Dos años atrás escapó. Fue iluso al pensar que definitivamente estaba lejos y fuera del alcance de las garras de su familia.

Llegó a la academia y entró de manera limpia con el examen general de admisión a lo igual que todos.

Cuando recibió la carta de aceptación pensó que los rumores de que entró por las conexiones de su familia correrían por todos los lares de esa ciudad, y si eso sucedía su familia lo localizaría. No fue discreto ni pensó en las consecuencias de decir su apellido tan libremente y contar de su familia de manera abierta.

Ya había considerado la posibilidad de los rumores de las conexiones pero no a tan grandes rasgos.

–La única conexión que mi familia tendría con el hecho de que me acepten en la academia será por los avanzados estudios que me impusieron –fue su respuesta a Gon después de que acabaran el examen. Porque definitivamente todo lo que vio en la prueba fue fácil.

Para entrar a la escuela se requería estar llevando constantemente papeles a la academia para tener derecho al examen, porque ese examen era increíblemente limitado y codiciado por varios. En uno de esos días fue cuando conoció a Gon, el extrovertido y ruidoso azabache que estresaba a la mayoría de candidatos y estudiantes por su irradiante ánimo. En varias ocasiones atrapó varios comentarios indignados sobre la carencia de seriedad de Gon con el examen. A los ojos y oídos de los demás el joven no se tomaba enserio el examen.

Killua jamás le prestó atención hasta que un día uno de los amigos de Gon, Leorio, se tomó la molestia de expresarle lo que muchos pensaban pero no se atrevían a decir:

–Me parece insultante que llegues sin esfuerzo alguno a este lugar y no tomes esto como todos –Killua hizo un estropicio en el patio de la escuela con las pagina de la guía que les daban para el examen; rompió cada una de ellas y las dejó caer a merced del viento. Según el comentario pasado hecho por el aspirante a doctor, fue una acción inapropiada.

Cualquier acción hecha por alguien que pensaban tenía el éxito por influencias de su familia seria tomada mal

–¿Quién eres tú para venirme a decir esto? Eres de curso mayor, esto no es de tu interés –inquirió indiferente.

–Lo es porque yo me esforcé para entrar en esto a lo igual muchos ahora mismo lo están haciendo.

Killua sabía que lo decía por su amigo, el ruidoso y animado azabache, que a lo igual que Killua, era aspirante del examen.

–Y él también, Leorio –intervino el joven Freecss–. Lo he visto en la biblioteca todos estos días estudiando.

Killua también lo había visto, en su mayoría de veces totalmente estresado y con su cabeza casi humeando. Por ello le sorprendió que lo notara aun cuando siempre estaba concentrado en los libros de estudio. Y no precisamente estaba dependiendo de la guía que les entregarían para ponerse a estudiar así como los otros se atenían.

–¡Pero ve lo que ha hecho con la guía! ¡Es un agravio!

Killua ignoró el comentario del tal Leorio y se dirigió al más joven.

–¿Cuál es tu nombre?

–Gon –respondió afable, cómo si la reclamación anterior de su amigo fuera ajena a él– Mi nombre es Gon Freecss, Zoldyck –tendió su mano a Killua.

–Dime Killua, el apellido viene de más. ¿Puedo llamarte por tu nombre? –estrechó su mano con la contraria.

–Claro que puedes –esbozó una enorme sonrisa–. Mira, Leorio. Ahora tengo a un amigo de mi mismo curso –exclamó y luego se volvió a Killua– Espero que terminemos en el mismo grupo.

–Lo dices cómo si fuera a pasar el examen –concretó Leorio.

–No fue escarnio el romper la guía –notificó Killua–. Leorio, no pienso disculparme por algo que no hice adrede, y si ahorita lo aclaro es porque no tengo intención de que sigas ofendido.

–¡T... tú! No sé quién te crees que eres pero no lo voy a tolerar tu maleducada actitud conmigo, Killua.

Con llamarse por su nombre de pila, rompieron la tensión. Killua reconoció que fue por su amistosa respuesta a Gon que Leorio le dio la oportunidad. No llamarlo por su apellido eliminó la razón del reclamó inicial, y permitir que Killua lo llamara por su nombre significó su aceptación.

Killua descubrió que también Gon se había deshecho de la guía que les dieron.

–¿Por qué limitarme a lo que me dice un papel si puedo estudiar más de lo que ahí piden? –rodeado de libros, con una expresión de estrés en su cara que denotaba y sus hombros rígidos, Gon Freecss declaró en una pregunta algo que agradó a Killua.

