Feo. Pov Edward.

Sentado en la sala esperaba a que me dijeran que estaba despedido. Terminé mi carrera de derecho en Junio y empecé las prácticas en el bufete de abogados cercano a mi casa. No era un trabajo, ya que solo estaba allí por tres meses y una vez acabada la carrera me iba. Al principio solo ordenaba los casos. Después empecé a atender gente y por último ayudaba a crear la defensa. Realmente quería especializarme en abogado penalista, pero eso conllevaba tres años más de carrera y no estaba dispuesto a estudiarlo en Alemania.

Terminé viviendo en Alemania tras tener varios percances con mi propia familia, digamos que se avergonzaban de mí todos excepto mi madre. Cuando era pequeño era el típico niño que siempre estaba enfermo. Padecía de asma y demasiadas alergias. También era algo torpe. Más bien muy torpe. Mis rodillas se juntaban demasiado y siempre estaba en el suelo. Si a eso añadimos que necesitaba gafas, ya lo teníamos todo.

Mi madre siempre me vestía como si fuera siempre domingo, ya que en la escuela especial que iba así lo exigían. Según mi madre era para niños muy inteligentes como yo. Ella peinaba mi cabello hacía atrás todo engominado para que no tocara la cara. No quería cortármelo como a los demás niños, porque decía que tenía un cabello cobrizo hermoso, sin embargo nunca me dejaba llevarlo como yo quería, porque según ella provocaba alteraciones en mi piel si rozaba mi frente cuando sudaba.

Vivía al lado de mis primos cuando iba en verano a Forks con ellos. Jasper y Rosalie eran mis ídolos. Eran sumamente perfectos. Ellos no tenían que llevar un aerosol en su bolsillo por si se ahogaban. Jasper no llevaba el pelo engominado y Rosalie vestía como ella deseaba. Aun que sinceramente quien siempre me importó fue Isabella.

Ella me trababa igual de mal que los demás. Me insultaba y se reía de mí. Pero aún así, cada vez que lo hacía, podía ver en sus ojos como la tristeza se la llevaba y se la comía por dentro. Su mirada era de color chocolate y siempre ansiaba tocar su piel pálida.

Nunca me dejaban jugar con ellos porque decían que era un extraterrestre y cosas peores. Recuerdo el último día que salí manteniendo la esperanza de que esa vez me dejaran ir con ellos. Yo acaba de cumplir los trece años.

Flash back.

Bajé las escaleras sin peinar mi pelo y llevaba mis gafas en el bolsillo. No me veía muy bien, pero deseaba que ellos me aceptaran. Mi madre al verme me peinó enseguida y me obligó a ponerme las gafas diciendo que ya era bastante torpe sin ellas.

Esme se enfadó mucho cuando vio que llevaba tres botones de mi camisa desabrochados. Los abrochó rápidamente y me sonrió. Siempre me protegería. Debía añadir que a mis padres les costó más de ocho años concebirme. Mi madre me tuvo a los veintiséis años casi veintisiete y de ahí su amor por mí. Sin embargo mi padre era harina de otro costal. Él decía que me protegía demasiado y que había criado a un niño tonto. Mi madre y mi padre se casaron cuando tan solo tenían dieciocho años Y ocho años para concebir un hijo fue demasiado para ella.

Miré a mi madre una vez más antes de salir de casa mientras cogía mi inhalador y lo guardaba en el bolsillo. Corrí al ver que Jasper, Emmett, Rosalie, Alice y Bella se iban al cine sin mí. Los llamé un par de veces y al fin Jasper se giró encarándome con una sonrisa de superioridad.

-¿Dónde vas monstruo?- Me preguntó señalándome.

-Quería…quería.- Me faltaba el aire de tanto correr.

-No sabe ni hablar.- Gritó Emmett.- Empújalo.

Rosalie, Alice y Bella no paraban de reír mientras Jasper me empujaba de los hombros hacía atrás. Me tropecé con mis propias rodillas y caí de culo en un charco de barro que caló hasta mis huesos.

- Ahora debes ir a cambiarte de ropa.- Dijo Rosalie riendo.- Y la película empieza en media hora, así que no nos da tiempo a esperarte.

Rosalie se giró para chocar la mano con Alice y con Bella. Alice la abrazó y saltaron riéndose, sin embargo Bella rió sin gracia y no le chocó a mano a Rosalie. Mi corazón brincó en el pecho al ver que ella seguía sin reírse como los demás. Para rematar la faena, Emmett se acercó a mí y se sacó su cosa para mearme los pantalones.

Se giraron y me dejaron allí tirado en el suelo lleno de barro y meado de Emmett. Me levanté sintiendo como me ahogaba. No iba a llorar, esta vez no. Una chica rubia se paró delante de mí y me tendió su mano. Aquello me dejó helado. Al levantar bien la vista y colocarme las gafas en su lugar, observé que era Tanya Denali, la hija del socio de mi padre. Mi padre y su padre tenían el mejor bufete de abogados de Washington.

Estiré mi mano temblorosa y cogí la suya. Parecía que iba a ayudarme, pero de pronto escuché las risas de sus dos hermanas. Ellas eran trillizas y tenían la misma edad que Bella. De la rabia que me dio palmoteé el charco de barro y meado de Emmett y le empapé su vestido blanco. Ella me miró furiosa y me advirtió que esta se la pagaba.

Me levanté del suelo y la cogí del brazo. Nunca tocaba a nadie, pero estaba enfadado y ella se había reído de mí. Sus dos hermanas empezaron a gritar que le estaba pegando y su padre salió junto al mío. Edward me vio cogiendo su brazo y aquello lo puso rojo de la ira. Se acercó a mí y cogiéndome por un trozo de tela de mi camisa, que estaba más o menos decente, me metió en casa gritándome.

-¡Me avergüenzas!- Edward me empujaba hacía el baño.- Te vas a ir a un colegio interno.

-No, mamá.- Miré a mi madre y la vi llorando.- No le dejes.

Ella no hizo nada. Tan solo se pasó los siguientes dos días llorando y preparando mis maletas. Al tercer día estaba encerrado en un avión dirección a un colegio de pago en el extranjero. Destino… Alemania.

