Wow! Chicas, pero qué recibimiento me han dado otra vez, así, sí que da gusto subir todas mis locuras.
Estoy super contenta de leerlas nuevamente, y para cualquiera que pregunte: no, no abandonaré el oscuro secreto, sí, continuaré algún día, de hecho como lo comenté por allí, ya estoy trabajando en 3 capítulos y uno extra, así que ya queda menos en la espera.
Saludos a Nena Taisho, qué me encanta que puedas haber sentido esa decepción, porque entonces estoy escribiendo bien. Alei91 mi amiga, gracias por tus comentarios, la verdad es que sí, es probable que ese sentimiento te dure toooodo el fic, amor/odio. Faby Sama: mi amiguísima! Qué lindísimo es leernos otra vez. Jajaja la verdad dudé de poner una intro taaaaan drama, porque me quedé pensando ya con esto ni se acercarán, pero bueno, tampoco puedo engañar, sino sería falsa publicidad :D Gracias mi amiga porque sé que puedo contar siempre con tus RW independientemente de las locuras que subo, así que gracias amigas! Vamos a ver cómo estará la historia.
Stella: gracias y vamos a ver qué les tiene preparado el futuro a estos dos, la verdad me ha gustado muchísimo escribir este fic, no ha sido el mismo de siempre y a pesar de ello, es siempre lo mismo, luego verás por qué lo digo. Andreia Izumi: totalmente cierto! A pesar de que hay tristezas en nuestras vidas y situaciones bastante pero bastante dolorosas, de una u otra manera podemos con ellas especialmente cuando vemos alguna luz al final del túnel. Así que espero les siga gustando y espero seguir contando con su apoyo!
Y bien, sin más, les dejo el 2° capítulo, recuerden que hay versión en pasado y presente, tengan cuidado cuando lean y espero no confundirlas demasiado.
Disclaimer 1: todos los personajes pertenecen a la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi, yo solo los tomo para poder expresar todo lo que tengo, hacer que sufren y de paso cumplir mis perversidades.
Disclaimer 2: NO PRESTO mi fics, no hago continuaciones de lo que ya terminé, así que, si se terminó, así quedará, no me insistan en ninguna de las cosas porque si no, simplemente ignoraré los comentarios y/o peticiones.
Nota: Digan NO al plagio, es cierto que nosotros los fickers tomamos los personajes famosos, pero las historias son originales, así que cuando vean una de mis historias (o de cualquier otro ficker) tomadas por alguien más, por favor avisen y reclamen, porque no es justo.
Capítulo 2
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Hubo una vez...
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Nada más éramos dos chicos al salir de la prepa, él odiándome por ser una niña consentida y yo odiándolo a él porque se creía que el hombre más guapo sobre la faz de la tierra era obvio porque todas caían a sus pies, tenía un cuerpo de ensueño y su familia era inclusive más acaudalada que la mía, y si queríamos comprarnos el automóvil más caro del mercado y personalizado, eso no nos disminuiría la fortuna ni un 0.05%.
No existía chica que le dijera que no, a veces solo salía con ellas una o dos noches solo por probar que podía enamorarlas, era un tipo de lo más engreído, pero a mí nunca se me insinuó. A través de engaños y berrinches conseguí que se me «mal» declarara, por llamarlo así, ya que con su voz ronca y sensual solo me dijo: «Estoy seguro de que tú y yo podríamos llegar a ser una buena pareja, ¿qué dices?», me reí ante su pregunta y le di un beso en la mejilla acercando mi cuerpo al de él que vibró al unísono con el mío: «puede ser, lo averiguaremos algún día cuando dejes de ser un engreído y un misógino».
Me di la media vuelta y me odió a partir desde ese instante jurándose que me haría caer a sus pies para enamorarme y luego dejarme, mientras que yo al mismo tiempo juraba que también se enamoraría de mí y que babearía como perro faldero, pero yo nunca le haría caso.
Cuando me fui a la Universidad a estudiar diseño, de pura casualidad coincidimos en la misma, aunque en diferentes carreras, ya que él estudiaba ingeniería industrial para poder heredar la empresa familiar, una productora de bebidas de renombre. No dejaba de insistirme que yo tenía que caer a sus pies como todas las demás, a decir verdad, se me pegó como el perrito faldero que esperaba, con lo único con lo que no conté es que yo me podría enamorar de él, así que para cuando lo acepté —después de casi 1 año—, él ya había dejado atrás a todas sus novias y se había enamorado de mí también.
