Disclaimer: Por mucho que me gustaría serlo, no soy dueña de Corazón de Melón ni de sus personajes. Ayer trate de comprar los derechos pero no me alcanzo con los $20 que llevaba. Nimodines :'v
Advertencias: Lenguaje mal sonante, mundo alternativo (AU). Hay posibilidad de un 30% sobre relaciones indecorosas entre personajes secundarios y principales. Leves (o fuertes) escenas de posible interacción sexual. En su mayoría; romance y el manejo de relaciones entre humanos y seres fantásticos.- Si eres sensible a estos temas; lee bajo tu responsabilidad.
Summary: Cuando los Alfa controlan el mundo, los Omega son convertidos en simples posesiones. Y los Betas son trofeos inigualables apunto de extinguirse. Un mundo de dominación y poder, lleno de represión, sumisión y... de bestias. ¿Qué sucede cuando te conviertes en la esclava/trofeo de tu enemigo? ¿Qué sucede si él... te obliga a ser mucho más que eso?
Género: Drama /Sobrenatural/ Romance.
...Habla/Habla... —pensamientos de los personajes durante la narración o dentro de los diálogos.
NOTA IMPORTANTE: Por favor, leer TODA la Etimologia para un mejor entendimiento de la historia y su trama.
Capìtulo Uno
Pacto de familias
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Estaba desesperada.
Fue la primera impresión de Evangeline al ver a Rieu Noah correr de un lugar a otro, moviendo cosas, tallando con exagerada moderación los muebles ya lustrosos, y de cuyo material era un hermoso roble. Cómo todos los muebles antiguos de la mansión Rieu.
Noah sudaba, la semi-tranformación estaba apareciendo en su apariencia humana. Las picudas orejas y esponjosa cola adornaban su figura delicada, rompiendo con el esquema impoluto que Evangeline tenía de Noah.
La hembra Beta deseaba salir de su caparazón.
La loba interna quería salir, enfrentarse al problema que acongojaba a su parte más racional.
¿Alguna vez la había visto así?
No. Nunca.
Ni siquiera en las peleas que llegaba a vislumbrar entre los pasillos; Noah se había visto a tal punto de la desesperación.
Siempre había sido dulce, delicada y con una serenidad que a Evangeline en más de una ocasión se ganó su admiración, pero ahora… Ahora parecía que lo único que deseaba hacer era agazaparse y aullar por todo lo que había callado.
Su "madre" pasó a su lado como un torbellino, sin dedicarle una sola mirada. No se molestó ante la muestra poco apreciativa. Total, su padre se estaba encargando de dejarle bien en claro su lugar desde que tenía memoria. Por lo contrario, agachó la mirada; consiente de llegar a ser un estorbo para Noah.
Ahora, pareció que su sentir se reflejó en el ambiente ya que Noah paró su rápida organización deteniéndose a observarla. Evangeline se tensó.
— Evangeline. —llamó la bella mujer de cabellos castaños. Su semblante y postura reflejaban la mayor de las dulzuras.
La joven se agitó un poco, siendo esta la respuesta que interpretó la mujer a su llamado.
Noah suspiró, caminando hacia la muchacha parada rígidamente en un rincón del inmenso salón de visitas.
— Evangeline ven y siéntate. No te quedes ahí parada. —musitó mientras depositaba con cuidado su mano sobre el pequeñísimo hombro de la rubia, cuando ésta no le respondió dirigió su mano hasta la barbilla ajena, elevando aquel rostro tan dulce y hermoso que ella tanto adulaba— Vamos, no seas tímida. Sabes bien que tu padre detesta verte tan quieta como una estatua.
Sin atreverse a ver el amable rostro de la castaña, Evangeline escuchó con alivio el sonido de la perilla siendo forzada. Su padre había llegado.
De repente, Evangeline fue consciente del temblor en el cuerpo de Noah, en el simultáneo parpadeo de sus orbes violetas y en la ligera fuerza que ahora implementaba sobre su barbilla.
Deshaciendo con suavidad el agarre de su madrastra, la joven se encamino a recibir a los invitados.
La puerta se abrió lentamente, dejando a su apagada vista las siluetas de tres imponentes Alfas, de cuyos rostros sólo pudo reconocer el de uno.
Viktor Rousseau estaba en el umbral de la puerta principal, ansioso por entrar y acabar con todo aquello.
Como siempre.
— Bienvenidos. —saludó cordialmente, haciéndose a un lado para que pasaran.
