N/A: Lamento haberme tardado tanto en actualizar, tenía que terminar primero la historia de "El Inframundo", además de que ahora ya trabajo y me cuesta más trabajo escribir, en fin.

Hay algo que tengo que decir, que debí esclarecerlo desde el capítulo uno, pero lo haré de una vez.

Esta historia, sí es un Swan Queen, pero no como la mayoría espera. Lo que están leyendo es una simple historia de Amistad, no lo que muchos quieren que sea. Sólo les pido que, le den una oportunidad, nada más, ya que ésta es mi manera de ver la relación de Emma y Regina, así que, no cambiaré de postura. De antemano, muchas gracias.

Andriux Horowitz


II

Henry


San Diego, California

El Presente

─Psst ─susurraba Emma en el oído de Killian─. Despierta, dormilón.

─Cinco minutos más. ─Replicaba el hombre todavía adormilado.

─No podemos, es tarde. ─Respondía la mujer tratando de levantarse de la cama.

─Repórtate enferma, Swan ─suplicaba Killian tomando su brazo─. Hay que disfrutar de este día.

─Ya me he reportado enferma tres veces este mes, Killy ─alegaba Emma soltándose de su agarre─, que Gold no esté cerca no significa que no sepa todos mis movimientos.

─Ese Maldito Cocodrilo ─refunfuñaba él, pasando su mano por el rostro─, siempre encontrará la forma de estropearme algo.

─ ¿Qué puedo decir? Fui su chica primero. ─Bromeaba Emma corriendo al baño.

─Muy graciosa, Emma ─exclamaba Garfio enfadado─. Sigue con eso, y ya verás.

─Jones, cállate y entra conmigo. ─Pedía ella desde el interior del baño.

─Ya verás, Swan. ─Respondía Killian entrando a la regadera junto con ella.

Emma y Killian salían de la regadera después de muchos intentos fallidos por tomar una ducha juntos y en paz. Ambos estaban felices por la relación que tenían, y lo mejor es que estando con el otro olvidaban sus problemas por un instante.

─ ¿De verdad no puedes faltar? ─Preguntaba Killian mirándose al espejo.

─No ─negaba su novia terminando de alistarse─. Te dije ayer que no podía faltar hoy, tengo que entrevistar a los internos, y el informe para Robert debe estar el viernes, lo siento Killian, esta vez no puedo faltar.

─No importa, Emma, está bien, de todos modos ─reconocía Killian abrazándola─ tengo que ir a ver a Bella sobre el viaje a Los Ángeles para cubrir el partido de los Lakers. ¿Almorzamos juntos?

─Lo siento, pero hoy es jueves, los jueves almuerzo con Ruby. ─Declaraba Emma mirándolo a los ojos.

─Sólo porque ella me cae bien, trataré de no enfadarme tanto ─bromeaba él dándole un pequeño beso─. Al menos, los domingos te tengo todo el día conmigo, hablando de eso, ¿irás conmigo a Los Ángeles?

─ ¡Claro que sí! ─respondía ella con mucho entusiasmo─. Y sólo para que sepas, eso que dijiste sobre Ruby, aunque haya sido de broma en ambos casos, pero, Víctor opina lo mismo que tú.

─Es un hombre sabio. ─Expresaba Killian sonriendo con orgullo.

─Claro, hombre sabioreplicaba Emma imitando su acento─. Vámonos, que no importa que Gold esté en Francia ahora mismo, se siente su presencia en la Agencia.

─Te sigo, Capitana Swan.

─Camina y guarda silencio. ─Contestaba Emma con una sonrisa en el rostro.

Subieron al auto de Killian y éste último la dejó en la entrada del Edificio donde se encontraba Saplent Corporation. Emma revisó la hora y corrió lo más que pudo para tomar el ascensor, cuando entró en él, se encontró a Robín subiendo a su piso.

─Buenos días, Sr. Locksley. ─Pronunciaba Emma respetuosamente.

─Muy buenos días, Señorita Swan. ─Respondía Robín con voz burlona.

─ ¿Disculpa? ─Cuestionaba Emma indignada.

