Se sentía entumecida. De algún modo, su caída, en los últimos momentos, se había visto frenada por algo que no llegaba a explicar. Como pudo, abrió los ojos, y en seguida volvió a cerrarlos, cegada por la luz. Poco a poco, y tomándose tiempo, volvió a abrirlos, pudiendo percibir a los lejos una grieta. Se incorporó con cuidado y comprobó que se encontraba sobre una cama de brillantes flores de tonos amarillos. Acarició los pétalos, incrédula ante su suerte. Recordaba aquél lugar.

Allí había aterrizado la primera vez que llegó, y ahora había vuelto. Se levantó, y sacudió los pétalos que se habían quedado pegados a sus piernas y brazos, y se encaminó por el único pasillo que había en aquella sala. Recordaba el camino. En su cabeza se sucedían imágenes de aquella guía que la llevó a través de las ruinas. Llegó a una sala en la que pudo ver unos botones en el suelo, y corrió hacia ellos, pulsándolos en un orden determinado. Cuando la puerta estuvo abierta, realizó una carrera frenética, atravesando salas hasta que llegó a un puente cubierto enteramente por afiladas púas.

¿Cómo era esto? pensó, mordiéndose el labio. Recordaba haber atravesado aquél puente, pero no llegaba a encontrar entre sus recuerdos la forma. Suspiró, volviendo en sus pasos, y se fijó entonces en un relieve de piedra cubierto por flores rojas. Apartó la mata con la mano, y pudo reconocer una frase grabada en la roca.

-La sala oriental sigue el esquema de la sala occidental- leyó. Aquello era confuso… ¿cómo que la sala oriental seguía el esquema de la occidental? ¿Qué quería decir con eso? Dejó la mochila en el suelo y se mordió de nuevo el labio. Volvió a entrar en la sala que había junto a esa, y la observó. No había nada que coincidiera con la habitación del puente, pero aun así, no podía quitarse de la cabeza la imagen de ella misma cruzándolo.

Estuvo un rato dando vueltas, yendo y viniendo, tratando de averiguar la solución a aquel enigma. Fue entonces cuando se percató de un dibujo en el suelo. Parecía representar un camino, y atravesaba toda la sala. Se mordió el labio, presintiendo que aquella era la solución del puzle, así pues volvió a la habitación donde se encontraba el puente y dejó caer su mochila sobre el primer tramo de pinchos. Se maravilló al ver que estos descendían, sin apenas dañar su bolsa. La alzó, provocando que los pinchos volvían a su posición original, y se la colgó al hombro. Cogió aire, y empezó a caminar a través del puente, viendo como con sus pasos el peligro desaparecía. Cuando lo hubo cruzado, suspiró, y sonrió echando a correr. Quería llegar cuanto antes, verlos a todos y lanzarse a sus brazos para no separarse de nuevo.

Atravesó el lugar corriendo, ignorando el hecho de que se quedaba sin aliento. Cruzó salas en las que cayó a través de agujeros en el suelo que alguien no había podido arreglar, aunque logró volver a su recorrido original; tuvo que rebuscar botones y más botones para poder atravesar una serie de habitaciones custodiadas por pinchos; movió rocas para atravesar puentes; pulso y volvió a pulsar infinidad de interruptores; y siguió corriendo. Corrió hasta quedar completamente exhausta, y cuando se encontró en la sala que llevaba a la casa, se detuvo a coger aliento. La mochila le pesaba, a pesar de que solo había metido algunos de sus dibujos, ropa y sus útiles de limpieza personal. Atravesó la puerta, encontrándose con aquél árbol de madera negra, que observó maravillada al verlo cubierto de hojas rojas como el atardecer. Avanzó, viendo la casa de fondo y tragó saliva, sintiendo como su corazón se salía de su pecho.

Había pasado mucho tiempo, más del que podría imaginar ¿Se acordarían de ella? ¿O por el contrario se comportarían de manera agresiva? Aquél pensamiento la detuvo. Al fin y al cabo, cuando los conoció, muchos de ellos quisieron atacarla, y lo único que pudo hacer en aquellos momentos fue escapar o tratar de razonar con ellos. Actuar de esa manera le había valido la amistad de todos, pero por razones personales tuvo que regresar a la superficie.

Tragó saliva, agarrando con fuerza la correa de su bolsa, y avanzó hasta el lugar. A través de la ventana pudo advertir varias sombras, y supo que estaban ahí. Se detuvo ante la puerta, inspiró hondo, y llamó tres veces. Las voces del interior se detuvieron, y su corazón latió con más fuerza todavía.

