CAPÍTULO 2: CRECIENDO
Me resulta bastante complicado daros un trasfondo sobre mi historia, así que intentaré ser lo más breve posible. Para empezar, cabe destacar que el único lugar en el que eclosionan los huevos de los de nuestra raza es ni nada más ni nada menos que en el pico más alto del mundo, el cual se encuentra a varios cientos de kilómetros de donde me encuentro actualmente. No hay ningún otro lugar en el mundo en el que eclosionen estos huevos, por lo que somos un bien (o un mal, dependiendo de como lo quieras ver) bastante escaso. El hecho de que solo eclosionen allí se debe a diversos factores, aunque el principal es la alta actividad de tormentas eléctricas en la zona, las cuales permiten la eclosión.
Una vez han eclosionado todos los huevos, las crías son llevadas por su madre a algún pico circundante, y lo más normal es que cada madre vaya a una cima aislada y no se junte con las demás (razón por la cual somos dragones con carácter bastante solitario y desconfiado a lo desconocido). Una vez establecidos en lo alto de una montaña, se inicia nuestro período de entrenamiento, el cuál dura alrededor de 10 años desde nuestro nacimiento. En este tiempo se nos enseña a utilizar todas las habilidades que un Furia Nocturna que se precie debe dominar, desde el vuelo, las lecciones sobre como disparar nuestras bolas de plasma, como cazar y pescar...
También se nos enseñan cosas acerca de los humanos, los cuales son una de las pocas amenazas que los dragones tenemos en el mundo. Lo primero que se nos enseña es que no debemos, bajo ningún concepto, matar humanos si no es estrictamente necesario. La única situación en la que podemos entrar a matar es cuando consideremos que hay una situación de peligro mortal para nosotros mismos o para uno de los nuestros.
Otra cosa importante que se nos enseña es que el mayor peligro de los humanos son sus patas delanteras. A simple vista parecen inofensivas, no tienen ni garras, ni pezuñas, ni nada con lo que puedan hacerte un daño físico considerable. No obstante, cuando menos te lo esperes pueden sacar cualquier tipo de artilugio con el que acabar contigo, desde palos de madera con cuerdas que lanzan objetos punzantes a distancia, largos objetos de metal afilados que te pueden partir por la mitad, o incluso una de las cuerdas que me tenían atrapado a mi actualmente. El hecho de que los humanos caminen sobre sus dos patas traseras y que tengan las dos delanteras libres en todo momento los vuelven una amenaza mayor si cabe.
A lo que íbamos. Tras este período de entrenamiento, las madres vuelven al lugar en el que se habían establecido previamente con su pareja (la cual nunca llega a conocer a sus hijos, ya que debe quedarse guardando su hogar), y cada una de las crías parte por su propia cuenta, sin un destino marcado, a intentar encontrar su lugar en el mundo.
Y bueno, eso es lo que me trajo hasta donde estaba actualmente. Después de unos 2 años dando vueltas aquí y allá, acabé topándome por casualidad con el Nido, en el que la conocí a Ella, y donde por fin encontré el motivo de mi existencia, el cuál era ofrecerle tributo a cambio de su protección y de que me diera un hogar al que pertenecer. Así es como empezó mi etapa de saqueador de islas vikingas, en la que junto con otros de los míos iríamos regularmente a las aldeas vikingas cercanas a robar comida para ofrecérsela como tributo a Ella y así mantenerla calmada y complacida con nosotros.
Y así había pasado estos últimos 3 años. No había sufrido demasiados percances, debido a que en los ataques a las islas vikingas yo era de los que me solía quedar en la retaguardia, prácticamente invisible a los ojos humanos cuando me mimetizaba con el cielo nocturno, y atacando a los objetivos clave de los vikingos con mis bolas de plasma, como sus torres de vigilancia y sus catapultas, y dirigiendo al resto de dragones para minimizar el número de bajas. No obstante, la defensa vikinga cada vez era más dura, y cada vez más y más de los nuestros caían en combate. Realmente era una situación insostenible en la cual nos íbamos a acabar destruyendo los unos a los otros.
Bueno, quizás la afirmación anterior no haya sido del todo correcta. No había sufrido demasiados percances hasta la noche anterior. Ahora estaba metido en un buen lío.
Vaya que si lo estaba.
