Salvarte


1


—No lo entiendo.

El frío se coló entre ambos, congelándoles los huesos en un demoledor silencio.

Todoroki no sabía cómo escapar ante la intensidad de sus ojos. Oscuros, vibrantes, aplastantes como la manifestación de la noche pasadas las veintidos. Brillaban, de algún modo, con una dulzura particular. Los ojos de Yaoyorozu eran dos noches, sí. Dos noches inundadas de estrellas.

—¿Qué es lo que no comprendes, Todoroki-san? —preguntó, con paciencia. Le sonreía, con suavidad, mientras se sentía cohibido ante la calidez de su mirada.

La gente fluía a su alrededor, ajena a su encuentro. El tiempo se había detenido, y el viento soplaba, sacudiendo sus cabellos. El cielo estaba despejado, pero la fuerza del Sol apenas los alcanzaba. La noche anterior habían anunciado en las noticias que iría a nevar, pero ninguno pudo enterarse. Los viernes, todas las agencias de héroes, patrullaban. Ambos se habían encontrado muy ocupados como para advertirse.

—No comprendo el por qué. ¿Por qué yo…? ¿Por qué yo luego de tanto tiempo? —murmuró, inexpresivo. Una parte interna suya se encontraba sorprendida, más sus gestos no podían demostrarlo.

Le devolvía la mirada enternecida, a pesar de la crudeza de sus palabras.

¿Por qué después de tanto?

A Todoroki le resultó evidente el paso de los años. Parado frente a él, ya no se encontraba la adolescente con el eterno cabello recogido. Yaoyorozu se había vuelto una mujer: su seguro plantar, su coqueto maquillaje y sus rasgos refinados le confirmaban que lejos estaba ya de ser una niña. Al igual que él se había vuelto un hombre de unos veinticuatro inviernos transitados.

—Pues porque eres tú —respondió con sencillez, encongiéndose de hombros.

Alzó ambas cejas incrédulo.

Continuaba sin comprender.

—Esto… Todo esto no tiene sentido.

Soltó un suspiro de resignación y pasó por al lado de ella. Sabía que no debía haber ido allí. Desde un principio le había resultado raro aquel correo electrónico que su ex compañera le había enviado solicitando su encuentro y sinceramente, se arrepentía. No había nada que los uniera con excepción de su pasado. Un pasado que había quedado muy detrás y que poco tenía que ver con su presente actual. Verla, solo le confirmaba mediante la comparación cuán apagado se encontraba.

Yaoyorozu lo siguió, ignorando su intento poco disimulado de salida.

—Este lugar no es cómodo —comentó una vez que lo alcanzó. Sonreía de manera encantadora, con sus labios rosados y sus dientes perlados—. Vayamos a un café. Te invito.

Yaoyorozu emanaba la calidez que el día no había podido darle.

Su cuerpo lo empujaba, poseído por alguna fuerza extraña, hacia donde ella lo conducía, atraído de manera primitiva por el calor.

Cruzaron fuera del parque en silencio, atravesando calles hasta llegar a la avenida principal. La observó de reojo: parecía feliz. Sonreía sin ningún motivo aparente y, cada tanto, su mirada se perdía en las vidrieras de marcas de lujo que se disponían una atrás de la otra. Se detuvo frente a un local, cuya fachada era elegante y llamativa.

—¡Tarán! —exclamó ella, fascinada—. Este sitio te gustará.


"La Bonne France".


Él no emitió comentario al respecto, se limitó a abrir la pesada puerta y dejar que ella entrara primero, con su mente dispuesta en automático.

—Pues bien. ¿Qué pedirás? —preguntó con genuino interés, intentando echar un furtivo vistazo a lo que él estaba observando de la carta. Se había descolgado el sobretodo, debajo vestía una discreta camisa con un suéter de punto fino y color caramelo.

