Mil millones de años después finalmente hago mi aparición…¿Qué como tengo cara para aparecerme después de tanto tiempo? Es que en ningún momento quise que la historia se estancara tanto D: Y no fue mi culpa, es culpa de la pc que decidió que era el momento justo para fallecer, más el hecho de que hace bastante que no tenía Internet ;-;
Pero con la ayuda de un par de billetes pude pagar la sesión en un Cyber café y continuar con este intento de fic de a poco –aunque me molestara de sobremanera el chico de al lado que no dejaba de ver lo que estaba escribiendo-
Bueno, mejor los dejo con el fic antes de que intenten golpearme por hacerlos esperar tanto ;_;
Disclaimer: Como siempre, los personajes de Hatalia no me pertenecen, son de la propiedad de Hidekazu-sama, solo los secuestré momentáneamente para escribir este intento de fic
Capítulo 2
Arthur pov
Kiku estaba con nosotros desde hace tres semanas y se adaptaba lentamente a nuestro modo de vida. Solo tenía dieciséis años, tres años menos que yo y dos años mayor que mi hermanito Alfred.
Sabía no había echo bien al arrebatarlo así de las manos de su hermano mayor pero no pude evitarlo, desde el momento en que lo vi sabía que tenía que llevarlo conmigo sea como sea, aunque eso me dejara como un maldito traidor para la para las personas de la tierra en la que había sido tan calidamente bienvenido, aunque solo generara dolor en su hermano Yao, que a pesar de no ser hermanos de sangre el lo quería así puesto que ya me lo había dicho con anterioridad, al igual que pasaría lo mismo conmigo si algo así le llegara a pasar a Alfred; pero a pesar de que intenté alejarme de su presencia tantas veces en lo que duró mi viaje no pude. Kiku era como una droga atrayente que me obligaba a ir hacia donde él estaba, mis ojos instintivamente viajaban hasta donde se encontraba al momento de atravesar la habitación, era por el primero que preguntaba cada día y en el último en quien pensaba cada vez que llegaba la noche, todavía no sabía si estaba enamorado o ese hechizo oriental me tenía embrujado, encerrándome en la burbuja del misterio, pues para mi ese pequeño era un misterio, todo en el lo era.
Recuerdo que la primera vez que posé mis ojos en su figura, una tarde que hablando con Yao me invitó a tomar el té con él y su pequeño hermano menor, a quien había criado de niño desde que lo encontró abandonado delante de su palacio, nos sirvió esa deliciosa combinación de sabores. Al principio pensé que se trataba de una niña realmente hermosa, tanto que hasta había pensado requerirla a Yao para que sea mi concubina, pensando que solo era una sirvienta del lugar; grande fue mi sorpresa al enterarme que solo era un niñito varón con la belleza de un ángel y que, además, era el hermano menor del gran estanciero que me daba alojo en esa tierra desconocida para mi.
Reconocí sus sonrojos cada vez que me miraba y como tímidamente me sonreía cuando nuestros ojos se cruzaban, al igual que me pasaba a mí, mi presencia era algo extraña y por lo tanto también se sentía atraído por lo desconocido, ávido de saber, del conocimiento que solo yo pudiera darle si venía conmigo. Lo llené de regalos, comprando cada prenda hermosa, no tanto como su belleza, que encontraba cada vez que iba al mercado, mis ojos se ilustraban cuando él me hacía el favor de lucir los kimonos que especialmente había elegido para su persona; hasta había veces en que Yao se divertía alegando que yo estaba intentando cortejar a su pequeño hermanito, tal vez no estaba lo suficientemente errado como había pensado en un primer momento.
La noche antes de mi partida había intentado hablar con Yao acerca de entregarme a su hermano, al menos como discípulo en mis viajes para que así conociera el mundo, cuando una noticia referente a su futuro me hizo cambiar completamente de planes. Tu hermano mayor estaba planeando arreglarte un matrimonio con un estanciero que ya había puesto los ojos en ti aun sabiendo que eras hombre, no importó cuanto insistió el mayor ya que ese bastardo lo compro con más y más dinero. Al día siguiente pensaba entregarte a sus sucias manos para que haga de ti lo que quisiera, pero yo no iba a dejar que haga algo de eso contigo.