─No es nada, Emma ─decía Robín permitiendo la salida de unos empleados─. Es sólo que Roland quería saludar esta mañana al Tío Killy, llamamos a su Departamento, y respondió la contestadora. Así que, supuse que el Joven Killian Jones no estaba en casa, sino en Point Loma. ¿Estoy en lo correcto?

Robín Locksley o Robín Hood, como sus amigos solían llamarlo por su increíble puntería con los dardos y su gran humildad, era un hombre, listo y astuto que solía darse cuenta de las cosas mucho antes que los demás, además de ser el Maestro de las cuentas y los números, dentro de la Agencia, él era el Director del Departamento de Finanzas y el Jefe inmediato de Ruby, la mejor amiga de Emma desde que ambas tuvieron uso de razón.

─Tu silencio me lo ha confirmado todo ─afirmaba Robín casi a punto de estallar de la risa─. Pero, no tienes por qué avergonzarte.

─No estoy avergonzada ─respondía Emma golpeándolo en el estómago─. Es sólo que, el hecho de que tus amigos se den cuenta de lo que ocurre a tu alrededor antes de que tú puedas explicarles, es un poco frustrante.

─Te dejaré en paz con eso ─continuaba Robín─, cambiando de tema, ¿ya sabes que harán tú y Killian el Domingo?

─Si Bella le da luz verde, iremos el fin de Semana a Los Ángeles.

─ ¿Tú ir a Los Ángeles? ─cuestionaba el hombre extrañado─. Creí que odiabas ir a ese lugar.

─No odio Los Ángeles ─replicaba Emma moviendo su mano─, no me trae buenos recuerdos, sabes que sólo me aparezco por allá cuando Gold me manda, pero es posible que Killian cubra el juego de los Lakers, y quiere que lo acompañe. Honestamente, Robín, mientras esté con él, todo siempre pinta bien.

─Cuidado ─exclamaba Robín empujándola con su codo─. La Emma Swan enamorada está emergiendo de ti. ¿Dónde quedó esa chica adicta al trabajo y cerrada al Amor que conocí hace tres años?

─Si tanto la querías, no debiste presentarle a tu mejor amigo hace dos años, así que, es tu culpa.

─Sólo estoy jugando, Swan. Entonces, ¿mañana vendrás para la noche en la piscina?

─Hablaré con Killian, pero es probable que sí estemos en tu casa el día de mañana. ─Respondía Emma caminando hacia su piso.

─Por cierto ─agregaba Robín deteniendo la puerta del ascensor─, ¿ayer qué tenías? No estabas muy concentrada en la cena.

─Oscuros secretos del pasado que pronto conocerás, Robín, tengo que irme, ya voy tarde.

─Nos vemos, Ems.

Emma y Robín se despidieron con un beso en la mejilla, y ella corrió hasta llegar a con su asistente.

─Buenos días, Ashley ─pronunciaba Emma─. ¿Alguna novedad?

─ ¿Además de que es la tercera vez que llegas tarde en el mes? ─respondía su asistente a modo de pregunta─ No. Sólo que tus nuevos internos están a punto de llegar, hiciste bien en darles cita hasta las diez de la mañana.

─ ¿Quién lo diría? Parece que veo el Futuro ─respondía Emma entre risas─. Avísame por el comunicador.

─De acuerdo. ¡Lo olvidaba! ─expresaba Ashley chasqueando los dedos─. Regina Mills volvió a llamar.

─ ¿Le dijiste lo que te pedí? ─Preguntaba Emma con voz de fastidio.

─Sí.

─Bien, al menos me dará tiempo para hablar con mis amigos sobre ese asunto. Gracias.

Emma entró por fin a su Oficina, dejó sus cosas en su lugar, encendió su computadora personal, y comenzó a revisar todos los trabajos pendientes de la semana.

La planificación de la campaña para la nueva cuenta la tenía absorbida e inmersa en su propio mundo, no le prestaba atención ni a la música que se reproducía en su computadora. Así eran todos los días, la pasión de Emma por lo que hacía la convertía en otra persona cuando comenzaba a trabajar y a hacer que sus ideas fluyeran, sólo así, conseguía olvidar todo lo que le aquejaba, sólo así, se conectaba con lo que realmente amaba, la conectaba de cierta forma con aquellos que había olvidado indirectamente hace tantos años.

