¡Nueva actualización!
Empecemos el lunes...
Episodio I:
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Elena tomó la taza de café con ojos cansados, se había pasado toda la noche leyendo los documentos que Alaric le había proporcionado, sin añadir a la lista que también había estado atendiendo llamadas de sus padres, de Tyler y de sus amigos de la universidad a los cuales no podía decirles que por fin estaba trabajando, en serio, con el FBI, debido a que se trataba de una misión secreta.
Saboreó el café, amaba esas tazas enormes repletas de nata y de chocolate, hacía que el sabor amargo del café fuese dulce y agradable, casi perdonó a Tyler por su atrevimiento de haber aparecido a las cinco de la mañana en su casa, pero bueno, un café y unos bollos era la forma perfecta de declarar la paz. Temporal, por supuesto.
- ¿Todo bien? -se atrevió a preguntar mientras miraba una basurita en una de sus uñas. Elena se tomó un segundo en contestar, saboreando la nata.
- ¿Esa es tu forma de preguntarme si he cambiado de opinión? -se lamió el labio para limpiarse el resto de la bebida.- Si me has traído los bollos de arándanos te contesto con una sonrisa nada falsa en mi rostro.
Tyler soltó todo el aire que estaba conteniendo.
- Wow, tengo que hacer esto más a menudo. -bromeó entregándole una bolsa repleta de bollos de sabores.- No sé si hay de arándanos, lo único que hice fue señalar el mejor puñado de dulces.
- Bueno. -le sonrió con ternura, registró la bolsa dándose cuenta de que no estaba su favorito, al final se decantó por el bollo más grande y jugoso.- Mmm, adiós dieta.
Tyler soltó una carcajada al ver la cara de placer que ponía su amiga solo con olisquear el dulce. Se había pasado toda la noche recapacitando, gastando energía en cosas inútiles para caer rendido en la cama y no darle muchas vueltas al asunto, pero al final ni había podido dormir ni mucho menos ser paciente, por eso, en cuanto el reloj marcó las cinco cogió el camino desde su casa hasta la de Elena, el frío mañanero y un café ayudaba a despejar a cualquiera, pero claro, eso no se lo iba a decir a su amiga, no si quería tener una oportunidad.
En ese camino había podido pensar cual sería la mejor forma de convencerla sin parecer un obseso del control, ni mucho menos un macho alfa. Y ahí estaba, con un único plan en mente, engatusar a Elena Gilbert.
- ¿Y como te va con el papeleo? -le señaló la mesa que los rodeaba, repleta de documentos, una tablet encendida, una pizarra enfrente llena de flechas y fotografías, estaba claro que Elena había hecho su trabajo, había estado analizando con detalle toda la información recopilada.- Parece... interesante.
Elena asintió observando todo, la verdad es que no se había dado cuenta del desastre que había montado en muy pocas horas, su apartamento no era muy grande pero en cuanto se llenaba de cosas o estaba un poco desordenado, parecía aún más pequeño, una mueca de disgusto se dibujó en su rostro, iba a tener que recoger y ordenar todo eso. Tomó su teléfono con la mano que tenía libre y comprobó la hora, no eran más que las seis y hasta las ocho no debía estar en la agencia.
- Debería recoger todo esto y ducharme. -mordisqueó sin ganas el bollo de crema catalana.- Esto es lo que más odio de trabajar.
- Tranquila princesita. -se levantó.- Yo me encargo.
Frunció el ceño desconfiada.- ¿A cambio de qué? Ty voy a seguir con esto.
Tyler guardó silencio durante unos segundos que para Elena fueron los segundos más largos de su vida, no tenía ganas de discutir con su amigo ahora, era una gran pérdida de tiempo.
- Solo voy a recoger esto. Descansa un rato.
Elena se levantó con la taza de café y desapareció por la habitación, Tyler no le quitó ojo en todo momento y en cuanto desapareció de su campo visual cayó rendido en la silla, se pasó las manos por el cabello y miró todo el desorden que había montado su amiga en tan poco tiempo, ¿cómo iba a sobrevivir?
Elena salió de la ducha totalmente relajada y como nueva, se miró en el espejo unos segundos, preparándose para el golpe de Tyler, le conocía demasiado bien para saber que no iba a estar muy tranquilo con su decisión. Salió del cuarto de baño completamente vestida, llevando unos tacones en una mano y en la otra el cepillo, caminó hasta el salón, se oía el sonido del televisor por lo que pensó que ahí sería un buen lugar para encontrarse a su amigo.