Me escabullí hacia tu cuarto en medio de la madrugada, dispuesto a llevarte conmigo sea a la fuerza o no. Dormías tan tranquilamente que me sentí hipnotizado por el acompasado ruido de tu respiración pero finalmente salí de mi ensoñación, te levanté en brazos sin despertarte y te saqué de la habitación. Fuera me esperaba parte de mi tripulación, quienes habían ido a buscar a tu habitación, luego que yo me fuera, algunas de tus pertenencias para llevarlas con nosotros mientras tu descansabas, ajeno a todo lo que pasaba a tu alrededor, en mis brazos. Zarpamos en cuanto vimos la oportunidad, puesto que tuvimos que arremeter contra varios guardias que custodiaban las puertas de la hacienda, dejando atrás todo lo que Kiku conocía.
Mientras nos mantuvimos navegando no habías dejado de llorar ni un minuto, rogándome que te devolviera a Yao, tuve que obligar a mi corazón a endurecerse para no caer en la tentación de mirarte a los ojos, aquellos que estaban surcados en lágrimas constantemente, y así no caer en la tentación de obedecer cada palabra que de tu boca salga. Finalmente comprendiste que no había marcha atrás y dejaste tu llanto para tratarme con indiferencia. Cada vez que iba a tu camarote para hablar, o al menos cruzar dos palabras contigo, solo me encontraba con tu indiferencia y un silencio extenuante que me quitaba todas las fuerzas para seguir viniendo a visitarte. Gracias a mi perseverancia logré que volvieras a hablarme, aunque solo fueran asentimientos o negaciones, pero pude escuchar tu voz, sabía muy bien que no podías permanecer tanto tiempo enojado con alguien, sumándole el echo de que estabas solo en el barco y no tenías a nadie más con quien hablar a parte de mi.
Cuando finalmente llegamos a tierra pude verlo en tus ojos, ese brillo que se había desvanecido en el trascurso del viaje volvió cuando viste tierras desconocidas, eso que tanto habías anhelado pero que nunca quisiste siquiera pedir a tu hermano, querías conocimiento, ese conocimiento del que yo estaba dispuesto a nutrirte si permanecías a mi lado. Sabía que cuando te mostrara tu nuevo hogar de alguna manera le encontrarías similitudes al tuyo puesto que, a pesar de que nunca nos hayamos visto antes, nuestras culturas solitarias tenían pequeños rasgos de similitud, además, estaba seguro que te encariñarías con alguien que también es muy especial para mí, Alfred.
-"No me temas, Kiku" –te pedí, tu solo volteaste a verme con ese mar negro en el que me hundía cada vez que me mirabas –"Puedo darte todo lo que anhelas, todo lo que querías y allí en tu hogar no eras capaz de alcanzar" –acerqué su rostro con una mano –"Todo lo que tu me pidas yo lo haré realidad para ti"
Cuando vi tu rostro sonrojado y la pequeña sonrisa que se formó en tus labios supe que lentamente te ibas a acostumbrar a vivir en tu nuevo hogar, que yo te ayudaría en lo que hiciera falta para que alcances todo lo que deseas, después de todo cada vez que te veía sentía que algo cálido me llenaba por dentro.
Fin Arthur pov
Kiku se había echo de un pequeño espacio dende podía estar solo cuando quisiera y descansar tranquilamente. El viejo olmo le daba la sombra perfecta, necesaria para poder practicar su escritura pues estaba intentando aprender la gramática inglesa y todavía no lograba dominarla ya que, mayormente, los retazos tan pequeños le salían como garabatos sobre la hoja y nunca terminaban por convencerlo.
