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Capítulo 1
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Siempre había tenido mucha precaución. Cada mañana se levantaba más temprano de lo normal para tener un delicioso y abundante desayuno y llegar más temprano a clases. ¿Por qué? Ella era muy mala en matemáticas, y el hecho de llegar quince, veinte o a veces hasta media hora antes hacía que se encontrara con su profesor para que la orientara un poco más...
¡Sí, claro!
Kagome Higurashi odiaba con todas sus fuerzas los números. Sabía lo básico: multiplicación, división, suma, resta... ¿Para que necesitaba saber más? No era como si ella estuviera pensando en elegir una carrera relacionado con la materia de sus pesadillas ¡Por supuesto qué no! Sin embargo... él estaba constantemente en sus sueños. Pensaba en su sonrisa, en sus misteriosos ojos dorados que parecían tener una mirada penetrante, filosa y misteriosa. Pensaba en su sonrisa, en su elegancia, en su amabilidad...
Era simplemente perfecto.
Hacía un año exactamente que había admitido estar completa y perdidamente enamorada de ese hombre tan enigmático. Tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiera asimilarlo, pero al final lo hizo. Desde ese momento él se convirtió en su amor platónico.
-Oye... -susurró la joven que se sentaba al lado de ella -Kagome... -volvió a hablarle.
Kagome estaba poniendo al límite su paciencia. Bura Brief le dio un codazo no muy fuerte, pero sí lo suficiente como para sacar del trance a su mejor amiga. En ese mismo instante, Kagome al fin reaccionó y miró a su amiga como preguntando, a lo que ella le señaló el libro que tenía entre sus manos.
-Ya casi es tu turno para leer el siguiente párrafo -volvió a decir en voz baja para que el profesor de literatura no la escuchara.
-Señorita Brief, ¿pasa algo? -La interrumpió con una sonrisa afable.
Bura miró al profesor como quien es atrapado por sorpresa con las manos en la masa, pero no entendía por qué se hacía tanto problema. El profesor Freecs era bastante agradable y casi no se enojaba por nada, pero tampoco era como si le faltara autoridad, de hecho, tenía el respeto de muchos de sus alumnos quienes lo catalogaban de excelente profesor y que le importaba que todos aprendieran y se interesaran por la literatura.
-Eh... quería preguntarle a Kagome si quería hacer el ensayo en grupo conmigo -declaró con una sonrisa algo nerviosa.
-Ya veo, entonces no hay problema -volvió a sentir-, pero recuerden que ahora estamos en lectura así que procuren no desconcentrar a los demás, ¿de acuerdo? -le dijo a ambas.
-De acuerdo -respondieron las dos jóvenes al unísono.
El profesor Freecs volvió a sonreír y a sentarse en el escritorio. Era extraño, Bura tan solo había dicho una pequeña mentira para librarse de ser regañada, pero en el fondo sabía que él se limitaría a llamarle la atención suavemente. Y eso sería todo. ¿Entonces qué le pasaba? Luego lo entendió. El profesor era alguien tan amable que le daba pena tener que mentirle. Siempre le había ayudado —al igual a todos sus compañeros— sobre las dudas que tenía, incluso se ofrecía a disipar las dudas de otras materias para ayudarlos a todos. Era un profesor demasiado amable y considerado, de hecho, nunca había conocido a alguien que fuera tan devoto a la enseñanza, por eso lo admiraba.
Al final la clase vino el receso.
-Lo siento, Bura, ya le dije a Sango que haría el trabajo con ella -anunció la de cabellos negros.
-¡Idiota! ¡Eso ya lo sabía! -exclamó molesta.
-¿Eh? -la miró desconcertada- ¿Entonces para qué me preguntaste?
-Lo hice porque estabas tan perdida en la luna con el profesor de matemáticas que pensé que cuando llegara tu turno de leer el párrafo el profesor Freecs te regañaría -explicó aún enfadada.
-Tranquila -dijo con una sonrisa- El profesor de literatura es muy bueno, además no estaba tan distraída.
-Sí, claro -dijo sarcástica-. Oye, ¿no puedes sentirte atraía por alguien un poco menos, no lo sé... ¿imposible? -soltó de pronto.
