Disclaimer: Lo que puedan reconocer pertenece a Kaoru Tada, yo solo escribo por entretenimiento.
NA: El segundo, avanza un poco lento, pero hay que conocer el otro lado je je, sigan leyendo.
Algo tiene el destino
II
La creencia general —las mujeres, en su mayoría— sostiene que los hombres no le dan importancia alguna a los sentimientos, y que de hacerlo, sin duda, pertenecen al otro bando. Suposiciones erróneas, por supuesto, pues ellos, para quienes sea difícil de creer, sólo tienen otra manera de expresar sus emociones, que queda fuera de la comprensión de muchos.
Tal no era el caso de Naoki Irie, no con Machiko Irie por madre. Ella era tan espontánea, amorosa aunque un poco sofocante, y a sus hijos les había inculcado la importancia de considerar los sentimientos y expresar aquello que llevaban dentro. Si bien su hijo menor era más reservado —pero afectivo—, el mayor, Naoki, aún con la vergüenza que le hizo su madre en sus primeros años al vestirle como niña (lo que luego quedó como una anécdota que le servía al aludido para aliviar tensiones), siguiendo su ejemplo, no enmascaraba su sentir al relacionarse con los otros.
Eso le había ganado ser un personaje querido y popular en el instituto, aunque sus notas reflejasen un desempeño académico apenas aceptable (los estudios nunca habían sido lo suyo).
Lo que era mejor de él, su empatía para con los demás, le hacía ser la persona menos odiada, pese a que su papel de popular fuera un aliciente para ser arrogante.
Sin embargo, lo que nadie sabía hasta ese día, era que sentía algo y no lo había vocalizado sino al decidirse por confesar su amor a la persona que iba dirigido.
La genio Aihara.
La chica de ojos prácticamente vacíos le había cautivado su primer día del instituto al dar su discurso de bienvenida.
Antes de que la barrera Clase A (de estudiantes sobresalientes), Clase F (compañeros menos que aplicados), la pusiera a ella en un pedestal y a él como un simple observador.
Naoki, a pesar de su "notoria falta de intelecto", tenía conocidos en cada una de las clases, pero ella, ella era inalcanzable.
Tonto de él, decidido a no dejar que su amor secreto se mantuviera así por un año más —el último de su educación media superior—, se acercó a ella cuando se dirigía a la biblioteca (un lugar que él no frecuentaba) y abrió la boca para pedir un momento en que pudieran hablar.
Y sus palabras se quedaron trabadas en su garganta.
Kotoko, con su inexpresivo tono de voz, declaró sin detenerse a mirarlo un: —Sé que estás enamorado de mí, pero no me interesan los idiotas.
Él alcanzó a musitar cómo, a lo que ella contestó que no cuestionara su inteligencia.
Un par de curiosos se encargaron de que el encuentro se extendiera como pólvora, y por primera vez Naoki no quiso sentir, porque le dolía, además de sentirse humillado de que quienes le apreciaran tuvieran opiniones sobre que podía ser muy popular, pero no era lo suficientemente listo para alguien como ella o que debió haberlo guardado hasta la tumba porque nunca estaría a su nivel, por muy agradable que él sí fuera; por si fuera poco, se sentía decepcionado, sí, de haber puesto sus expectativas en una joven que nunca había dado muestras de humanidad.
Al terminar el día escolar, ya tenía la fuerte convicción de olvidarse de Kotoko Aihara.
Mas aquella se quedó en la estancada cuando, después del pequeño temblor que derramó unas gotas de agua sobre su camiseta, en las noticias apareció el infortunio ocurrido con la chica de cabellos cobrizos, seguido de la llamada de su padre para que prepararan todo para recibir a su amigo Aihara y su hija.
Tenerla en su casa debía de significar algo.
A su madre le vio estrellitas en los ojos al hacer llamadas y dar vueltas para reubicar las pertenencias de Yuki en su habitación. Siempre había querido una hija.
Su hermano estaba entusiasmado al saber que tendría quien pudiera ayudarle en una tarea y sacar una buena nota.
Y él, él sentía un revoltijo de cosquillas en su estómago ante la perspectiva de compartir techo con la chica de la que estaba enamorado. Quizá era diferente en casa y se le presentaría la oportunidad de conocerla con otra faceta.
—¡Hemos llegado familia! —gritó su padre desde el umbral de la puerta y los tres abandonaron la sala de estar para dar la bienvenida a sus huéspedes.
Naoki se quedó atrás y sonrió amablemente al verla en el vano de su puerta principal, ella, claro, no hizo ademán de devolverle el gesto y asintió en agradecimiento a su madre, que parloteaba sobre los cambios realizados a la habitación de Yuki, que alegremente cedió sus aposentos para que ella pudiera tener privacidad.
—Puedes llamarme mamá, cielo —dijo su madre de manera cariñosa, distrayéndole del escrutinio que hacía a los brillantes cabellos de Kotoko.
La aludida inclinó su cabeza lacónicamente. —Se lo agradezco, señora, pero…
—No hace falta tanta formalidad, querida —interrumpió su madre—, en todo caso, llámame Machiko. No sabes lo emocionante que ha sido pedir ropa para sustituir la que has perdido, es una pena lo que ocurrió, pero aquí estoy yo para arreglarlo… —manifestó con emoción—…siempre he querido tener una hija, no fue una molestia comprarla, amo a mis hijos, pero es que hay tantos conjuntos para dama que me apena no haber tenido una niña para vestirla, eres tan bonita y se te verán tan bien. —Dejándose llevar por el momento su madre cogió las manos de Kotoko entre las suyas. —Eres tan preciosa…
—Machiko, no… —habló Kotoko, y él tuvo el presentimiento que sus palabras, tal vez dichas inconscientemente, le harían daño a su madre, así que la interrumpió:
—Mamá, creo que ella debe estar cansada tras los acontecimientos de este día, ¿no crees que tal vez le gustaría ir a su habitación para darse un baño y descansar?
