Father in your hands I encommend my spirit.
Father in your hands... why have you forsaken me?
In your arms forsaken me
In your thoughts forsaken me
In your heart forsaken... me...
Trust in me, self-righteous suicide
I cried when angels deserve to die....

--Chop suey, System of a Dawn--

Y pasó un mes desde aquellos sucesos.

Llegaron a Hogwarts los antiguos compañeros de los Marauders en su lucha contra Voldemort. En una noche fría y lluviosa apareció Arabella Figg envuelta en una capa de viaje marrón, llevando posado sobre su hombro un halcón de ojos dorados que miraba a su alrededor con expresión de ser muy inteligente.

Llevaba poco equipaje, o eso les parecía a todos hasta que vació sus bolsillos en el suelo y les lanzó el conjuro de engrandecer. Hicieron falta varios elfos domésticos para poder llevarlo todo hasta su habitación.

Una hora después llegó Mundungus Fletcher montado en su escoba, calado hasta los huesos y sucio de barro por viajar con aquél clima intempestivo. Su ropa estaba vieja y descolorida, remendada en muchos lugares y, aunque su rostro estaba bastante demacrado, sus ojos claros eran muy brillantes y vivos. No traía nada de valor consigo excepto su Barredora 6, un modelo de escoba ya antiguo que había sido el más rápido de su época.

Todos los alumnos estaban ya durmiendo cuando los nuevos invitados llegaron, pero no así los profesores, que estaban todos congregados en el Gran Salón en torno a sus invitados, esperando tranquilamente a que terminaran de cenar lo que les habían ofrecido. Algunos de ellos miraban a los recién llegados con curiosidad, puesto que no los conocían, como la profesora Sprout o madame Hooch. El resto, que les conocía, estaban encantados de tenerles allí de nuevo con ellos. Casi todos, al menos. Y el sentimiento era mutuo, pensaba Arabella mientras trataba de ver lo menos posible a cierto profesor vestido de negro.

No hicieron gran cosa esa noche, excepto escuchar las historias que tenían que contar los recién llegados, sus aventuras en aquella época en la que el mal había sido derrotado pero donde por alguna razón los partidarios de la luz no habían salido bien parados. Hubieran podido estar hablando horas y horas, pero Dumbledore no les dejó, alegando que al día siguiente había clase y que podrían contarse la infinidad de historias en otro momento.

Al día siguiente en el desayuno el director les presentó a los alumnos, que según la casa les acogieron más o menos entusiastas. Al menos todo fue felicidad cuando se anunció un banquete en honor de los cuatro invitados aquella noche. Y realmente todos estuvieron encantados al darse cuenta de que aquél octubre tendrían dos banquetes.... Y lo mejor era que Halloween estaba ya muy cerca....

Durante todo octubre las clases habían seguido como siempre para todos los alumnos de Hogwarts, que a veces tenían doble profesor en algunas de sus clases. Remus encontraba encantador poder volver a ser profesor de DAO junto a la nueva profesora del presente año, cosa que no agradaba en absoluto a Snape, que despreciaba a ambos y se lo demostraba siempre que podía. Sirius ayudaba a la profesora Sprout en el invernadero, sobre todo cuando tenía que dar también ella cuidado de criaturas mágicas, y cuando no había clase Padfoot siempre vigilaba que los chicos, sobre todo los más pequeños del colegio, no se metieran en dificultades. Arabella, gran conocedora de libros y prácticamente una biblioteca ambulante, ayudaba al profesor de historia de la magia, haciendo las clases bastante más entretenidas de lo normal, y dejándose ver de cuando en cuando por las clases en las que se enseñaba todo lo referente a los muggles.

El que era algo más reticente a esto era Mundungus, puesto que las clases llenas de muchachos no le gustaban demasiado. Prefería andar de aquí para allá por Hogwarts, echando una mano de vez en cuando en la biblioteca. En el momento en que vio a Harry se le presentó, puesto que había reconocido en él a James, contra el que había jugado buenos partidos de quiddich. Se prometieron volar juntos en cuanto tuvieran oportunidad. Porque volar le gustaba a Fletcher casi más que hacer cualquier otra cosa. Y madame Hooch aprovechaba sus exhibiciones sobre el colegio para instruir a los de primero en sus clases de vuelo.

Ellos cuatro, Sirius, Remus, Arabella y Mundungus eran los supervivientes de La Orden del Fénix, los que habían escapado a la época del Lord Tenebroso con vida y cordura para contarlo. Cuatro, de todos los que habían sido.

El director recodaba batallas en las que había luchado a su lado junto con magos de mayor edad, antiguos alumnos, gente honrada y buscadora de la paz, lo suficientemente loca como para entrar en aquél juego de muerte y destrucción para salvar a sus amigos y a los muggles.

Grandes magos se perdieron en aquella época, magos que la gente no conoce, que sólo quedan en la memoria de sus íntimos amigos y de sus familiares. Para Albus, pensar en ellos era doloroso, puesto que en cierto modo les había criado... Sus entonces jóvenes campeones, en su mayoría valientes Gryffindor, hechos una piña por los amables Hupplepuff y guiados por los inteligentes Ravenclaw. Aquellos muchachos que habían luchado por su causa hasta las últimas consecuencias... contra muchos de sus compañeros Slytherin.

Siempre que veía a Snape se preguntaba qué había hecho mal con la casa de la serpiente, por qué sus alumnos marcharon junto a Voldemort y no con él, que los había criado. Al menos Severus había vuelto a él, aunque después de un largo y oscuro camino. Por eso le convirtió en jefe de la casa Slytherin al darle trabajo como profesor. Pensó que nadie como él podría llevar a esos chicos, con sus ambiciones y sus planes, por un camino medianamente recto. No dejaría que cometieran su mismo error. El mismo profesor siempre daba partes positivos sobre ello. Aún a pesar de ser los más afines con las Artes Oscuras, los chicos de su casa no parecían querer servir al Lord. Aunque, como siempre, había excepciones. Era muy difícil enderezar a los hijos de los Death Eaters...


La noche después del banquete se celebró la primera reunión de la Orden en quince años. Remus, Sirius, Arabella y Mundungus estaban sentados alrededor de la mesa de Dumbledore y frente a él, en su despacho circular. Estaban muy callados todos mirando al director, que repartía miradas cariñosas por doquier. Fawkes se subió al alféizar de la ventana y les miraba desde allí

"Mis queridos muchachos... me alegro de haberos podido reunir a los cuatro frente a mi mesa en estos tiempos de necesidad. Ahora que Voldemort ha regresado, no durará mucho más la paz. Tenemos que estar muy atentos a las intenciones del Oscuro.

Intentando adelantarme a sus posibles jugadas mandé a Hagrid y a una profesora de otro colegio, madame Maxime, a hablar con los gigantes. Tengo la esperanza de que sean capaces de poner a sus congéneres de nuestra parte, puesto que serían buenos aliados y nos ahorraríamos bajas peleando contra tan terribles enemigos. Creo que no tengo que recordaros lo que nos costó detener su emboscada a Hogwarts....

Pero os he llamado esta noche mientras todos duermen para hablar de algo que me preocupa todavía más. Azkaban"

Casi se podría decir que los cuatro tragaron saliva a un tiempo. La prisión donde estaban encerrados gran cantidad de partidarios de Voldemort. Y los terribles dementors, los guardianes chupa almas. Sirius se encogió en su asiento y tuvo que hacer un esfuerzo para dejar de imaginar cosas.