- Wow. -comentó soltando los zapatos en el suelo. Todo estaba totalmente ordenado, se asomó a la cocina y vio que todo estaba perfecto, ¿cuánto tiempo había estado en la ducha? - ¿Cómo lo has hecho?
- ¿Limpiar? -miró a su alrededor como quien no quiere la cosa. Tyler estaba destrozado, en un tiempo récord había ordenado y escondido todo lo que estaba estorbando, estaba incluso sudando, por lo que solo llevaba puesto su camisa y los jeans por supuesto, pero nada quedaba de la imagen prometedora de hacía una media hora.- No ha sido nada, Gilbert.
- Ya, claro. -se sentó a su lado.- ¿Te has comido todos los bollos?
- No. -frunció el ceño, intentó recordar dónde había metido la bolsa de bollos.- Pero no importa, dime, ¿qué piensas hacer?
- ¿Ahora?
- No, en general, Elena. ¿Qué vas a hacer cuando llegues al FBI?
- Tyler. -empezó, no queriendo discutir eso ahora que estaba totalmente relajada, se acomodó en el sofá y le miró suplicante.- ¿Podemos dejar el tema?
- Podemos. -asintió.- Pero no debemos. Elena es arriesgado, tu lo has visto. -le señaló la mesa donde había dos o tres cajas con documentos rigurosamente guardados.
Elena asintió siguiéndole con la mirada. Había estado leyendo y releyendo durante horas, por supuesto que sabía que era arriesgado, que seguramente se arrepentiría, pero es que no estaba en su mano rendirse, no sin haberlo intentado, ella sabía muy bien en donde se metía cuando decidió aceptar ese trabajo, cuando se metió en ese mundo, no podía quitarse ahora, no cuando estaba tan cerca de conseguir lo que se propuso hace unos años: demostrarle al mundo quién era realmente Elena Gilbert.
- Lo he visto. -se giró para enfrentarlo.- Pero quiero hacerlo, Ty.
- Vale, no voy a discutir. -se levantó, la chica no le retuvo, sabía que lo mejor era que se marchara por las buenas si intentaba retenerlo acabarían peleando y lanzándose cosas en la cabeza. El moreno tomó sus cosas, tras una última mirada desapareció cerrando con un portazo.
Elena negó con la cabeza, cuando sonó el timbre bufó molesta, ¿ahora quién la molestaba? Con cuidado de no tropezar -pues aún había algunas cajas en el suelo- llegó a la puerta encontrándose a un suplicante Tyler.
- ¿Qué mierda quieres?
- Que he venido andando. -se encogió de hombros.- Necesito que alguien me lleve al trabajo. ¿Te importa?
Siempre era así con Tyler, nunca estaba conforme con nada pero siempre estaba ahí, como un perrito detrás suya, lamiéndole el culo o mordiéndole la mano cuando lo veía oportuno, pero aún así lo quería mucho, en contra de lo que muchos pensaban, para ella Tyler era importante.
Lexi llegó temprano esa mañana. Alaric le había pedido expresamente que ayudara a la nueva a adaptarse lo mejor posible a su personaje, no le molestaba ayudar, pero si le fastidiaba mucho que estropea sus planes a noche para decirle algo que podría perfectamente haberle informado por correo o por mensaje, pero no, tenía que sacar su arrogancia a relucir para fastidiarla.
No era sano el trabajo en exceso, pero menos saludable era escuchar a Saltzman a cada segundo, ¿sentía él lo mismo cuando iba a fastidiarle?
Frunció el ceño mientras se acomodaba la chaqueta de vestir de color melocotón que había cogido esa mañana, no le agradaba para nada el color, pero con sus nuevos pantalones negros quedaba de lujo, con ese pensamiento se dirigió directamente a la sala de pruebas.
Alaric, Kai y la señorita Gilbert ya estaban allí, no le sorprendía que el primero fuese puntual, pero no esperaba para nada eso de parte de Malakai, era extraño tenerlo allí sin que las calles estuviesen puestas o sin que hubiese empezado el telediario de las ocho, pero bueno, no iba a objetar nada.
- Buen día. -saludó formalmente.- ¿Nerviosa, señorita Gilbert?
La aludida alzó la cabeza rápidamente, mostrando así su nerviosismo, antes de poder responder, Kai soltó una carcajada, acompañada de un guiño.