Todoroki repasó por primera vez el menú con rapidez. A pesar de haber perdido tiempo con sus ojos dentro de éste, no le había prestado ni la más mínima atención. Se trataba de un lugar acogedor, el olor a los granos de café se olían desde unos metros antes de llegar y el aroma a pan recién horneado inundaba la sala. Todo estaba adornado en tonos cálidos y elegantes, haciéndole honor al nombre del local, que se encontraba en francés. Supuso que era del gusto de la muchacha y que debía concurrir allí con frecuencia. No solo se sabía el camino de memoria, sino que no se le hacía difícil imaginarse a la joven en alguna mesa del lugar, tomándose un té disfrutando de un libro para pasar la tarde.

—Un café doble.

—¿Solo eso?

—No entiendo el francés. No sé qué más pedir. Comí hace poco, además.

Momo decidió no insistir y sonrió, llamando al mozo con un gesto de la mano. Yaoyorozu pronunció su pedido con un acento francés envidiable y él hizo su pedido luego de ella, agradeciendo la simpleza de su nombre.

Mientras aguardaban lo suyo, Todoroki miraba por la ventana, siendo consciente que tenía ambos ojos de ella clavados en él, observando cada movimiento que hacía.

—Luces cansado —opinó, de manera inocente. Él posó su vista en ella y entonces se sonrojó—. L-Lo siento, n-

—Lo estoy. No fue la noche más tranquila de todas.

Animada, le sonrió tímidamente.

—¿Terminó bien?

—Terminó bien, por suerte —asintió, recordando cómo un compañero nuevo suyo, en el comienzo de la guardia, había comentado : "Parece ser una noche tranquila ¿Cierto?" para luego volverse todo lo contrario. Aquella frase debería estar prohibida, a su parecer.

—Por mi parte no hemos hecho la gran cosa —comentó, con un suspiro de aburrimiento—. El viernes anterior sí que ha estado movido.

—Sí, bueno. Ya sabes… Es por etapas.

Yaoyorozu soltó una débil risa, en señal de que comprendía muy bien lo que decía. Aquel sonido lo transportó a los años de secundaria que bien lejos habían quedado en su memoria. Era un sonido delicado, suave, como toda ella.

El mozo arribó a la mesa y tras acomodar las tazas y las bebidas, volvió a dejarlos solos. Ambos disfrutaron de lo suyo en silencio, admirando la vista que les daba la ventana, observando a los transeúntes ir de aquí para allá, ensimismados en sus asuntos. Todoroki finalmente pudo relajarse, Yaoyorozu respetaba sus silencios, haciéndolo sentir cómodo con su presencia.

Tras unos minutos en silencio, finalmente habló.

—Es un lindo lugar. Hacía tiempo que no venía, pero por lo general siempre me doy una vuelta cuando estoy de compras. A veces leo un libro, otras veces simplemente me pongo al lado de la ventana y miro a través de ella.

Todoroki se apremió en su fuero interno, felicitándose por su poder de percepción.

—Es tranquilo. No lo conocía —musitó, dándole un sorbo a su café. Sabía bien, era del bueno.

Ella sonrió ampliamente, contenta por su coincidencia.

—¿A que sí? A mi también me gustan este tipo de lugares.

Continuó bebiendo su café, sin saber qué más acotar.

Todoroki levantó la vista sintiéndose observado. Se encontró con ambas noches fijas en él. Lo observaban sin intimidar, gentiles, con cierto brillo de vergüenza.

—Me gustas, Todoroki-san. Siempre lo has hecho.

Y se lo dijo así, sin más, con una soltura y jovialidad que casi lo hicieron atragantarse con el café.

Se quedó sin habla, pasmado. Se había congelado en su asiento.

—…Nunca me lo has dicho —Incluso le costó hablar. Era como si él no hubiera proferido esas palabras, como si hubiera migrado de cuerpo y estuviera observando la escena, siendo un personaje secundario. Consideró que habría sido apropiado que ella le diera una buena bofetada. No comprendía aquellos asuntos pero podía intuir que había sido una pésima respuesta.

