Capítulo 2: Cumpleaños.
La mañana del cumpleaños del joven Lucius amaneció fresca. Faltaba poco para que comenzara octubre, por lo que los últimos calores estivales ya habían abandonado los alrededores londinenses. En la Mansión Malfoy, las actividades comenzaron bastante más temprano que de costumbre.
Cuando los primeros rayos de luz se colaron a través de las cortinas aún cerradas del comedor, la mesa ya estaba preparada para que tres personas pudieran allí desayunar. Se trataba de un banquete especial, rebosante de todo tipo de manjares, entre los que por supuesto se encontraban los preferidos del homenajeado.
El fuego crepitaba alegremente en el hogar, brindando calor a toda la habitación. El chasqueo de los dedos de Kryptonita hizo que las cortinas de los ventanales se abrieran y la luminosidad inundara el ambiente. La elfina observó el reloj de pie asustada, y desapareció justo un minuto antes de que sus amos se dispusieran a bajar a desayunar. La criatura conocía las reglas a la perfección: jamás ser vista si no era convocada por alguno de los tres Malfoys.
Abraxas Malfoy sonreía orgulloso. Ese sería el gran día, la celebración del cumpleaños de Lucius sería una especie de presentación en sociedad de su heredero. Su niño finalmente había dejado de ser un pequeñín para convertirse en un hombrecito. Y conociendo a su hijo como lo conocía, estaba seguro de que Lucius le daría muchos motivos para sentirse orgulloso de él. Era un chico inteligente, sería un buen estudiante, un excelente Slytherin. Sabía perfectamente con quiénes convenía entablar relaciones, con quiénes no y cómo debían ser estas; él lo había observado tanto con las hijas de Cygnus Black como con el niño de los Rosier y el joven Lestrange, con todos ellos el chico mostraba actitudes dignas de su apellido y sangre.
Por alguna extraña razón, el rostro de la señora Malfoy esa mañana no mostraba la alegría que se esperaría por el cumpleaños de su hijo. Al contrario, su apariencia era la de una mujer cansada, entristecida y tal vez preocupada. Pese a que se había esforzado en ocultarlas, unas finas ojeras se dejaban vislumbrar bajo sus párpados; mientras con la cabeza gacha la mujer descendía las escaleras, tomando a su pequeño de la mano. Parecía que su mente no estuviera en ese lugar, sino en otro, probablemente muy lejano.
Lucius, tomado de la mano de su madre y con la mano de su padre apoyada en su hombro, descendía las escaleras contento, orgulloso y altivo ¡Era su undécimo cumpleaños! Si no fuera porque sería un acto de rebeldía impropio de él, el niño bajaría las escaleras corriendo y festejando que ya tenía edad de ser considerado un joven mago y no un niñito pequeño. Sus ojos recorrieron la mesa, y luego se dirigieron al lado de la chimenea, en donde se podían observar varios paquetes envueltos en papel de regalo. No comentó nada al respecto, sabía que debía esperar la orden de su padre para abrirlos. Por fortuna para él, esta llegó enseguida.
- Lucius, querido ¿Te gustaría abrir los regalos antes de que nos sentemos a desayunar? – Preguntó Abraxas con un cálido tono paternal, rara vez oído en él.
- Por supuesto, padre. – Respondió el chico cortésmente y se dirigió sin detenerse pero sin prisa a la pila de paquetes brillantes.
Comenzó a desenvolver por el que más intriga le causó: un envoltorio grande, alargado y con forma irregular. Apenas corrió un poco el papel descubrió que se trataba de una escoba nueva y sonrió inmensamente. Se habían despertado en él unas ganas de tomar la escoba, salir corriendo al parque de la casa y comenzar a volar por todas partes a toda velocidad. Como sabía perfectamente que tal cosa era completamente imposible, se limitó a agradecer a sus padres y abrir el siguiente envoltorio.
