Hola a todos a la segunda parte de esta historia!
Primero que nada, muchas gracias por la recepción que le dieron a mi idea. No saben cuan feliz me pone que les guste.
AntonyBlack: Sí, yo también disfruté de hacerle eso al Joker mientras escribía.
Seremoon: La trama sobre el pasado de Harry con las chicas veré si la publico posteriormente. Y sí, Harry será un poco torturador de manera psicológica con ellas.
Sombra-Solitaria: Es Harry de adulto. Es un fan art hecho la artista blvnk-art.
Gastyesdeunion: tanto villanas como heroínas fueron una mierda para con Harry, de eso no hay duda. Y no hay duda alguna que la venganza es algo que nuestro mago va a saber cómo emplear en su debido tiempo.
Aviso antes de que se enojen, este capítulo es mucho más tranquilo que el primero ya que es necesario desde mi punto de vista en la historia…Y sí, va a ser una Maxi-serie!
No quiero demorarles más, por lo que sean invitados a leer este fic!
No soy dueño de ningún personaje.
Londres, Inglaterra, Reino Unido
La luz del sol ingresaba a través de la ventana que se posicionaba a la derecha de la cama, resaltando aquellas diminutas motas de polvo en el aire. Los ojos verdes del dueño de casa se abrían lentamente, emitiendo un leve quejido al voltearse para posteriormente ocultar su cabeza por debajo de la almohada mullida que tenía.
Una manos enguantadas comenzaban a quitar sus frazadas, permitiendo que el aire invernal se filtrase a su cuerpo y lo despabile por completo, provocando una serie de insultos murmurados a nadie en particular, los cuales produjeron una risa suave y femenina.
-Qué haces? – fue la pregunta que realizó el mago a la mujer de piel pálida y cabello azabache que jalaba sus piernas.
-Intento despertarte- replicó jubilosamente luego de lograr su cometido, sentándose a la izquierda del Lord Potter.
-Mmh…al menos hoy no lo hiciste mientras cantabas esa molesta canción de Mary Poppins- con su propia sonrisa dibujaba en su cara, Harry replicó.
Ella lo observó en silencio cuando él se dispuso a cambiarse de ropa sin molestarse en ocultar su desnudez. Lo miró detenidamente, detallando en su mente inmortal los pequeños detalles que su rostro mostraba, llevándola a pensar que miles de ideas estaban cruzando por su cabeza.
Al ver que terminaba de ponerse su saco largo, ella se cruzó de piernas sobre el colchón y llevó su mano derecha hasta su pelo, tirándolo hacia la parte posterior de sus cabeza y revelando aún más los aristocráticos rasgos que poseía. Él, por su parte, se afirmó en una cómoda, viéndola con simpatía cotidiana.
-Ok. Bueno Harry, qué pasa? – preguntó finalmente la dama.
-Qué quieres decir, Muerte? – contestó con otra interrogación el ojiverde.
-Mírate! Estás allí, todo acomplejado. No pareces tú- demostrando preocupación, dijo la mujer eterna.
Harry solo soltó una seca risa que hizo eco en la habitación, poniéndose de pie nuevamente y caminando hasta la ventana para abrir por completo las cortinas, viendo a la nieve caer sobre los techos de las casa londinenses.
-No…quizás no. Desde que ellas volvieron a aparecerse en mi vida el día de ayer, revivieron algo que pensaba que ya había enterrado…- confesó el dueño de casa, mirando perdidamente el paisaje invernal.
-No te creo, Harry. Nunca enterraste esas emociones, siempre fueron el combustible para tu cambio radical desde aquel día. Y ayer, solo te hizo consciente de ello, así que te daré un consejo...vete a comprar el té que olvidaste ayer y prepárate para decidir qué harás con ellas- le oyó decir Harry, sintiendo que se paraba detrás de él y lo abrazaba.
Lentamente, el Potter se volteó para quedar frente a ella, alzando una ceja mientras su rostro dibujaba una sonrisa burlesca, mofándose en silencio por la posición que ambos tenían. Quizás en un principio ella podía tomarle el pelo con estas actitudes, pero con el pasar de los años, el dúo fue cambiando de roles.
-Mira, por más que adore estar en esta posición, tengo trabajo que hacer. Además, Sueño ha despertado más temprano a la muchacha lisiada y me ha dicho que estuvo soñando contigo. Así que prepárate para más momentos emotivos y luego me los cuentas! – se expresó Muerte, separándose del mago y agitando su mano para desaparecer en un borrón.
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Las siete invitadas inesperadas estaban sentadas alrededor de la mesa de la cocina luego de haber sido guiadas por un entusiasmado Teddy, quien felizmente preguntaba a Poison Ivy sobre su piel o a Cheetah sobre su cola, generando una sonrisa en su tía al ver que había adquirido su curiosidad con todos estos años.
Hermione había decidido despertarse más temprano de lo habitual, con la idea de ayudar a su hermano con el indeseable problema que había caído sobre su cabeza el día de ayer. Compró té en un mercado y se dispuso a preparar la infusión mientras observaba en silencio como dicho ojiverde ingresaba a la sala con una mirada apática cuando divisó a aquellas que lo lastimaron.
-Aún siguen aquí? – fue todo lo que dijo él, empujando suavemente a la bruja inglesa de su lugar y ocupándose del desayuno.
-Tú…tú dijiste que hablarías con nosotras anoche- Star Sapphire respondió, acariciando la cabeza del niño que revoloteaba por toda la cocina.
Harry no dijo nada más, concentrándose en su tarea culinaria, cocinando unos huevos y tocino de manera eficiente y veloz, sorprendiendo a todas sus invitadas con la facilidad que se movía, como si lo hubiese hecho por años. Inmediatamente a ese pensamiento, todas recordaron lo que la mujer de cabello castaño rizado les había relatado, haciéndolas sentir culpables por lo que le habían hecho al mago inglés.
-Papi! Esa señorita puede hablar con las plantas como Tefé! Y la mujer gatito es como la abuela Minnie! – exclamó Teddy al pararse al lado de su padre, agarrando su pantalón y tirando con fuerza para que lo viese.
-Tefé? Por qué me suena ese nombre? – Zatanna murmuró audiblemente, jugando con el ala de su galera.
-Te suena debido a que es la hija de Constantine con Alec y Abigail Holland, Zatara. Qué ocurre? Acaso él nunca te lo dijo? – burlonamente se expresó el pelinegro, mirándola por encima de su hombro derecho.
-Yo…Él…nunca…no- balbuceó sorprendida la hechicera.
-Hazme el favor de decir oraciones completas, Zatara. Lo último que quiero es que nuestra plática dure todo día- mordazmente le pidió el Potter, silenciándola con efectividad.
-Tienes que ser tan descortés con nosotras? – la princesa de Themyscira cuestionó, parándose de repente y haciendo tambalear la mesa.
-Siéntate y cierra la boca- imperativamente habló el dueño de casa, girándose y acomodando delante de las mujeres los desayunos.
Sin fijarse demasiado si seis de ellas estaban contentas con sus comidas, Harry se posicionó detrás de la muchacha con cabello rojizo y empujó su silla con cuidado para que estuviese más cómoda, sin prestar demasiada atención a la sonrisa de su hermana en todo menos la sangre o de dicha fémina americana.
Sonidos de cubiertos se oían en el lugar. Todas la mujeres observando con expectación a quien estaba sentado en la punta extrema de la mesa, viendo como únicamente tomaba una taza de té sin molestarse a mirarlas.
-Hablas de descortesía, Amazona. Entonces eso quiere decir que ansías que te devuelva el puñetazo que me diste el día que nos conocimos, no? De tener que envenenar a Isley e intentar rebanar los brazos de la Dr. Minerva, verdad?- señaló despreocupadamente el acusado.
