Disclaimer: Card Captor Sakura y sus respectivos personajes no son de mi propiedad. Estos pertenecen a las CLAMP... pero mención honorífica a Madhouse, quienes hacen un mejor trabajo en Clear Card.


Summary: Sakura no pensó en las consecuencias que le traería huir de su boda y gritarle a su ex-prometido que era un estúpido antes de salir corriendo de la iglesia. Menos, que una de ellas sería encontrarse con Syaoran Li, quien prácticamente había hecho lo mismo.


Coincidencias que nos unen.

Capitulo Uno: Reencuentros sorpresivos.


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«—Tengo curiosidad —escuchó que él le decía después de dar un trago a su café. Lo miró con duda, no sabiendo que era lo que ahora quería preguntar—, ¿continuas con la loca idea de que te deje en la estación más cercana?

Por supuesto que sí —contestó de inmediato, sin detenerse siquiera a pensarlo.

Entonces eso significa que, entre toda esa tela blanca que llevas puesta, tienes el dinero para pagar el pasaje…

Y fue cuando el rostro de ella se contrajo en una mueca, mientras recordaba una cosa muy importante: No tenía ni una sola moneda en ese momento.

Él sonrió, con un poco de arrogancia.

Creo que eso significa que no. »

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De sus labios brotó un profundo suspiro, mientras encerraba uno de los anuncios que se encontraban en el periódico frente a ella. Debajo de sus ojos verdes se podían apreciar una profundas ojeras, todo gracias al cansancio que llevaba acumulando desde hace dos –¿o tres?– días.

Necesitaba encontrar otro trabajo, lo más pronto posible. Llevaba alrededor de un mes viviendo con su prima y desde hace como dos semanas había empezado a trabajar en una cafetería; la cual, sinceramente, no le permitía completar el suficiente presupuesto como para que pudiera conseguir un lugar propio donde vivir.

Y no era que le disgustara vivir con Tomoyo, todo lo contrario; era sólo que, a su parecer, ya había abusado demasiado de la hospitalidad de ella.

Buscó nuevamente en aquel periódico que había comprado la noche anterior, el cual llevaba revisando desde muy temprano. Tenía ya varios días buscando entre periódicos y vacantes en línea que tuvieran que con su profesión –periodismo–, pero gracias a los malos resultados que estaba obteniendo, empezaba a pensar que lo mejor sería buscar sobre alguna otra. Necesitaba ganar más dinero, para de esa forma poder ayudarle a su prima con los gastos del departamento, además de que debía iniciar a ahorrar.

—Por favor, dime que no te levantaste temprano para poder checar ese periódico… —escuchó una femenina voz frente a ella, hablándole con cierto reproche.

Al levantar la mirada, se percató que la figura de su prima se encontraba frente a ella.

Tomoyo Daidouji, quien tenía una estatura un poco más alta de lo promedio y poseía una figura esbelta –que en ese momento vestía un short color lavanda y una blusa de tirantes celestes–, la miraba severamente y con preocupación a través de sus ojos amatistas mientras mantenía sus brazos cruzados sobre su pecho.

—Entonces… no te diré nada—contestó, volviendo a bajar su vista al periódico.

Le peli-negra suspiró, dejando caer sus brazos a su costado.

—Sakura, te he dicho que no me molesta que vivas conmigo y que yo podría ayudarte a conseguir un buen empleo —le dijo mientras se sentaba frente a ella y tomaba una de sus manos con suavidad, logrando que bajara el diario sobre la mesa y la viera directo a los ojos—, uno que tenga que ver con tu profesión.

Sakura trató de sonreírle, con agradecimiento.

—Tomoyo, sabes que yo quiero encontrar un empleo por mí misma, ya he abusado mucho de ti y no se me haría justo que, además de todo lo has hecho por mí, me busques una entrevista de trabajo —apretó su mano, para después fruncir levemente el ceño—. Aparte, sabes que, en cualquier lugar, cuando se enteren quien soy yo, ni siquiera me querrán dar el empleo… todo por dejar en el altar a Takumi.