Se trataba de una túnica de gala negra brillante con broches plateados. Llevaba una serpiente bordada en el bolsillo. En otro paquete encontró una capa y unos guantes que hacían juego con ella. Esta vez, la sonrisa se dibujó en el rostro del Malfoy mayor, al ver el traje desenvuelto en manos de su hijo, inmediatamente lo imaginó asistiendo a una cena de gala elegantemente vestido, como todo mago que se precie.
Ya solo quedaba un último paquete, también era bastante grande. Lucius lo abrió y se encontró con una caja de madera de roble. Llevaba sus iniciales grabadas en la tapa. La abrió con curiosidad y se encontró con un interior forrado en terciopelo verde musgo.
- Eso, - explicó su padre sabiendo que el chico no había comprendido el verdadero valor de ese regalo – es una caja en la que solo tú podrás guardar cosas. Además de que no importa el tamaño de lo que puedas meter adentro. Puedes guardar la escoba, si quieres. Pero lo más importante es que el único que puede descubrir qué hay allí eres tú. Con solo guardar algo en esa caja ya lo ocultas de todo el mundo.
En ese momento, el obsequio adquirió sentido. Lucius se preguntó qué podría querer ocultar de todo el mundo. En principio, no se le ocurría nada, pero sabía que probablemente en Hogwarts no quisiera dejar todo a merced de sus compañeros de dormitorio. Porque si había algo que a él no lo entusiasmaba en absoluto de su futuro colegio, era el hecho de verse obligado a compartir el dormitorio con un grupo de desconocidos. Era un chico solitario y estaba acostumbrado a tener su espacio y sus lugares. Sus padres apenas si entraban a su dormitorio, y cuando lo hacían jamás revolvían las cosas a ver qué encontraban. Su recámara era su lugar seguro. Pero en el castillo las cosas no serían como en casa, perdería mucha de su privacidad y eso lo preocupaba un poco.
Lucius acomodó sus regalos sobre la mesa que estaba a un costado de la chimenea, y con un movimiento de varita por parte de su padre, los papeles de regalo desaparecieron. Abraxas indicó a su familia con un gesto que era momento de sentarse a la mesa. Todos obedecieron sin intercambiar palabra alguna.
El desayuno transcurrió prácticamente en silencio. El único sonido que se oía era una suave música de fondo que ambientaba el salón. Ninguno de los tres Malfoys hablaba demasiado. Abraxas observaba cada rincón del ambiente, como si buscara alguna imperfección en los preparativos para el almuerzo. No llegaba a estar nervioso, pero sí totalmente atento a los más mínimos detalles. Recibiría en su casa a las mejores familias del Reino Unido mágico, no podía dejar que nimios detalles empañaran un acontecimiento tan importante. Su mujer permanecía cabizbaja y no decía tampoco una sola palabra. En cuanto a Lucius, no hablaría en la mesa si sus padres no lo invitaban a hacerlo. El hecho de que fuera su cumpleaños no era un motivo para romper con sus modales y su buena educación.
Para cuando llegó el mediodía, la señora Malfoy vestía su túnica más elegante y su mejor sonrisa. Las ojeras habían desaparecido por completo, seguramente por acción de la magia y su rostro no dejaba entrever ninguna emoción. Estaba junto a su marido y su hijo en el salón principal de la mansión, que ese día estaba especialmente arreglado. Cuando el timbre sonó por primera vez, se apresuró a abrir y con un gesto amable les indicó a los recién llegados que ingresaran al interior de la casa. Cygnus Black estaba del otro lado, acompañado de su mujer, Druella y su hija menor, Narcissa. Los tres saludaron con una sonrisa amable a la señora Malfoy y luego se dirigieron a su marido. Tras haber intercambiado unas pocas palabras con Abraxas, se acercaron a Lucius. Cygnus le entregó un gran presente en nombre de toda su familia.
- También es de parte de Bellatrix y Andrómeda, quienes no han podido venir, como sabes, porque están en Hogwarts. – Explicó el hombre sonriendo. - ¡Ábrelo! – Instó al niño.
