Hinata corría a gran velocidad por la ciudad. Ya era costumbre que se le hiciera tarde siempre que editaba hasta la madrugada el periódico de la preparatoria Tsuki, la única preparatoria de esa ciudad. No había optado por un estilo extravagante, nunca tenía tiempo para ello y prefería lucir sencilla, a lo mucho sólo pintaba sus labios de rosa pálido. Recogió su cabello rubio que rozaba a los hombros en una trenza mal hecha atada con un moño perla como sus ojos. Se colocó su gabardina favorita color caqui y corrió con todas sus fuerzas de dieciocho años hacia la parada del transporte público; y a pesar de que había nieve en el camino, no resbaló ninguna vez. Miró su reloj y la manecilla marcaba quince a las ocho, se mordió el labio con fuerza, había llegado a la parada y a lo lejos divisó el tranvía.

―Vamos, deprisa ―rogó y subió con torpeza.

En su mente repetía una y otra vez todo lo que tenía que hacer antes de dirigirse al salón de clases, se sentó cerca de la ventana y trató de calmar su agitada respiración. El trayecto no era largo, pero era lento debido a las nevadas y por precaución de que nadie saliera lastimado, la velocidad con la que iba la irritaba, revisó el celular para apaciguar su prisa, pero el sólo ver el reloj la alteraba. No había nada importante, los chismes de siempre, pero en la región norte era muy hablada la noticia de las bandidas, historia que a ella le interesaba mucho y de la cual tuvo la oportunidad de observar a lo lejos. Revisó el clima y la temporada invernal había llegado, desde noviembre la nieve se hacía presente en la ciudad de Akita y estando a escasos inicios del mes ya había algunas nevadas.

Antes del que el tranvía detuviera la marcha, Hinata abandonó el vehículo de un salto y fue deprisa a la entrada. Seguía repasando una y otra vez sus deberes, siempre lo hacía, era una costumbre que había adquirido desde pequeña. No le gustaba olvidarse ni siquiera de los pequeños detalles. Eres muy exagerada era lo que siempre le repetía su amiga Sora y es que su estructura rígida ni siquiera le daba tiempo de divertirse o conocer algún chico. Su celular vibró y se detuvo a revisar, eran las noticias sobre algunos temblores en el sur de Japón lo cuales eran muy frecuentes últimamente. Negó con su cabeza y al alzar la vista vio a un chico de cabello rubio vestido con una chaqueta de cuero y con el uniforme azul marino de la preparatoria, el chico miraba fijamente el letrero de la misma. No parecía muy feliz y nunca lo había visto antes. El timbre sonó con la cuarta de Westminster por todo el lugar alarmando sus sentidos. No puede ser pensó y al instante se dirigió a su casillero, apresuró lo más que pudo el paso y giró dos veces la llave para abrirlo. Sacó todo lo necesario para sus clases, se cambió los zapatos por costumbre japonesa y colocó en cambio los uwabaki; luego siguió su recorrido. Con toda rapidez sacó las llaves de la oficina del periódico escolar e imprimió algunas hojas, caminó hacia la mesa de reportajes y dejó el lote listo. Sonrió satisfecha, otro trabajo bien hecho, pero la campana volvió a sonar y corrió al salón. Subió los escalones de dos en dos y llegó al último salón del pasillo. Tuvo suerte de que la maestra aún no llegara.

― ¡Buenos días! ―alzó su voz muy ansiosa―. Ya pueden encontrar el periódico escolar en la mesa de reportajes ―anunció y se dirigió a su asiento―. Buenos días Sora.

―De nuevo tarde Hinata ―reprochó Sora mientras arreglaba su largo cabello rubio en una simple coleta. Sus ojos eran verdes enmarcados en abundantes pestañas y tenía facciones alargadas, adornadas por una tez blanca como la nieve. Sin duda Sora era una modelo natural, con varios pretendientes detrás de ella, pero no le importaba por ahora tener alguna clase de novio. Miró a Hinata y sonrió victoriosa.

Hinata sacó la lengua en señal de protesta y se le ocurrió un escape a su regaño―. Es un bonito día, ¿no?

―Sí, a ti te gustan mucho los días de invierno y de nuevo intentas evadir el tema de tus retardos… ―dijo dando en el clavo y Hinata rio nerviosa.

― ¡Es la mejor estación del año! ―exclamó extendiendo sus brazos

―Entendido señorita May, por favor tome asiento que no es momento de expresar sus gustos. Mejor guarde ese entusiasmo para los exámenes ―dijo la maestra quien había llegado al salón.