—Eso es ridículo —opinó Daidouji.

—No, no lo es —dijo, con frustración—. Los padres de Takumi serian capaces de eso y más, todo porque yo deje a su hijito… Estoy bastante segura de que ellos estaban conscientes de que él me estaba engañando todo este tiempo.

Sakura bufó mientras soltaba la mano de su prima, tener en sus pensamientos a su ex-prometido sólo le provocaba dolor de cabeza.

Independientemente de los sentimientos confusos que había provocado enterarse de su engaño, uno de los daños colaterales que le había traído su relación con Takumi era en el aspecto laboral.

Porque sí, Takumi había sido su jefe.

Él era el actual redactor jefe de una de las revistas más actuales y que poco a poco empezaba a tomar importancia en Japón, sin embargo, ella lo conoció antes de que comenzara a trabajar para él, todo gracias a unos compañeros de la universidad que se lo habían presentado. Cuando consiguió una entrevista para iniciar a laborar en New Stories, se llevó una sorpresa al notar que Takumi sería el encargado de entrevistarla, pero sin duda, su sorpresa fue mayor cuando descubrió que él sería su jefe.

En un principio, su relación dentro de las instalaciones era de carácter profesional, hasta que poco a poco iniciaron a tener una amistad. Bastaron dos meses para que Takumi le pidiera ser su novia y que ella aceptara; seis meses después, ya estaban comprometidos.

Por él había aceptado vender el pequeño pero cómodo departamento que tenía un mes antes de la boda, todo por la idea de que era bueno que comenzaran a vivir juntos. También se había enfrentado a su familia, quienes no creían que su relación tuviera sentido y, en cierta manera, se oponían a lo que ella tenía con Takumi.

Ella tenía claro que lo quería, una persona no hace tanto por otra de no ser así. Pero si en algún momento le llegaban a cuestionar que si lo que sentía por él era amor, no estaba segura de poder dar una respuesta clara a eso.

También era posible que su burbuja de felicidad había logrado mantenerla tan idiotizada, que por eso no puso ninguna objeción cuando los preparativos de la boda dejaron de ser los que ella tenía contemplado en un inicio y se transformaron a todo lo que la familia de él quería.

Ciertamente, no la había dejado elegir prácticamente nada.

Ni la recepción, ni el día y la hora, ni los invitados, ni las invitaciones, ni la iglesia, ni la comida que se serviría… Nada.

Ni siquiera el vestido que utilizó ese día.

No fue hasta que una noche antes del gran día, que ella –con todos los nervios pre-nupciales– buscó a Takumi en compañía de su prima para poder tranquilizarse un poco. Cuando llegaron a la habitación de él (estaban en la Mansión Furusawa), escucharon algunos sonidos que las desconcertaron, así que abrieron la puerta con cuidado y la imagen que se presentaba ante ellas había logrado dejarlas impactadas.

Takumi y la supuesta mejor amiga de él, se encontraban en la cama manteniendo relaciones sexuales.

De no haber sido por Tomoyo, lo más seguro es que se hubiera quedado de pie al lado de la puerta sin decir nada, esperando a que ellos se dieran cuenta de su presencia. No pudo llorar, se la había pasado como ida, en shock, hasta que de repente cayó dormida. El día siguiente, siguió de esa forma. No fue hasta que se vio vestida y arreglada en aquella pequeña sala, que reaccionó.

Su primer pensamiento fue tener el deseo de escapar, huir de su propia boda, uno de sus principales sueños de su infancia.

Y así lo hizo.

—¡Sakura! —casi gritó Tomoyo, tratando de llamar la atención de su prima que se encontraba atrapada en sus pensamientos.

Sakura brincó en su asiento, despertando de su letargo.

—¿Hoe?

—Hasta que despiertas —Tomoyo sonrió—. ¿Qué te mantenía tan distraída?