Lucius rasgó el papel delicadamente. Tras el envoltorio había una gran caja de madera, la abrió para descubrir que contenía un mazo de naipes explosivos y un juego de gobstones. El niño sonrió, agradeció educadamente el regalo y lo depositó en la mesa ubicada unos pocos metros al costado de la chimenea.
Una bandeja de plata apareció a un costado de los presentes, contenía cuatro vasos de cerveza de manteca y dos de jugo de calabaza.
- Sírvanse, por favor. – Convidó la señora Malfoy.
Lucius le alcanzó el jugo a Narcissa. La niña sonrió tímidamente al tomarlo. Ese día su rubio cabello estaba más lacio y brillante que de costumbre. Llevaba puesto un vestido largo color salmón, con un moño rosado a la altura de la cintura y puntillas sobre el cuello y los puños.
Unos minutos más tarde, el timbre de la mansión volvió a sonar. Esta vez, se trataba del matrimonio Lestrange y su hijo menor, Rabastan. Saludaron cordialmente a los Malfoy y los Black y le entregaron al agasajado un paquete en cuyo interior el niño descubrió una elegante capa de viaje.
Media hora más tarde, la sala de celebraciones estaba repleta de gente, de la cual Lucius solo conocía a unos pocos. Sabía que la mayoría eran amigos y conocidos de sus padres, pero le costaba relacionar nombres y caras.
- Lucius, hijo, ven un momento. – Indicó su padre. El muchacho se excusó con Rabastan Lestrange y Evan Rosier con quienes mantenía una conversación sobre Quidditch y se dirigió a él rápidamente.
- ¿Sí, padre? – Preguntó.
- Él es mi hijo, Lucius. – Le dijo Abraxas a un hombre bajo, gordo y calvo que estaba parado frente a él. – Querido, te presento a Horace Slughorn. A partir de septiembre será tu profesor de Pociones en Hogwarts, además del jefe de tu casa. Estoy convencido de que mi niño será un Slytherin.
- Sin duda alguna. – Dijo el hombre sonriendo mientras estrechaba la mano del jovencito. – Será un placer tenerlo entre mis alumnos predilectos.
- ¿Gustan sentarse? – Invitó la señora Malfoy. – Estamos a punto de servir el almuerzo. Querido, los niños están de aquél lado. – Indicó a su hijo un extremo de la mesa.
Lucius se dirigió hacia donde estaban Evan, Rabastan, Narcissa, y los pequeños Sirius y Regulus Black, de cinco y tres años respectivamente, quienes estaban sentados uno a cada costado de su prima.
- Cissy, tesoro – Walburga se dirigió a ella con amabilidad - ¿Te molestaría encargarte de cortarle la comida a Regulus?
- No, tía. – Contestó la niña sonriendo – Yo me encargo, no te preocupes por eso.
- Gracias, querida.
El almuerzo transcurrió en silencio para los niños, mientras que los adultos conversaban de asuntos del Ministerio y el resto del mundo mágico. Los chicos observaban a sus padres en silencio. Además de que no llegaban a comprender del todo el tema que trataban, sabían a la perfección que intervenir en una conversación de adultos sería considerado una grave falta de respeto. El único que cada tanto hablaba para llamar a sus padres era Regulus, en esas ocasiones, el pequeño era acallado con un severo gesto de Walburga u Orión mientras que Narcissa le susurraba algo al oído, tratando de atender sus pedidos.
Una vez que todos estuvieron satisfechos, desaparecieron los platos y en su lugar surgieron copas y vasos de plata. Abraxas Malfoy, sentado en la cabecera de la mesa, justo frente a su hijo que lideraba el extremo opuesto, se puso de pie. Se aclaró la garganta, su audiencia lo observaba con un respetuoso silencio.
