Habían pasado quince minutos o ¿tal vez veinte minutos? ¡Quién sabe!, pero ese no era el mayor de sus problemas ahorita. Ella podía estar físicamente presente pero su mente vagaba en otra parte.
Gracias a la cortesía del señor Vincent, padre de Mari, estaban teniendo un delicioso desayuno en el restaurante del hotel que dirige su esposa. Desde hace rato, Kanan simplemente asentía y daba respuestas cortas a su chica al otro lado de la mesa.
¿Qué tanto decía? Cosas de su trabajo y lo agotador que es. Cosas que tenía en plan de continuar haciendo y algo más sobre lo del viaje. Eso último era parte de su preocupación de algún modo, pues Kanan no quería salir del país, no ahora que su cabeza estaba hecha un lío por lo de la noche anterior y necesitaba arreglarlo.
—O podríamos posponerlo para un poco más adelante —sugirió. De repente, notó cómo Mari frunció el ceño, desconcertada por no tener su mismo entusiasmo—. Bueno, hay cosas que tengo que atender y dejar listas —dio la excusa—. Me agrada tu propuesta de vacaciones pero aún no. ¿Puedes entenderlo?
—Pero… Kanan, el vuelo ya está programado y mi agenda también para los días que estaremos fuera —dijo ella—. Insistí demasiado con papá para tener este tiempo para nosotras. ¿No eras tú la que deseaba algo así, el estar juntas?
—¡Por supuesto que sí, Mari! —atinó en decir cuando los ojos de la chica denotaron tristeza—. Quiero estar a tu lado pero…
Pero recordó la imagen de Dia en la penumbra de la habitación, en la cama y a horcajadas sobre ella. A partir del siguiente punto era nubloso y le frustraba no saber con exactitud.
—Pero no es lo mismo de antes —completó Mari, dándose leves masajes en su cuello—. Y crees que tampoco lo sería después de que regresemos del viaje. Que todo seguiría igual —suspiró—. Realmente me costó mucho hacer esto.
—Lo lamento, Mari, en verdad. Yo no pienso del todo de esa forma —mintió sin intención—, lo que pasa es que me siento lastimada por tu ausencia. —Eso sí que era verdad—. Cuando trataba de hacer lo mejor para obtener tu atención y un poco de tu tiempo me rechazabas. Nuestra relación llegó a un punto en que ya no había contacto.
—No puedes estar sin mí, quieres decir —sonrió para aligerar el ambiente, pero Kanan no correspondió a su gracia—. Escucha, si pasó algo puedes decírmelo. Reclamo, inseguridad. Hazme saber tu sentir. Ahora tenemos el tiempo necesario. —De nueva cuenta, sonrió para que su chica se abriera a expresarse.
Kanan quería apartar la mirada de esos ojos felinos, tan tristes y esperanzados, pero sostuvo el contacto visual. De ese modo no sospecharía de ninguna inseguridad que le estaba remordiendo la consciencia.
—No pasa nada más —respondió quedamente, tragándose lo real—. Es sólo eso, que me afecta tu ausencia. Llego a pensar que tu amor no es tan ferviente como lo fue en un inicio —se sinceró—. Por eso, no sé si sea bueno que vayamos juntas. Sólo nos engañaríamos… —Qué irónico, pensó.
En realidad, advirtió la sorpresa dibujada en los gestos de Mari por sus previas palabras. Seguramente, la que fue extinguiendo su amor había sido ella misma y no su novia.
—¡De ninguna manera! —La rubia buscó alcanzar la mano de la otra, golpeándose los muslos por ponerse repentinamente de pie—. ¡Te sigo amando como siempre lo he hecho! —elevó su tono, atrayendo algunas vistas de comensales—. Por favor, no creas algo así. Yo te quiero a morir —confesó, yendo hasta su lado para abrazarla.
Por la impresión, Kanan no correspondió debidamente al abrazo. En su momento de perplejidad notó la presión de las miradas, lo que la obligó a corresponder torpemente.
—Siempre… siempre que estoy sola pienso en ti —prosiguió Mari—. En qué estás haciendo. En cómo te has sentido. En cómo… cómo fuiste tan paciente hasta ahora. No quiero perderte, Kanan. ¡Te amo mucho!
—Mari… —Un dolor se insertó en su pecho; la culpa que sentía en oírla tan afligida y que, por supuesto, en sus palabras no hubo pizca de mentiras, porque conocía su tono cuando transmitía sus sentimientos. Mari sí la amaba—. Mari, yo… yo te… —¿"amo"? No, no era eso lo que quería decir.
Quiso confesarlo allí mismo. Pero sus labios se abrían y se cerraban, su voz no salía… Su nerviosismo le revolvió el estómago, que si no hubiera sido por el coraje que sacó a último momento, su desayuno estaría devuelto en la mesa.
—Yo te amo… —terminó diciendo. Se aferró a las caderas de la chica, y ésta al sentir su cuerpo temblar, besó su coronilla como consuelo y calma.
Kanan había mentido y le fue infiel a quién creyó convertir en su esposa en un futuro.
—¿Comenzamos con estos? De este mes nos podríamos encargar Chika y yo. Este restante podrías investigarlo tú —consultó You, poniendo en orden unos papeles.
Sus voces mantenían un nivel bajo, casi secreteando.
—Se están llevando el de las desapariciones más extrañas, o sea, las más complicadas —replicó la joven Kurosawa, moviendo más hojas, mismas del día anterior—. Dividamos el trabajo por igual.
Ruby desde tempranas horas había solicitado la presencia de sus amigas, You y Chika, para dar comienzo con sus acostumbradas "obras de justicia". Recolectaban información de casos que la policía dejaba en el olvido en poco tiempo. Casos de personas desaparecidas, sea por secuestro o de manera misteriosa. Para Ruby era una muestra de que podía valerse como Cazadora; para You una forma de contribuir con sus sentidos licántropos, del mismo modo era para Chika, pero esta última lo hacía por tener una imagen de heroísmo y defensa para excluir su temible naturaleza de su persona.
«Como dice Ruby está bien, You. Dejemos todo en partes iguales». La voz de Chika la oyó muy nítida en su oído, como si estuviera sentada a su lado.
Ruby notó que You estaba distraída. Escuchando lo que le dicen, pensó. Observó a través de la ventana, justo en un árbol más allá de la cera de su casa, estaba Chika oculta entre las hojas del mismo. Apenas se divisada a la chica relajada, con sus ojos cerrados, oyendo toda la conversación a distancia. Por más que Ruby quisiera brindarle su cordial invitación a sus aposentos, no podía por su familia de Cazadores X. Sería peligroso para ambas partes. Y más estando Dia en casa. A ella no le agradaba que tuviera a Chika tan cerca, ni aquí, ni en la escuela y en ninguna otra parte.
—¿Qué te dijo? —preguntó Ruby, volviendo su atención a You.
You suspiró resignada.
—Dice que está de acuerdo que lo hagamos a tu modo —comentó. Echó un ligero vistazo a la puerta corrediza—. Tu hermana ya se levantó —advirtió. La habitación de Dia quedaba por el lado opuesto al de Ruby, podía oírla moverse—. Será mejor que guardemos todo antes de que nos descubra.
Ruby le dio la razón. Lo que hacían lo empleaban a escondidas y obviamente si su hermana la atrapaba le armaría tremendo escándalo. Pues no quería que se inclinara al destino de los Cazadores.
Antes de poder poner un pie en el marco de la ventana, la puerta se corrió de golpe, mostrando a Dia con un artefacto que Ruby identificó como cuchilla de plata. La hizo tintinear y You soltó las hojas que pensaba llevarse; alzó sus manos para tapar sus oídos. Las frecuencias mágicas sólo le afectaban a ella.
—Al menos tómate la molestia de salir por enfrente y no como un ladrón —dijo Dia, haciendo otro tintineo que hizo gruñir a la joven.
—Ya, hermana, por favor. Yo la invité. Ella solamente no quería despertarte. —Ruby fue hasta donde Dia para retirarle, sin problemas, el artefacto de las manos—. No estábamos haciendo nada malo, no había porqué hacerle esto.
You todavía permanecía estática, ladeando su cabeza como un animalito. La frecuencia canina se quedó en sus tímpanos, atontándola.
—¿Por qué se iba tan a prisa? —preguntó la mayor, levantando una de las hojas tiradas—. "Diciembre. Cuatro personas fueron…" —leyó, pero Ruby arrebató la información antes de que terminara.
Dia entrecerró sus ojos, analizando a You y a su hermana, y volteó a ver el árbol en la distancia. Chika estaba atenta, sin poder entrar en ayuda de sus amigas.
Chasqueó la lengua.
—Ruby, te he dicho que no quiero a Chika cerca de nuestra casa —se impuso ante la menor—. A partir de ahora quiero que cortes toda relación con… ella —se censuró por la presencia de You.