—Yo… estaba pensando cuando huí de la boda —reveló, con Tomoyo no tenía caso ocultar algo…

—Oh… —musitó su prima, iniciando a pintar su sonrisa de picardía—. ¿Será que pensabas en aquel joven que te trajo a casa aquel día, dueño del saco que me pediste planchar y que mantienes guardado celosamente en tu habitación, el cual me niegas revelar su nombre?

Sin poder evitarlo, al recordar al joven de profundos ojos ámbares que había conocido el día de la boda, Sakura se sonrojó levemente.

—¿Q-Qué? ¡No!

—Ese sonrojo me da a pensar todo lo contrario…

—Estas equivocada, no sé por qué piensas eso Tomoyo —se levantó de su asiento, no queriendo darle largas al asunto—. Mejor iré a preparar el desayuno, hoy me toca a mí hacerlo.

Tomoyo, sin poder evitarlo, se inició a reír un poco.

—Ay, Sakurita… no sé porque evitas hablar de él —comentó mientras se acercaba a ella.

—Porque jamás volveré a verlo, por eso… —contestó Sakura, dándole la espalda y mordiendo levemente su labio inferior.

Porque ella, internamente, esperaba todo lo contrario.

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«—¿Quieres saber mis razones para no casarme? —ella asintió ante su pregunta—. Digamos que… yo no la amaba —le reveló, dejándola impactada—. Estaba obligado a casarme con ella… tradiciones de mi familia… —se encogió de hombros.

¿Y tú ibas a aceptar así de fácil? —preguntó, sorprendida.

No me quedaba de otra, mi familia solía hacer mucho lo de los matrimonios arreglados en el pasado y decidieron volver a aplicarlo conmigo, pero… ya ves, logré saber que era más importante para mí y finalmente tomé otra decisión —dijo algo serio, pero después sonrió queriendo olvidar el asunto de su familia—. Y aquí estoy, salvado del matrimonio… al igual que tú.

Ella, inconscientemente, sonrió.

Hasta que te veo sonreír… —señaló con diversión, para después darle un trago a su café—. Bueno, siendo justos, te toca: ¿por qué le dijiste «estúpido» al sujeto con el que te ibas a casar? —la sonrisa de ella se borró. Notando su cambio de ánimo, decidió volver a hablar—. Hey… No es necesario que me lo digas…

No te preocupes —le cortó en medio de un suspiro, era lo justo después de todo —, te lo diré —dijo con detenimiento.

Pero se mantuvo en silencio por un momento y cuando él estuvo a punto de volver a decirle que no era necesario, habló.

A diferencia de ti, yo si le quería… pero él me lo pagó de la peor manera…

¿Qué… fue lo que te hizo? —preguntó con cuidado, después de ver un poco de vacío en aquellos ojos verdes.

—…me fue infiel una noche antes de nuestra boda.»

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Entonces, ¿buscarás una nueva secretaria?

—Sí, creo que es lo mejor… ¿Te encargarías de las entrevistas? Me surgieron varios pendientes hoy y no creo poder encargarme de ello.

Escuchó una pequeña risa del otro lado del teléfono.

Ya sabes que sí, tú dile a Recursos Humanos que las mande a mi oficina si llegan a pasar el primer filtro.

—Solo te pido que no sea como la ultima chica que contrataste —gruñó, recordando el posible trauma que pudo vivir.

¿Acaso algo estaba mal en ella? —preguntó, fingiendo inocencia; de fondo se apreció el sonido de la bocina de un auto.

Rodó los ojos sin poder evitarlo.

—Sabes perfectamente que sí. Eh… —titubeó un poco en decir lo siguiente—, la chica trató de encerrarme en mi oficina y… secuestrarme por una noche.

Una fuerte carcajada se escuchó.

¿La chica trato de secuestrarte? —más risas se lograron escuchar, sería un milagro si el idiota de su primo no provocaba un accidente por ir hablando por teléfono cuando conducía—. Eso no me lo habías di…

¡¿Tú secretaria intentó secuestrarte?! —se escuchó, de repente, una voz femenina bastante enojada.

