Disclaimer: Todos los personajes son de S. M. no mios, yo solo los pervierto un poco
este capitulo va dedicado a mi beta...espero que les guste.
"Mas que solo una sesión terapéutica"
...
POV BELLA:
"En todo aquello que vale la pena tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor o tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir"
Gilbert Keith Chesterton
Mi vida estaba regida por esa frase, pero la verdad era que la otra noche no había valido la pena.
Estaba preparándome para una ducha que relajase todos mis músculos. No me molestaba el dolor durante una sesión de sexo duro, pero si se un novato solo lograrías conseguir un dolor de huesos al otro día, y el idiota con el que había salido la otra noche resulto ser un inexperto, no solo en esa clase de sexo, si no en sexo en general.
Casto.
Arg! Odie haber sido tan estúpida ¿Cómo me había podido engañar por un primerizo?
Mike Newton no era solo un idiota, no, también tenia que ser precoz. Se había venido antes siquiera de que se empezara a forma ese nudo en mi vientre.
Suspire frustrada, extrañaba un buen orgasmo. Extrañaba a Dimitri . Él si sabia hacer que una tocara el cielo con las manos. Siempre lograba lo que se proponía, y esa característica tan propia de él lo hacia un hombre irresistible.
Aún recuerdo la primera vez.
Dimitri había estado semanas insinuándoseme de diferentes maneras y aun cuando jamás le dirigí la palabra él no desistía. Realmente conocía el significado de la palabra perseverancia.
Luego de un tiempo me pareció interesante seguirle el juego, y cuando mencionó que tenía unos juguetes que me harían alucinar no dude en aceptar su invitación a su departamento.
Con 19 años ya había experimentado el sexo y me gustaba, pero sentía que le faltaba algo que lo convirtiera en algo más que una experiencia excitante o emocionante. Algo como un reto o una dosis de peligro para condimentar el placer surgido entre esos encuentros. Un placer más extremo y perdurable. Algo más gratificante que no se esfumara tras llegar a esa culminación. Y Dimitri parecía tener ese algo.
A las nueve treinta estaba escabulléndome del dormitorio de la universidad para que Alice no me viera.
Cuando llegue a la universidad de Washington me había tocado –por suerte- compartir dormitorio con Alice y otra chica más de la cual nos hicimos amigas inmediatamente. Rosalie ya estaba cursando el segundo año, cuando nosotras empezamos, y había sido novia de Dimitri, por lo que ahí estaba escapándome para que Rose y Alice no se enteraran.
El departamento de Dimitri se encontraba a diez minutos caminando de la universidad. Pare para tocar el intercomunicador y la puerta se abrió inmediatamente, dejándome entrar, inmediatamente me metí al ascensor y marqué para subir al 7mo piso.
Al llegar, cuando las puertas del ascensor se volvieron a abrir, me quede estupefacta. En la puerta del departamento se encontraba Dimitri esperándome con una sonrisa plasmada en el rostro.
La vista de su magnifico cuerpo quitaba el aliento. El solo llevaba puesta una bermuda dando al descubierto un impresionante pecho bien definido, hombros anchos, brazos extremadamente musculosos y unos abdominales que te daban ganas de comerlos como una barra de chocolate.
Pero toda esa gloriosa visión se fue al tacho cuando abrió la boca.
-Hola, preciosura llegas puntual.
Rodé los ojos. Odiaba que me llamaran preciosura cual puta barata, pero como en realidad me importaba poco lo que pensara Dimitri lo deje pasar.
-Y Dimitri me invitaras a pasar o ¿qué?-le pregunte señalándole que todavía no me había invitado y que su cuerpo me obstruía el paso a su departamento.
Automáticamente se movió haciéndome un gesto para que entrara.
–Adelante dulzura- me dijo en su habitual tono ruso, que cuando pronunciaba ciertas palabras como dulzura me hacia reír por como las pronunciaba.
-Sabes Dimitri, para ser enorme eres más gracioso que intimidador…- decía entre risas antes de que el me cortara.
-No me compares con tu estúpido hermano preciosura- gruño a mi oído mientras me tenia agarrada fuertemente por la cintura- porque créeme que puedo ser muy mas amedrentador si me lo propongo.
