Capitulo 1
Un veintitrés de octubre. Otoño, hacía frió. Elena llega a casa y deja caer el maletín al suelo. Cuelga su chupa de cuero marrón, la que se le ceñía al cuerpo, estilizando sus magnificas curvas, haciendo que cualquier hombre que la viera, tuviera que girarse un par de veces.
Cerró los ojos, un olor riquísimo le invadió las fosas nasales. Alguno de sus platos favoritos mezclado con un perfume de chocolate y lirios blancos. Para terminar de culminarlo, ve a Damon pasando con solo una toalla en la parte de abajo que le queda pequeña. ¿Y cómo no? Con semejante cuerpo. Sonríe al verla. Se acerca a ella y le da un tierno beso en la boca. No puede dejar de mirar al perfecto hombre que tiene delante. Cuando Damon retira la mano de su mejilla, ella la echa en falta. ¿Y el hombre frió que conocí hace unos meses? Ha desaparecido…
- ¿Cómo ha ido la faena?
- Bien, cansada. Hay varios nuevos clientes.
- Hombre, después de tomarte unos meses de vacaciones, normal que te echen de menos.
- Joder, solo fue un respiro - se acercó a él, y le dio otro beso, sin dejar de sonreírle. – Un respiro que necesitaba del todo. – pellizcó la nalga izquierda de Damon y le arrancó la toalla de golpe. – Mmmh… ¿Qué hay para cenar? – dijo alzando de nuevo la vista hasta los ojos de él.
- Devuélveme eso… - dijo Damon entrando en su juego.
Elena, ágil, apartó la mano y se escabulló por un lado de Damon. Él la siguió, recorriendo, desnudo, por toda la casa. Al final la atrapó. La vio, tan… tan ella, sentada de rodillas en la cama. Y con su toalla entre los dientes.
- ¿La quieres? – murmuró retirándola un poco, y jugueteando con la toalla tan sensualmente que eso lo puso a mil y era más que evidente, pues iba desnudo y el tamaño de Damon no era fácil de esconder entre sus dedos. – Ven a buscarla. – volvió a encajarla entre sus dientes, metiendo una de sus manos por debajo del suéter.
Damon no tardó en subirse en la cama, en cubrirla con todo su cuerpo. Elena tuvo el placer de sentir toda la carne desnuda de su amado, aplastándola. Y no le molestaba, al contrario… adoraba estar así, adoraba sentir que Damon estaba allí, para ella… y solo para ella.
Damon le subió el suéter de rombos.
- Adoro como te queda este jodido suéter… - le susurró al oído, provocándole un escalofrío. Encajó sus grandes manos en la fina cintura de Elena, sin dejar de besarla.
- Damon. – murmuró contra su boca. – Hazme tuya… - arqueó las caderas, frotándose contra el miembro - ya durísimo- de él.
- Tiempo al tiempo… - dijo, aun que no quería esperar por entrar al cuerpo de su chica.
- No… ahora.
Damon rió. Se levantó deprisa.
- ¿Dónde vas? – le suplicó Elena.
- A apagar el fuego. Se quemará el arroz a la paella.
- Mmh… paella.
- ¿Prefieres eso… o yo? – le dijo apoyando los brazos, abiertos contra el marco de la habitación.
- ¿No es obvio? - Elena rió, tapándose la boca. Damon pensó que parecía una niña… su niña – La paella.
- Oh, vale… entonces, cariño, vamos a cenar, y a dormir, que es muy tarde. – replicó Damon, como si fuera su padre.
- Oh, papi… - dijo Elena con cara de niña buena – Era broma, sabes lo que quiero… - se tumbó boca abajo – Ahora ven aquí y hazme una mujer. – dijo con tono divertido. Otra carcajada se escapó de la boca de Elena.
- Ya vale ¿no? Con el cachondeo… - Damon se cruzó de brazos. Elena se volvió a mirarlo de nuevo.
- No sabes lo caliente que te ves así… desnudo y con cara de enfadado. – ella se quitó la camisa de un tirón. – Sabes que no es broma, sabes que quiero que ahora mismo vengas y te metas entre mis piernas…
Damon sonrió.
- Voy a apagar el fuego.
- Date prisa. Antes de que se apague el fuego que hay aquí también.
- Cariño, sabes que si se apaga… - dijo Damon desde la cocina. – Lo volvería a encender en menos de dos segundos.
Elena se rió. Y entré esas sonrisas que a Damon tanto le gustaban se terminó de desnudar, escondiéndose de su amado afuera, en la pequeña terracita.
- Coño, que frió hace aquí. – murmuró para ella misma.
- Ya estoy a… ¿Dónde te has metido? – Miró hacia ambas partes - ¿Elena?
Tiró la bayeta de la cocina hacia a un lado y sonrió.
- Quieres jugar eh?
Empezó a buscar a Elena por el baño, por la habitación de invitados, hasta por los armarios, y debajo de las camas. Pero nada.
- Venga Damon, que tengo frió. – se dijo Elena a sí misma, sentada en el suelo de la terraza, con las vistas de Los Ángeles en sus pies, y quizás algún vecino que podría ver algo no debido.
Damon se sentó en la cama de matrimonio, donde minutos antes había estado tumbada Elena. La erección se le había bajado. Rendido.
- Bueno, ya vale. ¿Donde se habrá metido esta mujer?
Un corriente de aire le puso la piel de gallina. Miró hacia a fuera, la puerta del balcón estaba corrida, con un par de palmos.
- Estás loca. – Sonrió y se acercó hacia la terraza – pero así me gustas.
Corrió más la puerta para pasar y vio a Elena sentada en el suelo. Lo miró.
- Al fin… - acarició la pierna de Damon, él estaba de pie. Eso fue suficiente para que su pene empezara a cobrar vida de nuevo.
- Estás medio loca ¿lo sabías?
- Eso me dicen… - rió. Damon se puso en cuclillas, a su lado. – pero a menos… estoy loca por ti.
Beso la boca de Damon deseándolo. Le mordió el labio inferior. Eso lo excitó aun más. La cargó entre sus brazos.
- Estás helada. – Damon la entró y la tumbó en la cama, tapándolos a los dos. – Aquí se está mejor…
- Damon, hacerlo en el exterior es una de mis fantasías. – dijo besándole el cuello.
- Te prometo que cumpliré cada una de tus fantasías, mi vida, pero esta déjala mejor para primavera, o verano, además, algún pervertido podría haberte visto, a saber lo que estará haciendo ahora. – Damon se rió, para sí mismo. – Seguro que cagándose en todo por verme metiéndote aquí… para mi solito…