Ninguno de los Alfas mayores dio signo de haberla escuchado pasando por su lado mientras sostenían una baja conversación. En cambio, Viktor…
Cuando el joven pasó a su lado la familiar sensación de insignificancia inundó sus sentidos, haciéndola sentirse aún más pequeña dada la altura que imponía el joven Alfa ante cualquiera.
Tenía una complexión física atlética. De torso ancho y mirada inquebrantable.
Todo él gritaba cuidado.
— Gracias, Eva.
De nuevo utilizaba ese diminutivo con ella. Y aquel tono particular tan íntimo, tan personal, tan sensual. Una voz aterciopelada acariciando sus oídos, seduciendo sus instintos y a su cuerpo.
Reprimiendo los cosquilleos nacientes entre sus rodillas y muslos, Evangeline condujo a Viktor entre el largo pasillo que conectaba con la sala de estar, donde su padre, Noah y el señor Rousseus esperaban por ellos con, supuso ella, una impaciencia que crecería si tardaban aún más en llegar.
La rubia se reprendió mentalmente por retener al joven, pensando que, al finalizar tan repentina reunión, sería severamente castigada por su imprudencia. No debía de esperar que Noah interfiriera siempre en su defensa y que ella se llevara los reclamos y malos tratos de su padre. Era injusto. Y Noah se hallaba en una situación cuidadosa a consecuencia de su delicado estado de gestación.
Oh, pero no pudo evitar que sus orbes jades se abrieran desmesuradamente al encontrar el salón en penumbras y con un aire de soledad intima.
Sin saber cómo reaccionar ante la situación, Evangeline guio a Viktor hasta el sofá individual.
— Tome asiento, mis padres no tardaran en llegar. —informó inútilmente sabiendo que él ya sabía lo obvio, aunque Viktor era demasiado educado para hacerle ver que él ya lo sabía. El pelinegro tomo asiento frente a ella, intimidándola con sus ojos dorados— ¿Desea algo para beber?
Él negó.
— Gracias, pero no tardaré mucho aquí. Sólo he venido a informarle a tus padres sobre mi decisión.
Pensó que no estaba bien interferir, nunca lo estaba dada su condición de Omega pero Viktor siempre la hacía hablar, incluso si ella no quisiera, el muchacho tenía alguna especie de poder hipnótico sobre su persona que le impulsaba a soltar cualquier duda que le aquejara.
Claro que esto sólo pasaba con él.
— ¿Es… ¿Es sobre mi hermana? —tan pronto como la pregunta salió de sus labios, los apretó en una delgada línea. Nunca Viktor había siquiera insinuado la acción de reprenderla o desear pegarle por lo indecentemente curiosa que podía ser en algunas ocasiones, pero el tema referente a su hermana era por demás diferente. Bastante delicado, sí. Y podía ser esta la primera vez que sufriera el desprecio del Alfa.
Oh, como deseaba huir de ese salón tan inmenso.
Evangeline esperaba furia y agresiones, más no encontró nada de eso.
Los fríos ojos de Viktor se tornaron en escarlata, el lobo que dominaba en él había aparecido. Iracundo. Más su mirada se suavizó cuando se topó con sus dulces facciones, amenazando con volverse noble.
— Así es pequeña. Es sobre Sucrette. —suspiró, cansado con la espera y la situación. Eva no preguntó más, intuía que no sería correcto y asintió, dando por entendido el punto— ¿No quieres saber el destino de tu hermana?
No es que quisiera, lo deseaba. Pero no. Suficiente había metido las narices en esa media hora transcurrida.
— No es correcto. —contestó luego de un silencio corto— Lo sabré si así mis padres lo desean. —terminó con tranquilidad. Viktor pareció satisfecho con sus palabras.
— Muy prudente, pequeña. Esa es una cualidad muy importante en una hembra. —alabó sin vergüenza. Evangeline no supo si sonrojarse o desconcertarse, una decisión que su cuerpo tomó por sí solo al mandar cierta cantidad de sangre a decorar sus altos pómulos, volviéndolos aún más rosados de lo que ya lo eran— Dime pequeña. Ahora que estás en edad de unirte a un macho. ¿Tus padres ya han escogido algún candidato decente?
— No. —susurró.
— ¿No? —cuestionó, incrédulo— Vaya, esto sí que juega a mi favor. Entonces sí, dulce Eva, deseo tomar un vaso de Brandy.
