N/A Esta escena toma lugar después de que luchan con el demonio mayor en el primer libro, y Alec, por querer matar a un demonio, queda gravemente herido.


—¿Magnus…?—murmuró Alec suavemente al abrir los ojos e intentando enfocar lo que parecía un borrón muy brilloso.

—¿Te sientes bien?—preguntó Magnus, inclinándose un poco sobre él. Alec vio que tenía el ceño un poco fruncido y un gesto de preocupación, una expresión que nunca antes había visto ni imaginado que fuera posible en el brujo.

Asintió con la cabeza, aunque se sentía mareado. Había estado seguro de que iba a morir, lo había visto en la expresión de Isabelle cuando ésta le había dicho que todo iba a estar bien. Además, nunca se había sentido perder tanta sangre. Pero Alec no había estado asustado, ni renuente. Ahora que se encontraba consciente le parecía difícil de recordar, pero la sensación antes de morir había sido realmente… agradable. Su cerebro se había apagado, deteniendo la charla e imágenes mentales casi constantes que lo habían acompañado durante 18 años. Todas sus tensiones y preocupaciones habían desaparecido también, dejándolo con una sensación de paz que nunca había experimentado antes. Sin embargo, antes de desmayarse, había pensado en un par de ojos felinos que le hubiera gustado haber visto una vez más antes de irse.

—Este no era en absoluto mi plan para nuestra segunda cita—dijo Magnus, recuperando su tono jovial y su sonrisa característica. Alec rió suavemente.

—Lamento no cumplir con tus expectativas… —respondió, sintiéndose un poco mejor. Intentó moverse un poco en la cama, buscando una posición más cómoda. Sintió la textura de las sábanas en sus piernas… y se dio cuenta de que estaba completamente desnudo.

— ¡Estaba demasiado preocupado y ocupado curándote para ver nada!—se defendió Magnus al ver su mueca de horror. Pero sin dejar de sonreír.

— ¡Sal!

—Pero…

— ¡Fuera! —Alec le lanzó una almohada, con las mejillas ardiendo, y cubriéndose por completo.

Magnus esquivó la almohada y salió de la habitación. Forzó una expresión seria al encontrarse cara a cara con Isabelle, que se veía muy pálida y estaba esperando fuera de brazos cruzados. Todavía estaba llena de sangre y con parte de la ropa rota. Claramente no se había movido de allí desde que Magnus le había pedido que saliera.

—Dilo ya—dijo en un tono casi desafiante. Magnus pensó que era muy valiente, pues se notaba que no había derramado una sola lágrima por su hermano, no aún. Realmente era una guerrera.

—Está bien—sonrió—. Acaba de echarme violentamente de la habitación.

La expresión de Isabelle fue una mezcla de sorpresa, alegría y algo de vergüenza por el comportamiento de su hermano. Pero más que todo, alegría. Se abalanzó sobre el brujo y lo abrazó con fuerza por un instante, murmurando "gracias" antes de entrar a la habitación de Alec.

Magnus sonrió y siguió su camino para salir del Instituto, pensando en Alec constantemente y en lo cerca que había estado de perderlo.

Juraste que no te meterías con los Nefilim, dijo una voz en su cabeza. Era cierto. Luego de que Jace, Clary, Alec e Isabelle aparecieron en su apartamento para pedirle que revirtiera el hechizo que había estado haciendo a Clary a petición de su madre, Magnus se había prometido que no se acercaría a este grupo de Cazadores que tanto le recordaban a Will, Jem, Tessa Jassamine y Charlotte.

Pero como siempre que prometía no acercarse a alguien, había terminado haciéndolo. No podía resistir a Alec. Su aire inocente lo volvía loco, junto con esos ojos azules impresionantes. Le gustaba especialmente cuando el joven bajaba la vista y luego la alzaba repentinamente…

Te arrepentirás de esto, insistió la voz.

Eso no era cierto. Magnus Bane no se arrepentía de nada, al menos no por más de cinco minutos seguidos. Uno no sobrevivía cientos de años lamentando una cantidad de errores directamente proporcional al número de días que había vivido.