Siempre se dirigía a Chika con ese tono recriminatorio, como si no fuera correcto hablar sobre un vampiro amistoso porque estos no existen dentro de las enseñanzas académicas que le implementaron. Le molestaba que no se tomara el tiempo de conocer, verdaderamente, la amable y dedicada personalidad de Chika. Esto por supuesto, a oídos de You, no pudo tolerarse. No después de saber de las sucias acciones de Dia.
—Tampoco es como si tú fueras tan buena —espetó You, ya recuperada. Dia le miró de reojo, sin inmutarse, muy al contrario de Ruby—. No te atrevas a hablar mal de Chika o de mí. —Se incluyó porque sabía que tenía el mismo repudio por las dos.
La Kurosawa mayor levantó su mano para silenciarla y tomar la palabra. You la estaba recriminando de algo, de eso obviamente se dio cuenta. Chika en la distancia tenía la misma mirada; ellas lo sabían. La pregunta era: ¿Cómo?
—You, es una lástima que estés bajo la influencia de tu acompañante. ¿Tu familia acepta esto, que convivas con ella? —inquirió. Obviamente conocía la historia de ese par. Eran inseparables, por el "bien" de una u otra. Cosas que se oyen entre los adultos. You sólo cuidaba de Chika.
—Papá y mamá quieren mucho a Chika —contestó con firmeza. La charla se estaba saliendo de rumbo, pues Ruby no sabía de qué lado ponerse. Al notarlo, dio por terminado todo eso—: Será mejor que me vaya —recogió sus cosas; Ruby le entregó las hojas de antes—. Ya te avisaremos cuándo podremos continuar con el proyecto —le guiñó a la joven, ya con un semblante más pacífico.
—En serio, ella habría sido una buena chica —mencionó Dia, una vez que You se fuera.
Ruby escondió sus documentos entre otros libros, haciéndolos pasar por desapercibidos. Con eso que dijo su amiga, "como si tú fueras tan buena", le hizo recordar que Dia había llegado de quién sabe dónde. No pasó la noche en casa. Eso causó que se levantara a estas horas del día que, para ella, ya era tarde. Tenía la incógnita de dónde fue y qué había hecho. Pero eso implicaba que su hermana hiciera cuestionamientos para evadir el tema.
Entonces se limitó a dedicarle unas palabras:
—Ellas son mis amigas —dijo sin titubeo—. Estuvieron en esos momentos de tu ausencia, a mi lado más de lo que tú prometiste. No intentes alejarlas sólo por lo que son.
Eso fue suficiente para callarla, al menos, por el momento. Ruby la encaró, decidida y con aire inflexible digno de un Kurosawa. Tal vez si no fuera por la escasa diferencia de altura se habría sentido intimidada. ¿Dónde quedó su hermanita? Reconoció que su ausencia le hizo madurar, o es que era por esas dos que le metían ideas a la cabeza.
Dia abandonó la habitación sin mucho miramiento.
Tenía que aceptar que fue electrizante, hasta ahora las manos de Ruby empezaban a temblar. Esperaba que Dia brincara a la defensiva, pero en cambio abandonó por la paz. Si no hubiera reformulado sus palabras antes entonces habría sonado como una amenaza, y lo tenía planeado. Menos mal que no fue así.
Suspiró. Le alegraba tener a Dia en casa pero si iba a ser sólo para discusiones… entonces ya no era tan grato.
…
—¿Entonces, estás con ella ahora mismo? —preguntó, sorbiendo de su café para reanudar energías y espabilarse del altercado que tuvo con Ruby antes.
En la línea telefónica tenía a una desesperada Kanan. Su llamada no le sorprendió, de hecho la esperaba.
—Estamos haciendo las últimas compras. Mari fue a los sanitarios —exhaló—. Tenemos que hablar tú y yo, Dia, por lo de anoche —se oyó un sonido nasal. Su voz se oía realmente afectada, tal vez aguantándose romper en llanto en público—. Dia, necesito que… —otra vez ese sonido de sorber—, necesito hablar en persona. Mari y yo vamos a salir de viaje, y no puedo irme angustiada con la incertidumbre porque no me acuerdo de nada. He estado tratando pero no, no me viene nada a la mente…
—Kanan, no le des tantas vueltas —respondió con calma, colocando el teléfono entre su oreja y hombro para lavar la taza—. No ha sido nada grave.
—¡¿Cómo no va a ser grave, Dia?! Mari me ama… y yo la… la engañé contigo. Me siento fatal. —Sí, su voz empeoraba.
—Escucha. Cálmate de una vez, estás con Mari y si te ve cómo te oigo la vas a preocupar y comenzará a hacer preguntas —dejó la taza limpia—. Dime dónde nos vemos, porque también tengo algo que decirte.
—Quiero que lo hablemos frente a Mari, tiene que saberlo.
—Kanan, por favor —se apretó el puente nasal. Su amiga estaba en una "crisis"—, no te precipites —le recomendó—. Voy a aclararte tus dudas. No avises a Mari que iré, tenemos que vernos a solas antes.
—Estaremos dando vueltas en el Mall, cuando estés aquí, llámame. Me excusaré que tengo que hacer algo aparte —su voz se estabilizaba, un silencio permaneció unos segundos—. Ya viene. Tengo que irme, ya te mando dónde reunirnos —colgó.
Dia echó atrás la cabeza, cerrando sus ojos. Se apoyó en el fregadero. Una suave risa profirió de sus labios.
—Fue culpa del alcohol —musitó, por si Ruby estaba cerca—. Es seguro que se armó un revoltijo ella sola —se pasó su mano libre por toda la cara—. ¡Ay, Kanan, Kanan!
Regresó a su propia habitación y buscó nuevo cambio de ropa para comenzar con su día. No se iría sin avisarle a Ruby de que saldría pero cuando llamó a su puerta, no respondió. La habitación estaba vacía. No supo en qué momento su hermana se había escabullido, seguramente, yendo detrás de sus "amigas". La idea de que estuviera con ellas era casi, casi repulsivo. Si su mente fuera mucho, pero mucho más cerrada respecto a esos seres, ya habría dado a Ruby por traicionera.
Despejó la mente, ya lidiaría con eso después. Necesitaba centrarse con el asunto de Kanan. Llamó a un taxi a que viniera por ella y la llevara al punto de reunión sin mucha demora.
No fue más de quince minutos para llegar y pedir la parada una calle antes y darle aviso vía mensaje. Llegó a lugar, un local de cocina básica, donde se sentó en una de las sillas disponibles a la espera de la mujer. Se tardó más de lo que supuso, y entonces la divisó; casi corriendo, cargando varias bolsas.
—Creí que te habías arrepentido —saludó Dia, ayudándole a dejar las bolsas en el suelo. Kanan se desplomó en la otra silla.
—Quiso acompañarme. No hallaba cómo librarme, hasta que surgió unos pagos del señor Vincent que no tenía tiempo de cubrir él mismo. Mari se quedó haciendo el favor, así que tenemos tiempo hasta que me reúna con ella otra vez —explicó, secándose el sudor de la frente y cuello con una toalla.
—Bien, entonces, ¿qué es lo que quieres saber? —entrelazó sus manos sobre la mesa, aguardando por sus dudas.
Sus ojos se encontraron, y pudo captar el atisbo de melancolía en sus amatistas justo como la noche anterior. Estaba sonrojada pero eso ya era por la caminata que había dado. No habló, sólo se quedó así, mirando fijamente. Entonces sus parpados se enrojecieron.
—Lo que hicimos estuvo muy, muy mal —dijo al fin—. Voy a aceptar que la mayor culpa me la llevo yo. Estaba enojada… y ebria —su nariz se tornaba rojiza—. Dime, ¿hasta qué horas dejamos de hacerlo? ¿Qué tanto hicimos?
Dia quería reír por ese último comentario, pero sería irrespetuoso. No quería alterarla más de lo que ya estaba. Por lo que, levemente, negó con la cabeza.
—No lo hicimos, Kanan —dijo pasivamente—. No tuvimos sexo. —Aseguró. Su amiga estaba entre si alegar o no; dejó que continuara. Las dos se enseriaron—: Tal vez recuerdes que estuvimos en la cama, que hubo unos cuantos besos y caricias pero sólo hasta ahí. No avanzamos más; me arrepentí.
Kanan bajó la cabeza, mirando sus manos; sus dedos estaban blancos por el apretón que mantuvo entrelazado. Cuando los liberó tomaron color de nuevo.
—¿Cuáles fueron tus motivos? —preguntó sin verle a la cara.
—En primera, porque estabas vulnerable, muy vulnerable. No podía seguir contigo en el estado en el que estabas, sería muy desagradable de mi parte. Yo te respeto. —Kanan volvió a verla—. Y en segunda… cuando caíste dormida… oí ruidos en la terraza. Sentí que nos miraban —rememoró lo de esta mañana—. Es probable que You y Chika nos hayan visto. No sé qué podrían estar haciendo a esas horas por ahí…
Kanan apoyó su dorso en su frente, apretando los ojos. Empezó a recordar que había pedido vigía a sus amigas para asegurar el área.
