"POR TI Y POR MI" {Parte 2}
RECUERDOS DE UN PASADO CERCANO
- ¡YA LLEGUÉ!- Anunciando por todo lo alto su llegada, Corset Echalotte Briefs, después de una larga mañana estudiando en la "Preparatoria Estrella Naranja" por fin volvía a casa.
Desde que la joven tenía consciencia siempre había vivido en la gran Corporación Cápsula, rodeada por muchos de sus familiares, hasta que cumplió cuatro años, junto a ella vivían sus padres, sus abuelos, su tía y dos amigos de su madre, Pilaf y Shu. Años atrás muchos de esos integrantes habían dejado de formar parte del complejo, la primera en irse fue su tía, quien después de casarse con Goten se fue con él y la hija de este a formar una familia; Pilaf y Shu habían decidido marcharse de la Corporación debido a que según uno de ellos "la vida le había dado otra oportunidad para intentar convertirse en el amo del universo y que no quería desperdiciarla de nuevo." Y siguiéndolo como un perrito faldero el otro sujeto lo siguío sin pensarlo dos veces... En realidad, nadie pensaba que Pilaf iba a llegar muy lejos con sus ideas de conquista y estaban seguros de que solo se iban por aburrimiento (O bien por querer dejar a Mai sola con su nueva familia. Quien sabe...). Y la última persona que les había dejado fue su abuela, después de un trágico accidente, ocurrido seis años atrás, dentro de la misma Corporación, Bulma Briefs murió en brazos de su marido.
Ahora en el año 814 de los ocho integrantes que habían formado parte de Corporación Cápsula solo quedaban cuatro:
Trunks se había convertido, después de la muerte de su abuelo y su madre, en la máxima autoridad dentro de la empresa siendo el Presidente Trunks Briefs. Su entrenamiento había sido una doctrina que no había vuelto a adoptar desde que nació su hija (Como mucho combates simulados de vez en cuando en la Máquina de gravedad con su padre. Pero desde que se hizo presidente por completo ni siquiera eso.).
Mai después de casarse con Trunks a sus "22" años, decidida a participar de forma activa con los Briefs y su compañía, comenzó a estudiar una carrera de ciencias en una universidad fuera del país, accediendo también a un graduado que la acreditaba como bilingüe (como segunda lengua el alemán). A la hora de volver a casa, para quedarse permanentemente, dedico todo lo que sabía en trabajar y servir de ayuda a Bulma en su laboratorio y en la multitud de talleres. Después de la muerte de la científica el laboratorio pasó a la propiedad de Mai. Hoy en día ella trabaja de igual forma que lo hacían años atrás el Dc Briefs y Bulma, uno manejando la presidencia y ella trabajando en química y mecánica.
Vegeta era al que más se le notaba el paso de los años, no del todo en el físico pero si en su actitud... La primera impresión que le dio convertirse en abuelo, fue bastante indiferente (algo normal en él), no había quien le sacará de la cabeza que su nieto iba a ser un varón; recalcando que ya era hora de que se le hiciera honor a su nombre, y que si sus hijos no habían sido capaces de querer una vida dentro de las batallas, que al menos en la tercera generación le quedaba una esperanza. Mayúscula fue su sorpresa cuando un día le dijeron que su nieto guerrero había sido cambiado por una nieta