Pero no pareció reparar en ello. Por el contrario, se sonrió débilmente, volviendo a darle un sorbo a su té.

—No podía.

Él clavó sus ojos en ella, sin comprender.

—Me daba miedo confesártelo. ¡Bah! ¡Miento! —se rio, esta vez con algo de nerviosismo—. Me daba miedo que me rechazaras, era muy insegura. ¿Recuerdas? Bueno, sigo siéndolo, a decir verdad. Pero esta vez es distinto. Si me hubieras rechazado en ese tiempo, me habrías destrozado por completo.

Todoroki observaba por la ventana pero sin mirar en verdad, con el dorso de la mano sobre sus labios, en un gesto pensativo.

—Yaoyorozu, yo…

Ella volvió a sonreírle con dulzura, cortando el discurso que cualquiera habría podido adivinar.

—Está bien, lo entiendo. Más bien, te entiendo. No tienes que corresponderme, no hace falta ni que lo aclare ¿Cierto? —se sonrojó, observando un punto fijo en la mesa. Volvió a enfrentarlo con los ojos, esta vez en un gesto más maduro—. Solo quiero que tú me comprendas.

La miró, estupefacto.

No podía creerlo, aquello debía de ser una mentira.

—¿Me permitirás estar a tu lado?

Sus palabras lo alcanzaron, dejándole la mente en blanco.

¿Por qué?

¿Cómo alguien, con tanta luz, podría querer permanecer al lado de él, quien se hallaba de la vereda contraria?

No pertenecían al mismo mundo.

Mientras ella rebosaba de luminosidad, él se estaba ahogando en sus propias sombras.

Todoroki frunció levemente el gesto con disgusto.

—Yaoyorozu, lo siento, pero me temo que no me has comprendido bi-

—Te he entendido perfectamente, Todoroki-san. Me has rechazado —lo interrumpió, pronunciando las palabras que él intentaba atenuar, con una sonrisa un tanto rota—. Mi punto es que, aun así, me gustas de todas formas. Una persona no me gusta solo si la otra persona me corresponde. No es un acto reflejo. Pese a esto… mis sentimientos no han cambiado.

Esta vez, sus miradas se cruzaron por unos segundos que duraron horas y ella finalmente se sonrojó. Pero ni la vergüenza la privó de continuar, esta vez, con la seguridad un tanto más oxidada:

—Q-Quiero que me dejes acercarme como cuando eramos chicos. Quiero ser tu oído, y si me lo permites, tu compañía. Quiero saber más de ti —si el rostro de la muchacha había enrojecido, Todoroki habría jurado que toda la sangre de la joven se había acumulado en su rostro. Hablaba rápido, como si se le agotara el tiempo—. S-Sé que trabajas mucho, y lo entiendo perfectamente. A lo mejor más que cualquier otra persona. También tengo mis cosas. ¡Pero aun así…! ¿Podrías, tan solo, darme tú número? ¡Prometo no ser pesada! Juro no molestarte, conozco los horarios limitados de nosotros, los héroes.

Sucumbió ante su gesto suplicante.

¿Cómo podría negarle a esos ojos anhelantes un pedido tan inocente y respetuoso?

—Claro —murmuró, sacando el móvil de su bolsillo y entregándoselo—. Agéndate, tú puedes darme el tuyo para hacer lo mismo.

El rostro de la muchacha se iluminó.

—¡Sí!

Ambos buscaron la agenda del móvil del otro y se agendaron, para luego sonreírse levemente y devolvérselo a su dueño.

—¡No sabes cuánto te agradezco esto, Todoroki-san! Lo aprecio mucho, de verdad.

Él se encogió de hombros, restándole importancia.

—Eres Yaoyorozu, no podría negarte el número.

No mientras eso sea lo único que deba darte pensó para sí mismo.