—Debieron ser ellas —dijo—. Sí, tuvieron que ser. Yo les pedí que estuvieran en los alrededores vigilando de algún ser curioso, pero les envié mensaje para retirarse cuando Mari ya no llegaría. Tal vez… quisieron saber cómo me encontraba… —respiró profundo—. Tendré que hablar con ellas también o sino van a quedarse con ideas equivocadas.
—Discúlpame, por causarte estos inconvenientes.
—No, yo… yo fui la responsable de todo. Yo te provoqué —sus ojos, que antes resistieron el escozor, por fin liberaban gruesas lágrimas—. Tú eres una buena persona… Te metí en mis dudas amorosas sabiendo tu sentir. Lo siento tanto —cubrió su rostro con sus manos—. Te hice daño a ti y a Mari —el sollozo escapó por la rendija de sus dedos.
No le gustó verla así.
—Kanan, no llores —se le encogió el corazón—. No hiciste nada malo. Deja de llorar, por favor —rodeó la mesa para llegar a ella. Sobó su espalda para calmarla—. No soy… tan buena persona.
—Otra cosa más —dijo entre su lloriqueo—, perdí el anillo que le regalaría. —Dia se sintió terrible por saltarse ese detalle—. Lo busqué como loca por toda la casa de renta en la mañana; no estaba por ningún lado. No sé dónde lo dejé.
—Eh, bueno… Yo… yo lo tengo —dijo apenas. Kanan alzó la mirada—. Tú me lo pusiste. No me lo quité porque no quisiera, sino que no hubo tiempo. Cuando me desperté fue por el sonido de tu celular, Mari te envió un mensaje de que estaba cerca. —Kanan rebuscó en su buzón, y efectivamente; Mari le dio aviso. No lo vio en su pantalla porque ya estaba leído—. De no haber sido por eso nos atraparía. Prácticamente salí corriendo de ahí.
—¿Lo tienes contigo ahora? —sorbió su nariz y se limpió las lágrimas.
Dia frunció una mueca.
—Lo olvidé en mi cuarto… —regresó a su asiento.
Kanan suspiró. Se tomó un momento para poner en orden su mente y dejó salir todo el peso que la atosigaba. Agradeció que no pasara a mayores, y que Dia fuera así… precavida, protectora…
Retomó ella la palabra.
—Sólo falta que hable con Chika y You para despejar los malos entendidos. Todo esto quedará como un mal chiste, ¿no? Un pequeño resbalón —se rió con nerviosismo—. Y… y supongo que tendré que acompañar a Mari.
Dia la notó no muy convencida.
—¿Cuál es el destino? —preguntó.
—Italia. El vuelo está programado para mañana en la tarde. Su madre está en unos negocios por esos lares; ella nos recibirá cuando lleguemos. —Asintió para sí—. Tengo que ir. No sé por cuánto tiempo estaremos afuera, no me dijo, pero es por lo que he estado llorando después de todo, el pasar juntas —se convenció.
—Sirve y le das el anillo allá —sonrió Dia, pero con un aire triste—. Disfrútenlo al máximo. Las dos se lo merecen. Ocupas relajarte y ella aún más.
No iba a negar que doliera que se fuera tan rápido; una llegaba y la otra se iba. Le habría gustado compartir más, como lo fue en las vacaciones pasadas donde Kanan se quedó con ella y Ruby. O ya como último, estar junto con Mari como cuando pequeñas. Pero eso ya es meterse demasiado en medio. Al menos, en el fondo se alegró un poco para el bienestar de su amiga.
—¡Ah! —Kanan se sobresaltó al sentir el timbre de su celular. Como si estuvieran sincronizadas, el de Dia también sonó—. Mari terminó. Quiere que vaya a recogerla. ¿Qué hay de ti? —le preguntó cuándo advirtió un cierto disgusto en su cara.
—Es mi tiempo libre… —masculló Dia, apretando el móvil. Qué mal momento, pensó.
—Si no es tu hermana, entonces… no me digas que se trata de eso…
—Sí… Quieren que vaya a dar apoyo en una unidad. Se supone que no debo estar en la lista de disponibilidad —se levantó; ayudó con unas bolsas a Kanan—. No voy a ir ahorita, que se esperen o llamen a otro. Esta Cazadora no está en servicio.
—¿Estás segura? Puede ser importante. —Kanan emprendió camino a donde Mari debería estar esperando. Sin negar la ayuda de Dia, aceptó que la siguiera.
—Mi asunto importante en este momento eres tú —dijo, alzando las bolsas como muestra—. Además, quiero pedirte que no te vayas sin antes despedirte. —Kanan le sonrió a eso—. Si continúas ocupada por este día, puedes pasar mañana por el anillo.
—Sí, lo más seguro es que vaya mañana a tu casa. Así me despido de las dos —agregó a Ruby—. No se te vaya a perder hasta entonces.
Dia rió.
Estuvo un poco retirado para llegar a donde Mari aguardaba. Allí estaba; sentada cerca del monumento, viendo su celular. Cuando oyó la voz de Kanan, alzó la mirada para recibirla pero se llevó una gran sorpresa al ver que su novia no venía sola.
—¡Diaaa! —recibió Mari con gran gratitud a la chica, olvidándose unos breves segundos de Kanan. Ya hacía bastante que no la veía, menos era la oportunidad cuando sólo se la llevaba metida en la "ratonera" que era la morgue. La estrujó en sus brazos, jugando—. Nuestra querida Dia está de vuelta.
—También me da gusto verte. —Y era cierto, no estaba nada mal recibir uno que otro apapacho de la rubia.
—¿Qué haces aquí? ¿Se encontraron en el camino? ¡Ya estás de vacaciones! —preguntó, inocentemente. La sonrisa de sus labios no desaparecía. Dia afirmó a su pregunta—. Cuenta, cuenta, Dia, ¿cómo te está yendo con ellos? ¿Ya subiste de rango? ¿Ya tuvieron un encuentro?
—Casi —contestó con una ligera vergüenza—. Pero ya he tenido trabajos que se cruzan con ella, no es… directamente, pero estoy al margen…
—¡Ayyy, Dia! Estás taaan cerca pero a la vez taaan lejos de tu crush —escandalizó Mari.
—P-pero qué dices… —De pronto, Dia estaba realmente avergonzada. Notó la mirada de Kanan, era simple; con sus gestos se decían todo. No iban a olvidar fácilmente lo de la noche anterior—. Es un superior que admiro no lo digas de esa forma.
Cuando ya estaban reunidas las tres, Mari se volvía otra, bueno, a esa vieja Mari que no era presionada por sus padres. Eran muy estrictos pero con su debida razón. Querían que su hija se tomara las cosas en serio y se insensibilizara, esto último por su cargo. Gran parte de esa presión y responsabilidad, Dia lo comprendía muy bien, ya que no se alejaba de su propia experiencia.
—Oh sweetie, no cambias —dejó de molestarla, cargando las bolsas en su lugar—. ¿Kanan no te ha comentado? —empezó la caminata y las demás le siguieron.
—¿Qué cosa? —preguntó Dia, simulando desconcierto.
—Viajaremos a Italia per il nostro anniversario —dio unos saltitos. Kanan a su otro extremo rió por lo bajo. Definitivamente seguía sin convencerse.
—¡Eso es fabuloso! —expresó Dia—. Me gustaría viajar a otra parte a mí también —suspiró—. Pero que no involucre mi trabajo, nada de chupasangres, bestias peludas y hechizos con palabras de locos.
Mari soltó la carcajada; Dia se contagió igual.
—Hablando de eso. Hace como dos semanas realicé la autopsia a un hombre lobo, literal, murió en esa forma —comentó Mari, suavizando su risa—, y no vas a creer lo que me encontré dentro de él. —Dia hizo la típica pregunta para saber más—. Pues, fueron cinco pares de manos, enteritas.
—¡No es cierto! ¿No será acaso… el tipo que le arrebató las manos a los brujos de la cuadra, sólo para que no lo controlaran? —Dia tenía pocos detalles sobre eso—. Escuché algo parecido con los superiores, no pensé que el caso llegara hasta ti —posó la mano en su mentón.
—Pues, de ese mismo estamos hablando. Las pruebas dieron positivo —afirmó—. Según la historia que cuentan los afectados es que se salió de control por una pequeñez, ellos quisieron detenerlo pero antes de que pudieran conjurar les quitó las manos. Eran principiantes.
—Aah, con razón —dijo Dia, moviendo sus manos. Los brujos primerizos conjuraban con señas y otros movimientos de manos. A uno veterano le bastaba con decir las palabras mágicas o simplemente tener la intensión sin necesidad de pronunciarlas.
—Un brujo adulto, de la DCSS, estaba cerca de la zona. Y pues, él terminó todo —explicó.
—Cuando la vida de un agente peligra tienen la orden de acabar con la del amenazante. —Así es, Dia en ciertas ocasiones recibió las mismas instrucciones.
—Chicas… —después de un buen rato, Kanan se atrevía a hablar. Nunca podía llevar el ritmo de esas conversaciones—, sé que soy la única con un trabajo común pero… ¿podrían hablar de otra cosa? —solicitó, apenada.