Una sonrisa de triunfo se extendía por mis labios. Amaba que Dimitri mostrara su lado más rudo, ése que me atraía y lograba que me excitara de un modo poco habitual. Desde la entrada recorrimos un corto pasillo que nos dio paso a la sala en la cual, en la parte posterior había un pequeño bar repleto de bebidas.
-¿Whisky?-me ofreció Dimitri desde allí.
-Claro.
Cuando tuvo las bebidas servidas me acerque a él para tomar mi vaso. El mini bar estaba completamente bien surtido, tenia todo tipo de bebidas que ni siquiera sabia que existían, aunque claro, tampoco es como si hubiera tomado mucho antes, solo lo hacia en ocasiones especiales como esta. También tenía una coctelera y unas cuantas frutas. Me tome el whisky de un solo trago y al instante sentí cómo el liquido bajaba por mi garganta quemando todo a su paso hasta llegar a mi estomago.
Cuando Dimitri vio la cara que había puesto al tomar "la inocente bebida para él" comenzó a reír a mandíbula suelta.
Lo fulmine con la mirada y le pedí que me sirviera más.
Me miro arqueando una ceja.
-Sírveme- le ordené.
-De acuerdo, pero si tanto te gusta el whisky por qué no probar algo igual o un poquito más fuerte- me reto y yo no estaba dispuesta a ceder.
-Claro- acepte sin inmutarme.
-Por qué no…-decía mientras miraba a lo largo de toda la estantería repleta de licores- ¡Aja! Caña. - tomo la botella con expresión victoriosa y me la paso. La bebida tenia la misma pinta que el vodka por lo que se me ocurrió que si él podía jugar conmigo, lo mismo podía hacer yo con el.
-De acuerdo, pero me apetece hacer un experimento- sugerí tomando la banana que se encontraba junto a la coctelera- ¿que tal algo así como un daiquiri?
Mire a Dimitri que estaba totalmente desconcertado. Lentamente pele la banana sin apartar la mirada de Dimitri mientras tomaba la botella entre mis manos. Rocié la banana con la caña y luego lamí el pico de la botella evitando que se desperdiciara ni una sola gota. Dimitri tenia razón con respecto a la caña, el liquido era realmente fuerte, mi lengua escocía pero decidí ignorar la quemazón y concentrarme en hacer cosas más productivas con la lengua. Me relamí los labios y le di una pequeña lambida a la punta de la banana. Comencé a hacer largos trazos por toda su extensión antes de volver a hacer círculos en punta, para luego metérmela por completo en la boca, chupando con fuerza, sintiendo la deliciosa combinación de la fruta y el licor.
El sabor era tan exquisito que un gemido salió de mis labios. Sentí como unas grandes manos me tomaron fuerte por la cintura aplastándome contra un abdomen fornido y una gran protuberancia erecta.
Un nuevo gemido escapó de mis labios pero esta vez fue de pura excitación. Gire para poder ver a un Dimitri muy excitado, con las pupilas dilatas de puro deseo que ataco mi cuello sin ninguna consideración, succionando y mordiendo con fiereza, y yo estaba complacida por eso.
-Ahora probaras algo mucho más grande y jugoso preciosura- gruño Dimitri contra mi cuello.
Alguien aporreo la puerta sacándome de mi ensoñación.
-¡Bella! Apúrate que quiero entrar.- me gritaba el idiota de mi hermano Emmett al otro lado de la puerta.
-Pues te jodes Emmett, ahora me estoy bañando.
-¡Bella, si no te apuras juro que tiro la puerta y orino en tu cara!—me amenazó.
Automáticamente me levante de la bañadera. El muy idiota era capaz de hacerlo. Me envolví en una toalla lo más rápido que pude y abrí la puerta del baño. Y allí estaba él con una sonrisa radiante como si nada. Lo fulmine con la mirada, a la que él me correspondió con un beso en la mejilla.
-Vamos Bells, las necesidades fisiológicas son primero. Además, si te pasas mucho tiempo en el baño contaminas el planeta.
Rodé los ojos y salí del baño apoyándome en la pared junto a la puerta que permanecía abierta.