Fin del Flash Back.

Suspiré y cerré mis ojos conteniendo las lágrimas. Mi madre me escribía cartas contándome como se sentía. Tres meses después de mandarme a Alemania, mi padre Edward Cullen, la dejó pidiéndole el divorcio y quitándole mi custodia. Ella se casó con Carlisle Cullen. Efectivamente era mi tío y hermano de mi padre. Él venía a visitarnos a Forks siempre desde que nací y parecía él más mi padre, que mi propio padre. Cuando mi padre se marchó y acabaron juntos. Supe en ese momento que ella era feliz a su lado gracias a sus cartas. En ella me decía que me extrañaba mucho.

La puerta se abrió y mi jefe me hizo pasar a su despacho. Me senté en la silla y lo miré con intriga. Según él era el mejor empleado que había tenido desde hacía años y le molestaba que me marchara.

-Bueno Edward, los papeles están listos ¿Estás seguro de esto?- Me preguntó soltando los papeles en la mesa con desinterés.- Puedes trabajar aquí ahora que has acabado la carrera.

-Lo estoy señor Kindlmüller.- Firmé los papeles.- Quiero estudiar para abogado penalista, pero no en Alemania. Deseo ver a mi madre.- Me levanté y salí de allí dirección al campus.

Desde hacía tres meses me había puesto lentillas. El jefe decía que la presencia era lo primero y que yo sin gafas estaba mucho mejor. Hubo un tiempo en que pensé que era de la acera de enfrente, ya que no paraba de aconsejarme como me vería más guapo. Nunca cambié mi forma de vestir, ya que en el colegio también debía vestir con pantalón y camisa y de allí nunca salí hasta hacía apenas seis meses, ya que allí había desde párvulos hasta la universidad.

Caminé por los pasillos pensando en mi madre y en que me faltaba poco para verla después de diez años. Tenía ganas de volver a ver a mi tío, el hombre que cuidaba de mi madre día y noche desde que mi padre se fue. Él me dijo que dejara el instituto y volviera a casa, pero tenía miedo de hacerlo y enfrentar a mi familia. Sabía que tenía una hermana de ocho años y mellizos de cuatro.

Al llegar a la habitación que aún ocupaba en el campus, recogí mis cosas y cerré la puerta con llave dejándola en recepción y despidiéndome de la mujer que me había visto crecer durante diez largos años. Cogí un taxi y le indiqué que me llevara al aeropuerto. Gracias a dios en estos diez años no había acumulado mucho en la habitación y tan solo llevaba tres maletas.

Una vez embarqué en el avión, me quedé dormido pensando en que iba a hacer ahora. Al despertar, me di cuenta que solo faltaban tres horas para aterrizar en Washington. Un nudo se formó en mi estomago y salí dirección al baño. Había sudado demasiado mientras dormía y mi pelo se había alborotado. Tiré mano a mi bolsa dándome cuenta que no me quedaba gomina. Lavé mi cara y me senté de nuevo en el asiento. Pensé en las veces que me habían insultado también en Alemania gracias a mis alergias y mis rodillas juntas. Las chicas allí también huían de mí.

Al cumplir los dieciocho, me apunté a un gimnasio ya que mi profesor dijo que eso mejoraría mi equilibrio. Mi cuerpo cambió haciéndose más ancho. No estaba musculoso pero si estaba formado. A raíz de aquel cambio corporal y alimentación un poco más severa respecto a la dieta, mi sistema inmunitario cambió y se hizo más fuerte. Ya no tenía asma desde los quince años, según el médico era asma infantil. Las alergias también desaparecieron y por fin pude llevar el pelo un poco más suelto por la noche mientras dormía.

Las chicas seguían pasando de mí. Por lo visto usar gafas, llevar el pelo engominado, vestir siempre con pantalón, zapatos y camisa, era un buen repelente para ellas. Aquello lo agradecí porque no me interesaba ninguna. Yo solo amaba a Isabella desde que era niño. Además, debo reconocer que en la única fiesta que fui de la universidad, se me acercó una chica y le tiré el ponche encima por los nervios. Luego olía a alcohol que tiraba de espaldas. Me llevé un puñetazo por parte de un chico, rompiéndome las gafas. Jamás traté de acercarme de nuevo a ninguna chica.

Respiré hondo y bajé del avión cuando aterrizó. Era Jueves por la tarde y estaba ansioso de ver a mi madre. La vi aparecer entre la multitud de gente. Ella se acercó despacio a mí y me miró con una sonrisa. Me señaló el rostro y le sonreí.

-Has cambiado mucho.- Me dijo abrazándome al fin.- Te queda muy bien el cabello suelto.

Cerré mis ojos al sentir los dedos de mi madre acariciando mi cabello.

-Han pasado diez años.- Le dije sonriendo.- Lo siento.

-¿Por qué te disculpas?- Mi madre me miró con tristeza.

-Porque por mi culpa nos separaron.- Suspiré.- No quería hacerte daño.

-No fue tu culpa.- Ella secó una lágrima que resbalaba por mi mejilla.- Fue de Edward Cullen.

-No quiero recordar nada.- Le dije cogiendo su mano.- Solo pensar en nosotros. Quiero conocer a mis hermanos.

Mi madre asintió y me llevó al hotel donde estaban mis hermanos y mí ahora mi tío/padre Carlisle Cullen. Al llegar sentí mi estomago completamente cerrado ¿me aceptarían mis hermanos? Caminé despacio hasta el gran comedor y allí estaban esperándome sonriendo. Mi hermana Sarah era un cielo. Ella deseaba conocerme y saber idiomas como yo. En aquel colegio aprendí alemán, italiano, francés y español. Mi hermanito era un revoltoso. Se pasaba el día corriendo de arriba abajo. Alec era tremendo. Sin embargo su melliza Jane era demasiado tranquila. Carlisle me recibió de nuevo con los brazos abiertos y aquello me encantó.

Mi familia y yo pasamos la noche allí. El viernes por la mañana cogimos un avión hasta Seattle. Mi madre me dijo que Jasper estaba por la zona para llevarme a casa. Escuchar el nombre de mi primo me ahogó. En el coche de mis padres no cabía y por huevos debía ir en el de mi primo. Lo llamé con las manos sudorosas y temblorosas.