Mari y Dia intercambiaron miradas, posteriormente se echaron a reír. Kanan reviró los ojos. Aceleró el paso para llegar pronto.
Una vez que dejó a sus amigas continuar con lo suyo, Dia emprendió camino de vuelta a su casa. Lo que tenía que aclarar ya lo hizo, por lo que se sentía ya aliviada, bueno, una parte solamente. Pues, durante varios minutos regresaba ese número insistente a timbrarle el celular. Lo habría apagado pero no lo hizo, podían entrar otras llamadas familiares.
Ya estaba a la vuelta de la casa cuando volvió a sonar, lo tomó pero dejó que colgaran. Más de quince llamadas, revisó. ¿Es que no había más personal disponible?, se preguntó.
Dia estaba enfadada. Un poquito, sólo un poquito de paz requería para continuar soportando. Pero nada le duró cuando vio a la persona indeseada en los escalones de su entrada… A Chika sentada, que se esforzó por sonreír amablemente cuando se vieron.
—Buenas… noches… —estaba tan inmersa que ni cuenta se había dado de que ya estaba oscureciendo.
—¿Qué quieres aquí? —fue directa, echando uno que otro vistazo al interior por si se asomaba Ruby.
—Vine a pedir disculpas, en nombre de You, también, por la intromisión de esta mañana.
Dia hizo una mueca de boca.
—¿Está ella adentro? Que lo haga ella misma —dijo escuetamente. Chika negó; Dia maldijo por lo bajo—. Un lobo metiendo sus narices en nuestra casa mientras nuestros padres no están y un vampiro rodeando los muros, ¿qué crees que pase cuando se enteren?
—Hablando se entiende la gente. Todas nuestras visitas tienen explicaciones —dijo serenamente.
Dia se acercó hasta donde ella. Los ojos carmín de Chika tuvieron una reacción por la cercanía; se habían puesto oscuros, pero no de forma siniestra.
—No quiero que me hartes de estarte repitiendo lo mismo —amenazó Dia en voz baja—. Le llega a pasar algo a Ruby, ustedes van a tener la culpa. No se la van a acabar conmigo.
—No somos como ellos, no nos detestes de la misma forma —respondió débilmente, tapándose los ojos.
—¿Segura? —le quitó las manos de los ojos sin delicadeza—. ¿Cuándo fue la última vez que bebiste sangre? Porque tienes que beberla para resistir los rayos del sol —la miró directamente.
Chika era capaz de oír el ritmo de los latidos de Dia, calmados y normales. No le tenía miedo en lo absoluto y era más que evidente.
—N-no… no bebo ni sangre sintética… No necesito de ningún tipo.
—Mentirosa —acusó—. De algo o… de alguien te tienes que estar alimentando. A fin de cuentas, no puedes luchar contra tu naturaleza —se encogió de hombros, y puso distancia—. Vete antes de que Ruby se entere de que estuviste aquí, cazándola.
—¡Yo no hacía tal cosa! ¡Sólo quería hablar contigo! —elevó su tono, y esta vez, sus ojos revelaron su ira reprimida—. Lo único que quería es disculparme. No tienes porqué tratarme así, ¡no he hecho nada malo!
—Eso díselo a tu madre —le acortó Dia.
Los ojos de Chika volvieron a la normalidad al instante de oírla decir eso. Dia le había dado en un punto sensible. Era muy rastrero de su parte que utilizara a su madre para hacerla sentir peor, para no olvidarle la clase de monstruo que es y será siempre.
—Estás bajo vigilancia, Chika —prosiguió Dia sin tentarse el corazón—. Comete otro de tus chistecitos y vas a perder a Shima también, hasta que te quedes sola.
Le temblaron los labios, y sintió que sus ojos se aguaban. Iba a llorar, iba a echarle en cara lo que le hizo a su amiga Kanan, pero no… Ella no iba a rebajarse, ni aunque eso bastara para herirla.
—¿Hermana? —la voz de Ruby se hizo presente. Debió oír el anterior subidón de tono, lo que la obligó a salir y verificar—. Chika. ¿Chika, qué sucede? —preguntó al notar a la muchacha con semblante afectado, incluso sus parpados inferiores estaban humedecidos.
Chika limpió enseguida esas lágrimas que no obedecieron; apartó la mirada y dijo:
—Disculpa las molestias. Nos vemos, Ruby. Buenas noches, Kurosawa —remarcó para Dia, sin mirar a ni una de las dos.
Ella prácticamente huyó.
—¿Qué fue lo que pasó? —exigió explicaciones Ruby—. ¿Desde cuándo estás con ella aquí? ¿Qué le dijiste? —la vio pasar a su lado para entrar a la casa.
—Voy llegando. No le dije nada, Ruby —dijo sin mucho interés.
—E-eso no me pareció "nada". Estaba llorando. ¿Qué le hiciste, Dia? —preguntó apremiante.
—¡No le hice nada, Ruby! —se volvió hacia ella—. ¡No le dije nada que no fuera mentira!
—¡¿Qué fue lo que le dijiste?! —Dia frunció el ceño, y en un fugaz segundo, desvió la mirada, delatándose—. ¿No le habrás dicho…? —Su hermana mayor guardó silencio—. ¿Cómo te atreviste? ¡Es un tema que tiene que quedar en el olvido! Ella no tuvo la culpa de lo que pasó…
Dia se desconcertó por toda la defensa que su hermana le daba al vampiro. Reviró los ojos.
—Más importante aún —cambió descaradamente la conversación—, ¿te fuiste con You y ella en la mañana, verdad?
—¡Sí, estuve con ellas! ¿Pero qué me dices tú? —le devolvió la pregunta—. No dormiste aquí anoche y llegas tan tarde de la calle, ¿dónde te metiste?
—No me hables del mismo modo que nuestros padres —la señaló. Temía que se fuera reflejando como ellos—. Y, hablando de, ¿no se supone que ya deben de estar aquí? —pasó a revisar sus habitaciones.
—Mamá llamó temprano —se cruzó de brazos. De repente, a Dia le pareció una linda imagen—, eso fue como a las nueve, antes de que llegaras de tu no sé dónde—dijo—. Desde entonces no ha marcado, pero le avisé que ya habías vuelto de la academia.
Dia sonrió tenuemente. Se acercó para envolverla con sus brazos, no hubo rechazo, fue más que aceptado.
—Hermana, no quiero pelear contigo —hundió el rostro en su hombro, sin embargo su voz aún transmitía molestia—. Pero tampoco quiero que lo hagas con Chika y You. Tienes que saber que son unas buenas niñas, jamás nos harían daño.
—Oh, Ruby… Es que me preocupo por ti —acarició sutilmente su espalda.
—¡Y yo lo sé! —ajustó más su apretón—. Dia, hermana, sé que quieres cuidarme —alzó la mirada—, pero también puedo hacerlo por mi cuenta. Tú también tienes tus propios asuntos, yo igual… Así que por favor, déjame decidir lo que realmente deseo, nadie me está obligando.
—En verdad… ¿quieres ser una Cazadora? Pero tienes como amigas a esas… —suspiró—. Pueden ser un problema.
—No lo serán —aseguró Ruby, con una sonrisa confiable. Por lo que ve, Dia se convencía poco a poco—. Además, todavía me falta un año para salir de la preparatoria. No es como si me convirtiera en Cazadora de un día para otro.
Dia respiró profundo.
—Bien. A lo mejor, hasta con suerte cambias de opinión con el paso del tiempo —dijo al separarse del cuerpo de su hermana—. Entonces, ¿quieres enseñarme un poco lo que sabes con base a lo que has visto?
Ruby ensanchó más su sonrisa y asintió completamente enérgica. Llevó de la mano a Dia para ir al dojo y mostrarle sus habilidades.
Una estridente risa resonó en el comedor y uno que otro golpe sobre la mesa. Una mujer alta, de ojos azules y cabello cenizo, viva imagen de la joven You, vaya; tuvo que parar el relajo que estaba provocando su marido para que éste no se ahogara con la comida en su boca.
Su hija, You, al otro lado de la mesa, también le seguía el juego, pues se estaban burlando "sanamente" de la invitada que tenían en su cena.
—Apenas se puede creer, Kanan —dijo el hombre mayor, serenando sus carcajadas y limpiándose esas lagrimillas—. No pudiste noquearte con sólo Bourbon —no resistió, soltó otra carcajada más.
—Soy primeriza, ¿qué esperaban? No sé ingerir bebidas alcohólicas —se defendió, con un ligero sonrojo en sus mejillas.
Así es, Kanan había dejado a relucir algunos detalles de su fallida cena sorpresa de la noche anterior a los padres de You. Ellos sabían de sus preferencias sexuales, eran muy abiertos, y les tenía la suficiente confianza gracias al vínculo de amistad que tenía por sus padres; no obstante, no estaba mal guardarse uno que otro problema de su pequeña historia.
