Alfred no estaba de buen humor ese día. Arthur, bien gracias, aunque estuvieran casados, el otro estaba en un viaje de negocios en dirección a Pakistán.
Su jefe, no mejor que Arthur. Dando órdenes de aquí para allá, manteniéndolo ocupado. Los papeles, las juntas, las conferencias, platicas motivacionales e inauguración de comicones. Aunque, Alfred debía de admitir que la ultima no estaba tan mal.
Alfred anhelaba a su amado Arthur, a su esposo. Apenas cumplían su primer mes de casados, y Arthur se encontraba fuera de él país, haciendo viajes de negocios que no podía cancelar. Y esto, Alfred lo sabía. Lo sabía muy bien. Aunque, Inglaterra era suyo, porque Arthur era suyo, desde el momento en que ambos dijeron el sí definitivo.
No solo el trabajo, sino las uniones de diferentes países amigos. Como era de esperarse, la boda de Lovino y Antonio fue la primera de todas, y, al puro estilo italiano, una de las mas esplendidas. Ludwig y Feliciano no se quedaron atrás, pues, Feliciano había acordado con Lovino casarse el mismo día. Y aunque ese día se escucharon muchos "Macho Patatas", al final Lovino estuvo bien.
La siguiente boda fue la de Berwald y Tino, aunque esta fue mucho más pequeña que la de los italianos, y también fue un poco mas rustica. Al final nadie entendió dos cosas. La primera, porque Tino se había puesto un velo y un vestido de bodas. Y segundo, porque este no mostraba vergüenza alguna, como solía hacerlo frente a todos los demás.
Heracles y Sadiq se casaron, de una manera, un "poco" agresiva. Heracles golpeo a Sadiq un par de veces antes de dar el "Si". Y, en la fiesta todos tuvieron que vestirse de gatos, aunque el novio no quisiera.
Claro, ese mes había sido de los más difíciles. Sin Arthur, solo.
No le gustaba para nada ese sentimiento. Soledad. Y, bien, Arthur lejos no solo le daba la sensación de que se quedaba sin su esposo, sino sin algo más. No sabía que era, solamente sucedía.
Ese día, Alfred se fue a acostar lo más temprano que pudo, claro, después de haber jugado unos videojuegos japoneses prestados exclusivamente por Kiku. Y, tempranísimo, Alfred se quedo dormido por alrededor de las 12 de la noche.
Era de día. Alfred estaba en un puerto. Un puerto que se le hacía bastante familiar.
-¡Ah!
Ahora lo recordaba. Ese puerto, ese lugar. La antigua Carolina del Norte, parte de la antigua Trece Colonias.
Parte del antiguo Estados Unidos.
Si, ese lugar le traía demasiados recuerdos dolorosos, que eran difíciles de sanar. Los días de soledad en los que esperaba a Arthur no eran realmente los más gratos que Alfred hubiera tenido.
Y, ese puerto, fue el que le dio el valor de dejar de esperar, haciendo que ese mismo día, en el mismo lugar, Alfred declara su independencia informalmente. Fue ese mismo día que Alfred dejo de considerarse parte de Inglaterra, para volverse Estados Unidos. Fue ese mismo día, que Alfred empezó a llamar fuerzas para su independizacion
Fue ese mismo día, que la primera lágrima de lamento de Arthur cayó.
Sin darse cuenta, un barco arribo en el puerto. Un barco de madera fina, con una sirena en el frente, lleno de banderas de Inglaterra. Dentro de ese barco, estaba Arthur, saludándolo felizmente. Llevaba ese traje con el que siempre salía de viaje. Un traje completamente rojo. Como la sangre que él un día derramo.
Arthur bajó del barco para correr exactamente en su dirección. Alfred no tuvo más opción que abrir los brazos para recibir a su amado. Ambos se sumieron en un cálido abrazo, del que Alfred no se quiso separar. Arthur toma a Alfred y le roba un beso en la boca. Alfred no se aparta, porque realmente desea ser amado y besado por Arthur. Arthur murmuró, con una sonrisa en los labios.
-Te amo. Estados Unidos.
Alfred tragó saliva.
-Yo también te amo. Inglaterra.
De repente, empezó a llover, la cálida luz del sol desaparece para dar entrada a la oscuridad de las nubes. La mirada de Arthur ya no era de felicidad, sino de odio, remordimiento, tristeza y dolor. Ambos se separaron inmediatamente, después de que Alfred se hubiera dado cuenta de algo.
