Disclaimer: Todos los derechos reservados para mi escritora británica favorita: J.K Rowling. Warner Bross & Salamandra. La historia es de mi muy triste y retorcida imaginación. Esta historia se ha hecho por puro placer sin ningún fin en especial. Harry Potter y sus personajes no me pertenecen (lamentablemente), sólo juego un poco con ellos.
Disfruten la historia como lo he hecho yo escribiendo...
"¿Por qué nunca me dijiste?"
Capítulo II: El Bar
El Trio de Oro y Draco, siempre sospecharon que sólo los magos altamente calificados lograban ser Aurores y trabajar al final para el Ministerio de Magia. Tenían muy en cuenta todo lo que esto conllevaría, todo lo que esto significaría; dar caza a magos tenebrosos como lo eran los seguidores de Lord Voldemort porque aun existían ahí afuera y nadie mejor que ellos para cazarlos y encerrarlos en Azkaban. Pero antes de eso, tenían que prepararse.
Fue extremadamente difícil cumplir los requisitos del entrenamiento para ser Auror, especialmente para Ron Weasley. Los candidatos debían entrenar exhaustivamente en duelos mágicos avanzados, y tener excelentes credenciales académicas antes de ser aceptados en el riguroso programa de entrenamiento que les quitó tres años de sus vidas. Draco veía este trabajo como uno glamoroso, por el riesgo y la dificultad de alcanzar el rango de Auror. Harry Potter fue ganando interés en esta carrera conforme fue escuchando más de ella en sus años en Hogwarts y así mismo lo hicieron Ron y Hermione. Como bien se los dijo la profesora McGonagall, para ser aceptado en el entrenamiento de Auror, se necesitaban cinco EXTASIS (y ninguna asignatura con calificación por debajo de "Supera las expectativas") en asignaturas difíciles como lo eran Pociones, Herbología, Defensa contra las Artes Oscuras, Transformaciones y Encantamientos. Después, estaban los tres años en un programa de entrenamiento donde debían aprobar varios cursos: Ocultamiento, Disfraces, Sigilo y Rastreo.
A Harry le fue fácil practicar con los cursos de Ocultamiento, sigilo y rastreo pero el de Disfraces se le complicaba por no poder pensar en alguna rápida vestimenta muggle normal. Sin duda, con el que más competía era con Draco Malfoy, siempre estaban a la par en los entrenamientos. Harry no solamente quería ser Auror, su ambición iba mucho más lejos de eso, él quería lograr llegar a ser el Jefe del Departamento de Aurores. Y nadie iba a impedírselo.
Ron, por el otro lado cada día que pasaba con los exhaustivos entrenamientos y las constantes peleas de Harry y Draco se convencía de que su lugar no era aquel, pero no podía abandonar el lugar porque Harry jamás se lo perdonaría, era su mano derecha y la persona en la que más confiaba. Sin embargo, no estaría de más preguntarle a su hermano George si podía darle una vacante en Sortilegios Weasley, solamente por si acaso.
Draco se divertía enormemente cuando Harry hacía ciertos berrinches porque él le ganaba en algún dueto o salía con mejores resultados que todos. Cabe mencionar que no lo hacía a propósito, simplemente era puro gusto personal y para hacer sentir orgullosa a Hermione, por quien tenía un flechazo en secreto quien desafortunadamente seguía enamorada de Harry.
Maldito Potter con su maldita cicatriz y su maldita suerte de obtener siempre lo que quiere, pensaba Draco cuando veía como hacía reír a Hermione de una manera en la que según él nunca lo hacía.
Y por último, Hermione era la que más sufrió al principio ya que DCAO siempre fue su materia más complicada, pero gracias al apoyo de sus amigos, los buenos maestros que tuvo durante esos tres años de entrenamiento y sus ganas de triunfar, muy pronto quedó en el pasado que alguna vez no fue totalmente buena en la materia.
Al cabo de tres años, se volvieron expertos en el combate mágico, así como en contrarrestar las llamadas Artes Oscuras. Formaron un grupo de élite. Demostraron poseer unas elevadas aptitudes y excelentes calificaciones académicas en áreas muy diversas.
El sueño de Harry Potter se cumplió. Había logrado convertirse en Auror.
...
La sede de los Aurores se encontraba en el piso número dos del Ministerio de Magia. Lo componía una serie de cubículos abiertos, cada Auror contaba con un lugar para trabajar, cada uno con fotos de conocidos magos oscuros, mapas, recortes de El Profeta, y la línea de varias otras cosas de los cubículos, cualquier cosa que los pudiera ayudar a facilitar su búsqueda.