-¿Si?- Su voz sonó ronca.- ¿Quién es?

-¿Jasper?- -Pregunté dudoso.

-Si ¿Quién es?- Parecía impaciente.

-Soy Edward.- Mantuve el silencio para saber que opinaba respecto a aquella llamada.

-Anda, tía Esme me dijo que volvías.- Sonó su risa tras el teléfono.- ¿Dónde estás?

-En Seattle.- Le dije cortado.- Mis padres ya se han ido hacía Forks. Estoy en el aeropuerto de aquí ¿Cómo estáis vosotros?

-Bien, estamos muy bien de hecho...- Sonó un ruido como si estuviera pensando y haciendo ruido con la boca a la vez. -Mira, vamos a hacer una cosa. Yo estoy aquí porque vamos a darle una sorpresa a Bella.- Mi primo rió.- Vamos a llevarle un prostituto a una cabaña. Ella está muy amargada desde que lo dejó con su novio hace tiempo.

-¿Un prostituto?- Pregunté tragando saliva.

-Si, a no ser que prefieras ir tú.- Jasper se rió más fuerte.

-¿Por qué?- Le pregunté sonrojándome.

-Hombre se llevará más sorpresa contigo te lo aseguro. Ella no sabe que has vuelto. – Su risa se hizo aún más fuerte.

-Yo no...- Le dije tragando saliva.

-Vamos, le digo a Emmett que pase a por ti en media hora.- Jasper colgó.

Al escuchar el nombre de Emmett empecé a temblar. No quería ver a aquel niño grandullón. Ahora sería un enorme oso y de un empujón me mandaría de vuelta a Alemania. Caminé hasta el baño con la única bolsa que me habían dejado mis padres. En ella estaba mi cartera, mi móvil, mis llaves, mi carnet de conducir, un gorro, una sudadera y una bolsa de papas. Sin pensármelo dos veces, me coloqué la sudadera y el gorro, encima de la camiseta azul que llevaba.

Subí la capucha y esperé fuera a que llegara Emmett. Un Jeep blanco se detuvo delante de mi cara diez minutos después. La puerta se abrió y allí vi a aquel mastodonte. No me había equivocado si de pequeño era un osezno, ahora era un oso grande y hermoso. Tragué saliva y me subí al coche.

-Hola feo.- Me saludó él.

-Hola.- Susurré despacio.

-Al menos no vas con camisa y pantalón negro.- Emmett rió.- Veo que llevas un pantalón blanco y una sudadera negra.

-Me lo regaló Carlisle.- Le dije sin mirarlo y agachando la cabeza para que no viera mi cara.

-¿No me miras?- me preguntó él riéndose.- Ya veo ¿Tienes la cara llena de granos o algo así que te escondes?

-Algo así.- Le dije apretando más la sudadera contra mi cuerpo.- Soy el mismo de siempre.- Le recalqué.

-Ya veo.- Rió a mandíbula batiente.- Cuando Bella te vea aparecer se va a morir.- Apretó sus manos al volante.- La putada del prostituto era genial, pero esto es mejor.

-Supongo.- Dije mirando por la ventanilla.

-Ya la veo muriéndose de asco.- Dijo contra su camisa, pero que aún así lo escuché.

Sabía que ella me iba a echar de allí. Solo quería verla una vez antes de volver a casa de mis padres, y encerrarme para estudiar. Necesitaba presentarme en el siguiente curso y sacarme la carrera de abogado penalista. Emmett aparcó al lado de una casa donde alquilaban cabañas, ropa de esquí y coches de nieve.

-Ya hemos llegado. Su cabaña es aquella que ves allí.- Y me señaló una con una verja azul.- Nos vemos el domingo por la noche.- Abrió la puerta del coche y me empujó fuera.

El coche desapreció por el camino y me quedé allí tirado ¿Qué iba yo a hacer hasta el domingo? Vería a Bella, me tiraría de la cabaña, y volvería a aquí para preguntar cómo llegar al aeropuerto de vuelta.

Entré a la cabaña y alquilé un traje de esquí rojo. Me metí en los vestuarios y me quité la sudadera y el gorro. Guardé en la bolsa la ropa y me coloqué las botas y las gafas de nieve. Salí de allí con la bolsa a mis espaldas, los esquíes en la mano y pensando en cómo iba a presentarme ante ella.

Llegué a la puerta y toqué un par de veces. Aquello era demasiado para mí y mi corazón latía a una velocidad vertiginosa. La puerta se abrió y el mundo me aplastó. Ella era realmente hermosa. Sus ojos eran aún más intensos a como los recordaba. Su piel me invitaba a acariciarla y sus mejillas sonrojadas por el frío parecían dos manzanas. Tragué saliva y la miré sonriendo.

-Hola, mi nombre es Edward Cullen y soy tú monitor este fin de semana.

Fue lo primero que se me ocurrió. Seguramente había asociado el nombre y el apellido y ahora me cerraba la puerta en la cara.

-Hola, soy Bella.- Sus ojos se clavaron en mi y sus mejillas se encendieron.

-¿Puedo pasar?- Pregunté alegre ya que no me había reconocido.

-¡Sí!- Su voz sonó gritona.-Pasa.

-Gracias.- Entre al salón con los esquíes en mi mano y los dejé en un rincón.-Necesito saber si has esquiado alguna vez.- Me senté en el sofá y esperé un poco. Yo si había esquiado en el colegio alemán.-Para saber el nivel que tienes.- Agregué rápidamente.

-No le he hecho nunca, vivo en Forks. Así que la nieve si la he tocado y he jugado con ella, pero jamás me he calzado unos esquíes.- Vaya, nunca había esquiado.

-Bien, siéntate, lo primero de todo es quitarte esos nervios.- Podía sentir que estaba nerviosa. No me había reconocido y en un momento eso hizo que me creciera.

-Lo siento, no son nervios, es mosqueo.- Arrugó su ceño como cuando éramos niños y me dieron ganas de pasar el dedo para alisarlo.

