Disclaimer: esta historia no me pertenece, los personajes son de J.K. Rowling y la autora es Rizzel, yo sólo traduzco.
This story don´t belong to me, the characters are property of J.K. Rowling and the author is Rizzel, I just translate.
Muchas gracias a mi mejor amiga y beta favorita Karime quien me sigue la corriente en todas mis locuras.
The Dragon´s Bride
Por: Rizzel
Capítulo 2
"Quítate," pronunció Granger con voz áspera. Sus ojos se habían abierto tanto que Draco fue capaz de ver pequeños destellos dorados alrededor del iris.
"Creo que acabo de hacerlo **," dijo Draco, y pude que se hubiera abofeteado a sí mismo por su enorme falta de tacto.
No era que se preocupara de ser educado, eso habría requerido mucha energía. En cambio, él estaba sufriendo un agudo caso de sopor post coito, y hallar el deseo de tener un encuentro verbal con una muy enojada Hermione Granger era demasiado como para tenerlo en cuenta en ese momento.
Tal vez, ella pudiera consentir volverse a dormir por, uh… ¿una hora o dos?
Ella se había quedado muy quieta debajo de él. Se sentía como su estuviera acostado sobre el maniquí de arcilla que habían usado para practicar hechizos de resucitación en la clase de Encantamientos del sexto año. Ya se había ido la suave bienvenida, pero la calidez aún seguía ahí. De hecho, el rubor de su cara estaba muy marcado; parecía que ella podía ser propensa de la combustión espontánea.
"Quítate de mí. Ahora," repitió ella, de manera más convincente esta vez. Esa apariencia de elfo doméstico petrificado ya no estaba, había sido remplazada por esa familiar mirada fija de Premio Anual.
Draco suspiró. Creo que no.
Las uñas de sus manos se hundían fieramente en los hombros de él. Puede que él se hubiera quejado de eso también, pero todo lo que fue capaz de hacer fue una mueca de dolor. Tal vez la chica había sido una fierecilla, pero era endemoniadamente buena follando. Él ni siquiera podía recordar haberse sentido tan destruido después de una sesión. Su miembro se habría puesto muy suave ahora, sin embargo sus frenéticos movimientos debajo de él estaban causando toda clase de placenteras sacudidas por la fricción. Maldiciendo en silencio, él se obligó a rodar sobre de ella y colapsar pesadamente en el colchón.
Una explicación era lo primero, supuso él. El problema era que el estaba sin la menor idea de lo que había sucedido desde el momento en el que habían dejado la Fiesta de Graduación juntos, hasta que él había despertado con una resaca y una terrible sed. Además de unos pocos recuerdos de lo que ciertamente podía ser calificado como sexo de primera clase, él regularmente no tenía éxito cada vez que intentaba fisgonear a través de su confusa memoria de borracho. Tal vez todas esas noches fuera con Goyle y los chicos, experimentando con la tolerancia al alcohol del cuerpo humano finalmente se habían cobrado su precio con las células de su cerebro.
A Draco no le gustaba no poder recordar. Eso lo alteraba.
"Granger, no creo que tú-"
Le estaba hablando al aire. Hubo un breve destello de una pierna desnuda desapareciendo detrás de la puerta de baño, y antes de que pudiera darse cuenta la puerta fue golpeada con suficiente fuerza como para hacer moverse las desagradables persianas al otro lado de la habitación. Pocos segundos después, la puerta volvió a abrirse y una mano se precipitó a tomar el sostén que colgaba del pomo. Se volvió a cerrar igual de fuerte.
Ni siquiera un poco perturbado, Draco tiró de las arrugadas sábanas (ugh, ¿nylon?) sobre la mitad de su cuerpo, cerrando los ojos justo cuando oía como comenzaba a correr el agua de la ducha en el baño.
Hermione estaba haciendo su mejor esfuerzo por ignorar el enorme espejo con forma de corazón sobre el neceser rosa. El agua de la ducha estaba corriendo con gran estrépito, pero aún no estaba debajo de ella. Esperó hasta que el cuarto estuvo suficientemente saturado con vapor antes de pasar la palma de su mano sobre el vidrio y limpiar el agua condensada.
Miró fijamente a su reflejo.
Sus ojos estaban marcados imparcialmente con negros semicírculos debajo de ellos, acomodándose dentro de la palidez de su rostro y sus labios rojos. Sus labios estaban hinchados naturalmente, pero esa mañana, estaban cerca del doble de grandes. Se lamió el labio inferior dentro de la boca y buscó afanosamente las pequeñas fracturas de sequedad y las lágrimas con la lengua. Había puntos ardientes en la comisura de su boca y justo debajo del lóbulo de su oreja derecha. Con una mano temblorosa, alcanzó una marca roja en un lado de su cuello. Empujó su cabello humedecido lejos de su cara; su maquillaje estaba embadurnado: los restos de su mascara se sumaban a los anillos debajo de sus ojos, todo rastro de labial había desaparecido. Parecía como si también hubiera perdido uno de sus pendientes de perlas.