Ella le correspondió la sonrisa, mas no dijo nada, dándole el último sorbo a su té.

Continuaron la hora conversando sobre otros temas, dejando atrás lo último hablado. Todoroki se enteró que la joven había logrado cambiarse de agencia, por una un tanto más adulta, que la tomaba en serio por sus habilidades más que por su físico. Que había continuado estudiando y perfeccionándose en el idioma francés, que hacía poco había viajado a Francia y se había podido comprar un montón de ropa. Supo que, al igual que él, no había perdido del todo contacto con los demás compañeros de su antiguo curso. Ella le preguntó si continuaba trabajando con su padre y le respondió, muy a su pesar, que así era.

Conversar con ella era sencillo, siempre lo había sido. Era muy alegre y sabía cómo mantener una charla entretenida. A su vez, era muy respetuosa y mantenía la calma en los silencios. Se reía, más de lo que él podría llegar a hacer, pero de una manera tranquila y agradable.

El tiempo con Momo le resultó muy ameno, y, para su mayor sorpresa, los minutos volaron.

—¡Oh! ¡Dios mio! ¡Qué tarde! —se escandalizó ella cuando, de repente, posó su vista en un gran reloj que se hallaba colgado en la sala—. El tiempo se pasó volando.

Todoroki reparó que eran las ocho y media. No era tan tarde. Pero considerando que el encuentro había sido a las cinco, debía admitir que había pasado tiempo.

—¿Pedimos la cuenta?

Yaoyorozu asintió.

Tras haber pagado y recogido sus cosas, ambos jóvenes salieron al encuentro con la noche.

—¿Vives donde siempre? —preguntó ella, mientras se abrazaba en un gesto inconsciente, frotándose los brazos para darse calor. Tras haber salido de aquel acogedor sitio, el golpe del frío fue aun más contundente. Aun nevaba y la temperatura, sin el sol, había descendido.

Supuso que se refería a si continuaba viviendo con su padre.

Negó con la cabeza.

—Hace tiempo me fui. Cuando me egresé habré esperado un par de meses y luego me fui a vivir solo a mi apartamento.

—¡Qué genial! Debería hacer lo mismo. Aun así, estoy cómoda en mi casa. Mis padres no suelen estar.

—Es muy grande tu casa —coincidió él.

Tras intercambiar unas cuántas palabras mas, se despidieron. Ella en sentido opuesto al de él. Le dijo que se iba a la avenida, que el sentido del tráfico era mejor para tomarse un coche. Volvió a agradecerle el encuentro, diciéndole que la había pasado muy bien.

—Cuídate, por favor —se despidió, con gesto preocupado.

Todoroki se sintió extraño. Tenía veinticuatro años y era uno de los héroes mejores pagos de la ciudad. Nunca nadie le habría dicho algo así.

—Descuida. Tú también —le dijo cortésmente.


Yaoyorozu descendió del coche e ingresó al imponente edificio que se erguía frente a ella, sintiéndose más decidida que nunca. Cruzó por la puerta y, soltando un bostezo, pasó su tarjeta magnética por la rendija de seguridad. La luz verde brilló y la puerta se abrió inmediatamente. Tomó el ascensor y cruzó el extenso pasillo haciendo resonar sus botas de taco alto.

Vio luz detrás de la puerta y suspiró, conteniendo una sonrisa.

—Itsuka —se dijo, adivinando la presencia que la esperaba del otro lado.

No tuvo ni que tomar el picaporte que su mejor amiga había abierto la puerta por ella. Más pequeña que Momo, con el cabello pelirrojo descendiendo en cascada por su hombro izquierdo, la esperaba en el umbral, aguardándola con seriedad a través de sus ojos verdes.

—¿Y…?

Ella se encogió de hombros.

—Rechazada.