-Emmett, ¿cómo puedes hacerlo con la puerta abierta? ¡Eres un asco!
Emmett soltó una carcajada desde dentro del baño.
-He hecho cosas peores con una la puerta abierta- me recordó y me estremecí.
A nadie le gusta llegar a su casa, encontrar la puerta abierta y al pasar, encontrar a su hermano teniendo sexo en la cocina con su novia que dicho sea de paso es una de mis mejores amigas.
-Tu y Rosalie son unos exhibicionistas- le increpe.
-Solo nos gusta el peligro, peque- me corrigió apoyándose a mi lado contra la pared.
Me gire para verlo de frente.
-Espero no hayas dejado olor-le advertí.
-Bella-Bella de los placeres sin pecar, el más barato es cagar.
Intente parecer seria pero una pequeña risilla se escapo de mis labios. Por mucho que lo intentara sus tonterías siempre me hacían gracia.
-Ya muévete que quiero pasar- dije empujándolo.
Cuando estaba apunto de cerrar la puerta a mis espaldas Emmett me tomo por los hombros para hacerme girar.
-¡Que rayos Isabellla! ¿Qué es esto?- me grito mientras tomaba mi rostro y lo hacia girar hacia el espejo para que pudiera ver de lo que hablaba.
-Mierda -refunfuñe- No es nada Emm- intente tranquilizarlo.
-¡Nada!-grito-¿¡Nada! ¡Tienes una maldita cortadura en la espalda que más parece una puñalada y me dices que es Nada!.
-Vamos Emm…-intente explicarle pero no me dejó.
-Me prometiste que no lo harías más…
Me quede atónita. Que carajos pensaba Emmett que había hecho. Y ahí caí en la cuenta de lo que hablaba.
-Es que no entiendes que podrías terminar mal niña- me sermoneo.
-Yo no me meto en lo que tú haces con Rose- le grite. Ya había perdido la paciencia. Odiaba que me tratara como si fuera una niña.
-Te llevare a ver a un psicólogo.
-¿Qué?
-Tiene que ser algo psicológico, no puedes hacerte eso…- empezó a divagar.
-No pienso ir- le advertí.
-O vas o te llevaré de nuevo con papá- me amenazó.
-Soy mayor de edad, no puedes enviarme con Charlie.
-Puedo y lo haré. Ya lo hablamos una vez…
-Vete al infierno Emmett-grité cerrándole la puerta en la cara. Escuche como suspiraba atrás de la puerta.
-Lo hablaremos más tarde- dijo antes de marcharse.
No podía creer que mi propio hermano quisiera enviarme a un psicólogo o peor aún, con Charlie. Jamás volvería a casa de mis padres. No después de lo que habían intentado hacerme.
xoxoxoxoxo
Estaba sentada en la sala del departamento mirando la ventana, esperando que apareciera por arte de magia Alice o Rosalie. La verdad hoy tenia ganas de fastidiar a alguien y Alice o Rose parecían una buena opción. Por eso estaba sentada frete a la ventana con una remera de franela color naranja viejo y unos pantalones de pijama de algodón rotos en la parte de los pies por tanto usar y ni hablar, manchados con lavandina.
Si Alice me viera le agarraría un infarto. Y hablando de la reina de las modas, un Porsche Turbo 911 doblo la esquina. Tal vez si no hubiera doblado lo hubiese visto antes. El auto de Alice era difícil de ignorar por su color amarillo canario. Ella amaba a ese coche igual que a la moda.
Cuando abrí la puerta para que mi amiga entrara, me saludo con su súper abraso estrangulador. Para ser pequeña tenia casi la misma fuerza que Emmett.
-Bella-grito en mi oído.
-Hola Alice, pasa-la salude con una sonrisa de oreja a oreja al ver como fruncía el ceño al ver mi vestimenta.
Misión cumplida.
-¿Qué me tenias que contar?- pregunto yendo al grano. Alice no se andaba con rodeos.
Le relate todo lo que había sucedido con Emmett la noche pasada. Cómo había descubierto el corte en mi espalda y había exagerado ante eso.
Alice me escuchaba con el ceño fruncido.
