7:00 en punto y ya se apresura a arreglarse aunque nadie más en casa ha despertado aun. Pasa con dedicación el cepillo por su sedoso cabello mientras espía por la ventana ayudándose con la suave luz del naciente amanecer. Sabe que es temprano, pero su corazón se desboca y no se atrevo a expresar la razón en voz alta, pero sabe que es por él. Para las 9:00 no hay dama más bonita y presentable que ella en todo Londres y aun así sigue buscando algo que haga falta a su impecable atuendo. Sus pequeños y delicados pasos ya no son el único sonido en casa, y sabe que todo mundo se alista para recibir visitas, pero nadie como ella, nadie con tal empeño.

Son ya 5 para las 10 y a lo lejos puede escuchar aquella sinfonía que tanto ha anhelado escuchar durante más de una semana. Nuevamente espía por la ventana y su corazón da un vuelco mientras sus mejillas se tiñen de un suave carmesí. Una última mirada en el espejo y casi vuela escaleras abajo para estar lista en cuanto él entre al recibidor.

- ¡Narcissa, cariño, que hermosa te has puesto!

Y es la voz de su tía Walburga la que dice aquellas palabras mientras le da un suave beso en la mejilla antes de seguir su camino hacia su hermana y su madre, pero ella apenas si esboza una sonrisa pues su mirada esta clavada en él, que se mantiene a prudente distancia de los saludos y sabe que es porque la espera

- Esperaba dar un paseo contigo mientras terminan de saludarse

La respuesta es inmediata y camina hacia él dejándole un beso en la mejilla antes de que sus manos se encuentren y salgan al jardín. Él habla, incansablemente, de buenas y malas noticias, y aunque trata de mantenerse atenta, pierde con facilidad el hilo de la conversación una vez que se han recostado en el césped con el sol acariciándoles el rostro.

- ¿Te estoy aburriendo, Cissy?

Abre aquel par de cristalinas lagunas que son sus ojos de golpe al escucharle, y una sonrisa inocente se dibuja en su rostro

- No, pero me gusta escucharte hablar

Porque no había una voz más varonil que la de él. Parecía una quinceañera de nuevo, porque al estar con él no notaba que había una marcada diferencia de edades. Él siempre había sido tan maduro, y ella tan frágil e infantil, eran perfectos, la combinación adecuada de letra y música, o al menos así le gustaba pensarlo porque para ella todo en él era perfecto. El terciopelo que adornaba sus palabras le hacía desear que jamás se callase y la mantenía cautivada.

La mañana dio paso a la tarde y habían pasado sólo algunos minutos separados desde que él había llegado, se encontraron solos en la habitación. Él continuaba hablando, y ella podía notar el suave aliento de él sobre sus labios debido al cercano abrazo en el que la había acogido desde hacía ya varios minutos. Ella mantenía los ojos cerrados

- Por eso me gustaría que me acompañaras tú y no Gwenog Jones, tú tienes un encanto y habilidad natural para esos eventos que nadie podría igualar, Cissy.

Una pausa que ella aprovechó para robarle un fugaz beso que supo había logrado hacerlo sonreír

- Además no quiero parecer su niñera

Puntualizó acomodándola nuevamente entre sus brazos para poder verla a los ojos

- Te llevó un día entero hacerme una invitación a un baile, un deleite escuchar una sinfonía conocida con un final extraordinario

Y los delgados labios de Regulus se curvaron en una inevitable sonrisa al escucharla, porque uno de sus placeres preferidos era complacerla, ¡y resultaba tan sencillo! Su voz le pertenecía, del mismo modo en que lo hacía su corazón