Capítulo 2:

Oye muchacho, ¿Por qué no te quedas a comer?, debes tener mucha hambre, el viaje desde Iwaki, te debió dejar muy hambriento.

-Bueno, si tiene razón, ahora que lo dice hace bastante que no como algo casero.

-Shampoo sírvale a Ryoga lo que guste- dirigiendo la mirada Cologne a la peli-azul.

-Pero abuelita…- Mascullo la chica.

-Nada de peros y cuando termines, necesitare tu ayuda. Ryoga me llevara un poco de tiempo poder entender plenamente cada palabra de los escritos pero cuando termine esto, beneficiara a todos, mientras siéntete cómodo.- dicho esto la anciana se retiró a la cocina lentamente, dejando a un hambriento chico.

Ryoga devoraba cada plato; primero comenzó con el wonton, aunque evitaba los de cerdo, hizo desaparecer los de jengibre, aceite de soya, cebolla y camarones que por la textura arrugada y blancuzca asemejaban ser pedacitos de nubes. Cuando termino se avalanzo por el gong bao que era una de las especialidades de Shampoo, despacio dio la primer cucharada, su paladar era especialmente sensible al picante pero al degustar el pollo con el marinado de verduras y cacahuates solto un suspiro de aprobación. – ¡Shampoo esto es el paraíso!-.

La chica le regalo una sonrisa de agradecimiento y se dirigió a la cocina a con su abuela.

-¿Abuelita que sucede?

-Shampoo, nieta estos pergaminos son poderosa y ancestral magia china- dijo sin apartar los ojos de los largos papiros.

La chica se acercó y miro los hanzis, muchos estaban difuminados o con manchas coloradas de papel envejecido y amarillento que hacían perder el sentido de los caracteres.

-Los papiros contenidos en los cilindros naranja y rojo puedo entenderlos y con un poco de tiempo los podría desmenuzar cada instrucción, mientras que el que se encuentra en el cilindro negro es bastante raro nieta, sencillamente no conozco su escritura, cada carácter allí descrito es muy extraño.- hizo una pequeña pausa.

Shampoo miro a su abuela.

Cologne continuo –Ese medallón que tiene Ryoga…-

-¡Muchas gracias, estuvo delicioso!- Se escuchó desde la fuera de la cocina -¿Anciana puedo pedirle un favor?

Cologne y Shampoo salieron hacia donde se encontraba Ryoga.

-Agradezco su hospitalidad, pero tengo que ir al dojo Tendo, ¿Puedo confiarle los manuscritos?

-Claro muchacho- Afirmo Cologne.

-Muchas gracias señora- cambio el tono del chico a uno más formal –entonces volveré tan pronto, haya hecho lo que tengo que hacer-. Ryoga echo su mochila a espaldas y se encamino a la puerta.

-Espera Ryoga, conozco tu desorientación deja que Shampoo te acompañe.

La peli-azul se quedó mirando sorprendida a su abuela.

-No es necesario conozco el camino.- espeto un orgulloso Ryoga.

-¿Seguro?, aún recuerdo la ocasión que te perdiste en esta casa.

El chico desvió la mirada por la vergüenza.

-Shampoo ve- ordeno la anciana

-Pero abuelita…-

-Nada de peros iras-

La chica solo asintió, guardando su molestia.

Antes de que la pareja saliera del local Cologne le dijo a Shampoo en un tono afilado y apenas perceptible. –Pase lo que pase no pierdas de vista a Ryoga y tráelo de vuelta con el medallón-

Shampoo sin dejar de sorprenderse solo pudo afirmar a la petición.

El sol del mediodía se alzaba por encima de sus cabezas, la pareja no se dirigía palabra alguna, Ryoga ensimismado rebuscaba en sus pensamientos, después de tanto tiempo de viaje vería a su amada y el solo tener la idea en mente le inundaba de felicidades y le dibujaba una sonrisa en el semblante. Shampoo visiblemente molesta por la encomienda se limitaba a caminar a la par del chico y conducirlo por las pequeñas y entramadas calles.

Doblaron por una calle llena de pequeños establecimientos, con cortinas de diversos colores y kanjis en negro, perfectamente rotulados, pasaron por debajo de un arco con el anuncio de tienda de ropa, con una frase en ingles en una marquesina negra y letras blancas. Al pasarlo dieron de frente con una florería, fuera del local en una carretilla de madera vieja se encontraba abundante albaricoque y lirio japonés azul turquesa que comenzaba a cerrar sus botones satisfechos por los rayos de sol de la mañana. Pero lo que llamo toda la atención de la chica es que dentro del pequeño local más allá de la pequeña carreta, bordeada por anemonas y kiku en un templete se veía una camelia con dos botones de unos 10 cm en el ápice de dos de sus ramas y de un color rojo intenso cada una con 5 sépalos y 5 pétalos.

Ryoga se percató de la reacción de su acompañante y dirigió su mirada a donde apuntaban los ojos de la chica, volvió la mirada a su compañera y por un momento vio una sonrisa apenas perceptible y una mirada tierna que no apartaba de las hermosas flores, -nunca había visto esa parte de la orgullosa Shampoo- pensó para sí mismo.

-Gracias por tu ayuda y por la de tu abuela- dijo el chico.

La peli-azul giro levemente la mirada hacia su compañero –No hay nada que agradecer- contesto.

Y ambos siguieron su camino bajo el sol del mediodía.

De nuevo giraron por una calle, a un par de cuadras el dojo Tendo era ya visible, Ryoga se emocionó y comenzó a apresurar el paso, Shampoo le siguió con cierta pesadez –Al menos veré a mi airén- se dijo a sí misma para reconfortarse.

El chico llego unos pasos delante de Shampoo, toco animadamente la puerta de madera vieja que crujió al ser golpeada. De dentro de la casa se oyó decir –Un momento por favor- Ryoga inmediatamente reconoció la voz.

La puerta fue tirada hacia dentro y de ella emergió una silueta femenina de cabello corto y negro-azulado.

-¡Ryoga!, ¡¿Cuánto tiempo?! ¿Cómo has estado?- Saludo una efusiva chica, pero apenas miro la escena completa –aaaah, hola Shampo…-

-Hola Akane- apenas respondió Shampoo sin mucho interés -¿Esta Ranma?-

-¡Ah!, ya veo, tan temprano y ya vienes a molestar- respondiendo Akane con una mirada bastante pesada.

Intervino Ryoga -Akane he venido desde Iwaki porque quiero darte esto- el chico puso su mochila en el suelo, la abrió y de ella extrajo la pequeña caja de madera laminada que aparto de los pergaminos y que Shampoo había tenido en sus manos en el Neko Hanten. La amazona abrió un poco más los ojos y de golpe le vinieron las palabras de su abuela, e inmediatamente se percató de las intenciones de Ryoga y sin meditar cosa alguna, se abalanzó sobre el brazo del chico antes de que pudiera extenderlo hacia Akane.

Continuara…