-¿Y puedo saber por qué? Uno cuando esta solo no suele "Mosquearse".- le dije haciendo señas con los dedos y medio riéndome.

-Verás, se supone que unas amigas y yo íbamos a pasar el fin de semana aquí, pero me han dejado tirada.- No pude evitar reírme ante sus palabras con sus "amigas" ya me veía a la arpía de mi prima con Alice tramando todo esto.- ¿Se puede saber de qué te ríes?

-A mi prima se le ocurren muchas locuras.- Cerré la boca de inmediato. "Estúpido" me grité internamente ahora si la había cagado. Si ella me reconocía ahora me mandaría a la mierda.- No has escuchado nada. – Y le guiñé un ojo tratando de distraerla.

-Has dicho tu prima.- Su cara se volvió roja completamente.- ¿Quién es tu prima? ¿La rata de Alice o la zorra de Rosalie?- Me señaló acercándose a mí y eso me dio miedo.

-Bella, no te mosquees tanto.- Un risita nerviosa se me escapó.- Rosalie no lo hizo con malas intenciones.- Lo había hecho porque quería putearla pero en el fondo de mí sabía que nunca le haría daño.

-Así que Rosalie. Espera… ¿has dicho su primo?- Asentí con la cabeza. Mierda.

-¿Pasa algo, Bella?- Pregunté al ver que no decía nada.

-Tú.- Ella me miró confusa.

-Si Bella.- Afirmé rindiéndome. Me estaba asando de calor, así que decidí que ya era hora de quitarme el mono estúpido para devolverlo he irme.- Bueno en vista de que hoy no vamos a salir a esquiar me quitare esto, ya que aquí hace más calor que en la nieve.- Me reí de mis palabras ¿Pero que me pasaba? Ella me iba a tirar como a un perro.

Después de mirarme de arriba abajo pensé que era el momento exacto para salir de allí, pero me sorprendió.

-Un momento.- Y cogió el teléfono dejándome sola.

No tardó demasiado, pero se podía distinguir en su rostro que estaba algo enfadada y a la vez rara. Se sentó en el sofá a mi lado y abrió sus perfectos labios. Estaba preparado para escuchar gritos e insultos.

-Así que te ofreciste tú a venir.- Asentí. Más o menos era eso. Jasper me había dicho y yo había asistido, así que, si.

-Si.- Miré la madera del suelo avergonzado.- Llegué ayer desde Alemania. Mi primo Jasper me dijo que este fin de semana irías a una cabaña y que iban a traerte un desconocido y me ofrecí a venir yo. Emmett me recogió hace unas horas y me trajo aquí.

-¿Y?- Pregunto levantándose de golpe.

-Bueno, al saber que solo iba a estar contigo, si me presentaba como Edward el primo de Rosalie, probablemente me cerrarías la puerta.- Estaba demasiado nervioso y aquello no era bueno.

-¿Por qué crees eso?- Su pregunta me sorprendió demasiado.

-Bella, estoy seguro que te acuerdas de mí. Ninguno me ha visto excepto tú. Emmett no me vio ya que yo iba tapado con un gorro de lana y una capucha sin dejar mi rostro a la vista. Pensará que sigo siendo el mismo.- No pude evitar reír ante mis palabras. Igualmente aun que no tuviera puestas las gafas o el pelo engominado seguía siendo el niño feo que conoció.- Solo me has visto tú tal y como soy ahora.

-Y como estás…Perdón ¿Y por qué no lo sabe nadie?- Abrí mis ojos y negué con la cabeza. Ella se sonrojó y me señaló.

No entendí bien su grase. El como estas sería a que seguía igual que siempre ¿Y le perdón? Negué y le pregunté si ella sabía porque no volví jamás.

-¿Sabes por qué no volví jamás a Forks?- Mi voz no salió como quise al recordar aquel día donde me tiraron al barro, me meó Emmett y me acusaron de maltratador con tan solo trece años recién cumplidos.

-No.- Realmente por su expresión parecía que no lo sabía.

-Aún me acuerdo como si fuera ayer. Yo tenía trece años recién cumplidos y tú ibas camino a los dieciséis igual que mi primo y su novia Alice. Esa noche salisteis al cine y me negasteis ir con vosotros por mi aspecto.- Sonreí tristemente acordándome hasta de los calcetines que calzaba.- Yo insistí en ir y os seguí caminando dirección al cine.

-Y te tiramos al barro.- Contestó al fin después de unos segundos ausente.

-Desde ese día me prometí a mi mismo no volver.- No entendí porque me atreví a hacer aquello, pero acaricié su mejilla. - Al llegar ayer, llamé a Jasper para saber de vosotros y me dijo que te iban a traer aquí con un prostituto, que estabas demasiado amargada desde que te dejó tu ex.

-Edward, eso no es así. Solo que pasé un mal momento en nuestra ruptura y ellos no entienden que no quiero nada con nadie.- Su voz sonó molesta de nuevo.

-Tranquila, no vine aquí con las mismas intenciones con las que te trajeron ellos.- Y sonrió de lado.- No tengo ese derecho, solo quería saber cómo estabas.

Necesitaba que supiera que yo sabía el lugar que me había correspondido siempre. Yo nunca sería digno de esa mujer. Tan solo quería verla unos minutos por última vez. Después me encerraría en casa y si la veía por Forks sería por casualidad.

Mi corazón palpitaba fuertemente, siempre la había amado, pero por eso mismo, por el amor que le tenía, no podía permitirme acercarme a ella y arruinarle la vida por que la vieran con el feo y monstruo de Edward observé una vez más. Ese era el momento de marcharme. Cogí mis cosas y me dirigí a la puerta.

-¿Dónde vas?- Ella me siguió a la puerta. No quería estar más rato allí.

-Ya te he visto, eso es lo que más deseaba desde hacía diez años.- No podía ocultarle nada. Si ella me dijera en ese mismo momento que me largara lo haría corriendo.- Volveré a casa de mis padres.

-No te vayas.- Bella miró mis manos y tiró todo al suelo en un arrebato extraño.- No me dejes aquí sola.

