Hetalia no me pertenece

Este fanfic se inspira de la baraja de cartas que pertenece al art book -Arte Stella- que nuestro querido Himaruya-sama hizo para nosotros! :3

Por cualquier cosa dire como van las cartas.

Corazones (Rojos) / Rey: Alemania / Reina: Japón / Jack: Italia

Diamantes: (Amarillos) / Rey: Francia / Reina: Liechtenstein / Jack: Suiza

Trébol: (Verdes) / Rey: Rusia / Reina: Hungría / Jack: Austria

Espadas: (Azul) / Rey: America / Reina: Inglaterra / Jack: China

Jokers: Prusia y Sealand

No quería hacer nyotalia porque quería conservar la esencia de las cartas que hizo Himaruya, pero no pueden haber dos reyes. Así que serán hombres con título de -reina-, será extraño al principio pero tal vez logro que se acostumbren. ^^


Capítulo 1. Un poco de ironía

Él siempre había sido algo que pocos lo logran y muchos lo intentan.

Esa palabra era "ideal".

Ludwig había sido el hijo ideal. Siempre había obedecido a su padre, nunca lo había cuestionado, siempre le había escuchado y nunca le había faltado el respeto. Le parecía que seguir las reglas era el camino para un buen comportamiento y para un mejor futuro ya fuera propio o para otros, alejarse de los problemas no era opcional, era una obligación que había tenido desde el momento de su nacimiento como alguien de la familia real.

No era el primero en la línea de sucesión al trono, ese lugar le había pertenecido toda su infancia y la mayoría de adolescencia a su hermano mayor, algo que su padre había lamentado en voz alta, pensamientos y sueños, según Ludwig podía recordar. El sueño de su padre se había cumplido y logró nombrar en su lecho de muerte a su hijo favorito como el siguiente rey de Kingdom of Hearts; Un derecho que su hermano había perdido hace mucho. Nunca se disculpó con Gilbert por quitarle su lugar, pero en realidad ellos no eran cercanos, es más, después del exilio del mayor sus encuentros habían sido contados con los dedos de una mano, y no precisamente para intercambiar palabras de aliento y de cariño, más bien para manifestar enojo y resentimiento hacia el otro.

Ludwig no odiaba realmente a Gilbert, de vez en cuando le recordaba, cuando había sido pequeño y su hermano mayor le había enseñado a montar, a escalar, le leía cuando aún no había terminado de aprender, compartía sus dulces cuando al otro se le caían y le daba de su postre cuando el menor se lo acababa. Ludwig sonrió, había amado a su hermano en sobremanera, de verdad era una lástima que las cosas hubieran acabado de esta forma.


Llegó por fin el día que le dijeron que reinaría, aceptó el puesto con humildad, antes no lo había considerado, sabía la enorme responsabilidad que caería sobre sus hombros, pero por su padre y sabiendo que su hermano no podría llevar a cabo ese cargo, lo aceptó.

Los días de su padre se acercaban a su fin, y también el día que comenzaría Ludwig en su reinado.

Un último deseo de su progenitor fue verlo casarse, así que la madre de Ludwig eligió a la persona que contraería matrimonio con él.

Confió en el gusto de ella ya que no se le ocurría quién podía ser la indicada o el indicado para él, debido a que podía ser hombre o mujer, el sexo de una persona no era una limitación al momento de aceptar ese trabajo de por vida. Así que las posibilidades eran ilimitadas.

Fue entonces el día en que su futura reina llegó en un carruaje, Ludwig estaba demasiado nervioso, quería causar una buena impresión y sabía que conocería a la persona con la que pasaría el resto de su vida.

Podía ver su delicada silueta en la ventana del medio que usó para llegar hasta su castillo.

La puerta fue abierta por uno de los sirvientes y comenzó su primer encuentro, veía como caminaba hacia él, con un paso lento y con timidez, su cabeza adornada con algunas joyas que combinaban en perfecta armonía con su piel, llevaba encima una especie de manta que se amarraba a su cintura, tenía un cuerpo delicado y muy delgado, su rostro miraba hacia abajo y luego hacia él, no podía negar que su apariencia era agradable a la vista.

Se acercó y extendió su mano para tomar la ajena, y ahí fue cuando lo escuchó hablar.

—Es un gusto conocerlo finalmente, Ludwig. Mi nombre es Kiku y espero que nos llevemos bien.

—¿H-hombre? —respondió sin pensarlo.

Por el físico tan frágil que su futura reina tenía no se le había ocurrido que se trataba de un hombre en lugar de una mujer.

—¿Perdón?

—¡N-nada! El placer es todo mío, espero también que podamos llevarnos bien —se apresuró a decir, insultándose a sí mismo internamente por su enorme falta de respeto.

No fue el primer encuentro que se suponía debió haber sido, pero las cosas se calmaron después.


