores.

Desde luego que, siendo ninjas, sus habilidades estaban a la venta y encontrarse con sujetos adinerados que quisieran contratarlos no resultaba raro, esa era la base del estilo de vida shinobi. Desde niño fue entrenado física y mentalmente para convertirse en una máquina de batalla, alguien cuyo talento estaría a disposición de quien pudiera pagarlo. Sin embargo, para Sasuke, era la mirada de ese hombre la que no lo dejaba tranquilo. Generalmente, cada vez que un gran señor llegaba hasta las puertas de su aldea en busca de sus servicios, Sasuke veía el mismo patrón en su mirada; una mezcla de arrogancia, ansiedad, vergüenza y una pizca de desesperación y miedo.

Siempre era así, los grandes señores se creían completamente superiores a los ninjas que contrataban y una parte de ellos se avergonzaba de tener que recurrir a soldados del bajo mundo para lograr sus métodos. Pero por más arrogantes que fueran, no eran estúpidos, sabían que su situación era precaria y no podían perder más tiempo. Los ninjas eran el as bajo la manga del que nadie hablaba públicamente. Todos decían despreciarlos, pero también todos los buscaban en la oscuridad, para cumplir con las tareas que sus principios y posiciones morales no permitían exigirle a sus soldados samuráis.

Sin embargo, este hombre era diferente. En su mirada, Sasuke no podía ver nada más que determinación. Una determinación tan férrea que podía ocultar perfectamente sus emociones y no le permitía poder descubrir sus secretas intenciones o si es que las tenía del todo.

Frunciendo el ceño y tratando de no dejarse llevar por su imaginación, Sasuke observó el final del desfile perderse hacia el centro de la aldea, donde seguramente se reuniría con los jefes.

Bajó de un salto y aterrizó sobre el césped cubierto por escarcha y nieve.

Ignorando como siempre los cuchicheos a su alrededor, dirigió sus paso para llegar a su casa. Tenía que discutir un par de cosas con su hermano, además de comunicarle su desconfianza hacia ese hombre.

- o -

Al llegar lo encontró sentado en el suelo del corredor que daba al jardín trasero de su casa. Con las piernas cruzadas, afilaba su ninjato con una piedra especial y frente a él tenía esparcidos un montón de kunai y shuriken esperando su turno.

Sasuke se sentó a su lado, con los pies colgando y rozando el césped ahora completamente blanco. Tomó uno de los kunai y comenzó a afilarlo también.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó el mayor, sabiendo que algo atormentaba a su hermano.

—¿Es cierto que Iwa fue destruida? —soltó de pronto.

Itachi lo miró fijamente.

—No es bueno escuchar tras las puertas, hermanito.

—¿Entonces es cierto? —Itachi le sostuvo la mirada por unos segundos y luego suspiró, asintiendo con la cabeza. —¿Cómo pudo pasar algo así? ¿Tienen alguna idea de quién fue?

Itachi negó con la cabeza.

—Nuestros exploradores dicen que no habían huellas en el lugar, pero que parece ser un ataque reciente, no más de cuatro días.

Sasuke frunció el ceño, algo no andaba bien. Iwa era una poderosa aldea ninja y una fortaleza prácticamente inexpugnable. ¿Cómo pudieron siquiera dar con su localización? A diferencia de ellos, Iwa nunca trataba asuntos de trabajo dentro de sus puertas, siempre buscaban locaciones totalmente alejadas de su ubicación.

—Lo último que oí es que habían recibido un trabajo muy importante en la capital que implicaba a casi la mitad de la aldea.

Su ceño se frunció aun más, si es que era posible. Sentía un revoltijo en las entrañas que no lo dejaba tranquilo.

—Tengo un mal presentimiento, Itachi. —dejó el kunai afilado y tomó otro. —Creo que ese sujeto no es de fiar.

El mayor lo miró con interés. Su hermano rara vez expresaba su descontento hacia alguna situación. Debía sentirse realmente intranquilo como para comunicarle sus preocupaciones.

—Lo sé, Sasuke, yo también creo que ese hombre no es de confianza. —le confesó. Él también lo sentía, algo sobre ese sujeto no lo dejaba tranquilo, su cuerpo siempre estaba tenso cada vez que estaba ante su presencia. —Pero los jefes no tienen problemas con él y sus órdenes son claras. —suspiró intranquilo. —Por ahora lo mejor es seguir observando y estar alerta por cualquier cosa. —le puso una mano en el hombro. —Estaremos bien, hermanito, yo cuidaré tu espalda, tú asegúrate de cuidar la mía.