"Por favor, Severus, entra" Dijo el director en voz alta. Hubo un levantamiento de cejas casi al unísono cuando Snape entró en el despacho circular. El profesor se apartó el pelo casi distraídamente de los ojos mientras miraba al aforo de antiguos compañeros con sus fríos ojos negros y la cabeza bien alta, como si los evaluara. Arabella se encaró con Dumbledore

"Por favor dígame que le ha llamado sólo para que nos prepare té" Los otros tres intentaron ocultar sus sonrisas

"Arabella, Severus era mi espía, y es él quien nos va a contar de qué se enteró hace un par de noches" Albus convocó una silla más para que el profesor se sentara.

"Era?" Preguntó Snape. Arabella le miró despectivamente, pero fue Mundungus el que habló

"Espía? Y cómo espía a Voldemort si se puede saber? No creo que deje pistas y pruebas de las fechorías que va a cometer en los bares..."

Severus le miró con cara de odio, y el antiguo chaser sonrió con sorna. Las juergas que los Slytherin de su promoción se corrían en Hogsmeade los fines de semana eran conocidas por todo Hogwarts. Eso, por supuesto, siendo juergas secretas.

Remus le lanzó a Dumbledore una mirada significativa. Estaba preocupado en esos instantes por lo que pudiera pasar, sobre todo después de lo Sirius. Si había intentado algo contra él aquél día, podía hacer lo mismo con Arabella y Mundungus entonces. Pero para el alivio de ambos, Snape decidió no seguirles el juego, es decir, les ignoró por completo como cuando eran jóvenes y se centró en algo más importante

"Director, por qué ha dicho era?" Preguntó con su voz susurrante

"Hablaré contigo más tarde en privado sobre ese asunto, Severus. Ahora cuéntales lo de Azkaban, por favor"

El profesor carraspeó irritado "Voldemort está planeando atacar la prisión. Aún son demasiado pocos, puesto que muchos de sus antiguos ya no están con vida, pero planean conseguir nuevos reclutas, más jóvenes."

"Y tú serás uno de ellos, mm??" Arabella le miró con una ceja levantada. Snape apretó los dientes y la fulminó con la mirada

"Para ser un auror, estás bastante ciega, Figg. No sabes distinguir un amigo de un enemigo cuando lo tienes delante..." Con dedos ágiles se desabrochó la manga izquierda y les enseñó su brazo.

Arabella y Mundungus no eran capaces de articular palabra ante la revelación. Sirius se cruzó de brazos, pensando que Snapey era único para hacer amigos' y Remus arqueó las cejas al ver cicatrices sobre las venas de su muñeca. Había intentado alguna vez....?

"Eres un maldito asesino como ellos!!" Gritó Fletcher señalándole mientras él se tapaba sin prisa. La mujer era, sin duda la que estaba más impresionada. Sus cejas arqueadas se convirtieron de pronto en ceño sobre sus ojos verdes. Sirius dio un respingo cuando se puso en pie de un salto

"Y yo no pude creer entonces a Jackye... Me aseguró que fuiste tú mientras moría en mis brazos!!"

"Se interpuso en mi camino. Le dije que se apartara, pero no lo hizo" Comentó el profesor lentamente, sosteniendo su mirada

"Qué Jackye?" Preguntó Remus en voz baja

"Su hermano, que tenía unos años más que nosotros. Le conozco porque jugó al quiddich con James" Le contestó Sirius también susurrando

"Cuánto tiempo le tuviste bajo el cruciatus, desgraciado?!"

"Por favor, basta – Dumbledore se puso en pie, y su voz sonó muy profunda, nada comparable a su simpatía natural—Todos estamos en el mismo bando ahora, Arabella. Severus dejó de ser uno de ellos antes de la caída de Voldemort"

"Eso no le convierte en menos responsable..." Siseó mirándole amenazadora, con una mano sobre el bolsillo de la túnica donde llevaba la varita

Snape estaba pensando en la posibilidad de que quizás resultara divertido batirse en duelo con ella cuando se puso en pie de un salto. Voldemort le reclamaba a su lado.

"Director, tengo que irme..." Albus le vio apretar con fuerza el puño izquierdo, y entendió lo que quería decir.

"No vayas, Severus. No quiero que esto continúe"

El profesor le miró totalmente incrédulo a sus palabras, y apretó los dientes cuando la llamada se hizo más insistente.

"Director Dumbledore... Es necesario que me presente" Dijo enfatizando esa palabra y aferrando su brazo con fuerza, donde la Marca cada vez ardía con mayor intensidad

Albus suspiró y de nuevo le prestó la escoba. Snape ni siquiera se molestó en salir por la puerta. Directamente se lanzó por la ventana del despacho ante las miradas atónitas del resto de los presentes. El director de Hogwarts se quedó unos momentos mirando cómo desaparecía en la distancia. Tendrían que dejar su charla para otro rato aunque, tal y como le había mirado, no parecía hacerle gracia que no le quisiera dejar marchar...

Mundungus tomó a Arabella de un brazo y la conminó a sentarse. Ella simplemente se dejó caer.

"Director, está en nuestro bando pero va a sus reuniones? No lo entiendo... No entiendo nada!" Exclamó Fletcher alzando las manos

Dumbledore arqueó las cejas y dejó salir un pequeño suspiro "Es la única manera de que sea el espía que es. Aunque quiero que esto termine. Es demasiado peligroso, y no quiero arriesgarme a perderle"

Sirius se cruzó de brazos y se acomodó mejor en la butaca "Hemos llegado a la conclusión de que ahora que Voldemort sabe que le traiciona... Bueno, creemos que quizá quiera atraerle de nuevo a su lado. Si sigue marchándose llegará el día en que no regrese. Por supuesto no sería un problema para mí –dijo mirando a Arabella y Mundungus, que estaban sorprendidísimos—pero me temo que prefiero tenerle como *ahem* amigo *ahem* que como enemigo"

Remus estaba muy orgulloso de Padfoot. Después de lo que pasó aquél día, decidió que Sirius pelearía menos con Severus si le decía por qué no debía hacerlo. Al principio se mostró reticente, desconfiado, huraño, pero al final acabó accediendo, sobre todo cuando Moony le contaba sus suposiciones y le pedía su opinión. Sí, hasta Dumbledore había afirmado que contárselo había sido la mejor opción, después de todo...

"Eso supondría no tener más información sobre los movimientos del enemigo... Si es que es cierto que trae información real" Comentó Arabella sarcástica, aunque intentando olvidar por el momento su afrenta personal

"Lo que yo me pregunto es, a qué precio trae esa información? Si como Sirius ha dicho, quien-vosotros-sabéis sabe que es un espía... digo yo que no le dejará ir a las reuniones, enterarse de todo y volver tan tranquilo, no?" El chaser se frotó el pelo revuelto, y todos asintieron, totalmente de acuerdo con su exposición

"Es un doble agente. Igual que nos da la información que puede, también a Voldemort le cuenta sobre nosotros" Dijo Dumbledore lo más tranquilamente que pudo para no sobresaltarles con la noticia. Aún así se oyó un qué??' con bastantes ecos en la habitación

"Fue la condición por la que Voldemort no le mató. Como bien ha dicho Sirius, el Lord pretende conocer todo lo que pueda sobre nosotros de este modo hasta que Snape deje de regresar a nuestro lado" Continuó el director

"Pero y si una vez estando completamente en el bando enemigo, sigue estando aquí? Y si nos engaña a todos? Director Dumbledore, no podemos confiar en él!"

De pronto alguien llamó a la puerta del despacho, dejando la pregunta en el aire. Todos se miraron. Quién podría ser a esas horas? "Adelante" Dijo Albus.

EL Head Boy de la casa de Gryffindor entró bastante asustado. Se quedó parado unos momentos al ver a los cuatro allí reunidos, pero pronto le instaron a que hablara

"Qué hace despierto a estas horas, sr. McOlwen?"

