Bueno, acá les va el segundo capitulo de este fic! Ya quiero escribir el tercero, pero estoy con muchas lecturas para la universidad :( Aunque intentare hacerme un ratito para escribirlo y subirlo!

Este lo tengo listo desde el día de ayer y no pensaba subirlo hoy pero al ver sus reviews bueno, quise acortarles la espera :) Asi que aca se los dejo! ojala lo disfruten...

- ¡¿QUUUUEE?!. Fue lo único que pudo articular Rin, alejando bruscamente la mano que tenía tomada Ryuji. -¿QUE TU QUÉ?- Sus ojos estaban desorbitados, era una expresión graciosa a pesar de las circunstancias.

Kaede seguía con su tranquilo semblante. La reacción de Rin no la tomaba por sorpresa. De hecho, la vio venir. La anciana le había explicado a Ryuji que Rin no tenía intenciones de contraer matrimonio con absolutamente nadie, aunque en su corazón la anciana sabía que sí había una excepción.

Le intentó explicar de mil maneras al terrateniente que sólo perdía su tiempo al proponerle matrimonio a la joven, pero el muchacho insistió, tercamente. "No he venido de tan lejos para escuchar un no" le había respondido, completamente decidido. Kaede se dio por vencida y aceptó que esperara a Rin en la cabaña, aunque estaba completamente segura que la muchacha no se iría por ningún motivo con él ¡Si ni siquiera lo conocía!.

- No - Dijo Rin, que estaba de pie. Su rostro estaba tenso y hablaba con una voz que pocas veces se le escuchaba: sin alegría, completamente seria y decidida. - No me casaré contigo, por ningún motivo. ¿Oíste bien? -

Ryuji se levantó y miró a Rin directamente a los ojos, acortando la distancia entre ambos.

- Señorita Rin, me habían hablado mucho de su extrema belleza...me contaron que incluso la más bella flor se veía marchita a su lado. Creo que aquellas descripciones fueron injustas. Su belleza no tiene comparación...- Rin lo miraba incrédula, levantando una ceja "¿Este joven pretende que acepte ser su esposa sólo con decirme palabras bonitas? Pff!" -...anduve muchos días para llegar a este lugar. Necesito una esposa que me acompañe en la ardua tarea que me dejó mi padre al morir, hace tan solo unas semanas. No creo que nadie pueda cumplir mejor esa labor que usted.- Los ojos de Ryuji destellaban de tal forma que a Rin le causó un poco de temor, se asemejaba a un cazador que tiene a su más importante presa acorralada, a punto de someterla. Por un momento, tuvo miedo.

- Lo siento, joven Ryuji. Tu viaje fue en vano. No pretendas que diciéndome frases ensayadas podrás convencerme. No pierdas mas tu tiempo, vuelve a tus tierras. ¡Si ni siquiera te conozco!- Le dio la espalda decidida a salir del lugar. Su cabello ondeó al hacer este movimiento, pegándole en el rostro al terrateniente; el cual sacudió su cabeza por el inesperado golpe. Tenía que deshacerse de ese muchacho como diera lugar.- Si me lo permiten, saldré a dar una vuelta-

La anciana Kaede no había pronunciado palabra alguna, se dedicaba a ser una mera espectadora. Sabía que Rin esperaba que Sesshomaru la llevara consigo, pero el Daiyokai no había dado muestra de interés en ello. ¿Qué sería de la pequeña en un futuro? Quizás, lo mejor sería que se fuera con ese joven...sería el mejor partido. De hecho, un excelente partido para cualquiera, muchas mujeres matarían por tenerlo de esposo. Pero la anciana sabía que Rin no dejaría que nadie la tuviera como pareja, a menos que se tratase de Sesshomaru...aunque Kaede veía esta opción como un imposible. Dudaba mucho que el hermano de Inuyasha quisiera a Rin como mujer, siempre había menospreciado a los humanos.

Después de todo...Ryuji podría ser el hombre que hiciera olvidar ese amor casi imposible a Rin. ¿O no?

Kaede, a pesar de tener todas las probabilidades en contra, pedía todos los días que los deseos de la joven se hicieran realidad y que por algún milagro, Sesshomaru volviera por ella...todo con tal de verla feliz.

Rin salió de la cabaña seguida por Ryuji y se puso a caminar en dirección al arroyo.