-¿Están llamando a la puerta?- reconoció aquella voz enérgica enseguida.

-C-Creo que sí- también supo a quién pertenecía aquella.

-¿¡Será Sans!?- sonrió, realmente feliz. Eran ellos. Estaban allí, a solo unos pasos.

-No creo que sea él. Entraría por las escaleras. Supongo que será algún monstruo del lugar para comunicarme algo. Voy a ver- aquél tono maternal hizo que se emocionara. Cuando la puerta se abrió, se encontró con ella. De pequeña le había parecido muy grande, pero ahora podían ser perfectamente de la misma altura. Su pelaje blanco contrastaba con sus ojos oscuros, que se abrieron con sorpresa al ver quién era la persona que había llamado a la puerta- ¿F-Frisk?- paso por alto el tono incrédulo de su voz, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. La había reconocido- ¿E-Eres tú?- inquirió. Y la aludida pudo notar como su voz adquiría emoción, casi como si no pudiera creerse que estuviese delante suya.

-He vuelto Toriel…- murmuró, lanzándose a sus brazos. Sintió que los de ella la rodeaban, y un sentimiento de calidez y confort la envolvió- He vuelto…- repitió.

-¿Tori? ¿Qué ocurre?- aquella voz bonachona hizo que se separara de la mujer para mirar al recién llegado. Era realmente alto, aun cuando ella había crecido. Una barba rubia cubría su rostro, y una expresión agradable, que se tornó en sorpresa al verla, la recibió- ¿F-Frisk?- se mostró tan sorprendido como Toriel, y la joven se lanzó a abrazarle.

-¡Asgore!- exclamó, alegre de haber sido reconocida también por él.

-Mi niña ¿qué estás haciendo aquí?- preguntó Toriel, cuando se hubieron separado.

-Yo…e-es una larga historia- suspiró, bajando la cabeza. No se sentía cómoda hablando de aquél tema. Aún temía que la encontrara y la arrastrara lejos de allí.

-Si no deseas contarlo, no tienes por qué- la ternura en las palabras de Toriel hizo que se relajara y esbozó una sonrisa- ¡Pero no nos quedemos aquí! ¡Pasa, pasa! Todos se pondrán muy contentos de verte- cerró la puerta tras ella y cogió la mochila de Frisk, que agradeció con una sonrisa la ayuda. Los tres se encaminaron por el pasillo de la izquierda, dejando atrás unas escaleras que, según recordaba la chica, llevaban a la salida de las ruinas.

-Disculpad…- Asgore fue el primero en entrar en el salón, donde tres singulares personajes parloteaban alegremente, hasta que se percataron de la presencia de Toriel y Asgore.

-¡Hey! ¿Quién era?- preguntó una mujer de piel azulada y largo cabello pelirrojo recogido en una coleta. Toriel y Asgore se miraron entre ellos, y esbozaron sonrisas cómplices- ¿Asgore?-

-¿O-Ocurre algo?- la que había hablado era achaparrada, de piel escamosa y amarilla, con unas gafas redondas que cubrían sus ojos oscuros.

-Bueno…- empezó Toriel.

-Pensamos que quizás, a todos les gustaría…- continuó Asgore.

-Les gustaría saludar a nuestra recién llegada- tras las palabras de ella, ambos se apartaron dejando a la vista a Frisk, que sonrió con timidez al encontrarse nuevamente con ellos. Los primeros segundos el silencio inundó la habitación, sin ninguna reacción.

-¿F-Frisk?- el primero en hablar fue un esqueleto de alta envergadura, que se levantó, avanzando con pasos torpes hacia ella, quién sonrió, alzando los brazos.

-He regresado, Papyrus- murmuró, riendo, antes de lanzarse contra él. El aludido le devolvió el abrazo.

-¡OH DIOS! ¡OH DIOS! ¡HA VUELTO! ¡PODRÁS COMER MI SPAGUETTIS! ¡Y HAREMOS MUÑECOS DE NIEVE, Y PUZZLES, Y…Y…LECCIONES DE COCINA!- exclamó, dando vueltas con Frisk en brazos- ¡OH DIOS! ¡SANS SE VA A PONER MUY, MUY CONTENTO!- la chica rio, divertida ante su reacción.

-¿¡Lecciones de cocina tú!?- se giró para observar a la mujer de piel azulada, que la separó con fuerza de Papyrus y la abrazó, revolviendo su pelo- ¡Demonios, chica! ¡Ha pasado demasiado tiempo!- gruñó, riendo- ¡Has crecido muchísimo, maldita sea!- esbozó una sonrisa de dientes afilados, y Frisk sintió como el nudo de su estómago se deshacía poco a poco. Cuando se separó de ella, se giró hacia la última integrante de la sala, a la cual abrazó con fuerza.