"Estaba con la prefecta de nuestra casa, Hermione Granger, en la biblioteca. Sé que es mi tarea, pero ella estaba ayudándome a corregir unos ensayos de Transformación que los de primero nos habían dejado para que les evaluáramos, ya que algunos van bastante mal, y ella me dijo que iba al baño... Yo seguí corrigiendo y pensé que se había ido a la cama, porque no había vuelto, así que al volver a la torre le pregunté a la Señora Gorda si la había visto y me dijo que no. Así que fui a buscarla al baño para ver si la encontraba pero no fue así. Me encontró Filch –bueno, la Sra. Norris-- y le conté el problema y me dijo que viniera a verle porque sabía que no estaría durmiendo aún..."

Sirius y Remus intercambiaron miradas preocupadas. Si hubiera sido Harry o Ron hubieran pensando que habían cogido la capa de invisibilidad y la habían usado para escabullirse, pero no lo suponían de Hermione, menos sin estar ninguno de los citados. Y la Sra. Gorda no la había visto volver... Le habría pasado algo?

Dumbledore se mesó la barba, pensativo "No hay peligro en Hogwarts... pero no es normal que la srta Granger no se encuentre por ninguna parte..."

"Director, si nos permite, nosotros sabemos cómo buscarla... Si está en Hogwarts la encontraremos, seguro" Dijo Sirius pensando sin duda en el mapa que hicieron de jóvenes.

"De acuerdo. Acompañad al sr McOlwen a su torre, encontrad a nuestra alumna perdida y traedla aquí..."

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"Llegas tarde" Siseó Lord Voldemort, sus ojos rojos echando chispas mientras miraba al último mortífago que se había incorporado a sus filas. Snape apenas sí había tenido tiempo de conjurarse una capucha...

"Lo siento, señor. No puedo desaparecerme desde Hogwarts" Bajó la cabeza. El Señor Oscuro chascó la lengua y dejó de prestarle atención. Severus se alegró de que así fuera y se dedicó a observar a su alrededor. No había tumbas. Dónde estaban? Intentó contemplar el paisaje sin llamar mucho la atención. Cuando por fin pudo situar el sitio, se quedó muy sorprendido. Estaban muy cerca de Hogwarts... Muy cerca.

"Lucius... Se ha cumplido todo como lo acordamos, verdad?"

Malfoy dio un paso al frente e hincó una rodilla en tierra "Por supuesto que sí, milord" Su voz denotaba la mayor seguridad, pero en su rostro --si alguien hubiera podido verlo-- se veía su descontento

"Bien, bien... y qué me dices tú Macnair? Dónde están los muchachos?"

El tembloroso acólito también dio un paso al frente y se hincó en la tierra "Esperándoos, señor, en la casa abandonada. Les dije que esperaran allí, como me ordenó. Todo está dispuesto"

Los finos labios de Lord Voldemort se curvaron en una siniestra sonrisa "Entonces vamos allá..."

Todos ellos se desaparecieron en unos instantes y aparecieron frente a una casa algo ruinosa y muy, muy oscura. Alrededor tenía grandes árboles de ramas caídas y muchos cipreses y, donde antes hubo un jardín de rosas ahora crecían unas plantas con unas espinas tremendas, sin nada más que un par de hojas en sus ramas retorcidas.

Los death eaters conocían muy bien esa casa; era donde se iniciaban, donde se les impregnaba con la gracia de la Marca. Por muchos años que hubieran pasado desde la última vez que estuvieron allí, todos recordaban aquél sitio a la perfección. Un escalofrío recorrió la espalda de más de uno mientras entraban.

El interior era prácticamente de madera, con algunas tablas sueltas aquí y allá, y mucho polvo. Había un extraño olor dentro, un olor acre y amargo, metálico, mezclado con el de la chimenea. Anduvieron por el pasillo apenas sin hacer ruido, como fantasmas oscuros, hasta alcanzar el salón.

Había cuatro muchachos sentados alrededor de la chimenea, hablando en susurros mientras bebían algo incoloro, quizás alcohol. Eran bastante jóvenes, no más de veinte años, dos morenos y dos castaños. Los cuatro dieron un respingo, asustados, al sentirse de pronto rodeados. No les habían oído llegar

Macnair se adelantó e hizo las presentaciones. Los chicos temblaban de pies a cabeza, pero sonreían. Snape sentía la garganta secársele sin remedio. Les conocía, a los cuatro. Fueron alumnos de su casa, por supuesto... Y les iba a ver tirar su vida por la ventana sin poder impedirlo. Voldemort le llamó a su lado, y en su pensamiento le maldijo miles de veces. Los cuatro chicos, Alender, Greygoll, Sunder y Pinkles, le miraron con la boca abierta al reconocerle

"Ya que sois viejos conocidos, Severus, qué tal si les ayudas a iniciarse?" La voz de Voldemort era muy burlona, siseando más las eses de lo que era normal en él. Lo hacía a propósito. Estaba seguro. Tan seguro como que se había puesto más pálido de lo normal

"Yo... no lo he hecho nunca, señor..." Murmuró. Y era cierto, aunque había presenciado alguna iniciación nunca había tenido el –dudoso- honor de ser el padrino de los nuevos acólitos

"De momento ve preparando la poción para ungirles. Supongo que como maestro de pociones que eres, no tendrás mucho problema en conseguirlo, no es así? Aunque me extrañaría que estuvieras al nivel de Richard..."

Severus se inclinó ligeramente y se fue a una esquina preparada especialmente para ese menester. Allí había un lugar donde encender fuego, y también estaban los ingredientes necesarios, así como un caldero. Recordó a su profesor de pociones, el viejo y encorvado sr. Richard Gonehart, sudando en ese mismo rincón, preparándole a él y a Lucius la poción.

Esos chicos no saben dónde se meten, pensaba una y otra vez mientras intentaba recordar los ingredientes. Afortunadamente estaban escritos en un papel arrugado y chamuscado, sujeto en la misma estantería por un par de frasquitos.

Debería detener esto... Son tan jóvenes... Pero Voldemort me mataría por ello, y tengo que vivir para contarle cosas a Dumbledore. Pero él no quiere que venga, no quiere que siga siendo su espía... Qué sentido tiene entonces que siga vivo? Sus manos trabajaban veloces cortando y machacando mientras escuchaba a Voldemort sisear al fondo. Alguno de sus compañeros estaba preparando el altar.

Dio un respingo y se cortó en la mano. El altar. Miró hacia delante. Nott lo estaba levantando una vez más, conjurándolo con magia en medio de un pentáculo invertido que brillaba con llamas azuladas. Faltaba la ofrenda... Quién sería? Quién sería la ofrenda? Tenía que ser una mujer... Y él sería el encargado de matarla para que todo fuera un éxito.

No puedo hacerlo... no puedo seguir matando, ni siquiera muggles, o me volveré loco.

"Severus... –Voldemort se acercó a él, y el profesor siguió con lo suyo rápidamente. La forma en que siseaba su nombre le daba escalofríos—Veo que te manejas bien. Dime... qué tienes para mí...?" Susurró, haciendo que fuera más complicado entenderle

"La Orden del Fénix se ha vuelto a reunir, señor. Pero sólo quedan cuatro. Aunque es posible que intenten reclutar más jóvenes de Hogwarts. Seguro que Potter y sus amigos acaban dentro" Le dijo conjurando algo de agua en el caldero y un fuego verdoso debajo.

"Y ellos qué saben?"