Él suspiró y cerró los ojos.

—Meiling… —empezó a hablar con fastidio, sabiendo lo que venía— ¿qué estás haciendo con Eriol?

Obligué a Eriol a llevarme a desayunar y después a la oficina de ustedes—contestó la chica—. Tú lo llamaste y yo prometí mantenerme callada si él activaba el altavoz, pero eso no es lo importante… Quieres decirme —el tono de su voz aumentó considerablemente—, ¿cómo está eso de que tu secretaria te quería secuestrar? ¿Te sedujo? ¿No abuso de ti, verdad? Pero lo más importas, ¿te encuentras bien? ¡Voy a matarla por haber siquiera pensado la estúpida idea de querer abusar de ti!

—Meiling, no dramatices… —pidió.

¡No me digas que dramatizo! ¡Eres un desconsiderado! ¡Me preocupo por ti, Xiao Lang! No puedo creer que así me pa…

De repente, ya no se escucharon más los gritos de Meiling.

Desactive el altavoz —esa era la voz de Eriol. Syaoran le agradeció internamente—. Llegaremos en un momento… Por cierto, un consejo primo: Lo mejor será que tu secretaria ya no esté ahí cuando lleguemos, o Meiling podría echarla en el momento que la vea —de fondo se escuchó un «¡Eso ni lo dudes!» de parte de su prima.

—No te preocupes, esa chica ya no trabaja aquí.

Y colgó la llamada.

Syaoran Li, un joven de veinticuatro años y vice-presidente ejecutivo de una de las empresas más importantes del país que tenían como nombre su apellido, emitió un enorme y pesado suspiro después de colgar esa llamada.

Desde hace un mes –justamente después de huir de su boda–, su vida estaba hecha un completo lío. Su madre, su prometida y los demás invitados lo habían esperado por alrededor de una hora en aquella iglesia –Eriol no les había dicho que él no pensaba presentarse– y no fue hasta que Mayumi Hirayama regresó corriendo entre lágrimas (que lo más seguro era que fueran totalmente falsas) al coche que la llevó aquel día, con su presuntuoso y blanco vestido de novia, que todos los demás empezaron a irse, entiendo lo que eso significaba: La boda quedaba cancelada.

Esa noche regresó a la Mansión Li con una sonrisa imborrable en su rostro, su madre le había exigido, al menos, alguna explicación lo suficientemente buena para que haya dejado a Mayumi plantada y humillada ante todos. Él se encogió de hombros, respondiéndole que ella mejor que nadie sabía que lo último que él quería era casarse a la fuerza, y más si lo era con la menor de los Hirayama.

¿Se ganó problema? Sí, algunos. Ese matrimonio significaría una especie de alianza con las empresas de la familia Hirayama. ¿Qué si le importó? Realmente, no mucho. Aquel matrimonio solo lo hubiera hecho infeliz, no se arrepentía de nada.

Los únicos que no se atrevieron a juzgarlo por su repentina decisión fueron sus primos, Eriol y Meiling, sus hermanas, sus amigos más cercanos, su fiel mayordomo Wei, y… la loca y fugitiva chica, dueña de aquel par de ojos verdes, que había tenido la idea de huir de su boda el mismo día que él.

Aunque debía admitir que, algo que lo incomodaba un poco era que –desde que se vio libre del compromiso– casi cualquier mujer que se le acercaba, lo hacía con la doble intención de atraparlo en una relación seria… o al menos lograr tener algo de una sola noche con él. Eso le molestaba, ya que, aunque él no fuera precisamente un santo, tampoco iba a ser un mujeriego que mantenía relaciones casuales con cualquier mujer que se le acercara sólo porque sí.

Un ejemplo había sido su antigua secretaria, la chica había intentado encerrarlo en su oficina la noche del último viernes, ya que él había aprovechado para quedarse y así poder revisar unos documentos. La mujer había tratado de seducirlo y, tampoco iba a negarlo, lo que vio no estaba nada mal; lo bueno es que de alguna u otra manera él logró escapar de ella. El lunes siguiente, ella no se presentó a trabajar, él supuso que por temor a las represalias que pudieran tener lo había tratado de hacer aquella noche.