Al llegar, no habían cruzado palabra alguna. Ryuji se limitaba a seguir sus pasos. No muy lejos, su tropa los miraba expectantes y junto con ellos estaba en estado de alerta Inuyasha, por si Rin necesitaba de su ayuda. La muchacha se dio media vuelta al ver la insistencia del terrateniente.

-Ya te dije que no me casaré contigo.-

-Por favor señorita Rin, deme una oportunidad.- El joven se acercó, su actitud denotaba determinación sin dejar de ser cordial con ella -Creo que, ahora que la he visto en persona, deseo con mas ansias que sea mi esposa.-

- Pero yo no, entiéndelo. Y por favor, deja de seguirme.-

- Me quedaré el tiempo necesario para convencerte...-

Cómo molestaba este tipo. Y ella, que lo único que quería era que Sesshomaru viniese para llevársela con él... ¡Cierto! ¿Qué pensaría el Daiyokai cuando se enterara de este sujeto y sus intenciones? Ahora que lo pensaba bien...habían dos posibles razones. Una era que Sesshomaru se mostrara indiferente y le diese lo mismo que Rin aceptara irse con Ryuji. La segunda...la más improbable según Rin... sería que este recién aparecido despertara en Sesshomaru celos. Quizás de esa forma, Rin podría cumplir su sueño de ver sus sentimientos correspondidos. Aunque fuera completamente improbable, existía cierta esperanza en su corazón. Pensar que Sesshomaru fuera indiferente ante esta situación le partía el corazón. Pero primero que todo ¿Cómo se podría enterar el Daiyokai?

Odiaba la idea de tener a ese terrateniente siguiéndola durante varios días. ¿Qué haría? Estaba en una situación complicada. Por lo visto, él no se iría luego, acabaría con todos sus recursos con tal de lograr su cometido.. Pero ella sabía, que por muy insistente que éste fuera, ella jamás, JAMÁS aceptaría ser su esposa.

"Y ahora ... ¿Qué hago? Necesito ver al señor Sesshomaru...pero ¿Cómo? Es casi imposible que se entere de lo que está sucediendo aquí...Y ha venido tan poco el último tiempo que no tengo la más mínima idea de cuándo volverá...¡Ay! Qué horror..."

-Haz lo que quieras, pero no me molestes...-Le respondió al fin. Después de todo, ese sujeto debía estar acostumbrado a hacer lo que quisiera y conseguir lo que quisiera. Por mucho que le dijera que se fuera, Ryuji se quedaría igualmente. -Pero conste, te lo advertí.-

- Le prometo que seré todo lo contrario a una molestia, señorita Rin.-

"Sí, claro" Pensó la joven para sus adentros, sonriendo con ironía.

La siguiente semana Rin hizo sus labores con normalidad, con la excepción de tener a Ryuji que la acompañaba, o mejor dicho la perseguía, durante buena parte del día. La muchacha no le dirigía mucho la palabra, pero después optó por responder en cierta medida los intentos de diálogo del terrateniente, él era demasiado insistente. Además, la muchacha era demasiado cordial como para negar por mucho tiempo una conversación, a pesar de que éstas la la cansaran, incomodaran y hastiaran.

Así fue como se enteró un poco de la vida del joven, sin pedirlo ni quererlo. Su familia tenía muchas tierras, gran poder y dominio hacia el Norte. Era el único hijo que había dejado su padre antes de morir y había heredado toda las posesiones de éste. Mediante los viajeros y comerciantes se enteró de Rin; todos hablaban de su extrema belleza, delicadeza e imponente apariencia. Había decidido emprender el viaje para conocerla y lograr que fuera su esposa. (Aún no desistía de aquella idea). Rin escuchaba estos relatos ya que aunque no lo pidiera, el tipo hablaba igual; pero siempre que el joven le preguntaba algo sobre su vida, la muchacha evadía las respuestas con algún comentario inteligente que hacía al terrateniente olvidar lo que había preguntado.

La muchacha no iba a compartir sus experiencias con este tipo tal molesto.

Ryuji y su tropa alojaban en un lugar cercano a la aldea, por lo que llegaba aproximadamente a medio día y se iba casi al anochecer. Pensaba quedarse lo necesario para llevarse consigo a Rin. Se había embelesad, incluso obsesionado con ella.

