El ángel que cayó del cielo
Edward nunca imaginó que el lugar a donde se dirigía sería así. Estaba acostumbrado, era lo mismo de siempre. Su madre, Esme Cullen, tratando de conseguirle pareja para que se casase lo más pronto posible. Su padre, Carlisle Cullen, con la academia de doctores, la cual solo constaba de 6 médicos en todo Chicago.
Rodó los ojos y suspiró con frustración. Pasó las manos por su desordenado cabello color bronce. ¿Por qué tenían que casarse? Él no quería, no aun. Sin mencionar que quería casarse por amor, no por compromiso.
"¡Edward! ¿Dónde te metiste jovencito?" Era su madre, él se encontraba escondido en un cuartito de limpieza. Lo más seguro era que no saliera de ahí.
"No se preocupe señora Cullen, yo lo buscaré." Volvió a suspirar con frustración.
Jessica Stanley. La chica más prostituta en todo el pueblo. Se decía que se vendía, cada semana a alguien diferente, que lo que ofrecía era "su virginidad". "Sí claro," pensó Edward "como si no se la hubiera vendido al lechero, al panadero, a Mike Newton, a todos los chicos de Chicago". Menos a él. Edward quería esperar al amor de su vida, aunque a estas alturas creyera que no había nadie adecuado para él. No porque él fuera mucho, sino porque sabía que tenía que haber alguien que pensara igual que él, que compartiera sus gustos, alguien que lo quisiera por ser él y no por su familia. Alguien que no estuviera hueca por dentro y que no solo pensara en maquillaje o en su forma de vestir.
Alice, su mejor amiga, tenía inteligencia, gracia, era linda. Pero aun así, sentía que su corazón no estaba completo al estar con ella. No era su alma gemela, su media naranja. "Despierta Edward, no hay tal cosa." Se susurró enojado. "Eres un cursi." Enterró la cara en sus manos y ahí se quedó por un momento.
Sintió como alguien se sentaba en sus piernas. Levantó la cara con brusquedad para encontrar a Jessica. Casi saltó de la sorpresa, el problema era que estaba acorralado contra la pared. No se pudo mover mucho, dejándolos en una posición algo comprometedora.
"Te encontré pillín. Un poco más y hubiera creído que huías de mí." Soltó una ridícula carcajada. Que lista. Pensó Edward, casi sonrió y Jessica lo tomó como algo bueno. Puso las manos en el pecho de Edward y lo pegó más a la pared. Iba a besarlo, pero Edward la detuvo.
"Señorita Stanley, le ruego se baje de mis piernas, me está lastimando…" sin mencionar que se está ridiculizando completamente.
"Vamos Eddie. He estado esperando mucho tiempo por ti. Sabes que soy virgen ¿cierto? He esperado a que tu generosa familia pague lo que valgo." Sonrió "seductoramente" y después intentó besarlo de nuevo. Esta vez Edward no fue tan gentil, la empujó y ella cayó y se golpeó el trasero. "¡Ouch!" gritó poniéndose de pie.
"Lo siento señorita, pero le pedí de forma amable que se hiciera a un lado. Ahora si me disculpa." Hizo una pequeña y rápida reverencia y después se marchó. Corrió al baño antes de toparse con su madre. Se lavó rápido la cara y salió de nuevo.
"¡Edward!" gritó una pequeña duendecillo que saltó de pronto al cuello de Edward. Él rió inmediatamente, ella lo hacía sonreír siempre. Era sarcástica y divertida. Sin mencionar que se vestía bien. Pero no era el amor de su vida.
"Hola Alice." Dijo devolviendo el abrazo.
"¿Cómo estás? ¿Ya te vas a casar con Bitch Stanley?" Era la forma en la que se dirigía a Jessica, pues también la odiaba. En el fondo, escondido entre la razón y la comprensión, tenía escondido un amor por Edward, un amor que sabía que nunca sería correspondido. En el fondo agradecía de todo corazón que no se interesara por nadie, incluso por ella.
"No, gracias a Dios. Pero al parecer la "virgen Stanley" quería venderme su título." Rodó los ojos y sonrió. Alice se estremeció como si le provocara asco.
"Bueno, me alegro que sigas soltero." En cuanto terminó esa frase bajó la mirada y se sonrojó. Pero por suerte Edward no lo notó, solo rió y palmeó dulcemente su hombro.
"Bueno, tengo que irme a buscar a mi madre. Espero verte pronto Ma-ali." Era el apodo que le había puesto cuando eran niños. A Alice le encantaba que la llamara así.
"Nos vemos Ed-an" le dijo con una sonrisa. Ali-ma era por las iniciales de sus dos nombres, Mary Alice. Al igual que con Ed-an, Edward Anthony. Se dieron un beso en la mejilla y Edward se fue.