Me insistió al tercer día de ser novios que tuviéramos relaciones sexuales y lo mandé al carajo al instante, sufriendo por primera vez por él. Al día siguiente regresó con un ramo de rosas blancas, pidiéndome perdón asegurándome que no tenía idea que yo era virgen.
—Perdóname —me suplicó colocándome un ramo de rosas blancas sin abrir poniéndomelo en el rostro al momento en que abrí la puerta de mi apartamento.
—¿Por ser un imbécil?
—Y un completo asno —se sinceró y cuando escuché esas palabras se me rompió el corazón—. No tenía idea de que eres virgen Kagome.
—Lo sé, no es algo que ande pregonando sin ton ni son.
—¿Te avergüenzas?
—Me enorgullezco —respondí apoyándome en el marco de la puerta sin dejarlo entrar.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque independientemente de serlo o no serlo, no deberías de presionar a ninguna mujer por ello.
Se avergonzó por primera vez en toda su vida bajando su rostro ante mi acusación que no tenía nada de falsa, me acerqué poniéndome en puntillas para darle un beso en su mejilla.
—Pero me enamoré de ese «asno» y es algo que no puedo ocultar.
Ambos nos reímos ante mi aseveración y lo perdoné.
Mi inocencia era burla ante lo que podía venir, solo pensaba en lo mucho en que lo amaba, las mariposas que me hacía sentir cuando estaba en su presencia.
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El dolor intenso de una madre.
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Suikotsu, es el médico de nuestra hija, ha pedido la intervención de un cardiólogo especialista en niños también, no ha sido fácil encontrarlo, pero lo ha conseguido. El estado de Kanna me hace sentir como si mi vida se estuviese escapando de mis manos, no puedo dejar de llorar pensando que mi pequeña está en una lucha que no debería, ¿cómo una niña tan pequeña puede estarse debatiendo entra la vida y la muerte?
¡Es injusto! Pienso frustrada viendo a mi bebé conectada a diferentes máquinas a través del inmenso vidrio que nos separa, hay asesinos, violadores, estafadores que no tienen ni un dolor de cabeza y mi pequeña que no ha hecho ningún mal en toda su vida, puede que no pase de este día.
—Es injusto —reclamo en voz alta sin darme cuenta apoyando mi mano sobre la pared de vidrio grueso.
—Ella se pondrá bien —dice Sesshoumaru con voz ronca acercándose a mí—. Lo sé.
—¿Cómo? —le pregunto desesperada sin verlo, mis lágrimas recorren mis mejillas y ni siquiera hago un esfuerzo por detenerlas.
—Tengo esperanza.
—¿En eso basas tu aseveración? ¿Tienes «esperanzas»? —reclamo desesperada volviéndolo a ver.
—Sí —me responde tranquilamente tomando mi mano entrelazándola con la suya, y por primera vez en mucho tiempo dejo que la sostenga—. ¿Sabes por qué? —ni siquiera le respondo, probablemente es una pregunta retórica—. Porque Kanna es una niña fuerte, es una combinación entre tú y yo, nadie la puede derrumbar y a pesar de que caiga o tropiece siempre se levanta demostrándonos a todos que ella puede con cualquier adversidad.
Cuando tenía 3 años se cayó rodando por los últimos 5 escalones de las gradas principales de la casa, se hizo un chichón, pero al momento de levantarse lo hizo con elegancia, pensé que se había quebrado el cuello, que tendría algún tipo de concusión interna, pero le hicimos todos los exámenes necesarios e innecesarios y el resultado solo fue ese chichón.
—Kanna... —lloro sonriendo y asintiendo, todo al mismo tiempo recordando ese momento— ella es más fuerte que todos nosotros juntos.
Sesshoumaru me sonríe gentilmente y mi corazón se llena del mismo calor que un día sentí y que nunca pensé que todavía estuviese albergado en algún rincón de mi cuerpo.
—¿Papá? ¿Mamá? —al momento en que escuchamos a Hakudoshi nos separamos como si nuestras manos se estuviesen quemando. Me limpio las lágrimas abrazando a mi primogénito de 15 años.