¿Qué no me fuera? Eso era nuevo para mí. No entendía que quería ella de mí. Tal vez tuviera miedo de quedarse sola en la cabaña.

-Puedes volver conmigo a Forks.- Me arrepentí al instante. Era un idiota, ella no volvería conmigo por vergüenza a que la vieran con el inútil de Cullen.- Si no te da vergüenza.

-Te eché de menos, me gustaba que estuvieras allí, me sentía bien a tu lado. -¿Echarme de menos? No entendía porque me mentía así. Ya no era un niño al que le pudieras mentir. Bien cierto era que no había cambiado, pero no era un niño.. – Reconozco que me dejaba llevar. Tus primos se metían contigo y Alice y Emmett también y la verdad es que tenía miedo de que si yo no lo hacía, dejaran de ser mis amigos.

-No tienes porque darme explicaciones- Quería pedirle que no me mintiera más, pero eso sería una gran falta de respeto hacía una dama.- Solo quería verte, nada más.

Era lo único que deseaba. Me había equivocado viniendo aquí. Lo mejor hubiera sido que hubiese venido ese prostituto. Seguramente le estuviera dando caña y... Hugh… deje de pensar en eso. Solo el saber que las manos de otros hombres habían tocado a la mujer que amaba desde que había aprendido a andar…Ufff…me daba asco.

-Siempre me gustaste.

No, ella no podía decir eso ¿acaso habían cámaras en la cabaña y se estaban riendo de mi en alguna parte de Forks mis primos?

-Bella, no digas tonterías. Nunca le he gustado a nadie. En Alemania también huían de mí.

La vi mirándome de arriba abajo. Me sentí inferior a ella, inferior a todo el mundo. A mis veintitrés años, le había confesado a la mujer que amaba que no había estado cerca de una mujer nunca

-¿Cuándo has cambiado? ¿Cuándo te has quitado las gafas y el pelo pegajoso?

¿Y esas preguntas a que venían? Me quedé un poco desconcertado ya que no pensé que diera cuenta.

-Llevo lentillas y el pelo es porque…Bueno cuando terminé la carrera hace seis días, decidí venir a Forks a ver a mis padres. Al llegar a casa no me quedaba gomina y este es el resultado. A mi madre le gusta, así que no me la he vuelto a poner. Y las lentillas las llevo solo cuando no estoy en clase.

-Esta hermoso. Eres hermoso.- Vi una convicción extraña en su mirada ¿me estaría diciendo la verdad?

-¿Te…te gu…gusta?- No pude evitar parecer más inútil de lo que era. Mi voz ya no me respondía.

-Me encanta. Bésame.- bella juntó sus labios con los míos y me quedé allí estático ¿me estaba besando?

Sentí los dedos de Bella enredándose en mi pelo y escuché un gemido por parte de su boca. Respondí a aquel beso como mejor pude. Nunca había besado a ninguna mujer. Siempre deseé besar sus labios en mi primer beso y eso era lo que estaba ocurriendo. Sin darme cuenta la cogí de su pequeña cintura. Toda ella era perfecta.

-Bella.- Me separé de ella nervioso- Esto no está bien, yo nunca…- No, no podía volver admitirle que era un negado, un cero a la izquierda.

-¿Por qué no está bien? ¿Y tú nunca qué?- ¿Es que nunca se cansaba de preguntar?

Vi como sus ojos se abrían como platos y temblé. Quería huir de allí. Si realmente esto era para reírse de mí, ellos ya tenían un material muy grande para ello. Me sentí mal. Cerré mis ojos y recordé las palabras del chico que me pegó en aquella fiesta.

"Tú nunca estarás con nadie porque eres un Nerd. Todas las chicas huirán de ti por gafotas. Ellas quieren chicos malos. Apuesto que aún eres un virgen amargado. No me extraña con lo feo que eres"

-Será mejor que me vaya.- Dije casi ahogado.- Ya te has enterado demasiado de mi vida para reírte de mí.

Ella se alejó de mí inmediatamente. Aquello me dolió tan dentro de mí…aun que se lo mostraría. Debía ser fuerte y marcharme de allí lo más entero posible.

-No te vayas. No me importa que nunca hayas besado a nadie ni te hayas acostado con nadie. No me voy a reír de ti. Sé que te hice mucho daño en el pasado, pero no quiero que te vayas.- Bella tenía posadas sus manos en mi rostro y aquel contacto era como si me estuviera quemando.

-Bella.-Estaba decayendo, lo sabía, era un débil de mierda.-Suéltame por favor.

-No te dejaré marchar otra vez. Esta vez no.- Bella me besó de nuevo.

Esas palabras las dijo muy convencida ¿Y si era cierto lo que estaba diciendo? Sus labios sabían a gloria y no podía separarme de ellos. Ella era tan perfecta, tan hermosa. Daría mi vida si ella lo pidiera con tal de no verla nunca triste ni dañada.

-Quiero que me hagas el amor.- me quedé parado ante aquellas palabras.

-Yo no…- Titubeé como un tonto.- No sé.

Tierra trágame, ahora sí que pensaría que era un completo inútil.

-Yo te enseñaré.- Tiró de mi hacía una habitación y tragué en seco.

Me arrinconó contra la pared y empezó a besarme con hambre. Las manos de Bella empezaron a pasearse por mi pecho. No pude evitarlo y gemí al sentir sus pequeñas manos tocar mi cuerpo de la forma en que jamás había tocado. Bella metió sus cálidas manos por mi camiseta y tocó mis pezones ¡Dios! Aquello realmente me hacía sentir bien. Ella tiró de mi camiseta separándose un poco y se alejó de mí. Pude ver un brillo extraño en sus ojos ¿Era cierto que me deseaba?

Bella se quitó su jersey y sus pantalones y quedándose en ropa interior. Jadeé al verla. Era la primera vez que veía a una mujer con tan poca ropa. Ella se acercó a mí y sentí como tiraba de mis pantalones. Aquello se estaba saliendo de mis manos. No podía permitir que pasara aquello. Yo era un completo idiota en estas cosas y ella se merecía un hombre que supiera llegar al cielo.