—Las mujeres somos algo complicadas. —La señora Watanabe trató de animarla—. Y algunas veces nuestro humor varía cuando el trabajo está de por medio. Seguramente, la señorita Ohara esté presionada por lo que hace, tienes que ser un poco compresiva. ¿Has oído las noticias? Los muertos incrementan en estas fechas a pesar de la seguridad, tiene que hacer muchos análisis y reportes a los agentes y a los oficiales…
—Y todo comenzó desde que su padre vinculó su centro de investigación con los agentes de la División de Control de Seres Sobrenaturales… —añadió el padre con seriedad—. Deben llegarle más cadáveres sobrenaturales que humanos, y estos primeros no llegan con un buen aspecto que digamos.
Kanan suspiró. Por una parte tenían razón. Todo parecía tan complicado cuando lo decían los adultos, y todavía lo era más porque a donde sea que volteara, las personas cercanas a ella tenían que ver con algo sobrenatural. Era la única normal y "aburrida", hija de un pescador viudo que en ciertas temporadas desaparecía. Donde en ocasiones se hace responsable de la tienda de buceo que dejó su madre. Dejaba las cosas fluir serenamente en su familia de dos, por lo tanto no había mucho que contar que fuera emocionante.
—Yo entiendo —dijo Kanan—, que esto y lo otro. Yo lo sé. Pero ya estamos por arreglarnos, aunque, creo que nunca nada se desarregló —dijo con poca duda que los padres no captaron, pero You sí lo advirtió—. La que estaba equivocada todo el tiempo fui yo.
—¡Ánimos, ánimos, muchacha! Ya verás que todo saldrá bien, después de todo, esa rubia es muy afortunada en tenerte —dijo entre risillas y uno que otro guiño. Su esposa le dio un zape.
—Sólo es cuestión de ser pacientes la una con la otra, querida —sonrió la señora. Kanan le agradeció—. No le hagas caso a este tonto —soltó otro zape a su hombre. No eran fuertes pero sí debieron rozarle un poco.
Rieron un rato más y platicaron de otras variedades, se acabaron lo que estaba en la mesa y para Kanan ya estaba llegando la hora, el motivo de su visita. Atendió los trastos sucios y minutos después les pidió permiso para llevarse a You.
—¿Pero a dónde? —preguntó la madre, tomando en sus manos unas entradas que Kanan mostró como prueba.
You reconoció esos tickets, eran para el evento al que no fueron la noche anterior.
—Me llevaré también a Chika —agregó Kanan, mirando a los padres—. No sé si You tenga algún pendiente —volteó a ver a la joven y ésta con ojos de cachorro suplicó a su padre.
—Pues… No sé —se rascó la nuca—, You nos había comentado de esto pero, ¿tú estarás bien en un lugar como ese? —inquirió el hombre, preocupado por Kanan.
—Sí, no habrá ningún problema. Saldremos temprano y yo misma las dejaré en la puerta de sus casas —sonrió.
El señor Watanabe miró a su esposa, teniendo ella la última palabra ya que la primera fue otorgada por él. Al ver la ansiedad en su hija, a la madre no le quedó de otra.
—Irás —le dijo con seriedad—, pero le haces caso a Kanan. Y acuérdate que tienes que salir con tu padre y su jauría, ¿está bien? Te estás saltando sus paseos.
—Mamá…
—No te escuché.
—Sí… —You se sonrojó por tener a Kanan viéndola.
Su padre se aguantaba las risas.
—Y tú no te estés riendo —le reprimió a su hombre—, que la estás dejando que tenga muchas libertades —le dio ligeros golpes en el hombro para que se callara.
Más que sentirse avergonzada o incomoda, era divertido para Kanan. Poco eran los momentos que le pasaba lo mismo con su padre o rememorar viejos recuerdos de su madre. Ya sea con los Watanabe o con los Takami se sentía en casa, bien recibida.
La mujer le devolvió los tickets y You se subió corriendo por las escaleras para cambiarse. Afuera ya la esperaba Kanan en la vieja pick-up de su padre. Se despidieron y emprendieron a por Chika.
—You, ¿quién es el alfa de la jauría, tu mamá o tu papá? —soltó la pregunta a su acompañante, sin perder de vista el trayecto.
—¡Uuwaah! ¡Mamá siempre nos hace lo mismo! —se escondió en sus manos—. Papá es el alfa pero le gusta que mamá no lo trate como tal —volteó a la ventana y apreció el oscuro mar.
—Me gusta su relación —dijo, sonriente—. Y también el fruto que salió de ellos —liberó una mano del volante para revolver el cabello de You para molestarla.
—¡A-alto, tú también eres igual! Tratándome como si fuera una niña… —le hizo colocar la mano devuelta al volante—. Por cierto, ¿dónde conseguiste las entradas para una segunda función? —observó detenidamente—. ¡¿Son de primera fila?! ¡¿Veré a mi luchador tan de cerca?!
—Claro que sí. Es mi agradecimiento por velar la noche anterior —dijo Kanan, apacible. Ahora que estaban solas, You podía preguntarle sobre eso pero cayó en cuenta que su amiga apagó el auto—. Llegamos. Ven, salgamos.
Se estacionó frente al Ryokan de la familia. La encargada al advertir el ya conocido chirrido del motor salió del establecimiento.
—Oh, Kanan —abrazó a la muchacha y cuando You se acercó también. Casi de la misma estatura de la primera; una mujer de cabello castaño oscuro, sonriente, de ojos del mismo color que los de Chika; Shima era quien las recibió con toda la amabilidad—. Tienes rato que no te paras por acá —palmeó el hombro de la mayor.
—Disculpe, siempre digo que vendré a verla y ayudarle pero termino desviándome de camino. Por lo general cosas que surgen a último momento por mi padre —se sinceró.
—Es broma, es broma. Sabes que no hay cuidado conmigo —sonrió otra vez—. Por favor, pasen, ¿buscan a Chika?
—Sí, venimos a pedirle permiso para que nos acompañe.
—Iremos al The Mortal Fangs! —dijo You, dando saltitos—. ¡Esta noche volverá a estar la participación de Darkness Wolf, mi luchador favorito! Y gracias a Kanan lo veré, Chika seguro le emocionará que siempre sí iremos.
—Chika no está —dijo Shima—. Salió con Riko, su madre le pidió de favor que le hiciera compañía para que no estuviera sola.
—¿A esta hora? —revisó Kanan, eran ya pasadas las nueve—. ¿Van a tardar mucho?
—Tienen más de la media hora que se fueron, pero no deben de tardar. Iba a ser un asunto rápido. Si gustan, suban a su cuarto, yo le avisaré que están aquí.
—Gracias, Shima —agradeció enteramente.
Subieron, e inmediatamente You se tiró en la cama. Se abrazó a unos de los peluches que estaban allí.
—Se fue con Riko… —musitó You—. Espero que lleguen rápido.
—¿Por quién de las dos estás preocupada? —preguntó Kanan, viendo unos retratos en el mueble.
—Obvio por las dos —espetó.
—Chika está con ella, bájale a tu paranoia.
—¿Cuál paranoia? No es paranoia, Kanan —le lanzó el peluche y la chica lo atrapó—. Chika no ha estado bien, no desde que Dia llegó. En la mañana cuando nos reunimos en otro lugar con Ruby, estaba muy seria, como si apenas quisiera hablar. Además, sabemos que es muy mala fingiendo —dio un largo y profundo respiro—. Kanan… ¿tú sabes que Dia nos dice cosas, verdad? —le miró expectante.
Kanan se sentó junto a ella y dejó el peluche de lado.
—Dia puede ser dura a veces, pero no creo que lo haga con intensión —le dijo.
—Llamarnos viles monstruos aguantándose el asco ¿no es intencional? —fue apremiante—, que casi haya abusado de ti ¿no es intencional?
—Y-You… eso, eso no es cómo sucedió…
—Con permiso, chicas —Shima abrió la puerta sobresaltando al dúo; ella rió y depositó una bandeja en la mesita con unos refrigerios—. Chika ya viene en camino, ¿de acuerdo? Hasta entonces, degusten esto.
—No se hubiera molestado. —Pero la mano de You ya había tomado una de las galletitas.
—Vaya, tan aceptable como siempre nuestra pequeña cachorrita —acarició los cabellos de la joven. Les dedicó una última sonrisa y se retiró.
—Cuando nos mandaste el mensaje decidimos regresar por ti, nos debatíamos mucho en si sí o no, tal vez querías estar sola; pero fuimos de todas maneras. Subimos al tejado creyendo que seguirías estando en la mesa que preparaste pero no… —prosiguió You, comiendo—. Dia estaba sobre ti, en la cama, besándote. Chika me impidió que hiciera algo, simplemente nos marchamos.
Kanan bebió un poco de su té, y a pesar de que era delicioso no podía disfrutarlo como tal. Volver a oír lo mismo hacía que se le formara un nudo en el estómago y Dia invadiera su mente.
—Es verdad. Eso fue lo que vieron, no te lo voy a negar pero no pasó a más. —You se volvió hacia ella, con una ceja incrédula—. Pero principalmente fue mi culpa, yo le dije que lo hiciera. Y tienes que saberlo, You, que únicamente fue a apoyarme y…
—Y ella muy entendida obedeció —remarcó You—. Te apoyó muy bien. ¿Y qué hay de Mari? ¿Cómo crees que reaccione cuando se entere? Si es que tienes planeado decírselo, claro está.