Todos se empezaron a burlar de ella y Hinata se sentó enfadada, tenía la cara roja y se notaba por su piel pálida, también tenía ganas de gritarles que se callaran. Los chicos sentados en la primera fila la miraban con caras graciosas, siempre lo mismo. Ellos eran expertos en aprovechar aquellas ocasiones para mofarse todo el rato. Hinata miró hacia otro lado evitando todo contacto visual y respiró lentamente para tranquilizarse. Observó como empezaba a caer la nieve y eso la ayudó, el solo ver nevar hacía que su alma entrara en paz, una pequeña afición que desarrolló cuando llegó a vivir a Japón hace años en compañía de su padre y al establecerse en el norte del país donde era más frecuente ese tipo de clima frío. De repente vino la imagen de ese chico de la entrada, era muy misterioso que estuviera ahí parado.

―Hoy tendremos un nuevo alumno, tuvo que transferirse a mitad del año escolar por asuntos familiares, espero que lo reciban con calidez. Adelante por favor, Naruto ―dijo la maestra antes de iniciar la clase―. Él es Naruto Namikaze. Transferido desde Inglaterra.

El chico entró despacio, con las manos en los bolsillos y la mochila colgando de un solo hombro. Detuvo su paso y giró hacia el frente del salón para que todos pudieran observarlo. Hinata sintió un escalofrío y alzó su mirada sorprendida. Se trataba del mismo chico. Naruto la miró fijamente provocándole nervios inexplicables y ella tragó saliva despacio. Ahora podía observar con atención la complexión del chico. Alto y delgado; su cabello rubio llegaba a la mitad de su cuello, con ojos azul profundo. Llevaba puesta una chaqueta de cuero y emana frialdad por los poros de su piel. Naruto sonrió de lado robando algunos suspiros de las chicas que se dejaban cautivar fácilmente cuando un alumno era transferido.

―Bien Naruto hay muchos lugares disponibles, elige el que más sea de tu agrado―sugirió la maestra y se dirigió a sacar los plumones para comenzar la clase.

Naruto observó y examinó el salón como si fuera un experto analítico, había seleccionado el lugar que estaba detrás de Hinata y caminó hacia él con lentitud. A Hinata se le cortó la respiración y Sora miró fijamente al nuevo integrante de la clase, algo en su corazón le estaba tratando de avisar que era parte de un viejo recuerdo. ¿Será él? se preguntó y lo siguió con la mirada hasta que él llegó a su destino. Naruto la miró fugazmente de reojo y Sora miró hacia otro lado asombrada. Se había dado cuenta de lo que había hecho, únicamente lo había seguido con los ojos sin girar el rostro, no había movido otra parte de su cuerpo. Empezó a sudar frío y a ponerse nerviosa, tomó temblando su pluma y trató de concentrase. Es imposible. No puede ser él pensó.

―Muy bien chicos continuemos… ―anunció la señorita Yuki.

La clase de economía tenía a todos aburridos, agradecieron cuando la maestra recibió una llamada de la dirección y abandonó el salón, las risas y pláticas hicieron eco. Hinata aprovechó para presentarte como era debido, además de encargarse del periódico escolar, era la represente del grupo, tomó un bocado de aire y se giró hasta dar con él.

―Hola ¿Naruto verdad? ―preguntó con una gran sonrisa.

―Sí, ese es mi nombre, creo que quedó claro cuando la maestra me anunció ―respondió con tanta frialdad que era como toparse con una pared de hielo.

― ¡Mucho gusto! Bienvenido a la Preparatoria Tsuki, espero que tu estancia sea grata. Soy Hinata May, soy la represéntate de la clase 3er A y jefa del club de periodismo, mucho gusto. Es muy raro que acepten a chicos nuevos en tercero y estando sólo a meses para ingresar a la universidad… Te vi muy dudoso en la entrada de la escuela…

― ¿Entrada de la escuela? ―interrumpió Sora y miró confusa a su amiga.

Hinata le explicó que lo había visto mirar fijamente la entrada cuando ella llegó a la escuela, luego de su ajetreada mañana tratando de cazar el transporte público. Y no prestó más atención porque debía darse prisa para imprimir algunas hojas y dejar todo listo.

―Ella es Sora Reay, mi mejor amiga, ella también vivió un tiempo en Inglaterra. Llevamos varios años juntas.

Sora observó por encima del hombro al chico y la sensación no se iba, había algo que estaba pasando por alto. Naruto también la observó por unos segundos y Hinata se dio cuenta de aquella pequeña conexión entre ambos. La maestra volvió rompiendo las ilusiones de todos y sin que pasara mucho tiempo se escucharon quejas en las cuatro paredes, pero debían continuar con la clase pues los exámenes se acercaban. Hinata ya no les dio importancia a las miradas de complicidad entre ellos dos y regresó a sus apuntes. Las clases continuaron normales, hasta que por fin el timbre del receso alegró el corazón de los presentes. Naruto imitó a sus compañeros y se puso de pie para ir a almorzar, la comida de los humanos no le era desagradable del todo y no era tan esencial para él, sólo se quejaba de convivir con ellos, dio un paso y Hinata lo detuvo. Él la miró confuso y preguntándose que se traía entre manos, de todos los humanos sin duda ella era la más rara. Se había portado lo más distante con ella y no surtía efecto, le pareció que no iba a ser fácil quitársela de encima.