-Bella.- Mi voz sonó ronca cuando sentí su mano descender hasta mis caderas – No creo que…

No, ella no estaba bien de la cabeza. Igual era cierto que desde que lo había dejado con su ex estaba trastornada. Ella no podía estar tocándome de esa forma. No al feo de Edward Cullen, gafotas, pijo, amargado y enfermo.

-Calla.- Me ordenó.- Déjate llevar, confía en mí. Te amo.

¿Me había dicho que me amaba? No sabía si realmente me había dicho aquello. Por un instante imaginé que era cierto todo aquello que me estaba diciendo y haciendo. Tal vez cabía esa posibilidad. Mis labios me traicionaron y le respondieron sin piedad de mí.

-Y yo a ti. Desde que éramos niños. – Le dije al fin soltándolo desde dentro de mi alma.

-Ahora somos adultos y podemos demostrárnoslo con hechos.-Bella terminó de bajar su mano y tocó mi miembro excitado.-¡Dios!

Ella volvió tocarme y me encogí. Sentí un placer extraño. Debía admitir que solamente una vez me lo había hecho a mi mismo cuando descubrí eso de las erecciones y las chicas, aun que jamás lo volví a hacer. No deseaba pensar en sexo si no era con mi Bella. Sentí los dedos de Bella bajar mi bóxer y sus ojos se abrieron como platos. Su mirada estaba centrada en mi erección.

-¿Algo mal?- Me asusté. Sabía que yo no era normal. Aun que nunca pensé que fuera tan…raro-Yo no sé… es la primera vez que me ven desnudo… yo

Sentí como mis ojos escocían. Debía haber caído antes. Si vestido daba asco…denudo debía ser…No pude evitarlo, llevé mis manos para taparme. Jamás me había visto a mi mismo tan duro, ella provocaba eso en mi cuerpo. Mis mejillas se sonrojaron, podía notar el calor en ellas.

Bella se acercó de nuevo a mí y sentí sus manos coger mis muñecas y tirar de ella hasta dejarme denudo de nuevo ¿Acaso n o tenía ya bastante que contarles a ellos? Agaché mi cara, no soportaba su mirada tan dura contra mi sexo. Bella me obligó a mirarla con sus dedos en mi barbilla y junto sus labios contra los míos.

-Eres perfecto. Ahora me toca a mí.- Suspiré de alivio. La había mal interpretado, por lo visto sí que le gustaba lo que había visto.

Bella se separó de mí y observé cómo se desabrochaba su sujetador. Mi respiración se cortó al ver sus perfectos pechos. No pude evitar que una medio sonrisa se dibujara en mis labios. Bella se quitó su tanga y tragué en seco. Acto seguido se acercó a mí y llevó mi mano hasta su pezón erecto.

-Tócame. Hazme tuya. _ Entre esas palabras y su cuerpo desnudo contra el mío, ya no podía hacer nada más.

-Lo que tú me pidas.- La besé.- Siempre.- La volví a besar.

Besé toda su piel mientras jugaba con su pezón. Descendí hasta sus pechos y los saboreé con mi lengua, aquello era estar en la gloria. Pude sentir a bella temblar bajo mis besos, mordiscos y succiones en su pezón. Ella caminó hasta la cama y cogiéndome de las caderas me llevó tras ella.

Mi cuerpo se pegó al suyo y sentí el roce de su piel contra la húmeda punta de mi miembro. Me sentía empapado. Las manos de Bella tiraron suavemente de mis cabellos y las sentí descender desde mi cuello hasta mis nalgas. Apretó sus dedos contra mis caderas y mientras lamía mi oreja pude sentir como colaba una entre nuestros cuerpos y me acariciaba la punta de mi erección despacio restregando el liquido que salía de mí. Su mano se cerró y empezó a masturbarme.

Cerré mis ojos fuertemente. Era la primera vez que me tocaban de esa forma y estaba realmente feliz de que fuera Bella quien lo hiciera. La sensación que recorrió mi espalda era indescriptible.

-Bella…oh…ah…-No podía dejar de besar sus pechos y saborear su piel.- No sigas.

Necesitaba que parara. Una sensación ardiente se apoderó de mi bajo vientre y sentí que estallaría de un momento a otro. Eso sería realmente asqueroso y vergonzoso.

-¿Te ibas?- Me preguntó sonriendo. - No pasa nada.

-Yo…- No pude evitar sonreírle y besarla. Estaba muy tranquila ante el haber estado a punto de correrme y estropearlo todo.

-Déjame darte un orgasmo como tú me lo has dado.- Esas palabras chocaron contra mi oído y me estremecí.

Sus ojos brillaban de lujuria y no pude negarme. Estaba realmente nervioso al pensar que ella quería acariciarme, besarme y hacerme suyo. Podía notar la experiencia que ella tenía sobre el sexo y eso me dejaba a cero, pero aún así me dejé llevar dejando que me acostara en la cama.

Sentí la mano de Bella subiendo y bajando por mi erección y aquello provocó un fuerte gemido de mis labios. Ella se colocó encima de mis piernas y sentí su lengua bajar por mi pecho. Sus cálidos labios descendieron vertiginosamente hasta mis caderas y aquello me dejó loco completamente. Se sentía tan bien bajo su cuerpo…

Vi la intención de Bella cuando besó el hueso de mi cadera y sopló despacio sobre mi sexo. Aquello me hizo temblar al pensar en que ella quería masturbarme con su boca. Eso no lo podía permitir. Ella no podía hacer eso. La cogí de sus brazos y tiré de ella hacía arriba. Bella se resistió y pasó su pulgar mojando completamente mi glande. Aquello me dejó sin fuerzas y ella aprovechó para introducirlo en su boca.

Gemí ante aquella nueva sensación. Era completamente de ella. Bella me estaba enseñando cada placer del sexo. Me sentía demasiado bien entre sus manos, así que me agarré a las mantas y me dejé llevar. Sentí sus dientes mordiendo suavemente mi longitud y mi punta. Su lengua salía de su boca y se paseaba por ella. Lo introducía en su boca y succionaba haciéndome temblar de las sensaciones que me estaba provocando.