"Que atacaremos Azkaban cuando estemos preparados"

"Excelente. He oído, por cierto, que últimamente te comportas de un modo extraño en Hogwarts. Ten cuidado con lo que haces. No querrás que tus amigos dejen de confiar en ti... -- tuvo que hacer un gran esfuerzo por no dejar caer las hojas de acebuche cuando el Lord le puso la mano sobre el hombro -- Aunque por lo que me dicen, la confianza de Dumbledore es irrompible" Voldemort sonrió, enseñando sus dientes puntiagudos en una horrible mueca que Severus procuró no mirar. Snape no se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración hasta que el Señor Oscuro hubo dejado su lado

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Después de dejar al Head Boy en la torre Gryffindor, Sirius y Remus habían corrido hacia el despacho de la profesora de Defensa contra las Artes Oscuras y habían abierto la puerta valiéndose de conjuros. Intentaron ser lo más silenciosos posibles, pero aún así cuando entraron la profesora se había levantado y estaba plantada frente a la puerta de su cuarto con la varita en la mano.

Era una mujer joven, castaña, con el pelo largo y alborotado cayéndole sobre los hombros. En aquellos momentos llevaba un camisón de flores y les miraba con cara de pocos amigos

"No está bien entrar en cuartos ajenos a estas horas de la noche, sr. White y sr. Lupin. Si me dicen qué es lo que desean todo será mucho más sencillo"

"Lo siento, profesora Landowitch. Es un asunto muy urgente, pero no queríamos molestarla con ello. Pensamos que podríamos encontrar lo que buscamos sin despertarla" Se disculpó Remus

"Pretendían entrar en los dominios de un profesor de DAO sin que se diera cuenta? Chicos... Creo que tendrán que matricularse en mis clases... Y ahora, si me dicen qué están buscando..." La profesora Landowitch se cruzó de brazos, esperando impaciente. No la gustaba nada que la despertaran en mitad de la noche

"Es un pergamino bastante antiguo. No tiene nada escrito... O quizás lo haya visto como un mapa. Sabe a qué me refiero?"

"Accio, mapa" Dijo ella alzando la mano hacia una estantería. Los libros se revolvieron unos momentos y el mapa que los Marauders crearan estuvo pronto en sus manos

"Es un mapa muy curioso... Realmente muy curioso. Me encantaría conocer a los que lo idearon. Es perfecto para saber en todo momento dónde está alguien" Se lo tendió a Sirius, que lo comprobó rápidamente. Remus miró por detrás de su brazo, ya que no llegaba por encima de su hombro. Pasaron los ojos varias veces por el mapa, pero no había ni rastro de Hermione.

"Si no le importa me lo llevaré, y un día con más calma vendremos a contarle cómo lo creamos" Padfoot borró el mapa y lo enrolló, guardándoselo en el bolsillo. La profesora, en medio de su estupefacción por la noticia, se dio cuenta de que no habían encontrado lo que buscaban

"Qué es lo que sucede? Hay algo que no va bien?"

"Se ha perdido una alumna, y no está en Hogwarts –Landowitch tragó aire—Mañana por la mañana el director Dumbledore se lo dirá todo. Y tranquila, si necesitamos otro experto en DAO, vendremos a pedirle ayuda..." Le dijo el moreno empujando casi a Remus fuera de la habitación

"Dónde puede estar?" Preguntó Remus en voz alta mientras andaban por el pasillo

"Crees que le haya pasado algo malo?"

"No sé... no sé qué pensar, Padfoot"

"Vamos a ver a Dumbledore... Espero que él sepa lo que hay que hacer..."

Para cuando quisieron llegar al despacho, Harry y Ron estaban allí, todavía con el pijama puesto, y en calcetines. Por lo que podían ver, estaban muy nerviosos. Los adultos tampoco parecían en mejor condición

"Harry, qué es lo que pasa? Qué hacéis levantados a estas horas?" Preguntó Sirius cerrando la puerta después de entrar.

"Tuve un sueño... una pesadilla! Podía ver a Voldemort y a sus secuaces en una casa abandonada, junto con cuatro chicos más. Había un altar y Snape estaba haciendo una poción en una esquina... Le dijo que la Orden del Fénix se había reunido de nuevo!"

"Pero lo peor no es eso! –Ron parecía aún más alterado que el otro chico. De hecho estaba furioso, asustado y ansioso a un tiempo—Ellos tienen a Hermione! Y la estaban atando al altar cuando Harry despertó!!"

Sirius y Remus se quedaron sin palabras, llenos de espanto. Nada bueno podía surgir de todo aquello, desde luego

"Harry no sabe dónde pueden estar... de modo que tenemos que encontrar una forma alternativa de llegar" Comentó Dumbledore muy serio.

Los siete se quedaron en silencio entonces, mirándose como si eso les fuera dar ideas de cómo salvar a Hermione, sabiendo además que trabajaban contra reloj.

"Los mortífagos son los únicos que saben dónde está Voldemort por su llamada, no?" Preguntó Arabella

"Todos ellos podrían aparecerse donde está Quien-vosotros-sabéis sin problema" Mundungus se cruzó de brazos

"Pero no conocemos a ningún death eater para que nos lleve hasta allí..." Ron frunció el ceño. Los adultos le miraron. Nos' lleve?

"Sí! Sí hay uno, director Dumbledore! Está Karkarov! Él es un mortífago! Tiene que saber dónde están! Tiene que llevarnos allí!!" Exclamó Harry. Albus se puso en pie con un brillo de esperanza en la mirada

"Tienes razón, Harry. Hay que ir a buscar a Igor, y deprisa. Mundungus, tú has estado en Durmstrang, verdad? Tienes que ir allí, ahora! Nosotros mientras buscaremos pistas de cómo pudieron secuestrar a la srta Granger"

Fletcher se levantó de la silla. Se había sorprendido muchísimo de que el director de aquella escuela también fuera un mortífago, y de la parte del bien. Aunque al parecer, aquella noche cualquiera podía serlo... "De acuerdo. Le traeré conmigo tanto si le gusta como si no le gusta"

Cuando el hombre se hubo marchado de la habitación, Arabella dejó escapar un soplido "Director, nadie puede aparecerse en Hogwarts. Cómo sugiere que se llevaron a la chica? Tuvo que hacerlo alguien desde dentro!"

"Apuesto a que sé quién es ese alguien...." Murmuró Ron. Harry le dio un codazo

"Estoy de acuerdo contigo, pelirrojo" Asintió ella cruzándose de brazos

Sirius miró a Remus, como si estuviera indeciso "Desde luego, Snapey es el único que estaba aquí y ahora está allí..."

Dumbledore agitó la cabeza "No puedo creer que haya sido él. Severus no haría daño a un estudiante--Ron, Sirius y Arabella soplaron a un tiempo. Harry tan sólo miró al techo. Remus bajó los ojos—No en la forma que estáis pensando, al menos"

"Director... los hechos son los hechos. Y mi hermano era un estudiante, si no lo recuerda. Habría que ver cuántos más ha matado de este colegio..."

"Hasta que se demuestre lo contrario, es inocente" Murmuró Lupin, todavía intentando aferrarse a lo mismo que Albus

Arabella le miró consternada "Remus, abre los ojos! Regresa cuando le llaman, les da información sobre nosotros, prepara sus pociones. Ningún extraño puede entrar aquí sin que el director lo sepa! Además, tuvo que ser alguien en quien la chica confiara o habría presentado batalla. Al menos habría gritado, no? Todo apunta hacia él, no lo niegues"

"Qué es lo que quiere Quien-vosotros-sabéis de Hermione? Qué es lo que va a hacerle? Qué es ese altar?" Ron se movía haciendo círculos alrededor de Harry hasta que éste le paró poniéndole las manos en los hombros

Todos agitaron la cabeza. No tenían la menor idea.

Pasaron varios minutos de tensa espera hasta que de pronto llamaron a la puerta. Eran Karkarov y Mundungus, y el primero no parecía nada, nada contento. De hecho, más bien se le veía tremendamente asustado

"No iré, Albus, no iré!" Gritó nada más entrar. Todo su cuerpo temblaba, hasta su perilla blanca.

