2. Rancor's MoshPit

El fin de semana pasó lento y pesado para la joven chica, quien cubría cada día su rostro con maquillaje y falsedad, intentando hacer ver al mundo que estaba tan bien por dentro como lo estaba por fuera.

Estar sola le hacía pensar de más en cosas que quería mantener en el nivel más bajo de su interés, y por primera vez en años le agradaba trabajar. Sentir diariamente la rutina y el estrés. Era la única forma en la que su mente se paralizaba, quedando a merced de sus actos impulsivos; el ajetreo, atender a uno, darle la bebida a otra, cobrar copas, limpiar las mesas, recoger los cristales rotos del suelo y frenar peleas fueron el pan nuestro de cada día para Rey.

No iba a mentirse, se volvió adicta a ello, a no pensar. Empezó a entrar en un espectro donde no quería darse el lujo de hacer su descanso habitual entre turnos.

Rechazaba las diversas propuestas de Finn y Poe cuando iban a buscarla para salir a la parte trasera del local a comer algo y charlar un poco. Sencillamente porque no tenía ganas de frenar y dar rienda suelta a sus pensamientos, tal y como sucedía cada vez que ponía un pie en su casa.

"Quizá luego, ahora voy a contrarreloj" decía con una sonrisa convincente que había aprendido a usar desde que trabajaba cara al público.

Pero pese a todo sabía que no podía engañarles a ellos. De sobra sabía que Finn y Poe no eran estúpidos y además la conocían, tenían muy presente que su amiga no estaba tan bien como decía estar. Pero no podían forzarla a hablar con ellos y pasar el luto juntos como tantas otras veces, para Rey sería lo peor.

Se centraba en su trabajo más el extra que le había aplicado Mara como reprimenda tras su actitud hacia un cliente, Kylo concretamente. Esas dos noches Rey se encargó de sacar la basura del local en más de una ocasión. Y en varias de las salidas hacia los contenedores de basura del callejón trasero se encontró con los miembros de La Primera Orden durante sus descansos. Fueron pocas las veces que cruzó miradas con Kylo, quién se las devolvía con una mueca de desprecio que llegó incluso a intimidarla. Parecía que estaba bastante ofendido con ella y Rey se sentía terriblemente culpable.

No faltaron las incontables veces que repetía aquella discusión del viernes en su cabeza cuando llegaba a casa. Se le aparecía en sus pensamientos como un fantasma junto a un sentimiento de culpa que crecía a medida que rememoraba. Quería disculparse con él pero sentía que el chico la evitaba. Suspiró mientras se enrollaba mejor con las mantas y cerraba los ojos, quizá el jueves. Quizá.

El lunes era el día más odiado por toda la población mundial. El día que daba comienzo a la semana solía ser gris y lleno de complicaciones… Pero no para ellos tres. Sus fines de semana empezaban el lunes y terminaban los miércoles por la tarde cuando entraban a trabajar si es que Mara les llamaba para hacerlo. Era una extraña forma de vivir pero no era del todo tan desagradable. Se acostumbraron rápidamente a ello en solo un mes de trabajo.

Finn y Poe habían quedado con Rey para ir de tiendas por el centro de la ciudad y despejarse un poco al igual que hacerle compañía a su amiga malherida, quien empezaba a enviar de forma inconsciente señales de ayuda, por muy leves que fueran.

Tras haber hecho su recorrido habitual fueron a comer a su hamburguesería favorita. Estaban sentados en su mesa de siempre junto a la ventana. Descansando tras haber pateado el centro de la ciudad, Rey estaba obsesionada en conseguir el vinilo de un grupo que, al parecer, ni las tiendas más especializadas conocían, dando la búsqueda de hoy por perdida (A excepción de dos discos magníficos que había adquirido a precio de risa).

Rancor's MoshPit era un grupo "cometa", como los denominaba Rey. Pasaban rápidamente dejando una estela imborrable en la memoria de quienes les llegaron a conocer y escuchar en directo mientras se quedaban en el olvido de quienes no corrieron esa suerte. Y Rey les había visto en directo, quedando totalmente enamorada de su estilo electrónico mezclado con un metal industrial de lo más salvaje. Y tenía en su poder tres de sus cuatro discos, los cuales estaban agotados en todas partes. Pero no quería desistir, necesitaba encontrar ese primer disco, el único que le faltaba, costara lo que costara…

Pero quizá otro día, hoy se merecía esa hamburguesa doble con guarnición que le estaban preparando.