Presurosa, sin mostrarlo del todo, la pequeña rubia se levantó de su lugar, dirigiéndose a la pequeña licorera en la barra de cristal dispuesta en una esquina del salón. Regresando junto a Viktor con un vaso de vidrio lleno hasta la mitad por aquel liquido marrón que tanto les gustaba a los hombres.
Viktor se adelantó a ella tomando de sus manos la bebida, dejándola en la ratonera que les separaba.
Aprovechando el reciente acercamiento, el moreno tomó su mano con suavidad, comprobando con fascinación la suavidad de la piel femenina. Ella era minúscula a su lado.
— Gracias, Eva.
Ahí estaba de nuevo, haciendo mella en sus nervios. Escalofríos recorrieron su espalda, amenazando con hacerla jadear y caer.
Dios, no podía seguir así. Sentir lo que fuera que sintiera por la posible pareja de su hermana no era conveniente. ¡No era correcto! Y que Viktor se mostrara tan amable no decía nada bueno.
Claro que no.
¿Acaso… Acaso habría escogido darle caza a su hermana por rechazarlo?
— Anda pequeña, siéntate junto a mí y hazme compañía en lo que nuestros padres deciden salir de su escondite.
Si Viktor no mataba a Sucrette, lo harían sus padres.
Eso lo podía jurar.
— Cómo desee, joven Viktor. —a presar de seguir la orden nada disimulada del Alfa, ella se sentó en el sillón de una pieza que se encontraba a su lado, manteniendo la distancia necesaria entre un macho y una hembra.
Una hembra sin compañero. Una hembra Omega.
Cuando ella bajó la cabeza y una reluciente cortina de cabello rubio fresa tapo sus facciones exquisitas, el aroma a vainilla caliente y jazmín fresco inundó con brutalidad sus sentidos básicos. Apretó la mandibula lo màs que pudo. Viktor se girò cuidadosamente en direcciòn de la pequeñ hembra, contemplando su postura sumisa y logrando evitar querer abalanzarse sobre ella, inició una conversación.
Quería comerséla entera.
— Entonces ¿qué haces en tu tiempo libre, Evs?
— Después del Instituto vengo directamente a casa, nunca debo dejar sola a Noah.
— ¿Por qué...—alzó las cejas— deberías hacer eso?
— Porque le cantó al cachorro, Noah dice que eso lo relaja mucho. —respondió sin ver a sus ojos. Por más libre que Viktor la hiciera sentirse, le habían enseñado a no mirar a nadie a los ojos. A nadie que no fuera un Omega. Pero aun así...
Aun así se dio la fugaz valentía de echarle un vistazo y lo que vio la dejó helada.
Los poderosos ojos de Viktor estaban fijos en ella, sonriendo poco después de que levantase la mirada; el Alfa parecía complacido. E incluso Evangeline pudo sentirlo: su loba interior estaba siendo sometida por el lobo.
Un jadeo involuntario salió de sus labios al percatarse de ello.
— Vaya, sí que eres una sorpresa ¿eh, pequeña? —la sonrisa de Viktor era espeluznante— Tu padre está siendo un gran imbécil.
Ella no supo cómo interpretar el comentario.
— Discúlpelos, joven Viktor, la situación les tiene preocupados. —la mano del chico fue a dar a su brazo cuando ella hizo e ademán de levantarse, sin mirarlo ni un poco esperó lo que fuera hacer o decirle el Alfa.
— Siéntate, Evangeline. —la orden fue alta y firme. Inquebrantable. Y Eva tembló por lo atrayente que era sonaba su voz— La razón por la que estoy aquí es simple: encontré a tu hermana, está en la región del Norte. Mi devoción fue grande pero ahora quiero matarla.
Al escucharlo la pequeña rubia se giró tan rápido que le importó muy poco el gesto desaprobatorio de Viktor. No cabía en su horror.
— Oh, no pongas tan terrible cara, cariño. Lastimosamente para el honor de tu padre, Sucrette se ha refugiado bajo la pata del Alfa del Norte.—Viktor esperó un cambió en su semblante y lo encontró un segundo después; Evangeline exudaba alivio por cada poro de su rosada piel.
Sin embargo, Viktor no se contuvo más.
— Sígueme, Eva.
Sujetándola por el delgado brazo, Viktor siguió por las innumerables salas que poseía aquella residencia. Se la sabía como a la palma de su mano, años tenía visitar la mansión junto a su hermana para olvidar aquel cuarto pequeño y acogedor con el que tanto tiempo soñaba en las noches dónde sus sábanas eran húmedas y tibias.