Presidente Miau se acercó decididamente a Alec al verlo entrar y comenzó a maullar, como si le confesara horrores a los que su dueño lo sometía.

—¿Cómo subiste con esas muletas?—decía Magnus, que había abierto la puerta para bajar a ayudarlo, encontrándose con el Cazador de Sombras a unos pasos del apartamento.

Alec se sentó en el sofá y acarició al pequeño gato detrás de las orejas, que lo había seguido hasta allí.

—Subiendo. No estoy inútil sólo por tener una pierna lesionada.

— ¿Está todo bien?—preguntó Magnus sentándose a su lado y olvidando el otro tema. No tenía caso intentar convencer a un Cazador de guardar reposo

—Sí, sí…—murmuró sin dejar de mirar a Presidente Miau—. Quería… Ah… Disculparme por haberte echado así la última vez. Y agradecerte, por haberme curado.

—Ah, no te preocupes. Intentabas guardar tu virtud, lo sé—Magnus miró divertido como se sonrojaba.

—¿Podrías… ?—preguntó Alec, luego de una pausa en la cual no dejó de acariciar al gato nerviosamente.

—¿Qué cosa?

—Lo que hiciste… la última vez que estuve aquí—dijo en un susurro. Presidente Miau pareció hartarse de ser su excusa para no mirar a Magnus, o de que lo acariciaran en el mismo punto, y se bajó del sofá con un bufido indignado.

— ¿Besarte?—el brujo arqueó las cejas y vio que Alec asintió con la cabeza. Se acercó a él de buena gana y tomó su mentón para alzar su rostro hacia él. El chico lo miró a los ojos fijamente y Magnus se inclinó y juntó sus labios.

Pero esta vez no se alejó al instante. Sostuvo su mejilla con una mano y acarició lentamente sus labios con los suyos, entreabriéndolos un poco. Alec se quedó quieto, nervioso.

—Cierra los ojos —le indicó Magnus en voz baja—, relájate.

Lo vio hacer lo que le había dicho y volvió a acercarse, acariciando su mejilla de forma tranquilizadora. Al principio lo besó suave y superficialmente, sin presionarlo para ir más lejos. Sintió como Alec se fue relajando y sus labios comenzaban a moverse lentamente a la par de los de él. El Cazador estaba asustado, pero le gustaba la suavidad y la calidez de los labios de Magnus sobre los suyos, la cercanía de su respiración y su cuerpo. Sintió algo removerse en su estómago y se acercó más al brujo, quien lo tomó de la cintura y aceleró un poco él beso, succionando y mordiendo un poco los labios de Alec. Luego comenzó a delinearlos con su lengua, y después a hacer presión entre ellos, a ver si Alec le daba entrada.

Aparentemente eso era mucho para Alec; se alejó, y miró a Magnus observarlo fijamente, para luego sonrojarse.

—No vayas a irte corriendo—dijo luego de que se alejó, en tono lastimero y tomando la mano del joven.

Alec estrechó su mano por toda respuesta y se quedó en silencio por un rato.

—Nadie sabe...—dijo, mirando al vacío.

— ¿Qué cosa, querido?—respondió Magnus, mirándolo atentamente.

—Que soy… Gay. Nadie además de Izzy, Clary y tú—suspiró y lo miró con cierta tristeza.

— ¿Y Jace?

Alec lo miró alarmado, como si se hubiera acordado de algo muy importante de pronto y se puso de pie tomando sus muletas lo más rápido que pudo.

— ¿Alexander…?

No recibió respuesta.

—¡Pensé que habíamos quedado en que no te irías corriendo! —le gritó, pero Alec ya estaba cerrando la puerta para luego huir por las escaleras lo más rápido que las muletas lo permitían.


N/A Me acabo de dar cuenta que había colocado como personajes acá a Alec y a Maureen, dios, qué pareja accidental hice xD

En fin, acá les dejo otro capítulo, por favor díganme si les ha gustado! :)

Muchas gracias a Karen por comentar!