Finn sujetaba la mano de Poe mientras observaba a través de la ventana, con la mente en blanco. Rey, por otro lado, estaba sumergida tras la pantalla de su teléfono móvil, buscando tiendas de vinilos cercanas o que desconociera (si es que acaso quedaba alguna).

-¿Has probado a comprarlos por internet?- Volvió a aconsejarle Poe, Rey resopló.

-Sí y no lo encuentro. No lo encuentro por ningún maldito sitio. No lo tienen ni en su web fantasma. –Apagó su teléfono y se dejó caer sobre la mesa, rendida y dramatizando la escena.- ¿¡Por qué?! ¿Qué he hecho yo para merecer tanta desgracia junta?

Finn sonrió y soltó a Poe para sacar su teléfono y probar con algo que siempre le funcionaba; mirar desde otro dispositivo. Empezó a buscar tiendas de música por la zona en silencio mientras Poe le deshizo un poco el pelo a Rey.

-Pronto el sol volverá a brillar, becaria. –Rió y todavía estalló más en carcajada cuando Rey se levantó de golpe al escuchar ese pequeño guiño a su incidente del viernes.

-¡Dame un respiro, Poe! –Rió ella.- En serio, no ha tenido gracia…

-Un poco sí.

-No, no la ha tenido.- Dijo, riéndose un poco.- Me siento imbécil por todo aquello…

-¡He encontrado una tienda nueva!- Gritó un emocionado Finn, dando suaves golpes en la mesa para llamar la atención de los otros dos. Rey y Poe volearon atentamente.

-¿En serio?- Rey sonrió levemente mientras Finn asentía con ansias tras morderse el labio inferior.- ¿Dónde?

- Espera…- Finn entró en la localización y frunció levemente el ceño tras voltear hacia Rey.- Bueno, quizá la conozcas. Está a tres manzanas de tu casa.- Rey observó al infinito por unos instantes.

-Pues, no. No sabía que había una cerca de mi casa…

-¿Hay una maldita tienda de discos a cuatro patadas de tu casa y no lo sabías?- Poe empezó a reír levemente mientras Rey asentía con sorpresa.- Sí que te han venido todas las desgracias de golpe.

-¡Espera! Esto no es una desgracia.- Le discutió Rey con humor.- Quizá es lo mejor que me ha pasado desde que he vuelto de vacaciones.

-Gracias por dejarnos en segundo lugar.- Rey le propinó un suave puñetazo al hombro de Poe tras ese comentario mientras reía.

-Te paso la dirección por mensaje ¿Vale?- Habló Finn mientras tecleaba rápidamente.

-De acuerdo ¿Qué horarios tiene?

-Creo que ahora está cerrada y no abre hasta las seis, según lo que dice aquí.- Le pasó su teléfono a Rey quién comprobó esa información.

-Mierda, hoy a las seis no puedo pasarme, tengo que hablar con el casero del piso.

-Puedes ir mañana, total, la tienda está cerca de tu casa.

-Eso pienso hacer.

Una camarera se acercó a la mesa, cargada con una bandeja casi tan grande como ella. Colocó los platos frente a cada uno de ellos y se marchó rápidamente, dejando una estela fugaz de su aroma afrutado, quizá por el perfume que llevaba.

Empezaron a comer en silencio, tenían hambre pues no habían parado a almorzar en ningún momento de la mañana. Rey suspiró y alzó los ojos de su plato, observándoles con tranquilidad. Si algo adoraba era compartir momentos con esos dos. El destino le había dado más de una complicación en el pasado pero que les volviera a juntar de forma tan casual, tras tantos años de separación, fue algo que agradecería eternamente al universo.

Los tres se conocieron hacía ya muchísimo tiempo en una escuela de Kamino, donde coincidían la mayor parte del tiempo. No tardaron demasiado en hacer buenas migas y pronto se convirtieron en amigos inseparables.