-Bella, tal vez Emmett tenga razón y necesitas ir a un psicólogo o algo así…- inquirió Alice tímidamente- tal vez Jasper pueda recomendar a alguno de sus compañeros…
Arqueé una ceja.
-Disculpa Alice, ¿Jasper? ¿Recomendar?
Alice se quedo callada mirando el suelo.
Jasper es el novio de Alice desde hace dos años. Ellos se conocieron gracias a mí, por así decirlo. Jasper fue uno de mis amoríos y ambos éramos iguales, nos encantaba experimentar.
Flashback
Iba caminando por las atestadas calles de las Vegas. La gente no paraba de ir y venir por todas partes. Vi a una mujer vestida de una manera muy provocativa, la verdad, había muchas vestidas así pero ésta era diferente. Su aspecto era salvaje, leonino, con su cabello largo y rojo como una llama y su caminar felino. Su vestido negro cortado en las partes adecuadas dejando a la vista sus largas piernas y su escote, dejando al descubierto la suficiente piel para dar la impresión de encontrarse desnuda pero aún así vestida.
La mujer se paro frente a un club, el "Darklight".
Me acerque con la intención de contratar sus servicios aunque realmente no sabía que haría con ella. Nunca había estado con una mujer, y ni que hablar de una prostituta, pero eso era lo que más me llamaba. Como me gusta decir: "una nueva primera vez".
-Hola preciosura, ¿cómo te llamas?- le pregunte al oído.
-Victoria- respondió a la vez que se daba la vuelta para enfrentarme. Me inspeccionó con la mirada de abajo a arriba, antes de regalarme una sonrisa torcida.
-Y dime Victoria- susurre acercándome a su boca- ¿Cuánto cobra?
Ella rio con regocijo.
-No hago ese tipo de trabajo cariño pero con gusto te dedicare un baile- inquirió señalándome el cartel del club que decía "strippers" e ingreso, no sin antes de terminar de adentrarse decirme "pista cuatro".
Me pareció extraño que me dejaran ingresar pero al parecer, era la invitada de Victoria. El mismo hombre de la entrada se encargo personalmente de guiarme hasta la pista cuatro.
El ambiente del lugar parecía inundado en una gran penumbra. Los sillones estaban forrados de cuero rojo y colocado en frente de las mesas que tenían pequeñas escaleras para lo que supuse seria facilitar el acceso a las bailarinas para subir y bajar a gusto.
A pesar de ser una de las salas más grandes de todo el club había muy pocas personas, por lo que supuse, la entrada debía ser exclusiva.
Me colocaron a una mesa que estaba conectada al pequeño escenario cubierto por un telón. A mi lado se sentó un hombre rubio, con cuerpo atlético . Su cabello era ondulado y uno de sus mechones caía en su frente. Él de un movimiento grácil lo echó hacia atrás. De reojo pude ver que me observaba y él al percatarse, ladeó la cabeza y me dedico una sonrisa entre juguetona y perversa, justo cuando las luces se tornaban rojas
Comenzó a sonar una canción que reconocí como "enjoy the silence de Depeche Mode".
Victoria apareció detrás del telón. Llevaba puesto en vestido negro con encaje rojo en las partes que debería estar la ropa interior. A pesar de que el vestido la cubría por completo, se le ajustaba de una forma que parecía ser una segunda piel, dando la impresión de tener una piel oscura y estar solo en ropa interior.
Ella comenzó a mover sus caderas al son de la música, subiendo y bajando sus manos desde la cabeza hasta las caderas, delineando todas sus curvas, a veces bajando con un provocativo meneo y subiendo como si se tratase de una serpiente egipcia siendo llamada por el sonido de flauta. Cuando sus manos volvían a subir por sus pechos en un movimiento brusco y rápido tiro de la tela arrancándola a la altura de los hombros dejándolos libres juntos con sus brazos. Siguió moviendo sus caderas mientras hacia a un lado la tela desgarrada, sus manos volvieron a sus pechos para masajearlos y darles pequeños pellizcos hasta dejarlos duros mientras tenia la vista fija en mi. Una de sus manos dejo de masajear su pecho para recorrer un camino sinuoso hasta su mandíbula y detenerse en sus carnosos labios. Mordió su dedo índice como intentando contener un gemido y comenzó a caminar en mi dirección, con sus pasos felinos. La otra mano que aún se encontraba masajeando sus pechos se deslizo hacia su espalda para sacar de allí una daga con la que desgarro nuevamente su vestido a la altura de los muslos, dejando a la vista unas increíbles piernas largas, blancas como la nieve.