Eso conmocionó a los adultos en la sala, menos al niño de cinco años quien disfrutaba de sus cereales mientras tarareaba una cancioncilla que aprendió de una película. Diana agachó la mirada a su plato, moviendo con su tenedor los huevos fritos, tratando de hallar alguna clase de respuesta para pedirle disculpas. Las villanas, por su parte, apretaban con fuerza sus puños, volviendo blanco los nudillos ante la impotencia que sentían ahora frente a quien antes era un muchacho escuálido y nervioso para hablar.
-Y bien? Ustedes vinieron a mi hogar en busca de algo…hablen ahora- indicó Harry a las mujeres, depositando su taza vacía sobre la mesa y recostándose en su silla.
-Nosotras…- Shayera comenzó a abrir la boca, pero deteniéndose cuando no supo que decir en realidad.
-La misma advertencia que le di a Zatara, Shayera Hol. Modula oraciones completas por favor, no tengo todo el tiempo del mundo…aunque eso ya lo saben ustedes, no? – les hizo recordar una vez más el error que cometieron y condenaron su vida terminantemente.
-Lo sentimos en verdad. No era nuestra intención el convertir tu vida en lo que es ahora- se disculpó la portadora del anillo violeta.
-Me refería a que tengo trabajo que hacer, Ferris. Qué sucede? Tienes la consciencia llena de culpa? – aclaró el mago, utilizando un tono lúdico para meterse aún más en su cabeza.
Las palabras se clavaban como hierros al rojo vivo en cada una de ellas, pudiendo saborear el sarcasmo cada vez que el más afectado de todos abría la boca para pronunciar algo. El desprecio hacia ellas, subyugado con frases de doble sentido, envolviéndolas lentamente como una boa constrictora, asfixiándolas con la mera presencia imponente que mantenía él.
Teddy miraba curioso el rostro de cada una de las mujeres que llegaron del día anterior, dándose cuenta que su padre estaba actuando más extraño de lo normal, mostrándose enojado con ellas, cuando solo fueron amables con él cada vez que les habló. Con cuidado, y ayuda de su tía, llevó su plato al lavabo para posteriormente acercarse a su padre, esperando pacientemente a que este le preste atención.
-Sucede algo, Teddy? Te sientes mal? – suavemente susurró Harry a su hijo tras voltearse a verlo.
-Por qué estás enojados con ellas? Te lastimaron? – inocentemente interrogó el pequeño metamorfomago, alzando su mano izquierda para rozar el rostro adulto delante suyo.
Todas pudieron apreciar el cambio repentino que adquirió el rostro masculino del adulto, pasando de una sonrisa sardónica a un semblante cansino y derrotado. El brillo de sus ojos verdes se perdió inmediatamente, asustándolas de sobremanera. Cada pequeña acción que él realizaba era distinta a la anterior, como si cambiase de máscaras en todo momento, negándoles la posibilidad de hallar a aquel niño que seis de ellas maltrataron física y verbalmente.
-Me temo que ellas fueron realmente malas conmigo. Excepto la Srta. Gordon, ella fue muy amable conmigo- explicó la figura paterna del niño, haciendo caso omiso a las susodichas.
-Por qué? Acaso les dijiste algo para que ellas te hicieran eso? – una vez más quiso saber el pequeño.
-Solo fui un mensajero que buscaba ayuda. Pero como has visto en tus dibujos, la gente siempre se desquita con ellos- escuetamente respondió Harry, alzándolo por su cintura y sentándolo en su regazo, para que todos pudiesen verlo por completo.
-Un mensajero? Y qué noticia les llevabas? – nuevamente preguntó Teddy, haciendo sonreír al pelinegro sanador.
Dicho hombre soltó una risa sin gracia al aire, procediendo a deslizar sus dedos a través del pelo que su hijo tenía cambiando de color, yendo de una gama de azules a negros, denotando su preocupación y molestia por momentos. Un rápido vistazo le hizo reir mucho más, notando los rostros perturbados de sus invitadas, las cuales esperan quietas y sin respirar por la respuesta que él daría.
-Como pueden ver…Teddy ha entrado en esa edad donde el piojo de la curiosidad pica, y al parecer, mi pequeño merodeador fue picado con bastante fuerza. Así que, por qué no le explican a él la noticia que llevaba ese día? – dijo el mago, generando una mueca torcida que lucía macabra bajo la luz de la lámpara que jugaba con las sombras que su cabello producía.
El corazón de la thanagariana se estrujó, sintiéndose incapaz de hacer frente al jovencito que esperaba ansioso una respuesta. Ver a John comenzar una relación con Mari era nada en comparación a lo que sentía ahora mismo.
Carol Ferris, por su parte, estaba tratando de callar los gritos que escuchaba en su cerebro mientras ignoraba los centelleos que su anillo hacía. Dolor puro era la emoción que su espectro de color emanaba a cada nervio de su cuerpo, recordándole la mala decisión que tomó y condenó a alguien solo por querer perseguir a alguien que siempre buscaba encerrarla en una prisión.
La eco-terrorista de Gotham City solo podía repasar velozmente en su cabeza alguna forma de sintetizar un antídoto que pudiese ayudarlo y así calmar la sensación de culpa que ahogaba su interior. Empezaba a arrepentirse de malgastar todos esos años persiguiendo a Harley en un apócrifo sueño de buena vida, en lugar de aceptar la oferta que ese niño de ojos vibrantes le había dado. Uno donde no tendría que ser perseguida y podría colaborar con la naturaleza sin sentirse relegada.
Barbara Ann Minerva recordaba perfectamente el instante que atentó contra la vida del adolescente que solo la miró con admiración en lugar de terror como cualquier otra persona se había acostumbrado a hacerlo. El sonido de sus uñas rasgando sus holgadas mangas y delgados brazos nunca se habían detenido desde que Savage Vandal prácticamente la echó del edificio que utilizaban para reunirse.
La bilis atentaba salir de su boca, junto con las punzadas que amenazaban con hacer explotar su cabeza. Zatanna trataba de concentrarse en no llorar como lo había hecho cuando su padre murió en aquella fatídica sesión de espiritismo que Constantine la convenció a ir. Tampoco quería demostrar su rabia, para consigo misma principalmente, tras hacer memoria al día en que se burló ante lo que parecía ser para ella una idea estúpida sobre los contratos mágicos.
El lazo de la verdad brillaba con potencia en las fuertes manos de una, ahora lastimada emocionalmente, Wonder Woman. Sentía vergüenza para ella misma, tanto por sus exabruptos como por haber sido recordada por el golpe que le propinó a un menor de edad hace siete años. Pensando en retrospectiva, desearía poder regresar en el tiempo y prevenir todos su errores, incluso llegando a pedir a alguna divinidad para que revirtiese el castigo que debió de haber sido para ambos pero que él decidió asumir en forma solitaria.
Oracle estaba anonadada con el manejo de la situación que demostraba Harry, completamente sereno y cínico al mismo tiempo, como si pudiese ver las acciones futuras que cada una de ellas optaría y realizar un cambio de planes en el momento con el único fin de no dejarles ver más allá de lo que él quisiese mostrar.
-Teddy…tu padre, ese día, apareció frente a nosotras con la noticia de…que estábamos comprometidos por unos contratos que hicieron nuestros antepasados- Hawkgirl fue quien decidió hablar primero, sintiéndose responsable de la situación actual y también por no poder aguantar ver a los ojos al niño.
-No entiendo…qué dijeron, papi? – el infante le preguntó a su padre, confundido por las palabras que sonaban raras para alguien de su edad.
-Shayera quiso decir que tu papá fue a decirnos en persona, que todas nos íbamos a casar con él y ser tu mami- Barbara Gordon respondió fácilmente, recordando aquella época en donde lidiaba con niños de la calle en su trabajo como vigilante.