Suspiró, lo mejor sería olvidarse de eso. Lo único que quería en ese momento era un poco de tranquilidad y paz…

—¡¿En dónde está esa mujerzuela?! —se logró escuchar detrás de su puerta un grito, de una voz demasiado conocida para él.

Dejó caer su cabeza contra el escritorio, golpeando su frente en el acto.

Con Meiling cerca, tranquilidad seria lo último que podría tener.

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«—Entonces concuerdo contigo, él era un completo estúpido…

¿Hoe? —eso la confundió, por un momento se había distraído, recordando lo que había visto anoche.

Sí… mira que engañar a alguien como tú —la señaló—, se ve que eres una buena persona.

Ella volvió a sonreír, con las mejillas un poco sonrojadas.

Gracias…

No es nada… —entonces la observó con los ojos entrecerrados—. ¿Eso cambió tu opinión de viajar en metro?

Seguirás insistiendo con ello, ¿verdad? —preguntó, alzando una de sus cejas y ladeando levemente su cabeza.

No lo dudes —miró a través de la ventana—. No falta mucho para que anochezca y no puedo dejar que viajes en metro así —ella le sonrió nuevamente, sorprendiéndose de lo amable que él podía ser—, serias un peligro con esa esponjosa falda…

Y la sonrisa de ella se esfumó.»

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Salió del edificio, mientras fruncía el ceño y maldecía su suerte una vez más.

Acababa de salir del cuarto lugar que visitaba esa mañana y no le habían dicho nada alentador con respecto a conseguir la vacante que solicitaban. «Nosotros le llamaremos…», era lo que le habían dicho ahí y en todos lados. Eran puras palabrerías. Ninguno llamaría, de eso estaba más que segura.

Y sabía la principal causa: Takumi o, mejor dicho, sus padres, Koichi y Naomi Furusawa.

Más que nada, la culpa era de Naomi. Ella la recordaba como una hermosa mujer que después de retirarse del modelaje se había dedicado a seguir su segunda carrera: El periodismo (Sakura sabía que ella había influido en la decisión de Takumi en estudiar justamente esa profesión). Trabajando así en una de las revistas más importantes sobre el mundo de la moda. Con el tiempo empezó a ganar prestigio en ese ámbito y en muchos otros más, volviéndose lo que era actualmente: Una persona muy influyente en los medios de comunicación.

Naomi la había ido a visitar tres días después de la boda, con su abundante, brillante y ondulada cabellera rubia cayéndole sobre la espalda, a pedirle –exigirle, mejor dicho– el anillo de compromiso que Takumi le había dado. Sus ojos mieles le habían visto con algo parecido a la apatía y de sus labios, que anteriormente le habían dirigido sonrisas, salieron unas frías palabras que ella sinceramente no esperaba.

«Ya sabía yo que mi hijo había tomado una estúpida decisión al tenerte como novia y, sobre todo, como su prometida. No te mentiré, me alegra enormemente que su matrimonio no se haya llevado a cabo… pero eso no quiere decir que perdonaré la humillación que le diste ese día a mi familia. Escúchame bien, Sakura Kinomoto: Yo misma me dedicaré a acabar con tu carrera.»

Esas habían sido sus palabras y vaya que la mujer sabía cumplirlas.

Suspiró con pesadez y decidió que lo mejor era dirigirse a la cafetería en la que llevaba trabajando desde hace dos semanas.

Mientras caminaba, levantó su mirada al cielo y pensó con nostalgia que tal vez ella no se encontraría en esa posición si no se hubiera detenido en el altar para insultar a Takumi; si hubiera continuando caminando, mientras traba de ignorar las imágenes de lo que había visto la noche anterior, todo sería diferente… Sacudió su cabeza al notar el rumbo de sus pensamientos, no debía arrepentirse de su decisión, prefería estar así que en un matrimonio que bien después podría terminar en divorcio. No importaba si esa noche era la primera o la última en la que Takumi la engañaba, el punto era que él se había atrevido hacerlo y ahora gracias a eso perdió la confianza que le tenía.