Suelto la mano de Sesshoumaru de manera tan inmediata que a cualquiera le podría dar la impresión de que estábamos haciendo algo indebido, ha pasado casi año y medio desde nuestro divorcio y nuestra relación no ha sido más que de tolerancia, no nos hablamos, pero tampoco discutimos, mucho menos enfrente de ninguno de nuestros 4 hijos.
Mi creencia es que Haku, no nos ha visto con nuestras manos entrelazadas, pero la mirada de escrutinio de mi hijo mayor me hacer pensar lo contrario, si algo tiene es que es bastante perspicaz, pero también es bastante prudente.
—¿Cómo está?
—E... —quiero decirle que se recuperará, que todo está bien, pero al momento en que abro mi boca, las palabras se quedan como un nudo en mi garganta, Sesshoumaru apoya su mano izquierda sobre mi hombro para darme fuerzas.
—Por el momento estable, ¿podrías quedarte con ella? Tu madre y yo tenemos que ir a hablar con el médico.
—Claro.
Hakudoshi se queda viendo a través del cristal que separa la habitación de Kanna del pasillo, está llena de cables, es demasiado pequeña para este tipo de afecciones.
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Recorremos la entrada del hospital, las paredes verdes, las enfermeras con sus impecables uniformes blancos y los médicos con sus gabachas y el porte que solo ellos pueden tener, nos observan caminar, él detrás de mí, sin decir nada mientras yo conservo el silencio.
Al estar frente al ascensor, lo llama por medio del panel de control. La sala de cuidados intensivos de pediatría se encuentra en el 3er piso, Kanna solo tiene 6 años, por lo que es obvio que allí es a donde se encuentra.
Entre mi histeria, mis gritos y mi desesperación, una de las enfermeras, por orden del médico, me sacaron inclusive del piso completo. Quise ir primero a la capilla para pedir por mi pequeña peli plata que está debatiéndose entre la vida y la muerte, pero por alguna razón me fui a llorar frente al hermoso árbol de Sakura que se encuentra en el patio más grande del hospital. Alrededor de él hay muchas bancas blancas y postes con faroles del mismo color, el lugar a donde llevan a los pacientes a recuperarse, ya que la vista en sí es bastante terapéutica.
—La oficina del médico es la 5ª puerta a la izquierda —me indica Sesshoumaru y no le respondo, solo camino hacia ella como si fuese un zombi.
Él toca primero y escuchamos la profunda voz del médico que nos da la entrada al otro lado. Sesshoumaru como el caballero que siempre ha sido, o más bien, como los modales que siempre ha tenido no importando el qué, me abre la puerta y me cede el paso.
—Señora Higurashi, señor Taisho, por favor tomen asiento.
El médico tiene una voz ronca y profunda que más bien se asemeja a la de un locutor de radio, pero aun así es bastante suave, lleva una blusa de botones de color celeste y rayas azules cerca de ellos, es fácil para mí reconocer la marca solo con verlo.
—Dr. Nakahara, dígame, ¿cómo está mi niña? ¿Cómo está Kanna? —le pregunto con desesperación.
Suikotsu Nakahara es uno de los mejores especialistas pediátricos no solo de Tokio sino de todo Japón. Su cara es bastante gentil, da la impresión de que él solo vive para y por sus pacientes, tiene cabello café oscuro y es un poco largo, quizás hasta los hombros, aunque lo lleva en una coleta baja.
—Señora, como le dije a su esposo antes...
—Ex, doctor, exesposo —aclaro y la garganta me duele cuando lo digo en voz alta. Sesshoumaru solo niega de un lado a otro por mi falta de tacto mientras el médico no dice nada.
—¿No puedes guardarte esos comentarios para otro momento Kagome? —me regaña indignado y yo me siento avergonzada, Suikotsu solo carraspea llevando su mano derecha a la boca.
—Perdone señora Higurashi, cómo le decía al señor Taisho —retoma la conversación—, Kanna se encuentra bastante delicada, las próximas 48 horas la respuesta de su cuerpo será bastante crucial.
—¿Mo... —un nudo en mi garganta me impide hablar, arrugo mis ojos que tanto me arden de llorar, y respiro inhalando y exhalando lentamente el aire—. ¿Morirá?
Suikotsu emite un pequeño suspiro, casi imperceptible y luego se levanta instándonos a hacer lo mismo, nos movemos a un extremo de su consultorio en donde tiene el aparato para poder leer las radiografías, las cuales coloca luego de encender la luz blanca.