Fletcher suspiró, su paciencia agotándose por momentos. Tensó el agarro en su Barredora 6, que había utilizado para ir a las afueras de Hogwarts y luego volver con el pasajero. No sólo le dio problemas para encontrarle, puesto que ya no era director y estaba oculto en el castillo por el hechizo de su guardián secreto, sino que todo el camino se lo había pasado diciendo lo mismo. Tuvo que amenazarle con dejarle caer para que se callara...

"La vida de una chica está en peligro!" Exclamó Arabella

"Eres nuestra única oportunidad de salvar a Hermione!" Harry se encaró con él. Voldemort había matado a sus padres, había hecho su vida miserable al condenarle a vivir con los Dursleys, había matado a Cedric... Y por nada del mundo iba a dejar que matara a su mejor amiga. Ron se puso a su lado, enseñándole los puños al director de Durmstrang, mirándole amenazador

"Vol...Voldemort me mataría si fuese... Tengo aprecio a mi vida!! Es que a nadie le importo yo??"

"Igor, viejo amigo, escúchame. No necesitas quedarte en la casa con nosotros. Sólo muéstranos el camino y luego podrás regresar a Durmstrang. Voldemort no te podrá hacer nada, porque estaremos nosotros para protegerte si intenta algo" Le dijo Albus con calma, intentando convencerle. Karkarov les miró a todos, uno por uno, con la cara desencajada de terror. La Marca aún le escocía en el brazo

De pronto Harry dio un respingo y se tocó la frente. Sirius estuvo al momento a su lado, preocupado. Dumbledore miró al chico unos momentos, y luego a su amigo "Llévanos antes de que sea demasiado tarde, Igor"

"Casa has dicho? Casa? Están en una casa? Cómo es?"

Remus le describió lo que Harry les había contado

"Están cerca de aquí. Es una casa abandonada donde se reclutan nuevos mortífagos. Sin duda la chica es el sacrificio...-- El director de Durmstrang les dio la dirección aproximada para que pudieran aparecerse allí—Si queréis salvarla, daos prisa o la habrán matado para cuando lleguéis" Dijo poniéndose muy serio

"Es muy gracioso que tú nos digas que nos demos prisa, eh? --Sirius se levantó de pronto y miró a sus compañeros—Vamos a por Hermione, director"

"Nosotros también vamos!" Exclamó Ron

"De eso nada, chicos. Vosotros os quedáis conmigo"

"Pero..."

"No hay peros –La voz de Albus sonó fuerte y autoritaria, y ninguno se atrevió a replicar. Sus rasgos se suavizaron de pronto—Vamos, traedla de vuelta, confío en vosotros..."

Así, la Orden del Fénix salió corriendo del despacho del director de Hogwarts.

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A la poción le faltaba poco para ser terminada, pero Snape tenía problemas concentrándose después de ver cómo Lucius salía de un cuarto con el sacrificio en sus brazos. En su cara podía leer repulsa, y Severus no supo por qué hasta que vio quién era la muchacha a quien iba a tener que matar. Hermione Granger, quizá su alumna más aventajada. Una sangre sucia.

La sangre se le heló en las venas al verla amordazada, consciente, con sus grandes ojos marrones mirando a todas partes, frenéticos. Sabía quienes eran sus secuestradores perfectamente, y el profesor se dio cuenta de que había querido gritar al verle allí también. Casi todo el tiempo tenía la mirada suplicante puesta en su persona, sus ojos taladrándole el cerebro. Así no podía pensar, no podía calcular con exactitud la poción! Y si no lo hacía, la unción sería un desastre y la culpa sería solamente suya. Voldemort no estaría muy contento con él entonces...

Tragó saliva y se remangó. Estaba empezando a hacer mucho calor allí, con el fuego de la chimenea y el líquido bullendo a su lado. Aunque la tensión que estaba soportando no parecía ayudar en nada tampoco...

Cálmate y piensa con serenidad. Pero ante todo cálmate. Tengo que medir este ingrediente perfectamente. Si echo mucho o poco, será un desastre. Si lo echo cuando no es el momento, estallará, y no quiero que una poción mal hecha me mate, sería una muerte muy idiota...

Por fin pudo derramar parte de un líquido sonrosado que había en un pequeño vial sin etiqueta. La poción humeó y burbujeó con fuerza unos instantes, pero luego se tranquilizó y siguió bullendo tranquilamente. Hasta ahí todo había salido perfectamente.

Macnair se acercó a él con una daga con una forma muy curiosa. Tenía la hoja de plata, serpenteante. Estaba perfectamente limpia y pulida; Severus podía reflejarse en ella

"Aquí empieza tu tarea como padrino. Tienes que cortarte desde aquí hasta aquí y verter tu sangre dentro. Luego acércate con tu sopita hasta el altar"

Cortarme? Eso es fácil... lo difícil viene después. Tengo que pensar algo. No puedo matarla. No puedo hacerlo. Aunque sea una sabionda repelente, no puedo... no quiero! Se miró el brazo desnudo unos momentos. Puso la punta del cuchillo sobre su antebrazo izquierdo y se rajó con él hasta la muñeca, dejando la sangre caer dentro del pequeño caldero ennegrecido. Qué fácil era rajarse... cuántas veces lo habría hecho...? No lo sabía. Pero lo que estaba claro era que ninguna había servido para nada. Si al menos se hubiera podido suicidar alguna vez, no tendría que estar pensando en aquél momento en cómo salvar a la srta Granger...

Nott, ayudado por dos más, habían conjurado una multitud de velas negras para que flotaran sobre el pentáculo. Voldemort sonrió suavemente. Todo iba bien, y pronto tendría cuatro acólitos más... Se colocó junto a Hermione, tras su cabeza. Ella intentó chillar al ver su rostro; era más horrible de lo que nunca hubiera imaginado. Comenzó a gemir, sus ojos comenzaron a ver borroso porque se llenaron de lágrimas.

Alrededor del símbolo trazado en fuego azul, se colocaron el resto de los death eaters, con las capuchas subidas y las manos juntas a la altura del pecho, escondidas en las mangas. Parecían monjes de alguna secta tenebrosa, todos vestidos de negro. Comenzaron a entonar una salmodia repetitiva en latín.

Snape apagó el fuego mágico con un movimiento de su varita. Se sabía la canción, la había entonado con ellos alguna vez. Sabría cuál era su misión ahora incluso sin que Macnair se lo hubiera recordado. Tomó el pequeño caldero sin sentir que el asa le quemaba en la mano, sin tener en consideración la sangre que aún salía del corte. Se acercó al altar y entró en el pentáculo, dejando su carga en el suelo. Llevaba la daga en la otra mano.

Hermione comenzó a gemir más fuerte, intentando soltarse de las ataduras mágicas, pero lo único que consiguió fue rozarse en las muñecas. Enfrente de ella, su profesor de pociones la miraba con el rostro inexpresivo de siempre, con la daga manchada de sangre en su mano. La canción estaba empezando a marearla, a transportarla a un mundo lejano. Podía oler la poción bajo ella, amargo, metálico, desagradable. De nuevo intentó soltarse, chillar, debatirse, pero nada funcionó.

Los cuatro que iban a ser impresos con la Marca entraron también en el pentáculo y extendieron sus brazos hacia Snape. También debía estar en la poción su sangre. Hizo lo posible por tardar, para darse algo más de tiempo para pensar en qué hacer, aunque sólo fueran unos segundos. Con mano segura cortó los cuatro antebrazos, recogiendo la sangre cada vez con cuidado y en la medida necesaria. Ahora necesitaba la sangre de ella para que los mortífagos lanzaran el sortilegio a la poción que uniría las almas de los muchachos a Voldemort para siempre.

Severus dio un paso más hacia Hermione, que tenía los ojos rojos de llorar, y levantó la daga sobre su cabeza, tomándola con ambas manos. Tragó saliva. Ella le suplicaba con la mirada. Sintió que los brazos comenzaban a temblarle, y que Voldemort le miraba impaciente.

