CAPITULO 2, TRASLADO

Acabaron de comer pues y Hermione se levantó de la mesa. Luna repitió el gesto, seguida de Ginny.

-Entonces... Queda claro que vendréis...-Preguntó Ginny preocupada por que se hubiesen olvidado

-Claro, Ginny. Yo mañana me presento en tu casa-Contestó Hermione, contenta de haberse librado de sus padres al fin, pues si bien eran buenas personas, siempre daban el coñazo.

-Chicas, puede que yo no aparezca hasta la semana que viene...-comentó Luna, un tanto preocupada por saber que le diría su padre.

Se despidieron las tres, y cada una se fue por donde vino. Hermione salió por la puerta, acompañada de Luna, pero Ginny cogió su saco de polvos flu y pidió permiso a la dueña del local para utilizar su chimenea.

Una vez se fueron del local, el local quedó en silencio, no se oían risas, no se oían voces.
*Estas chicas... alegran el local* Pensó la mesonera, negó con la cabeza y apagó las luces con un movimiento de varita. Se fue a su hogar.

Hermione una vez se despidió de Luna, agarró su motocicleta muggle y se fue para casa. Veía las luces a su alrededor... Las formas se tornaban indefinidas e irregulares, pero esa era una de las cosas que relajaban a Hermione, el sentir que no había nada más que ella y la carretera. Por ser ya tarde, la gente estaba en su horario laboral y pro las calles no se veía a nadie... Recordó el miedo que sintió la primera vez que cogió esa motocicleta, recordó como se balanceaba la motocicleta al principio y cómo perdía el equilibrio. Y tambien recordó, no sin cierta pena, a aquel que siempre la había apoyado, desde siempre... Se dio cuenta de que se había pasado de casa, esbozó una sonrisa, pensar en Ron le hacía quedarse en las nubes, aún sabiendo que él no la correspondía. Dio media vuelta y aparcó enfrente de su casa. Subió las escaleras hasta el tercer piso y picó al timbre de la puerta C.

Abrió su madre. La miró de arriba a abajo, interrogándola con la mirada. Su madre esbozó una sonrisa y ambas se abrazaron.

-Hola mamá-saludó Hermione sonriendo. Cierto, a su padre no lo echaría en falta, pero su madre era otra cuestión.

-Hola querida-le devolvió su madre.

A Hermione se le hizo un nudo en la garganta. ¿Cómo iba a decirle a su madre que se iba a vivir a la madriguera?

Su madre vio ese brillo de preocupación, en el fondo de los ojos color miel de la adolescente.

Su madre la cogió de la mano, la entró dentro y cerró la puerta. La arrastró dulcemente al salón, mientras hablaban, y se sentaron en el sofá.

-Jane... sabes que me puedes contar lo que sea. ¿no?-la interrogó su madre

-Lo se... pero... ¿está papá?-aventuró la joven un poco preocupada

-No, salió hace un rato.-La madre la comprendía. Su padre estaba muy insoportable últimamente y Hermione y él no se hablaban.

-Bueno mamá... ¿recuerdas a la señora Weasley?- su madre asintió con la cabeza, esperando algo muy malo cerró los ojos.

-Pues... me propusieron irme a la madriguera a vivir... ya sabes, allí podré usar la magia todo el día pues no hay muggles, y... y... -Hermione se lanzó encima de su madre-te echaré de menos...

Su madre sonrió. Le devolvió el abrazo.

-Cariño, no tienes por que preocuparte por eso, tienes mi permiso... Pero deberías marcharte cuando tu padre no esté, y no le comentes nada o te encerrará.-explicó su madre

-Gracias mamá...

Exclamó Ella antes de correr a su cuarto. La esperaban al día siguiente, pero ¿qué mas daba llegar ya?

Se plantó en su desordenado cuarto.

*¿Quién pensaría que la sabelotodo Granger era desordenada?* Se dijo a sí misma. Con unos cuantos toques de varita, consiguió meter la mayoría de su ropa en un baúl, y algunos de sus libros más queridos. También cosas necesarias, cepillo de dientes, pasta, peine, diademas, coleteros, maquillaje y otras cosas. Cuando al fin lo hizo, agarró su bolsa de mano, sacó un monedero encantado, y metió el baúl. Luego, se fijo en su cuarto, se veía vacío. Iba a salir por la puerta, pero reparó en un album de fotos de encima de su mesilla de noche. Se sentó en la cama, abrió el album y comenzó a hojearlo.

Leves sonrisas aparecían en su rostro.

Reparó en una de las primeras fotos: Su familia, entera. Había dos docenas de hojas de ella en momentos de su vida, siempre con sus padres y familiares. Una lágrima le rodó por la mejilla. Habían sido momentos muy felices.

Cuando aprendió a andar, cuando hizo un concierto de flauta en el colegio muggle.

Y se fijo en que TODAS las fotos, estaban estáticas. Ante eso una leve risa escapó de su boca.
Pasó más páginas, y a la mitad de album encontró el resto de su vida. Todos con fotos en movimiento.

El primer día en el expreso Hogwarts, cuando la nombraron la mejor de la clase, en la enfermería con Ron después de que derribaran su "caballo" de ajedrez, cuando estaba con Ron y Harry en la enfermería después de lo del basilisco, Con Harry después de salvar a Sirius, Con Ginny y Luna en las gradas de quidditch, con Harry antes de la prueba del dragón, Con Toda la orden del fenix... Muchas fotos... Llegó a la última página casi llorando, ella era muy sentimental... Vio la última página con fotos... y cerró el album, poniéndolo en el bolso.
Ya lista salió del cuarto.

Crank, crank

El sonido de la llave se extendió por toda la casa. Su padre llegaba a casa.
Entonces se dio cuenta de algo que le faltaba.

¡El diario!

Sacó su diario de debajo del colchón, y se fijó en la portada. El diario había sido un cuaderno normal y corriente, de tapas marrones, pero ella lo había personalizado. En su tapa había una foto de ella, ron y Harry. Ella en medio, a su derecha Ron le daba la mano, en signo de complicidad, a su izquierda, Harry le pasaba un brazo por los hombros... los tres reían y la foto rezaba: "Siempre juntos... Da igual donde estés."

Se aseguró que el diario conservaba el hechizo anti-apertura y lo introdujo en su bolsa de mano, en vez de en el monedero, que descansaba al fondo de ese Rojo bolso.

Los pasos se acercaban a su cuarto, pasos enfadados. Temiendo que su padre la descubriese, quebrantó la norma que ella misma se había impuesto: No desaparecerse.

Se desapareció sin esfuerzo al lado de su motocicleta. Vio la luz de su cuarto encenderse, y a su padre soltar un montón de estupideces.

-Adiós mamá-Dijo articulando con los labios pero sin hacer salir sonido alguno.
Se montó en la motocicleta, y la hizo arrancar. Aceleró sin más hacia su nuevo destino: La madriguera.