-Oye, sabes que yo no controlo esas cosas -se defendió.
Bura suspiró con pesadez.
-Nunca entenderé qué le viste. Tampoco entiendo que le ven las demás. ¿Sabes? tiene a la mayoría de las estudiantes suspirando por él. Admito que es atractivo, pero no lo sé, es como si emitiera un aura demasiado extraña y críptica. Por alguna razón me da mala espina -expresó.
-¿Mala espina? No entiendo a qué te refieres, ¡el profesor Maschwitz es genial!
-Me encantaría que hablarás de ese modo de las matemáticas.
-Bueno, gracias a él he mejorado mucho, ¿no lo crees? El anterior examen lo pude aprobar.
-Con la nota mínima.
-Pero con eso me conformo. No elegiré una carrera que abarque números.
-¿De qué hablan? -interrumpió Sango.
-¿Dónde has estado? De pronto saliste corriendo apenas terminó la clase de literatura. Creo que el profesor Freecs creyó que estabas feliz de que la clase terminara y que por eso saliste corriendo como liberándote de él.
Sango rió.
-Para nada. La clase de literatura fue muy interesante. Es que fui a ver a Miroku ya que ayer no se sentía bien y quería saber cómo estaba.
-Vaya... ¿cuánto tiempo tienen ya de salir juntos?
Sango se puso el dedo en el mentón pensativa.
-Casi un año -contestó.
-Me alegro por ustedes -manifestó Bura con una sonrisa.
-Qué suerte tienes, Sango. A mí me gustaría salir con el chico que me gusta -declaró Kagome risueña.
-¿Chico? Ese no es un chico -le espetó la de ojos celestes-. Es un adulto, un hombre mejor dicho.
-¿No es genial? -expresó Kagome aún risueña.
-Bura tiene razón. -alegó Sango. -¿Cómo cuantos años tendrá el profesor Maschwitz?
-Debe tener casi treinta. -declaró Bura.
-Tiene treinta. -confirmó Kagome.
-¿Cómo lo sabes? -inquirieron sus dos amigas al unísono sorprendidas de que lo supiera.
-Lo escuché por ahí, pero de su propia boca -sonrió.
Una gotita apareció en la sien de Sango y Bura.
-Por cierto, ¿dónde está Rina? -preguntó Sango.
-Ahora que lo dices dijo que iba al baño, pero aún no ha vuelto. -repuso Kagome.
-Seguramente fue a echarle en cara a Killúa el diez que se sacó en Inglés -dijo Bura con los ojos entornados. Siempre era la misma historia con ella.
-No entiendo esa competencia que tiene con él, ambos son muy inteligentes y tienen notas perfectas. ¿Por qué Rina insiste en siempre ganarle en todo? -inquirió Kagome.
-Ya sabes cómo es ella. Es muy orgullosa. No soporta que alguien sea mejor. Menos mal que Killúa no está en el mismo salón que nosotras, sino sería un caos en plena clase con esos dos. -afirmó Sango.
-Sí, y más por parte de Rina que ella es quien compite contra él, pero al final Killúa siempre termina ganándole, aunque sea por muy poco -suspiró Kagome.
-Excepto en literatura. Ese es el punto débil de Killúa. -rió divertida la de cabellos celestes. -Parece que no le gusta la materia por eso solo se limita a aprobar con la nota mínima.
-Eso es irónico. -Rió Sango.
-¿Por qué lo dices? -indagó Kagome.
-¿No lo sabes? -manifestó sorprendida.
-¿Saber qué? -Bura también lucía intrigada.
-¿Tú tampoco?
Al ver la expresión desconcertada de sus amigas, Sango finalmente revelo uno de los secretos de Killúa.
-Verán... Killúa es el hermano menor del profesor Freecs.
-¡¿Qué cosa?! -exclamaron las dos amigas impactadas por su reciente descubrimiento.
-Pero ellos son como el agua y el aceite -Kagome aún no podía creer las palabras de Sango.
-Eso es cierto -corroboró Bura-. Nada que ver. Killúa es como más seco y sombrío, y si no le agradas no se molesta en ocultarlo.