Sasuke le sostuvo la mirada por unos segundos y esbozó una pequeña sonrisa. Itachi tenía razón, mientras se cuidaran unos a otros, nada saldría mal.


Sakura clavó las dos varillas de incienso frente al altar fúnebre y las encendió con un suave movimiento de sus manos. El humo ascendía de manera serpenteante, dejando tras de sí un ligero aroma de hojas secas.

La mirada de Sakura se posó en las dos placas de madera y, tal como hacía cada día durante las últimas tres semanas, sus ojos recorrieron con detalle cada uno de los caracteres que escribían el nombre de su padre y de su hermano. Parecía tratar de buscar algún error en la inscripción, algo que le dijera que aquellas tablas pertenecían a otras personas, que en realidad no era su familia para quien ella encendía los inciensos en el altar.

Pero al igual que ocurría cada mañana, pronto descubría que no había ningún error y el atronador silencio que reinaba en su casa desde ese día se encargaba de confirmarlo. Estaba sola. Su padre y su hermano habían muerto en batalla y el único recuerdo que quedaba de ellos eran las dos katanas que ahora reposaban en el altar.

Sakura cerró sus ojos y junto sus manos para perderse en una plegaria silenciosa. Todavía podía sentir esa opresión y dolor en el pecho que le dificultaban respirar, pero ya había parado de llorar. Sabía que su padre y su hermano ahora estaban en paz y de cierta forma eso la reconfortaba, merecían descansar después de una vida llena de batallas y combates.

Suspirando una vez más pidió a su familia que velaran por ella, por la seguridad de su aldea y por los amigos que aun permanecían a su lado.

- o -

Sujetó las mangas de su kimono y se agachó para recoger un par de hierbas. Era difícil mantener con vida aquel huerto en pleno invierno, pero junto a Naruto habían ingeniado como protegerlo y hasta ahora era una de las pocas cosas verdes que podían verse en su jardín trasero. Requería de mucha dedicación, pero le servía para distraerse y despejar su cabeza.

A su lado, tenía una canasta en donde guardaba las hierbas que recogía.

Una vez terminada su labor, frotó sus manos para entrar en calor, sacudió la falda de su kimono y acomodó el cesto en su brazo. Se hacía tarde y tenía que ir a la casa de Naruto.

- o -

A pesar de la nieve que cubría todo, la vida en su pueblo no se detenía y no sabía si eso era algo bueno o malo. Los niños seguían igual, jugando a ser niños, inocentes y ajenos a los problemas y al sufrimiento de los adultos. Los hombres continuaban su entrenamiento, con la eterna tarea de perfeccionar cualquier oficio que tuvieran. No importaba que el frío fuera tan intenso como para hacer doler sus articulaciones, desde el alba al anochecer no había otra cosa más que trabajar.

Sakura suspiró otra vez y apuró sus pasos. A lo lejos pudo ver la menuda figura de Koharu y Kaede, dos de las ancianas más respetadas de la aldea, pero que Sakura tenía muy pocos deseos de respetar. Trató de desviar su camino, pero los ojos de Koharu ya se habían fijado en ella y con una seña la llamó para que se acercara.

Chasqueó la lengua. Lo que menos quería era otro sermón de esas ancianas.

—Puedo adivinar que vas donde el joven Namikaze. —dijo Koharu, mirándola de pies a cabeza, claramente con desaprobación.

Sakura solo asintió y quiso seguir con su camino.

—No es apropiado, niña. —recriminó Kaede. —Una mujer joven y sin compromiso no debería visitar la casa de un hombre soltero.

—¿Por qué no?

—¿Qué diría Kizashi-san si supiera de tus atrevimientos?

—Mi padre ya no está, mi hermano tampoco. —espetó ella con dureza. —Y en cuanto a mis atrevimientos… ellos no tendrían problemas. Naruto y yo nos conocemos desde niños, él prácticamente creció en mi casa, en caso que no lo recuerden.

Las ancianas fruncieron el ceño ante su actitud desafiante. Cómo se notaba que a esa niña le hizo falta su madre, su falta de educación era una prueba de eso.

—Ya estamos trabajando en como resolver tu situación.

—¿Mi situación?

—Una mujer no puede vivir sola, menos siendo tan joven como tú. ¿Es que no entiendes tu posición? — la voz de Koharu era dura y carente de cualquier tipo de emoción. —El nombre de tu familia puede haberse perdido, pero la sangre de tus ancestros aun corre en tus venas. Es hora que cumplas tu deber.