- ¿Con esas ocurrencias empiezas la mañana, Lex?
- No me llames Lex. -le escupió con odio, recordando lo que pasó ayer por la tarde, Alaric alzó una ceja suspicaz y Elena, nerviosa, carraspeó un poco. Una cosa era estar nerviosa y otra no ser una profesional.- Señorita Gilbert.
- Señorita Branson. No estoy nerviosa, no más de lo políticamente correcto. -le sonrió dulcemente.- Estoy preparada, para cualquier cosa.
- Perfecto. -se adelantó Saltzman, captando la atención de todos los presentes, necesitaba hacerse notar, estaba claro que sus dos subordinados habían perdido el norte durante unos minutos, Lexi se sintió avergonzada y Kai, bueno, el seguía en ese mismo estado de indiferencia natural en él.
Los tres siguieron al agente especial por un largo pasillo. Elena admiraba el lugar mientras intentaba pasar desapercibida, no quería que se notara que era una novata -algo obvio viendo su estado- pero aún así era inevitable ver lo enorme que era el edificio donde se alojaban y los subterráneos que este portaba.
Llegaron a unos laboratorios, había gente trabajando allí, pero ese no era su destino, sino el archivo confidencial del FBI, por eso aceleró el paso cuando perdió de vista al muchacho de su edad, Kai, recordaba que se llamaba.
¿Que habría hecho Kai para subir tantos peldaños en tan poco tiempo? ¿Podría estar ella en esa misma situación de complicidad después de esa misión? su corazón se llenó de orgullo y satisfacción solo de pensarlo, si, quería eso, poder, fama y demostrarle así a todos lo que ella era.
Entraron a una sala, estaba todo a oscuras, por eso Elena no se dio cuenta de que no estaban solos allí, había una figura más, oculta en la oscuridad, admirando lo que sería su juguete durante el tiempo que durase esa misión suicida. Puede que no ganaran a los Petrova pero tal vez consiguiera acabar con esa familia desde otra perspectiva.
- Elena. -se giró Saltzman.- ¿Puedo llamarte así? Vamos a trabajar codo con codo, quiero que te sientas lo más cómoda posible.
Asintió, era incapaz de articular palabra.
- A partir de ahora, vas a ser Katherine Pierce. ¿Qué sabes de ella? -no sabía qué cosa le sorprendía más, saber que iba a robarle la identidad a la hija de una mafiosa muy poderosa o que le estuviese preguntando como si aún estuviese en la universidad, frunció el ceño.
- Katherine Pierce, tiene 22 años, es hija de Tatia Petrova, la muchacha siempre ha estado internada en una localidad desconocida, no sabemos mucho más de ella, podemos imaginar que es morena, de tez oliva y ojos café. -frunció aún más el ceño.- Creemos que fue vista en un puerto de México, acompañada de Klaus Mikaelson, la mano derecha de Tatia.
Realmente no sabía mucho más de ella. Es como si nunca hubiese existido hasta hace muy poco tiempo, un fantasma que aparece justo en el momento adecuado descolocando todos los esquemas y movimientos de las mafias más cercanas. Katherine era una pieza clave, pero por lo poco que Elena sabía, esa chica no estaba preparada para llevar Petrova.
- No sabemos mucho más, estuve revisando hasta el mínimo detalle el informe confidencial con fecha más reciente. Todo son suposiciones. Creemos que estuvo allí.
- No creas tanto. -una figura salió de entre la oscuridad, Elena tardó en deslumbrar al desconocido- Fue vista. -la castaña frunció el ceño, tardó bastante en reconocer a esa persona, acento inglés, mirada desafiante, ojos claros, estatura media y esa maldita sonrisa de infarto.- Niklaus Mikaelson.
Elena se giró buscando una explicación, no era nadie para tomarse ese atrevimiento, pero Saltzman había afirmado que ella tenía que estar cómoda, no lo estaba y menos estaba dispuesta a intentarlo. Niklaus Mikaelson era un mafioso de peor calaña que los Petrova, no le importaba matar para conseguir sus propósitos y estaba claro que eso era lo que quería hacer con este plan de aliarse al FBI.
- Ni de coña. -gritó alucinada.- ¿¡Aliarse a esto!?¿¡En qué estaba pensando!? -le gritó a su superior, señalando sin ninguna vergüenza al sujeto que decía que iba a ayudarles, estaba claro que no quería su ayuda para hacer un bien a la sociedad sino para beneficiarse.
