ENTRE TUS REDES
Segunda parte(final)
Llegando a su destino èl se apeó primero del enorme animal para luego halar de ella con una agresividad sin igual .A pesar de que sus pies eran lastimado por estar caminando descalza por sobre cientos de piedrecillas no se quejó, ni rechisto nada al sentir la humedad y la molestia envolver sus pies mientras era conducido por ese empedrado sendero hacia una cascada y a la que fue metida de lleno . Fue al sentir aquellas gélidas aguas envolver su delicado cuerpecito cuando, por fin, soltò el alarido.
-¡Estas loco!-refunfuñó al tan solo conseguir sacar su rostro de la cascada el cual de inmediato el castaño volvió a entrar. Por unos segundos la respiración le fue privada a la chica quien batallaba para salir de aquella gran cortina de agua. Pocos segundos después èl le quitó la sabana que le cubria su desnudez.-¡Devuélvemela!-tapando sus pechos y pelvis con sus manos.
El seguía impertérrito hacia su persona, era como si no la escuchara y como si ella no fuera un ser de carne y hueso; èl seguía con su frustrante tarea de mantenerla dentro del inmenso caño de agua.
-Por ahora es suficiente-dijo al fin alejándose de ella, quitándose la húmeda camisa para luego tenderla sobre unas de las enormes rocas del lugar.
-Devuélvemela-insistía, pero el seguía haciéndose el sordo mientras la miraba enarcando una de sus cejas.
-¿De cuando acá te molesta mostrarme tu desnudez?-su voz usualmente firme y ronca se escuchaba quebrada.-¿Qué fue todo aquello, Eliza?- terminando de acortar sus pasos y estar tan cerca de ella como tanto deseaba pero sin tocarla.-¿Fue tu venganza?-otra interrogante que ella no sabia como contestar.-¡Responde!
-Déjame ir ¡Quiero irme! -con sus manos en sus sienes sacudiendo su cabeza-No sé porque no te abstuviste de ir a aquel lugar, nos hubiéramos ahorrado todo esto…
-¿Qué es todo "esto"?-preguntaba èl haciéndose de las manos de ella las cuales parecían quemarle a tan solo imaginarse la escena que se protagonizó dentro de la cabaña.
-Se ha convertido en nada gracias a ti.-
-No, nada de eso-la envolvió en un abrazo y la subió en vilo para luego sentir como las piernas de ellas se adherían a sus caderas. -No permitiré que continúes haciéndonos esto ¿Me has escuchado?-pero ella solo respondió con una malévola carcajada, recordando las palabras que le habia dicho Charlie y las nuevas sensaciones vividas con el mismo.
-Ya no, Tom… soy una mujer nueva ahora, no me voy a ferrar a algo que ya no me llena ni me satisface-sorprendiéndose asi misma de cuan cierta eran esas palabras que les decía, dejándolo con el ceño fruncido. -¿Quieres volver a hundirte entre mis piernas?- recorriendo sus dedos por la clavícula del hombre, utilizando un tono coqueto.
-Sabes que si amor de mis amores, pero ¿A que te refieres con esa pregunta? -le acariciaba las torneadas nalgas.
-Pues…-una sonrisa que èl quería borrar a besos-deberás…-lo vio negar cuando pareció adivinar lo que ella le proponía-,pues olvídate de lo nuestro…
-¡Es que no habrá un nosotros!-decia amargamente, soltándola y viendo como ella se volvía y caminaba hacia la piedra donde estaba tendida su camisa para luego ponérsela privándole de sus , no me casè, todo por ti…-dijo para ver si la hacia cambiar de parecer y se decidía solo por èl.
-Eso no cambia nada-sin mostrar el gran asombro que le envolvió al escucharlo decir aquello. -No pienso limitarme solo porque me lo pidas, tù no lo hiciste por mi…
-¿Ah no?-arqueando una ceja.
-No. Acostarse conmigo y dejar vestida y alborotada a una mujer por mi causa no representa ningún sacrificio para mi-acercándose a èl amarrando su cuello al tiempo que empinaba sus pies para alcanzar la boca masculina y darle un toque de labios que iba intensificando.
-Por favor, mujer, ya basta de eso-nuevamente entrelazándola con sus brazos-. Deja esa descabellada idea de creer que te compartiría con alguien mas…
-Si no gustas…-separándose de èl, dedicándole una de esas sonrisas que a èl lo volvían loco.
-Eliza, por favor…-le suplicaba.
-Llévame antes de que las cosas se vuelvan peor…-sin mirarlo a los ojos, sintiendo como ese amor que le tenia no era correspondido pues èl, una vez mas, le mostraba que no era digno de tan hermoso sentimiento al limitarla como lo hacia.
Eliza no pretendía dejar volar el amor una vez mas, y menos al ser consciente de que su corazón estaba dividido entre dos hombres que decían amarla a quienes ella deseaba con locura. Estaba segura que Charlie aceptaría sus condiciones, puesto que este le habia dicho en un principio lo que estaría dispuesto hacer por ella; pero Tom, Tom era un maldito hombre metido en esa maldita idea tan arcaica que en los brazos de Charlie ella comprendió.
-Ayúdame a subir, por favor-le dijo al castaño para terminar con ese molesto momento.
-No te vas-dijo con determinación.
