Hola! Quiero empezar diciendo que estoy muy agradecida de todas las maravillosas personas que han continuado con la historia! Y bienvenidas las nuevas seguidoras! Espero que esta segunda parte sea de su agrado.

Estoy abierta a cualquier tipo de críticas mientras sean constructivas y no sean insultos!

Les dejo un nuevo capítulo con el cursi de Snape ajaja. Beso a todas! Muchas fuerzas para la película final de HP! Yo la veré el jueves y estoy hecha un atado de nervios!


Capítulo II: My beating heart belongs to you.

-Pero cómo… no es posible… ¿Por qué?—Oyó Severus a una distancia considerable.-¡NO! ¡NO! ¡MIENTES! ¡NO! No, no, no…- Ahora parecía un gemido que estaba pegado a su oreja.

Abrió los ojos instantáneamente, como si supiera muy bien de qué se trataba. Vio a Hermione pálida, con un sudor frío que le recorría tanto la frente como su pecho; negaba con la cabeza, hacía muecas de sufrimiento y estaba inquieta.

-¿Por qué lo hiciste?

-Hermione—Murmuró mientras la agarraba de los brazos.—Hermione, amor, despierta—Insistió. La tomó de las muñecas al no recibir respuesta, y la sentó, luego tomó su rostro entre sus manos.

-Hermione, despierta. —Repitió obteniendo, ahora, respuesta.

La castaña abrió sus ojos con algo de dificultad y soltó un suspiro en forma de gemido. Lo miró fijamente, y por un momento fue con temor e hizo un gesto de querer alejarse de él.

-¿Amor, qué te sucede?—

Hermione por segunda vez se lanzó a llorar en sus brazos.

-Hermione, dime qué pasó.

-No puedo dejar de soñar con… el día en que Dumbledore murió, tengo la impresión de que sueño con lo que vio Harry… te veo… asesinándolo, es horrible.

Pasó el dorso de su mano por sus ojos para quitar las lágrimas.

-Lo siento…

-No puedo seguir durmiendo, me siento muy mal.—Musitó en un hilo de voz.

-Quédate tranquila. Yo estaré contigo, así que puedes descansar aquí de todas formas si no quieres dormir.

-Gracias, amor. No sé qué habría sido de mí este tiempo sola.

-Yo estaré contigo cada vez que lo necesites.

-Mentira. No lo estarás.

Severus enmudeció, sabiendo que la afirmación que Hermione hacía era verdadera.

-Lo estaré mientras pueda, pero siempre estaré contigo porque mi corazón te pertenece, y es algo que siempre estará contigo cuando… cuando no lo estemos físicamente.

Luego de unos segundos, ella sonrió conmovida.

-Eres una persona maravillosa, Severus. Nunca pensé que podrías llegar a ser así, de esa forma. ¿Sabes que te amo, verdad?

-Lo sé, ¿pero sabes que yo te amo más?

-No, no lo sabía.

-Te amo tanto, que tú no puedes imaginártelo, y yo hace 6 años no me lo podría haber imaginado.

-Conmigo eres una persona que nunca habrías deseado ser, algo que ni siquiera te habrías imaginado. ¿Aún siguen sin desagradarte los cambios?

-Para nada. Aunque a veces sea un poco ridículo como me comporte contigo, como adolescente, por ejemplo

-No eres ridículo—Le interrumpió ella.

-¿Acaso no es ridículo que un hombre de mi edad se comporte casi como un adolescente? ¡Y una persona como yo es el colmo!

-Bueno, si es en la privacidad de su hogar o despacho… ¿No?- Respondió graciosa.

- Señorita sabelotodo ha respondido—Bufó.

-¿Es que no tengo razón?

-¿Quieres tenerla siempre? ¿Y que te la reconozca siempre?—Dijo algo cortante.

-¿Qué? ¿Qué te pasa? Te volviste raro

-No soportas que te trate como lo hacía antes.

-Por supuesto que no. Hace muchos meses que no me hablas así.

-¿Habrá sido porque te volviste mi enamorada, o qué?

-¿O porque te enamoraste?

-¡Ah! Es por lo que has dicho tú.

-¡Oh!

-¡Insufrible Sabelotodo!

- ¿Y qué? El Príncipe Mestizo la ama de todas formas, ¿no? Aunque no le reconoció los méritos en todos estos años.

-Ya sé que es tarde, no estamos en Hogwarts y no eres mi alumna.

-¿Pero?

-Pero te voy a dar los puntos que debí darte en estos seis años.

-Aunque no sirva, veamos si habrían servido para sacar la copa todos los años.

-Uf, menos mal que no lo hice.

-Vamos, dilo.

