"Incluso en la obscuridad se veía luz, como la que siempre hay sobre la nieve; y parecía que las ráfagas de nieve y los cendales de niebla adoptaban la forma de mujeres con largos vestidos flotantes..."
Drácula Bram Stoker
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KHARJAZ
Mesala no se había equivocado, es lugar era de los más fríos donde nunca hubiera estado, solamente permanecer unos cuantos minutos en ese lugar sus sistemas indicaban recomendaciones y advertencias acerca de permanecer más tiempo ahí.
El cazador las ignoro, era el lugar perfecto para entrenar...
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La nieve le llegaba hasta las rodillas, nunca había imaginado que pudiera existir un lugar tan frío y blanco como ese, las ráfagas de nieve enfriaban el metal de su rostro, no importaba, era justo lo que necesitaba, un lugar solo para pasar su nueva soledad en paz.
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Mesala no dejaba de lanzar mandobles con su lanza, era como si esas condiciones extremas le permitieran encontrar esa paz que no tenía desde su regreso.
Al principio había estado muy molesto de que se le hubiera negado el descanso que se había ganado, después entendió las razones por las que el transam lo había traído de regreso.
"Tu honor ha regresado contigo- dijo el cazador de negra chispa- ¿no es mejor que estar en compañía de Unicron?"
Tempestad tenía razón- se dijo a si mismo Mesala mientras lanzaba su lanza contra el grueso tronco de un árbol cubierto de nieve- es bueno estar en línea.
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Sólo podía escuchar el ulular del viento, todo estaba cubierto de nieve, no era el mejor lugar para encontrar un verdadero trofeo, pero al menos servía para despejar el procesador.
En ese lugar tan solitario ¿qué importaba el haber hecho o el no haber hecho tal o cual cosa?
Se sonrió una vez más, la Tierra era un buen planeta, no tenía más que unas cuantas horas terrestres y ya le agradaba el lugar.
De su arsenal sacó un disco afilado que al lanzarlo regresaba con el efecto de un boomerang, solo por diversión comenzó a arrojarlo una y otra vez, contra una roca, contra un árbol, contra la nada, después comenzó a esquivarlo como si fuera un enemigo, finalmente terminó riendo de su propio juego.
Solamente la nieve que continuaba cayendo sobre su estructura era testigo de ese juego infantil.
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Primero fue un sonido muy lejano, algo entre el ulular del viento, después se hizo más cercano.
Mesala dejó su ejercicio para escuchar mejor que era eso. El cazador tenía alerta todos sus sistemas por si fuera algún posible ataque. ¿Qué podría ser?
Al momento Mesala tomó una vez más su modo alterno único para acercarse un poco más a la fuente de ese extraño sonido.
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Había perdido la noción del tiempo, ¡No le importaba! ¡Se estaba divirtiendo tanto! Por un momento olvidó que buscaba algún trofeo interesante, olvidó el por qué de estar en ese lugar, por un momento una vez más estuvo en paz.
Se tiró sobre la nieve haciendo lo que humanos llamarían ángeles de nieve, su disco había sido cubierto por esa suave y fría capa de blancura, encendió los ópticos una vez más mirando directamente al cielo, las nubes no dejaban de soltar esos pequeños copos de nieve, era tan fría y a la vez tan relajante que no pudo evitar permanecer en esa posición completamente relajada.
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Mesala llegó al punto de donde provenía el sonido extraño, el cazador se acercó utilizando los árboles cercanos como protección para no ser descubierto.
Fue en ese momento que le vió por primera vez, se trataba de otro mecha, un mecha de menor tamaño, la nieve no permitía ver bien de que clase de mecha se trataba, en un momento de descuido la pezuña de Mesala hizo crujir una insignificante rama delatando su presencia.
Al momento el mecha se sentó sobre la nieve.
Antes de que alguno de los dos pudiera hacer el más mínimo movimiento se escuchó un crujido que los hizo girarse. No muy lejos de donde estaban una avalancha de nieve procedente de un alto pinaculo avanzaba hacia ellos.
Mesala no había contado con ese inconveniente, al momento se transformó. El mecha de menor tamaño también se puso de pie.
Una femme- dijo Mesala sin poder evitar ocultar su asombro.
Ella lo miró con desconfianza, nunca había sido muy confiada, los cazadores no pueden confiarse o terminarán mal.
En ese preciso instante todo se obscureció producto del avance de la nieve.
Mesala nunca entendería por qué actuó de la forma en que lo hizo, pero antes de que la primera cantidad de nieve les impactara, corrió hasta ponerse junto a la femme que parecía desconcertada con ese sorpresivo fenómeno natural.
Mesala se transformó una vez más subiéndola a su espalda, la femme apenas y tuvo tiempo de levantar su disco del suelo antes de que todo fuera una completa obscuridad.
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Mesala corría lo más rápido que podía con la femme sobre él, esto no era lo que tenía en mente cuando pensó en un ligero entrenamiento; pero, también servía.
Por su parte, ella no dejaba de agarrarse con todas sus fuerzas a los cuernos del toro naranja que la llevaba a toda velocidad lo más lejos que pudieran de la nieve.
En un momento dado, Mesala tropezó con algo en el suelo quedando a milímetros de impactar de cara contra unas rocas, ahora su pata dolía, utilizando las garras logró abrirse paso entre los escombros que la nieve dejaba a su paso.
La femme utilizando su disco también le ayudaba a quitarse toda la basura. Los ópticos de los mechas no podían ver nada más allá de sus rostros.
Derecha, izquierda, todo era igual, la nieve amenazaba con enterrarles.
Mesala tuvo que derrapar para no caer al barranco frente a ellos, se había perdido de tal forma que ahora estaban entre la espada y la pared, de un lado la avalancha de nieve, del otro el vacío.
El cazador una vez más regresó a modo robot.
La femme entendió lo que pensaba el mecha solo ver sus ópticos, terminar enterrados por toda esa nieve o saltar al vacío.
¿Por qué lo hizó? Nunca lo sabría, lo único que la femme supo fue que había tomado a Mesala por la mano y ambos habían saltado al vacío justo a tiempo de que la nieve les impactara.
Mesala se sorprendió de la decisión y el arrojo de la femme, extrañamente no soltó su mano en ningún momento a pesar de que la caída era considerable y de que la nieve parecía intentar enterrarles solo tocaran el suelo.
Continuara...