—¡Naoki! —su madre llevó sus manos a su cara, horrorizada—, siempre tan considerado. Qué modales son los míos. Tienes razón, ¿te importaría mostrarle el camino?, de lo contrario me extenderé más. Señor Aihara, mi esposo y yo le llevaremos al cuarto de huéspedes, debe de haberlo pasado tan mal… —su voz se perdió a la distancia, y miró a los tres desaparecer en el pasillo.
Yuki sonrió mirando a Kotoko y a él con ojos conspiradores, Naoki se dijo que no le había pasado desapercibida la manera en que observaba a la chica.
—Me iré a terminar mi tarea, bienvenida, Aihara. Hermano, no te la comas.
Él se sintió enrojecer con las palabras de su hermanito y de soslayo buscó el rostro de Kotoko, ella le miraba con una ceja enarcada.
—¿Me llevarás a mi habitación, o qué?
No haría bien en recordarle que era su casa, pero sabía que a ella el comentario le había fastidiado. Suspiró señalando la escalera, esa chica era un témpano, en televisión no había visto ni un signo de aflicción por lo ocurrido y su comentario hacia Rin Ishikawa no había sido más que grosero, por mucho que la entrevistadora fuera un poco menos que amable tomando en cuenta las circunstancias. Uno no debía devolver un comentario agrio con otro, las buenas relaciones no surgían de eso.
—Vamos, de camino te mostraré el baño. Espero que te sientas cómoda, hemos contado con el tiempo justo para preparar todo, siéntete libre de hacer algún cambio si algo no es de tu agrado —dijo alcanzándola en el rellano de la escalera, esperando que avanzara, pero no lo hacía.
—Agradezco la hospitalidad de tu familia, pero no creas que esto cambia nada de lo que dije esta mañana, ni aquí ni en la escuela, aunque todos sepan que estoy viviendo en tu casa, ¿soy lo suficientemente clara para ti, Irie? —le hizo saber ella alzando su cabeza para poder mirarlo a los ojos, sin dejarse intimidar a pesar de que él le superaba por una buena altura.
Él sonrió, negando con suavidad.
—No te preocupes, no te hemos ofrecido la casa por mis sentimientos hacia ti, lo hacemos porque nadie debería pasar lo que tu padre y tú. Lamento que tuvieras que vivirlo y si dependiera de mí no te habría pasado —por un momento, pudo jurar que un atisbo de dolor y vulnerabilidad apareció en sus ojos castaños, pero desapareció tan rápido que tal vez fue su imaginación—. Sobre lo que a mí concierne, eso es un asunto separado.
Ella asintió sin mirarlo a los ojos y siguió subiendo con él a su espalda.
—Si se te ofrece cualquier cosa, ésta es mi habitación —señaló los letreros del nombre de su hermano y el suyo al pasar por su puerta— y ésta —llegó a la que antes fue de Yuki y ahora tenía un cartel decorado con flores, donde podía verse el nombre de Kotoko escrito— es la tuya, siéntete como en casa.
La vio asentir con la mano en el pomo de la puerta, dispuesta a entrar.
—Aihara, sólo quiero pedirte una cosa…
Continuó al ver que ella no hacía amago de abrir la puerta—: No importa cómo desees tratarme a mí, no seas cruel con mi madre, no quiero verla herida, ella instantáneamente te ha tomado cariño, no me gustaría que la trataras como no se merece. Es lo único que te pido.
—¿Algo más? —preguntó ella en tono neutro.
—No, que pases una buena noche. Te estaré esperando mañana para que conozcas el camino para ir a clases.
Kotoko desapareció sin darle las gracias y él se encogió de hombros. Se preguntaba qué había visto en ella en primer lugar.
Recordó sus palabras en su primer día de clases y su lucha constante para sobresalir académicamente aunque los medios económicos no estuvieran de su parte.
Se aseguró que ella tenía cosas buenas.
Sonrió y entró a su habitación. ¿Realmente sería capaz de olvidarla algún día?
NA:
Saludos.
Eso de Irie todo sonrisas se me hizo muy raro, rarísimo, aunque resulta agradable de esa forma je je. Está complicado qué escribir porque Kotoko es lista, pero no tiene la ventaja monetaria de Naoki, así que cambia la historia (pero así lo quería), los que sí quiero incluir son los mejores momentos de la trama, porque me gustaron, como sé que habrán otras por allí que también.
Gracias por la aceptación de este fic, espero que sus expectativas no caigan en saco roto, por mucha buena intención que yo tenga. Poco a poco introduciré el humor y el romance, que creo serán lo que harán buena la historia.
Se me cuidan hasta la otra.
Karo.
Reviews, reviews:
Sayuri: Este capítulo es solo un esbozo de cómo es Naoki, pero sí me lo trato de imaginar diferente, y tal vez con la revancha por todo lo que le hace a Kotoko. Gracias por tu review.
Abi: Gracias por el review, me alegra que te atraiga, ojalá que continúes a partir de este capítulo.