-¿Unos dos mil trescientos puntos?

-¡Por las Barbas de Merlín, Severus!

-5 puntos por cada respuesta en mis clases durante los seis años, más las clases que te di en tercer año de Defensa Contra las Artes Oscuras. También 10 puntos por haber realizado las pociones siempre a la perfección, lo mismo con los ataques y defensa. Y algunos puntos más extra.

-Me has dejado perpleja.

-No puedo creerlo—Bromeó él

-No me dabas los puntos que merecía, además de todo lo que tenías contra mí y mis amigos, por estrategia. Todo por querer que tu casa sacara la Copa.

-Sí, probablemente sí.

Hermione sonrió

-Hogwarts no será lo mismo de antes. Me faltarás tú…- Le dijo después.- ¿Cómo te atreves a abandonarme de esa forma, dejándome inmerso en ineptitud?

-Te dejaré sin insufrible sabelotodo, pero ¿Ginny, Luna? Algunos de Ravenclaw… ¿Los de tu casa?

-La señorita Weasley y Lovegood… tal vez. De Ravenclaw... sí. ¡De mi casa! La mayoría son unos corruptos, ineptos de la calaña de Crabbe o Goyle. Hay buenos, sí. Me apena admitirlo frente a ti, pero debes saber lo mucho que me harás falta en Hogwarts.

-Es lo mejor. Harry no debe estar solo. Además… con Voldemort controlando todo, sobre todo a mí, que soy su amiga… sería más arriesgado para los dos.

-Duele decirlo, pero es mejor que vayas, que no regreses a Hogwarts, no soportaría verte sufriendo frente a mis ojos.

-En ese caso deberías hacerte responsable de mi desaparición y me escondes en tu despacho.

-No es mala idea.

-Pero me sentiría una inútil no haciendo algo por la situación. Lo mejor es que esté con Harry.

-Tu deber como amiga es estar ahí—Corrigió él.

Ella le sonrió ampliamente.

-¿Qué sucedió finalmente con Potter? ¿Es posible que me odie más? ¿Se enojó contigo?

-Se molestó mucho porque era el único que no sabía de lo nuestro… se sentía traicionado por parte de todos, de su mejor amigo, de su novia, de sus mejores amigas… Me dijo que nunca había puesto en duda mis decisiones, por muy absurdas que parezcan, él entiende que esté enamorada… pero le es imposible asumir que sea contigo, pues tenía concebido que eras un murciélago sin sentimientos.

-Oh, tremendo halago. Pero, ¿está todo bien?

-Sí, ya sabe toda la verdad, pero por supuesto no sabe que… aún estamos juntos. Cuando terminó el sexto año… yo sentía que todo había acabado entre los dos, y así se lo manifesté a Harry.

-Será mejor que omitas estos días entonces.

-Al menos para Harry que es el más vulnerable.

-¿Y Weasley?

-Él entiende la idea de que no eres malo, pero tampoco se va a colocar de nuestro lado justificando tus acciones. Y no quiero que lo haga tampoco.

-Subestimé demasiado a Weasley.

-No te creas, creo que hasta un cierto punto lo subestimabas con asertividad… pero desde que le comenzó a gustar Luna que se volvió más sensato y fue posible que me entendiera.

-Tienes suerte de tener amigos así. A decir verdad, te los mereces, ni más ni menos, ellos te dan todo lo que necesitas.

-Y yo tengo suerte de tenerte a ti también… me das todo lo que necesito y lo que no sabía que necesitaba.

Lo besó con ternura. Rodeó su cuello con sus brazos y entretuvo sus manos jugando con el largo y despeinado cabello de Severus. Él ubicó una mano en su cintura mientras la otra le acariciaba sus brazos descubiertos. En ese instante ambos sintieron que el calor se tornaba insoportable. Hermione imaginaba de qué se trataba pero no se veía capaz de actuar y tampoco esperaba que Severus lo hiciera. Él no hizo mucho para cambiar la situación, sabía que Hermione no estaba en las condiciones emocionales para dejar que sus cuerpos se dejaran llevar, y quería respetar eso a toda costa. Su piel era tan suave, su aroma lo volvía loco, sus labios pedían más, pero ambos no avanzaban más y él se veía capaz de permanecer de esa forma con ella indefinidamente. El hecho de que ella estuviera con él en ese instante era un verdadero regalo, era lo único que deseaba, y nada más, sólo tenerla con él. Sus labios seguían fusionándose, jugando, bailando entre ellos, al mismo tiempo sentía una sensación que quizás nunca había sentido, era una especie de relajación el sentir como los dedos finos de Hermione se inmiscuían en su cabello, le acariciaba la cabeza, le alborotaba el pelo, utilizando aquel método como de distracción a su nerviosismo. Sus labios decidieron recorrer sus mejillas sonrosadas, bajar hasta su cuello, en el cual estaba grandiosamente concentrado el aroma de su cuerpo, donde se sentía la temperatura corporal, y donde le causaban a ella un leve pero agradable cosquilleo; luego sus labios terminarían su recorrido volviendo a la hermosa boca de Hermione para un último beso antes de que Hermione se acomodara para poder descansar en el pecho de Severus.