- Tiene agallas. -susurró Kai al oído de Lexi, la chica asintió pero no le quitó ojo a la situación, quería ver lo que decía Alaric con respecto a la misión y al pacto con Klaus, sonrió al ver el gesto de rendición en sus ojos.
- Elena, le necesitamos. No sabe nada del negocio Petrova, pero lo suficiente para poder meterte dentro.
- ¿Y la verdadera Katherine?
- Katherine no está preparada para esto. Necesita a alguien que la sustituya, una persona con carácter y con una salud… adecuada.
- ¿Salud?
- Padece la misma enfermedad que su madre. Se está muriendo. Su madre aguantó muchos años, pero Katherine está peor, necesita tener todo atado mientras se mete en tratamiento. Un tratamiento bestial.
- ¿Qué clase de tratamiento? Si es verdad que está enferma debe estar registrada en algún lado, ¿no?
Miró a todos los presentes buscando una explicación coherente, ¿qué tenía esa familia entre manos? ¿a qué estaban jugando los Pierce con toda esta historia de la droga y la mafia? Claro, ese era el meollo de la cuestión. La clave para esa misión.
- Como decía, necesitamos a una mujer con carácter y cualidades físicas muy similares a las suyas. Nadie la conoce, se presentará en sociedad en unos días. Tienes que ser tú.
- ¿Y para qué necesitamos a Klaus?
- Es la mano derecha de Katherine. Su consejero, gracias a él sabemos cómo es, le he citado aquí para que te vea con sus propios ojos. Eres muy parecida a Katherine, lo suficiente para que te elija a ti.
Elena se mordió la lengua para no soltar una barbaridad, sabía que era natural que el FBI contara con ayuda externa pero nunca pensó que ellos se rebajarían de esa forma, miró con recelo a Klaus, el chico le devolvió la mirada pero un gesto mucho más sereno que el suyo, demostrando así lo tranquilo que estaba al respecto.
Por supuesto, él sabía que aunque no contaran con ella, tendrían a otra ilusa para la misión, pero, ¿se podría permitir ser la ilusa?
- ¿Y mi familia? ¿Amigos?
- No te preocupes por eso. -interfiere Klaus, ganándose una mirada de reproche de la misma Elena.- Tienes que parecer ella, Katherine se encargará de que lo parezcas, olvídate de tu pelo rizado y de ese maquillaje.
- ¿Qué tiene de malo? -se cruzó de brazos.- ¿Qué tienes tu que decir de como me maquillo?
- Elena. -le riñó Alaric.- ¿Vas o no a aceptar?
La chica dudó unos segundos.
- Si, claro. Estoy dentro.
El viaje en coche era peor que la prueba en la que se había visto envuelta horas atrás, distintos tipos de maquillaje, peinados, ropa, en un intento de encontrar la imagen perfecta para que la señorita Pierce pusiera sus ojos en ella, pero después de sentirse "preparada" se entera que tendrá que competir con cientos de personas con parecidos razonables, no estaba del todo preparada para ello, pero no dejaba de repetirse lo contrario.
Era una luchadora. Iba a demostrarlo.
O eso pensaba, porque en cuanto puso los pies en el suelo, tras salir del auto, se dio cuenta que no estaba ni preparada ni con ganas de enfrentar esta locura. Miró por todos lados, el lugar era precioso, maravilloso, una pequeña mansión escondida al ojo humano. No solo se sentía incómoda, esa ropa que nunca llevaría, esa seguridad que aunque era propia de ella debía ocultar, nada estaba como debería estar, ella no era una cría inocente como tenía que parecer, y encima se sentía desprotegida, porque su única baza era Klaus -no se fiaba de él, por lo que no servía para nada. - se tocó el pendiente, un transmisor, comunicador y localizador, debía desconectarlo antes de entrar en la casa y conectarlo a los treinta segundos.
Todo eso sin llamar la atención.
Si, estaba preparada para esa locura.
Hola a todos, ¿qué tal vuestro lunes? el mío agotador, examen a primera hora de la mañana, clases aburridas, todos preparando el viaje a granada, nada interesante. Bueno, antes de que me maten, dejo un par de indicaciones.
Palabras usadas: sano - arrogancia.
Word(s): 2,750
Ahora si, estoy deseando leer vuestras opiniones.
Un beso.