Kanan debatiría pero oyeron un golpe provenir del techo que hizo que se olvidaran por un momento de la conversación. Alzaron las miradas, luego corrieron la vista al balcón de la casa de enseguida; las luces de la habitación se prendieron. Y después, pisadas cuádruples por el pasillo a toda prisa, Shiitake quería entrar.
—Shiitake, ¿qué pasa? —Kanan abrió la puerta y el perro lo primero que hizo fue olfatear el aire, su cola se agitaba enérgicamente, posteriormente fue al balcón y ladró al cielo. Segundos después, Chika aterrizó en la orilla del balcón. La dueña había llegado.
—Shiitake, ahora no —dijo entre risillas cuando el animal la recibió con empalago—. Kanan, You, hola… —miró a las chicas en cuestión, mientras acariciaba la cabeza de su canino—. ¿De qué se trata la reunión? Las veo algo… tensas…
Shiitake se le acercaba a la cara a Chika, especialmente a la boca y pronto lo retiraba para que no le lamiera. Aunque You advirtió el aroma de menta, justamente de donde Shiitake quería lamer. Tal vez Kanan no lo percibía muy fuerte, pero la menta se puede usar como excusa para persuadir cualquier olor bucal.
—¿Shima no te ha dicho que no entres así? Vas a asustarla —regañó Kanan. Chika se rascó la cabeza con una risa torpe.
—Es que es más rápido. Pasé a dejar a Riko, así que ya estoy libre —notó que You no había dicho nada y sólo le observaba fijamente—. ¿P-pasa algo, You?
—Nada en especial —terminó de comerse las migajas—. Que Kanan te cuente porqué estamos aquí —aunque en su tono lo decía por otra cosa, Kanan le dio vuelta al asunto.
—Iremos al The Mortal Fang! y en primera fila —le mostró los tickets—. Deseaban ir, ¿no es así?
Chika trató de descifrar algo en los ojos de You. Le habría gustado decir "¿no era eso costoso?", una simplona pregunta, pues ellas apenas habían recaudado para los asientos traseros. Pero parecía que no estaban teniendo los mismos pensamientos o humor… Chika por primera vez en su vida temió de la seriedad de You.
—Uh, aah, ¡es fantástico! ¡Por fin veremos a Darkness Wolf, You! —la animó. Juraría que el aire de la habitación la sofocaba—. ¡Muchas gracias, Kanan! Siempre pensando en nosotras —se enganchó de su cuello y la mayor la envolvió, jugando con ella.
—Bajemos con Shima —indicó Kanan, despegándose de Chika—. Le avisaremos que ya nos vamos.
Chika asintió y rápido le siguió el paso a Kanan. You tardó en reaccionar.
—¿Qué dices, Shiitake? ¿Son paranoias mías? —acarició al compañero canino detrás de sus orejas—. Chika no se alteraría por simples tonterías, ¿verdad? —cerró sus ojos. Tenía que dejarlo ir, ese pertinente y reconocible olor de menta mezclada con sangre en su olfato—. Bien. Voy con las demás.
Soltó a Shiitake y éste igual le siguió hasta la planta baja. Shima seguía hablando con Kanan, por la seriedad que se mantenía en ambas se diría que son instrucciones a seguir. Chika ya estaba en la caja trasera del pick-up.
—¿Las espías? —preguntó You, al llegar junto a ella y tomar asiento.
—¿Cómo? —parpadeó, volviendo en sí—. Ah, no. No quiero escuchar… —sonrió tenuemente, con un ligero brillo en sus ojos que a You le pareció bello entre la penumbra—. Me sé de memoria lo que se dicen, no hace falta que oiga. Son sólo recordatorios, precauciones…
—Sí… Mamá también le dice lo mismo —calló unos segundos—. Por cierto, si no es mucha molestia preguntar… Uhm, este, ¿se puede saber a dónde fuiste con Riko?
Chika liberó una risa con más volumen.
—Te estabas tardando. —You correspondió a la gracia—. La acompañé a recibir una paquetería que ella "pidió" —guiñó sus dedos, You inclinó la cabeza al no comprender—, bajo su nombre para Yoshiko —aclaró y You profirió un "aah"—. Grimorios de internet y esas cosas, sigue aferrada con eso.
—No puede hacer magia ni aunque Hanamaru le enseñe… Tal vez deba dedicarse a otra cosa. Es mejor ser normal que… bueno, ya sabes…
Chika le dio la razón. Kanan golpeó la caja, avisándoles que ya estaban por partir o de lo contrario se les haría tarde.
No debían perderse ese espectáculo. Así como otros no se lo perderían, pues nada más llegar al sitio, Kanan estuvo buscando un espacio libre en el estacionamiento. Muchos habían esperado más para la segunda función nocturna. Quién sabe cómo habría estado la primera, porque esta sí que había bastante movimiento.
Humanos, vampiros, brujos, hombre lobos y hasta entre otros seres podían asistir, para esta clase de eventos no había distinción gracias a los colaboradores, pero tampoco no se sabía quién era qué cosa a no ser que se revelaran con su naturaleza. Por una parte el público "guardaba" las apariencias.
Como las chicas eran compradoras de las primeras filas, no tuvieron que esperar mucho para el acceso, puesto que las dirigieron en seguida a sus asientos con sólo mostrar sus pases. Más personas ya estaba allí, otras más entraban en un monto para dirigirse a los asientos traseros y entradas superiores. You y Chika ya estaban abriendo sus empaques de chucherías que antes Kanan les compró.
Reflectores iluminaron el lugar y en su centro se vislumbró un pentágono donde se desenvolverían las peleas. Kanan advirtió a las chicas cuchichear algo entre ellas mismas sin despegar la vista del pentágono de acero, señalándolo como la cosa más increíble que podían tener frente a sus ojos. Sabían más de estas cosas, seguramente porque siguen el tema por internet desde hace tiempo, se dijo Kanan.
Diez minutos después, más luces de diferentes colores aparecieron. El público se alzó emocionado porque ya era el comienzo.
—¡Damas y caballeros, sean todos bienvenidos a The Mortal Fangs! —anunció el representante, eufórico como el público—. Esta noche tenemos a grandes guerreros, sobrevivientes ¡y campeones!
Kanan no entendía por qué tanta emoción, bueno, entiende la parte del fanatismo, pero es que era demasiado como para que la gente demandara que salieran a luchar de una vez.
Un tiempo escuchó, no sabía si se trataba de un rumor, que esta clase de eventos intentaron prohibirlos, sin embargo, se dice que por tener sus medidas de seguridad bien establecidas no pudieron retirarlos porque no estaban cometiendo "ninguna" falta y todos sus luchadores comprendían los riesgos a los que se sometían y eso implicaba la muerte. Además, no era cosa de todos los días, pero se realizaban cada cuatrimestre del año y en diferentes partes. Lo consideraron como un control al instinto de los seres sobrenaturales.
No pensó que fue fuera así… así de violento. Un toque eléctrico le recorrió todo el cuerpo, le hizo comprender mejor. La gente estaba por el morbo. Las primeras luchas fueron "normales", por decir de alguna forma, conforme más luchadores salían, sus técnicas cambiaban, subían de nivel y a uno muy grotesco. Nada de eso parecía un show, que se arrancaran las extremidades del cuerpo no era para nada un truco. Sintió, repentinamente, nauseas.
Volteó a su lado. You estaba brinque y brinque en su lugar, gritando a saber qué cosas junto con la demás gentuza. Chika igual pero contenía más serenidad o es que ¿no le gradaba lo que veía? En el pentágono estaban dos licántropos y dos vampiros, ninguno compañero, era todos contra todos. Pero de pronto confabularon únicamente contra un vampiro, siendo que uno de su misma especie le traicionara y terminara de… morir en la arena. Su cabeza estaba fuera del alcance de su torso.
Por esto es que el señor Watanabe preguntaba si estaría bien con estar en un lugar así. Ahora ve que no… El vampiro murió allí y todos festejaban. Estaba permitido, ellos sabían a lo que se enfrentaban.
No quiso ver más, no supo quién se rindió o quién ganó y no identificó el nombre del mismo cuando lo anunciaron.
Posteriormente, el representante pidió una pausa, ya sea para los luchadores profesionales o para el público mismo. Podían ir a comprar más o ir a los sanitarios.
—Estamos pronto de la pelea esperada —anunció durante el receso—. Dos de los lobos más feroces, Darkness Wolf y Bestia Gold, combatirán por el campeonato. Pero hasta entonces —dramatizó—, tendremos una pelea de novatos valientes. Sólo deberán derribar a Sabertooth —señaló a una mujer que iba entrando en la rejas del pentágono, su cuerpo se transformó en el de una bestia, lo que maravilló a muchos—. Pueden registrarse ahora con nuestra compañera —señaló una mesa más allá donde dicha mujer estaba sentada junto a unos ejecutivos—. El ganador tendrá la fortuna de llevarse ¡quince mil dólares en efectivo! —Y prueba de ello, uno de los hombres trajeados abrió un maletín para mostrar.