―Oye Naruto, ¿quieres juntarte con nosotras? ―preguntó―. Así también te podemos mostrar la escuela.

Pudo notar la diferencia de estaturas entre Hinata y él, y a pesar de ser más pequeña por una cabeza, imponía con esa mirada fija en él. Sus ojos perla lo miraban con cierto interés y eso le intrigaba un poco, suspiró.

―Suena bien… supongo ―dijo con resignación siguiendo a las chicas.

No le quedaba de otra. Tenía que convivir con los humanos y observar todo a su alrededor, lo cual le fastidiaba mucho. Pero por recomendación de su padre tenía que inscribirse a una institución como cualquier humano, así pasaría un poco desapercibido. Después de todo, desde hace algunos siglos que la entrada al Inframundo quedó cerrada obligando a todo demonio a convivir y mezclarse entre los humanos. Incluso algunos llegaban a procrear con ellos, cosa que a Naruto no le parecía nada apropiado. Siempre considero al ser humano inferior y carente de muchas habilidades. Suspiró y miró el panorama escolar. Chicas y chicos paseando en todos lados, grupos divididos, todos preocupados por ser más populares que otros y por poseer el mayor número de cosas materiales. Suspiró, no podía entender por qué su padre insistió inscribirlo en ese lugar si solo tenía que buscar una gema, podría hacerlo sin estar en ese ambiente tan mundano, el ser humano sin duda era un ser muy extraño.

Recorrieron algunos de los rincones de la preparatoria mientras comían pan de melón, un pan dulce típico de Akita y cuyo sabor era sabroso para su paladar. Naruto conoció la ubicación de la biblioteca, la alberca y los salones de música. Cada vez que llegaban a un área nueva, para él era una tortura. ¿De verdad la vida humana es tan aburrida? se preguntó. Sólo hacían cosas sin importancia, no peleaban, ni entrenaban; ni eran seres con poderes grandiosos defendiendo su orgullo demoníaco. Sólo eran simples personas que iban de un lado a otro sin saber de los verdaderos peligros que amenazan al mundo, el único lugar que llamó su atención fue la biblioteca, había escuchado que ese recinto en especial albergaba gran conocimiento y él había desarrollado una pequeña afición por la lectura. Los libros en la academia abundaban y encontraba en ellos un refugio muy especial. Salieron al patio y todo iba bien hasta que notó una figura en la azotea de uno de los edificios, parpadeo y la figura desapareció.

― ¿Ocurre algo? ―preguntó Hinata al ver distraído al chico.

―Nada en especial ―contestó.

Sora también había notado la sombra, pero no le dio importancia. No quería levantar sospechas con Hinata presente.

Volvieron al salón antes de que la campanada para la ronda final sonara. Tomaron sus respectivos asientos y Hinata comenzó con un interrogatorio, había algo en Naruto que la atraía demasiado, no sabía explicar la razón. Por su ajetreada vida, no se daba el tiempo para conocer a chicos, apenas hacía un espacio en su apretada agenda para salir con Sora de compras, a comer o al cine. No lo comprendía del todo, pero él era un chico diferente a los demás. Tal vez era la frialdad de Naruto que era similar a la nieve que caía en esa temporada o esos ojos azules que parecía ocultar algo y como la periodista que soñaba ser, quería saberlo todo.

―Naruto ¿Por qué te mudaste aquí? ―preguntó repentinamente.

―Nada en especial, negocios de mi padre.

― ¿Y tu madre?

― Ella… ―hizo una pausa―, murió cuando yo era pequeño ―dijo cortante causando un golpe en el corazón de Hinata.

―Oh ya veo… lo siento ―se disculpó por su imprudencia.

Naruto negó con la cabeza y le dedicó una extraña sonrisa para indicarle que estaba bien y a pesar de su naturaleza ese tema le afectaba demasiado. Pasaron unos cuantos minutos cuando a Hinata se le ocurrió cambiar el tema de conversación. Sora no prestaba mucha atención, aparentaba repasar cuidadosamente su cuaderno para poder estar sumida en sus pensamientos con tranquilidad.

― ¿Cuáles son tus pasatiempos? ―preguntó Hinata.

―Leer ―dijo y era verdad, aunque tenía otro pasatiempo al que se dedicaba y le quitaba mucho tiempo para a hacer otras actividades, un pasatiempo que no podía contarle a Hinata ya que los humanos no lo entenderían.