—¡Ah! ¡Carajo, Momo! —soltó una maldición para luego enmudecer ante la mirada antipática y estricta de su amiga—. ¡Lo siento! ¡A veces me olvido que solo te has ido un par de meses y las palabrotas me salen solas! ¡Son una adicción!

Momo la contempló fingiendo dureza desde el pasillo pero finalmente se echó a reír.

—Eres una exagerada. Solo me he ido tres meses.

—¡TRES MESES! ¿¡Sabes lo que ha sido eso para mí!? ¡Me he muerto del aburrimiento sin ti, querida! ¡Tienes que conquistarme de nuevo, linda. Tres meses no se los permito a cualquiera.

—Te he traído kilos de maquillaje y te abrazo todas las mañanas. ¿Qué más puedo hacer? —bromeó, mirando el cielo de manera dramática, suplicandole a un ente superior.

Itsuka sonrió y abrió aun más la puerta detrás de ella.

—Anda, ven. Cuéntamelo todo antes de que empiece nuestro turno. ¡Oh, Momo! Tú sabes lo grandiosa que eres. ¿Cierto? Él no sabe valorarte. Él siempre ha sido muy serio, muy…

Yaoyorozu se echó a reír y su amiga dejó de hablar, sorprendida.

—Te está afectando más que a mí, me parece.

Itsuka parpadeó, incrédula.

—¡Es que Momo…! ¿Acaso te has visto? ¡E-Es que es inaudito! ¡Eres preciosa, mujer! ¡Aunque claro, es cierto que Todoroki también estaba tremendo! ¿Acaso sigue igual qu-

—¡I-Itsuka! —suplicó, enrojeciendo súbitamente, mirando en todas direcciones en el pasillo—. ¡Baja la voz…! ¡Él es conocido aquí!

—¡Lo siento! —susurró ella, gesticulando de manera exagerada para que pudiera entenderla. Cerró la puerta detrás de ellas, colocando el pestillo. Una vez a solas, volvió a su volumen habitual—. ¡Bah! ¿Dónde no es conocido él?

—¡Con más razón!

No debía existir persona, dentro del ambiente, que no conociera el nombre de Shoto Todoroki. No solo era uno de los héroes más prestigiosos de su generación, sino que era el hijo de nada más y nada menos que de Endeavor, el segundo héroe más importante del país. Sin embargo, su reputación no fue construída unicamente en base a su procedencia. Su carrera profesional había sido de las más exitosas dentro de la camada de héroes juveniles, ganándose el respeto de los ciudadanos y de sus colegas a costa de su propio esfuerzo.

—Ya, ya. No lo volveré a decir en voz alta.

—A gritarlo mejor dicho.

—¡No me perdonas una, maldita!

Ambas se echaron a reír mientras la más alta se quitaba el abrigo y lo colgaba en el perchero y la otra se disponía a calentar agua para el té.

—Estaba caliente —indicó, señalando la pava mientras tomaba asiento junto con ella en la mesa que había en un sector de la oficina—. La he puesto más temprano, supuse que vendrías antes. Pero me he equivocado.

—Pues… También imaginaba que tardaría menos. Que el trámite sería más rápido —comentó, en un hondo suspiro. Con una débil sonrisa, añadió—. No ha dicho mucho, como era de esperar. Deja de mirarme así. No fue tan terrible como crees.

—¡Ya veo! —exclamó, lanzandole una mirada escéptica—. Estás como si te hubieras ido a comprar pan a la esquina y hubieras vuelto. ¡…Igualita que siempre! ¡Me alegro! —añadió velozmente—. No me malinterpretes… Prefiero verte así.

—En secundaria me la habría pasado llorando ¿Cierto? —rió amargamente, mientras la pava eléctrica indicaba que el agua estaba lista.

Itsuka se había puesto de pie, dándole la espalda para preparar el té. Soltó un resoplido exagerado.

—¡En secundaria habrías estado insoportable!

Ambas se echaron a reír.