El tiempo pasó, y el intercomunicador sonó varias veces, en ninguna de ellas Emma contestó, así que Ashley tuvo que usar el último recurso que tenía para llamar la atención de Emma.

─Denme un minuto ─pedía Ashley sacando unas orejeras y una corneta de aire del fondo del último cajón de su escritorio─. En un momento más los atenderá, den un paso atrás… y tápense los oídos.

Ashley y los demás miembros de la Oficina presentes se pusieron sus orejeras, y los tres internos se taparon los oídos con las manos. Una vez que tuvieron todo listo, la asistente de Emma abrió la puerta e hizo funcionar la corneta.

Al escuchar el sonido estrepitoso del pequeño artefacto, Emma dio un salto en su silla, y comenzó a mirar a todos lados muy asustada. Cuando su cabeza al fin se quedó quieta, separó la vista de su monitor, y observó a Ashley intentando tapar su risa poniendo su mano en la boca con la corneta de aire en la otra mano.

Swan se levantó, y les hizo señas a los chicos para que entraran a su Oficina.

─Tomen asiento, por favor ─pedía Emma con voz autoritaria─. Ustedes tres han venido aquí para aprender, pero eso no les servirá de excusa para fallar a cada oportunidad que se les aparezca. Los escogí por sus aptitudes, habilidades y destrezas, y no quiero que me decepcionen. ¿Entendieron?

─Sí. ─Respondían los tres chicos al unísono muy nerviosos.

Emma amaba su profesión, por eso, todo lo que hacía triunfaba, quitándole grandes cuentas a las mejores Agencias de Los Ángeles, Santa Mónica y San Francisco, odiaba cuando algún fanfarrón llegaba a arrebatarle a un cliente, pero sobretodo, aborrecía a esos internos que simplemente estaban por estar, que no les interesaba nada. Swan era bastante exigente con lo que pedía, tanto que todos los internos llegaron a temerle hace tres años.

─Bien ─exclamaba Emma mirando por su enorme ventana─. Einstein decía que la Creatividad es la Inteligencia divirtiéndose, así que eso es lo que vamos a hacer hoy.

─ ¿De qué habla, Srta. Swan? ─Preguntaba la chica pelirroja acomodando sus lentes con la mano.

Emma no respondió, dio media vuelta, abrió un cajón, de él sacó tres hojas de papel, y las puso frente a ellos.

─ ¿Qué haremos con esto? ─Cuestionaba el joven de cabello con ojos azules.

─Simple, quiero que me vendan un concepto diferente de lo que tienen plasmado en esas hojas.

─Son cuentos de hadas ─alegaba el último joven de ojos color avellana─. ¿Qué es lo que usted espera que plasmemos?

─Eso, es lo que ustedes tres tienen que averiguar ─concluía Emma─. Tienen diez minutos.

─Espere ─pedía la pelirroja antes de que Emma dejara su Oficina─. ¿Y qué pasará si no terminamos en esos diez minutos?

─Bueno ─comenzaba Emma─. Hay dos opciones: convertirse en el Office Boy de la Agencia, o, buscar otro lugar para "adquirir" experiencia.

Swan cerró de un solo golpe la puerta de su Oficina, sin mirar a los tres chicos apurados.

─Te dije que no usaras esa corneta. ─Alegaba Emma tocando sus orejas.

─ ¡Nunca contestas, Emma! ─replicaba Arturo desde su cubículo─ Así que no te quejes.

─Tú a lo tuyo, Arturo. ─Contestaba Emma.

─Lo lamento ─se disculpaba su asistente─, pero nunca me haces caso.

─La que tiene que disculparse al parecer soy yo ─reconocía Emma mirando a Ashley─. Sólo haces tu trabajo.

─No te preocupes, Ems ─decía Ashley─. ¿Y qué dices de tus nuevos esclavos?

─Es muy pronto para dar una opinión clara.

─ ¿Pero qué es lo que dices? ─exclamaba Arturo consternado mientras caminaba hacia ella─ Eres la mejor perfiladora de California, ya deberías tener algo ahora.

─No tengo nada de ellos, en serio ─declaraba Emma con seguridad─. Sólo estuve con ellos menos de cinco minutos. Pero descuida, en un momento tendrás un perfil completo, y por escrito.

─Lo espero con ansias.