Hermione pensó que sus ojos lucían más apagados de lo usual, pero nunca antes habían tenido un color tan vibrante. Los ojos cafés eran utilitarios, en su opinión. Nada parecido a los asombrosos ojos verdes de Harry que quitaban el aliento, los avellanados camaleónicos de Ron, o los plateados penetrantes de Malfoy.
Malfoy.
Hermione gimió, hundiendo su rostro entre las manos. Él no recordaba, se había dado cuenta, con agradable incredulidad. No estaba segura si sentirse insultada o aliviada. Ese bastardo había tenido la suficiente alta moral como para darse otra ronda de… de-
Gah. Ni siquiera podía permitirse pensar en ello, aunque recordaba de forma elocuente y con finos detalles lo que había querido de él hace cinco o seis horas. Malfoy la había obligado, desde luego. Sus músculos ni se habían dado cuenta de que se retorcían dentro de ella, y volvían a la vida ahora que ella estaba despierta. Tenía un ligero calambre en su vientre bajo, algo parecido a las incomodidades que tenía durante el periodo, pero diferente al mismo tiempo.
Era una pena que no tuviera la suficiente fortuna de sufrir pérdida de memoria luego de irse de parranda. Hermione no bebía muy seguido, y ella se había puesto gravemente ebria dos o tres veces con los chicos, y una vez en Año Nuevo con sus primas. También hubo esas pavorosas resacas, como siempre, y ese abandono que sentía luego de compartir una botella de Tequila Tapatío con un par de Ron y Harry que no tenían ni idea de lo que hacían. Cuando llegaban los recuerdos, sin en cambio, ella no tenía problemas.
Ella era una pensadora sistemática. Cuando se enfrentaba a un problema, la solución casi siempre podía surgir con sólo regresar al principio del problema y volviendo a andar sus pasos. Su mente le estaba pidiendo que hiciera exactamente eso, que el haber dormido con Draco Malfoy fuera clasificado como un enorme dilema-guión-problema.
"La Graduación," le susurró a su reflejo, con un dejo de reproche. El rostro en el espejo la miraba a ella con una expresión triste. La graduación, las bebidas y la euforia habían culminado en el peor lapso de juicio que había cometido desde que tomó la forma del gato de Millicent Bulstrode en su segundo año.
Por qué su fiesta de graduación la había obligado dar borrón y cuenta nueva era un misterio. No había nada que celebrar. Voldemort aún seguía libre, los Mortífagos seguían organizando esporádicos ataques a las casa de familias de magos. Los Aurores eran reclutados por docenas y se procuraba siempre la mayor seguridad.
Debería de haber sido una celebración más moderada, en lugar de lo que había sido.
Recordaba haberse puesto su túnica formal como si estuviera en modo automático, antes de hacer los arreglos de último minuto de lo que pronto serían sus antiguos deberes como Premio Anual. Cuando finalmente había bajado al Gran Comedor, treinta minutos después de que la fiesta hubiera empezado oficialmente, la celebración estaba en pleno apogeo.
El ambiente había sido contagioso. Había parejas por todos lados, riéndose, bailando, adentrándose en conversaciones obviamente más profundas y con mayor significado, juzgando por la intensa mirada en sus rostros.
Los E.X.T.A.S.I.S estaban hechos. No más exámenes, no más clases. No más pelear contra el mal, magos sicóticos y sólo tenía que presentar el examen de Aritmancia a la mañana siguiente. En dos semanas, estaría dejando el lugar al que había llamado hogar lo últimos siete años. Ya no podría regresar. Le debía tanto a Hogwarts, había hecho cosas que nunca había pensado que podría hacer.
Y luego se lamento. Sobre qué, no estaba segura.
Pensó en lo que más extrañaría de Hogwarts. Entre más veía a sus compañeros, más inquieta se volvía. De pronto, la idea de abandonar su muy querida habitación de Premio Anual y hacer un cambio permanente de vuelta a su viejo cuarto en casa de sus padres no le pareció nada deprimente.