Las orbes del pequeño parecían brillar incandescentemente con la revelación, girándose para ver a la figura paterna en su vida y mostrar una faceta ansiosa.
-Ellas son mis mamis!? Me dijiste que no tenía una mami aquí y que estabas solo! – reclamó el joven metamorfomago, cambiando su cabello a un tono rojizo, tal como su madre biológica solía hacerlo cuando estaba furiosa.
-No son tus mamis, Teddy. Recuerdas que te dije que me lastimaron? – aclaró el inglés adulto.
-Si…pero…qué hacen aquí? Quieren lastimarte de nuevo? – asustado fue el tono que utilizó el niño.
-No, mi amor. Ninguna de ellas lastimará a Harry. Solo vinieron a hablar y tratar de arreglar las cosas- Hermione intervino en la conversación, enviando una mirada de advertencia a las demás, acordándose de la charla que habían tenido la noche anterior.
-Y ahora, hijo, es cuando surge la pregunta del millón de galeones…Por qué decidieron volver luego de siete años? Acaso para burlarse? Para fingir simpatía? Para salvarse de sus propios errores? Para cumplir el contrato y ser tus mamis? – cuestionó retóricamente Harry a su hijo, para que posteriormente gire su cabeza en dirección a las interrogadas con una sonrisa torcida y una mirada burlesca.
La nieve que caía afuera de la casa, junto a los cláxones y frenadas de autos podían oírse claramente tras el mutismo que se hizo presente en la casa. La sensación de ahogo y desesperación nunca antes percibida las rodeaba, hundiéndose por sus poros y afectando sus nervios, llevándolas a un punto límite de quiebre.
-Vamos, respondan…No me dirán que solo vinieron porque Kent, Inza, Giovanni o Vandar se los ordenaron, verdad? Venga, demuestren que son más que una cara bonita y utilicen lo que tienen dentro de sus cráneos- pidió el jefe de la casa Potter.
Las constantes muestras de burla que el pelinegro efectuaba dentro de ellas iba colmando poco a poco la paciencia que ellas tenían, olvidándose por un instante de sentimiento de culpa para reemplazarlo con uno de querer abofetear a quien tenían delante.
-En verdad vinimos con la intención de evitar que las contramedidas del contrato se llevasen a cabo. Pero a vistas de lo que nos enteramos anoche, creo que ahora todas estamos de acuerdo en buscar una ayuda para solucionar lo que te hicimos- Cheetah dijo, poniéndose de pie y mirando a las heroínas y villanas que la acompañaban, recibiendo asentimientos por sus palabras.
Solo por llevar su mano a su boca, Harry pudo evitar soltar una carcajada sonora. Retorciéndose en su silla mientras cuidaba de que su hijo no caiga al suelo por sus movimientos. Las vueltas del destino siempre le causaron gracia desde que cumplió quince años, sorprendiéndolo a cada momento con una situación inesperada. Antes hubiese actuado sumiso y nervioso ante las palabras de las mujeres, mayores que él, dijeron…pero ahora, solo reía por lo hipócritas y egoístas que sus pensamientos habían sido originalmente.
-Solucionar lo que me hicieron…Son unas ilusas, lo sabían? Hipócritas, egoístas, egocéntricas y despreciables…Por qué debería siquiera permitirles seguir en mi casa y no expulsarlas inmediatamente? Todas, menos Barbara Gordon, me escupieron en la cara antes de que pudiese hablar, y ahora que les pesa la consciencia vienen arrastrándose a buscar mi perdón. Ustedes son patéticas…- venenosamente habló Harry, manteniendo a raya su conducta solo porque su heredero lo estaba oyendo.
Sin previo aviso, Hermione tomó a su sobrino y se llevó rápidamente a ver la televisión antes de dirigirse a su trabajo, permitiéndole a su hermano un momento a solas con las invitadas, cerrando las puertas de la cocina y emitiendo unos hechizos de insonorización sin varita.
El tamborileo incesante llegaba a los oídos de todas las mujeres, hallándolo un tanto hipnotizador junto al fulgor sobrenatural que las esmeraldas mostraban. La pálida luz invernal que ingresaba de una ventana a espaldas del hombre resaltaba aún más su poderío en la enorme y nacarada mansión, intimidándolas exponencialmente cuando los collares y el tatuaje en el ojo aparecieron.
-Siguen sin darme una respuesta coherente. Qué esperan? Qué me muera? Si es así, regresen en cinco años- sin humor alguno en su voz, pronunció el mago.
-Queremos ayudarte…Déjanos ayudarte- Star Sapphire dijo, sonando más triste de lo común, sin poder aguantar más los llamados de su anillo.
-Con qué fin? Supongamos que hay una cura para mi problema…cómo lo solucionarían? Con un anillo? Con un hechizo? Con una plegaria a una divinidad? Con asaltar un proyecto arqueológico y ser maldecido? Con un juego de tubos de ensayo en un laboratorio? – emitió pregunta tras pregunta, derribando todas ideas y especulaciones que ellas tenían.
-Podemos investigar, averiguar entre todas para hallar una cura…- murmuró no tan confiada en sí misma, Diana.
-Fuiste bendecida con la sabiduría de Atenea! Maldita sea, usa ese cerebro que tienes de adorno! – gritó furioso Harry, golpeando la mesa con su mano, haciendo saltar los platos y tazas.
Acción seguida a eso, fue ponerse de pie y rondar alrededor de ellas, mirándolas con desprecio desde lo alto, solo para detenerse detrás de la joven mujer con cabello rojizo y gafas. Tomó la silla de ruedas por los soportes y empezó a empujarla hasta llegar al lado de la ventana, permitiendo que el débil sol de invierno calentase su cuerpo.
-Sabían que tenía fe en ustedes el día que nos reunimos? Incluso si eran villanas? Incluso si sus aspectos físicos eran distintos a lo que otros catalogarían como normal? – susurró el Potter, agachándose para acomodar las frazadas que cubrían las piernas de Oracle.
Nadie dijo nada, ya sea por vergüenza tras recordar ese día, o por celos al ver el trato que él mantenía con la parapléjica.
-Qué me dirán ahora? Qué vinieron porque sienten amor por mí? – burlonamente sonó por lo bajo.
-Y si es así en verdad? Y si hicimos todo esto para ocultar nuestras verdaderas emociones? – Pamela Isley intentó calmar la situación.
-Entonces diría que ustedes son más idiotas de lo que creí ayer. Ninguna de ustedes tiene un mínimo de amor hacia mí. Y no intentes utilizar ese estúpido truco con tu lazo, Diana de Themyscira. No soy Hades para que puedas engañarme- advirtió Harry al ver que Wonder Woman estaba a punto de defenderse.
-Hay…hay algo que podamos hacer para que nos perdones? – Zatanna susurró, abrazándose a sí misma luego de oírlo hablar tanto tiempo.
-No hay nada que perdonar. Ustedes tomaron su decisión y yo la mía. Su respuesta fue brusca en comparación a la hice posteriormente, incluso cuando ustedes no se merecían que yo fuese tan bueno…pero estaba harto de ver mi mundo en un caos interminable, y sabía que ustedes al fin de cuentas, eran de más utilidad que yo. Como dije antes, no hay nada que perdonar pero no significa que vaya a olvidar- sombríamente sentenció el Maestro de la Muerte, parándose distraídamente detrás de Barbara Gordon y jugueteando con su cabello.
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Watchtower, Espacio Exterior, Órbita Terrestre
Los portales se activaban con una velocidad asombrosa, transportando a diferentes héroes y heroínas directamente al Salón de la Justicia, tomando asiento alrededor de una enorme mesa redonda donde Batman aguardaba pacientemente con una mirada seria.
