Naruto © Masashi Kishimoto
Fanfic by Raihué
— Ten cuidado con eso.
Ya ni siquiera sé cuántas veces me ha quitado algo de las manos para que no me haga daño a mí misma. Lo miro con el ceño fruncido, aunque sé que en el fondo sólo quiere mi bien, porque a pesar de todo sigo siendo yo quien está a cargo de esta investigación.
— Estás distraída.
Mueve los dos pequeños tubos de vidrio frente a mí para que note con claridad su contenido, sólo entonces me doy cuenta que he tomado las muestras equivocadas… niego con la cabeza con gesto cansado.
— Lo lamento.
Él me deja ver su sonrisa despreocupada, que por momentos me recuerda a Naruto, y luego regresa su concentración al trabajo. Desearía poder hacer lo mismo, pero no logro sacudir el cansancio de tres días sin dormir. El café ha pasado a ser un enemigo.
— ¿Crees que el clima mejorará pronto?
A diferencia de mí, él se las ingenia para comenzar una conversación y trabajar al mismo tiempo. Estoy apoyando mi espalda contra la pared y cruzando los brazos cuando escucho su súplica disfrazada…
— Estamos en invierno, así es nuestro clima aquí durante esta temporada .
— Tsk… La próxima vez tú serás nuestra invitada.
Me río, y lo sorprendo con una melodía que —por fuera— parece demasiado femenina, pero en realidad sólo es producto del cansancio y la debilidad que éste produce.
— Me ofrecí a ir hacia allá, ¿Recuerdas?
Asintió arrepentido.
— Debí haber tomado esa oferta…
— Admítelo, estás aquí por tu hermana más que por esta investigación. Apuesto a que morías de ganas de reencontrarte con ella.
— ¿Me lo puedes reprochar? Vivir con Gaara es tan silencioso… nunca pensé decirlo, pero —se gira y me ve con una sonrisa irónica— extraño los gritos de Temari a primera hora de la mañana.
— Mmh, sí… sé de lo que hablas. Me mudé de la casa de mis padres hace muy poco, todavía no puedo acostumbrarme a la sensación de que falta algo.
Me desplazo por la habitación hasta encontrar el gabinete donde guardamos los frascos limpios, ha terminado de mezclar las pociones y necesita un recipiente donde colocar el resultado. Me agradece en un murmullo cuando lo pongo frente a él, y luego sólo se dedica a volcarlo con cuidado.
— Creo que será mejor dar por terminado las investigaciones hoy.
Sé a qué se refiere aunque no tenga que decírmelo. Espera que con una noche de buen descanso yo me presente a trabajar en uso de todas mis funciones, ha mantenido esa esperanza desde hace días ¿Cómo decirle que lo que me vapulea es más que sólo cansancio?
— Claro.
— ¿Quieres ir a tomar un café? He descubierto un buen sitio, no muy lejos de tu casa.
— Café no — es lo único que le pido, y se ríe—.
— Bien, vamos —peina un poco su cabello castaño con los dedos antes de comenzar a caminar—.
La temperatura es considerablemente baja cuando salimos a la calle. Lo veo frotar sus manos y hacer gestos de disgusto; está apurado por llegar a refugiarse. Lo sigo tanto como puedo —sus zancadas son mucho más amplias que las mías— y cruzamos un sendero de faroles antes de encontrar el pequeño mesón escondido en una esquina. Tiene razón cuando dice que está cerca de mi apartamento —conoce bien el camino, me acompaña todas las noches para asegurarse de que llego bien a mi casa— y con sólo una mirada puedo coincidir también en que es un buen sitio. ¿Por qué no lo he descubierto yo si paso por aquí casi todos los días?
Me relajo sobre la silla mientras él va a pedir las bebidas. Huele delicioso, algo muy dulce se está cocinando a pocos metros de nuestra mesa. Hay pocas personas, quizá por las altas horas de la noche, y sus conversaciones se mezclan en un murmullo arrullador.
— Sakura.
Despierto cuando me toca el hombro, y de inmediato me doy cuenta que cedí ante el cansancio por unos instantes. Siento que mis mejillas se prenden fuego.
— Ten.
Pone una taza de té sobre la mesa, justo frente a mí, y se sienta luego en el asiento que sigue libre. Su café es tan espeso que parece chocolate.
— Gracias —digo, y me enderezo en la silla tratando de ignorar el agotamiento que me tira hacia abajo—.
Saboreo la infusión sabiendo con tranquilidad que podré dormir esa noche. Incluso aunque me perturben las dudas, la confusión y los recuerdos… caeré rendida.
— ¿Crees que podremos terminar todos los antídotos a tiempo?
Yo me encojo de hombros, de verdad no lo sé. Ya me he quejado varias veces de la falta de personal, hasta ahora había estado prácticamente sola en el laboratorio intentando hacer maravillas con mis conocimientos que —a pesar de lo que insinúa la gente— no son tantos en el área de infecciones venenosas. Y ahora que por fin tenía alguien en quien apoyarme, decidían darnos una fecha límite para lograr encontrar todos los antídotos que faltaban por registrar… y no eran pocos.