Los padres de ambas partes estaban muy felices por esa unión, cada uno estaba muy orgulloso de su respectivo hijo, les agradaba y le daban la bienvenida a la familia a su nuevo yerno.

Los días antes de la boda, todo lo que duraba la preparación, Ludwig y Kiku habían hablado, sobre su infancia, su educación, los pasatiempos que cada uno tenía, las comidas que les gustaban. Descubrieron que en gustos personales tenían pocas cosas en común, pero que podían hablar tranquilamente y se entendían bien, a ambos les gustaba la calma.

El rubio cuando estaba solo en su habitación analizaba sobre sus sentimientos hacia su futuro esposo, descubriendo que no le molestaría pasar su vida con él.

"De todas formas el amor viene después ¿No?" Ludwig estaba seguro que sus sentimientos no eran amor, por lo menos ahora. Creía que después de conocer más a una persona se desarrolla ese tipo de afecto.


Llegó el gran día, flores por todos lados, toda clase de adornos, globos, listones e iluminación de apariencia romántica y de alta clase. Familiares y amigos invitados de ambas partes e incluso los reyes y reinas de los otros reinos se reunieron para celebrar esta unión. Era una boda real, por lo tanto se había invertido en su apariencia y se había realizado a tal grado que parecía sacada de un sueño, era hermosa en todo aspecto y el traje de los novios era espectacular, marcaba la belleza de la futura reina y lo apuesto que era el futuro rey del Kingdom of Hearts.

Ludwig saludó amablemente a todas las personas que vio, estrechó manos de hombres, besó el dorso de manos de mujeres en señal de saludo respetuoso. Y sonreía y decía "gracias" a cualquier felicitación que le daban.

Esperó en el altar, y vio a Kiku llegar, siempre con un hermoso Kimono, que era el nombre que le había dicho era para esa vestimenta típica en su familia, pero este era blanco, con pequeños detalles de flores celestes, que combinaban con las joyas y demás accesorios en su piel.

Su padrino de bodas, Alfred perteneciente al Kingdom of Spades y rey del mismo, le susurró al oído.

—Es realmente encantador, tu esposo — dijo mientras Kiku caminaba hacia el lado del rubio más alto.

Ludwig respondió con una leve sonrisa.

Le habían dicho mucho eso este día, y generalmente la gente solía remarcar en el adorable físico del pelinegro.

Entonces comenzó la ceremonia.

Duró el tiempo que estaba estimado en la agenda y finalizó con un casto beso en los labios para sellar el compromiso, mientras todos aplaudían.


Llegó el momento de la recepción y juntos cortaron el pastel.

Hablaron con la mayoría de invitados, y se separaban por momentos para que cada quien pasara un momento con sus allegados.

—Oye, ¡Kiku se ve genial! —dijo Alfred muy alegre palpando su espalda.

— ¿Genial? Supongo que tienes razón —respondió Ludwig un poco sorprendido por el uso de esa palabra.

—Bueno, aquí inicia tu "historia de amor", algo así como un "final feliz"… No espera… ¡Cuando seas rey será la secuela!... ¡Quiero ver esa obra! Pero no me cobres ¿De acuerdo? Ser tu amigo tanto tiempo tiene que darme un descuento de…. ehh…. ¡Gratis!

Ambos rieron, Alfred con más facilidad y soltura.

—Por cierto ¿cuándo iré yo a tu boda?

—Pronto, supongo, espero, la histeria es una cualidad de Arthur ahora. Ya sabes, apuesto a que Kiku debió estar igual.

—Mmm… de hecho el es muy tranquilo.

— ¿En serio? Bueno así se ve, supongo que eso es de tu agrado ¿no?

—Tienes razón.

Ambos rubios habían sido amigos desde su infancia, sus padres gobernaron al mismo tiempo, y en cada reunión de reinos, o de reyes y familia, los niños se habían conocido desde muy temprana edad y crecieron tanto físicamente como en amistad. Llegando a aceptar, soportar y apreciar las diferencias de sus personalidades. Cada uno afirmaba que el otro era su mejor amigo.

El padre de Alfred ya había fallecido hace algún tiempo, por lo que este era rey del Kingdom of Spades, y estaba comprometido con su propia futura reina, según lo que Ludwig sabía.

—Oye… —Ludwig con toda su curiosidad— ¿Cómo supiste que Arthur era el indicado?

— ¿Eh? —Soltó el otro por la pregunta repentina, se detuvo unos segundos para pensarlo y soltó con la misma energía— ¡Era obvio! —Dijo como si se hubiera hecho una pregunta tonta— ¡Nunca he estado tan feliz en mi vida! ¡Él me pone nervioso y me enoja un segundo después! ¿No odias esas estúpidas mariposas que sientes en el estómago? Se escucha cliché pero es verdad, son como unos malditos insectos que te están comiendo desde adentro hasta que se les acabe que más poder devorar de ti… —dijo de forma macabra— Es increíble… —Agregó en tono más alegre.