A paso sigiloso, Evangeline hizo lo posible por igualarle no obstante sus piernas temblaban viendo su amplia espalda tensarse a cada paso que daban. Una vez frente al salón privado de Noah, Viktor le cedió la entrada, entrando él una vez ella dentro de la estancia.
Una vez dentro, todo giró para Evangeline.
El miedo de la Omega brotó hasta Viktor como un adorable afrodisiaco. A cada segundo que transcurría su cordura se desvanecía en un tumulto de cabellos rubios, jazmín y el confortable sofá vintage en medio del saloncito.
Se alejó de ella para tomar asiento en dicho sofá. Evangeline amenazó con huir, al parecer algo común en la manada de la Omega teniendo en cuenta los antecedentes de la hija menor. Oh pero sus padres habían hecho mal al dejarla sola en su presencia.
Sola, tiernamente vulnerable ante la bestia que reposaba en él.
— Acércate. —voz sedosa en un susurro peligroso, siendo guiada bajo esto; Evangeline caminó hasta él— Un poco más.
Sus diminutos pies chocaron con los inmensos del Alfa, y éste suavizó el gesto.
Viktor dirigió sus manos hacia el sur de su cuerpo, manteniendo la mirada en el penoso rostro de la Omega.
—Arrodíllate. —lágrimas bajaron de los ojos de Eva mientras obedecía. Viktor sonrió— Ahora, Evangeline, satisface a tu Alfa.
-:-
—¿Crema o lila?
Con la mirada aguamarina perdida en el paisaje cambiante que mostraban los cristales del laboratorio, Yalena soltó un suspiró cansado ignorando con descaro la verborrea de Estefanía, su mejor amiga desde infantes. Apretó el retrato que tenía en sus pálidas manos, bajando la mirada y concentrándose en la foto, no pudo evitar soltar una sonrisa triste.
La foto mostraba a una joven pareja de casados. La mujer a la derecha; poseía un cabello violáceo negruzco con ligeras ondulaciones, ojos color dorado grandes y brillantes, a su lado, el hombre la tomaba de la estrecha cintura tenía cabello rubio, ojos verde-agua remarcando ligeramente sus pómulos. Ambos sostenían a dos niños de cabello negro, no más de cuatro o cinco años, el niño con ojos dorados y la niña con los ojos cristalinos del hombre.
Era una hermosa foto.
Una foto de su familia.
— Familia. —susurró quedamente.
¿Realmente se les podía llamar así? No es que estuviera enojo para con ellos, para nada, sólo que… se sentía sola. No le gustaba nada la idea de tener que estar semanas enteras en aquel horrible instituto antes de cumplir los diecisiete. Incluso poco antes de ser inevitablemente elegida para la Caza que se aproximaba. Era una adolescente, debía de preocuparse por sus calificaciones y el baile escolar, ¡no en ser la Beta que todo Alfa quiere! Y deseaba poder pasar tiempo con su familia. Pero aquello era imposible, más aun cuando ellos sólo tenían tiempo de buscar formas de hacer la manada más grande.
—Creo que el lila…
— Crema.
La encantadora muchacha de cabellos morrón-rojizo se giró lentamente a su acompañante, alzando con incredulidad una perfectamente delineada ceja.
— ¿Disculpa?
Observando todavía los paisajes, Yalena se permitió un gesto con los labios. Estefanía entrecerró los ojos en su dirección.
— Crema, te va mejor el color crema,
La otra chica Beta parecía sorprendida.
— Oh, ¿de verdad? Pensé que te aburrías con tanta palabrería mía sobre la noche de Gala antes de la Caza. —por el tono de sus palabras Lena se dio cuenta que estaba molesta, y se lo daba a favor. Entendía que Estefanía sólo quería hacerle el peso menos grande, así era ella. Por otra parte, su amiga amaba ser el centro de atención y el que no se lo pusiera era… una pequeña ofensa a su ego.
Levantándose de su lugar, la morena tomo el traje de dos piezas y lo sobrepuso sobre el curvilíneo cuerpo de su mejor amiga, Estefanía aprovechó la cercanía lanzándole una mirada por el reflejo de del espejo dispuesto en el laboratorio.
Sonriendo queda, Lena depositó un beso sobre la tierna mejilla de la castaña.
— Admito que estuvo mal ignorarte tan descaradamente, aunque tú no ayudas mucho con tantos vestidos que quieres probarte. —Estefanía abrió la boca para, seguramente, refutarle eso último sin embargo Yale no la dejo— Y quédate con el crema, luce hermoso en tu piel de durazno.