Ahora mismo, los Aurores se encontraban ansiosos esperando a Gawain Robards, jefe de la oficina de Aurores. Le daría su primera misión a cada uno de ellos. En total eran como diez o doce Aurores dispuestos a colaborar.
—Buenos días, muchachos—anunció su llegada Robards mientras bebía de su taza humeante. A diferencia de los otros que vestían con un traje de combate totalmente negro, él vestía con un traje negro y debajo de la axila tenía un periódico. —Espero estén ansiosos de trabajar, ¿eh?
Todos respondieron a la vez así que fue imposible decir cuál fue la respuesta.
—Bien, bien—decía mientras se sentaba en una mesa, depositaba su taza ahí y hacia aparecer un pergamino algo largo—Terminemos con esto de una vez por todas. En el Departamento de Seguridad Mágica están trabajando en unos cuantos magos oscuros que están huyendo de la Aplicación de la Justicia, y es nuestro deber detenerlos. Ellos están causando estragos en algunas ciudades muggles y pueblos mágicos por lo que deben ser arrestados de inmediato. Algunos Magos Golpeadores ya están buscándolos por el norte de Londres, pero se teme que estos magos oscuros sean más de una docena y estamos seguros de que no trabajan en conjunto, es decir, están esparcidos por todo el mundo. —les explicaba en voz grave y seria—Nos hemos puesto en contacto con los líderes de cada país para reforzar así la búsqueda. No sabemos qué quieren en concreto por lo que necesitamos atrapar aunque sea a uno de ellos para interrogarlos.
— ¿Son antiguos seguidores de Voldemort? —preguntó Hermione sin poder evitarlo.
—O sus hijos. —respondió este y sin querer miró a Draco de paso, a lo que Hermione fue testigo y le dio un apretón de manos que él recibió gustoso.
—Los vamos a separar por parejas—avisó para acallar los murmuro que recorrían por todo el salón y Draco en seguida se tensó. —Su pareja le será asignada según la afinidad que hemos visto que tienen.
Al final, Harry, Ron, Draco y Hermione eran los únicos que quedaban sin emparejar. Y antes de que a nadie se le ocurriera Harry se acercó a su jefe y le preguntó qué ocurría.
—Hay un pequeño problema, señor Potter. —Le respondió en seguida con una sonrisa ligeramente torcida—Usted queda a la perfección con la Srita. Granger y ella con usted—decía y Harry sintió un nudo en el estómago de sorpresa, alivio, añoranza y felicidad. —Pero, usted también tiene afinidad con el Sr. Weasley y ella con el Sr. Malfoy.
Malditos peros, pensó Harry.
— ¿Y...?
—Dígame, ¿con quién preferiría ir?
—Hermione —dijo sin pensarlo sintiéndose una cucaracha por olvidarse por completo de Ron.
Robards sonrió con cierta arrogancia.
—Es una suerte que haya compatibilidad entre Malfoy y Weasley, ¿no cree, Potter? —le guiñó el ojo con camarería y sabía que eso no era cierto. Pero no tuvo tiempo de sentirse culpable porque la sonrisa de felicidad de Hermione al enterarse de que serían compañeros borró todo amago de culpabilidad.
...
— ¿Por qué siempre tengo mala suerte? —preguntaba tristemente Ron mientras se enfundaba la varita dentro de la capa y veía a Harry y Hermione llegar al punto de partida.
—Tampoco a mí me hace feliz de tenerte a ti como compañero. —le espetó Draco con una mirada furiosa sabiendo que Potter había tenido algo que ver, él y su famosa y estúpida cicatriz.
— ¿Quién me asegura que me cuidaras la espalda cuando lo requiera? —rebatía Ron.
— ¿Quién me asegura a mí que tu estas totalmente capacitado para este trabajo? —contratacó Draco molesto por todo, y más celoso que nunca.
—Suficiente—los acalló Hermione—Ambos son magos altamente calificados para esta misión y confío plenamente en que los dos se van a proteger. —miró a Draco intensamente. — ¿Cierto, Draco?
Este asintió pesadamente con la cabeza mientras la envolvía en un abrazo fuerte. Harry apartó la vista y le preguntó a Ron:
— ¿A dónde tienen que ir?
—Confidencial—respondió Draco antes de que pudiera decir algo Ron.