Cuando llegó frente a mi se agacho hasta dejar nuestros rostros a la misma altura y con el dedo que había estado mordiéndose acerco mi rostro al suyo, tanto que podía sentir su aliento chocar contra mis labios entreabiertos. De repente, clavo con fuerza la daga entre nosotras dos y se alejó llevándose el vaso del hombre sentado junto a mi, para tomarlo de un solo trago. Volvió hacia atrás y siguió bailando sensualmente. Esta vez sus manos ya no acariciaban sus curvas sino que las tocaba de una manera que parecía que en cualquier momento arrancaría su vestido. Nuevamente llevo sus manos a su espalda de donde sacó esta vez no una, sino cuatro dagas entre sus dedos, dándole aspecto de garras. Llevo sus garras hacia su vientre y aplicando una leve presión fue dejando desgarrado el vestido que ahora dejaba a la vista su níveo vientre. Con un salto ágil se bajo del pequeño escenario y empezó a bailar alrededor de toda la sala. Acercándosele a los clientes que la miraban con deseo de una manera provocativa. Acercándoles el pecho al rostro. Pasando sus largas piernas por sus regazos, o a veces incluso, mordiéndoles el cuello pero antes que alguno pudiera siquiera tocarla ella se alejaba dejándoles solo una daga de recuerdo.
Cuando su actuación terminó y las luces iluminaron un poco más la estancia, observé la daga que Victoria había dejado clavada en la mesa frente a mí. Era simple. Una daga de doble filo, muy afilada, con un mango negro en el cual traía tallado de un lado "Victoria" y del otro "Darklight".
-Creo que esta noche no obtendremos más que esa hermosa daga para jugar, de parte de nuestra felina amiga- inquirió el hombre sentado junto a mi- pero sin duda ese casi beso entre ustedes dos a sido un plus que le agrego más erotismo al espectáculo.
Mientras hablaba sus ojos azules desprendían una chispa extraña al mirar la daga y a mi. Puse la daga frente a mis labios y le di una pequeña lambida.
-Sin duda será un lindo juguete-comente observando la daga entre mis manos y luego mirándolo a él.
-Pues aprovechémosla- propuso.
Nos dispusimos para salir de aquel lugar. A penas salimos del Darklight él me tomo el mentón entre sus manos y me beso de forma ruda, a lo que yo respondí con el mismo ímpetu.
Sin darnos cuenta nos metimos en un callejón.
El beso era rudo. Desaforado. Como si en nuestras bocas hubiese explotado una guerra encarnizada y nuestras lenguas fueran las que se disputaban el poder del territorio de una sobre la otra.
Mis manos se fueron a su rubio cabello mientras él me tomaba por la cintura para posicionarme mejor sobre su cadera. Mi sexo se rozo contra su dura erección haciéndonos gemir a ambos en la boca del otro.
Tuvimos que separarnos en busca de aire pero aún así sus labios no se separaron de mi piel, sino que bajó por mi mandíbula hacia mi cuello lamiendo y mordiendo en puntos sensibles. No pude evitar gemir y rozarme contra su miembro cuando el mordió y tironeó con fuerza del lóbulo de mi oreja.
-Hoy gemirás por mi querida…-susurro en mi oído.
-Bella- dije mi nombre en medio de un gemido.
-Bella –gruñó él atacando de nuevo mi cuello, mientras yo pasaba mis manos por toda su escultural espalda.
-Soy Jasper- dijo presionando su erección con fuerza contra mi sexo.
Fin flashback
¿Qué mierda hacia recordando lo que hacia con el actual novio de mi mejor amiga?
Alice seguía mirando el suelo con carita compungida. Me regañé mentalmente. Odiaba ver a Alice triste, era como mi hermana.