Tal vez había sido el ver a Harry, sonriendo por primera vez en semanas, a una bonita y rubia Hufflepuff que le susurraba algo al oído. O ver a Seamus Finnegan, arriesgándose valientemente a la furia de Ron al cortejar tan entusiastamente a Ginny bajo las serpentinas. Parvati Patil le daba un nuevo significado al término 'ardiendo de felicidad' cuando se pavoneaba por todo el Comedor mostrando su recién adquirido anillo de compromiso. No importaba que ella y Justin Finch-Fletchly hubieran terminado y regresado cuatro veces ese año. Incluso los Slytherins estaban irreconociblemente alegres. Gregory Goyle estaba balanceando a una risueña Pansy Parkinson en su rodilla, y Blaise Zabini había perdido su usual máscara de autoridad como Premio Anual, hacía suficiente tiempo como para llevar a una sonriente Ravenclaw a la pista de baile.
Y Hermione se hallaba de pie admirándolo todo, mareada de nostalgia y una extraña melancolía, rodeada de más de cien compañeros de clases, y aún así, inexplicablemente sola.
Caminó hacía la mesa de las bebidas, y allí permaneció las siguientes dos horas.
Tres o cuatro bebidas después, había visto a Draco Malfoy.
Su compañero Prefecto estaba sentado en lo más alejado del Gran Comedor, a la izquierda de las grandes puertas. Estaba mirando a la multitud con una ilegible expresión, los brazos cruzados en el pecho, vestido con una túnica formal, fina y de sastre, en una uniforme tonalidad negra que absorbía la luz de las velas en la habitación frente a él.
Una versión romántica de la historia podría haber sucedido y sus ojos se hubieran encontrado a través del salón repleto, donde ellos permanecerían igual de quietos, pero significativas miradas hubieran cristalizado siete años de presunta tensión sexual. Pero ese era Draco Malfoy, y Draco Malfoy simplemente no era nostálgico ni romántico. Él mantenía sus ojos en la multitud, y Hermione mantenía los suyos posados en él.
Ella lo había mirado por un largo tiempo. Todos miraban a Draco Malfoy. Era difícil no hacerlo. Él era un prefecto, y también era el Capitán y Buscador del equipo de Quidditch de Slytherin. Académicamente, estaba situado entre los mejores cinco estudiantes de la escuela, empatado con Padma Patil de Ravenclaw, y localizado tres y medio puntos debajo de Hermione misma. Pero tampoco era la mente más sutil de los Slytherins, pavoneándose por la escuela como si el mundo le debiera la vida.
También sucedía que él era una persona irremediablemente terrible.
Después de los años, Draco Malfoy no había cambiado mucho su personalidad, pero había crecido en otras maneras.
No había razón lógica por la cual Hermione hubiera escogido esa noche, de todas las noches, para abarcar sus apacibles intereses físicos en Draco Malfoy y dejarlos sin control. Ella solamente era una chica, supuso, una adolescente con la barrera de hormonas requeridas para empujarla en una dirección u otra. Usualmente, ella mantenía a raya sus impulsos menos prácticos. Sus sentimientos no cambiarían por Draco Malfoy, pero aún así encontró remarcable que una persona pudiera encontrar a otra tan atractiva, y al mismo tiempo tan desagradable.
Para su asombro, se había encontrado a sí misma poniendo un pie enfrente de otro, mientras caminaba a través del Gran Comedor hacia él, sosteniendo dos vasos con ponche y preguntándose de donde venía esa inusual valentía.
Él se vestía a la izquierda, notó ella, juzgando por la manera en que el pequeño bulto residía a la izquierda en el delta de sus pantalones. En un capricho, ella trató de imaginarse como debería lucir esa parte de su cuerpo. Pálido, como el resto de él, excepto por un rubor rosado. Se preguntó cómo se sentiría. El calor y el peso, la sensación de recorrer su pulgar a lo largo de una húmeda y afilada punta. Se lo imaginó cerrando sus ojos, su boca formando un silencioso 'ah'.
Pero no, seguramente Draco Malfoy no era tan ordinario mientras mostraba una emoción real, incluso durante el sexo. Incluso en una noche de celebración como esa. Como Prefecto y Premio Anual, ella tenía permitido entrar y registrar las salas comunes y todos los rincones alrededor del castillo, que eran frecuentemente visitados por sigilosos estudiantes. Ella había oído los susurros y las apagadas risitas. Si las hiperbólicas afirmaciones de la población mayor femenina podían ser tomadas en serio, y haciendo a un lado las dudosas conexiones familiares, Draco Malfoy debería ser considerado todo un partido.
Su boca se había secado mientras se aproximaba a él, preguntándose por qué su sentido común parecía haberla abandonado. Una pulsante sensación de derretimiento se desplegó por todo su cuerpo, a partes iguales de inquieta excitación y los efectos tardíos del condimentado y alcohólico ponche de frutas.