Sango alzó los hombros sin saber que más decir. Minutos después, Killúa apareció caminando al lado de Rina. La de cabellos naranjas parecía echar humo por la cabeza.
-¿Y ahora qué es lo que le pasa a Rina? -se preguntó Kagome mientras los miraba a distancia.
-¿Quién sabe? -volvió a alzar los hombros Sango.
Cuando Rina y Killúa llegaron hacia donde estaban las demás se empezó a escuchar las quejas de la de cabellos naranjas.
-¡Es el cómo! ¡¿Cómo pudiste obtener un diez más en inglés?! Tengo que hablar seriamente con el profesor Metallium. ¡Se supone que mi examen fue perfecto! -exclamó molesta.
Killúa no decía nada parecía que trataba de ignorar el berrinche de una de sus mejores amigas, pero tenía que admitir que de cierta forma le gustaba haberla superado... Otra vez.
-Oye Killúa -lo llamó Bura.
-¿Qué pasa? -habló con tono desganado.
-¿Es cierto que el profesor Freecs es tu hermano mayor? -finalmente preguntó.
-Sí -confirmó como si nada.
Bura y Kagome ampliaron sus ojos en señal de nueva sorpresa. Esperaban que las palabras de Sango hubieran sido una broma.
-P-Pero -balbuceó Kagome aún estupefacta-… ustedes no tienen ningún parecido. Además... no tienen el mismo apellido. Tú eres Zoldyck y él es Freecs.
-Eso es porque no estamos unidos por la sangre, pero él ha cuidado de mi desde hace varios años. Su mamá se casó con mi papá cuando yo tenía ocho años. -explicó.
-¡Tú nunca nos dices nada! -exclamó de pronto Rina.
-¿De qué hablas si tu no pareces sorprendida? -le espetó Killúa.
-Bueno, es que de alguna manera esperaba algo así debido a que un par de veces los vi hablando muy animadamente como si fueran familia.
-Pero el profesor Freecs siempre es así con todos. -declaró Kagome.
-Sí, pero solo a Killúa le acaricia la cabeza de manera paternal -alegó Rina.
-Así que ya te habías dado cuenta. -Killúa la miró como con los ojos algo serios.
-No subestimes mi poder de deducción -alardeó la más bajita del grupo con una sonrisa triunfante.
-Por cierto, ¿qué tenemos ahora? -preguntó Sango.
-¡Matemáticas! -exclamó Kagome de pronto emocionada para luego salir corriendo con una gran sonrisa hasta el salón.
A todos les apareció una gotita en la sien mientras la miraban correr a toda prisa.
-¿Qué le ocurre? ¿No era matemáticas su materia más odiada? -inquirió Killúa confundido.
-¿No sabes que a Kagome le gusta el profesor Maschwitz? -dijo Rina.
-¿Ese sujeto? -Alzó una ceja. De pronto un escalofrío recorrió su espina dorsal.
-¿Qué te ocurre, Killúa? -le preguntó Sango pues parecía haberse puesto nervioso de pronto.
-No lo sé. Es que ese sujeto no me cae bien -dijo sincero.
Lo miraron desconcertadas, especialmente Rina. Killúa no era el tipo de chico que le daba mucha importancia los profesores o que les produjera alguna sensación fuerte de algún tipo. Siempre parecía despreocupado de todo porque nunca le había costado ninguna materia -excepto literatura- o tratar con cualquier persona.
-¿Tú lo tienes en tu curso? -indagó Bura.
-Por supuesto, siempre ha dictado las clases de matemáticas de todos los cursos. Eso no ha cambiado. Aunque estemos en aulas diferentes también es mi profesor. -explicó. -Por cierto no he visto a Goten -dijo cambiando de tema.
-Casi lo olvido -manifestó Bura de repente-. Dijo que le había caído mal la leche que se tomó esta mañana. Probablemente estaba caducada. En estos momentos debe estar internado en el baño con un terrible problema estomacal.
-Pobrecito -lo compadeció Sango.
-Ya deberíamos volver a clases, ¿no creen? -sugirió Rina.
-Aún faltan unos minutos -dijo Sango mientras consultaba su reloj pulsera.
