En Cada Paso
Capitulo 2
No tenían noticias de Harry. Desde la batalla, Harry había desaparecido.
La escuela estaba reconstruida y las cartas enviadas para que los alumnos volvieran, este año más que nunca debían continuar estudiando, aprendiendo, debían continuar viviendo.
La profesora MacGonagall, nueva directora de Hogwarts caminaba por el despacho de forma impaciente. Había solicitado la ayuda de los Weasley, quienes estuvieron más que dispuestos a ayudar. Harry Potter se había desvanecido sin decir donde ni como, y si volvería.
Ella sabía que Ronald y Hermione sabía algo, pero eran tan esquivos como siempre. Siempre cubriéndose las espaldas uno al otro. Era algo bueno, realmente, desde el primer año, con lo del troll ellos se convirtieron en un trío inseparable. ¿Realmente pensaron que ella había creído en la explicación de Hermione siete años atrás?
Qué poco la conocían sus alumnos. Pero fue mejor dejarlo pasar. Dumbledore había estado entre excitado y asustado al mismo tiempo, pero sonreía como un niño en una dulcería. El viejo estaba orgulloso a Harry.
-¿Puedes quedarte tranquilla, Minerva? Me estas mareando.
La voz juguetona de detrás de ella la hizo sobresaltarse. Detrás del asiento de alto respaldo, se encontraba Dumbledore. Su retrato era casi en tamaño real, y sonreía sin reservas. Sus ojos brillaban de manera intensa. Sí, era una imagen que ella había visto antes. Orgullo.
-Tu sabes donde está, ¿verdad Albus?
-Puede que sepa.
-Harry tendría que estar en la escuela, o viniendo, para el caso, en el expreso. Pero no, hace una semana que no sabemos de él. Ronald y Hermione…
-No saben donde está.
-Claro que saben. Siempre saben donde se mete. De hecho, me sorprende que no estén con él…
-Minerva. Tranquila. No necesitas de Harry. Déjalo ser un muchacho.
-No puedo. Me preocupo. No necesito que esté aquí para su seguridad. Lo necesito para mi tranquilidad. Se lo debo a él y a su familia… - hizo silencio, no pudo continuar hablando.
-él está bien. Te lo prometo. Aunque no te prometo que regrese a Hogwarts a cursar. Sí te aseguro que va a regresar a nuestras… ya sabes que quiero decir. –sonrió apenado. Eran detalles que a veces se le escapaban.
-Dime, al menos que lo estás cuidado… donde sea que esté.
-Claro que sí. Está bajo las mejores manos.
Se escuchó un sonido en la puerta y ella detuvo su conversación con Dumbledore. Por la puerta se asomó una acalorada profesora Sprout.
-Min… digo, directora. Los niños ya están llegando. Increíblemente son casi tantos como siempre.
-Gracias a Merlín.
-¿has encontrado un reemplazo para…? Ya sabes…
-Aún no. Gracias a Marlin, Slughorn ha aceptado quedarse con el puesto de maestro de pociones, pero el de transfiguraciones… es difícil decir.
-Sin contar que aún falta el de defensa.
-Si. Lo sé. –hizo una pausa. –Estaba pensando que quizá un Auror podía venir a dar la clase, hasta conseguir un docente.
La profesora de herbología asintió.
Era hora de comenzar con el nuevo año lectivo. Si todo salía bien, este sería el primer año que nada extraño atacaría la escuela. Si tan solo fuera todo tan fácil.
………………………………….
-Bienvenidos a un año más en Hogwarts. –Siempre había visto al profesor Dumbleodre hacer esto, pero nunca creyó que sería tan difícil. Se aclaró la garganta y continuó. –Este es un año muy especial para todos. Ha sido un terrible fin de curso, hemos tenido perdidas y nada puede hacernos olvidar. Pero seguir adelante hoy, es muestra de que nuestra fortaleza sigue intacta. De que nuestro amor por aquellos que hemos perdido está fuerte y nos da al mismo tiempo fortaleza a nosotros mismos.
Los murmullos apagados comenzaron en el gran salón, y por primera vez, ella no hizo nada para acallarlos.