consentida. Él, muy dentro de sí, sabía que al ser una niña no la iba a entrenar (al igual que su hija). Si la tocara, por mínimo que fuera el golpe, sabía que la mocosa se iba a poner a llorar de un momento a otro, y ESO para el príncipe era su principal talón de Aquiles. En el momento que fue a visitar a la nueva integrante de la familia no sabía con lo que se iba a encontrar... Esperaba a una niña con los rasgos intercalados entre su nuera y su hijo, pero... ¡Otra vez los genes de la familia Briefs habían hecho su trabajo! La niña no tenía ningún rasgo que la identificara como una heredera de la realeza saiyajin, su piel era pálida como la de todas las mujeres de su familia, su pelo tenía un color violeta claro pero en vez de ser plano y liso como la gran mayoría, eran ondulaciones esparcidas y algún que otro mechón suelto en su frente, y sus ojos... ¡Azules! Por supuesto herencia de su padre. Por mucho que Vegeta quisiera sacar algún rasgo Saiyajin en ella, le resultaba imposible. ¡No se parecía a él en nada! Al contrario, aseguraría que se parecía a Bra cuando nació (y por ende a Bulma... Ganando de nuevo en la batalla genética.). Pero por mucho que él pensara que era así, su hijo y Mai aseguraban que se parecía más a él de lo que creía; "¡Papá, no seas pesimista! Fíjate bien, la forma de su cara es idéntica a la tuya." ¿Lo era? "¡Y mira! Si le quitamos los mechones que tapan su frente, debajo de ellos, se esconde un pico de viuda, que si, no es igual que el tuyo ¡no cabe duda de quien lo ha heredado!" Tal vez tuviera razón... Quien sabe. Pocos años después del nacimiento de Echalotte también tubo que soportar su peor pesadilla... La boda de su hija; seguido del nacimiento de sus nietos por parte de la pequeña mestiza. Todo parecía ir bien, su vida iba mucho mejor de lo que alguna vez hubiera imaginado, vivía en paz en la Tierra, en su hogar y con su familia. Tanto así que se habría jurado así mismo que en este momento, era mas un terrícola procedente de otro planeta, que un saiyajin viviendo en la Tierra. Por desgracia nada es para siempre... Y la felicidad no se escapa a esa regla. Hacía seis años que su Bulma se había ido, y no había nada que pudiera cambiarlo. Estaba seguro de que en otras circunstancias podría haber sobrevivido, pero tal y como había pasado todo... Nada estaba a su favor. Y las esferas del dragón no habían podido ayudar, debido a que lo que la mató, no fue el accidente, sino las consecuencias que trajo. Y esas consecuencias se manifestaron como una forma natural de morir. Después de lo ocurrido, algo en él cambió, pasó meses encerrado en la máquina de gravedad sin hablar con nadie ni hacer contacto con el exterior, pasaba días hay metido y los días se fueron convirtiendo en meses... Habían intentado persuadirle sus hijos pero se comportó plausible ante ellos. Llegó un punto en el que incluso Mai intento razonar con él, pero recibió el mismo resultado. Podía haber pasado hay más tiempo y haber conseguido lo que todos pensaban que quería pero, para su suerte, Echalotte entró en acción. Nadie sabe lo que le dijo a su abuelo y nadie sabe lo que le ofrecería, solo saben que esa noche, por primera vez en MUCHO tiempo, Vegeta salió fuera de esa prisión de gravedad.