― ¡Qué bien! Mi mayor pasatiempo es estar cuando sucede algo en la ciudad. Sabes mi sueño es ser periodista y más aventurarme en el nuevo peligro que amenaza a la ciudad.

―Ahora lo entiendo todo ―dijo soltando una risita.

― ¿De qué te ríes?

―Nada en especial ―dijo fijando sus ojos azules en ella y se cruzó de brazos―. ¿Cuál es el nuevo peligro de la ciudad?

―Unos seres misteriosos.

Naruto alzó una ceja, no estaba entendiendo nada de lo que Hinata estaba hablando o tal vez se trataba de las personas que estaba buscando, aun así, escuchó con atención. Hinata podría ser la clave para tener más pistas de los acontecimientos de la ciudad y así poder resolver el caso. Ella continuó con la explicación, días atrás un grupo de chicas empezaron a saquear las joyerías de la ciudad. Tres mujeres que en particular eran extrañas por poseer orejas puntiagudas, ojos penetrantes, garras enormes, rasgos alargados y pálidos. Vestidas muy extraño, una combinación entre kimono y estilo gótico; no tenía una definición clara. Todos aseguraban que eran disfraces para ocultar su verdadera identidad, pero otros decían que eran verdaderos demonios caminando entre los humanos.

―Ja ―dejó escapar Naruto―. No creo que ellas sean la definición adecuada de un demonio ―comentó molesto.

― ¿Por qué lo dices?

―Orejas y cola de gato, cuerpo de humano… son simples arquemios no demonios de verdad ―se dio cuenta que estaba abriendo su boca de más―. Bueno es que en los libros que leo destacan esas características… ―agregó para salvarse.

―Ah ya veo ―dijo, pero no estaba convencida del todo. La reacción de Naruto había sido muy extraña y bastante impulsiva para un simple lector. Ahora en su mente la palabra arquemios retumbaba con fuerza.

La maestra entró a impartir la clase de matemáticas y Hinata dio por finalizado su interrogatorio. Agradeció al chico por su tiempo y dio media vuelta sacando sus útiles. El tiempo pasó rápido sonando de nuevo la cuarta de Westminster anunciado la salida, ella ya estaba lista para seguir su aventura de periodista, durante la última clase planeó cuál sería su próximo punto en la ciudad. Al llegar a la entrada salió corriendo despidiéndose de Sora y el del frívolo de Naruto.

―Y ahora, ¿qué le pasa? ―preguntó Naruto viendo como Hinata subía a una bicicleta y se alejaba con la nieve.

―Es lo mismo de todos los días, siempre va por la ciudad en busca de noticias, toma prestado el mobiliario de la escuela y dependiendo de los sucesos publica el periódico de la escuela.

―Ya veo ―dijo Naruto dando media vuelta para marcharse cuando esta vez fue Sora quien lo detuvo.

― Eres tú, ¿cierto?... el demonio que fue enviado para detener a los arquemios.

Naruto sonrió de lado cambiando su aspecto. Su cabello se volvió blanco y sus ojos de color púrpura. Sus ropajes ahora eran una gran gabardina negra y pantalones que le hacían juego. Sonrió mostrando sus afilados colmillos, con orejas puntiagudas adornadas de varios zarcillos.

―Así es ―dijo con frialdad―. Soy el enviado especial…

―Lo sabía, si necesitas ayuda solo llama…

―No es necesario ―la interrumpió―. No necesito la ayuda de un demonio de bajo poder… ahora que lo recuerdo… no terminaste tu entrenamiento en la academia, ¿cierto?

― ¡Eso no quiere decir que no pueda ayudarte! ―le reprochó, cruzó sus brazos y lo desafió con la mirada―. Tuve razones muy poderosas para abandonar la academia, pero mi cuerpo y alma siguen siendo la de un demonio

―Querrás decir semidemonio... ―arrastró las palabras y de un salto llegó a la rama de un árbol. Miró a Sora fugazmente y se fue de rama en rama hasta desaparecer.

― ¡Ag! Cuando es Naruto parece un ángel, pero el término demonio le queda corto… ―se quejó furiosa y se mordió el labio―. Así que después de todo era él…

Miró al cielo y trató de despejar su mente, se había sentido inferior con esa palabra. Ella era tan poderosa como cualquier demonio puro, incluso el mismo Naruto no podría estar tan orgulloso de su estado, en el corría un porcentaje bajo de sangre humana. No le dio más importancia a ese momento incómodo y caminó en dirección a su casa, pero en su mente estaba algunos recuerdos de su infancia en Inglaterra. Si Naruto estaba en Akita significaba que el peligro estaba aumentando, apretó el puño con fuerza y sonrió de lado, no podía dejarlo solo en esto, aunque eso le costara ataques constantes de insultos por parte del demonio, lo ayudaría sin dudarlo.