Los observaba detenidamente. El gran salón repleto de nuevos y antiguos alumnos. Las mesas habían desaparecido, ya no formaban parte de las características casas. Si bien estas no desaparecieron también. MacGonagall había hecho cambios. Ahora había mesas más pequeñas, cada una para cada año escolar. Si bien los de primero fueron seleccionados, todos iban a parar a la misma mesa. Era hora de que cada alumno pudiera compartir con sus pares lo que compartían con sus compañeros de casa.
Los de séptimo, estaban agolpados en la última mesa, cerca de la puerta. Allí estaban los premios anuales de ese año, junto con algunos prefectos. También estaban allí Hermione Granger, Ronald Weasley, Dean Thomas y algunos otros de esa generación que por razones racistas no habían asistido a la escuela el año anterior.
Pero no había miras de Harry Potter, y sabía que casi todos se estaban preguntando donde estaba y porqué no estaba allí con sus amigos.
-Quiero presentarles a los premios anuales este año. – Dijo la nueva directora. – De la casa de Ravenclaw, Luna Lovegood. – la chica se paró y sonrió tímidamente ante el aplauso afectuoso de unos, y cordial de otros. – de la casa de Gryffindor Christian Sommer. – el chico hizo lo mismo que Luna y luego volvió a sentarse.
Frases dispersas se escuchaban aún.
¿Dónde está Harry Potter?
Se suponía que debía cursar su último año ¿no?
Seguro que ha muerto.
Nos ha abandonado, ¿Y si sucede algo raro?
MacGonagall suspiró. Pero ignoró los comentarios.
-El profesor Slughorn ha tomado las clases de Pociones indefinidamente. Por desgracia aún estamos buscando profesores de Transfiguraciones y Defensa contra las artes oscuras.
Notó que Hermione Granger se removía en su asiento, inquieta. La mirada café de la chica se clavó de pronto en la suya. Tan penetrante, tan escrutadora que MacGonagall se sintió sin aires por un momento.
Era como si Hermione le estuviera intentado decir algo… ¿Qué quería?
De pronto la muchacha asintió y señaló su propia varita mágica, y luego a ella nuevamente. MacGonagall comprendió y asintió.
-Disfruten la cena. Mañana será un día largo y cansador para todos nosotros. Por favor, los de primer año, busquen a sus prefectos que… si son tan ambales de levantar la mano… -Chicos de las mesas de cuarto quien y sexto levantaron las manos. –ubiquen a sus delegados y luego síganlos para alcanzar sus respectivas salas comunes.
Sin más la cena comenzó y todos se sumergieron en pláticas.
No era lo mismo que otros años, todo estaba más callado, el ambiente era más sombrío, y era completamente entendible. L guerra había pasado por esos mismos pasillos, y había habido heridos y muertos en este mismo salón no hacía mas de dos meses atrás.
………………………………………
-¿Estás segura de esto?
Ron iba y venía por el pasillo. La gárgola que custodiaba la entrada a la oficina del director estaba intacta, muy distinta a lo que había sido hacía meses atrás.
-Sí, Ron. Se supone que debería estar fuera de la escuela ya. He leído todos los libros de las otras clases y sé que estaré avanzada.
-Tu siempre estas avanzada. –dijo sonriendo seductoramente. Hermione se ruborizó. –Pero, ¿Quién me va a ayudar con las tareas de pociones?
Ella rió y golpeó su hombro.
-Es que solo me tienes para eso ¿no?
-Me ofendes, Hermione Granger. También te tengo para darte los mejores besos y lo sabes.
La tomó de la cintura y la atrajo hacia él, ella rió como niña quinceañera, pero hacía tanto tiempo que no se sentía así. De hecho, creía que nunca se había sentido así antes. Los besos de Ron, distinto a lo que otros podían creer, eran perfectos. Y ella se estaba volviendo totalmente adicta a ellos.
-Aunque, viéndolo por el otro lado, es totalmente sexy. Y no hay un solo alumno que no quisiera poder fantasear con su profesora… lo que me diferenciaría de ellos es que, yo sí llego a hacer con mi profesora lo que siempre soñé.
-Ron. Vamos… debemos hablar con la profesora MacGonagall.