Corset Echalotte era la más joven de quienes vivían allí, y era quien más tenía que contar. Tanto que es imposible explicarlo aquí, pero puede resumirse muy fácilmente. Desde que nació había estado muy (MUY) apegada a sus abuelos, sobre todo a Vegeta. Desde que era un renacuajo que gateaba, siempre iba detrás de su abuelo, y si su abuelo se iba algún sitio al que ella no podía ir... Empezaban las "Pataletas sin fin". (Cosa que no duraba mucho... Pues si su abuelo decía algo ella lo hacía, y si le decía "No hagas esto." Ella no lo hacía.) Cuando creció lo hizo siempre al lado de su familia y de la que era su mejor amiga, hija por otra parte del mejor amigo de su padre... Cuando nacieron sus primos se convirtieron los cuatro en una tropa que seguía a todas partes a Echalotte. No había sitio al que no fueran juntos. Y cuando cada uno estaba en su casa, sin poder juntarse, Echalotte sabía perfectamente con quién ir... Sus padres y su abuela podrían estar ocupados, pero... ¡Su abuelo siempre estaba "jugando"! (A su parecer...) Siempre le habían dicho que no se le podía molestar al abuelo mientras estuviera en esa "sala tan grande que parecía su habitación de los juguetes". Más eso a ella no le importaba, ¡quería jugar con su abuelo! Y nadie se lo impediría. Así que un día, cuando solo tenía 9 años entró a la máquina de gravedad y le exigió a su abuelo lo que quería, llegando a una conversación muy rara donde su abuelo le explicaba que era un "Extraterrestre" Príncipe de otro planeta y que por tanto ella era una princesa, solo con eso la niña se quedó fascinada y dispuesta a convencer a su abuelo de que sería una digna princesa saiyan. Cuando le explicó que para ello tendría que entrenar ella no se lo pensó mucho y, como si no fuera nada del otro mundo, accedió a entrenar tanto como él. Pero para su sorpresa se NEGÓ ROTUNDAMENTE. Pero, de nuevo, Echalotte se tenía que salir con la suya, y después de una larga conversación, quedaron en que entrenaría pero en un tiempo razonable. "Lunes, Miércoles y Jueves, todos por la tarde, de 16:30 a 18:30. ¡Y es mi última oferta, niña!" Es lo que le dijo su abuelo, y como no ella obedeció. Todo iba perfecto entre ellos, y con los demás también, TODO iba perfecto, pero de repente todo se vino abajo. Después de un accidente ocurrido en la Corporación, su amada abuela se fue, ella no sabía a donde, pero sabía que no iba a volver. Pensaba que su abuelo se lo diría pero... También se había ido. No tan lejos como su abuela pero si de la misma forma. Sus padres le decían que estaba muy triste y que no quería que nadie le molestase, pero ella en lo único que pensaba era en que si estaba su abuelo triste ella quería verle, y decirle que aunque la abuela se había ido ella seguía aquí con él. Meses sin ver a su abuelo eran demasiados para su pequeña cabeza y su gran corazón, así que sin consultar a nadie y de golpe y porrazo, un día entró dentro de la máquina de gravedad, haciendo Kamisama sabe que para sacarlo.
En ese momento, en esa mañana de Miércoles del año 814, Echalotte, con 17 años, entraba feliz a su casa esperando encontrar, como siempre a esa hora, a todos en la mesa. Avanzando por todo el complejo familiar, canturreaba una estúpida canción de las muchas que se le pegaban en clase, llegando por fin a su destino, tirando a su paso encima de la mesa del comedor principal su mochila y archivador, pasando después a la cocina contigua de la que escuchaba voces.
- ¡BUENAS TARDES!- Dijo entrando a la sala, pero su estado eufórico fue interrumpido por su madre, quien le chisto señalando a su padre; quien estaba hablando por teléfono, con una cara de aburrimiento y asqueado. "Valla por Dios..." Pensó la adolescente de forma irónica. Hasta ahora no lo había notado, pero... ¡Su abuelo no estaba! "Entrenado. Lo más seguro." Miró la mesa y se dio cuenta de que sus padres lo único que tenían de "comida" era una taza de café. (Eso en el caso de su madre, su padre tenía una taza hasta arriba.)
- Tu comida está en el frigo, si quieres la puedes calentar.- Dijo su madre, mientras seguía esperando apoyada en la mesa.
- ¿Y el abuelo?
Su madre se encogió de hombros, desconociendo el paradero del príncipe. Echalotte se quedó pensando que hacer para saber donde estaba, se lo podría preguntar a su padre, pero estaba ocupado y no quería molestarle. Después de unos segundos de duda, decidió salir a buscarlo a la máquina de gravedad.
- Mamá, no tengo mucha hambre. ¿Te parece bien si busco al abuelo y vuelvo?- Le preguntó, un poco como si su intención fuera la de recibir una afirmativa fuera como fuera. Mai sabiendo la importancia de su suegro para su hija le respondió asintiendo.
Usó su supervelocidad para llegar cuanto antes a la sala que compartía muy a menudo con Vegeta, cuando llegó introdujo la contraseña para entrar y cuando se abrió lo hizo.