Por desgracia, cuando llegó el momento de decidir entre ir a la universidad o trabajar, Rey optó por lo segundo, trabajando en un taller de coches en el barrio de Jakku mientras ellos dos se matricularon en una de las mejores universidades de Alderaan para estudiar comunicación y audiovisuales. Sus caminos se separaron muy a su pesar pues tanto Finn como Poe querían que la chica se uniera a ellos en su experiencia universitaria, pero Rey necesitaba el dinero.

El tiempo pasaba y las quedadas para reencontrarse empezaron a escasear a medida que Rey se hacía indispensable en ese mugroso taller, trabajando cada vez un poco más de lo que se había establecido en su contrato. Maldiciendo al desagradecido de su superior y sintiendo que vivía para trabajar y no para sí misma.

Llegó un punto donde la relación parecía apagada pese a seguir en contacto leve por las redes sociales. Un par de felicitaciones por los cumpleaños de cada uno, varios "me gusta" diarios a las fotos publicadas en sus perfiles y varios vídeos compartidos entre ellos les hacía recordar que existían pero sabían que su historia era ya agua pasada.

Rey entró en un círculo odioso donde su pasión por la mecánica se desvanecía con cada nuevo día, y cuando sus horarios en el taller se alargaron más que su salario decidió cambiar de empleo y probar suerte en otro terreno. Le agradaban los retos y el Mos Eisley en el barrio de Tatooine que siempre frecuentaba cuando tenía tiempo libre ¿Por qué no juntar ambas cosas?

No tardó mucho en darse cuenta de que aquella era probablemente la mejor decisión de su vida, y se reafirmó cuando se llevó la sorpresa del día al ver que Finn y Poe también trabajaban allí pero no de cara al público (la mayoría de las veces, por supuesto. Siempre que se necesitaba personal Mara echaba mano de su pelotón técnico audiovisual). Y allí estaban. Cinco años de trabajo que regó su flor de la amistad y les volvió a juntar como nunca antes lo habían hecho.

Rey sonrió nostálgica mientras ponía la vista perdida en la pared frente a ella. Finn se percató y temió que la pobre chica estuviera pensando en ese malnacido de Maul, no se demoró ni un segundo más en posarle una mano en el hombro y apretar un poco en señal de apoyo. Sacándola de su pequeño trance y haciendo que volteara para verle. El chico le sonrió y Rey le devolvió otra sonrisa.

-¿Pasa algo?- Le dijo con suavidad. Ella negó con la cabeza.

-No.- Le dijo con una sonrisa más que sincera. Les tomó de la mano y pasaba sus ojos de Poe a Finn mientras seguía sonriendo.- Gracias a los dos por todo. De verdad que sí.

Su frustración era cada vez mayor y estaba totalmente justificada. Desde que se enteró que cerca de su casa no solo había una tienda de discos si no que estaba especializada en tesoros de otras épocas musicales, su tiempo libre empezó a escasear. Problemas e infortunios aparecían en su camino como setas; Cuando no eran las reuniones con el casero, eran las reuniones de la finca. Otro día fue un cobro inesperado del banco que le ocupó toda la mañana de colas y papeleos para resolver. Luego una inspección de tuberías en su edificio por la tarde y una fiesta ilegal en el piso de arriba la mantuvo en vela toda la madrugada, consiguiendo que al día siguiente se despertara tarde y por una llamada. Mara que le indicaba que le tocaba atender a las mesas en el bar en un turno intenso ese mismo miércoles (Y no le importaba pues Mara le pagaría, a diferencia del taller, pero vaya que era mala suerte).

Llegó el jueves y estaba tan agotada que se despertó a la una del mediodía ¡Fantástico! Volvía a tener su horario de sueño totalmente desajustado. Maldijo a todos los seres del universo pues quizá hasta el siguiente lunes no podría ir a esa dichosa tienda que tantas esperanzas le había dado. Cuando podía ojeaba el catálogo de internet que tenían y los discos y ediciones que Rey identificó la dejaron helada. Si había esperanzas esa tienda las tenía todas, aunque a un precio caro. Pero no le importaba, necesitaba con todas sus fuerzas tener ese disco.