- Primero que nada, quiero agradecerles a todos por acompañar a nuestra familia en un momento tan importante en la vida de un mago como es el onceavo cumpleaños. – Comenzó su discurso el patriarca. – Además, la familia Malfoy se siente honrada de recibir en su morada a estirpes tan honorables del mundo mágico. Como ya todos saben, en el día de hoy, nuestro hijo Lucius está celebrando sus once años de vida. En el verano próximo recibirá su carta de admisión en Hogwarts y por primera vez en su existencia pasará gran parte del año fuera de la Mansión Malfoy. Todo esto demuestra que ya ha dejado de ser un niño y ha pasado a convertirse en un jovencito del cual tanto su madre como yo nos sentimos orgullosos. Estamos convencidos de que cada año que transcurra en el colegio, Lucius nos dará más motivos para engrandecer este orgullo. Es por eso que quiero proponer un brindis por él ¡Feliz cumpleaños, hijo!
Todos los comensales se pusieron de pie y brindaron por el cumpleañero. Las habitualmente pálidas mejillas del joven Malfoy adquirieron un tono rosado a medida que cada uno de los adultos lo felicitaba.
Pasado el brindis y la torta de cumpleaños, los niños tuvieron permiso de retirarse al parque de la mansión, algo que todos agradecieron. Una vez allí, bajo la sombra de uno de los árboles más grandes, Sirius y Regulus comenzaron a aplastar las hojas secas disfrutando del crujido que estas hacían bajo el peso de sus pisadas. Si bien no lo habían planteado así, parecía ser una especie de competencia por quién aplastaba más hojas en menos tiempo. Pocos minutos más tarde, los dos pequeños saltaban eufóricamente sobre las hojas, ya completamente destruidas. Los otros cuatro chicos los observaban en silencio.
Narcissa fue la que rompió el hielo, al anunciar con felicidad que tal como todos esperaban, su hermana Andrómeda había sido seleccionada para Sltyherin. Inmediatamente, los tres varones emitieron sus felicitaciones. Rabastan comenzaría Hogwarts el año próximo, al igual que Lucius, por lo que la conversación derivó hacia temas del colegio de hechicería.
- ¿Qué comentan tus hermanas de la escuela? Rodolphus apenas si ha descripto brevemente el castillo, por lo demás, dice que yo ya lo veré cuando llegue. Así que tendré que esperar al próximo año, lamentablemente. – Dijo el pequeño Lestrange.
- Bella rara vez responde a una pregunta que uno le hace, le gusta ser ella la que interroga y da órdenes. Es su forma de ser. – Agregó la niña en un intento de disculpar lo anteriormente dicho. – Y Andrómeda apenas hace un mes que está en el castillo, pero por lo que ha escrito en las cartas a mamá y papá parece estar conforme.
- Andrómeda es buena. Bella siempre anda retando y quejándose de todo. – Intervino Sirius, ganándose una severa mirada de su prima.
- Estamos hablando nosotros, primo. Tú sigue jugando con Regulus. – Le dijo con una sonrisa tratando de convencer al niño de que no se metiera en sus charlas.
- No es una conversación de grandes. Y yo también soy un chico. – Exclamó el pequeño, molesto ante la negativa de la chica.
- Está bien. – Concedió la rubia, parecía nerviosa ante la posibilidad de que su primito montara un berrinche – Pero Bella no es mala.
- Siempre me reta. – Insistió Sirius.
- Eso es porque tú te portas mal, si te portaras bien no lo haría. – Explicó la niña en defensa de su hermana.
- Como sea, - Lucius hizo un intento de darle fin a la discusión de los dos primos – hablábamos de Hogwarts ¿Verdad? Yo detesto que no dejen participar en el equipo de Quidditch a los de primero. Tendré que esperar un año antes de ser seleccionado para Slytherin.
El objetivo del chico se logró, y la conversación recayó en el deporte más popular entre los magos.