"No está..." Miró toda la habitación esperando encontrarlo en algún lugar imaginario. "No, no está." Tal como lo pensó, salió de allí, cerrando tras de sí la puerta. Caminó despacio a lo largo del pasillo, esperando que alguna respuesta se le viniera a la cabeza, pero por más que pensaba no tenía idea de donde podría estar. Cuando llegó al final, miró las escaleras que daban a las habitaciones en la última planta, y por un momento dudó si estaría en el techo de la casa, como hacía de vez en cuando. (fue lo primero que se le ocurrió)
Decidida de que estaba ahí, subió a urtadillas dispuesta a (algo imposible) sorprender a su abuelo. Cuando asomó la cabeza, para ver como un donde estaba sentado, tampoco lo vio. ¿Cómo era posible? ¿Dónde diablos estaba Vegeta?
"No creo que..." Ya que estaba en la azotea decidió ir volando por el exterior de la casa, a corroborar si se encontraba en los jardines de la Corporación. Cuando volaba por el exterior dando la espalda a la parte donde estaban las habitaciones de cada uno (agregando las de invitados) se le ocurrió mirar hacia atrás, dándose cuenta, de que para su sorpresa en la habitación de su abuelo las persianas estaban bajadas. "¿Sigue ahí?"
De forma prácticamente sónica volvió a estar en el pasillo de la máquina de gravedad, preparada para subir arriba. Cuando llegó arriba corrió a donde se suponía estaba su abuelo, y cuando llegó no le cabían dudas de que así era. Su puerta estaba cerrada, y cuando era de día todas las habitaciones estaban abiertas con las persianas abiertas, para que se ventilara, así que era prácticamente IMPOSIBLE que su abuelo no estuviera allí.
Tocó un par de veces, pero no recibió respuesta. Tocó otra vez, pero tampoco escuchó nada. Sin pensárselo mucho entró. Cuando estuvo dentro se tubo que acostumbrar a la oscuridad, frunciendo el ceño repetidas veces para poder distinguir algo, "¡Ahí está!" Dijo al ver un bulto en vuelto en sábanas mirando en su contra. Se acercó a la cama y, no muy segura, acercó una mano al hombro escondido en la sábana, balanceándolo un poco.
- Oye viejo...- Dijo esperando que se molestará, y reaccionara como mejor sabe hacerlo... Atacando. Verdaderamente se esperaba que nada más acercarse le hubiera advertido que se alejara sino quería doble ronda de entrenamiento esta semana y la que viene.- Chacho... Despiértate hombre...- Después de decir la última frase recibió una especie de bostezo mezclado con una respiración muy profunda.- Hasta que despiertas, por un momento pensé que la habías espiñao'.
- ¿Qué crees que haces Echalotte?- Dijo mientras intentaba darse la vuelta, quejándose al hacerlo, pero consiguiéndolo.
- ¿Qué? ¿Te haces consciente ya de que tienes una edad?- Dijo, quitándose los zapatos y entrando dentro de la marabunta de mantas.- No puedes sobre esforzarte tantísimo.
- No empieces...- Abriendo los ojos fijó su vista en su nieta, viéndola sonreír apoyada en la almohada.- Cada día te pareces más a tu abuela. ¿Sabes?
- ¿Te vas a poner melancólico, anciano?
- En lo vulgar.
En vez de ofenderle, la joven, mostró una de sus carcajadas más sonoras, haciendo que el hombre hiciera una mueca y la mandara a callar. Echallotte se preocupó por la forma de actuar tan rara de su abuelo.
- Oye... ¿Tienes idea de la hora que es?- Preguntó cogiendo una de sus manos, notando lo caliente que estaba. Él solo se encogió de hombros distante a la hora y el día que fuera. Más preocupada, puso su mano en la frente de su abuelo, apartándola de golpe.- ¡Estas ardiendo!- Dijo alterada, pero intentando no gritar.- Voy a avisar a papá YA.- Fue directa a levantarse de la cama pero la mano de su abuelo la detuvo en seco. "Podrá estar enfermo, pero que fuerza."