Se conocían desde hacía años, como simples compañeras de instituto. No habían sido seleccionadas en la misma clase, pero el destino las condujo por el mismo camino. Ambas habían sido elegidas para participar de la agencia de Snake Hero, la despampanante celebridad. Las dos, con el tiempo, se sintieron decepcionadas por las decisiones que habían tomado y que las llevaron por un sendero de farándula y superficialidad siendo este, uno muy distinto al que habrían querido elegir. La frustración las unió. Con el tiempo, ambas pudieron hacer valer sus talentos y, gracias a los contactos que tenía Momo por su familia, lograron ser transferidas a una agencia mucho más seria y eficiente.

La vida, a pesar de las muchas idas y vueltas, comenzaba a tomarlas en serio.

—Ahora sí —Repartió sendas tazas con ambos saquitos colgando a un lado de la porcelana. Uno era de hierbas, otro de manzanilla.

—¿No tienes en hebras?

—No, Momo. No tengo en hebras —bufó Itsuka poniendo los ojos en blanco—. Los he comprado ayer en el super porque estaban en oferta. Ahora nos lo acabaremos te guste o no.

Yaoyorozu no emitió comentarios al respecto, observando el té que tenía en frente con algo de desconfianza. Su familia no solía comprar el té así, por lo que desconocía su sabor. Sabía que no sería de la mejor calidad, ya que el mejor era el que tomaban en su casa, pero no pudo quejarse. Conocía el sueldo de Itsuka, dado que era el mismo que el suyo, y no tenía que saber mucho de economía como para darse cuenta que el bolsillo de ella estaba más limitado que el suyo, quien gozaba del respaldo de una familia adinerada.

Tras darle un sorbo abrió los ojos levemente.

«…No está mal».

—Está rico.

—¿Tú que crees? Ahora anda, Momo. Cuéntamelo todo.

Tomó aire y habló, contó todo lo que recordaba.

—Llegué y él ya estaba ahí. Sabes, su puntualidad no cambió. Luego de todo este tiempo sigue siendo así de aplicado —sonrió, nostálgica—. No me vio hasta que lo saludé, se encontraba varado en medio del parque, a pesar de tener una banca al lado no se sentó.

—¿Qué sentiste? —Itsuka la miraba con intensa curiosidad, perdida en su relato.

—¿Que qué sentí? —rio, avergonzada—. Sentí que mi pecho iba a explotar, a decir verdad. Fue demasiado intenso para mí. Ya sabes, luego de todo este tiempo finalmente llegó el momento.

—¡Hasta que por fin te decidiste!

—Tú más que nadie sabes por todo lo que pasé, por la preparación mental que viví. Pero increíblemente lo más difícil fue saludarlo, porque después todo lo demás fluyó. Fue natural.

«En un principio parecía confundido, me preguntaba que por qué él y me decía que no podía comprender. ¿Por qué, luego de tanto tiempo?. ¡Porque fui una cobarde! Quería decirle, pero eso me lo guardé. Presiento que quería huir de ahí. No lo culpo, la verdad. Luego de todo este tiempo mi iniciativa, como mínimo, habría resultado extraña a cualquiera. ¡Pero una vez que lo tenía ahí no lo iba a dejar ir! Le propuse ir al café, a Le bonne France, hace mucho que no vamos ahí, por cierto. No se negó así que lo vi como algo bueno. Una vez allí, tomamos asiento al lado de la ventana. Sabes que es mi asiento favorito. Estaba en mi silla pero sentía que flotaba. ¡Todo era maravilloso! Me sentía plena, bien. No sé cómo explicarlo, seguro piensas que estoy loca»

—Estás loca, sí. Y muy enamorada —acotó, sonriéndo levemente, sin animo de burla.