De pronto todo comenzó a darle vueltas, sabía a donde querían llegar y no podía creerlo.

—Es hora de pensar en un enlace favorable, niña.

—Con la bendición de tus ancestros tendrás una buena unión. Tus hijos serán guerreros y tus hijas tendrán…

—¡Vaya! ¿Hijos? ¿Cuándo ocurrió eso? No me contaste, Sakura-chan. —interrumpió Naruto, llegando junto a ellas.

Había visto aquella improvisada reunión y decidió intervenir para ayudar a su amiga.

—Yo tampoco lo sabía. —sonrió la de ojos verdes. —Gracias por sus buenos deseos, pero estoy segura que hay más chicas que necesitan de su ayuda.

—O podrían buscarse un marido para ustedes mismas, ¿no? Ya llevan muuuuucho tiempo de luto.

—¡Naruto! —regañó Sakura, tratando de controlar la risa.

—No se preocupen por Sakura-chan, yo la cuidaré y como ella dijo, gracias por sus buenos deseos. —hizo una torpe reverencia y tomó la mano de su amiga para alejarse de ahí, dejando a las dos veteranas con la boca abierta y apunto de desmayarse ante semejante insolencia.

- o -

Al llegar a la casa del rubio, lo primero que hizo fue encender un incienso en el altar fúnebre de la familia de su amigo para presentar sus respetos. Cerró los ojos y se perdió en una plegaria silenciosa.

Pudo sentir a Naruto sentándose a su lado para orar también.

- o -

Ya habían terminado de cenar y ahora estaban en otra sala. El rubio sentado dándole la espalda, con el torso descubierto mientras ella esparcía una pasta de hierbas sobre el hombro y el omóplato de Naruto, ahí donde una herida reciente apenas comenzaba a sanar.

—Tienes que tener cuidado o podría volver a abrirse. —le dijo, tomando un trozo de tela para comenzar a vendar la lesión. —No deberías volver a entrenar hasta que cicatrice por completo.

El rubio frunció un poco el ceño. No podía permitirse descansar por tanto tiempo.

—Estaré bien, Sakura-chan. Con tus cuidados seguro que sanará pronto. Además ese menjunje tuyo es milagroso. ¡Y huele muy bien!

Sakura sonrió y terminó de vendarlo, pero luego volvió a su semblante preocupado.

—Es en serio, Naruto. No soy médico, no puedo hacer mucho, así que no te exijas demasiado, por favor.

El volteó a verla y sus ojos verdes le dijeron todo lo que necesitaba saber. Estaba angustiada, asustada de perderlo también. Lo que menos quería era preocuparla, pero tenía que contarle.

—Saldremos en tres días. —soltó el rubio de pronto, sintió como ella se tensó y apretó las manos en sus hombros. —Algo ha pasado, Sakura-chan. Algo malo, varias aldeas cercanas a la capital han sido atacadas.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Nadie lo sabe, no encontraron pistas, ningún estandarte o emblema, nada. De hecho, ni siquiera había señales de batalla.

—¿Qué quieres decir?

Él suspiró y tomó una de sus manos para hacerla girar y quedar frente a frente.

—Fue una masacre, mujeres, niños, ancianos. Los atacaron de sorpresa, no tuvieron oportunidad.

Sakura se llevó una mano a la boca para atrapar el gritito de espanto.

—Oye, eso era información confidencial. —escucharon una tercera voz entrando despreocupadamente a la sala. —Pero bueno, supongo que no podrías aguantarte tanto tiempo. —el recién llegado fijó su vista en los dos jóvenes frente a él. —Mmm… ¿no interrumpo nada, cierto?

—¡Hey! ¿Qué pasó con eso de no entrar a casas ajenas sin anunciarse primero? — le reclamó Naruto, falsamente ofendido, acomodándose la ropa.

—Cuando entre los amigos hay confianza, entonces no es necesario. —respondió el mayor con sabiduría.

—¿Y por qué siempre que entro a tu casa sin permiso me sermoneas?

—Porque tus sigilosas entradas a mi casa son generalmente para asaltar mi cocina y mi alacena. Tengo que estar preparado.

Las mejillas de Naruto se enrojecieron levemente. ¡Eso no era cierto!