Qué puedo hacer? Si la mato... No! Esa no puede ser una opción. Si no la mato yo, alguien lo hará por mí. Y después acabarán conmigo. Si la mato... Dije no! Apretó los dientes, sintiendo una oleada de sudor frío recorriendo su cuerpo. Bajó una mano y tomó a Hermione de un brazo Nunca me he desaparecido antes con alguien. Quizá salga mal, pero creo que no hay otra opción...

"Necesitas ayuda, Severus?" La suave voz de Lucius acarició su oído. Sus manos fuertes y letales tomaron la suya, apretándola suavemente. Iba a guiar el golpe. Por mucho que dijo que no le necesitaba, Malfoy se quedó donde estaba. Estaba atrapado. No podía desaparecer a tres! Sería una locura! Y en caso de que funcionara, Lucius nunca les dejaría escapar...

Snape bajó la cabeza para que la capucha le cubriera y el Lord no pudiera ver que había cerrado los ojos. La daga bajó hasta el pecho de Hermione y de repente hubo un fuerte fogonazo, y Severus y Lucius salieron volando contra la esquina donde el maestro había trabajado, derribando el caldero en el proceso. El denso líquido rojo oscuro se esparció por el suelo de madera y se mezcló con los ingredientes que se habían esparcido en el suelo a causa del fuerte encontronazo de la pareja contra la estantería. Aquello empezó a cambiar de color y a burbujear. Se hizo más líquido, llegó hasta ellos.

Atontado por el golpe, Severus escuchó los alaridos del rubio a su lado, pero no se despertó del todo hasta que sintió un dolor horrible en su brazo derecho, donde el desastre que se había formado le estaba tocando. Sin perder un segundo atrapó su varita con la mano izquierda y conjuró a duras penas y tras varios intentos lo único que podía detener cualquier ácido. Se heló el antebrazo.

El resto de los mortífagos habían dejado de cantar en el momento en que el caos se había producido y estaban entonces rodeando a Lucius, que se retorcía en el suelo

"Heladle, vamos! Antes de que el ácido lo corroiga!" Les gritó apretando los dientes por el dolor. Entonces se dio cuenta de que la congelación no era un hechizo normal y de que él lo conocía porque trabajaba con sustancias muy peligrosas 24 horas al día; No había oportunidad de que ellos supieran conjurarlo, así que tuvo que volver a hacerlo él, aunque no era nada diestro para encantar con la zurda.

Mientras intentaba que el hechizo funcionara, hubo otra explosión, esta vez en la pared opuesta de la casa.

"Tinieblas!" Exclamó una voz de hombre a toda velocidad, y toda la luz que había en la habitación desapareció. Nadie podía ver nada. Escucharon a otro hombre y a una mujer lanzando desmaius a diestro y siniestro entre los gritos de Lucius. Los mortífagos se echaron al suelo, confundidos, casi asustados. Algunos recibieron patadas y empujones

Voldemort utilizó el finite incantatem para quitar las tinieblas, y entonces todos pudieron ver a Remus, Sirius y Arabella con las varitas en acción, lanzándoles maldiciones menores mientras Mundungus tomaba a Hermione en sus brazos. El Lord, tremendamente furioso sacó su varita, pero cuando quiso descargar el Avada Kedabra en alguno de ellos, ya se habían desaparecido.

Los death eaters que estaban en buena forma ayudaron a los que no, desencantándoles, y Crabbe y Goyle se las ingeniaron para quitar a Malfoy de donde yacía sin tocar el ácido, que estaba haciendo un agujero en las tablas del suelo. Snape se apoyó en la pared y entonces sintió que tenía cristales clavados por la espalda, seguramente de los viales que se rompieron al chocar contra ellos, pero le dio igual. Estaba demasiado cansado y le dolía el brazo demasiado como para sentir pinchacitos.

Lucius gemía y retorcía las partes del cuerpo que no tenía aquél color azul tan antinatural que mantenía rígido el resto de sí. Alguno conjuró un desmaius en él para no tener que seguir escuchándole.

"No debería ser un cubito de hielo?" Le preguntó Goyle a Snape después de haber tocado un brazo de Malfoy. El profesor le fulminó con la mirada

"Si lo fuera estaría muerto, estúpido. Está helado, no congelado" Pero cómo iba semejante zote a comprender la diferencia entre ambas cosas... Miró su brazo inservible. Estaba azulado, inmóvil y frío. No sentía nada hasta casi el codo, pero el resto de las terminaciones nerviosas del brazo chillaban, incluso el hombro le dolía. No le sorprendía que el rubio se retorciera en el suelo. El ácido había comenzado a corroer casi todo su lado izquierdo...

Se bajó la manga, sin querer ver el efecto del ácido en su carne. Ya era todo demasiado desagradable...

Voldemort rugió de ira, y todos los mortífagos dieron un respingo y se encogieron dentro de sus túnicas, esperando lo peor. Pero nada sucedió, o al menos nadie cayó bajo el cruciatus.

"Quién les dijo dónde estábamos" Siseó. No era una pregunta, era una orden. Nadie dijo nada. El Lord comenzó a pasar revista a sus subordinados uno por uno, empezando por Snape, que se encogió en la pared. Hubo un intercambio fugaz de miradas, pero Voldemort agitó la cabeza

"Tú no has sido esta vez. Estuve vigilándote todo el tiempo y ni siquiera lo sabías" Siguió con Crabbe y Goyle. Ellos nunca se atreverían a hacer algo así, no tenían tanta inteligencia como para idear nada. Macnair se echó a temblar, sabiendo que era el siguiente

"En cambio tú sí que lo sabías... Tú y Lucius. Pero Lucius me es fiel, lo sé. Así que sólo quedas tú y tus acólitos..." Los cuatro muchachos estaban temblando en un rincón

Macnair se arrodilló "Mi señor, le juro que yo no le he traicionado, no tengo nada que ver... No sé cómo habrán podido llegar hasta aquí, pero yo le juro que no he dicho nada..." Voldemort le miró con sus ojos rojos llenos de ira antes de volverse a ver a Wormtail

"Y tú, pequeña sabandija....?"

Peter comenzó a temblar violentamente bajo su túnica negra "Sólo le sirvo a usted, señor... Lo juro!"

"Y dices bien, puesto que si no la mano que te di te hubiera estrangulado... Hay un traidor, pero no está aquí –dijo poniendo las manos en su espalda, terminando de ese modo de asustar a sus discípulos—Le sentí un poco antes de que llegaran esos entrometidos Gryffindor..."

"Karkarov..." Musitó Severus, pero nadie le escuchó

"Premiaré al que me traiga su cabeza!!"

*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~

Ron paseaba de arriba abajo frente a la puerta de la enfermería con los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo mientras Mundungus y Harry le observaban, casi apostando mentalmente a que conseguiría hacer un hoyo en las baldosas si no se estaba quieto.

Nada más regresar a Hogwarts, Sirius se había quedado en la puerta del castillo y Arabella había tomado una de las escobas y trazaba círculos en el aire, reconociendo el perímetro. Mientras tanto, los otros dos hombres habían corrido con una inconsciente Hermione en brazos hasta la enfermería donde Dumbledore, Harry, Ron y Poppy les esperaban. Aunque todos querían entrar, madame Pomfrey tan sólo dejó pasar a Albus y a Remus con ella, y a este último sólo porque se lo pidió el director.

Así pues, en la tensa espera, Mundungus se había sentado con los chicos y les había contado lo que habían hecho en la casa. Ron gruñó varias veces, deseando haber estado allí para darles su merecido a todos ellos y sobre todo a su profesor. Y Dumbledore decía que no sería capaz de hacer daño a un alumno...! Si no llega a ser por Sirius y el resto, hubiera matado a Hermione!