─Arturo ─comenzaba Gwen desde el cubículo de su chico─. ¿Ya tienes el imagotipo para el Club Medieval?

─Dame un minuto, Reina mía.

─ ¿Todavía no lo terminas? ─Cuestionaba Gwen cruzándose de brazos.

─Todavía necesito darle los toques finales ─justificaba Arturo caminando de vuelta a su lugar─. Sólo rasterizo capas, exporto, ¡y listo!

─Entonces, su Majestad. Deje en paz a su superior, y termine su trabajo ─exclamaba Gwen a modo de regaño y guiñándole un ojo a Emma─. ¿Entendió?

─Sí, Gwen.

Arturo regresó a su escritorio derrotado tras haber recibido el regaño de su chica, quien era la única capaz de hacer que cerrara la boca cuando todos lo pedían a gritos.

Emma y los demás miembros de su departamento se rieron durante toda la escena entre esos dos chicos enamorados. Los diez minutos transcurrieron, y cuando ella regresó al interior de su Oficina, se sentó en su silla, y notó a los tres jóvenes esperando ansiosos a que ella volviera.

─ ¿Cuánto tiempo llevan así? ─Pedía saber Emma.

─Todos terminamos hace unos tres minutos. ─Esclarecía la pelirroja.

─Primer punto malo para los tres ─señalaba Swan─. Aquí, cuando ustedes terminen algo, no esperen a que se los pidan, ustedes avisen, no importa que estemos en una reunión importante, o el mismo Gold está en esta Oficina, tomen la iniciativa. Sé que es el primer día, entiendo los nervios, se los juro, yo me veía mucho peor que ustedes cuando salí de la Universidad.

─ ¿De verdad? ─Preguntaban los tres muy asombrados.

─ ¡Claro que sí! Es lo más normal del mundo, no tengan miedo, las historias que les hayan contado en la SDSU son sólo mitos, no soy Malvada. Pregúntenle a cualquiera dentro de esta Agencia, la única condición, es que no me hagan enfadar, así que, sigamos con lo nuestro. Denme sus hojas.

Ella las vio detenidamente, y se sorprendió al analizar lo que los chicos habían hecho. Al chico de ojos azules le dio sólo el nombre del cuento de Caperucita Roja, y la propuesta nueva era una tira cómica en donde Caperucita Roja se convertía en el Lobo, y se comía a la Abuelita y al Leñador.

─Impresionante ─recalcaba Emma─. Dibujas bastante bien, y la idea de Caperucita Roja siendo la Villana del cuento me parece bastante innovador.

─Gracias. ─Respondía el chico sonriendo.

─Veamos, tú, dibujaste un Tweet, en donde Hansel y Gretel hacían check in en la casa de la Bruja Ciega. ─Confirmaba Emma viendo a la Pelirroja.

─Me pareció algo bueno, quiero decir, así es más fácil que su padre los encuentre. ─Reconocía la chica.

─Y eso si el padre tiene datos móviles ─decía Emma riendo─, me encanta.

Emma dejó la hoja junto con la otra, y procedió a tomar la última hoja. El chico estaba nervioso cuando le dio la hoja, por alguna razón, no quería verla a los ojos, ella lo notó de inmediato, y trató de ayudar a que se relajara.

─No te voy a comer, chico ─replicaba Emma haciendo que todos rieran─. Está bien, dame la hoja.

─Aquí la tiene. ─Respondía el chico alzando la mirada por fin.

La hoja de papel tenía escrito el título de Blancanieves y los Siete Enanos, ella quedó hipnotizada por lo que estaba viendo, a diferencia de los otros chicos esta hoja tenía sólo texto, se trataba de una historia completamente inusual, una historia en donde la Reina Malvada tenía un mejor motivo para matar a la Princesa que la simple vanidad.

─ ¿Qué el Príncipe Encantador no es de la Cenicienta? ─Preguntaba Emma bajando la hoja.

─Sí, lo sé ─contestaba el joven─. Aunque, me pareció más atractivo que fuese el interés de Snow.

─Y puedo ver que te hicieron falta hojas. ─Reconocía Swan dándole la vuelta a la hoja que tenía en sus manos.

─Lo siento, es que cuando me dejo llevar, es muy difícil que me detenga.