-No es nada.- Dijo mirándola fijamente. Para agarrarla tubo que sentarse en la cama y al hacerlo, además de expresar una mueca de dolor, vio como tu su abdomen estaba desnudo.
-¡SE PUEDE SABER QUÉ HACES SIN CAMISETA, ESTANDO ENFERMO!- Gritó, mientras se ponía de pie para meterlo de vuelta en la cama.
-No soy un bebé Echalotte...
-¿No? ¿En serio? Pues por tu actitud pareces uno.
Al arroparlo, de nuevo, antes de pasar la zona de su esternón se fijó en algo peculiar en su abdomen.
-Un bulto...
-¿Qué...?
-Tienes aquí,- dijo tocándole sin apretar la zona mencionada- un bulto.
Se miraron ambos dubitativos, esperando que alguno diera la respuesta.
-VOY A LLAMAR A PAPÁ.
Echalotte salió andando dirigiéndose a la salida del cuarto, preparada para interrumpir la conversación de su padre (con quien fuese) y contarle lo que estaba pasando con Vegeta. No era consciente de que el saiyajin la seguía, para detenerla, hasta que este cayó encima suya, haciéndola soltar un chillido. Calló de frente contra el suelo, pero intento darse la vuelta, para ver que acababa de pasar. Como pudo, y sin apartarse a el príncipe de encima, quedó en frente suya, viendo su rostro inconsciente.
-¿A-Abuelo?- Dijo realmente asustada.- Si esto es alguna broma estúpida más te vale parar ¿¡Me oyes!?- Por mucho que le dijera o gritara su abuelo no despertaba y eso la estaba matando.- ¡Abuelo! ¡Abuelo!- Intentaba despertarlo a como diera lugar. Se posicionó de rodillas, aguantando a su abuelo mientras lo meneaba despacio intentando despertarlo.- ¡Abuelo! ... ¡PAPÁ! ¡PAPÁ! ¡PAPÁ! ¡MAMÁ!
Después de aquel susto de muerte para la pobre Echalotte, le dijeron después de un día completo lo que ocurría. Su abuelo tenía cáncer de riñón. "¡Eso es imposible! ¡Es una enfermedad humana, no puede afectarle! ¡A mi, no me mientas!" Recordaba haberle dicho a su padre, a él, a su madre y a cualquiera que se lo dijera. No sería hasta que se lo dijera el propio Vegeta que se lo creería, y no le permitían verlo...Decían que estaba muy delicado, "¡MUY DELICADO! ¡ACASO SABÉIS DE QUIEN ESTÁIS HABLANDO!" Las semanas siguientes a aquello se las pasó gritando que dejaran ver a su abuelo, no le importaba lo que le dijeran, si ellos podían verle ella también, ¿¡Por qué no podía!?
Así pasaron tres semanas en las que nunca le dejaban acercarse a la aula médica, donde él estaba, podría haberse acercado por su cuenta, pero no lo hizo... (No desobedecería a sus padres, otras veces lo había hecho, pero esta vez... NO) Perdía la esperanza en que volvería a verle, no sabía si se recuperaría o también se iría con su abuela. Por primera vez en su vida, sentía el miedo más agresivo que alguna vez podría haberse imaginado, ¿qué pasaría si perdía a la persona que más le importaba en esta vida? ¿Y SI SE IBA? ¿¡QUÉ HARÍA ELLA!? Se pasaba día y noche, cuando volvía de la preparatoria en la habitación que le podía recordar a él, todo a su alrededor estaba impregnado por su olor y eso la relajaba un poco.
Ya no sabía que hacer, ¿suplicar que le dejaran verle? No lo sabía. Pero ese orgullo podría costearle no volver a verle. Antes de poder decidirse entre todas las alternativas que tenía en su cabeza, una bendita tarde justo antes de que anocheciera su padre entró a la habitación donde siempre estaba.