Estefanía se sonrojó levemente, nadie podía juzgarla. Era sumamente extraño que recibieras un halago de Yalena Rousseau. Incluso para ella que la conocía desde que aprendieron a correr en cuatro patas, no estaba acostumbrada a recibir halagos de su amiga. No porque Lena fuera una envidiosa que no aceptaba la belleza de los demás si no porque, bueno, ella era así. Reservada hasta con la almohada.
Sonrió levemente y se volteó a ver a su mejor amiga hasta estar frente a frente. Eran de la misma edad, aunque no lo pareciera ninguna de las dos. Y es que Yalena Rousseau era preciosa, sus largos cabellos negro violáceo caían como cascadas de adorables bucles por lo largo de su espalda terminando en la estrecha cintura, piel blanca como la leche y unos ojos grandes de cristalino verde agua. Sin mencionar su grácil figura de bailarina y estilizada altura.
Por el otro lado ella, de sedosa y ondulante cabellera marrón-rojizo hasta la mitad de su espalda, de piel rosada contrastando con sus mejillas eternamente sonrojadas, grandes ojos de un intenso olivo acompañado por frescas motas doradas, completamente expresivos. Su cuerpo bien desarrollado, que a diferencia de su amiga, tenía basto pecho aunque no una cadera tan redondeada y ancha.
Si ella era sol, Lena era ese cielo estrellado. Yalena una princesa, Estefanía la viva imagen de una ninfa del bosque greciano.
— Eres una embaucadora. —dijo mitad en broma, mitad en serio.
La morena se encogió de hombros alejándose suavemente del cuerpo ajeno.
— Quizá, viene en mis genes familiares.
Estefanía soltó una carcajada queda.
— Claro que sí, Viktor es un adulador nato.
Yalena sonrió a su amiga, sintiendo alivio al ver que Estefanía no había captado ninguna de las feromonas que comenzaba a soltar sutilmente. Haciendo que su olor natural saliera por primera vez a la superficie en muchos años.
Debía de hablar con su padre urgentemente, el collar de amatista comenzaba a menguar en sus poderes.
En cualquier momento podría ser localizada como la pareja de un macho y, por lo que más quería, deseaba retrasar ese momento todo el tiempo que estuviera a su alcance.
-:-
Armin tembló en su lugar, sofocado.
¿Y si entraba? ¿Qué estaría pasando? ¿Y si mejor si iba? No, debía de apoyar ene esto a su gemelo, no sabía cómo sus padres iban reaccionar a la noticia de Alexy.
Después de todo, no era usual que tu hermoso y varonil hijo Beta venga y diga que no le gustaban las niñas de ese modo, pero los niños sí. Ugh, pensó Armin sin dejar de ver la puerta de roble que le protegía de su hermano y padres, seguro le da un ataque a nuestro padre.
Fuese como fuese, él estaría ahí para Alexy.
No lo dejaría solo.
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¡Feliz 2018!
Se me cae la cara de vergüenza, debo confesarles. Pero en verdad no pude subir nada en los últimos meses. Principalmente por la escuela, fiestas, reuniones y porque sufrí de una perdida muy grande en mi familia.
Murió un tío muy querido para mí. Créanme que me sigue pesando la situación y las circunstancias que rodean su muerte. Fue y es una situación pesada, no ha sido nada fácil para la familia. Y con este fin de año me di cuenta de tantas cosas que uno deja de hacer por otras que no tienen la misma importancia.
Estaba tan deprimida que estuve a poco de cerrar mi cuenta e historias, sin embargo recordé lo mucho que le gustaba a mi familiar mis obras y no puede hacerlo, por respeto a él y a mí misma. Sólo les pido comprensión y tiempo, el 2017 fue un año doloroso en todos los sentidos para mí. Espero salir adelante este 2018 y seguir con ustedes, en verdad.
Gracias por esperarme y querer las continuaciones de mis historias, no saben cuánto lo aprecio. Son un cielo, en verdad.
Parejas canon:
*Castiel – Yalena.
*Lysandro – Rash.
*Evan – Estefanía.
*Viktor – Evangeline.
*Nathaniel – Emma.
*Alexy – Luce.
*Armin – Anyeline.
*Kentin – Ruxandra.
Gracias y espero hayan tenido un hermoso inicio de 2018 ¡Mis mejores deseos para ustedes y sus familiares!¡Que los Reyes les traigan muchas cosas lindas! Cx
Geraldine
Escuchando "Lust For Life" – Lana Del Rey ft The Weeknd.
05/01/18.