-Parece que Kagome estaba tan apurada de ver al profesor de matemáticas que no se dio cuenta que se saltó más de la mitad del recreo -anunció Bura-. Coincido con Killúa, no sé qué le ve. Ese profesor es raro.
-0o0-
Hacía dos semanas que las clases habían comenzado y aún no se había memorizado los nombres de todos los profesores. A muchos ya los conocía desde antes como al profesor de Literatura, al de Economía y contabilidad, el de Lengua y el de Artes plásticas, y por supuesto al de matemáticas, pero ya que había pasado más de la mitad del recreo sola en el aula vacía decidió repasar la lista de profesores para no confundir sus nombres.
Profesora Lázuli Smirnov: Química.
Profesor Gokú Son: Educación Física.
Profesor Gohan Abadinchi: Biología.
Profesor Sesshomaru Archer: Economía y Contabilidad.
Profesora Marron Walker: Geografía.
Profesor Leorio Paradinight: Historia.
Profesor Kurapika Nostrade: Física.
Profesor Xeros Metallium: Inglés.
Profesor Inuyasha Taisho: Artes Plásticas.
Profesor Koga Wolf: Música.
Profesor Van Fanel: Lengua.
Profesor Gon Freecs: Literatura.
Profesor Hisoka Maschwitz: Matemática.
Kagome suspiró con pesadez
-Otro año más. Parece que nos han agregado tres materias más este año. Será más difícil aprobar ahora. Si solo fuera una escuela normal como las demás esto no sería tan complicado, pero este es el instituto Shikon no Tama, la más estricta institución de todo el país con los mejores profesores traídos desde Rusia, Italia, Inglaterra y Alemania. Siempre ha sido así desde que entré en primer año. Recuerdo que en mi anterior escuela tenía las calificaciones más altas, pero aquí algo como eso es apenas un alumno standard.
-Lo bueno es que será más fácil entrar a la universidad... -susurró en voz baja.
-¿Y qué es lo que le gustaría estudiar después de graduarse, señorita Higurashi? -habló de pronto una voz profunda.
-0o0-
Al igual que es resto de sus compañeros, Sango, Bura, y Rina se dirigieron camino al salón. No tenían prisa, pues aún faltaban un par de minutos. Durante el camino se la pasaron hablando de los viejos y los nuevos profesores, además de las tres materias que les habían agregado en su actual año debido a que ya estaban en cuarto año y tan solo le faltaban dos años para graduarse.
-Oye Rina, ¿cómo le hizo tu hermano Gaudy para llegar a sexto año?
-Eso mismo me pregunto yo. Muchas veces me pide que le explique varias cosas, pero gracias a eso he podido adelantarme varios temas y así le podré ganar a Killúa de una buena vez.
-No entiendo por qué te empeñas en competir contra él -declaró Bura
-¡Es que tengo que ser la mejor! -exclamó con entusiasmo. -Esa es la única manera de tener un futuro brillante.
-Es por Luna, ¿cierto? -inquirió Sango.
De pronto sintió que los bellos de su piel se erizaban. Luna Inverse era la mayor de sus hermanos. Tenía 24 años y a esa edad ya era una exitosa psicóloga que incluso había publicado dos libros. Ella siempre la había superado en intelecto e incluso en belleza, pero el problema era que hablar de ella le resultaba incómodo y escalofriante. No solo tenía un complejo de inferioridad hacia ella -como Luna se lo había diagnosticado-, sino que cuando se enojaba tenía un carácter de los mil demonios y solía golpearla de una manera que con solo recordarlo a Rina le causaba unos terribles escalofríos. También recordaba que cuando se mudó a vivir sola, ella había sentido un gran alivio, y la verdad era que no la extrañaba para nada.
-Creo que no fue buena idea nombrar a su hermana mayor -manifestó Bura en voz baja-. Como te decía... -Trató de cambiar de tema de inmediato-, no es por mala pero tu hermano no es muy brillante que digamos como para sobrevivir a esta escuela. Tiene mucha suerte de tenerte como hermana.
Rina trató de calmarse y siguió con la conversación.
-Sí, lo sé. Ya me tiene harta, además se vive quejando de que sus compañeras están todas locas por los profesores. Especialmente por el de Física, el de Matemáticas, el de Economía y Contabilidad y el de Educación Física.