El mero pensamiento hacía que le ardiera la sangre en las venas. Eso, y el hecho de que nadie hubiera abandonado la enfermería aún. Al parecer, la punta de la daga había herido a la chica, aunque la herida no era seria. Pero si no era grave, por qué seguía inconsciente? Era algo que le desesperaba

Harry miraba al suelo embaldosado en silencio, igual de preocupado que Ron pero mucho más quieto. Fletcher puso una mano en su hombro de repente

"Prométeme volar contigo en cuanto tu amiga esté mejor. Según se desarrollan los acontecimientos.... –agitó la cabeza—Cuanto antes mejor. No quiero perdérmelo. Todos me han dicho que eres muy bueno..."

El chico le miró por encima de las gafas, sin levantar la cabeza. Sonrió ligeramente. "De acuerdo... Podremos echar un partido de quiddich con mi equipo si quieres... Quizá a los otros también les apetezca"

"Harry, *puedo llamarte así, verdad?*, prométeme también que a partir de ahora tendrás mucho cuidado. Seguro que te lo han dicho muchas veces, pero ya ves lo peligrosas que se han vuelto las cosas. No quiero que andes solo por Hogwarts, entendido? Siempre con tus amigos, o cerca de un profesor... uno que no sea Snape, evidentemente"

Harry se irguió y miró los ojos apagados de Mundungus. No parecía haberlo pasado bien en varios años, igual que sus compañeros. Quien m1ejor lo llevaba era Arabella, y eso sin tener en cuenta lo que el chaser les había dicho de su hermano muerto. Estarían Ron, Hermione y él en su misma situación dentro de quince años? Se horrorizaba sólo de pensarlo. Su padrino y sus amigos habían pagado un gran precio por ser héroes de guerra, desde luego...

"Sí. Te lo prometo. Nada de escabullirme en la oscuridad. Y desde luego no suelo estar cerca del profesor Snape por gusto. Me odia y yo le odio a él. Estamos mejor separados" Frunció el ceño

El hombre se rió y miró la oscuridad a través de una de las ventanas del corredor "Claro que te odia... También odiaba a James, y para más inri eres el ahijado de Sirius. Supongo que todo va unido. De cualquier manera, siempre ha odiado a todo el mundo y siempre ha sido muy desagradable. No sé cómo los propios Slytherin le aguantaban"

De pronto, la ventana se iluminó con un color verdoso, y los tres dieron un respingo. Escucharon algo grande golpear el muro. Mundungus les ordenó quedarse allí y salió corriendo. En su loca carrera se encontró con McGonagall, en camisón y con el pelo sobre los hombros, pero con la varita fuertemente sujeta en su mano.

No hicieron falta palabras; los dos siguieron juntos el camino y dejaron el castillo. Todo estaba tranquilo. Fletcher escuchó entonces unos gritos familiares. Conocía la voz de Arabella cuando estaba enfadada demasiado bien.

Sirius sujetó su muñeca derecha para impedirla seguir lanzando maldiciones "Ya está bien, no puedes matarle! No sin el consentimiento de Dumbledore!"

"Para que siga matando estudiantes? Para que un día deje entrar aquí a Voldemort?! Es que estáis todos ciegos?!!" Intentó soltarse con tanta fuerza que Black casi se desequilibra. Tener un pie en el suelo y otro sobre la espalda de Snape no ayudaba mucho tampoco

"Ten por seguro que no quiero protegerle. Hermione es mi amiga, recuerdas? Y antes de que llegarais Snapey casi me mata! Si he sido condescendiente este mes ha sido por Remus! Pero no podemos hacer más si el director no nos lo autoriza!!"

"Basta ya los dos! Qué creen que están haciendo!! Sr. Black! Bájese de la espalda de Severus!!" Minerva corrió hacia donde estaban y se arrodilló junto al profesor, que intentaba levantarse. Mundungus se acercó con ella.

"Profesora McGonagall! Es peligroso, no se acerque a él! Es un maldito bastardo traidor, un asesino!" Exclamó Arabella, libre por fin del agarro de Sirius

Ella se colocó las gafas mejor sobre la nariz y le lanzó a la otra mujer una mirada helada "No creo que sea muy peligroso según está. Tendrán que responder de esto frente al director Dumbledore, ténganlo por seguro –tomó a Snape por un brazo y le ayudó a levantarse—Severus, cómo... Cielo Santo, qué te ha pasado en el brazo?" Exclamó horrorizada. De inmediato todos los ojos se posaron sobre su brazo derecho. Ahora entendía Arabella por qué no se había defendido...

Severus se llevó la mano izquierda a la frente para intentar detener la caída de sangre de una brecha sobre sus ojos "Es muy... largo de contar, Minerva" Giró la cabeza para mirar atrás, y sus ojos destellaron de ira y resentimiento al mirar a la pareja

"Vamos dentro. Y ustedes tres vengan conmigo. Y no quiero que se les ocurra ninguna otra idea brillante. Esto es un colegio, estamos aquí para enseñar a los niños! Qué clase de ejemplo están dándoles?!" Minerva estaba muy enfadada mientras subían las escaleras hasta la enfermería.

Harry tuvo que ponerle las manos a Ron en los hombros para que no saltara sobre Snape

"Ven lo que han conseguido?" La mujer agitó la cabeza y entró con el profesor, dejando a los otros tres fuera

"Pero cómo se os ha ocurrido...." Comenzó Mundungus, pero Arabella le cortó con un ademán

"Se lo merecía. Además se lo debía por mi hermano"

"Estábais luchando con Snape...? Y no me llamásteis???" Exclamó Ron con el ceño fruncido, plantándose frente a ellos

"Ron, esto no es un juego..." Murmuró Sirius apoyándose en una pared. Harry se acercó a él, preocupado

"Sirius..."

"Ya, ya! Por favor, luego tendré que escuchar no sólo a Dumbledore, sino también a Moony! Se condescendiente, Harry... Además empezó ella. Yo sólo la ayudé un poco para vengar a Hermione..."

"Un poco? Quién le estrelló contra el muro?" Figg se cruzó de brazos

"Sirius!" Exclamó Harry sorprendido. El padrino se frotó el pelo, pero se defendió diciendo que él al menos no le había lanzado ninguna maldición

Dentro, mientras Poppy y Remus terminaban de reconocer a Hermione para ver si había algún rastro del Lado Oscuro en ella, Albus y Minerva estaban de pie frente a la cama donde estaba sentado Snape. La doctora les había dejado que la ayudaran siempre y cuando no tocaran su brazo. Les dio un ungüento para que lo aplicaran en los cortes y heridas, y en eso estaban, aunque ninguno de los tres había dicho palabra desde que McGonagall le dijera al director lo que había pasado con Arabella y Sirius.

"Qué pasó con tu brazo?" Le preguntó la mujer por fin

Severus le contó lo que había sucedido con la poción que preparaba al mezclarse con lo que no debía y también les habló sobre el hechizo que se había aplicado

"Y lo conjuraste con la izquierda? Vaya, ojalá hubieras sido tan bueno en Transfiguración como en Encantamientos..." Suspiró la profesora. Le hubiera respondido algo pero al levantar la cabeza se encontró con los ojos de Albus y no le gustó lo que vio. Bajó la mirada. Por qué le miraba así? Qué había hecho mal?

Poppy y Remus se acercaron al trío. El ex profesor de DAO se veía bastante cansado.