A veces Rin lo sorprendía mirándola fijamente, cosa que la ponía bastante incómoda, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo.

Una noche, Rin se encontraba en la cabaña preparando la cena. La anciana Kaede envolvía hierbas medicinales en un rincón. Por la entrada, apareció una figura muy conocida para ambas.

-Inuyasha, ¿Qué haces a estas horas por aquí?-

- Sólo vengo para conversar un poco con Rin, anciana. ¿Rin, puedes salir un momento?-

La muchacha encargó la cena a la anciana y salió de la cabaña. "¿Qué querrá conversar conmigo?"Si Inuyasha venía hasta aquí era por algo importante, o porque su esposa lo había enviado.

- Rin...-Comenzó a decirle Inuyasha, mientras paseaban a los alrededores. - ¿Qué piensas sobre todo eso?-

- ¿Sobre qué?- Preguntó a pesar de que la respuesta era obvia.

- Sobre este tipo que llegó pidiéndote como esposa...- Rin bajó la mirada. ¿Que qué pensaba? Pensaba que el único dueño de su corazón era, es y será el hermano de su interlocutor. Pero este sentimiento estaba guardado muy dentro de ella y creía que nadie se había dado cuenta...Aunque casi todos sus cercanos lo intuían.

-Hum...no lo sé.- Su mirada era triste y vaga.

- ¿Que has pensado sobre irte con ese terrateniente?-

- Que no, pero el tipo no se va... - Un nudo se comenzaba a formar en la garganta de la joven. Lo único que deseaba era ver a Sesshomaru, saber los sentimientos de éste...poder ser correspondida con este amor que le quemaba las entrañas. ¡Por qué todo era tan difícil! ¡Ni siquiera sabía cuando lo volvería a ver! ¡Y ahora este terrateniente aparecía y la seguía a todos lados!

- Debes pensar algo sobre todo esto, Rin.- Inuyasha la miraba de reojo, notaba la conmoción y la tristeza en el rostro de Rin. - Kagome me pidió que viniera a hablar contigo...-

Rin no contestó. Se limitó a caminar al lado del Hanyou.

- Rin, no tienes que hacer nada que no quieras.-

- Lo sé...-

- ¿Entonces...?-

- No me iré con ese tan Ryuji, ya lo he dicho.-

- ¿Y por qué ha pasado tanto tiempo contigo entonces? Eso da para pensar un poco...-

- Pues, no tengo otra opción.- Esa era la verdad. El joven la seguía quisiera o no. Se había acostumbrado de mala manera a su presencia, a pesar de que la incomodara y prefiriera volver a su cotidianeidad.

Inuyasha se detuvo en seco y la vio preocupado.

- ¿Cómo que no tienes otra opción?-

- Pues si...me sigue aunque yo le diga que se aleje. Al parecer, esta decidido en que me vaya con el...pero yo no quiero. No lo haré, jamás me iría con él. Pero me sigue...y bueno, no puedo hacer nada.-

- ¿Por qué no me habías dicho?-

- Para evitar problemas...- Rin levantó la mirada hacia el hanyou. Él y su esposa, se preocupaban mucho por el bienestar de la muchacha, como si fuesen sus hermanos mayores.

-Já. ¿Problemas? Al parecer sí había un problema entonces, Rin. Quédate tranquila, procuraré que ese tipo te deje en paz.-

- Humm...si...-

En su interior, agradeció que Inuyasha pudiera intervenir por ella, ya que una mujer en su época no tenía mucho poder sobre los demás hombres, menos sobre un terrateniente. Pero tuvo en ese momento una corazonada. Nada bueno iba a ocurrir. Miro a Inuyasha y lo vio tranquilo, pero esto no la tranquilizó...algo iba a suceder, algo malo.

Volvieron a la cabaña e Inuyasha se despidió volviendo con su familia. Rin cenó con Kaede y se dispuso a dormir. No sabía por qué, pero sentía una extraña sensación acerca del día de mañana.

Se durmió con esa inquietud en su corazón.

...

La noche estaba despejada. La luna menguante era la única luz que iluminaba un bosque lejano. Los arboles se mecían levemente, como si durmieran. En un pequeño claro, un apuesto hombre de pelo plateado y ojos dorados se encontraba recostado sobre una piedra, absorto en sus pensamientos. Estaba solo, su acompañante había ido a conversar con unos demonios que estaban en las cercanías.