No pude evitar sentir de nuevo aquella sensación de ardor en mi bajo vientre y me revolví en la cama. Necesitaba que ella parara, ella no se merecía que yo me fuera de esa forma. Sentí la mano de Bella en mis testículos apretándolos suavemente mientras chupaba rítmicamente. Gemí ante aquella oleada de placer intensa. Jadeé y grité su nombre para que parara. Bella no se dio cuenta que quería que parara. Ella apretó más fuerte con su mano y mi cuerpo se bloqueó. Sentí un temblor en mis piernas y como poco a poco inundé su boca con mi semen.

Bella lamió todo aquello que quedó en mi longitud y se sentó a mi lado para acostarse junto a mi cuerpo. Ella no tenía cara de asco, si no todo lo contrario. Aquello me hizo sonreír tontamente. Había pensado que podría molestarla y sin embargo ella estaba demasiado ¿feliz?

Sentí una gota de sudor caer por mi rostro y mis mejillas arder ante lo que acababa de pasar. El aire me faltaba en los pulmones gracias al orgasmo que había sentido con su maravillosa boca. Bella se recostó en la cama y la observé casi ido. Se estaba acariciando ella misma sus pechos y gemía mi nombre.

Descendió pro su cuerpo y mi respiración se cortó por completo cuando la vi meterse dos dedos en su interior. Ella hizo una mueca extraña y se retorció en la cama. Me miró a los ojos con una sonrisa y cogió mi mano guiándola hasta su húmedo centro. Estaba realmente excitada y abierta. Adentré mi dedo corazón en ella y jadeó. Un gemido salió de mi garganta al sentir sus paredes estrechas sobre mi dedo. Bella me indicó que metiera otro dedo y la obedecí. Ella no dejaba de removerse en la cama y aceleré el ritmo de mis envites.

Besé la fina piel de su plano vientre y la miré. El olor que desprendía de su sexo me estaba excitando de nuevo. Olía dulce.

-Pruébame.- Gimió.- Chúpame, Edward.

-No sé hacerlo.- La respuesta salió de mi sin darme cuenta.- ¿Y si te hago daño?

-Yo te indicaré. Tu solo hazlo como si me estuvieras besando en los labios.

Asentí y descendí pro su vientre hasta sus caderas. Realmente el olor me llamaba y deseaba probarla como ella había hecho conmigo. Intenté ser cuidadoso y besé sus pliegues. Bella cogió mi pelo y lo estiró entre sus dedos. Sentí como apretaba mi rostro hacía su sexo y medio sonreí. Le estaba gustando.

Lamí su clítoris al sentirlo erecto en mi boca. Ella me apretó más y supe que ese era el punto exacto. Era realmente buena indicando donde le gustaba y donde no. Jugué, chupé, lamí, mordí y soplé mientras agregaba otro dedo en su interior sintiéndola demasiado mojada y abierta. Sentí los cálidos dedos de Bella sobre mi miembro de nuevo y aquello me sacó de mis casillas. Aceleré el ritmo de mi lengua y mis dedos al sentir una oleada de placer recorrer mi columna. Bella se arqueó y se tensó bajo mi toque y mi boca se llenó de su líquido caliente. La había llevado a un orgasmo con mi boca y aquello me hizo sonreír.

-¿Te gustó?- No pude evitar preguntarle, solo esperaba no haberla lastimado por lo fuerte que había metido mis dedos en ella cuando la sentí irse.- ¿Te hice daño?

-Me encantó. Jamás me lo han hecho de esa forma. Me vuelves loca.

¿Jamás? Aquello me dejó nervioso. Su ex novio no le había dado placer con al boca…no, no podía ser. Bella me tumbó mientras yo pensaba felizmente en que era el primero en darle ese placer. En ese momento caí en que no tenía preservativo.

-No tengo protección.- Jadeé.- Yo nunca llevo, porque nunca pensé que…

-¿Nunca pensaste en acostarte con alguien?- Bella se restregó contra mi hinchada erección.

-Soy feo y creo que esto ha ido demasiado lejos.- Sus palabras me hicieron recordar quién era. - Bella perdóname, no debí dejar que esto llegara aquí. Se reirán de ti si se enteran que te has acostado con el feo y virginal Edward Cullen.

Me imaginé a mi prima Rosalie con su cabellera rubia riéndose de ella y señalándola por haberse acostado conmigo. Alice se retorcía en el suelo y le gritaba que era patética y la dejaban de lado. No podía permitir aquello.

-Edward.- Bella se apretó contra mi.- No me dejes así. No me importan los demás. No eres feo. Métetelo en la cabeza.

-Por favor, Bella. – Sentía miedo por ella. Porque la dejaran solo como a mí. Eso no se lo deseaba ni a mi peor enemigo.

Bella debía entender que yo no era su ex. Yo no estaba rodeado de gente que deseara darme algo. Bella en ese momento introdujo mi erección dentro de ella. Aquella sensación me hizo jadear y no pude evitar temblar bajo su cuerpo ¿Eso era perder la virginidad? Sentí la cavidad estrecha de Bella rodeando mi miembro.

-No tiembles. Me da igual lo que piensen los demás. Te amo y quiero que me hagas el amor. Te necesito. Hazme tuya.

Su voz sonaba sincera ¿podía ella necesitarme? Posó mis manos sobre sus perfectas nalgas y movió sus caderas. Si, ella necesitaba sexo. Al moverse hacia delante gemí. Podía sentir el calor de su interior envolverme y quemarme. Me sentía bien dentro de ella. Era como si su interior, como si toda ella me pertenecieran y hubiese sido creada para mí.

-Bella… Ah…mmm…Ahh.- Ella jugó con mis labios.

-Hazme tuya. Tómame mi ángel. No eres feo. Eres hermoso. Te amo, métetelo en la cabeza por favor. No me dejes nunca. Quiero sentirte así siempre, dentro de mí.

¿Había dicho te amo? ¿Era cierto que le gustaba desde que éramos niños? Me acababa de decir que quería que fuera yo el que la hiciera mía siempre.

-¿Te gusta?- Jadeé al rendirme y decidir que ella si me quería y me deseaba como yo a ella.

-Me encanta…métela más duro.- Se levantó y me sentí vacio. Ella se tumbó en la cama.- Rápido, fuerte.