-Tu casa es insoportable con el calor.

-Lo sé—Musitó—.El verano ha sido muy caluroso, sobre todo esta semana. —Le acarició los cabellos y la frente que estaba húmeda de un tibio sudor.

Se hizo un profundo silencio. Pronto se oyó un ruido desconocido.

-Hermione, ¿tienes hambre?—

Ella rió al darse cuenta que su estómago rugía de hambre.

-Sí, un poco.

-¿Por qué no me dijiste?

-No me había dado cuenta.

-Te propongo que te des una ducha mientras yo preparo algo de comer.

-Está bien, ¿pero qué ropa me coloco? No traje ropa pues no tenía pensado quedarme.

-Supongo que no te molestará utilizar uno de mis pijamas para dormir. Quizás alguna camisa, no sé. Puedes buscar en mi ropero a lo que salgas.

Ella le sonrió con gracia.

-No tengo ningún problema en tratar de parecerme a ti.

Él se levantó y luego ella lo imitó. Salieron de la habitación y justo al frente había una puerta vieja y oscura. Entraron en el baño que hacía un enorme contraste con el ambiente que había en el resto de la casa. Estaba mucho más fresco.

-Allí tienes las toallas.-Dijo señalándolas colgadas en la percha junto a la bañera. Luego agitó su varita— Tomaremos prestado el champú de la señora de al lado, la cual no conozco y no me interesa conocer tampoco.

-¡Severus!

-No estoy robando, claramente voy a devolver el champú después que lo termines de utilizar. —Le besó la frente con dedicación. —Ahora iré a preparar algo delicioso para mi pequeña hambrienta.

Salió y cerró la puerta del baño tras sí. Fue directo a la cocina y comenzó a buscar apresuradamente algo que le sirviera para cocinar. Usualmente durante el verano no solía comprar demasiadas cosas para comer, pues se la pasaba solo, y entre sus quehaceres no le daba hambre, pero mientras Hermione estuviera allí, tendría que estar provisionado para que después no se terminara debilitando aún más por hambre. Estaba agradeciendo para sus adentros por haber encontrado un poco de arroz, cuando oyó que alguien tocaba la puerta. Por la ventana de la cocina se podía ver que el vecindario se había vuelto un objetivo lejano para el sol, debían ser las siete de la tarde, pues aún se oían los niños afuera. Mientras se dirigía a la puerta escuchó cómo Hermione echó a correr el agua en la ducha. Abrió abruptamente la puerta de entrada.

-Severus—Saludó una mujer bajo una capa negra que le cubría el rostro.

-¿Narcissa?—Dijo con incredulidad y un dejo de molestia.

-Necesito hablar contigo.

Por cortesía le invitó a pasar, aunque no era muy prudente hacerlo estando Hermione allí.

—Toma asiento. ¿Deseas algo de beber?

-Un vaso de agua estará bien, gracias. —Dijo sacándose la capa y dejando ver su rostro sonrosado por el calor.

Severus se dirigió a la cocina y llenó un vaso con agua de la llave. Volvió a la sala de estar y se lo entregó a Narcissa. Luego se sentó frente a ella, en el diván.

-¿Qué te trae por aquí?

-Severus, no había tenido la oportunidad de venir antes para hablar personalmente contigo.

Él asintió, aunque no sabía de qué se trataba.

-Te voy a estar eternamente agradecida por lo que hiciste por mi hijo, Draco.

-No es necesario que lo hagas, yo te lo prometí y lo iba a cumplir independientemente de haber hecho o no el Juramento Inquebrantable. Era mi deber hacerlo, pues conozco a Draco, y sé muy bien que él nunca sería capaz de hacer una cosa así, por lo menos en estos momentos.

-Él aún está muy conmocionado. Debo reconocer que para nosotros ha sido bastante chocante la muerte de Dumbledore… si él lo hubiese matado, Draco… no sé, se habría vuelto loco.

-Pero no fue así, y ahora solo debemos preocuparnos de acatar las reglas del Señor Tenebroso tal cual las propone.

Del baño se oyó un estruendo, un golpe.

-¿Qué sucedió?—Dijo ella levantándose del sofá. –Severus, ¿hay alguien en casa?