Una vez que todos los que él esperaba tomaron sus respectivos lugares, la computadora que el Hombre Murciélago tenía a su espalda se prendió, revelando una grabación donde se enseñaba el acto que Harry Potter había llevado a cabo contra el Joker, siendo una repetición sin fin del balazo que atravesaba su columna vertebral.
-Harry James Potter. Veintidós años de edad. Cabello negro, ojos verdes, caucásico. Vive en Londres, Inglaterra. Tiene un hijo de cinco años de edad. Ocupación como médico. Usuario de magia. Responsable de atentar contra la integridad del Joker- monótonamente dijo el vigilante de Gotham City.
Superman junto a Green Lantern y Aquaman, alzaron una ceja, escépticos ante la actitud que el líder de la Justice League estaba teniendo contra el joven hombre que apareció de la nada la noche anterior y dispuso con facilidad de uno de los criminales más peligrosos que habían conocido.
-Podemos ver que has hecho tu tarea, Batman- Vixen dijo.
-A qué viene todo esto? – Flash cuestionó, hallándose confundido ante la imprevista reunión.
-Es un peligro. No sabemos sus poderes ni el rango que tienen. Y Dr. Fate junto a Shazam se niegan a cooperar con información- declaró Bruce Wayne sin dejar caer su máscara de hombre sin miedo.
-Estás haciendo todo esto solo porque alguien vino y te dejó sin trabajo? Es en serio? – Arthur Curry interrogó, inclinándose sobre la mesa y mirando fijamente al líder del grupo.
-Como dije antes, ese muchacho es un factor aleatorio. No sabemos sus lealtades, o si trabaja con alguien- desconfiado, se expresó el Caballero de la Noche.
-En síntesis, no confías en él- la voz de Kal-El resonó tranquilamente, acostumbrado a estas actitudes.
-No- fue la única respuesta que dio Batman.
-Haces bien. A sus ojos, tú eres un asesino cómplice del Joker. Mientras él mataba hombres, mujeres y niños por igual, tú te dedicabas a encerrarlo para luego esperar a que escapase y repitiese el mismo proceso una y otra vez- el solemne tono de Dr. Fate se escuchó desde uno de los portales, caminando junto a Shazam.
-Además, qué podrías hacer contra él? Solo le bastó mover su mano para bloquearnos a todos…y ese fue solo un truco de salón para alguien con su poder. Hay muchas cosas que desconoces Batman, y algunas veces es mejor dejarlo así- Billy Batson complementó, tomando asiento.
-Ustedes dos le temen, no es así? Eso significa que Potter es alguien muy peligroso, sin contar que aún no sabemos nada en profundidad sobre su pasado ya que no hay antecedentes- volvió a hablar Batman, provocando suspiros de cansancio en más de uno de los presentes.
-Temor y respeto muy pocas veces van separadas. Lord Potter es ambas y ninguna a la vez. No es blanco ni negro. Bueno o malo. Él solo se mantiene al margen el día de hoy, dedicándose a su trabajo como sanador, o médico como algunos prefieran- Kent Nelson proclamó.
Cada uno de los presentes se tomó su tiempo necesario para absorber las palabras que el Agente del Orden dio, tratando de comprender la complejidad de aquello que estaba más allá de su plano de consciencia.
-Alguien sabe dónde están Wonder Woman, Hawkgirl, Zatanna y Oracle? No hemos tenido contacto con ellas desde el día de ayer…- Black Canary preguntó, sentada junto a su pareja.
-Oracle avisó a su padre que viajaría a Inglaterra junto a Zatanna por un problema personal, pero si lo que dijo Potter frente a todos ayer es cierto, entonces las dos están con él en un lugar que no puedo rastrear- el Caballero de Gotham City respondió.
-Wonder Woman, Shayera Hol y tres personas más también están con Lord Potter. Y como dijo Batman, su hogar es intrazable debido a las protecciones mágicas que le configuraron- el mago presente aportó su información sobre el paradero de las heroínas.
-Sabes quienes son esas tres personas? – Bruce Wayne interrogó.
-La Dra. Barbara Ann Minera, la Dra. Pamela Isley y Carol Ferris- sin molestarse en ocultarlo, replicó Dr. Fate.
-Cheetah, Poison Ivy y Star Sapphire…- Batman tradujo para los que no supiesen los alias de las villanas, sorprendiendo a todos.
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Londres, Inglaterra, Reino Unido
-Puedo preguntarte algo, Harry? – la antigua Batgirl decidió tomar la posta ahora en la discusión.
-Si hice algo indecoroso en tu sueño, pido disculpas de antemano, Srta. Gordon- replicó velozmente el mago, manteniendo un semblante serio pero utilizando un tono burlón.
Un rubor sorpresivo y unas miradas recelosas entretuvieron momentáneamente al dueño de casa, quien continuaba jugueteando distraídamente con las hebras coloradas que se intercalaban entre sus dedos, dándose cuenta que en menos de un día, su habitual tranquilidad hogareña se había hecho añicos.
-Có…? – empezó a preguntar nuevamente la lisiada, pero siendo interrumpida.
-Me lo contó alguien. Pero venga, qué querías preguntarme? – dijo Harry.
-Por qué hiciste todo eso al Joker ayer? Fui por mí? O solo porque necesitabas desquitarte con alguien por lo que te hicimos? – con la única intención de averiguar las razones, Oracle realizó sus interrogantes.
-Mmh…para decirlo de una manera simple, lo hice porque sentía que te lo debía. Ya que fuiste la única que me trató como una persona e incluso curó las heridas que había sufrido. Fue por eso que sentí la necesidad de equilibrar la balanza y darle a Napier un poco de su alegría- como si fuese lo más simple del mundo, el mago ojiverde respondió.
Tras esa respuesta, Barbara solo pudo maniobrar su silla para quedar frente al único hombre de la habitación y abrazarlo por la cintura, sorprendiéndolo y haciendo que actúe de forma extraña, para luego calmarse e intentar retomar su jugueteo con el cabello de ella.
-Si en lugar de Oracle hubiese sido cualquiera de nosotras las que estuviese ahora en una silla de ruedas…habrías hecho lo mismo que hiciste ayer? – la Dra. Isley se atrevió a preguntar, sintiéndose responsable de toda la situación, recordando que últimamente había dejado de hacer daño a inocentes para enfocarse en aquellos que realmente si se lo merecían.
-Quizás sí. Quizás no. Quién sabe? A lo mejor lo decidiría a la suerte, tirando una moneda o viendo si el día estaba nublado en lugar de soleado…Podría haber ido inmediatamente hasta donde él estaba para castigarlo, o felicitarlo por su trabajo…Cómo les dije antes, las he perdonado, pero no voy a olvidar nunca lo que me hicieron y las consecuencias que hubo- burlándose de ellas en sus caras, contestó sin detener su intento de controlar el sollozo de la detective.
Cheetah observaba sus garras, maldiciéndolas por lo bajo. Algo que su némesis hacía mientras miraba con odio sus puños. Star Sapphire podía ver la amalgama de burla y cinismo que la sonrisa del pelinegro enseñaba hacia ellas, aumentando exponencialmente los gritos y pulsaciones de su anillo violeta. La ex científica solo se dejó caer en su silla, pensando en las palabras que acababa de oír, hundiéndose más su mente, dibujando situaciones en donde estuvo en peligro e imaginándose que venían a salvarla.
La mujer thanagariana no lo soportó más, demostrando su disgusto tras partir en dos la mesa con su mazo, arrojando fragmentos de madera y vajilla por todos lados, para posteriormente caer de rodillas de manera agitada sin poder contener más sus emociones, llevándose sus manos a la boca para contener la bilis que subía por su garganta.