Él la beso dulcemente, y luego la soltó.
Tocaron la puerta de madera y recibieron el permiso de entrada. Allí estaba la nueva directora, con el profesor Fliwick, la profesora Sprout y el profesor Slughorn. -Profesores. Es un gusto volver a verlos.
-En circunstancias menos… peligrosas.
-De acuerdo con usted, profesor. –afirmó solemne Ron.
-Aguardaremos a que llegue el Ministro, si no le molesta, señorita Granger.
-En absoluto. Eso quiere decir que ha considerado mi… propuesta.
-Debo decir, en ese efecto, que no esperaba eso de usted, pero al mismo tiempo, no creo que esté para algo menos.
Hermione asintió orgullosa de si misma.
La chimenea se encendió de pronto con más fuerza, y cambió de color. De un rojo anaranjado a un verde esmeralda. Ese color le hizo acordar a Harry, tanto a Hermione como a Ron. Por el fuego apareció el nuevo ministro de la magia, Hermione sonrió amigable y Ron asistió también con una sonrisa.
-Señorita Granger, señor Weasley.
-Ministro Shakelbolt. –Dijeron al unísono.
-Minerva, ¿Cuál es el motivo de mi presencia?
-Bueno, es en relación al puesto de profesor de Transfiguraciones. Al parecer tenemos un postulante para el puesto.
MacGonagall señaló a Hermione quien se ruborizó.
-Pero la señorita Granger no ha terminado sus estudios.
-No, es verdad. Pero también es verdad que soy la mejor de mi generación. Dicho por muchos si no todos mis maestros. Soy aplicada, responsable y estoy capacitada para dar mis exámenes de séptimo ahora mismo. Me he estudiado todos los libros de este curso en cuanto recibí la carta de la escuela.
-¿Qué opinan los demás jefes?
-Si bien considero que la señorita Granger está capacitada para muchas cosas, ¿Lo está realmente para dar clases a chicos de hasta dos años más jóvenes que ella? Es una muchacha.
-Slughorn es la que menos conoce a Hermione. Yo, como su profesor de Encantamientos estaría orgulloso en entregarle el mando de mi clase en cualquier momento, ella demuestra disciplina, constancia, inteligencia por sobre todas las cosas… es una bruja de las que ya no existen.
-En herbología Hermione fue siempre muy destacada. Considero que es capaz.
-¿Puedo tener yo una palabra?
Todos voltearon a ver a Dumbledore. Éste sin apartar la mirada de la de Hermione asintió y habló.
-Hermione ha demostrado ser excelente en todo lo que se propone, no olvidemos que forma parte de un trío especial, en el que cada uno de sus miembros ha demostrado ilustres hazañas. Pero individualmente, Hermione ha sido superada solamente por ella misma. Creo que no solo puede dar con excelentes notas los exámenes de este año, también puede ser una muy buena profesora, sin mencionar que tiene la pasión y la lealtad hacia su casa necesaria para ser también la cabeza de Gryffindor.
-¿Cómo?
Hermione no esperaba eso. Se suponía que solo se ofrecía para darle un respiro a la profesora y solo para el tiempo suficiente hasta que pudiera encontrar un reemplazo. Por más que adoraba Hogwarts, ya no era para ella, como estudiante al menos. Muchos recuerdos, demasiados recuerdos acechaban en cada esquina, aguardando por ella.
-Creo que es una buena idea. – Shakelbolt la hizo salir de sus pensamientos. – Prepararé todo para que un profesor del ministerio venga personalmente un una semana y le tome examen de las materias obligatorias. Estoy seguro que querrá descartar algunas para poder dedicarse a las más necesarias a pleno.
-Su… supongo, sí.
-Si eso es todo, me retiro. Tengo una reunión con el Primer Ministro.
Shakelbolt se detuvo frente al fuego pero volteó a ver a Ron y a Hermione allí de pie, frente a él.
-Por casualidad, ninguno sabe donde puedo encontrar a Harry Potter ¿Verdad?
Sin una palabra, los dos muchachos negaron vehementemente con la cabeza. Shakelbolt suspiró.
-Eso creí.
Sin más desapareció.