—Kanna tiene una enfermedad llamada «Enfermedad de Kawasaki», es una vasculitis, es decir, una inflamación generalizada de las arterias del organismo. Es una enfermedad rara, 90 de cada 100,000 niños la padecen.
—Solo... solo tenía fiebre y le dolía la garganta... —digo en voz alta intentando buscar nuevamente una de las sillas para poderme sentar antes de que mis piernas cedan—, solo eso.
—Doctor, ¿por qué Kanna? ¿Cómo la contrajo? —pregunta ecuánimemente Sesshoumaru, mi cabeza está a punto de estallar, no puedo pensar. El médico niega de un lado a otro encogiendo sutilmente sus hombros.
—En realidad señor Taisho, se desconoce la causa de la enfermedad de Kawasaki, pero se sospecha que puede haber un componente genético que condiciona una reacción inmunológica excesiva después de una infección por un agente que no se conoce, probablemente un virus.
—¿Un virus? —logro repetir lo único que he entendido—. ¿Quiere decir que ella se contagió de algo, y hemos tomado las acciones inadecuadas creyendo que era una enfermedad sencilla, cuando realmente era otra cosa?
—Esta enfermedad es tan atípica que suele presentarse confusiones señora Higurashi, generalmente suele atacar más a niños que a niñas, pero no es improbable como en este caso. Además de la fiebre, su hija presentó solo uno de los cuatro criterios clínicos para poderla diagnosticar con esta enfermedad, los siguientes 3 criterios se le fueron presentando cuando ingresó al hospital.
Niego de un lado a otro llorando. No entiendo nada de lo que dice, pero por su tono de voz entiendo que es grave.
—Doctor, ¿qué probabilidades tiene Kanna? —la pregunta de Sesshoumaru es directa y sencilla.
El médico cambia una radiografía por otra. Yo levanto mi mirada, aunque quiera explicarme que es lo que estoy viendo, no creo poder entender. Además, en un pequeño aparato nos enseña el resultado de su «ecocardiografía».
—En esta enfermedad se pueden presentar algunas anomalías que conllevan a complicaciones, podríamos proseguir con un bypass, es decir —aclara una vez que ve mi interrogación reflejada en todo mi rostro—, una cirugía que crea un nuevo camino o desvío para que la sangre llegue al corazón, sin embargo hemos detectado que Kanna tiene un aneurisma arterial coronario —al decirlo veo cómo indica, en la placa que está frente a nosotros, algo parecido a un gusano o algún tipo de trayectoria que se distingue del resto—, lo correcto sería hacerle una angioplastia transluminal coronaria con implante de un stent cubierto con vena.
Lo juro, los médicos deberían de tener más consideración con nosotros ante tanto término que parece que podría detenerse mi corazón.
—¿En qué consiste? —pregunta Sesshoumaru, pareciera que yo he desaparecido por completo solo quedando mi cuerpo como constancia de que existo.
—Es una intervención no quirúrgica que se realiza para abrir las arterias coronarias que están produciendo este aneurisma y que impide que la sangre llegue a su corazón, el stent es un pequeño tubo de malla el cual ayuda a prevenir que haya bloqueos u obstrucciones en la arteria meses o años después de la angioplastia.
A partir de ese momento, mis oídos se cierran, creo escuchar nada más que entre las complicaciones en la sala de operaciones podrían ser desde un sangramiento hasta un infarto, y en su recuperación alguna infección producida por este tubo, pero si todo sale bien, la operación podría resultar un éxito.
También si no se le da tratamiento corre el riesgo que este problema se complique y haga que ella se desangre internamente.
No sé qué hacer, ¿qué es lo correcto? Como padres esperas tener todas las respuestas para que tus hijos nunca tengan algún tipo de padecimiento y dolor, lo único que deseamos es que sean felices y se comporten como niños normales para poder tener una vida larga y plena.
Suikotsu explica algo más que no logro escuchar, la operación se debe de hacer lo más pronto posible, así que Sesshoumaru da el consentimiento, lo que restará es esperar.
PD: Un agradecimiento especial a mi querida amiga Roserwin, ya que en su momento, ella me ayudó a verificar que lo que decía Suikotsu fuese coherente, mi pequeña gran doctora, gracias!