Además, si ella no hubiera huido, nunca habría conocido a aquel joven que criticó demasiado la falda de su vestido.

Sin darse cuenta, ya había llegado a la cafetería. Se fue a la parte trasera para así poder pasar por la puerta de empleados; al entrar, se encontró con dos de sus compañeras, las cuales le sonrieron.

—Buenos días… —saludó.

—Buenos días, Sakura —saludaron ambas—. Llegas temprano, ¿cómo te fue? —preguntó una de ellas, Chiharu Mihara, una chica de coletas altas que trabajaba ahí por medio tiempo.

—No muy bien —respondió en un suspiro—. Lo mismo de siempre, dudo mucho que uno de ellos llegue a llamar…

Chiharu hizo una mueca con sus labios.

—En verdad lo siento mucho Sakura, sé lo mucho que necesitas el trabajo.

—No te preocupes —Sakura tomó su uniforme de su pequeño casillero y se fue al baño a cambiarse—. Sé que pronto encontraré un empleo, lo presiento.

—Me gusta mucho tu optimismo, Sakura —sonrió Chiharu, a pesar de saber que su amiga no la estuviera viendo.

—Tú también deberías tenerlo —dijo Sakura al salir, ya cambiada—. Ya verás que a pesar de los retrasos que has tenido, pronto terminarás la universidad.

La chica Mihara asintió, sonriéndole.

—Bueno —Sakura sonrió—, vayamos a trabaj… —pero se interrumpió, todo gracias a que su celular empezó a vibrar en su bolsillo —. Es Tomoyo… —dijo, al reconocer el número.

—No te preocupes, yo me adelantaré. ¡Pero atenderás dos de mis mesas, eh!

Sakura rió un poco, antes de que Chiharu saliera. Después contestó la llamada.

¿Hola? ¿Sakura?

—¿Si? Dime, Tommy…

Bueno… ¿cómo decírtelo? —por un momento hubo silencio, y Sakura se preguntó qué pasaba para que su prima tardara tanto en hablar—. Ensucié sin querer el saco del tipo del tipo misterioso.

—¡¿Qué?! —exclamó, preguntándose porque era que su prima lo había sacado de su armario—. ¡Tomoyo…! ¿Cómo fue que suce…? —y se calló, al oír las risas de dos personas por el teléfono. Una era de Tomoyo y la segunda, estaba más que segura de quien se trataba.

Sus labios formaron un puchero, ella realmente se la había creído.

Perdón, perdón… pero no pudimos resistirlo. ¡Debiste escucharte! Lo más seguro es que ahorita tengas un puchero en el rostro… —era una voz masculina.

—Kerberos… —masculló ella, provocando así un poco más de risas.

Cuando estas se acabaron, un suspiro de Tomoyo se logró escuchar.

Ya, perdón. Sólo llamaba para decirte que hoy saldré con un amigo después del trabajo, así que lo más probable es que llegue un poco tarde a casa.

—No te preocupes…

Pero yo me quedaré contigo, Sakurita… —le interrumpió.

—No sé si ahorita quiera tu compañía, Kero —soltó mordazmente.

¡Eres mala conmigo, Sakura! —se quejó el rubio.

—Bien que te lo mereces —habló. Miró su reloj y vio que ya se tardaba—. Chicos, debo colgar, tengo que ir a trabajar…

¿Tan temprano? —preguntó Tomoyo.

—Sí, después se los explico.

Está bien, nos vemos después.

Sí, te esperaré con algunas películas…

Ella sonrió.

—Okay, adiós chicos —y colgó.