"¿Qué estará haciendo?" Pensaba en una mujer...una mujer que había conocido y protegido desde cuando ésta era apenas una niña, y que había dejado con unos humanos hace unos pocos años. Desde la última vez que la vio, hace más de un mes, tuvo que aceptar que esta muchacha había robado su corazón...no sin fuertes batallas internas, entre su mente y su corazón.

Su mente le decía que se olvidara de ella, que no podía ser vulnerable ante un ser inferior, que no podía cometer el mismo error que su padre...pero su corazón se derretía por Rin, y le costó mucho darse cuenta de ello. Cuando al fin lo hizo, estaba completamente enamorado. Ese corazón, que había estado protegiendo con una densa y fría coraza, estaba loco por Rin.

No tuvo más remedio...lo único que ocupaba sus pensamientos ella. "Cuánto deseo verla..." Lo que lo detenía era ese maldito orgullo. ¿Cómo era posible que él, el gran Sesshomaru, aceptara estar enamorado de una humana? ¡Él, que había sentido repulsión por los humanos durante tanto tiempo! ¿Cómo podría explicar este cambio? ¿Qué tenía esa mujer, que lo enloquecía tanto?

-¡AMO BONITO!- Jaken se acercaba corriendo desesperadamente hacia donde se encontraba descansando Sesshomaru, sacándolo de sus pensamientos -¡AMO BONITO!- El youkai corría lo más rápido que sus pequeñas piernas le permitían.

- ¿Qué pasa, Jaken?- Le preguntó el Daiyokai cuando el pequeño ser verde finalmente llegó a su lado, sin aire. Jaken intentó recobrar un poco el aliento para poder hablar con su amo y que éste lo entendiera.

- Amo...Sesshomaru...- Apenas podía articular palabra. Respiraba muy ajetreadamente.

-Dilo ya, Jaken.-

- Se...trata...de...Rin...- ¿Había escuchado bien? ¿Rin? ¡Qué demonios le había pasado!

Sesshomaru se puso de pie, preocupado y temiendo lo peor. Si algo le sucedía a esa mujer, jamás se lo perdonaría.

- ¡Habla ya Jaken! ¡HABLA!- Le exigió a su sirviente, casi en un grito.

-Unos demonios...me...contaron...que un humano...un tal...Ryuji...se encuentra...en la aldea...donde está...Rin...y quiere...llevársela...

¿Que un humano quería llevarse a Rin?¿ SU Rin? No, eso no lo permitiría. ¡Nunca!

- ¿Cómo que quiere llevársela Jaken?-

- Es un terrateniente...quiere...hacerla su esposa.-

¿ Rin como esposa de otro? Sobre su cadáver...sobre su cadáver otro podría tener a Rin. "Ella es mía, nadie más puede tenerla...¡NADIE! Porque demonios no la traje conmigo en aquella ocasión...¡POR QUÉ!"

Sesshomaru no esperó más explicaciones de Jaken y con un grito desgarrador que rompió el silencio de la noche, se puso en marcha.

Mientras más luego llegara, mas luego podría tener a Rin a salvo junto a él. Si dejaba pasar más tiempo...quizás...quizás podría perderla...quizás...ese terrateniente se la llevaría. ¡NO! No lo permitiría. Tenía que llegar rápido. Rin TENÍA que estar a su lado, aunque tuviera que traerla a la fuerza.

"Rin...por favor, no hagas una estupidez, ¡Niña tonta!"

No quedaba otra opción, era ahora o nunca. Iría hacia la aldea, y traería consigo a Rin a como diera lugar. Por su estúpido orgullo, ahora otro estaba intentando llevarse a la mujer que ocupaba sus pensamientos. Estaba vencido...tenía que reclamar a Rin como suya cuanto antes. ¿Qué importaba lo que pensaran los demás? No podía seguir ocultando el hecho de que...se había enamorado perdidamente de esa humana, y si no hacía algo pronto, podría perderla...para siempre.

Ay! ¿Cuál sera esa corazonada de Rin? Nada bueno, NADA BUENO! jejeje y que hará Sesshomaru cuando vea a ese terrateniente tan cerca de la muchacha :O

No se lo pierdan ! Saludines :)