Al escucharla decir eso, me levanté y me coloqué entre sus piernas penetrándola duramente como ella pedía. Un latigazo se apoderó de mi espina dorsal y gemí contra su cuello. Ella se tensó y se estrechó más todavía contra mi miembro. Aquello hizo que la punta de mi miembro rozara más intensamente su interior y gemí contra su cuello. Ella estaba realmente mojada, la había llevado al orgasmo también penetrándola.

No pude evitar soltar un ronroneo de satisfacción al saber que mi primera vez no había sido tan mala y le había dado tres orgasmos. Me tensé al sentir el latigazo de nuevo pero esta vez fue tan intenso que exploté dentro de ella llenándola por completo de mí. Bella se movió rítmicamente fuerte yéndose conmigo. Cuatro, habían sido cuatro orgasmos. Caí sobre ella cansado y me tumbé a su lado.

-Bella, no usé protección.- Me maldije internamente.

-No importa, tomo pastillas desde hace años. Y aun que no fuera así, no me importaría tener un hijo tuyo. Te amo.

Me quedé parado. Me había vuelto a decir te amo y encima no iba a dejarla embarazada. Cosa que agradecí, ya que no quería por mucho que ella dijera, que tuviera un hijo de un chico como yo…era un completo inútil…y…ellos se iban a reír de ella…

-¿Qué vamos a hacer ahora? Si saben lo que hiciste se burlarán de ti.- Dije preocupado. Ellos lo harían, la avergonzarían y me insultarían.

-No se van a burlar.- Se levantó un poco.- Eres hermoso. Todas me vana envidiar al tenerte.

-¿Al tenerme?- Arrugué mi frente. Ella no podía pensar así… yo solo debía ser un pasatiempo para ella…

-Eres un ángel. Y quiero estar junto a ti siempre.- Me besó.

-¿Eso significa que somos algo?- No pude evitar emocionarme al ver que no solo era un pasatiempo para ella.

-¿Si tu quieres ser mi novio? Me encantaría ser tu novia.- Jugó con sus dedos contra mi pecho y eso me llenó.

-Siempre te amé y siempre lo haré.- Le dije abriéndome al fin a ella.

-Entonces cuando volvamos diremos lo que somos. Diremos que somos novios.- Dijo muy segura de si misma llenándome, hinchándome de esperanza.

No podía creerme lo que estaba pasando en aquella cabaña. Bella no se separaba de mí y no dejaba de decirme que era hermoso. Cada vez que sus dedos me tocaban o su aliento rozaba mi piel me estremecía. La necesitaba. Mi sueño se había hecho realidad y sería el mejor abogado del mundo si hiciera falta para darle todo aquello que ella quisiera. Nos acostamos juntos muchas veces y cada una de ellas era tan distinta…tan especial…pero la burbuja se rompió cuando regresamos a Forks. Llegué al jardín de mi casa y temblé al bajar del coche. Bella me había comprado en el aeropuerto un pantalón negro vaquero y unas deportivas. Para la parte de arriba, me había puesto mi sudadera y una chaqueta azul que me había obligado a comprar diciendo que estaba muy guapo.

La puerta se abrió y deseé desparecer de la faz de la tierra. Mis padres salieron y mis hermanos los siguieron. Mi madre estaba sonriendo al verme llegar de la mano de Bella. No pude evitar contestar con una sonrisa. Bella apretó mi mano cuando la puerta de alado se abrió y por ella salieron Emmett, Rosalie, Jasper y Alice.

Los cuatro se quedaron parados al verme. Rosalie se acercó a bella y la abrazó, acto seguido lo hicieron los demás. Jasper me miró y negó con la cabeza. Aquello provocó que mi corazón se acelerara. Seguro que me decía que sobraba de allí. Me sorprendió. Jasper se acercó a mí y me tendió su mano.

-Como has cambiado primo.- La estrechó fuerte. Veo que bella aprovechó el tiempo contigo.

-Realmente me sorprendes.- Rosalie se rió.- pensé que seguías igual de feo.

-Y yo que tendría granos o algo así.- Dijo Emmett dándome una palmada en la espalda.

-Mi hijo siempre ha sido guapo.- Dijo mi madre molesta.- Lo que pasa es que vosotros erais unos niñatos y nunca lo supisteis ver.

Esme me sonrió y se metió en casa junto a Carlisle y mis hermanos.

-Yo…- No sabía que decirles ahora.

-Edward y yo estamos juntos.- Saltó Bella.- Y desde ahora nosotros iremos por nuestro lado si no lo aceptáis.

-No quiero molestarles.- Le dije a Bella bajito.- Ellos no…

-Ellos cambiarán de opinión y aceptarán que siempre ese equivocaron ¿verdad chicos?- Bella rió.

-Esto es muy extraño.- Dijo Alice.

-Solo debéis conocerlo como persona.- Bella miró a los chicos.- Y nada más.

-El que nos debe perdonar es él.- Dijo al fin Jasper.- Éramos unos niños y bueno.- Se sonrojó.

-Me mandasteis a la cabaña para que Bella se sintiera mal por no haceros caso.- Les dije mirándolos a los ojos.- Pero os salió mal porque pensabais que era el mismo feo de siempre.

-Edward.- Dijo Rosalie.- Lo siento, es cierto.

-Solo queremos que nos perdones.- Dijo Emmett.

-El tiempo lo dirá todo, ahora no puedo. Estuve alejado de mi madre diez años por vuestra culpa.- Solté al fin la vedad.

-Te entiendo.- Dijo Jasper.- Y lo siento.

-Poco a poco.- Dijo Bella tirando de mí.- Ahora solo queremos estar solos.

Desde ese día poco a poco fui perdonando a mis primos y mis amigos. La vida dio un giro muy grande para mí, aun que tener a Bella a mi lado era todo lo que deseaba. Me casé con Bella y tuve a mis hijos. Gracias a dios ninguno de los dos salió enfermo como yo. Mi niño Brian ya había cumplido cinco años y mi niña Meredith Tres. Aquello llenó mi vida y hoy en día solo deseo estar así para siempre, con mi familia.