Guardó el celular en su bolsillo y empezó a caminar. Gracias a que Tomoyo lo había mencionado aquella mañana y ahora con la broma que habían hecho sus amigos, habían conseguido que ella recodara al dueño del saco que ella guardaba en su habitación.

Suspiró y miró el cielo a través de la ventana.

¿Alguna vez lo volvería a ver?

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«—Okay, estamos frente la estación… —apagó el automóvil—. ¿Estás segura?

Por milésima vez, sí —contestó, un poco fastidiada.

Sólo una pregunta, ¿cómo conseguirás el dinero para pagar el pasaje?

Ella bufó.

Qué sé yo… le pediré prestado a alguien.

Escucha, Sakura —se atrevió a llamarla por su nombre—, deja que yo te lleve. No voy a secuestrarte o algo por el estilo.

¿Por qué debería creerte? —preguntó mirándolo con falsa sospecha—. Quién quita y hasta intentas robarme…

Y dime, ¿qué puedo robarte, tu vestido y su esponjosa falda? —se burló.

Le miró feo, ¿por qué se divertía tanto agrediendo al vestido que ella usaba?

Ya, deja que te lleve. Si te dejo aquí, todos te tomaran como una loca y fugitiva chica vestida de novia que pide dinero —ella le golpeó el brazo—. Ouch, era sólo una broma.

No me causó gracia.

Anda, deja de rezongar, sería peligroso…

Hizo un mohín con sus labios, pero finalmente asintió; en parte él tenía razón y, además, sus pies ya no soportaban los zapatos que traía.

Perfecto… —encendió nuevamente el auto—. Ahora sólo dime para dónde debo ir…»

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—Aprende a controlarte.

—¿Qué me aprenda a controlar? ¡Me preocupó por ti!

Syaoran alzó una ceja.

—Entonces aprende a controlar tu preocupación —dijo.

Ella le miró feo, controlándose para no golpearle.

—Ya, Syaoran, tampoco regañes a Meiling —habló una tercera voz, claramente se escucha la diversión en el dueño—. No tiene nada de malo que se preocupe por ti.

—Ves, Eriol tiene razón… así que, por lo tanto, yo también.

Meiling sonreía con autosuficiencia ante su lógica.

—No digo que tenga algo de malo que te preocupes por mí —se corrigió, ante todo agradecía tener una prima como Meiling; sólo que nunca se atrevería a confesárselo en voz alta—, lo que trato de decir es que te controles un poco.

—¡Pero no hice nada malo!

—Estuviste a punto de agredir a la secretaria de mi padre, quien solo me está ayudando por un tiempo y que no tenía nada que ver con lo que paso hace algunas noches —recordó.

La pelinegra sonrió nerviosamente, de fondo se lograban escuchar algunas risas de Eriol.

—Y-Yo no sabía que ella era la secretaria del tío Hien —trató de excusarse, avergonzada. Luego miró a Eriol con el ceño fruncido —Hiragizawa, deja de reírte, ¡se supone que estás de mi lado!

Syaoran suspiró… sus primos eran un caso.

Primero estaba Meiling Li –una bella chica de largo y lacio cabello negro, y dueña de unos brillantes ojos color rubí–, su prima y una de las personas que más se preocupan por él (según ella, lo protegía de cada "zorra" que se le quería acercar). De veinticuatro años, se encontraba haciendo su internado en cirugía y tenía toda la intención en especializarse en pediatría, pues su prima amaba a los niños. Meiling había sido una de las personas que no estaba de acuerdo con el matrimonio que él iba a contraer (tanto era así, que se había negado a asistir a la boda), y también había sido una de las más felices al saber que había huido antes de llegar a la iglesia. Sí, la quería; pero su hiperactivo carácter en ocasiones lo llegaba a… estresar un poco.