Alfred lo miraba desde el pórtico trasero de la casa en la que vivía su pequeña familia y su nuevo integrante que pasaba la mayor parte del tiempo intentando aprender el idioma. El rubio sabía que le había prometido conocer el mundo entero en sus viajes, puesto que lo llevaría con él, ya que ese había sido su deseo y la razón de haberlo arrebatado de su hogar, sin mencionar ese "porque" o calorcito en el pecho que lo había obligado en primera instancia a no alejarse del pequeño extranjero y menos dejar que otro lo posea. Estaba tomando té tranquilamente con la mejor vista del mundo, mantenía sus ojos fijos en los gráciles movimientos del pelinegro, en como su cara se cuartaba cuando no le salía bien lo que quería hacer y fruncía tiernamente los labios, el inglés intentaba no reírse de los mohines que hacía el jovencito y solo le lanzaba su mirada más azucarada de vez en vez cuando este no miraba, no quería que el de ojos oscuros sintiera que lo estaba acosando ni nada por el estilo.
Dentro de la casa, mirando desde una de las ventanas de la planta alta, Alfred observaba la situación. Su querido hermano mayor parecía embobado por aquel chico nuevo, se reía como idiota cuando el otro torpemente se equivocaba y lanzaba las miradas más dulces que alguna vez haya visto en el mayor.
-¿Pero que tiene ese idiota? –se preguntó a si mismo. Si, era lindo, más que lindo, su belleza era casi comparable a la de una niña, y eso lo hacía realmente exótico; emanaba un aire a misterio que atrapaba ya que con un solo vistazo uno podría deducir que no era de aquellos lugares. El se decía que solo era una muñequita de exhibición y su hermano, como apreciador de las cosas hermosas, no podía sacarle los ojos de encima, además, al otro le encantaba la inocencia que emanaba ya que siempre le decía eso cuando era más chico y el otro intruso era tan ingenuo a pesar de ser dos años mayor que él
Salió corriendo de la habitación, pasando de largo a un Arthur que lo miró desconcertado sin poder entender muy bien de donde venía tanta energía, corrió hasta posarse delante del jovencito extranjero que levantó sus hipnotizantes ojos para mirarlo.
-¿Si? –preguntó con dulzura -¿Se le ofrece algo Alfred-san? –siempre con ese formalismo de su tierra, realmente le irritaba, pero no debía demostrar que le molestaba en absoluto, si lo que quería era que ese chico confiara en él lo haría
-Quería pasar más tiempo con Kiku –confesó poniendo su mejor cara de inocencia. El de cabellos oscuros sonrió tiernamente mientras cerrabas los ojos y se hizo a un lado en el banco donde estaba sentado -¿Puedo sentarme? –le preguntó para estar seguro si esa era la intención del mayor
-Por supuesto –afirmó –No me vendría mal que Alfred-san me ayudara un poco con el idioma, hay cosas que todavía me faltan comprender –el menor de los rubios se sentó a su lado con tranquilidad. Actuaría el papel de niño bueno, aprendería todo de él, lo conocería por completo hasta ganarse completamente su confianza ya que, después de todo, no había venganza más dulce que saborear la cara de desilusión que el de cabello oscuro pondría cuando se revelaran sus verdaderas intenciones y Arthur no tenía que intervenir en nada de eso
Continuará…
Aquí relata, desde el punto de vista de Arthur, como es que conoció a Kiku y el porque lo trajo a Inglaterra con él sin saber que provocaría en Alfred.
Lamento a aquellos que les guste Alfred pero en este fic hará el papel de malo (ya que los celos son su principal motivo, por algo el título) pero eso no significa que no me guste, aunque mi pareja favorita sea el Asakiku.
Tal vez, y solo tal vez, Yao tenga algo más de importancia más en el futuro, pero eso todavía lo estoy evaluando aunque hay bastantes probabilidades de que lo haga.
Espero que hayan disfrutado el capítulo y lamento la demora, intentaré no tardar con la conti, solo hay que rogar por que mi computadora no quiera morir en algún momento.
Nos vemos!