–Eres raro, te esfuerzas más de lo que puedes y piden –tuvo que reducir el volumen de su risa con sus propias manos.

–No todos podemos ser genios como tú –arguyó Gon.

–Yo creo que tienes razón –Gon ladeó la cabeza–. Este examen tiene la fama de ser engañoso, y la guía debe ser parte de la trampa. No hay que limitarnos de información.

–Es como lo que han dicho Leorio y Kurapika antes, la escuela solo busca a personas preparadas y aptas –corroboró.

–Correcto. Lo normal es que acepten a los que posean capacidades y conocimientos superiores; con este requisito no deberían limitar los temas que vendrán en el examen.

–Lo cual quiere decir...

–Que en el examen vendrán temas que no menciona la guía.

Killua se preguntaba cuántas veces los sacaron de la biblioteca, por subir la voz y perturbar el tortuoso silencio, cómo en ese día.

La primera vez que Killua interactuó de manera directa con Kurapika, sin la necesidad de la intervención colateral de Gon y Leorio, fue unas horas antes de que el examen comenzara.

–Me parece sorpréndete que no estés nervioso, Killua.

Regresó el libro que examinaba a la estantería antes de girarse al rubio.

–¿Vienes a sermonearme? Leorio se encargó de eso hace rato.

Kurapika arqueó sus cejas desconcertado; ciertamente en ningún momento se atrevió a hacerlo antes. Cruzó sus brazos en negación.

–Me estas malinterpretando, no he venido a eso. Todo lo contrario, ya que te he topado aquí creo que puedo expresarte mi admiración a tu estoicismo –dijo relajando sus hombros.

–No encuentro por qué estar nervioso –respondió Killua adoptando una expresión monótona.

–Esto explica como exasperabas a Leorio –indicó desalentado–. No es que a mí me moleste –aclaró rápidamente–, me da curiosidad el origen de tu serenidad.

–Pruébame.

Kurapika miró a una dirección al azar y pensó por unos momentos.

–Principal compuesto con el que limpian la sangre.

–Peróxido de hidrogeno –respondió rápidamente Killua.

–No está mal.

Tenía entendido que Kurapika tenía la meta de trabajar en algún momento en algún ámbito policiaco o algo que le acercara a los ladrones que acabaron con el pequeño pueblo donde vivía. Killua sabía la respuesta a esa pregunta perfectamente. Su familia al tener una empresa poderosa, se aliaba con matones y mafias; con todo tipo de personas con poder. Y sus mismos guardaespaldas y trabajadores, por los constantes intentos de invasión al hogar de su familia, guardaban reservas enteras de esta sustancia para limpiar toda evidencia de su acto de oposición.

–¿No me evaluaras más?

–Lo hará el examen –declaró–. Y no me hace falta, te he visto estudiar con Gon. Algunas veces me ha costado entender todo lo que comentan. Estoy seguro de que pasaran el examen.

Killua no esperaba que fuera a alentarlo.

–En especial tú.

–Dime algo que no sepa –respondió con afán narcisista.

–Que algún día debes explicarme muchas cosas; estudiar juntos –hizo una pausa–. No sé, enseñarme tu método de estudio.

–No puedes estar desesperado para pedirme eso.

–¿Tan imposible es que me expliques? –retó.

–Es un talento natural, solo lo hago. Solo estudio –contestó tajantemente.

–Pero estoy seguro de que aun así tienes algún punto débil que no se compensa con ese talento –calló abruptamente– ¡Matemáticas! –exclamó lo más bajo que pudo–. Debe serlo. Gon también sufre con eso.

No sonrojó, pero pudo sentir sus orejas arder y un espasmo que posteriormente le hizo vibrar las manos.

–Me defiendo al decir que lo compenso con los deportes –finiquitó.

–Igual que Gon.


No fue la única vez que lo dijo. Le escuchó compararlos de nuevo después de que ambos salieran del examen, y los cuatro digieran a comprar algún postre en compensación por todo su esfuerzo, donde por alguna razón a Gon se le ocurrió retar a Killua, y ambos salieron corriendo en una carrera que disfrutó mucho.

No fue la única vez que salió corriendo de ese lugar. Y esta vez solo Leorio le vio huir. Gon no estaba para competir contra él, ni Kurapika para volver a compararlos.


–¿Como me encontraste? –escupió las palabras.

–Fui a dar una conferencia y te vi presentando el examen –respondió el mayor a Killua–. Leíste el mensaje, ¿cierto?

–Lo hice, hermano.

Illumi, giró sobre sus talones, miró de reojo a Killua y avanzó seguido por él.