"Hijo, ahí estás." Dijo Esme emocionada. Podía escuchar el tono enojado detrás de ese tono aparentemente maternal. "La señorita Stanley nos estaba contando sobre su encuentro." Le sonrió, pero su mirada era de más-vale-que-tengas-una-explicación. Edward sonrió para tranquilizar a su madre.
"Si claro, en el que la señorita Stanley me sacó de mi escondite. Es muy amable de su parte." Jessica lo miró sorprendida y él le guiñó.
"Sí, claro. Yo lo ayudé. Es muy tímido Edward y solo necesitaba un empujoncito." Edward forzó su sonrisa y asintió.
Esa horrible reunión terminó cerca de las tres de la madrugada. Edward estaba cansado, tanto mental como físicamente.
"Hijo, ya nos vamos." Dijo su madre acariciando su cabello.
"¿Cómo te la pasaste?" dijo su padre educadamente. Edward levantó la cara de sus manos y lo miró.
"¿A caso crees que tengo cara de que me fue bien? ¿Cómo alguien puede disfrutar una fiesta con la zorra del pueblo rondándote?" dijo enojado. Después de esa mentira, había tenido que pasar toda la noche con Jessica, hablando de lo hermosa que era. Aunque él solo escuchaba.
"¡Edward!" gritó Esme horrorizada.
"Lo siento mucho madre, sé que no debo referirme a nadie así, pero es solo que no comprendes que no me quiero casar. No quiero una compañera a fuerzas. Quiero a alguien que me ame, a alguien que yo pueda amar, a alguien por quien me muera por despertar y ver a mi lado." Esme sintió lástima por su hijo. Ella había tenido suerte de haber encontrado a Carlisle y enamorarse antes de haberse casado con otro.
"Sé a lo que te refieres hijo, te entiendo de veras. Pero no todo es posible en esta vida. Necesitas contraer matrimonio para que no hablen mal de ti."
"¿Y a mí qué demonios me importa lo que opinen los demás?" dijo poniéndose de pie y apuntándose con el dedo.
"Edward, es suficiente. Si sigues con ese comportamiento te irás caminando."
"Creo que esa es una buena idea." Tomó su saco, pues afuera hacía frío. Era el invierno de Chicago.
"Edward regresa aquí." Lo llamó su madre, tratando de no subir mucho la voz para que no la oyeran los demás y no "hablaran mal" de ellos.
A Edward nunca le importó lo que los demás dijeran. Él trataba de vivir la vida como le placía. Pero su madre tenía razón, no todo era posible en esta vida.
Empezó a considerar obedecer a su madre, quizá le iría bien en la vida, algo así como el karma. Pero no había nadie que le atrajera. Alice pensó. Pero sería imposible, seguro que ella tendría miles de pretendientes. Suspiró hondo y pateó una piedra con la punta de su pie.
Su zapato se ensució. Se agachó para poder limpiarlo con su manga. Entonces, escuchó un grito. Adivinó que era de una mujer. Miró hacia arriba y vio a alguien cayendo directamente sobre él. Podría haberse quitado rápidamente, pero no lo hizo. Jamás le haría eso a una dama. Estiró los brazos y se posicionó de forma que no le doliera tanto a él y que ella no se lastimara. Sintió el golpe y por la fuerza que traía los empujó juntos al suelo.
Edward se quedó algo sorprendido. Pensó que quizá la chica estaría desmayada por el susto o quizá se había golpeado. Comenzó a mover las manos para encontrar la cabeza de la chica. Pero el vestido de ella se lo impedía, era demasiado esponjado y por falta de luz se le complicaba más. De pronto la chica saltó de sus brazos y gritó, pero rápidamente se llevó las manos a la boca. Miró alrededor, buscando algo o a alguien.
"Por favor." Dijo en un susurro. Extendió sus brazos y puso sus manos extendidas también. "No me haga daño, le puedo dar dinero, pero por favor no me viole." Edward vio el verdadero miedo en la cara de la chica. A quien por cierto consideraba la mujer más hermosa que jamás había visto. Él se quedó sin palabras mientras que ella seguía retrocediendo despacio. Edward se puso de pie y ella se asustó aun más. Presionó la mano sobre su boca para evitar gritar. "Por f-ffavor." Dijo sollozando.
"No le voy a hacer daño señorita. Yo solo iba pasando por la calle cuando cayó." Isabella bajó los brazos y los dejó sueltos a sus costados.
"Gracias. Muchas gracias." Dijo ahora suspirando hondo con alivio. "Por favor le ruego que si le llegan a preguntar, usted, amable caballero, les diga que no ha visto nada y a nadie."
"Con gusto le haré ese favor señorita…" extendió el brazo en forma de saludo.