─No te disculpes, eso es bueno ─exclamaba la mujer dejando la hoja con las demás─. ¡Muy bien! Les explicaré la razón de esta charada. Lo que yo pretendo con estos cuentos es poner a prueba sus habilidades con algo que ha sido escrito desde el principio de los tiempos. Sé que los cuentos de Hadas no son como las películas animadas nos han dicho, pero es bueno ver la perspectiva de cada uno, necesitaba saber para qué eran buenos en realidad.

─Pudo habernos preguntado. ─Confesaba la pelirroja.

─Sí, pude hacerlo, pero yo soy más de ver para creer expresaba Emma─. A partir de ahora, sabré en donde acomodarlos, porque, para ser honesta, no me sirve de nada tenerlos a los tres atrás de mí todo el día. Sólo uno se quedará conmigo, y los otros dos, con los demás miembros del equipo. Pero, antes de enviarlos al trabajo, quiero saber sus nombres.

─Yo soy Eric Carson, Srta. Swan.

─Mucho gusto. ¿Y tú, chica? ─Pedía saber Emma mirándola.

─Ariel Walker.

─Un placer, ¿y qué hay de ti, chico? ¿Cuál es tu nombre?

─Henry Nolan, Srta. Swan.

Emma quedó boquiabierta al escuchar el apellido de ese chico, era la cosa más insólita que le había pasado desde que se fue de Storybrooke. Tal vez era su imaginación, o una simple coincidencia, pero, ella apostaría a que ese chico era pariente de David Nolan, su viejo amigo, prometido de su prima, Mary Margaret Blanchard.

─ ¿Se encuentra bien? ─Indagaba Ariel.

─Sí, sí lo estoy ─declaraba Emma poniéndose de pie─. Vengan, les mostraré sus nuevos lugares.

Todos salieron de la Oficina de Emma, y ella los llevó con sus nuevos jefes. Eric se quedó con Arturo, para pulir sus habilidades en la edición y el diseño publicitario, Ariel se quedó con Gwen, gracias a su don con las Redes Sociales.

─Te la encargo mucho, Gwen. ─Pedía Emma.

─Descuida, Ems ─respondía Gwen luego de mirar a Arturo jugando con Eric─. Ariel está en mejores manos que Eric.

─Eso espero. ─Decía Emma mirando a sus compañeros de trabajo.

─ ¿Y qué hay de mí? ─Inquiría Henry.

─Tú, vienes conmigo, chico. ─Respondía Emma tranquilamente.

─ ¿Puedo preguntar la razón?

─Pues, porque, necesito a alguien como tú, que sepa contar historias. Verás ─comenzaba Emma─. Hace unos meses tuve a un chico, su nombre era Isaac Heller, pero, no era más que un fanfarrón, alguien que no tenía ni la más mínima idea de lo que quería expresar con los anuncios.

─Entiendo. ─Contestaba Henry mirándola fijamente.

─Necesito a un Copywriter como tú.

─ ¿Eso es lo que soy? ─Preguntaba Henry estupefacto.

─En efecto ─confirmaba Swan─. Hay un gran tabú en las escuelas, que debe ser erradicado. Chico, se nos adiestra en todas las disciplinas Mercadológicas, nos hacen creer que somos todólogos, pero, no es así. A mí no me sirven tres Publicistas que hacen exactamente lo mismo que yo, yo exploto las destrezas de cada uno, y los hago crecer hasta que alcancen su máximo potencial.

─Eso es increíble.

─Fue lo que hicieron conmigo, y quiero repetir la acción.

Volvieron a la Oficina, Emma le dio su primer trabajo a Henry, y lo asistió hasta el momento en el que Ruby fue por ella para ir a comer.

─Sigue con esto, por favor, chico. ─Pedía Emma tomando sus cosas.

Cuando llegaron al Restaurante que se encontraba cerca de la Agencia, tomaron asiento una frente a la otra, la camarera tomó sus órdenes y ellas dos comenzaron a platicar.

─ ¿Qué tal tu noche con Víctor? ─Preguntaba Emma bastante divertida.

─ ¡Por el Amor de Dios, Swan! ─espetaba la chica─ Un día fuera del Departamento y me quieres matar. Me recuerdas a Granny.