-Ritrever sozortsed aroha! – pronunció su hechizo la bruja con galera, reestableciendo todo como estaba minutos atrás, sin querer tentar más su suerte delante de alguien con mayor poder mágico.
-Menudo control de ira que posees, Shayera Hol. No es de sorprenderse si Batman tiene al menos cinco planes de contingencia en caso de que pierdas la cabeza- comentó el Potter, haciendo desaparecer la pared invisible que alzó para cubrirse de la suciedad.
-Ya basta! No lo soporto más! Lo siento! Me arrepiento de cómo actué antes! – cansada de todo, exclamó la mujer con alas en su espalda.
Harry se movilizó, rodeando la mesa y pasando al costado de Zatanna sin mirarla, parándose frente a la triste mujer que derramaba sus penurias y culpas ante los ojos de todos, sin importarle si perdía su fachada de estoicismo.
-Hasta que un día sucedió, Shayera Hol. Tocaste fondo. Mírate, dónde quedó aquella heroína orgullosa que insultaba a jóvenes y amenazaba con su maza? Viniste hasta aquí y te viste obligada a ver lo que hiciste conmigo…ahora qué harás? Qué ayuda serías capaz de brindarme para mi problema? – susurró audiblemente en la habitación el mago, hincándose frente a la mujer de cabello rojo y ojos verdes pálidos.
Hawkgirl alzó la cabeza, enfrentándose irremediablemente a la mirada cansina que en verdad tenía el hombre frente a ella. Unos ojos que solo podían explicarlos aquellos que habían vivido miles de años en soledad o perdición, aquellos que comprendiesen el dolor desesperante que el destino ponía en sus caminos, donde sus sueños y deseos eran prácticamente destruidos hasta el punto de la muerte misma.
-Yo…No. Nosotras podríamos ayudarte a criar a tu hijo…- segundos después de que esas palabras saliesen de su boca, se dio cuenta del rostro de dolor que apareció en los ojos esmeraldas del hombre quien estiró su mano para ayudarla a ponerse de pie.
-Esa es la resolución que llegaste a tomar cuando lo consultaste con la almohada? – el mago sanador cuestionó, utilizando una voz más tranquila a la usual, siendo similar a la empleada con su hermana o hijo.
-Sí- dijo con confianza, sin desviar su visión de las esmeraldas que el Potter poseía.
-Me has dado tu resolución, pero…y las demás? Qué decidieron? – indagó el hombre, volteándose a verlas.
Diana Prince en ningún momento había dejado de mirar sus manos con odio, pero estuvo escuchando la charla, discutiendo internamente en su mente, maldiciéndose así como también maldecía todo lo que su madre le había inculcado a base de una mala experiencia.
La hija de Giovanni Zatara estaba cansada de huir de las consecuencias de sus actos, hallando la respuesta ideal para redimirse tras mirar su reflejo en los ojos verdes de un niño inocente y en los de un hombre agotado.
La antigua arqueóloga había vuelto a tomar asiento, cruzándose de brazos y teniendo una mirada lejana, enfocándose en el caer de los copos de nieve. Pensando en la libertad que tendría, junto con una remota posibilidad de reparar el daño que cometió.
Poison Ivy ya no tenía nada en Gotham City. Nadie que la esperase de regreso y la recibiese con los brazos abiertos, solo sus plantas que seguramente estaban en un estado deplorable con el clima actual. La idea de quedarse en Londres ya no le parecía mala, tampoco el cuidar de un tierno niño que no tenía miedo de ella y que tampoco parecía ser afectado por sus feromonas o veneno cuando la tocó.
Ferris no podía aguantar más, solo quería abrazar al hombre que tenía delante, tanto por el pedido de su anillo así como por voluntad propia. Años perdidos persiguiendo a Hal Jordan le abrieron los ojos estas últimas horas, deseando recuperar el tiempo perdido.
Barbara ya sabía su respuesta incluso antes de que Harry les permitiese el paso a su hogar. Él siempre había sido un personaje recurrente en sus sueños, un gran "Qué hubiera pasado si…?". Solo sus acciones frente al Joker le estaban haciendo actuar de una manera que haría suspirar de fastidio a Bruce.
Las seis mujeres restantes que aún debían contestar intercambiaron opiniones tácitamente, sumergiéndose en el silencio que la cocina brindaba, siendo los únicos distractores el ruido callejero y el silbido producido por una brisa que ingresaba por la ventana.
Cuando finalmente llegaron a un acuerdo, compartieron una leve sonrisa, girándose en dirección al hombre que aguardaba pacientemente mientras observaba su reloj de pulsera, controlando el tiempo para llegar al hospital donde trabajaba.
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-Teddy, ven aquí por favor. Y deja tranquila a tu tía, no ves que su novio empezará a llamar y no queremos eso, verdad? – el ojiverde adulto llamó desde la entrada de la cocina, siendo seguido de siete mujeres.
Dicho niño negó rápidamente con la cabeza, saltando del regazo de Hermione y corriendo apresuradamente hasta su padre, quien lo alzó y posteriormente acercó hasta donde Shayera estaba para entregárselo.
-Ya no van a lastimar a mi papi? – preguntó con voz suave el pequeño, cambiando el color de su cabello a un rojizo similar al de Hawkgirl.
-No, ya que se lo prometimos. Además, tenemos una sorpresa para ti- la Dra. Minerva dijo, moviendo su felina cola para hacerle cosquillas al metamorfomago.
Este empezó a retorcerse, riéndose mientras trataba de escaparse de su tortura, chillando felizmente y alegrando a todas las invitadas, quienes solo se imaginaban en todo lo que su padre podría haber disfrutado de no haber sido por la vida que le tocó tener.
-Sorpresa? Cuál?! Díganmela! – exclamó Teddy, totalmente curioso y girando su cabeza de lado a lado, buscando su respuesta.
-Pues estaremos contigo casi todos los días a partir de hoy, pequeño. Te cuidaremos y enseñaremos muchas cosas- Diana dijo, tomando con cuidado al pequeño de los brazos de su compañera, sorprendiéndose de lo livianos y frágiles que parecían ser los infantes a esa edad, experimentando algo fue de lo conocido en Themyscira.
Al pronunciar eso, la princesa amazona se dio cuenta del silencio que su pequeña copia carbón de Harry había hecho. Empezó a desesperarse al pensar que Teddy no se sentía a gusto en sus brazos, por lo que rápidamente comenzó a buscar a algunas de sus acompañantes por ayuda.
-Eso significa que serán mis mamis ahora? – inclinando su cabeza hacia un costado, haciendo que su cara se cubriese con mechones de pelo y una bufanda de color roja, preguntó.
-Bueno…Sí…Suponemos- no muy confiadas para corroborar esa afirmación sin tentar nuevamente la paciencia del Potter, Poison Ivy respondió.
-Sí! Gracias, gracias! Ahora papi no estará solo y tendré a alguien más con quien jugar! – gritó feliz el niño, abrazando el cuello de la hija de Zeus.
Desde varios metros de distancia, cerca del fuego de la chimenea, Hermione observaba a su hermano mientras estaba sentada en uno de los sofás. El fuego iluminaba su rostro, avivando sus orbes chocolates y resaltando su brillo calculador innato que poseía, algo que compartía con Harry y disfrutaba de hacerlo incomodar por momentos con bromas como cuando eran jóvenes y tontos.
-Qué fue lo que ocurrió allí dentro, Harry? – la bruja inglesa le preguntó en voz baja al dueño de la mansión.
-Lo que acabas de oír, se llegó a la conclusión de que ellas ayudarán a cuidar a Teddy- simplemente contestó el ojiverde, sentándose en el apoyabrazos de un sofá aledaño.
-Pero así de simple? Acaso no las detestabas? O te hicieron algo de nuevo? – sumamente confusa, explayó sus interrogantes la pelimarrón.