Hermione se sentía orgullosa de si misma. Sus profesores confiaban en ella plenamente. Podía sentir ese orgullo fluir de su directora también. Sí, Hermione era capaz de hacer esto, y el hecho que sus profesores más antiguos la apoyasen al cien por ciento era algo que la llenaba de vida, de orgullo.
Ron estaba deseoso por salir de allí, y Hermione no se lo impidió. Con una breve pero cordial inclinación de cabeza ambos salieron de la oficina de la directora.
En cuanto pusieron pie sobre las piedras que formaban el amplio, y para entonces, vacío pasillo, Hermione se vio arrastrada por Ron hacia la pared más próxima, y acto seguido, fue victima de la inconfundible sensación de los besos de Ron. Besos que solo se podían explicar como apasionadamente perfectos. No sabía que Ron lo tuviera en él, pero desde hacia un tiempo, Hermione se veía cada vez más necesitada de llenar sus segundos con besos y caricias de Ron.
-Te felicito. –Murmuró él entre besos.
-Mmm. –fue toda respuesta de Hermione.
Ron había hecho burla de esto antes, pero a ella no le molestaba en absoluto. "Ésta es la única forma de que la perfecta Hermione Granger se quede sin palabras ¿verdad?"
Ron ahogó una risa y volvió a besarla, aprisionando su cuerpo, haciendo contacto con ella desde las rodillas hasta sus rostros. Todo, era necesario que se sintieran con todas las partes de sus cuerpos.
-Será… será mejor que…
-¿Si? –Pero Ron había comenzado a besar la mejilla de Hermione y a bajar hasta su cuello. Finalmente pasó su lengua sensualmente por detrás de la oreja de ella, que la hizo dar un respingo.
-Ronald, estamos en el pasillo de la escuela. – murmuró con velocidad.
-¿y? no te molestó cuando estábamos en el pasillo de mi casa, ni en la cocina, ni el baño. ¡Oh! Tampoco cuando estábamos en…
-¡YA! Ya entendí tu punto.
-Vamos, Amor mío. Mañana tenemos clases. ¿En qué clase de irresponsable estudiante te has convertido desde que estás conmigo?
Ella golpeó el brazo de Ron despacio, y comenzaron a dirigirse a su sala común. Tanto Hermione como Ron estaban poco dispuestos a compartir cuarto con los demás chicos. Y al parecer no eran los únicos que opinaban así, porque de pronto, había llegado una carta más, una semana después de la acostumbrada de Hogwarts, donde les comunicaba que todos aquellos alumnos que estaban cursando su último año a destiempo, estarían compartiendo una sala común conjunta, sin importar la casa a la que pertenecieran.
Pero antes de ir a su nueva sala común y encontrarse con sus verdaderos compañeros, aunque pocos, Hermione y Ron se encaminaron a la torre de Gryffindor.
Ingresaron a la sala común, con un saludo tímido de la Señora de Rosa. Reencontraron con que le fuego de la chimenea estaba encendido, y que frente a él había una persona con cabellera colorada.
-Hola Gin. ¿Que haces?
-Miro el fuego. – dijo despacio.
-¿Extrañas a Harry?
-Ya que tocamos el tema… -dijo Ginny sin responder. - ¿Dónde está?
-Y seguimos, ¡todos Parecen calesita! – se quejó Ron levantando los brazos al aire y dejándose caer en el sillón junto a Ginny.
Su hermana entrecerró los ojos tratando de mandar dagas por ellos a Ron, pero este no hizo caso.
-No hagas caso a tu hermano…
-Nunca lo hago. – dejó que su mirada un instante más en Ron y luego volvió para mirar a Hermione. -¿Dónde está, Mione?
-No sabemos. Eso es lo que Ron intentó decirte. Se fue sin decir a donde, ni porque, y mucho menos cuando volvería…
-Si es que lo hará.
-¿Cómo puedes decir eso de tu amigo?
-Gin. – llamó Hermione, haciendo que la colorada no decapitara a su novio. – Tienes que entender que, Harry… - Pero ¿Qué iba a decir? Harry había estado actuando totalmente fuera de su carácter desde que la guerra terminó. – Él quiere estar solo… por un tiempo.