Dos horas más tarde, todos los invitados se habían retirado y la Mansión Malfoy volvió a su ritmo habitual, algo que Lucius agradeció. Si bien pasaba momentos agradables con los demás chicos, cuando había demasiadas personas en su casa se sentía invadido y demasiado observado. Prefería la tranquilidad de pasearse en soledad por los pasillos y habitaciones de su casa antes que sentirse observado y estar constantemente cuidando su comportamiento.
El joven Malfoy recordaba que durante sus primeros años de infancia detestaba la sensación de soledad que lo embargaba al recorrer los enormes pasillos y habitaciones de la mansión. Observaba a los Black y a los Lestrange y se preguntaba a menudo por qué él no podía tener un hermano con quién pasar el tiempo mientras su padre estaba en el Ministerio y su madre tomaba el té con amigas o se dedicaba a la lectura de la revista Corazón de Bruja o alguna similar. No sabía exactamente en qué momento comprendió que no tendría un hermano y que tendría que acostumbrarse a esa realidad. Desde entonces, la soledad se había vuelto su amiga y compañera, hasta el punto de que pasar demasiadas horas con otros niños en su casa lo hacía sentirse algo incómodo.
El niño se refugió en su habitación en donde ya se encontraban acomodados todos sus regalos. Había varios juegos de mesa, un caldero de oro, algunos libros de hechizos, túnicas, capas y una "Historia de los linajes mágicos". Durante algunos minutos, se sentó en su cama y comenzó a revisar y observar detenidamente cada uno de ellos. Comenzaba a oscurecer, las velas del dormitorio se encendieron y él dejó sus presentes para ir a darse un baño antes de la hora de cenar.
Pese a su carácter solitario, los diez meses que restaban hasta que Lucius partiera al colegio, el chico llegó a extrañar el sentirse invadido por las visitas. Algo había cambiado radicalmente en su casa, y él no sabía qué. La cuestión fue que llegaron las fiestas de Navidad y Año Nuevo y su madre no mostró el entusiasmo de las festividades anteriores en organizar un gran evento comunitario, sino que simplemente se limitó a invitar a los familiares más cercanos, es decir a sus padres y suegros. Tampoco puso mayor esmero en la decoración, solamente le indicó a la elfina que arreglara la sala de manera acorde a la situación. Normalmente, la señora Malfoy prestaba atención a cada detalle de los arreglos de la mansión para las fiestas, y caminaba de un lado a otro detrás de Kryptonita dando órdenes concretas, no solamente indicaciones generales.
Las charlas de la mujer con amigas también habían desaparecido, por lo que Lucius ya había perdido la esperanza de que algunos de los niños a los que conocía llegaran a la casa de visita acompañando a sus madres. La señora Malfoy tampoco salía a visitar a otras personas. Su rostro cada día se veía más pálido y su hijo creía que se debía a pasar el día entre las paredes de la Mansión.
De ese modo, la noche del 31 de agosto, Lucius se fue a dormir muy ansioso porque sonara su despertador y tuviera que ir con sus padres a Londres para tomar el tren. Sabía que allí se encontraría, al menos, con Rodolphus, Rabastan, Bellatrix y Andrómeda.
Hola:
Primero que nada, aviso que edité un detalle del primer capítulo porque revisando en me di cuenta que Lucius cumple años en otoño, por lo que me pareció que coincidiría más que Andrómeda estuviera por entrar a Hogwarts y no de vacaciones de Navidad. Por eso el anuncio de que queda en Slytherin lo hace Narcissa en este capítulo.
Por otro lado, tengo que confesar que con algunas actitudes de Lucius tuve ciertas dudas de si no estaba desviando el carácter del personaje, como por ejemplo con el hecho de querer bajar corriendo las escaleras o salir volando con la escoba. Por un lado no me sonaban muy "Malfoy" pero por otro, no quise descuidar que es un niño, por más amoldado que esté a su familia.
Ya dejo de dar perorata. Espero que les haya gustado el capítulo. Gracias por leer.
July.
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