"Buenas noticias, Albus. La chica ya no corre peligro. Tan sólo necesita descansar mucho. Le quedará una pequeña marquita en el pecho, lo siento. Es lo que pasa con una daga como la que me describió Remus"

"Sí, con descanso se pondrá bien" Asintió Remus. Dumbledore sonrió cálidamente, quitándose un gran peso de encima

"Minerva, puedes irte a dormir. Y llévate a Harry y al sr. Weasley a su cama. Mañana tenéis clase. Remus, si no te es inconveniente, diles a Sirius y Arabella que mañana hablaré con ellos. Y por favor, pásate por mi despacho a primera hora mañana"

Los dos asintieron y se despidieron. En un momento escucharon gran murmullo en el exterior, pero pronto se fue apagando hasta que quedó el silencio

"Poppy? Puedes dejármelo un momento más?" La enfermera le miró muy mal y accedió a regañadientes. No le gustaba nada el aspecto de su paciente, pero Albus como siempre, tenía que inmiscuirse en su labor médica.

"Por qué no me lo contaste?" Preguntó Dumbledore con voz suave y calmada, sentándose a su lado

"Contarle el qué?"

"Lo que iba a pasar esta noche. Que ibas a llevarte a la srta. Granger. Podíamos haber planeado algo... Por qué no me dijiste nada?"

"No sabía nada de lo que iba a pasar... Y yo no me la llevé, director"

"Severus, somos amigos desde hace muchos años. No tienes por qué ocultarme nada..."

"No estoy mintiendo "Frunció el ceño, confuso

Albus suspiró y se mesó la barba blanca "Si no fuiste tú, quién lo hizo?"

"No lo sé... --negó lentamente y de nuevo se llevó la mano a la frente. Le dolía la cabeza como si se le fuera a partir-- Le contaré qué paso, por si eso ayuda..." Snape le relató todo lo que había sucedido en la noche, desde el principio hasta el final. Dumbledore se quedó con el importante dato de avisar a Karkarov y de que había uno de los mortífagos más importantes fuera de juego por un tiempo.

"Dices que querías sacarla de allí, pero fue tu mano la que la hirió"

"Ya le he dicho que era Malfoy el que dirigía el golpe. Además, me agarró cuando nos iba a desaparecer de allí. No podía irme con él también" Protestó el profesor volviendo la mirada hacia Albus, apenas sin creer la acusación implícita en sus palabras. El director lucía una expresión muy seria en el rostro

"Si los chicos no hubieran llegado a tiempo, la srta. Granger no estaría ahora con nosotros, y te aseguro que fue por suerte que nos dimos cuenta de su desaparición. Por qué ella? Qué tiene de especial?"

"No lo sé. Ni siquiera sabía que iban a hacer el Rito esta noche... Fue Malfoy quien la puso sobre el altar, yo no tuve nada que ver. Usted me vio salir del castillo con su escoba. No llevaba a nadie –Snape se puso de pie tambaleándose ligeramente y hubiera agarrado su capa oscura de haberla llevado puesta-- Por qué no confía en mí...?" Dijo en voz baja, casi susurrando

"Severus, nadie extraño puede entrar en Hogwarts sin que los elfos domésticos vengan a decírmelo. Lo sabes tan bien como yo. Y no hay nadie más aquí que se haya marchado esta noche –suspiró y se quitó las gafas de media luna—Estoy seguro de que no querías ningún mal para ella, pero deja de mentirme, por favor"

"Qué tengo que hacer para que me crea? Veritaseum? O prefiere verlo en el pensadero? --su voz estaba llena de amargo sarcasmo. Le dio la espalda, llena de cortes y arañazos y también antiguas cicatrices, y se cruzó de brazos –Incluso Voldemort me creyó inocente de la aparición de Black y compañía... y él tenía menos razones que usted para hacerlo"

Snape escuchó un largo suspiro tras él "Te prohibo que vuelvas a marcharte con sus llamadas, me dan igual las excusas y los peros. Te quiero en Hogwarts mientras dure el curso" Dijo el anciano con voz seria y profunda.

El profesor escuchó con incredulidad sus palabras mientras le daba una detención' perpetua como si fuera un alumno que hubiera cometido la mayor fechoría del colegio. Acaso no le había servido bien como espía? No le había traído información valiosa?

Pero lo que realmente le hizo reaccionar fueron sus siguientes palabras

"Será Remus quien dé tus clases a partir de ahora"

"Qué?" Severus se giró de golpe. La sentencia le parecía tan desatinada y era tanta su sorpresa que no fue capaz de articular nada mejor mientras le miraba con las cejas arqueadas. Albus iba a destituirle? Iba a apartarle de su trabajo, de sus mazmorras, de los Slytherin?

"Remus fue un alumno brillante, sabrá desenvolverse bien aunque no sea especialista en la materia. Sólo será hasta que lo estime conveniente. Además, no puedes enseñar en ese estado" Dijo refiriéndose a su brazo

Pero todo había quedado perfectamente claro. Le había caído la perpetua sin haber cometido ningún crimen. Fue así como se sintió Black? Furioso, incomprendido, impotente y sin ningún tipo de confianza en la justicia?

Y quién dijo que la confianza de Dumbledore era inquebrantable? Y quién dijo que era justo?

Snape miró al director unos instantes, puestos sus ojos oscuros en los de él. En lugar de la calidez habitual, la benevolencia, la comprensión, había frío en aquél azul y la constancia de saber que sus órdenes serían cumplidas.

"Será como diga, director" Dijo en un susurro antes de echar a andar lejos de allí, recto, con la cabeza bien alta, como si en vez de su destitución Albus le hubiera comentado lo bonito de la noche. Pero mientras caminaba en su alma crecían la oscuridad y el rencor...

Albus le miró marcharse y escuchó a Poppy gruñirle, gritarle y amenazarle de muerte si no se sentaba en ese mismo instante en una cama. Se mesó la barba blanca, se puso las gafas, miró al techo unos instantes y fue tras él.

La enfermera se había sentado junto a él y sujetaba su brazo con cuidado, observando los daños mientras el profesor decía una vez más y a desgana qué es lo que había sucedido. Desde donde estaba, el director pudo ver a la mujer arrugar el ceño primero y morderse el labio después. De seguro estaba pensando cómo arreglar aquél estropicio de la mejor forma posible...

Anduvo sin hacer ruido y lentamente para elegir cuidadosamente las próximas palabras, después se detuvo cerca de Snape

"Remus ha estado intentando llegar a ti todo este mes, pero no le has dejado. Habla con él, por favor. Creo que podría ayudarte" Le dijo suavemente

"No me hace falta un carcelero, director Dumbledore. A no ser que también sea una orden" Poppy miró a Albus con las cejas arqueadas después de haber visto la expresión del rostro de su paciente

"Estoy haciendo lo que creo que es mejor para ti y para todos, Severus"

"Claro, director. Lo comprendo" Le contestó sin mirarle, pero Albus sabía que lo había dicho por decir, no porque fuera cierto....

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NdlA: No sé si tuve que modificar algo aquí ^^U Ahora que puedo, vamos con vuestros reviews ;)

Kanami; Gracias por hacer el primer review! :) Estoy de acuerdo contigo, la gente tiende a no entender al pobre Snapey, verdad? Me decías si hay Sirius/Remus. Veamos, para mí son buenos amigos, mucho! Y su amistad está basada en, bueno, cómo yo vivo mi amistad con mis amigas XDD Quizá por eso parezca a veces que es yaoi, porque entre hombres es un poco extraño de ver... ^^Uu Siento desilusionarte. Quién fue el que se llevó a Hermione? Eso lo descubrirás más adelante, como el resto de las preguntillas que me haces ^^

Kalisto; Cruel yo? Nunca --giggles-- No creo que sean crueldades, aunque a maldades es posible que sí que llegue el asunto

Aspy: Gracias, gracias, aunque no merezco tanto ^^U

Tengo unos pequeños problemillas con el cap tres aun, pero en cuanto tenga ciertas cosas claras y no me haga falta modificarlo o subiré ;)