-Voy a pedirte que te retires ahora mismo, Narcissa. —Musitó levantándose.- Lo lamento. Podemos continuar esta conversación en otro momento. —Agregó guiándola a la puerta con un brazo de manera apresurada.

Narcissa lo observaba extrañada, sin poder entender lo que ocurría. A lo que Severus cerró la puerta se dirigió corriendo al baño.

-¿Hermione?—Dijo en el instante en que entró. El agua de la ducha seguía corriendo, y se oía como usualmente se oye cuando el agua cae en un cuerpo, pero mucho más fuerte. Severus corrió la cortina del baño y encontró a Hermione tendida en la bañera con la cabeza colgando del borde de ésta. Estaba desnuda, inmóvil, pálida. Las gotas de agua se deslizaban por todo su cuerpo, y una hilera de agua viajaba desde su cabello castaño mojado, lo mismo con sus piernas, a las que le llegaba el chorro de agua directamente. Severus sintió una presión en el pecho, y lo primero que hizo, fue intentar despertarla. Como lo hacía cada vez que a Hermione le ocurría algo, tomó su rostro entre las manos y comenzó a llamar su nombre, pero ella no respondía.

-¡Enervate!—Exclamó apuntándola con su varita, aún sabiendo que no daría resultado. Se dio vuelta para cerrar la llave de agua y luego se inclinó para tratar de levantar a Hermione. Nunca, jamás tenía como opción utilizar la magia para transportarla, pues Hermione no era un objeto como para querer simplificar las cosas, ahorrar tiempo y energía. Pasó una mano por su espalda y la otra detrás de sus rodillas, así pudo levantarla de la bañera para llevarla directamente hacia su habitación. Con el pie empujó ambas puertas, la del baño y la de su cuarto. Depositó a Hermione en la cama aún desnuda y con el cuerpo húmedo y el pelo goteando, pálida, sin reaccionar. Volvió al baño en busca de una toalla y de regreso, comenzó a quitarle el agua del cuerpo con rapidez, pero aún así con delicadeza. En las costillas tenía rastros de moretones, lo mismo en sus piernas, muslos y brazos, alguno que otro rasguño y cicatrices en distintas partes de cuerpo, de seguro ocasionadas en los diferentes sucesos vividos con Potter en busca de la destrucción del Señor Tenebroso. Su cuerpo era tan bello, hermoso, perfecto, perfecto para él, pero la razón por la cual tenía la fortuna de poder admirarlo no le era oportuna. Sus manos se escurrían junto a la toalla por sus brazos, sus pechos formados, pequeños pero contorneados, al igual que su cintura, su abdomen, hermoso, sedoso. A lo que hubo acabado, fue a su ropero y sacó el primer pijama que encontró. Era uno totalmente gris, de género, que no tenía mucho uso. Le colocó primero la parte de abajo, y luego delicadamente le colocó la parte de arriba, poniendo cuidado en su cabeza. Después se dispuso a quitarle la mayor cantidad de agua a su pelo, y fue allí cuando se dio cuenta que la toalla se tornaba color rosa. Severus llevó una de sus manos a la nuca de Hermione, le acarició suavemente y la sacó para comprobar que estaba sangrando. Rápidamente dio vuelta a Hermione para que su nuca quedara a la vista. En medio de las raíces de su cabello podía apreciarse un pequeño corte del cual salía sangre. Se alejó de Hermione y fue directamente a un gabinete que tenía junto al pasillo, donde guardaba algunas pociones e ingredientes. Sacó dos frasquitos, uno de color verde que tenía contenido un líquido cristalino, y una botella magenta que tenía un solución del mismo color. De vuelta en su habitación, abrió la botellita verde y echó dos gotitas del líquido en la herida, la cual comenzó a cicatrizar enseguida. Dio vuelta el cuerpo de Hermione, pasó un brazo por su espalda para poder sostenerla, y vertió todo el contenido magenta en su boca. Esperó unos cuantos minutos en los que se suponía que tenía que bajar la poción hacia el organismo, y luego abrió la cama para acostarla allí. La cubrió con las mantas a pesar del latente calor que había, pues Hermione estaba heladísima. Hizo aparecer una silla frente a la cama y se sentó para esperar a que la muchacha despertara. Sentía que el corazón le latía en la garganta, en la frente, en la sien, en las orejas. Le perturbaba ver a Hermione así. No sabía por qué se encontraba de tal manera. Cuando la encontró desmayada en el pasadizo secreto de Hogwarts, la razón fue el frío. Aquí hubo un desmayo y un golpe de cabeza, dos razones para hacer temer a Severus, dos razones para preocuparlo, dos razones más para no querer separarse de ella nunca más.