-Solo dije la clásica "Perdono pero no olvido" – replicó el Potter, sonriendo de costado.
-Y? – arengándole a continuar, habló la Granger.
-Y acepté que fuesen las niñeras de Teddy luego de mostrarles mis ojos llenos de dolor y tristeza. Por lo que básicamente tengo gente que cuide de mi hijo cuando mi tiempo se acabe, y una carga de consciencia por el resto de sus días por lo que me hicieron- como si fuese lo más normal del mundo, respondió Harry.
-Me dices que fingiste todo este tiempo solo para tener niñeras gratis? – anonadada, indagó la empleada del Departamento de Misterios.
-Correcto- mostrándose satisfecho el hombre.
-Eres un manipulador, lo sabes? – sonriendo de igual manera que su hermano, dijo ella.
-Sabes que odio cuando la gente jode con mi vida, no? – se defendió este.
-Y lo que hiciste anoche? También fue para manipulación? – queriendo saciar su curiosidad, cuestionó la dama.
-Mmh…en verdad no. Sentí que debía vengarla por lo que ese remedo de payaso le hizo…- rascándose la mejilla, mirando a dicha afectada, manifestó.
Hermione no aguantó su risa, soltando una suave melodía que se acopló a las que emitía Teddy desde su nuevo grupo de admiradores. Se puso de pie y, sin darle tiempo a reaccionar, abrazó a su hermano en todo menos la sangre, palmeando su espalda y cortándole la respiración por unos segundos.
-Quieras o no, Harry…sigues siendo alguien bondadoso-
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Watchtower, Espacio Exterior, Órbita Terrestre
Mientras la construcción tecnológica se movilizaba lentamente en el espacio sobre la atmósfera del planeta Tierra, en su interior todos los ocupantes estaban tiesos en sus sillas, sufriendo una mezcla de emociones.
-Alguien puede explicarme qué está pasando? Y por favor, sean concisos- Flash pidió, hallándose en una vorágine de confusión y envidia.
-Es muy simple, Potter de alguna manera ha hecho contacto con siete mujeres con algún motivo ulterior. Incluso si la mitad de ellas son asesinas, ladronas o eco terroristas- sin muchos ánimos, contestó Batman.
-Haciendo caso omiso de que Carol está en un lugar que no podemos rastrear, cómo es posible que Wonder Woman y Cheetah estén en un mismo lugar sin matarse entre sí? – el Green Lantern, Hal Jordan, preguntó.
-Quizás llegaron a una tregua? Quién sabe, a lo mejor Potter logra lo que ninguno de nosotros cuando deseamos únicamente interrogarlas sin la necesidad de iniciar una contienda- Superman intentó aportar su opinión.
-Hay veces que la carga de consciencia puede ser una buena conciliadora de gente- Kent Nelson comunicó, dirigiendo su visión al espacio exterior, apreciando la silueta que su hogar tenía desde la lejanía.
El Caballero de Gotham City le fulminó con sus ojos recubiertas por lentes blancas, esperando pacientemente la complementación por su aporte informativo.
-Carga de consciencia? Debido a qué? Al haber rechazado a un niño hace siete años tal como Oracle me dijo? – figuró el vigilante gótico.
-No- fue el susurro de Shazam, observando metódicamente el movimiento de sus dedos, absorbido por la maravilla de la vida.
-No? – Batman cuestionó nuevamente.
-No. Ellas portan una carga que nunca pensaron acarrear, una que les comerá desde adentro hasta el punto de que se quiebren física, mental y espiritualmente. A menos, claro, que encuentren su redención- haciendo gala de la sabiduría de Salomón, se expresó Billy Batson.
-Y cuál sería entonces el motivo que las aqueja? – fueron las palabras emitidas por el multimillonario huérfano.
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Charing Cross Road, Londres, Inglaterra, Reino Unido
El ruido producido por las ruedas de la silla ortopédica sobre la nieve era audible para cualquiera que se asomase por las vitrinas de las tiendas, observando con poco disimulo al variopinto grupo de mujeres y dos hombres que se movilizaban en dirección al hospital San Mungo bajo el cielo, ahora, nublado.
Peatones señalaban con sus dedos al sanador, quien con suavidad empujaba a su renombrada prometida que se cubría su cuerpo con el saco que le fue prestado. Mujeres chismosas cuchicheaban desde sus mesas de té sobre las vestimentas que la mitad de ellas llevaban, mientras que la otra mitad era juzgada por su aspecto.
El mago chasqueó sonoramente su lengua al divisar un figura femenina aproximándose frente a él mientras cargaba un pequeño bloc de notas y una pluma que levitaba cerca de su oído izquierdo. El más pequeño del grupo se dio cuenta de la persona que se acercaba a ellos, por lo que tomó el curso de acción que su padre le había enseñado, escondió su rostro y comenzó a contar hasta todos los números que había aprendido en el jardín de infantes.
-Harry Potter! El galante caballero blanco que salva a su prometida! Un gran título para El Profeta, no? – Rita Skeeter exclamó, sonriendo con sus dientes manchados con lápiz labial y sus ojos sumamente pintados.
-Es Lord Potter para usted, Sra. Skeeter- replicó apáticamente el mago ojiverde.
-"Señorita" Skeeter, Harry. Aún no he encontrado a alguien para pasar el resto de mi vida- contestó, dirigiendo su mirada a las mujeres que acompañaban al Potter.
-Su última visita al hospital indicó que su fábrica había clausurado hace bastantes años. Además, debería cuidar su cadera…ya no es una jovencita para brincar por todos lados- lúdicamente refutó a la periodista, dibujando sonrisas en todas sus prometidas.
La blonda notera del periódico mágico bufó de mala manera, solo para cambiar su estado de ánimo inmediatamente al ver a sus nuevas presas y su habitual juguete jugoso de noticias que tenía forma de niño pequeño.
-Pero que tenemos aquí? Parece que nuestro héroe mágico tiene a siete damas en la mira. Qué será esta vez? Su herencia o su fama? No me digan…están jugando la carta de buena madre! – Rita indagó prepotentemente mientras rondaba en círculos alrededor de las villanas y heroínas, como si fuese un buitre.
-Nosotras…- intentó empezar a responder Diana, utilizando un tono amable, solo para ser interrumpida abruptamente.
-Y miren esto! El cabello rojo y los ojos verdes! Pareciese que la historia se repite nuevamente, con una familia compuesta por un padre de pelo negro y una madre de cabello rojizo, ambos teniendo un pequeño niño con el aspecto de los dos! – señaló la reportera, ordenando con un dedo a la pluma para que empezase a tomar nota.
El aire pareció congelarse más de lo debido en medio del callejón, deteniendo las respiraciones de todos los transeúntes que se habían parado a ver la situación que se desarrollaba a plena luz del día. La figura masculina del grupo se posicionó detrás de la rubia, acercando sus labios detenidamente hasta su oído derecho.
-Deberías cuidar más de tu lengua, Rita…A menos, claro, que desees brindarle al mundo un día de felicidad con la noticia de que nunca más hablarás blasfemias- susurró, con una sonrisa en su cara, el mago inglés.
-No insinuaba nada, Harry! Solo me pareció ver una ventana al pasado únicamente! – nerviosamente exclamó la rubia, alejándose unos metros para volver a mirar ávidamente a las mujeres.
-Harías un favor a la naturaleza con el simple hecho de cerrar la boca. Estoy llegando a creer que incluso mi planta favorita sentiría nauseas de solo estar cerca de ti- la Dra. Isley pronunció, mirándola con desdén.
-He estado en el Inframundo y puedo jurar que ella sería una de las pesadillas más perturbadoras si se uniese a Hades- Wonder Woman indicó, tomando a Teddy en sus brazos para controlar sus impulsos iracundos.