- ¿Echalotte?- Dijo amable desde la puerta, esperando recibir respuesta de su retoño.
-No tengo hambre papá, tal vez luego...
-¿Quiéres verle?
No creyendo lo que le decía, se levantó dando un brinco de la cama y salió disparada abriendo de par en par la puerta, respirando agitadamente al llegar.
- ¿¡E-E-Enserio!?
Trunks respondió con su cabeza la respuesta que llevaba semanas esperando (Sí).
La llevó fuera de la gran cápsula central de toda la Corporación, dirigiéndose a la sala médica con la que contaba una parte de la propiedad, (una especie de UCI) mientras andaban ambos a la par, la adolescente no sabía que iba a pasar dentro de unos minutos, ni sabía lo que le podían decir, ninguno de los dos había abierto la boca en ese "paseo" así que no sabía a lo que se enfrentaba.
Sin darse cuenta, llegaron a su destino. Estaban listos para entrar, pero Trunks notó algo en su hija que no le gustaba. Ella había bajado la cabeza y empezaba a mover de forma frenética uno de sus pies.
-¿Quiéres irte?
¿En serio le estaba diciendo aquello? Pero... ¡Si había sido ella la que insistía en venir! ¿Cómo era posible que no le reclamara? Así era su padre, más comprensivo que cualquiera, más empático que nadie...
- No.- Respondió segura.- Vamos.
Su padre no vaciló en abrir la puerta. Cuando entraron una luz muy tenue iluminaba la habitación, dejando ver lo suficiente para no tropezar y caer. Acondicionó su vista a el entorno, para cuando lo hizo veía al fondo de la habitación, en una cama, acostado con multitud de cables y aparatos enganchados a él, a su abuelo. "Abuelo..." Miró a su padre, quien la miraba con un grado de pena muy alto "¿Por qué...?" No lo entendía hasta que se dio cuenta de que ella misma estaba... ¡Llorando! Fue directo a abrazarla y por una vez no se negó, apoyándose en su hombro, secándose las lágrimas.
-Papá...- Dijo con un hilillo de voz.- ¿P-Pu-Puedo hac-cercarme?- Le respondió hincando repetidas veces la cabeza, ella sabía que estaba llorando.
Echalotte se separó de él sin mirarlo, acercándose de forma silenciosa a la cama. Cuando llegó, se dio cuenta de que su padre ya no estaba dentro, había salido.
Estando frente a esa camilla, y no aguantando más con su propio peso, la chica se abrió hueco en el pecho de su abuelo, y sin quitar ningún cable se acurrucó como pudo allí. Sin saber a ciencia cierta lo que pasaba con ella, se dignó a soltar todo lo que se había guardado durante tanto tiempo y llorar allí, sintiéndose por primera vez en mucho SEGURA.
En ningún momento pensó que él estaría así, se pensaba que estaría despierto y cascarrabias por querer seguir su rutina de entrenar, entrenar y entrenar. Creía que podría hablar con él del vejestorio que se había vuelto, pero no... Hay estaban.
En un momento sintió que su llanto silencioso se había convertido en lastimeros sollozos y respiraciones agitadas, pero ahora mismo no podía pensar con su cerebro, el corazón mandaba. "Por favor... Despiértate."
- Shhhh...- Junto a esa voz, vino acompañada una mano que se posicionó en su cabeza acariciándola, siguiendo un patrón hasta llegar a su espalda. "¿Cuándo ha entrado papá?" Pensó Echalotte ajena a lo que ocurría.- Tu padre nunca sabrá obedecerme. ¿Cierto?- Sin creer que podría ser él, levanto tímidamente la cabeza, encontrándose con los ojos negros que tanto adoraba.
-¡A-A-A-A!- Sentía que no le salían las frases, sentía que no era capaz de moverse y sentía que no era capaz de nada.
-No quería que me vieras así...