Harry rodó los ojos pero no insistió.
—Es hora de irnos, Hermione. —apremió Harry.
—Que tu hayas tenido toda una noche para despedirte de tu querida esposa no quiere decir que todos contemos con esa misma suerte—escupió petulantemente Draco.
—Luna no es mi esposa pero...
—Hermione no es tu esposa—interrumpió Harry al pelirrojo, con las cejas fruncidas.
—Bueno, prometida. —decía Draco mientras Hermione deshacía el abrazo. Harry casi suelta un grito de horror y Ron con las cejas alzadas le preguntó a la castaña si era verdad. — ¿No les has dicho?
—Apenas ayer me lo propusiste.
Draco rió ante la ternura de la bruja y sin esperar más se fue hacia la dirección opuesta a la que Hermione y Harry irían. Ron siguió al rubio aun con la expresión sorprendida en su rostro.
Harry no le preguntó nada a su amiga y ambos emprendieron el largo viaje que tendrían a continuación. Draco no podría estar más lejos de la realidad ya que Ginny y él apenas y coincidían en el pequeño departamento que se habían conseguido hace unos tres años cuando se casaron. Ginny había tenido bastante éxito siendo cazadora en las Arpías de Holyhead y constantemente estaba fuera de Londres. La única despedida que habían tenido era Harry dejándole una nota en el refrigerador y avisándole a la Sra. Weasley que se iría a una misión y que le avisara a Ginny por si ella no veía la nota.
Constantemente Harry se preguntaba si casarse había sido la mejor decisión que había tomado hasta ahora y muchas de esas veces se asustaba así mismo con pensamientos negativos o cierto arrepentimiento en su interior, y rápidamente dejaba de pensar en eso y buscaba algo por hacer. Como ahora. ¿Cómo que Hermione se comprometía con Draco Malfoy?
—Será mejor que nos disfracemos, Harry. —dijo Hermione cuando él estaba a punto de preguntarle. Vio a la castaña sacar la varita y apuntarla hacia su cabello—Quizá podamos ir iguales y pasar como hermanos, ¿te parece?
Harry se encogió de hombros, molesto por la insistente parsimonia de dejar en claro lo de hermanos. Comenzaba a cansarse.
—Claro. —dijo Harry apuntándose con la varita para borrar su cicatriz y cambiar la famosa forma de sus lentes redondos.
Harry y Hermione pasaban por una pareja de hermanos muggles. Se mezclaban con toda la gente que ese día abundaban las calles parisienas. Su misión era encontrarse con una fuente de información que trabajaba para el Ministerio de Magia y de ahí partir con el rastreo. Tenían planificado que no tardaría más de 48 horas y si todo salía bien, regresarían con un Mortífago.
—Harry, ese es el bar que nos indicó Robards —llamó su atención la castaña, tomándole del brazo para llevarlo a la entrada del lugar.
—Me recuerda a Cabeza de Puerco—musitó Harry al entrar y encontrarse con el mismo lugar lúgubre y de pocas pulgas como el bar del hermano de Dumbledore. —Supongo que debemos entrar y esperar.
Hermione frunció las cejas.
— ¿Cómo sabremos quién es nuestro informante?
Harry se sentó en una de las sillas altas para la barra ignorando el ruido que los otros magos hacían en las mesas redondas esparcidas por el lugar.
—Robards dijo que siempre usaba un turbante verde, dijo que esa sería la señal.
Hermione asintió mientras tomaba asiento junto a él y vislumbraba unas escaleras al final de uno de los pasillos.
—Creo que es una combinación de Cabeza de Puerco y El Caldero Chorreante—comentó Hermione con una sonrisa en los labios mientras veía como Harry seguía su mirada para ver las escaleras, pero no dijo nada, solamente se encogió de hombros. En otras circunstancias le preguntaría que está mal, saber por qué su actitud pero ahora no era el momento de concentrarse en su amistad. Estaban en una misión.
—Qu'est ce que vous voulez? —preguntó el barman con un fuerte acento francés. Harry parpadeó un par de veces y rápidamente pidió auxilio a Hermione quien dudó un par de veces.
—Bièraubeurres? —preguntó insegura la chica con las cejas fruncidas y pensó que había ofendido al barman porque lo vio entrecerrar los ojos.
—Combien? —preguntó mientras limpiaba con un trapo blanco un vaso grande.