Sus ojos se encontraron. Él sostuvo su mirada por un breve momento; antes de que la recorriera con su mirada, inspeccionando su persona con su habitual insolencia.
Hablaron. Empezaron con sutiles insultos disfrazados de bromas. Siete años de práctica los había hecho sumamente buenos en eso. La plática cambió a asuntos de prefectos. Él jugaba con su varita mientras hablaba, girándola con sus delgados dedos. No fue hasta que ella preguntó sobre sus planes para después de la escuela, que él se dio cuenta de que ella no estaba ahí sólo para revisar las actividades con el único prefecto que no se encontraba completamente ebrio. Él se quedó sorprendido por unos cuantos segundos y Hermione pudo apreciar plenamente lo absurdo de la situación.
Su confianza menguó con cada latido de su corazón como truenos.
Él la miraba, sus grises ojos recogiendo detalles y analizándolos con gran rapidez. Él frunció el ceño levemente, con sospecha y entretenimiento posándose en sus finas facciones por un fugaz momento. Pero entonces sonrió. No era una sonrisa maligna, tampoco una impúdica, o de regodeo, sino una lenta y cómplice sonrisa, como para mostrar los colmillos de un vampiro.
Él inhaló lentamente, levantándose en toda su estatura, que resulto ser cerca de dos cabezas más alto que ella.
"¿Te gustaría ir a un lugar un poco menos… festivo?" le preguntó, completamente inexpresivo. Su voz se había convertido de aburrida y presuntuosa a algo más. Ella nunca antes había oído a Draco hablarle de esa manera a nadie, aunque sin dudas él usaba ese talento con moderación para conseguir grandes ventajas.
Hermione recordó haber pensado que ese tipo de comportamiento debía de ser ilegal. Ella estaba mucho más acostumbrada a la simpática inocencia de Harry y al encanto sincero de Ron. Debajo de sus túnicas, sus rodillas estaban temblando ligeramente. Estaba mirando de frente a la intersección del Dilema Moral.
Lo único que le faltaba, pensó ahora Hermione, con socarrona diversión, era el siguiente comentario:
Detrás de la puerta número uno, Hermionie Granger; estás a salvo, con sueños semi-eróticos en tu propia cama, con tus propias sábanas y ¡te reirás con tus amigas por la mañana sobre cómo casi te le lanzabas a Draco Malfoy! Pero detrás de la puerta número dos, si resultas ser tan audaz como para abrirla, hay un boleto sin regreso al infierno y a todo el azufre que puedas soportar. ¿Caliente? Sí. ¿Agotador? Eso es seguro. Pero el diablo tiene ojos como un antiguo glaciar y las manos más hermosas que jamás le hayas visto a una persona. Y aunque tú lo odias y odias todo lo que él significa, esta noche quieres algo que parece que sólo él puede darte…
Malfoy, un maldito lector de mentes como era, aparentemente había alojado esas dudas en ella. Él esperó pacientemente y muy quieto a que ella aclarara su problemática expresión antes de ofrecerle el brazo. Él era en gran parte el mismo hijo arrogante de un Mortífago que había sido desde el primer año, y aún así había una madurez en él que sobrepasaba completamente a la de otros chicos. Draco era un hombre que se sentía completamente cómodo dentro de su propia piel.
Tenía que haber sido la ropa. Tal vez usar un vestuario que costaba un mes de salario era suficiente para lograr ahuyentar todo ese tropezar, temblar y tartamudear.
Tal vez ella había obtenido el mejor puntaje en los E.X.T.A.S.I.S. en más de un siglo, pero Hermione Granger se llamaba a sí misma un montón de cosas mientras detenía sus recuerdos y daba un paso dentro de la ducha caliente en ese baño de hotel con color a Pepto-Bismol. Hizo una mueca cuando se intensifico el dolor de esas partes punzantes por todo su cuerpo. Tomando el jabón y una pequeña toalla, se puso al intento de lavar los restos de la noche anterior. Sus manos frotaron con particularidad fiereza un punto que estaba justo sobre el hueso de su cadera.
Era un ejercicio inútil, puesto que los tatuajes de matrimonio no se borraban al lavarlos.
** N. del T.: Juego de palabras en la versión original. La palabra "Quítate", en inglés se escribe como "Get off", pero esta expresión tiene muchos significados más, entre ellos, es una manera coloquial para decirle a un hombre que termine, o eyacule, durante el sexo.
Muchas gracias a las chicas que agregaron esta historia a favoritos y alertas, en especial a las chicas que dejaron review: Bliu Liz, Hermy Evans Black, Miri.
Niktee