— Hablaré con Kakashi, seguramente extenderá las fechas… de todas formas es bastante absurdo.
— Konoha no tiene un banco de pociones, sino sería mucho más fácil.
— Podrías ayudarme a diseñar uno mientras estés aquí. No sé mucho sobre esto, aunque me he dedicado en gran parte a estudiar cómo tratar los envenenamientos, la química no es lo mío.
— Juraría que intentas retenerme en la aldea lo máximo posible.
— Claro que sí —demostré mi sinceridad con una sonrisa—, tengo planes para el futuro que no se podrán realizar hasta que las necesidades más urgentes hayan sido aplacadas. Por ahora, con todas las enfermedades que aparecieron al terminar la guerra, no queda otra cosa más que enfocarnos en las curas.
— ¿Y luego?
— Un hospital para niños.
— Eso es bueno —susurró—. Han quedado tantos pequeños sin familia…
Permanecimos en silencio un rato largo, lo suficiente para que él terminara su café. Mi sueño de fundar un hospital para niños era bonito sólo por fuera; había poco que yo pudiera hacer por esos pequeños. De todas maneras quería intentarlo, deseaba estar allí para todos ellos. Ser al menos una pequeña llama en medio de la horrorosa oscuridad que les tocaría transitar al haberlo perdido todo.
— Te llevaré a tu casa.
Me distrajo de mis pensamientos cuando se puso en pie, no tuve tiempo a decirle nada antes de que fuera a pagar nuestra cuenta.
Cuando afrontamos la noche nuevamente se puso tenso, tapó todo lo que pudo con su capucha y hundió nariz dentro del cuello de la chaqueta. Susurraba cuánto odiaba el invierno, y se quejó todo el camino. Las pocas personas que se cruzaron con nosotros lo miraron con temor, no era para menos, su estatura era realmente imponente y se desplazaba con movimientos toscos a causa de su desagrado por el clima. Parecía ansioso por deshacerse de mí y regresar a su hotel.
— Lo siento, Sakura —me dijo, completamente consciente de que sus modales no eran los mejores en esos instantes—. Descansa.
Asentí y lo saludé agitando mi mano mientras se alejaba apresurado. Me quedé unos minutos allí hasta verlo desaparecer, tuve que admitir que realmente hacía mucho frío —incluso más que el invierno pasado—, no era difícil entender que alguien como Kankuro le tuviese tanto recelo a esta estación.
La noche tenía pocas estrellas y en la calle ya no quedaban almas, por lo que me preocupé cuando comencé a sentirme observada. Tenía la sensación de que había algo entre los árboles, el presentimiento era tan feroz que me revolvía el estómago. La fatiga debió estarme volviendo paranoica, pero en cuanto escuché un ruido salir de la arboleda entré de inmediato a la casa. A Kankuro le gustaba contar historias de terror mientras esperaba que dos sustancias hicieran efecto, y aunque nunca lo diría en voz alta, algunos de esos relatos me ayudaban perder el sueño.
— Te volverás una vieja solterona y loca —me reprocho, mientras me quito los zapatos y voy dejando un camino de ropa hacia mi habitación—.
Mi cuarto está demasiado oscuro, cuando llego sólo me quedan las bragas, prendo la luz y tomo el pijama que está en un pequeño banco de madera junto a la cama. La sensación de ser observada vuelve con más fuerza, erizándome los vellos de la nuca, así que cubro cuanto puedo con las manos y torpemente me coloco la ropa de dormir. En la ventana no encuentro más que oscuridad y siluetas engañosas. Algunas parecen moverse. Cierro los postigos y apago la luz para dormir… llevo días sin descansar. Sólo me toma segundos entregarme a la inconsciencia. Poco antes de eso siento unos pequeños golpes en mi ventana, pero no tengo fuerzas ni para asustarme.
"Su brazo me rodea, puedo sentir como sube y baja su pecho sobre mi espalda, está agitado pero su agarre es gentil. ¿Por qué de repente tengo ésta necesidad de girarme y abrazarlo? Gimo incómoda, ya que no me puedo mover. Quiero decirle algo, no recuerdo qué. Su calor poco a poco desaparece, ya no me sostiene nadie, me desplomo en el suelo agotada. Me apoyo sobre mis brazos para enderezarme un poco y lo busco con la vista; no hay nadie aquí.
El lugar se siente cada vez más vacío, me pongo en pie y me siento vaga otra vez… como si alguien se hubiera apoderado de todo mi chakra. Tengo la inmensa necesidad de encontrar algo… busco con la mirada y no veo más que arena y rocas deformadas por el tiempo. Sigo inspeccionando hasta encontrar una silueta familiar, está demasiado lejos, intento caminar pero mis pies son torpes sobre la arena, estoy cansada. Como si hubiera hecho un gran esfuerzo, me desplomo otra vez y todo se vuelve negro."
La oscuridad sigue a mi lado cuando abro los ojos, miro hacia el costado y encuentro mi reloj… se me ha pasado la hora.
Volví a soñar con Sasuke-Kun.
Me levanto de la cama y abro la ventana, ha salido el sol pero eso no consigue evitar que tiemble de frío. A pesar de haber dormido no me siento descansada, la frustración me invade y me llena el deseo de golpear algo.
