Esta es una adaptacion usando a los personajes de JK Rowling, y a la Novela de Bianchin Helen.

Sumary: Hermione se quedó atónita cuando Draco Malfoy le contó su descabellado plan. Necesitaba una acompañante, y la hermosa y sofisticada Hermione era, exactamente, lo que él necesitaba. Además, ella también lo necesitaba para espantar a un desagradable pretendiente.

Pero el papel no resultó tan fácil de representar, pues Draco era tremendamente atractivo y Hermione jamás había sentido antes una atracción como aquélla.

No obstante, las circunstancias se encargaron de que no le quedara otra opción. Pero, ¿qué sucedería si la ficción se convertía en realidad?

Cena Parte dos:

El dinero era muy importante para Chantelle. La cuna también por supuesto. Los Zabini tenían ambas. Pero la inmensa fortuna de Malfoy era algo a considerar muy seriamente.

Hermione sabía muy bien lo que se escondía de trás de aquel comentario.

-Me marcharé enseguida.

-¿Vas a ir a algún sitio con Blaise?

-No.

-Ya -dijo Hermione y continuó en un tono lige ramente amenazante -Hablaremos mañana por la mañana.

-No hay nada de lo que hablar -le aseguró Hermione con una sonrisa burlona - Absolutamente nada.

-Te llevaremos a casa si esperas un poco.-Estaba claro que debería haberse llevado su pro pio coche. Sin duda, había sido poco inteligente por su parte haber accedido a que Blaise la recogiera en su casa.

El dolor de cabeza que pensaba alegar como motivo de su huida ya no era una excusa sino una realidad.

Blaise no era el chófer que necesitaba en aquel momento. Su casa estaba a escasamente un kilóme tro de allí pero un recorrido por corto que fuera en plena noche y vestida de aquel modo no era lo más recomendable.

-Pediré un taxi.

El café fue exquisitamente presentado y acom pañado de licores deliciosas galletas y chocolatinas belgas. .

Hermione lo pidió con leche y azúcar y se lo tomó todo lo deprisa que las leyes de la cortesía se lo permitían.

Devolvió la taza a la bandeja de origen y se de cidió a despedirse de los anfitriones.

Se dirigía hacia ellos cuando reparó en que Pansy y Adrian estaban acompañados de Draco.

«Todo lo que tengo que hacer es sonreír agrade cederles la invitación y salir de aquí sin volver la ca beza», se dijo Hermione.

En ese instante, Draco levantó la cabeza y la miró, como si un sexto sentido le hubiera alertado de que Hermione se aproximaba. Se miraron durante unos segundos eternos y Hermione se puso en mar cha hacia ellos.

Blaise apareció por detrás y colocó posesiva mente su brazo sobre el hombro de Hermione. Ella se apartó, pero él insistió en sujetarla esa vez del brazo.

-¿ Ya has terminado con tus obligaciones fami liares? -le preguntó.

Ella lo miró con desprecio.

-Hablar con mis padres no supone ninguna obli gación para mí.

-Será que tus padres no te agobian, a pesar de ser hija única - dijo él en un comentario cínico y fuera de lugar.

-No -respondió ella secamente.

. -¿Estás lista? -le preguntó Draco- Si no les im porta nos marchamos ahora Hermione y yo tene mos algunas cosas de que hablar.

La agarró de la mano y se la llevó sin más.

-¿Qué cree que está haciendo? -preguntó ella indignada.

-Acercarla a su apartamento-dijo él.

-¡Hermione! -Blaise se apresuró a alcanzarlos- Yo te llevaré a casa.

Hermione sintió unos deseos inmensos de abofe tear a los dos simultáneamente: a uno, por ser pose sivo e infantil; al otro por arrogante.

-No veo la necesidad de que dejes a tus padres solos ante tantos invitados -dijo Draco en un tono condescendiente- La casa de Hermione está prácti camente frente a la mía.

¿ Cómo sabía eso?

-Pero Hermione es mi novia - reiteró Hermione con posesiva fiereza.

La situación iba empeorando por segundos -¿Hermione? -Draco la miró interrogante espe rando a que ella misma decidiera.

Blaise posó la mano sobre su hombro.

-Dile que se vaya al infierno- la instó con ur gencia.

-No tengo nada que decirle Blaise- le aseguró Pero Blaise la sujetó con fuerza.

-Creo que lo que estás haciendo no es del todo correcto- le dijo Draco- No quiere quedarse contigo Esto no es asunto tuyo.

-En eso te equivocas.

-¿Por qué te entrometes Draco?

-Porque Hermione está conmigo.

-¡Mentira! el rostro de Blaise se descompuso de rabia.

-¿Quieres una prueba?

Hermione no tuvo ocasión de decir nada. Draco la tomó en sus brazos y la besó.

Fue un gesto posesivo y tremendamente sen sual. La había tomado por sorpresa, sin darle op ción a reaccionar o a pensar en lo que iba a ocurrir. Simplemente, la apretó con fuerza contra su cuerpo y convirtió aquel instante en la experiencia más erótica que había tenido jamás.

Su corazón desbocado latía aceleradamente y re gaba con sangre caliente cada vena de su cuerpo.

Pasión, electricidad, magnetismo... y un deseo inflamado que carecía de vergüenzas o barreras. Era sexo, puro y primitivo sexo.

Era como si un conocimiento puramente instinti vo los hubiera poseído despiadadamente.

Para ella sólo existía o había existido aquel cuer po Una parte de ella quería viajar junto a él a cual quier lugar la otra le advertía del peligro que entraba aquel encuentro.

Por fin, su parte cuerda la ayudó a reaccionar. Se apartó casi con fiereza y sus ojos la atraparon durante una fracción de segundo. Estaba hambrien ta y aquel cuerpo la podría satisfacer. Sólo tenía que...

-¿Qué se supone que estás haciendo?

La voz de Blaise pareció emerger de un vacío lejano mientras Hermione trataba de volver al presente -En este momento, me dispongo a llevar a Hermione a su casa -le dijo Draco- ¿Hermione?

¿Qué le ocurría? Draco parecía impasible por lo ocurrido mientras que ella todavía no había reco brado el aliento.

-Si te marchas con él, no vuelvas a mí nunca -la amenazó Blaise.

-Nunca estuve contigo le respondió ella.

El sonido de unas voces que se aproximaban al recibidor hizo que Blaise cambiara abruptamente su gesto de ira por la más dulce de las sonrisas.

-Vámonos de aquí -dijo Draco, y la tomó del brazo.

Una vez fuera Draco la condujo hasta su coche. Rebuscó en su bolsillo, sacó las llaves y se las ofre ció cortésmente.

Conduce tú, si quieres. Tal vez, eso te ayude a sentirte más segura conmigo.

Detrás de ellos resonaron unos pasos.

-Buenas noches Hermione, Drac.

Draco se volvió y saludó a la pareja que salía de la mansión con una ligera inclinación de cabeza. Hermione le devolvió las llaves abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto.

Draco se sentó al volante y arrancó el coche.

Muy pronto llegaron a la calle principal y, a me nos de un kilómetro, torció para tomar la bocacalle que conducía a casa de Hermione.

-Me gustaría parar para tomar un café, antes de llevarte a tu casa. Necesito hablar de una cosa con tigo.

-¿Algo del tipo tu casa o la mía? Pues olvídalo No soy de las que sirven para una noche.

-Me alegra oír eso.

No hubo respuesta.

. Después de recorrer unos pocos metros más, Draco detuvo el coche. Hermioe se dispuso a abrir la puerta pero de pronto se quedó paralizada El aparcamiento era muy similar al de su bloque pero aquélla no era su casa.