De los que se quedaron presentes, unos aplaudieron y otros chiflaron, deseándoles suerte a todo aquel que se atreviera a derribar a la mujer lobo.
—¡¿Es sólo derribarla?! ¡¿Por esa cantidad?! —You casi se derrumba, sonaba bastante fácil—. ¡Quiero intentarlo! —Iba a salir corriendo pero Kanan la atrapó antes.
—No vas a meterte ahí, You —le reprendió con autoridad—. Vinieron a ver las peleas, no a participar en ellas.
—Pero…
—¡Que no, You! Tengo que cuidarlas, lo prometí. Vuelve a sentarte.
La joven no renegó mucho, cumplió con lo que se le pidió.
—¡Ey, tú! ¿A dónde crees que vas? —le dijo a la otra que no disimuló levantarse.
—Voy al baño… —dijo Chika, con una de sus manos masajeando su sien. Desde hace rato Kanan no la notaba muy entusiasmada.
—Sólo… no te tardes, ¿está bien? —suspiró, observando cómo se alejaba—. Oye, You —picó a la joven para que la viera—, ¿no sientes nada extraño venir de Chika? —preguntó. Era sabio preguntarle, pues ella podía, algunas veces, sentir u "olfatear" malas vibras salir de Chika. Pero eso no lo siente desde que eran pequeñas.
—No. Todo correcto. ¿Por qué? —alzó la cabeza para ver por dónde se había ido—. ¿Quieres que vaya por ella?
—No, déjala. Tal vez le duela la cabeza, aquí son muy escandalosos y ella tiene un oído sensible. O tal vez… no quería venir.
—¿No quería venir? ¿Ella? ¡Pero si ayer estaba llorando por asistir! ¿Cómo no querría venir después de lo mucho que hemos estado esperando esto por meses desde que lo anunciaron? Debe tener otra… cosa… —pausó. Y, observó detenidamente la arena que estaba delante, ya tenían más de la hora y media por lo que su olfato se había acostumbrado al olor de la sangre derramada—. ¿Se está… conteniendo? —musitó, entrecerrando los ojos.
Para antes de que Kanan la oyera, los micrófonos se volvieron a encender junto con las luces de colores. El representante gritó y el público le siguió.
Inició la pelea de los novatos contra Sabertooth. La mayoría jóvenes vacilantes que en cuanto se acercaban a ella eran derribados, siendo golpeados contra el suelo sin infringirles tanto daño. Conforme los despedían para que pasara el siguiente, Kanan estuvo más al pendiente del regreso de Chika. Sólo miraba por donde se fue.
—You, ¿sabes qué? Voy a buscarla, no debí dejarla que fuera sola. —Kanan se puso de pie, en momentos así era muy sobreprotectora cuando tenía un cargo.
—No, descuida, iré yo. La encontraré más rápido —se tocó la punta de la nariz.
—Pero hay muchos olores mezclados, muchos… vampiros… —miró a su alrededor—. ¿Vas a encontrarla?
—Sí. Ahora volvemos, ya verás —se abrió paso y desapareció en la salida. Kanan volvió a su asiento, quedando igual que antes; mirando sólo la salida por donde se fueron ese par.
—¡No, no, no! —dramatizó el representante—. Los quince mil se tienen que ir a casa de alguno de ustedes, ¿qué está pasando, jóvenes? ¡Necesitan comer más vitaminas!
La fila de los participantes escaseaba y nadie, como dijo el hombre, podía derribar a la luchadora. Tal parece que el dinero se quedaría con la empresa.
—Si el último no la derriba… pues bye bye moneeeyyy! —gritó, y se ganó la risa de muchos—. ¡Woah, woah, woaaah! Esperen, ¡ese movimiento ha sido estupendo! —alagó al contrincante.
—Posiblemente haya una larga fila para los sanitarios, y las mujeres nos tardamos más en él —suspiró por su tanta preocupación, aunque al volver la vista al frente su pulso se aceleró en un segundo al percatarse de que la persona que tanto esperaba estuviera enjaulada dentro del pentágono con aquella bestia—. ¡Santo cielo, Chika!
—¡Parece que alguien sí quiere llevarse ese dinero a casa! ¡Qué espíritu tan feroz! —el representante seguía soltando cada vez sus estupideces.
Chika estaba al tú por tú contra la enorme bestia, tratando de buscar una abertura en su defensa. Las dos eran veloces, pero obvio el tamaño le favorecía a Chika; sin embargo, la fuerza no tanto. Se descuidó un segundo y fue lanzada fuertemente contra las rejas. Los "ooohh" lastimeros se alzaron.
—¡Tienen que sacarla de ahí! —alegó Kanan cuando se fue directo a la mesa de los ejecutivos.
—La pelea está en curso —dijo uno de ellos.
—¡No pidió permiso! ¡Y lo ordeno porque soy su hermana! —alzó la voz porque el bullicio no le dejaba escucharse—. ¡Sáquenla de ahí!
—Pero se ha puesto de pie —señaló el compañero.
Kanan se giró a ver. Chika definitivamente no estaba bien. Insistía en derribar al animal pero con cada contraataque que intentaba le iba peor. Definitivamente no sabía ni pelear correctamente.
—¡Wooaahh, esos son golpes muy contundentes! —declaró emocionado por el micrófono.
La boca de Chika estaba en rojo, la sangre que fluía de su nariz descendía hasta su barbilla. Sus dientes estaban manchados y aunque no se viera mucho, sus colmillos se alargaron.
Kanan se acercó al pentágono, engarrotó los dedos en las rejas y le gritó:
—¡Para de una vez, Chika! ¡Sal antes de que yo entre por ti!
Pero ni eso surtió efecto, Chika estaba centrada con su rival. Lo notó en sus ojos, esos ojos que se volvieron más carmín de iris y oscuros de esclerótica… Logró esquivar un golpe, y eso abrió la esperada abertura que deseaba. Agarró a la bestia desde su cintura y ejerció toda su fuerza para tirarla. Lo hizo. El público festejó y la mujer regresó a su forma normal, estrechándole la mano a la joven.
—¿Qué diablos sucede contigo? ¿Por qué me desobedeciste? —le habló una vez que entró en la arena, apretó su brazo férreamente. Chika no reaccionaba.
—¡Felicidades! —llegó el representante acompañado de los ejecutivos. Alzaron su brazo a modo victoria y le entregaron el maletín, todo mientras aplaudían—. Tu persistencia te ha hecho ganar, joven. Aun te falta mucho pero lo has conseguido. ¡Felicidades, eres un buen vampiro!
Hasta que escuchó la palabra "vampiro" fue que Chika reaccionó.
El monstruo que estuvo dormido despertó, sin embargo, volvió a cerrar sus parpados cuando notó que aún no lo llamaban.
Su cuerpo se movía por sí solo. No. En realidad era Kanan quien la llevaba casi arrastrando por el pasillo principal para dirigirse a la salida. You venía al otro costado con paso veloz, cargando el maletín. Pasaron entre la multitud que le seguía aplaudiendo y felicitando. Hasta que por fin llegaron donde tenían aparcado el auto.
—¿Me vas a decir qué fue lo que pasó ahí? —oyó la voz de Kanan enojada—. ¡Contéstame!
Chika apenas alzó la mirada para observar a You con tanta preocupación reflejada en su rostro. Kanan era responsable de ellas cuando estaban juntas, y podía dar un poco de miedo al igual que los adultos si no obedecían.
—Chika, ¿sí me oyes, verdad? —le levantó la barbilla, no importándole embarrarse de su sangre.
Sí la oía. Sí la miraba. Pero seguía perpleja de sus propias acciones como para decir algo al respecto. ¿Qué la llevó a meterse al pentágono? Debió ser un impulso para desquitar algo de su interior, quién sabe, pero tampoco alejó esa idea.
—¿Te golpeó en la cabeza? —inmediatamente, Kanan le inspeccionó el cráneo.
Un chillido vino de sus labios y llevó sus manos hasta sus ojos donde las lágrimas escurrieron. Sollozó y lloró en el pronto abrazo que Kanan le ofreció para calmarla, y esta buscó respuestas en los ojos de You, pero estaba igual de desconcertada.
—Llévame a tu casa, Kanan. Déjame pasar la noche contigo —dijo Chika entre su lloriqueo. Saborear el metal de su sangre le provocaba nauseas—. No puedo volver, si Shima me ve así se enojará o asustará. No quiero que se mortifique, suficiente tiene cargando con un vampiro que le puede hacer daño en cualquier momento… —chilló con más fuerza.
—Shh. Shh… No digas eso. —Kanan cerró sus ojos. Un respiro visual—. Cálmate primero, por favor. Y dime, ¿qué te está mortificando a ti? No me esperaba que me mintieras para escabullirte. ¿Qué habría pasado si resultabas más lastimada? —acarició su espalda—. Necesito que hables o no podré entenderte.