"Swan. Isabella Swan. Pero llámeme Bella." Dijo ella tomando su mano. Edward la besó y Bella se sonrojó. "¿Y usted es?" dijo aun algo deslumbrada por los ojos esmeralda de este hermoso ser.
"Edward Cullen." Dijo con una sonrisa de lado que dejó a Isabella sin aliento.
"¿Cullen? ¿Es usted familiar del doctor Cullen?" dijo Bella frunciendo el ceño.
"Sí, así es. Soy su hijo. Si me permite preguntar, ¿de dónde es que conoce usted a mi padre?"
"Bueno, como lo acaba de comprobar, soy muy torpe. Él me ha atendido en varias ocasiones." Bella tosió algo incómoda y se sonrojó. Edward trató de disimular la risa.
"Entonces Isabella Swan…" Edward se quedó callado por un momento. "Espere, ¿dijo Swan?"
"Sí ¿conoce a mi padre?" preguntó Bella sorprendida.
"Pues claro que sí, es el jefe de policía Swan ¿cierto?" Bella asintió. "Claro que lo conozco, es buen amigo de mi padres. Aunque nunca me dijo que tuviera una hija." Dijo frunciendo el ceño. Bella rodó los ojos y suspiró.
"No, nunca lo dice." Se dio media vuelta y comenzó a caminar con prisa. "No quiero que salgas. No quiero que te conviertas en una Jessica Stanley" dijo frustrada, imitando a su madre. "Sí claro, como si supiera quién es. Seguro que es una mujer que consigue todo lo que quiere."
"De eso no hay duda." Dijo Edward por lo bajo. Bella hizo un puchero y negó con la cabeza.
"¿Y qué hay de mí? ¿Qué a caso no cuenta mi opinión? Me convertiré en una mujer como ella." Edward iba a negar pero en eso chocó contra Bella, ya que se había detenido. "¿Cómo es ella?" dijo antes del golpe. Se tambaleó un poco y Edward la tomó de los brazos. Quedaron demasiado cerca sus rostros.
"Ella es…" se perdió entre sus ojos, tenían un color chocolate único. Brillaban a la luz de la luna. "Por favor señorita, júreme por su madre, su padre o por quien quiera, que no va a ser como ella." Las palabras salieron a borbotones sin pensar en las consecuencias. Bella asintió algo atontada.
Mientras ambos se perdían en los ojos del otro se escuchó a lo lejos perros ladrando. Bella volvió a la realidad y jadeó asustada. Tomó a Edward de la mano y lo arrastró hasta llegar a unos arbustos.
"Esos estúpidos perros." Susurraba mientras rodaba en el suelo. Edward solo la miraba, extrañado y maravillado al mismo tiempo.
"¿Qué es lo que está haciendo? Va a ensuciar todo su vestido."
"No me importa, lo único que quiero es perder el rastro." Edward escuchó a los perros y a algunos policías cerca. Levantó a Bella y la jaló por la muñeca.
"Vamos señorita Swan, la están buscando." Bella se paró de golpe, haciendo que la fuerza de Edward le lastimara el brazo. Edward al escuchar su gemido la soltó. Estaba a punto de caer pero la atrapó. "Lo siento mucho, le prometo que no era mi intención. ¿Se encuentra bien?" decía Edward amontonando las palabras y preocupado.
"Nos se preocupe…estoy acostumbrada a los tratos rudos." Edward frunció el ceño. Encontró el brazo del que había jalado e inspeccionó su muñeca. Tenía las marcas de sus manos ahí. Edward se sintió pésimo y le acarició con suavidad.
"¡Aquí estás muchachita malcriada!" Edward sintió como el peso de Bella se desvanecía. También alcanzó a ver como la jalaban bruscamente, seguro que le dejarían marcas como las que él acababa de hacerle. Por reflejo golpeó el brazo que la estaba jalando y la ocultó detrás de él. Sintió un enojo sobrenatural, algo que no podía controlar.
"Suéltela." Bella se llevó las manos a la boca y apartó a Edward.
"Por favor, huye. Aun no ven tu rostro. Vete antes de que te metan a la cárcel." Le susurró en el oído y lo empujó.
"Pero…"
"Por favor." Le rogó con los ojos llorosos.
"¿Volveré a verla?" Ella negó y siguió empujándolo. Después desapareció. Escuchó como el alboroto de perros y de personas gritando se calmaba, mientras él se quedaba ahí, pensando en el ángel que había caído del cielo directamente a sus brazos.
Sí sé que es extraño que Alice quiera a Edward, tienen que entender que aun no conoce a Jasper. Es solo la idea que tiene porque el chico la trata bien y son amigos desde la infancia.
Feliz martes de BONES.
Muchas gracias por sus reviews a:
Isabella Massiel Romeu Pastene
Elianna Cullen