-No quiero que esté solo por mucho tiempo. Me preocupa que pueda hacer alguna clase de locura… no sé.
-Te entiendo, pero por más que Harry esté solo, no quiere decir que vaya a cometer algún crimen. Harry está sanando. Hay que entender que, después de todo, Harry sí mató a alguien.
-Todos lo hicimos… -dijo Ginny al borde de las lágrimas.
-¿De verdad Gin? ¿Tú mataste a alguien, Ginny? – Preguntó Ron con más vehemencia
-No- Respondió tímida.
-Harry sí lo hizo. Mamá lo hizo… he estado junto a Harry… - Ron se detuvo y volvió a hablar, tomando la mano de Hermione que para entonces se había sentado en el apoyabrazos, junto a Ron. – Hemos estado junto a Harry desde el primer año de escuela, cada uno ha realizado cosas que ni en nuestros mayores sueños pudimos haber hecho, o pensado siquiera en hacer, pero Harry hizo siempre la peor parte.
-No sabemos si es coincidencia, pero verdaderamente creo muy poco en ellas. Harry, por suerte o por desgracia se ha enfrentado a calamidades más grandes que las nuestras. Yo creo que está en su carácter y que está en su destino hacerlo, pero fuera lo que fuere, él sabe cuidarse.
-Pero, no suele desaparecer así como así. Harry… él siempre dice lo que va a hacer ¿No? – Ginny estaba al borde de las lágrimas, pero no dejó que ninguna cayera.
Ron rió, sin mucho ánimo realmente, pero rió. Hermione lo golpeó en la nuca despacio y dejó escapar un suspiro.
-Gin, Harry siempre hace las cosas solo. – Dijo Hermione como si estuviera intentando explicar algo complicado a un niño que pregunta 'porque'. – el hecho que nosotros estuviéramos con él solo significa que no queríamos dejarlo solo, y que él necesitaba sentir que no estaba solo, que nadie lo había abandonado, aunque muchas veces el caso fuera diferente.
-Harry está bien. Él sabe que si algo malo le fuera a suceder se pondría en contacto con nosotros. Así que, deja de preocuparte tanto. Merlín sabe que nosotros no lo estamos.
Ron besó el cabello de su hermana y se puso de pie, Hermione siguiéndole los pasos de cerca.
-Nos vemos en el desayuno. – Sonrió el colorado y sin más salieron de la sala común y se encaminaron a la propia.
En cuanto se alejaron lo suficiente de la torre de Gryffindor, Hermione y ron disminuyeron el paso, sus rostros cambiaron a uno más sombrío.
-Estoy preocupada también. – Dejó salir Hermione poco después.
-Sí, no sé cuánto más vamos a poder cubrirle el trasero. – Se quejó Ron, rápidamente cerrando los ojos y levantando los hombros, señal que estaba esperando un golpe.
Creyó que recibiría un golpe de su novia pero nunca llegó, y con un ojo cerrado y el otro apenas abierto, la miró de reojo. Ella estaba pensativa, nada bueno surgía de su novia e esa pose, nada bueno… para él.
-Mione… - dijo tentativamente.
-Es como si él supiera que iban a preguntar por su paradero.
-Claro que iban a hacerlo. Es Harry endemoniado Potter.
-¡Ronald! – Ahora el golpe sí vino. – Es tu mejor amigo del que estas hablando.
-Sí, y por eso tengo derecho a decir de él lo que me venga en gana. – En el momento que dijo eso, Ron dio un paso al costado, un paso más lejos de su novia pues supo que iba a recibir otro golpe.
Hermione, cuando notó que Ron se movió de su lugar, suspiró y lo miró seriamente.
-De igual modo, tu bien sabes que Harry siempre nos dice qué hará o donde… el hecho que nos haya mantenido en secreto eso…
Ron la miró detenidamente unos momentos. Solo duró un par de segundos porque del otro lado del pasillo apareció la gata del celador, la señora Norris. Sabían entonces que Filch no estaba muy lejos.
Hermione asintió y apresuró el paso, estaban bordeando el toque de queda, fueran o no legítimos alumnos, podían ser castigados.