El uniforme con el que se reveló a Inglaterra estaba puesto dentro de él. Inglaterra estaba llorando. Alfred lo sabía.
-¿Por qué, Estados Unidos?
Alfred no supo que contestar.
-Te di todo. ¡Todo! ¿Y así me lo devuelves? ¡Dijiste que me amabas!
Alfred permaneció callado.
-No te lo voy a permitir. Eres mío. ¡De nadie más!
-Yo no le pertenezco a nadie más que a mí mismo.-Dijo Alfred, sin siquiera querer hacerlo.
La mirada dolida de Arthur acabó con su corazón débil. Alfred quiso callar, silenciarse. Mas esos diálogos no los podía olvidar. Ni él ni Arthur. Ya sabía lo que venía. Las palabras que le dolieron más a Inglaterra.
-Yo ya no soy tu hermano menor, Inglaterra. ¡Yo soy Estados Unidos de América! Colonia independiente de Inglaterra.
Esto basto para que Arthur corriera en su dirección con una mirada enojada, botando el arma que Alfred poseía. Alfred volteo su mirada sorprendida en dirección al arma, mientras escuchaba la ajetreada respiración de Arthur. La escopeta del inglés estaba justo frente a su cara. Alfred se mantuvo así, sabiendo que Arthur tiraría la escopeta en cualquier momento. Eso ya había pasado. Cerró los ojos. Ahí terminaba todo. Su antigua relación con Inglaterra, sus sonrisas. Todo. Empezó a derramar algunas lágrimas. Adiós a su antiguo Arthur.
-¡Mamá, Papá, ya basta!-Grito una vocecilla. Alfred no reconocía esa voz. Tanto él como Arthur voltearon su mirada en dirección a la vocecilla.
Alfred abrió los ojos.
En frente de ellos, había un niño, de ojos azules verdosos, cabello revuelto, rubio oscuro, y con un mechón que desafiaba la gravedad saliendo de su cabeza. De delgadas cejas rubias.
Lloraba mientras sonreía. Se acercó a ambos y mientras tomó sus manos.
-Esperen un poco más, no quiero verles peleando.
Alfred se despertó de su sueño, agitado. Al lado suyo se encontraba Arthur.
Observó el reloj de la mesa de al lado. Las tres de la mañana.
Alfred se tocó la frente. Estaba sudando. No sabía lo que acababa de soñar. Ese niño le confundía. ¿Quién era? ¿Se conocían? ¿Por qué había empleado la palabra "Mamá" y "Papá"? Estaba confundido en realidad. Tomó la mano de Arthur y la apretó fuerte. Que ese niño les hubiera llamado como sus padres, que se pareciera inexplicablemente a ellos dos, que hubiera dicho que lo esperaran. Eso quería decir que…
-¡Dios mío! –Dijo Alfred, poniendo su mano en la frente de nuevo.
-¿Alfred?
Alfred estaba tan concentrado en sus pensamientos, que apenas y pudo contestar el llamado de su amado. No podía ser posible. ¿Cómo había sucedido?
-¡¿Alfred!?
-¿Eh?
-¿Estás bien?
Alfred, en un movimiento rápido, tacleó a Arthur. El otro estaba confundido, sin siquiera saber que estaba pasando.
-¿Alfred, estúpido, estas bien? ¡No me preocupes así!
-Arthur….Tu….
-¿Yo qué?
-Quiero que me digas la verdad. No me mientas.
-¿De qué estás hablando Alfred? ¿Y qué te sucede? Apenas es madrugada. ¿Alfred?
-¿Estas embarazado?
Arthur se quedo en shock por unos segundos.
-¿Cómo lo supiste?
-¿Adiviné?
Arthur asintió. Alfred no pudo mostrar más que felicidad.
-¿Cuántos meses llevas Arthur?
Este se quedo callado. En una seña con sus dedos, le dio a entender al estadounidense cuanto tiempo la criatura llevaba dentro de él. Levantó cuatro dedos, y volteó su mirada.
-¿Cuatro meses? Arthur… ¿Por qué no me lo habías dicho?
-¿Por qué tenía que decirlo?
Alfred beso la frente de su esposo con cariño, recibiendo un abrazo como premio.
-Te amo.
Arthur beso a Alfred en la boca, para terminar con el abrazo.
-Yo te amo también, y al niño que llevo dentro.