—Deux—respondió Hermione de inmediato suspirando de alivio cuando vio al hombre retirarse para traerles sus bebidas.
— ¿Qué has pedido?—le preguntó Harry para distraer sus pensamientos del muy bonito sonido que tenía la voz de Hermione hablando francés.
—Cervezas de mantequilla, claro.
Ambos chicos esperaron pacientemente mientras observaban todo el lugar con la mirada en busca del informante con turbante verde. Fueron sorprendidos cuando el hombre les asentó dos jarras a cada uno de sus bebidas. Sin pensárselo dos veces y con mucha sed tomaron con esmero.
—Vaya—dijo Harry después de dar un largo trago—Esto sí que te quita la sed.
Hermione asintió con una enorme sonrisa en el rostro. Cada sorbo que tomaba de su bebida se sentía más ligera, más libre, más feliz. De pronto, ambos chicos se encontraron riendo de cualquier tontería que dijeran o vieran.
—Odio tu cabello lacio y negro, me recuerdas a Cho Chang—dijo Harry con un escalofrió dramático—odiosa.
Hermione se rió estrepitosamente de su amigo.
— ¡Pero si babeabas por ella!
— ¿Yo? — Se apuntó así mismo, con las cejas fruncidas por la confusión y bebiendo otro sorbo de su tercera bebida. —Yo sólo buscaba distracción.
— ¿De Voldemort? — Preguntó Hermione en un susurro, acercándose a su amigo.
—De ti.
Hermione no se rió. Y de pronto divisó las escaleras al final del pasillo y Harry siguió su mirada.
Y lo siguiente que pasó fue que Harry cerraba una de las feas puertas del lugar con un alohomora mientras besaba con desesperación a Hermione.
No existían Mortífagos por atrapar, no existía ninguna misión. Hermione no estaba comprometida con nadie y él tampoco estaba casado. Sólo eran ellos dos, besándose con pasión, lujuria y mucho deseo.
Harry nunca se había sentido tan desesperado por poseer a alguien de esa manera y ni que decir de que esa persona fuera Hermione Granger, su mejor amiga, su aliada, su confidente. Todo el amor que reprimió por ella los últimos años salió a flote cuando la escuchó gemir mientras él la tocaba con casi salvajismo. Le quitó la ropa con agilidad, y se quedó maravillado ante la visión de sus hermosos pechos y en seguida los atendió.
—Oh, Hermione—suspiraba cada vez que ella liberaba sus labios, decir su nombre lo volvía todo tan real, tan perfecto.
Pasados unos minutos de sexo crudo Harry se tomó el atrevimiento de desvestir a Hermione por completo, regresándole sus gestos originales y así mismo hizo él. Al principio, temiendo que ella se quejara o se negara pero para alivio de Harry ella se dejó llevar con los ojos cerrados y un indicio de sonrisa en sus labios. Harry le haría el amor en ese momento.
Hermione disfrutó de la atención que Harry le estaba ofreciendo, podía sentir y percibir su cuerpo contra el suyo, su piel contra la suya, se estaba permitiendo ese infinito placer. Sus sentidos estaban despiertos, sensibles; cualquier gesto que Harry hiciera por muy leve que fuera ella lo sentía multiplicarse haciéndola temblar entre sus brazos. La penetró y ella lo acogió en su interior con un suspiro y un zumbido quieto, como un enjambre de abejas al sol, y lo transportó al éxtasis con un gemido trémulo.
—Oh, por favor—musitó ella con ojos suplicantes.
—No—negó Harry mientras clavaba sus manos en su cintura mientras la retenía, presionándola hacia abajo y haciéndola gruñir. —Tenemos tiempo…
—Eso es lo que menos tenemos—lo interrumpió.
—Tenemos tiempo—la ignoró él—Quiero escucharte gemir otra vez, que gimotees y solloces aunque te reprimas. Quiero hacerte suspirar mi nombre, gritar mi nombre, que tiembles como si tu corazón estuviera a punto de explotar, gritar de deseo y al final, que estalles en mis brazos.
Hermione se removía debajo de él, excitada y loca por sus palabras. Si tan sólo supiera que ella había imaginado esta situación unas mil veces. Se desplomó contra él, blanda como una muñeca de trapo. No sabía, ni le importaba qué sonidos había emitido al final, pero se sentía incapaz de hablar con coherencia alguna.
Y cuando ambos hubieron llegado al final, el cansancio llegó a sus cuerpos, reclamando descanso.
LunaHHr