-Vaya, pareciese que tus acompañantes tienen una actitud bastante volátil- la rubia le dirigió la palabra al pelinegro adulto.
-Tú te volverás volátil si no te largas de aquí ahora mismo- mostrando su mazo, Hawkgirl gruñó.
-Sabes Harry, me sorprendió que fueras el primero en oponerte a las decisiones ministeriales que Dolores Umbridge impuso hace unos años. Pero ahora puedo entenderlo perfectamente. Un mujer de piel verde. Otra como un gato. Aquella que tiene alas como un pájaro. Y tu hijo para finalizar! Me pregunto qué dirían tus padres si te viesen hoy? – preguntó la animaga con forma de escarabajo.
-No lo sé, Rita…Pero si sé lo que yo haría ahora mismo si no cierras la boca y te largas antes de que pierda la paciencia. Dime, te apetece saberlo? Tu curiosidad como periodista no te lo grita en tu mente? No quieres tener una jugosa noticia para publicar en El Profeta? – respondió con más preguntas Harry.
La mujer, de tapado verde y zapatos rojos de tacón alto, retrocedió instintivamente ante la mirada predatoria que recibía, principalmente, del jefe de la Casa Potter, así como también de las que fueron insultadas por su obvio señalamiento acusatorio.
Dejando el mando de la silla de ruedas a Zatanna, Harry caminó entre sus prometidas, dando lentos pero seguros pasos antes de llegar frente a la notera, tomando la libreta y pluma flotante para hacerlas desaparecer en una ráfaga de fuego.
-Sé que has visto lo que hice ayer a ese payaso, Rita. Y puedo jurarte, que si no desapareces inmediatamente de mi vista, lo de anoche será un paseo en la playa comparado a lo que te haré padecer. Crees que puedes pararte frente a mí e insultar a mi familia? Que puedes señalar a mi hijo y mis prometidas, para luego retirarte indemne? Esta será la última advertencia, Sra. Skeeter…lárguese- avisó el hombre, apoyando su mentón en el hombro derecho de la mujer para luego susurrarle suavemente.
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Una sonrisa burlesca se dibujaba en Harry mientras empujaba la silla que transportaba a Barbara, oyendo el castañeo de dientes producido por sus seis acompañantes restantes, a quienes la nieve invernal les cubría el cabello y hombros.
-Cómo es que no tienes frío? – Cheetah le preguntó al verlo caminar cómodamente con una camisa blanca y una corbata en la parte superior de su cuerpo.
-Utilizo lo que tengo dentro de mi cabeza para formular una idea y luego la empleo. Así de simple- contestó Harry, sin detener su paso lento, permitiéndole a su prometida que mire los alrededores.
-Pensé que ya habíamos superado la etapa de comentarios sarcásticos…- Carol pensó en voz alta.
-Juro que en este lugar hace más frio que cuando Freeze convirtió toda Gotham City en una pista de hielo- Pamela aportó su opinión.
-Pudieron prevenirlo si ciertas personas hubiesen recordado que en Londres hace frío esta época del año- miró por encima de su hombro para señalar con sus ojos a la arqueóloga y a la semidiosa.
La amazona solo le dirigió una mirada venenosa ya que no podía hablar luego de que Teddy decidiese compartir su bufanda, cubriendo su boca mientras él tenía su mejilla pegada a la de ella. Barbara Ann Minerva, por su parte, estaba tentada a marcarle la cara al mago con sus garras por las constantes burlas que recibía por su falta de memoria en algo tan básico como el clima de su lugar de origen.
-Sigues sin decirnos cómo es posible que no tengas frío…- la hechicera con galera dijo, maldiciéndose por utilizar solo unas medias de red para cubrir sus piernas.
-Si tu padre te viese ahora mismo, estoy más que seguro que primero se golpearía la cara contra una pared y luego te haría lo mismo a ti- deteniéndose de forma breve, habló cara a cara el ojiverde a la pelinegra.
-Eso que significa?! – prácticamente exclamó la homo-magi.
Una mano se deslizó hasta los ojos cansinos del pelinegro, refregándose con cuidado para aliviar la migraña que estaba teniendo desde que se despertó, o más exactamente desde que salió de su habitación para platicar con ellas.
-Teddy- llamó a su hijo.
-Sí, papi? – respondió este luego de separarse levemente de la guerrera de Themyscira.
-Qué somos nosotros? – preguntó Harry.
-Magos! – exclamó feliz el niño.
-Y qué podemos hacer? – volvió a cuestionar el Potter.
-Magia! – gritó, moviendo sus manos enguantadas en pequeños mitones rojos.
-Y qué fue lo que te puse para que no sintieses frío? – realizó su última pregunta, observando de reojo a la hechicera.
-Un hechizo! – respondió efusivamente, haciendo sonreír a Shayera, quien alborotó su cabello para que el pequeño lo convirtiese en rojo.
-Muchas gracias, Teddy- agradeció educadamente el macho adulto.
-De nada, papi! – contestó el niño, regresando a su pose anterior.
Finalizado el corto diálogo, Harry retomó su posición detrás de Oracle y empujó la silla a través de la capa de nieve que se formaba en las calles de piedra, sin prestar demasiada atención a la hechicera que caminaba a su derecha sin dejar de mirarlo en busca de una respuesta.
-Mi hijo tiene cinco años, no puede usar magia correctamente y ni siquiera sabe leer. Aun así, fue capaz de usar su cerebro y darme una respuesta coherente que tú, desde ayer, no puedes…Si fuese tú, estaría avergonzada- indicó Harry, viendo como la cara de la homo-magi se ponía roja para voltearse rápidamente y alzar sus manos frente a las demás.
-Rajed ed ritnes oírf! – ejerció su encantamiento la hechicera con galera, recibiendo como respuesta varios suspiros de alivio.
-Deberías aprovechar en hacer aparecer pantalones y sacos para que usen…- señaló Harry.
-Por qué? Acaso estás intentando imponer tus retrógradas ideas de machismo sobre nosotras? – Diana no pudo contenerse y dejó salir aquellas ideologías que su madre le había inculcado por años.
-Tengo entendido que es algo instintivo en todo ser vivo el buscar abrigo cuando un clima frío afecta el cuerpo de este. Ergo, sería sabio si se pusiesen más ropas para evitar esto nuevamente, y más si piensan pasar bastante tiempo cuidando a Teddy- sin mirar atrás, explicó el mago, perdiéndose así el rubor que subió a las mejillas de la amazona.
-Yo…- quiso decir algo para disculparse, Diana.
-Además, ayudaría a evitar que el noventa por ciento de la población masculina de la semi retrógrada sociedad mágica les observase como trozos de carne- terminó su aclaración el ojiverde, moviendo distraídamente su mano a los alrededores, enseñándoles a los distintos transeúntes masculinos que se quedaba quietos a verlas pasar.
Sin pensarlo dos veces, Zatanna convocó unos sacos largos para cada una de ellas a medida que ingresaban a través de las grandes compuertas del Hospital San Mungo, sorprendiéndose al hallar una leve similitud con las clínicas para gente no mágica que solían ver alrededor del mundo en sus misiones o, para tres de ellas, luego de una mala noche de negocios.
Habían gritos de sanadores clamando por las enfermeras para asistirles en operaciones, así como también para la dosificación de algunos pacientes con sedantes. Camillas que se movían en un borrón, transportando heridos a distintas salas o habitaciones. Al mismo tiempo que parientes preocupados esperaban pacientemente en sillas, tratando de distraerse con revistas o un televisor modificado con runas.