─Lo lamento, es sólo que, con eso que pronto vivirás con él, comienzo a extrañarte, amiga. ─Replicaba Emma poniendo cara de disculpa.

─Siempre de dramática, Ems ─exclamaba Ruby─. Pues, fue una tarde genial en general, dimos una vuelta por la costera, me llevó a cenar, y bueno, de lo que pasó en la noche, no puedo ahondar en detalles en un lugar tan público como este.

─Ni yo quiero saberlo. ─Respondía Emma rápidamente, provocando la risa de su mejor amiga.

─ ¿Y qué tal te fue ayer con los chicos? ─Pedía saber Ruby.

─Genial, Killian me dio un nuevo teléfono para reponer el que se cayó al Océano el Domingo pasado, aunque, hubo algo que me estuvo molestando.

─A mí me parece increíble que hayas sobrevivido casi una semana sin teléfono ─confesaba Ruby tomando un poco de agua─, pero dime, ¿qué aflige a mi más antigua y querida amiga?

─Regina me llamó ayer. ─Contestaba Emma.

─ ¿Esa loca al fin se dignó a hablar? ─indagaba la chica muy sorprendida─ ¿Y qué le dijiste?

─No contesté, fue durante la Reunión de ayer, le pedí a Ashley que le dijera hoy que fui a Los Ángeles y que regresaré hasta el Lunes.

─ ¿Qué vas a hacer cuando ese día llegue?

─No lo sé, Ruby ─respondía Emma poniendo sus manos sobre los ojos─. Hablé con August ayer, y habló algo sobre por fin perdonarla, pero no lo sé. Lo que pasó en Tallahassee tal vez no fue su culpa, pero, sus acciones y actitudes son lo reprobable, Ruby. ¿Tú qué harías?

─Regina nunca fue mi amiga, Ems. Sé que nunca le simpaticé, y créeme que el sentimiento es reciproco, concuerdo contigo, todos sabemos que fue un accidente, aun así, en lo personal, no tengo nada que perdonarle, fueron impulsos, esa noche fue un completo caos, además, las tres ya sufrimos demasiado como para seguir con esto.

─Explícate mejor.

─A mí, Mills ni me viene ni me va, de hecho ninguna de las dos, pero ella sí fue tu amiga, y es tu decisión disculparla por todas las tonterías que nos dijo desde el viaje a Los Ángeles durante la despedida de Elsa y Anna.

─No tengo idea de lo que haré. August quiere que me una al grupo de Whatsapp, y sé que todos me destruirán por abandonarlos.

─De hecho, sí están un poco molestos contigo, recuerda que yo estoy en ese grupo.

─Y Regina también. ─Concluía Emma.

─Un punto bueno es que casi no habla ─replicaba Ruby entre risas─. Mira, Ems. Yo no te voy a decir lo que debes o no hacer en cuanto a Regina Mills, es tu decisión, y todos estamos de acuerdo en eso. La Pandilla te extraña, ¿no crees que ya fue suficiente castigo? No te has aparecido por Storybrooke desde tu fiesta de despedida sólo para evitarla, pero, Regina ya casi no se aparece desde que se convirtió en Alcaldesa de la Ciudad, creo que es momento de que vuelvas.

─Lo haré, lo prometo, después del Spring Break.

─ ¿Ya les dijiste?

─Estoy en proceso de ─decía Emma─. Necesito tomar valor para mandarle mi número a Booth de una vez.

─Dame eso, Swan. ─Ordenaba Ruby quitándole el teléfono.

─ ¿Qué haces?

─Lo que tú no eres capaz de hacer.

─Ruby, no. ─Suplicaba Emma tratando de quitarle el aparato.

Ruby se movió rápidamente, sacó su teléfono y tecleó hábilmente el número de August en el móvil de Emma. Cuando ella se lo quitó, era demasiado tarde. El mensaje ya se había enviado.

¡Hey, Booth! Soy Swan, este es mi nuevo número, en cuanto recibas este mensaje, agrégame al grupo de la Pandilla, estoy lista para ser asesinada.

─Espero que no lo vea tan pron… ─Anhelaba Emma cuando su teléfono comenzó a sonar.

¡Me sorprendiste, Emma! No creí que compraras uno tan rápido. Descuida, esta misma tarde te agregaré al grupo, saluda a Ruby de mi parte.