La joven abrió los ojos, "¿Qué...?"
-¡Abuelo! ¿¡De qué hablas!? ¿Sabes cómo me he sentido? ¿Acaso sabes cómo me sentía al ver que todos te podían ver y yo NO?
La habitación permaneció en silencio, hasta que, tomándole desprevenida la joven expulso un sorpresivo "¡Oh!" Veía ante sus ojos como a su abuelo, duro como una piedra, se le saltaban las lágrimas.
-Abuelo...- Dijo tranquilizante mientras pasaba una mano por la mejilla fría del príncipe, secándole las lágrimas.
-Yo... Nunca quise que me vieras así.- Tosió un par de veces antes de seguir hablándole.- Yo... Siempre... Yo...
-Yo también te quiero.- Dijo haciendo que levantara la vista mirándole como nunca lo había hecho.- Y me siento MUY- dijo enfatizando en esa palabra- orgullosa de ser quien soy. De ser tu nieta.
El hombre siguió llorando, tal vez, por primera vez después de seis años. Y ella estuvo con él toda la noche, avisando a su padre de que se encargaría de él.
Alrededor de toda la noche su abuelo tuvo multitud de pesadillas que se asociaban al dolor, por mucho que hiciera estas nunca se iban; si le despertaba, cuando volvía a dormirse volvían como si fueran un castigo; Había estado toda la noche con un paño de agua en su frente y sin dormir, intentando que le bajara esa maldita fiebre, pero no funcionaba... Cuando se despertaba por lo que fuera, parecía que estaba muy sedado o muy cansado. "¿Qué hago..? Papá ya me ha dicho que esto para él es una tortura, pero que no pueden hacer nada para pararlo..." Cuando había salido a decirle que pensaba quedarse con el príncipe toda la noche, Trunks le explicó la situación enfatizando en que esto era una locura. Pasara lo que pasara la enfermedad ya estaba muy avanzada para pararla, y no paraban su sufrimiento por su tía, quien se negaba a dejarlo ir. "Hace poco yo también pensaría así, pero... Ya no puede más."
-Echalotte...
-Si, dime.
-Ayúdame...- ¿Qué le estaba pidiendo? ¿Lo qué ella pensaba?
-¿C-Cómo?
-Por favor...- ¿Cómo podía estar pesándole esto a él? Ella sabía lo que le podía dañar suplicar.
-Dime lo que debo hacer y, por ti, lo haré.
-P-Ponte... Esto.- Dijo mientras levantaba una de sus manos donde estaba colocado una especie de pinza que controlaba su pulso. Quitándoselo de forma rápida pero amable se lo puso en su mano izquierda en su dedo índice.- Gracias...
-Ya basta... Porfa...BASTA.
-¿Puedes darme un último capricho...?- Ni siquiera le miró, solo escuchaba.- Echalotte.- Entonces le miró.
-¿Si?
-¿Recuerdas esa canción que te enseñe?
-La del Planeta Vegeta.
-¿Podrías cantarla?
-Solo para ti. Lo haré.
-También es por ti misma...- Volvió a toser, deteniéndose abruptamente, esperando.
- Si así lo quieres...
Antes de empezar Echalotte miró, por última vez la cara su abuelo, quien con los brazos abiertos la invitaba a abrazarse.
Abrazándose a él, empezó a entonar la melodía e intentar similar el idioma que hacía tiempo le había enseñado. A mitad de la canción sintió como el pecho donde estaba apoyada había dejado de subir y bajar, pero no paró de cantar aquella nana. Sentía que lo hacía llorando pero mientras terminara estaría bien.
Al terminar, levanto su mirada, viendo la expresión serena en el saiyajin, quien permanecía con los ojos cerrados, como si por fin pudiera soñar.
Ella le sonrió, entendiendo.
"Siempre te querré, Vegeta. Príncipe de todos los saiyajins. Mi abuelo."
...
Dragon Ball no me pertenece, todo es obra y propiedad de Akira Toriyama.