Sanadores, enfermeras, enfermos, visitantes e incluso algún que otro búho se giró para ver entrar al ojiverde por las puertas de vidrio, guardando silencio, siendo el único distractor el que producía la televisión con una repetición de lo que el Potter había llevado a cabo anoche. Colegas del este se percataron rápidamente de la situación al ver a Barbara Gordon en su silla de ruedas, haciendo espacio para que pudiese pasar por los pasillos en dirección a los ascensores.
-Te llevaré a un consultorio para poder ver tu inconveniente, Barbara. De lo que he podido analizar rápidamente el día de ayer, tengo que verificar correctamente el daño que ha sufrido su espina dorsal. Pero aun así, hay un noventa por ciento de probabilidad de que pueda hacerte recuperar la capacidad de caminar- dijo el mago sanador, deteniéndose frente a los elevadores mientras esperaba con paciencia.
-Qué!? Lo dices en serio!? Yo…yo…! – exclamó emocionada la pelirroja, algo que sus acompañantes demostraron con una mirada de asombro ante la noticia.
-Shhh…- silenció el hombre, posicionando su mano derecha en la cabeza de la mujer dos años mayor que él.
Sus dedos se movían con suavidad, casi de la misma manera que ella efectuó en sus brazos hace siete años, cuando decidió curar sus heridas provocadas por Cheetah. Cuando las puertas de los ascensores se abrieron, el Potter observó a su hijo en los brazos de la amazona, sonriendo levemente ante la idea de que una persona como ella reaccionase de manera distinta a la habitual al estar cerca de un infante.
-Teddy, puedes llevarlas al tercer piso y enseñarles la planta que te regalé para tu cumpleaños? Estoy muy seguro que Pamela se pondrá igual de emocionada que Tefé- Harry le pidió a su hijo, teniendo plena confianza en él.
-Sí, papi! Ven mami, papi me dio esa planta para que aprenda a cuidarla! – exclamó el niño, bajándose del abrazo de Diana y corriendo hasta la villana, tomando su mano para llevarla en dirección a un ascensor aledaño.
-Y por favor, trata de que no se meta en problemas- el mago sanador dijo, permitiendo que Shayera y Carol ingresasen al elevador, mientras que el resto decidía acompañar al pequeño.
-Sé lidiar con niños, Potter- enojada, protestó Poison Ivy.
-No te lo decía a ti- corrigió el sanador, cerrando la puerta y yéndose al primer piso.
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Watchtower, Espacio Exterior, Órbita Terrestre
Shazam solo atinaba a mirar fijamente al Agente del Orden, esperando que pudiese responderle a Batman en su lugar, cansándose del tono desconfiado que ha estado utilizando desde el momento en que entró al salón.
-Y bien? Cuál es el motivo al final? – Bruce, exasperado, cuestionó.
-Todas ellas condenaron a muerte a Lord Potter- Dr. Fate contestó finalmente.
-Pero cómo es eso posible? Todos vimos ayer que él estaba bastante vivo…- Dinah comentó confundida.
-Lord Potter tenía siete contratos esponsales, los cuales tenían una contramedida en caso de que no se acatasen los pedidos. Todas y cada una de ellas lo rechazaron, ya sea cordial o violentamente, por lo que él tuvo que regresar a Inglaterra con su sueño roto…- el hombre con el casco dorado contó.
-Tener un harem? Tener muchas esposas trofeos? – Stargirl dijo, oyendo junto a Huntress.
-No. Él solo quería libertad- Shazam respondió en lugar de su colega místico.
-Libertad? Eso implicaría que Lord Potter estaba preso. Pero estar preso significa muchas cosas, y con su edad se simplifican más las opciones, por lo que diría que su vida era pésima en el hogar o donde se relacionaba con otra gente- The Question dedujo, sorprendiendo a todos ya que pocas veces hablaba.
-Los datos que la computadora me dio, dice que era un estudiante con pobres conocimientos, logrando pasar sus años de manera ajustada hasta la edad de once años, donde sus datos desaparecieron por completo- dijo con voz neutra, Batman.
-Lord Potter aprendió de joven que debía adaptarse a su entorno si quería ver un nuevo día. Su vida esa precaria en sentido afectivo, y el trato que recibía era pésimo, llegando al límite de la moralidad. Pero eso no viene al caso, ellas lo rechazaron y él tuvo que irse con el conocimiento de un enorme castigo por no poder cumplir el objetivo de los contratos- continuó Dr. Fate.
-Entonces…cómo es posible que él esté condenado a muerte y las demás no? – Vixen preguntó.
-Debido a que logró torcer las reglas y asumir todo el castigo. En un acto egoísta y desinteresado, ya que su futuro era oscuro, decidió que ese era el mejor curso de acción. Obviamente, eso nos lleva al presente, donde mi esposa y yo descubrimos la copia del contrato que Hawkgirl mantenía en su poder, algo que las demás hicieron también. Tras decirle a ella y a Wonder Woman la contramedida que poseía, decidieron marchar directamente a Londres junto a las otras afectadas, sin saber realmente lo que Lord Potter había hecho- reveló brevemente Kent Nelson.
-Eso no explica cómo es que Potter aún está con vida cuando debería de haber muerto hace…cuántos años exactamente? – John Stewart cuestionó, ignorando la sensación de que alguien más estuviese con su ex pareja.
-Está muerto desde hace cinco años. Y tiene cinco más hasta que finalmente decida no despertarse más al otro día para trabajar como sanador. Su motivo? Su hijo obviamente. Cómo está vivo? Ese es el motivo por el que todos los místicos lo respetamos- el Agente del Orden respondió, entonando una voz seria a medida que avanzaba.
-Y sería? – cansado de tanta perorata y comentarios intrínsecos, pidió Batman.
-Porque Lord Potter es el Hierofante de Muerte- crípticamente respondió Dr. Fate, para posteriormente ponerse de pie y desaparecer en un destello de luz.
Muy bien, este capítulo terminó aquí!
Como pudieron darse cuenta, este episodio fue mucho más tranquilo en la trama a comparación del primero, ya que necesitaba una base concreta para poder continuar sin inconvenientes para futuro.
La actitud de Harry, como dije anteriormente, es retorcida y descarada. Básicamente, con lo sucedido en su vida, lo obligué a tomar una postura Slytherin. Algo que el Sombrero Seleccionador quiso destacarle la primera vez. Pero aun así, mantiene esa peculiaridad de querer ayudar a la gente, ya sea consciente o inconscientemente.
Personajes se van sumando a la trama, ya sea como protagonista (es el caso de Muerte) o siendo nombrados hasta futuras publicaciones (Constantine, Sueño, Tefé, etc). Todos tendrán algo en particular con la trama que desarrollo, aportando sus experiencias y conocimientos.
Lentamente, indicios del pasado de Harry van develándose. Siendo honesto, cuando empecé a escribir este capítulo, mi idea era mostrar lo ocurrido hace siete años, pero luego de escribir siete páginas me di cuenta que no me servía para esta ocasión, prefiriendo utilizar la herramienta de avanzar en la trama a oscuras, aprendiendo a medida que el tiempo pasa.
Para los que no sepan quién es Tefé…bueno, es básicamente la hija espiritual de Swamp Thing con Abby. Hubo algo raro con Constantine, siendo usado por el elemental para llevar a cabo la concepción de la muchacha…en fin, fue algo retorcido cuando lo leí.
Cuando menciono la ley ministerial de Umbridge, me refiero a la que empleó para los hombres lobos, donde básicamente cortó toda clase de posibilidad de conseguir trabajo.
Bien, ahora lo que realmente quiero saber de ustedes:
Qué opinión tienen de este capítulo?
Les gusta la actitud de Harry? (entiéndase un bipolar de primera)
Qué trama quieren que utilice para el capítulo siguiente:
-1- Justice Lords
-2- Justice League Dark
Por favor, respóndame! Es la única forma que tengo para saber que piensan!
Saludos.