─Sabes, Ruby. Eres mi mejor amiga desde que íbamos al preescolar, pero hay días en los que simplemente te odio.

─Lo sé ─reconocía su amiga─. También hay días que yo no te soporto. Y de una vez te aviso, que si te sales de ese grupo en los primeros cinco segundos, yo misma me aseguraré de que vengan hasta aquí, y te arrojen al Océano desde el bote de Killian.

Las chicas guardaron sus aparatos cuando les llevaron la comida, después de eso, siguieron conversando de lo que les había pasado en la semana, y Emma, se preparaba para los reproches de sus amigos esa tarde.


Boston, Massachusetts

Tres Años Antes

Luego de hablar con August, Emma volvió a la Oficina de Anton, y decidió comunicarle personalmente su decisión.

─ ¿Y bien, Swan? ─Preguntaba Mercer.

─Creo que me vas a extrañar de ahora en adelante. ─Contestaba Emma.

─ ¡Genial! ─replicaba Anton─. Iré a avisarle ahora mismo.

─No ─contradecía Emma─. Yo lo haré personalmente, tengo que hablar con él.

─Adelante, Emma.

Swan salió de ahí, fue directo al ascensor, presionó el número ocho y esperó pacientemente a llegar a su destino. Una vez en el Octavo Piso, caminó hasta el final del pasillo, y tocó la puerta del Presidente de la Agencia.

Emma y Robert Gold habían tenido muchos roces antes de que ella entrara a trabajar ahí, todo porque él no estaba de acuerdo de su relación con Neal, su difunto hermano menor. Su relación cambió una vez que el hombre fue testigo de la habilidad que Swan poseía. Desde ese entonces, y como bien ya lo dijera Anton Mercer, Robert Gold, presumía a Emma en cualquier Reunión y Cena que se les presentara.

─ ¡Emma! ¡Adelante! Toma asiento ─pedía Gold─. Dime, ¿qué has decidido? Anton me dijo hace un rato que todavía lo estabas pensando.

─Así era, pero ya te tengo una respuesta, Robert.

─ ¿Entonces, qué eliges?

─Acepto ─respondía Emma─. Pero, con una condición.

─ ¿Cuál? ─Preguntaba Gold extrañado.

─Quiero que le des una oportunidad laboral a mi amiga Ruby Lucas.

─No creo que eso sea posible. ─Replicaba Robert mirándola muy serio.

─Sé perfectamente que tú y tu padre me aceptaron aquí por petición de Neal ─comenzaba a explicar Emma con la misma seriedad que él─. Sin embargo, me he ganado mi lugar a pulso, y creo que estoy en posición de pedir algo como eso, ella saldrá en un año de la Universidad, y quiero ayudarla a adquirir experiencia. Ella es la persona más hábil y precisa para las Finanzas que he conocido en mi vida, no te arrepentirás, te lo prometo.

─ ¿Y qué pasa si no acepto tu condición?

─Hay muchas Agencias en todo el País que me buscan, y están deseosos a que me una a ellos, Robert, así que, tú sabrás si quieres perder a alguien que ha convertido este lugar en el mejor de todos. ¿Tenemos un trato, o no?

─Eres buena negociante, Emma Swan. De acuerdo, lo haré.

─Gracias, Gold.

Luego de que la noticia se hiciera Oficial, dos días después de la Fiesta que Gold ofreció a la prensa y los medios, August ayudado por Lily y Ruby, arrastraban a Emma al auto para irse a Storybrooke, Maine, en donde se celebraría la despedida de Swan.


Storybrooke

Ellos cuatro llegaron en la tarde y fueron a la Cafetería de la Abuelita de Ruby para comer algo, ahí, se encontraron con David y Mary Margaret, seguidos por Jefferson quien había llegado en la madrugada para ese gran evento. Todos estaban Felices por volver a verse, y ya esperaban con ansias que llegara la noche para ir a la Mansión de los padres de ese chico y realizar la fiesta ahí.

─Nos alegra no ser nosotros los que tengamos que viajar para vernos. ─Decía David abrazando a Emma.

─ ¿Qué puedo decir? Cuando tus amigos quieren apoyarte, hacen hasta lo imposible por ti.