—¿Es por Dia? —se aventuró You en decir, dando un paso—. ¿Descargaste tu enojo en la arena por culpa de ella? —Kanan le observó, con obvia incógnita—. ¡Claro que lo fue! Siempre es lo mismo cuando ella regresa, Chika la pasa mal por su culpa —miró directamente a Kanan.
—A ver, You, ¿por qué Dia querría hacerle daño? Su carrera de Cazadora no debe interferir con sus familiares y amigos.
—Ese es el problema —espetó—. No nos toma por sus amigas. A Chika y a mí nos aborrece. Nos dice cosas muy crueles, y sé que algo te dijo —cambió su vista a Chika, que se limpiaba las lágrimas y la sangre con las mangas—, ella te atrapó sola y seguramente soltó su veneno contra ti. —You dejó el maletín en la caja trasera y enfocó su total atención a la joven—. Desde esta mañana no has estado como de costumbre, por lo que Dia me hizo…
—Espera, ¿ella te hizo algo? —interrumpió Kanan, enarcando sus cejas—. ¿Sí se atrevió?
—Solamente fue una frecuencia que me entorpeció, pero si ella hubiera querido me habría explotado los tímpanos. No fue tan grave, pero como digo, si hizo algo como eso ¿qué otra cosa podría hacernos más adelante?
Kanan resopló, pasándose la mano por todo el rostro. ¡Faltaba más!, se dijo. Dia es un tanto, por no decir muy, testaruda y algo tajante. Podría tratar de meterle cizaña para convencer a la mujer y que esta dejara de tratarlas como su objetivo a vencer. Podría aprovechar que Dia la escuche solo a ella, pero no estaba seguro de que cambiase. Sólo habría sido gasto de saliva. Sin embargo, hizo una nota mental para la próxima vez que la viera.
—Ella no volverá a hacerles nada, ya verán —acercó a las dos chicas y así estar juntas—. Dia es una gran amiga mía, pero ustedes son mis hermanitas, tal como ella protege a Ruby yo lo haré con ustedes —dijo, sonriente—. Chika, ¿tu nariz y labios estarán bien? ¿Crees que sea necesario que te quedes en mi casa?
—No… Me calmaré en el camino. Mi nariz y labios no van a sanar rápido, ya saben por qué… —volvió a agachar la mirada, viendo sus sucias mangas—. No puedo ocultar la sangre de la ropa…
—Yo hablaré con Shima, no te preocupes por eso —apoyó Kanan. También tenía que prepararse—. Vámonos.
Chika subió esta vez en el asiento del copiloto; You en la parte de atrás.
—No será hoy, Darkness Wolf —murmuró You, dando el último vistazo al lugar—. Algún día te veré de cerca…
…
Kanan pasó a dejar primeramente a You, esto debido a que no quería demorar más a la muchacha porque sabía que se tardaría si llegaban antes al Ryokan. Kanan explicó algunos detalles pero era difícil ocultárselo al alfa Watanabe. Él solo detectó el olor de la sangre de Chika a pesar de que el coche estuviera al otro lado de la acera. No había excusas y necesidad de reprimendas, comprendía a Kanan y agradecía que fuera tan atenta en actuar rápido.
Lo interesante sería con Shima. Aposta, Kanan condujo despacio para tener tiempo y formularse posibles preguntas y respuestas, y darle a su vez a Chika un momento para relajarse. Las luces del Ryokan seguían prendidas para recibir a las chicas.
—¿Estamos bien? —preguntó la mayor, apagando el motor y mirando al frente.
Chika se limitó a hacer un sonido gutural.
—Antes de entrar, ¿te gustaría decirme si Dia te hizo algo? —centró su vista en el perfil de la joven; ésta asintió sin verle—. Dime, entonces.
—Esta mañana estuvimos con Ruby, Dia atrapó a You escabullirse de su casa. Me quise disculpar por eso hace horas atrás. —Kanan escuchaba atentamente—. Entonces, la esperé fuera de su casa y mi presencia no fue bien vista, me acusó de asechar a su hermana y… de la nada sacó lo de mi madre y… —su voz perdía fuerza, y Kanan apoyó su mano en su rodilla—. Dijo que yo era un monstruo, que iba a lastimar a mi hermana como con mamá y Mito… Que me quedaría sola —una solitaria lágrima surcó por su mejilla.
La mayor apretó los dientes. Sorprendió a Chika cuando golpeó el volante unas cuantas veces.
—Esta vez Dia se pasó —dijo con molestia agitada. También parecía que lloraría allí mismo. El asunto de los Takami no debía seguir vigente en bocas—. Cuando la vea mañana va a… —hizo una mueca, posteriormente estranguló el aire.
—No le vayas a hacer nada —suplicó Chika, viéndola a los ojos.
—Pero…
—No, tampoco miente pero no quiero que tengas problemas con ella. No por mí culpa. No le digas de esto a You, ella no se quedará quieta.
—¿Estás… segura? Ella debería…
—¡No debe saberlo!
—Chika… aun así… —Kanan advirtió una figura salir del Ryokan, era Shima quien se asomó y las saludó—. Bien, no le diré nada. Pero no se puede quedar así, ¿oíste?
Descendieron del coche y fueron hasta donde Shima. Las luces alumbraron las facciones de Chika, con manchas rojas e hinchazón. Esta se colocó al lado de Kanan como una niña castigada porque Shima ya había cambiado su semblante a uno muy serio y demandante por respuestas.
—Sube a tu cuarto, Chika —fue lo único que le dedicó la mayor. La atención recayó en Kanan—. ¿Qué fue lo que hizo?
—Le ofrezco una disculpa, Shima —hizo una pronunciada reverencia—. Me descuidé un segundo y participó en el evento. No fue nada grave, y fue por una buena causa —se enderezó—. Ganó dinero que pueden utilizar para el Ryokan —levantó el maletín que traía consigo.
—¿Chika peleó por dinero? —su tono era relajado pero el atisbo de coraje se podía sentir—. La dejaste que peleara.
—Pero fue algo rápido, ella venció y…
—La dejaste que golpeara a otra persona. ¿Sabes lo que eso significa? Ella tiene reglas, Kanan, reglas que no debe romper por su bien. Para que esté estable. ¡Se supone que irían de espectadoras! —ahora su voz se elevaba, dejando a relucir el desacuerdo—. Te la confié, Kanan.
—Yo lo sé, y me disculpo por mi falta. Pero ella está bien, es como siempre es. Sólo fue un poco de ejercicio, véalo de esa forma —alegó, buscando una manera que no se viera tan grave. Y no lo era, pero es que le tenían tanto cuidado.
—No puede ir a clases así.
—Bastará con un poco de sang…
—¿En serio estás sugiriendo eso? —Creo que no formuló bien sus respuestas—. Hago el esfuerzo para mantenerla al margen, se alimente saludablemente con cosas normales ¡y tú me sugieres sangre! Si bien dices que no es grave, no hay necesidad de eso. Pues de eso la mantengo más alejada —vio que Kanan guardó silencio, apenada. Shima exhaló y cortó espacio con la chica, y de forma secreta habló—: Chika desde semanas pasadas ha presentado momentos de ansiedad, muy ligeros que cree que puede ocultarme —le murmuró—, no quiero asociarlo con otro descontrol. Se ha esforzado por mantenerse tranquila y no quiero que se perturbe.
—Yo… yo entiendo, Shima. —Kanan frunció el ceño, pues, You decía que Chika empezó a comportarse extraño desde que Dia llegó, es decir, el día de ayer, pero Shima decía que desde semanas previas ve algo raro en ella. Definitivamente no entendía o no podía notarlo con facilidad. Aunque lo dijera de palabra, Kanan nunca comprendía el sentir de un ser sobrenatural.
«¡Roar, soy el monstruo Chikacchi! ¡Roaaar!»
«No, no. Tienes que hacer el sonido como el de una serpiente, así hacen los vampiros. Seseantes, ¿verdad, Kanan?»
«¿Ah, sí? ¿Y los lobos cómo hacen, You?»
«Así: ¡Auuuhhh!»
—Kanan, ¿Kanan, me estás escuchando? —Shima zarandeó a la chica.
—¿Hm? ¡Ah, sí! Sí… —sonrió levemente. No tenía por qué estar recordando cosas del pasado. ¿Por qué justo ahora?—. Yo confío en Chika, You también lo hace e inclusive Ruby que viene de una familia de Cazadores. Le tengo un amor fraternal —comentó, y la mujer suavizó sus gestos faciales—. Hice una promesa a su madre, que siempre la cuidaría.
—Pero eso fue cuando tenías… —hizo cuentas— siete años… ¿Cómo puedes…?
—Porque Chika me hizo una a mí —sonrió de la manera más infantil posible.
Con las luces apagadas en su cuarto, Chika escuchó toda la conversación. Llorando en silencio, dejando que su almohada absorbiera sus lágrimas. Sintió un peso asentarse en sus hombros y un malestar en su estómago.
El monstruo detrás del muro estaba riéndose y golpeando enérgicamente.
Continuará...