-Jasper es bueno- lo defendió Alice aún mirando el suelo.
-Lo sé enana- suspiré al tiempo que la abrasaba- dile que me saque turno con alguno de sus amigos loqueros.
Alice alzo su rostro con una sonrisa radiante en el.
-Sabia que aceptarías- inquirió muy segura de si misma, tocándome la punta de la nariz con su dedo índice.
Rodé los ojos, aquí volvía el pequeño demonio comprador compulsivo también conocido como Marie Alice Brandom.
-Quien sabe. Tal vez conoces a alguien y obtengas más que una sesión terapéutica- insinuó- lo que me recuerda- señalo mi ropa- necesitas un cambio de armario.
Si, efectivamente volvía a ser Alice Brandom.
-No, Alice. Ya lo hiciste el mes pasado, no te dejare otra vez- le advertí.
-Pero Bella- me rezongo- como haz dejado que pasara tanto tiempo, o sea, ¡un mes! –Grito escandalizada- ¿sabes lo que significa?
-¿Qué?- pregunte aburrida. La verdad era que ya me sabía su discurso de memoria.
-Un mes, 31 día, 744 horas fuera de la moda. ¡No puedo permitir eso!-grito tirando de la manga de mi remera como si fuera un niño chiquito que intenta llamar la atención.
-De acuerdo, Alice hazlo.
Suspire resignada, de nada serviría pelear con Alice si de todas formas siempre se salía con la suya.
-¡Si!-grito pegando saltitos.
-Si no te conociera de pequeña pensaría que Jasper te da algo para mantenerte hiperactiva.
- Ja, ja Swan yo no soy hiperactiva. Ahora empecemos con el cambio.
Gemí. Sería una tarde larga.
-Primero, nos desharemos de esos horribles pantalones- inquirió mirando con asco los pantalones que tenia puestos.
Remarco el «tenia» porque Alice acababa de quitármelos sin importarle que me callera de culo y quedara en ropa interior en el proceso.
-Alice-me queje mientras me frotaba el trasero. Alcé la cara para ver a mi amiga y quedé espantada por la escena.
-¡Alice no!
Pero ya era tarde, el demonio comprador compulsivo había quemado mi inocente pantalón con su lindo encendedor.
Repito seria una larga tarde.
Me levante con un humor de perros por el cansancio.
Alice me había hecho recorrer todo el centro comercial probándome miles de cosas hasta que los locales cerraron, ¡A LAS DOCE DE LA NOCHE! No sabía de dónde sacaba Alice este lugar tan activos como ella, pero debía admitir que eran baratos y tenían lindas cosas.
En medio de nuestra excursión –aprendiendo a ser fashion de la mano de Alice Brandom- ella llamó a su novio para arreglar una sesión con uno de sus colegas. Por si no lo he mencionado, Jasper es psicólogo pero se especializa en psicología corporativa por lo que solo atiende a los de la empresa Twiligth.
La cita con mi nuevo loquero era hoy. No sabía de donde sacaría energía para dirigirme a donde quiera que estuviera el consultorio. Me metí al baño para intentar relajarme con una ducha, y para mi suerte -que era prácticamente inexistente-, funciono.
Ya con más ánimos me puse uno de los nuevos trajes que Alice me había obligado a comprar. Era lindo, sencillo y sexi como a mi me gustaban.
El traje consistía en una falda y chaqueta rosa pastel con encaje negro en los bordes. La falda llegaba hasta mis rodillas peo tenía una abertura a la altura de la mitad del muslo dejándolo a la vista y aportándole mayor movilidad, ya que era muy ceñida al cuerpo. Sobre la falda me puse una simple camisa con botones y escote en V. Lo convine todo con unas trampas mortales que Alice se empeñaba en llamar zapatos.
Tome mi bolso y me dirigí al Starbucks a media calle de mi edificio para desayunar. Pedí mi cappuccino mocha y me senté a esperar que apareciera ese par de esmeraldas que me tenían loca.
Espere alrededor de una hora pero él no apareció. El lugar comenzó a llenarse por lo que decidí irme.
Antes de cruzar la calle volví a mirar hacia atrás y allí estaba mirándome.