—Entiendo… —Dijo el otro, realmente considerando esas palabras, y sonriendo ante la curiosa analogía de su viejo amigo.

—Estoy seguro que tú entiendes eso… Aunque no parece que pelean tanto como nosotros.

— ¡Claro que no! —Dijo, probablemente Alfred lo entendió como si se refería a la pelea más que a no haber sentido los "insectos que te comen", porque se rió ruidosamente.


Se acercó de nuevo a su nuevo esposo, bailaron a petición de los demás, y finalmente después de medianoche despidieron a todos los invitados. Fueron luego a la nueva habitación compartida que les esperaba en el castillo.

—Bienvenido a tu nuevo hogar, princesa de Hearts.

—Muchas gracias por abrirme su puerta, príncipe de Hearts.

Ambos se sonrieron.

Cambiaron sus ropas a unas de dormir, que siempre guardaban la elegancia de su estado real, pero eran suficientemente cómodas y ligeras para no sofocarlos de calor.

Los colores en el Kingdom of Hearts siempre eran cálidos, rojos, rosas y naranjas; por lo tanto así eran sus vestiduras.

Ludwig al terminar de ducharse y vestirse, entró a la habitación, encontrando a Kiku sentado en la cama que ambos compartirían. Se sentó en la misma, suspiró preparándose mentalmente, no muy seguro de lo que iba a hacer, lo vio a los ojos, y se movió para estar sentado a la par suya, entonces el de cabellos negros bajó su mirada, su labio inferior temblando un poco…

—Ludwig… yo…

—Tranquilo, no es necesario… Estamos cansados…

—No es eso, soy muy reservado. No creo que incluso mañana, por favor trate de comprender, nunca he estado con nadie.

—No es problema, me siento igual. Creo que no es necesario que pase mientras no nos sintamos cómodos. Ni siquiera tenemos tanto tiempo de conocernos.

—Gracias por entenderlo.

—No hay de qué, y gracias a ti también.

La cara de ambos reflejaba alivio ahora, quizás ambos habían estado pensando en que este momento llegaría al final del día, y eso los había puesto nerviosos.

Ludwig sabía que no se sentiría cómodo, ni siquiera tenía idea de cómo era que había que proceder, sus besos habían sido solamente en público y eran realmente contados. Lo mejor era esperar, pero ¿esperar a qué realmente?

Se acostó al lado de Kiku, quien al cabo de un rato dormía plácidamente, silencioso hasta en sus sueños y su respiración era difícilmente audible. Ludwig vio el techo, recordó todos los eventos ocurridos en ese día, un poco absorto en su reciente descubrimiento, aparentemente el rey de Spades estaba profundamente enamorado, y eso que aún no se había casado con su prometido. Había compartido palabras con Arthur, se veía como un buen tipo, probablemente así se veía su nuevo esposo ahora.

Así que el príncipe de Hearts nunca había estado enamorado, y parecía aún no estarlo. Esperaba que eso cambiara luego, solo tenían unos meses de conocerse. Cada lectura romántica que había hecho adornaba el amor como la cosa más preciosa que el hombre podía encontrar en otra persona, o sencillamente encontrar.

Un pensamiento surgió, y con él, miedo. Una horrible sensación de impotencia, como una historia basada en una trágica y cruel comedia. Kingdom of Hearts, el reino que domina los sentimientos, que los conoce a la perfección y sabe cómo usarlo para beneficiarse y crecer, y también para encontrar la felicidad en ellos mismos y en los demás; que respeta el amor porque sabe de su enorme poder, que no abusa de él porque es demasiado peligroso. ¿Acaso será posible que el rey del poderoso reino que gobierna sobre los sentimientos no haya nunca sentido amor? O peor aún ¿no pueda sentirlo?

Se dio la vuelta de forma que estaba encarando a Kiku, acercó su mano al rostro del otro, tal vez un poco de contacto facilitaría la detonación de lo que se suponía, el rubio debía de sentir por su esposo, tocó su mejilla y el pelinegro suspiró un poco, como si estaba soñando. Ludwig retiró su mano, no quería despertarlo.

Era demasiado irónico, era él quien debió decirle a Alfred como era exactamente el amor, pero ¿cómo podía haberlo hecho cuando ni el mismo lo conocía?

El rey del amor no sabía nada sobre este.


Pobre rey, pero ¿encontrara el amor luego? :D

Feliz navidad a todos!~ ahh y despues de escribir esto me di cuenta que queria hacer algo propiamente de USUK, pero como ocurre en un tiempo diferente y no queria que fuera un flashback hice una pequeña historia aparte, constara de 2 capitulos, ahora solo he escrito 1... veanlo si gustan, como link a mis historias o les dejo el link aqui

fan fiction s/7668733/1/Reino_de_Espadas

¿Críticas, palabras de aliento, les gusta, u odian esta historia? Tengo planeados muchos capitulos! ^^