¿Por qué me torturo? Él sólo mintió.
Vuelvo adentro, me visto de manera mecánica y voy a la cocina. Un buen café… me detengo cuando ya tengo la jarra en la mano. No. Café, no.
Mientras bebo un té me peino el cabello, vivir sola me enseña a economizar mi tiempo. Extraño la comida de mi madre, sus charlas cuando volvía de trabajar o la manera en que doblaba mi ropa al ponerla en los cajones. A mi alrededor todo es desorden. Quizá no estaba lista para irme, pero había decidido afrontar el riesgo de todas maneras.
Aún charlamos a menudo, ella llama por teléfono varias veces a la semana. Sigue preocupada por lo afectada que me ha visto últimamente.
Durante las primeras semanas luego de la partida de Sasuke yo había sido mucho más que un sol brillante, tenía todos los motivos para creer que al fin había aceptado y devuelto —en cierta forma— mis sentimientos. Esperé esas cartas por meses. Tenía ansias de contarle todos mis proyectos, especialmente sobre el hospital para niños afectados por la guerra… creí que a él le resultaría realmente interesante. A continuación me di cuenta de que, aunque quisiera tomar la iniciativa, no tenía ninguna ubicación a dónde enviarle mis cartas. Tuve que esperar.
Ese verano terminó muy rápido. A comienzos del otoño empecé a sentirme preocupada por él, ¿y si algo malo le había sucedido en el camino? le pasé mis preocupaciones a cualquiera que charlara conmigo más de dos o tres minutos. Me tomó unas cuantas semanas de paranoia, pero logré descubrir algunos pocos datos sobre él mientras viajaba de ida y vuelta a Suna para arreglar las investigaciones colaborativas.
Estaba bien. Algunos ninjas lo habían reconocido rondando algunos sectores del país del viento. Mi corazón se llenó de alivio. Aun así el invierno llegó sin que tuviera más noticias de él. Llevaba varios meses afrontando la realidad de que Sasuke sólo había prometido contactar conmigo para que no me sintiera tan abatida ante su partida ¿acaso sabía él cómo me sentía justo ahora?
Tomo las llaves e intento dejar todos mis pensamientos en la casa antes de salir, incluso así algunos me siguen antes de que azote la puerta.
Hubiese preferido que me rechazara, ahora me siento una idiota. Su rostro aparece cada tanto en mi mente, el aroma de su piel y el ligero peso de su abrigo me perturban. Sé que estoy aferrándome a algo que debería haber dejado ir hace mucho tiempo, pero extraño a Sasuke-Kun y lo único que me queda de él son esos recuerdos.
Me detengo un momento y me giro con el ceño fruncido. No estoy loca, pero alguien me está siguiendo…
— Oye, Kankuro… esto no es gracioso.
Apuro mis pasos para encontrar al hospital, las calles que conectan mi trabajo con mi departamento son angostas y casi nunca las transita la gente. Me pongo ansiosa cuando veo que aún faltan varias antes de llegar, pero no disminuyo mi marcha por nada en el mundo.
¿En qué estoy pensando? Podría sólo darle un puñetazo a quien quiera que fuese… pero en el fondo sé que no se puede golpear a los fantasmas. Y eso es lo que creo que es. Sigiloso. No siento su presencia, eso me perturba. Maldito Kankuro y malditas sus historias sobre la sección clausurada del hospital… ¡Trabajo allí, debía saber mejor que él que esos rumores no eran ciertos!
El miedo me distrajo unos segundos, pocos metros adelante un perro comenzó a ladrar enfurecido y supe que no era a mí a quien se dirigía. Fantasma o no, me dispuse a pelear. Giré sobre mis talones, poniéndole la cara a la situación, y poco después escuché resonar entre los callejones mi propio grito aterrado. Alcancé a cubrirme con los manos antes de que la sombra me atacara…
NOTA:
Para variar agregué a Kankuro en este fanfiction, siempre he pensado que Sakura y él deberían ser buenos amigos —y podrían entrenar juntos—. Y como podrán notar tengo tendencia por el drama (-.-)— pero les puedo asegurar que (a pesar de que parece lo contrario) ésta vez no va a ser Sakura la que va a sufrir. Girl Power ;)
—Anonymous xDDD: gracias por comentar. ¡Saludos! :)
—Abril: Gracias, tener tu apoyo tanto en esta como en las demás historias me hace muy feliz. ¡Abrazos! :D
—HalGise: Me alegra mucho que te guste, perdón por la demora... espero esta vez actualizarlo en menos tiempo. ¡Saludos!
—Kiome: no fue pronto, pero la continué (mejor tarde que nunca ;) ¡Me alegra que te guste! ¡Saludos!
—Xingmi: ¡Gracias! ¡Abrazos! :)
—Guadalupe: Me llena de felicidad saber que te gustó tanto el primer capítulo. ¡Abrazos desde Argentina! :)
—Yukipav: lo continué ;) ¡Abrazos!
Los demás comentarios los respondo con un mp.
Gracias por leer;
tu opinión me haría muy feliz. ;)