La noche del jueves había sido bastante agradable y llevadera, los jueves eran tranquilos y el grupo sonaba hoy como nunca antes había sonado nadie en ese escenario. Pese a no poder ver el show (cosa que agradecía ya que no tenía muchas ganas de sufrir miradas de desprecio por parte del vocalista) la música le encantó.

Pero no le duró demasiado su evasiva. Se disponía a guardar unas copas, sumida en sus propios pensamientos, hasta que le divisó por el rabillo del ojo y él también se fijó en ella. Kylo frenó su andar y Rey le encaró con su mejor sonrisa fingida. El cantante evitó su mirada y se terminó de acercar, buscando quizá a otra persona que le atendiera…

En parte ella quería disculparse pero el muro que él había construido entre ellos por esa estupidez del viernes anterior le hacía recular con su decisión. Y no es que fueran imaginaciones suyas, Kylo se lo estaba dejando bien claro en ese instante, emitiéndola de su realidad y buscando a otra persona que le atendiera. Pero la suerte no estaba de su lado, Finn se estaba cambiando para irse y Jyn había salido al callejón trasero a fumar un cigarrillo. Sólo estaba ella atendiendo en barra al poco personal que quedaba en el recinto.

Kylo seguía evitándola y ella necesitaba salir en su hora si quería dormir bien y reajustar sus horas de sueño.

-¿Qué te sirvo, guapo?- Dijo con cierto sarcasmo. Kylo seguía esquivándola.- ¿Quieres tres tercios como la otra vez?

-Que te jodan, chatarrera becaria.- Ahora sí la encaró y su mirada oscura la intimidó hasta dejarla levemente paralizada. Rey tragó saliva pero se forzó a no desviarle el contacto visual. Para su sorpresa fue Kylo quién apartó la vista, buscando hacia ambos lados de la barra a otra persona.

-No te esfuerces, sólo estoy atendiendo yo.

-Pues esperaré.- Dijo tajante. Rey resopló a la vez que rodaba los ojos ¿Aquello iba en serio? Kylo se había cruzado de brazos y tenía el ceño fruncido.

-Te va a tocar esperar un buen rato.

-No tengo prisa.- Rey volteó levemente hacia él mientras regresaba a su tarea inicial. Pues yo sí, pensó ella.

-Mira que eres infantil… -Habló en un susurro.

-¡No soy infantil! –Aporreó la mesa a la vez que volteaba hacia ella.- ¡Es sólo que no pienso permitir que me sirva bebida una chatarrera!

-Y ahí está esa muestra de madurez...

Se hizo el silencio y Rey siguió limpiando mientras Kylo esperaba tamborileando la barra con los dedos. Tenía recargado el peso de su cabeza sobre la mano izquierda, la cual ejercía con el codo un punto de apoyo en la barra. Rey resopló, era demasiado orgulloso. Y ella no podía permitir que ese orgullo narcisista la retuviera en la barra trabajando horas de más.

Dejó el trapo sobre la barra y abrió el refrigerador arrastrando la tapa superior. Sacó tres tercios y los abrió uno a uno. Se le acercó y se los depositó frente a él, haciendo que diera un respingo sobre el asiento ante aquella inesperada reacción por parte de Rey.

-Invita la casa.- Bromeó.

-¡¿Es que acaso no has escuchado nada de lo que te he dicho?!- Habló Kylo, abandonando su posición y adoptando una más agresiva.

-Creo que es evidente.

Pese a haberse alejado de él le pudo escuchar gruñir con fuerza y cólera. Guardó los vasos y el resto del grupo se acercó al vocalista para tomar las bebidas en la misma barra. Rey rodó los ojos, iba a tener que limpiar los círculos que dejaban los culos de las botellas otra miserable vez.

-Ya está todo recogido y listo para mañana por la noche.- Afirmó con una voz demasiado suave para su aspecto la chica rubia. La baterista del grupo- ¿Traerás entonces la máquina de humo, Hux?

-Sí me llega por el medio día, sí. Phasma, cuenta con ello.

-Más vale que sí, la necesitamos con urgencia.- Habló Kylo dando un buen trago.

-¡Y tanto! Tengo unas ganas… Vamos a tener muchísima más presencia con eso en el escenario.- Se alegró la chica.- Será toda una pasada.