—Hmm, y seguro tu ahora vienes porque oliste la deliciosa comida de Sakura-chan. —trató de defenderse. —Pues para tu desgracia ya nos comimos todo, muahaha.

—Kakashi-san, ¿es eso cierto? —preguntó Sakura con angustia.

—¿Lo de la confianza? ¿O las habilidades saqueadoras de Naruto?

—Sabes a que me refiero.

El hombre de cabello gris suspiró y se sentó frente a ellos. El ambiente relajado de hace un minuto ya desapareciendo.

—Me temo que sí. —respondió con seriedad. —Es algo preocupante, siendo que esas aldeas habían firmado términos de paz unas con otras. Todas eran leales y estaban bajo la protección del Daimyō.

—¿Y por qué tienen que ir ustedes? Esas aldeas están a más de cinco días de viaje, ¿no? ¿No deberían pedir ayuda a alguien que esté más cerca?

Los hombres la miraron y pudieron sentir su angustia, su desesperación.

—Hay que investigar, Sakura. Hay un patrón de ataque, comenzaron con las aldeas alrededor de la capital, la primera línea de defensa del Daimyō. No puede estar ocurriendo algo así en estos momentos de paz. Podría ser una invasión o una revolución. Sea lo que sea hay que descubrir quienes fueron los causantes y llevarlos a la justicia.

—Pero…

—Además no seremos los únicos, varias cuadrillas de pueblos vecinos también irán. Todos están alarmados por lo mismo, sería peligroso si esos ataques comenzaran a extenderse por la región.

Sakura apretó los puños sobre la tela de su kimono. Otra vez tenía que verlos partir, cabalgar hacia el combate y hacia un destino incierto. Y otra vez lo único que ella podía hacer era quedarse en casa, despedirlos en la entrada y rezar por la seguridad de aquellos a los que amaba, pidiendo que pudieran regresar a salvo y poder ver otro día.

Se sentía impotente, no podía hacer nada para ayudarlos. Es cierto que ella era quien atendía algunas de las heridas con las que regresaban, pero eso era insignificante. No la hacía sentir útil, ella apenas cuidaba de algunas magulladuras y cortes simples y de mantener limpias las heridas profundas que el atareado y único médico de la aldea se encargaba de curar.

Muchas veces hubiera preferido nacer hombre, luchar junto a su familia en el campo de batalla en lugar de quedarse temblando en su casa a la espera de su regreso. Estaba atascada. Ella sabía que algunas mujeres podían aprender a usar armas con una habilidad igualable a la de un varón. ¡Cómo le gustaría poder aprender! Pero ese tipo de estudios eran impartidos por personas especiales y estaban limitados a mujeres casadas, preparándolas como guerreras para defender su casa, sus hijos y el honor familiar.

No para ella, una muchachita joven y soltera. En sus tiempos de niña, su hermano y sus amigos le enseñaron un par de cosas, pero nunca fue un entrenamiento oficial. Seguro que ahora ellos le enseñarían gustosos, pero Sakura no los arriesgaría. Era contra la ley y si los atrapaban podía meterlos en serios problemas.

Apretó con más fuerza la falda de su kimono, sintiendo como los ojos comenzaban a arderle.

—No te preocupes, Sakura-chan. —Naruto la tomó de las manos y clavó sus ojos azules en la angustiada cara de su amiga. —Estaremos bien. Regresaremos contigo, lo prometo.

—Seguro que sí. —sonrió Kakashi, acariciándole la cabeza con su cálida mano.

Sakura sonrió, pero no pudo evitar que una lágrima rebelde resbalara por su mejilla.

—Más les vale que así sea, si saben lo que les conviene. —amenazó divertida, secándose la cara con la manga de su ropa.

Los dos hombres frente a ella sonrieron al ver que habían logrado animarla.

—Entonces. —Kakashi aplaudió dos veces. —Ya aclarado eso… ¿por qué no cenamos otra vez? No sé ustedes, pero yo sigo hambriento.

—¡Sí! —Naruto se unió a su plan alzando un puño.

Sakura negó con la cabeza, divertida, y se levantó para seguir a esos dos. Tenía que aprovechar esos momentos de calma antes que tuvieran que partir otra vez.


chan chan! ¿Qué creen que está pasando? Hohoh... Diganme sus teorías. Por cierto, sigo pensando quien podría ser el hermano de Sakura. Acepto sugerencias.

Ojalá les haya gustado.

Nos leemos...

Matta ;)

Pd: Paso el dato de mi nuevo fic SasuSaku "El siguiente paso".