-¿Y esos quiénes son? Bueno al profesor Hisoka y al profesor Sesshomaru siempre los hemos tenido, ¿pero qué hay de los otros dos?
-El de Física se llama Kurapika Nostrade, y el de Educación Física se llama Gokú Son. Nostrade parece ser un sujeto bastante serio y profesional, se limita a explicar su materia y es algo estricto, quiero decir -se corrigió-… más estricto de lo que esta escuela ya demanda en cuanto a enseñanza. No le gusta la impuntualidad al igual que a la profesora Lázuli de Química y por supuesto nuestro profesor Sesshomaru de Economía y Contabilidad. En cuanto a Gokú Son, es nuevo, por lo que sé tiene una personalidad bastante entusiasta y alegre a la hora de enseñar, también es calmado y parece ser algo distraído. No parece muy brillante. Por ahí escuché que está obsesionado con las artes marciales, por eso tiene un cuerpo muy entrenado, y, como la mayoría de nuestros profesores, aunque es muy amable exige buena condición física para aprobar a los alumnos.
Bura y Sango escucharon atentamente a Rina. No les pareció extraño que ella supiera todo eso, pues siempre se había encargado de investigar a los profesores para saber cómo lidiar con ellos durante las clases y conseguir buenas calificaciones más allá de la cantidad de estudio que le dedicara a cada materia. Pensaba que haciendo eso, ella podía prever muchas cosas que le serían de mucha utilidad. Lo único que no sabían era como le hacía para averiguar todo eso en tan poco tiempo.
-Vaya... -musitó Bura asombrada. La habilidad de investigación de Rina no paraba de sorprenderla.
-No es muy diferente a todo lo que ya hemos visto antes, pero es bueno saberlo. -anunció Sango. -Nostrade se parece a la profesora Lázuli Smirnov y Gokú Son al profesor Gon Freecs. Bueno, al menos es lo que yo pienso.
-¡Exacto! -corroboró Rina.
-0o0-
-P-Pro.. fesor Hiso -Hizo un silencio abrupto-… Profesor Maschwitz -Se corrigió rápidamente esperando que él no le pusiera una amonestación.
En sus pensamientos y con sus amigos siempre se refería a él directamente con su nombre, pero frente a él y otros profesores siempre debían referirse a ellos con sus apellidos sin omitir el "profesor/a" delante de estos ya que eso era señal de respeto, algo que esa escuela imponía constantemente. Sin embargo, su repentina presencia la había sorprendido tanto que se le había escapado el casi decir su nombre.
-¿La sorprendí, señorita Higurashi? -le preguntó con una sonrisa que parecía hacerla derretir en su silla.
-Sí, pero fue mi culpa, es que estaba pérdida en mis pensamientos. Le pido disculpas.
-No se preocupe -manifestó de manera afable-. Aún no ha comenzado la hora de matemáticas. Oficialmente faltan seis minutos y treinta y dos segundos. Y tú sabes cómo es todo aquí. Todo debe estar bien organizado y cada materia debe empezar a su horario exacto. Por eso olvidaré el hecho de que casi me llama por mi nombre -Volvió a sonreír-, pero que no vuelva a ocurrir -le advirtió.
Kagome sintió alivio de escucharlo decir las últimas palabras. Aunque su hermana Hitomi le había advertido del asunto de la estricta formalidad de Shikon no Tama antes de entrar en el primer año, le había parecido una ridiculez atómica, pero ahora que estaba en cuarto año y entendía cómo eran las doctrinas en esa escuela, el que el profesor Hisoka le haya perdonado eso era ya demasiado.
Kagome vio como de pronto él se acercaba de ella caminando calmadamente. Cada paso que daba hacia ella la ponía cada vez más nerviosa. Encima, él mantenía aquella sonrisa que lo caracterizaba mientras la miraba con sus dorados y afilados ojos crípticos. Él terminó muy cerca de ella.
Demasiado...
Continuará...
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N/A: Apenas unos pequeños cambios. Tengo 13 capítulos más para subir, y no estoy muy lejos del final.
Gracias por leer.
Anna Bradbury.