-Estoy muy contenta de verte de nuevo, Alphys…- murmuró, sintiendo como esta le devolvía el abrazo. Se separó un poco y miró a todos- Estoy muy contenta de veros a todos de nuevo, de verdad- se incorporó, llevando una mano a su pecho- Y-Yo…yo no podía seguir allí. Llevo años acordándome de vosotros, y….Necesitaba volver- murmuró, bajando la vista.

-Pero dulzura- sintió la mano de Toriel sobre su hombro, y su calidez la reconfortó- ¿Tan malo era vivir allí arriba?- preguntó. Frisk la miró a través de su flequillo.

-En aquella época vine al monte Ebott por una razón. Y ahora he vuelto por otra- comentó, apartando la mirada- E-Es algo difícil, Toriel. Y-Yo…prefiero no hablar de ello, al menos no de momento- aseguró, rascándose la nuca.

-¡No te preocupes!- sintió la mano de Papyrus sobre su otro hombro, y sonrió como pudo- ¡Yo, el gran Papyrus, me aseguraré de hacerte olvidar todo eso!- exclamó.

-¡Te daré clases de cocina!- ofreció Undyne.

-P-Podríamos ver anime- añadió Alphys- E-Estoy segura de que Mettaton estará feliz de tenerte de nuevo en su programa- murmuró.

-No te preocupes, mi niña- Toriel la abrazó con cuidado, tratando de calmar los nervios que sentía- ¿Quieres un trozo de pastel?- preguntó, separándose de ella. Frisk sonrió, recordando lo delicioso que había estado el que había probado años atrás, y asintió. La mujer se dirigió a la cocina- ¿Te apetece algo de beber?- inquirió.

-No hace falta, gracias- contestó, asomándose a la cocina. Estaba igual que la última vez que estuvo allí. Incluso el aroma a canela y caramelo seguí persistiendo en el aire, por lo que inspiró con fuerza, tragando bocanadas de aquél aroma tan dulce.

-Hey, perdonad por la tardanza- Toriel alzó la vista del plato y Frisk la imitó, sintiendo como su corazón empezaba a latir con fuerza- Tenía una tonelada de trabajo que hacer…-

-¡SANS, NO!- exclamó Papyrus.

-…Una esquele-TOnelada- terminó. Oyó reír a Toriel, y no pudo evitar sonreír también. Los chistes malos eran algo común en Sans, y siendo sincera consigo misma, los echaba de menos. También escuchó a Papyrus quejarse por el humor de su hermano.

-¡DIOS, SANS!- exclamó. El otro se echó a reír, divertido por la reacción.

-¡Oye, deja de echarle la bronca a tu hermano y dale la buena noticia!- exigió Undyne.

-¡ES CIERTO! ¡SANS!- cogió a su hermano por los hombros- ¡TIENES QUE VER QUIÉN HA VENIDO!- se giró, y tiró de Sans.

-Eh vamos Paps ¿tan importante es?- inquirió, sin dejar de mirar a su hermano. Este no respondió, y simplemente giró la cabeza de Sans hacia la puerta de la cocina, donde Frisk y Toriel esperaban a que se percatara de su presencia- ¿F-Frisk?- murmuró, soltándose de su hermano.

-Hola, Sans…- murmuró ella, colocando un mechón de cabello tras su oreja. Sintió como su corazón latía con fuerza contra su pecho y se acercó.

-¿Q-Qué haces aquí?- preguntó él, confundido.

-Y-Yo solo…solo quería desaparecer- respondió llanamente.

Su reacción, ligeramente incómoda, hizo que todos entendieran que no quería tocar el tema, por lo que, cautelosos, empezaron a hablar de otros temas para aligerar la tensión que se había formado. Papyrus preguntó por Mettaton. Undyne y Alphys se ofrecieron a ayudar a Toriel a traer el pastel al salón. Sans miró a Frisk y le tendió una mano, con una sonrisa cansada.

-¿Vamos?- ella sonrió, esbozando otra, y se agarró a él, sintiendo las hendiduras de los huesos de la mano de su amigo, que sin esperar respuesta, tiró de Frisk hacia la mesa…

NOTAS DE LA AUTORA

Bueno, por fin me he decidido a escribir esta historia ^/^ debo recalcar que UNDERTALE le pertenece en su totalidad a Toby Fox, yo solo he querido hacer un fanfic sobre él n/n

Espero que os guste como he enfocado esto, y debo añadir que mi Frisk es de género femenino, para evitar confusiones