Hoy en "Aquazul III", el edificio de alta gama ubicado cerca del "Jokey Club", las cosas no parecían tan tranquilas como siempre.
La puerta del departamento del tercero estaba abierta de par en par. En el pasillo al lado de las escaleras, había una lámpara de pie con su sombrero en el suelo y el cable enredado, un montón de cajas con etiquetas de frágil que alguien no había tenido muy en cuenta, hacían fila apiladas junto a la entrada, unas cuantas maletas y una alfombra con cara de perrito tirada desprolijamente junto a ellas, mostraban una escenario gracioso e inusual.
Bella, solía sentarse con su paquete de galletas Oreo todos los días después de las 5, en las escaleras del tercer piso, a ver por la ventana al final del pasillo. Los vidrios ocupaban todo lo alto y lo ancho del recibidor del único departamento de ese nivel y por ello sabía que estaba vacío. Hasta ahora.
Era evidente que alguien había comprado o alquilado el departamento de abajo donde vivía ella "El Cuarto" como le decía, solo esperaba que por el bien de su madre no fuera una persona bulliciosa o muy ruidosa, eso definitivamente no le vendría bien a su salud y a ella tampoco.
Estaba tratando de obviar el hecho de que la entrada y salida del personal de mudanza le impidiera ver el único momento de paz que se permitía, cuando un carraspeo a su lado la distrajo de su concentración. Sus ojos se fijaron en un par de zapatillas azules y unos jean gastados, siguieron por una remera crema holgada, pero que quedaba como un guante en sus anchos hombros y por fin, dieron con el rostro del hombre más guapo que pudiera recordar.
–Hola –la saludó, un saludo que insinuaba una respuesta programada a todo el mudo "hola" pero que Isabella, había olvidado cual era.
Aquel hombre le recordaba a los modelos de revista, esos de perfumes caros y elegantes pero con una actitud despreocupada.
–¿Cómo estás? –volvió a insistir –¿Vives Aquí? Hoy me estoy mudando al tercer piso –recalcó lo obvio, pero Bella seguía sin hablar.
….
Por fin había encontrado el lugar perfecto para establecerse, un barrio tranquilo, no demasiado lejos de su trabajo y en la ciudad. Edward, había decidido mudarse mientras sus padres estaban de viaje, así no podrían convencerlo de lo contrario.
Luego de la universidad en la Plata y de un posgrado en Europa, había estado viviendo un año entero en la casa de sus padres mientras trabajaba en los continuos proyectos que le habían caído en las manos. Por supuesto que no se quejaba de ellos, eran muy serviciales y lo consentían demasiado, pero sentía que les quitaba privacidad, después de veinticinco años de casados aun parecían recién casados y precisamente por ello, había decidido alejarse. Su madre, provechosa de tenerlo cerca le atendía a todas horas con entremeses de comida o "¿necesitas algo?" o "acá dejo tus calzoncillos limpios y planchados" y su padre no se quedaba atrás con las interminables bromas de su vida sexual ¡ya no tenía la edad de un adolecente! ¡Dios…!.
Así que allí estaba, junto a la escalera de su nuevo departamento, viendo como la joven de cabello chocolate, a medio comer una galleta Oreo, le escudriñaba patente sin responder a su saludo amistoso. Volvió a aclararse la garganta llamando su atención.
–Hola –contestó ella por fin tímidamente, evidentemente se había dado cuenta que se le había quedado mirando –Bienvenido al barrio, soy Isabella de "El Cuarto", pero puedes llamarme Bella con "l", porque no es bella como si fuera hermosa, solo "Bela" como en italiano –dijo recuperándose del momento.