—…Lamentablemente, lo vi igual que la otra vez. Lucía triste, desbastado. Calculo que es lo normal, luego de lo que ha pasado con su madre. Se veía bello, igualmente. Algo así como una flor marchita. Nunca pierden su encanto a pesar de su debacle ¿No es así? Le comenté que se veía agotado, lo dije sin pensar. Me arrepentí de inmediato. Pero no se ofendió, me comentó que la noche anterior había trabajado mucho. Pero siento que hay algo más. Hablamos de tonterías, cosas que no vienen al caso ni vale la pena que te cuente. ¡Ah, se pidió un café doble…!

—Ve al grano, Momo.

—Ahí voy, ahí voy. Nos trajeron el pedido y comentamos el lugar. Creo que fue de su agrado, lo agarré mirando con curiosidad los ornamentos y las decoraciones, me pareció adorable. Luego desvío la mirada y me miró: entonces me desarmó. ¡Me le confesé sin pensarlo, como si me hubiera obligado sin siquiera pretenderlo! Lo tomé por sorpresa, pude notarlo. Se puso nervioso, lo vi en su forma de rehusar mi mirada y de cerrar las manos. Quise tranquilizarlo. ¡Solo le había dicho que me gustaba, no que iría a matarlo! No dejé que me rechazara, no quería hacerlo pasar por eso. Le dije que lo entendía, que todo estaba bien. Le pedí que me dejara acercarme, que me dejara conocerle, que no tenía por qué corresponderme si no quería.

—…Eres muy buena, Momo. Yo no podría —se sorprendió, abriendo los ojos de par en par—. Supongo que soy más egoísta.

—Tampoco lo veo tan así, Itsuka. Es algo natural querer eso de la otra persona… No te creas que no me ha dolido —rio levemente, con un brillo acongojado en la mirada. Continuó su relato, recuperando la emoción—: Pero era lo que esperaba, igualmente. Le pedí su número, prometí no molestarlo. ¡Y me lo dio!

La pelirroja abrió los ojos de par en par.

—¿Te lo dio luego de rechazarte! ¡Vaya, Momo! ¡Esas son buenas noticias! —exclamó, golpeando la mesa con el puño sin poder controlarse—. ¿No lo ves? ¡Hay esperanzas!

La muchacha contuvo una sonrisa, cubriéndose las mejillas sonrosadas.

—¡Basta! ¡Cállate que me ilusionas!

Itsuka se echó a reír, emocionada.

—¡Hazlo, mujer! ¡Alguien que ha pasado por todo eso tiene el mínimo derecho a la ilusión!

Momo se tapó el rostro con ambas manos.

—¡No! ¡No puedo! ¡Basta!

—De acuerdo, como quieras. Yo que tú viviría el momento. Ya has superado lo peor ¿Cierto? ¿Qué puede ser peor que que te rechace? ¡Nada! ¡Ya estás curtida!

Yaoyorozu se sonrió, no muy segura de la respuesta.

Sus pies querían despegar, pero su mente no le permitía volar del suelo. Quería llorar, y a la vez reír.

¡Se había animado y eso era todo!

O en realidad no.

Todo, no.

Era el comienzo.


Nota del final del capítulo:

Quiero trabajar la baja autoestima de Momo, a pesar de que parezca superada, no lo está y necesita mucho camino por transitar.

En cuanto a Itsuka, es probablemente mi personaje más OOC. Lo siento xD, pero necesito un personaje un poco más vivaracho, que sea confidente de Momo y la ayude a transitar todo esto. Además no le dan demasiada importancia en el manga asi que me permito jugar un poco con ella.

¿Aparecerán los demás personajes del manga? Sí, con el tiempo, pero la bestu preferida de Momo va a ser Itsuka, lo lamento, jaja.

En cuanto a Todoroki, no hay mucho para agregar. Esta transitando un mal momento, en su mayoría relacionado con la muerte de su madre pero no es lo único que lo atormenta.

Sin más, me despido.

Nos vemos, bonitas (si me leen pasan a ser automáticamente bonitas para mí, da igual.)