─ ¡Emma! ─gritaba James desde la puerta de atrás de la Cafetería─ ¿Cuándo llegaste?

─Hace unos momentos, hermanito.

─Con hermano menor es suficiente. ─Reprochaba James.

─Eso nunca pasará, niño.

La noche llegó y con ella los miembros de la Pandilla que pudieron asistir. Zelena y Walsh abrazaron a Emma después de no verla desde Año Nuevo, Jefferson la sacaba a bailar y bromeaba con ella, Ruby se la arrebataba para que tomaran unos shots juntas, David y Mary Margaret bailaban por el Salón sin que nadie los detuviera, y Regina estaba sentada cerca de la chimenea, sin hacer absolutamente nada.

─ ¿Qué rayos haces ahí, hermana? ─Inquiría Zelena tras haberse separado de Walsh.

─Preguntándome por qué demonios vine a parar aquí en primer lugar.

─No seas amargada, eres parte de la Pandilla, no lo olvides.

─Esta es la despedida de Emma, alguien que no quiere verme ni en pintura, por mucho que sea de la Pandilla, este no es mi lugar, es más, ¿sabes? Creo que debería irme, mamá quiere que la acompañe a Nueva Jersey mañana, y tengo que despertar temprano.

─Bueno, si quieres amargarte tú sola, adelante. Dile a mamá que llegaré tarde.

─Como quieras, Zelena.

Regina caminó rumbo a la enorme puerta de la Mansión, y salió del lugar. Antes de subirse a su auto, Emma la alcanzó después de sacar a August para que tomara aire.

─Oye ─comenzaba Swan cruzándose de brazos─. Gracias por haber venido.

─Gracias a ti por invitarme. ─Respondía Regina.

─Bueno, eres de la Pandilla, y Zelena lo pidió.

─De todas maneras, gracias, y buena suerte en San Diego, Emma.

Emma agradeció en silencio y asintió lentamente, luego de eso, se dio media vuelta y fue a ver a August, quien ya estaba con Lily a su lado.

─Swan, espera.

─ ¿Qué ocurre, Mills? ─Cuestionaba Emma volviendo a mirarla.

─ ¿Crees que algún día podamos hablar de lo que ocurrió en Tallahassee?

─Honestamente, no lo sé, Regina. Buenas noches. ─Replicaba Emma cambiando su expresión facial.

─ ¡¿Algún día vas a dejar de evitar todo lo que te ha herido?! ─Espetaba la morena.

─ ¡¿Qué?! ─Exclamaba Emma.

─ ¡El accidente no fue mi culpa! ¡Ya supéralo! ¡No eres la única que está sufriendo desde ese día!

─ ¡Tú no eres quien para decirme lo que tengo o no tengo que hacer, o cómo me debo sentir! ─Gritaba Emma acercándose rápidamente a ella.

─ ¡La Muerte de Neal no fue culpa mía! ¡Deja de comportarte como la niña aterrorizada que encontraron en el bote de su padre en medio del mar luego de una Tormenta intensa!

─ ¡Cállate!

Emma le dio un puñetazo a Regina en el rostro, y ésta última le contestó de inmediato. En pocos segundos, estaban a media acera, Emma encima de ella tratando de golpearla en el rostro, de pronto, una fuerza externa la apartó de Regina, era David que trataba de calmarla. Ambas estaban encendidas, y desde que eran niñas, era algo muy común que ellas dos pelearan casi todo el tiempo.

Días después de ese incidente, David, Mary Margaret, August, Lily, Ruby y James, despedían a Emma en el Aeropuerto a unos instantes de tomar el avión con dirección a San Diego, California.

─ ¿Segura que estarás bien, Emma? ─pedía saber David─ Tengo parientes lejanos en San Diego, mi primo Henry y mis Tíos te recibirán con los brazos abiertos.

─Gracias, Dave. Pero, quiero empezar desde cero. De verdad.

─Bueno ─decía Mary─. Si te sientes sola en ese lugar, no olvides llamarnos cuando quieras.

─Gracias, Mary. Los extrañaré a todos.

Emma subió al avión, y se dirigió a su asiento, muy emocionada y nerviosa por su nueva aventura, pero sabía que le iría muy bien en San Diego si confiaba en sí misma.