-Claro que si, mi amante tarde o temprano vendrá a por mi.-
-Que venga y le pegó un tiro-
-Si es que èl no te lo pega primero-pretendiendo ser indiferente para con la situación que sabia que se daría si ella no salía rápido de ahí. No queria estar entre el medio de aquellos dos cuando se volviera a encontrar sin hablar el asunto con Charlie primero.
-¿Por qué me haces esto, Eliza?-aprisionándola una vez mas, robándole un ardoroso beso que prometía que los llevaría a ese tan grandioso acto que una vez no hace mucho tiempo disfrutaban.
-No te hago nada, cariño-rompiendo con esa unión que le robaba el aliento-¿Acepta las condiciones y terminamos con este maldito tema de una vez para luego adentrarnos al placer en nuestra mas macabra danza?- haciendo uso de ese picante lenguaje que habia aprendido en el bar donde solía cantar.
-¿Solo así me aceptarías?-la vio asentir mientras ella le mordisqueaba y le halaba los labios-¡Maldición!- besándola con tal necesidad, dándole con ese gesto la tan anhelante respuesta que hizo que de la boca de la pelirroja saliera una estruendosa carcajada.
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Haciéndose espacio por entre esos dos fornidos cuerpos que tenían la maldita costumbre de cubrirla con la mitad de su cuerpo, concentrando gran parte de su peso en el diminuto y delicado cuerpo femenino en una actitud clara de posesión, restringiendole el aire ; ¡como si no fuera suficiente tener que aguantar sus salvajadas en el acto sexual!
Siempre salía deliciosamente adolorida después de cada apasionantes encuentro con ellos dos, con una media sonrisa tatuada en todo su rostro que daba indicio de cuan satisfecha estaba; la verdad era que no se arrepentía de nada, aunque era la que tenia todas la de perder al ser quien "soportaba" sus malévolos y para nada desagradables juegos…
-Quítate ¡De por Dios!-empujando uno de los cuerpos que la verdad no le importaba ya de quien era, tan solo quería salir de esa incomodidad que venia cuando todo estaba resuelto entre las partes... los cuerpos pegajosos, el aire caliente, las palabras melosas y subidas de tonos: si eso solía ser un poco incomodo siendo dos personas compartiendo el lecho ¡Imagínate tres y en una cama tan pequeñita como lo era aquella!
Apenas logrò salir de entre ellos, halaba el aire como si de esa tarea dependiera su vida y ciertamente era asi, para mas tarde meterse corriendo debajo de una regadera.
Apenas si lo podía creer ¡Era la amante de dos hombres! ¡De dos hombres que decían amarla! ¡Que la compartían en un mismo plano! No sabia que eso pudiera ser posible. Ni en sus mas lujuriosos pensamientos hubiera pensando eso; ahora se preguntaba: "¿Habran mujeres que, como yo, tenga la necesidad de ser amada de esta manera?" al decir esos pensamientos en voz alta, un carmín se concentraba en su blanca piel al tiempo que dejaba escapar una sonora carcajada.
Sentía como si estuviera haciendo una inocente y regocijante travesura al llegar a ella los recuerdos de como tuvo que poner orden entre esos dos hombres que, en un principio, aunque hubieran aceptado sus términos, se peleaban, como teniendo difícil hacerse a la idea de de lo que habían tratado; al menos Tom, porque Charlie parecía encantado con todo lo que ella proponía siempre y cuando èl estuviera incluido en ello.
"¡Joder, mujer, no tienes limites!" decía el mafioso con un icónico brillo en su mirada, ese que revelaba cuan necesitado estaba de ella. Eliza solo se carcajeaba de su modo de hablar, era tan exótico, poético, tal cual eran su forma de amarla y, eso a ella, le fascinaba.
Tom, por otro lado, era mas reservado con sus palabras, siempre habia sido de esos que poco aportaban verbalmente y mucho hacían en el acto; pero como la amaba ¡Como siempre la habia amado! No por nada habia sido el primero y quien la habia adiestrado durante tantos años para luego llegar a aquello ¡Un hombre que decia que ni loco la dejaria ir, ni que la compartiría con nadie, ni con el fulano que sus parientes le buscaran como esposo!
"Pobre idiota", se decía entre en medio de sonoras carcajadas, repitiéndose eso que alguna vez le dijo Charlie como si de una plegaria se tratase, convenciéndose asi misma de ello. No por nada el ego se le subía tanto a la cabeza que, incluso, coqueteaba con otros hombres en las fiestas a las que se escapaba o la invitaban, poniendo en "practica" esa la que en hora en adelantes se habia convertido en su frase favorita: "Tienes el poder entre tus piernas para hacer que un hombre haga lo impensable por ti", y ciertamente habia sido asi.
Eliza aun no sabia cuan ardiente y enloquecedor eran esos sentimientos que le profesaban esos dos hombres a su persona; cuan cogidos por las bolas los tenia, entre sus redes, entre las redes de una malévola e insaciable araña como ella, o tal vez si;por eso, habían pasado de ser sus amores a unos meros títeres como los demás, pero con mejores tratos y ciertos privilegios, a quienes usaba a sus anchas, cuando y para lo que le convenía. Cada amante tenia sus ventajas...
-¡Ay!-al restregar con una esponja una zona de su cuerpo y encontrarse allí las consecuencias de sus actos.-Los detesto-a la vez que dejaba salir una media sonrisa que pretendía ser inocente.
FIN
"Me tienes bebiendo de algo
No lo puedo comparar con nada
Que alguna vez haya conocido, espero
Que después de esta fiebre vaya a sobrevivir"
Selena G.