-Yo solo espero que no sea un problema más. Como no sepamos controlarla y llegue un punto donde no veamos ni nuestros propios pies, tendremos un accidente importante.

-¿Por qué siempre te tienes que poner en lo peor?- Habló Kylo, su voz sonaba borde hasta con los miembros de su grupo. Rey seguía acomodando cosas en las estanterías traseras y haciendo recuento de los alcoholes que se habían terminado, enterándose de toda la conversación que tan poco le importaba.- No va a pasar nada.

-Hasta que pasa. Como cuando me afinaste las cuerdas del bajo y de la tensión se soltó una en medio de aquel concierto en Takodana. Todavía tengo la marca del corte que…

-Tus cuerdas estaban oxidadas y no soportaron la tensión ¡No me fastidies, Hux!- Kylo se terminó la botella de otro trago tras cortar al pelirrojo en su queja.- Haberte traído el afinador y nada de eso hubiera pasado. Lo dices como si lo hubiera hecho a propósito y para nada fue así. Lo que menos quería era terminar en urgencias mientras te cosían el brazo.- Se hizo el silencio y Rey puedo sentir cierta tensión en el ambiente. Viró los ojos un poco y observó la escena.

-No he dicho que sea culpa tuya…

-Ya, claro.- Le volvió a cortar.

Kylo tenía la mirada desviada, mientras rodaba la botella en su mano, jugando a desequilibrarla mientras Hux y Phasma compartieron miradas preocupadas. La chica rubia se aventuró a hablar casi en un susurro.

-¿De verdad que no te pasa nada?- Kylo rodó los ojos.- Puedes contarnos lo que…

-¡¿Otra vez me lo vas a preguntar, Phasma?!- Parecía que Kylo estuviera conteniendo un estallido.- No, no me pasa nada. Sólo estoy cansado y me quiero ir a casa.

-Ya somos dos…- Susurró Rey para sí misma.

El metro nocturno la dejó en su casa más tarde de lo que ella hubiera querido. Pero tras tocar el colchón se dejó caer en las manos de Morfeo y durmió de un tirón toda la noche. Llevaba demasiado cansancio acumulado y una vez le dijeron que las horas de sueño perdidas nunca se recuperan, así que no esperaba despertarse demasiado bien el día siguiente. Las sorpresas empezaron temprano, justo cuando se levantó. No perdió ni un segundo en ducharse, desayunar y vestirse, no se encontraba tan mal como esperaba encontrarse así que se podría decir que el día había empezado con buen pie.

Cogió las llaves y puso el navegador de su teléfono para ir hasta la tienda sin perderse.

Sí que estaba cerca de su casa pero bastante escondida, fuera de su ruta habitual. No tardó ni diez minutos en llegar al local y se detuvo en la puerta, admirando el escaparate como una niña frente a su tienda de golosinas favorita.

Starkiller Records anunciaba la entrada a aquel Edén terrenal para Rey. Puso la mano en el pomo, lo volteó y abrió la puerta, desencadenando un pequeño tintineo gracias a la campanita que avisaba la llegada de cada cliente.

El olor a cartón viejo y vinilo polvoriento inundó su nariz, provocándole una sensación descomunalmente indescriptible pero agradable en su interior. Sus ojos viajaron por todo el recinto mientras se adentraba con cautela cerrando la puerta tras de sí.

Era un local acogedor, con un tono anaranjado presente en cada esquina. Muy acogedor y sensacional para Rey, quién se perdía entre cada estantería, cada apartado, agobiándose y emocionándose al no saber si tendría tiempo suficiente en su vida para poder perderse allí adentro, entre cada disco.

Entonces condujo su mirada al fondo de la tienda, donde se encontraba la caja registradora junto a un joven, que leía una revista.

Éste alzó la cabeza de aquel catálogo de guitarras y se petrificó cuando cruzó miradas con ella, quién se quedó anclada sobre el suelo tras aquel golpe inesperado del destino. Debía tratarse de una broma, un mal chiste. Pero no, Poe tenía razón. Era toda una jodida desgracia.

-Joder, es increíble… -Dijo Kylo en un gutural gruñido, rodando los ojos a la vez que apretaba la revista entre sus manos.