Eriol era otra cosa, ya que, a pesar de ser su primo y mejor amigo, también podía llegar a ser su verdugo personal. No negaba que Eriol lo apoyaba en la mayoría de sus decisiones, pero también acostumbraba a jugar con su mente y burlarse de él (en ocasiones era en compañía de Meiling, pero la mayoría del tiempo era con Takashi Yamazaki, un amigo cercano de parte de los tres). A veces quería ahorcarlo, pero después recordaba que eran parientes y no podía hacer eso y que, además, sin Eriol, la empresa se quedaba sin su próximo director de operaciones.

El sonido de que alguien golpeaba su escritorio lo hizo despertar de sus pensamientos.

—¿Me estas escuchando? —le preguntó Meiling, alzando una de sus finas cejas.

Sonrió nerviosamente, ni siquiera le había prestado atención.

—Eh… Sí —contestó, no muy seguro.

—¿En serio? —cuestionó, escéptica—. Repíteme lo que te dije.

Syaoran suspiró… Que más daba.

—Está bien, realmente no te estaba escuchando.

Meiling bufó, Syaoran tenía una suerte de ser su primo favorito.

—Vine a darte un recado de tu madre —Syaoran prestó atención—, tía Ieran me pidió que te avisara que el próximo sábado habrá una reunión familiar y debes asistir.

—¿Toda la familia?

Toda la familia —respondió Eriol a la pregunta.

—Demonios… —musitó, deslizándose por su asiento—. No es obligatorio que vaya, ¿verdad?

—No, pero… debes ir, al menos eso dijo tía Ieran —un sonido proveniente de su celular la distrajo. Era un mensaje, el cual leyó rápidamente—. Debo irme, parece que hay una urgencia, ¿Eriol, puedes llevarme al hospital? —le preguntó después de girarse para verlo.

Eriol asintió.

—¡Hey! Tú debes trabajar… —le recordó Syaoran.

—No me tardaré demasiado —respondió sin ninguna preocupación el peli-negro—. Sé que no puedes vivir sin mí, pero al menos intenta despistarlo —dijo en forma de broma, consiguiendo que Meiling riera y que Syaoran frunciera el ceño.

—Idiota…

—Bueno, nos vemos más tarde Xiao Lang —Meiling se despidió con un beso en la mejilla.

Eriol solo le sonrió (con aquella sonrisilla que él calificaba como estúpida) y ambos salieron de la oficina.

Suspiró, ya era hora de que empezara a trabajar… Cuando terminará saldría a distraerse un poco, realmente lo necesitaba.

No sabía porque, pero tal vez un café sería una buena opción.

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Estacionó su auto frente a una cafetería a la cual no había visto antes, pero que su prima ya le había recomendado en más de una ocasión. No se veía ni muy grande ni muy pequeña, a su parecer tenía el tamaño perfecto. Además, no se veía que hubiera mucha gente en el interior y eso, para él, estaba bien, un poco de tranquilidad le vendría bien en ese momento.

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Estiró sus brazos y emitió un largo bostezo, no eran ni las siete de la noche y ya se moría por dormir un poco. Lo bueno era que no faltaba mucho para las ocho (la hora en la que terminaba su turno) y pronto podría irse a casa. Ya lo tenía planeado: Llegaría al departamento, ignoraría a su rubio amigo y se iría directo a dormir. Sí… un gran plan.

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Apenas entró al lugar el típico sonido de una campanilla sonando se escuchó, avisando que había un cliente nuevo. Miró el lugar y se dio cuenta que había estado en lo correcto, no había mucha gente y definitivamente el lugar se veía cómodo. Se encaminó a una de las mesas vacías y tomó asiento, se quedaría ahí un rato y probaría algo. Al fin y cabo, él también se merecía un descanso.

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Tomó una pequeña libreta y un bolígrafo, su amiga le había pedido que le cubriera tomando las ordenes de algunas de las mesas que a ella le tocaba; había aceptado sin dudarlo, eso le era más productivo que estar detrás de la barra tomando los pedidos de las pocas personas que se sentaban ahí.

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—Buenas tardes, ¿cuál va a ser su orden? —preguntó educadamente, al llegar a unas de las pocas mesas que estaban ocupadas y sin atender. El joven se encontraba revisando el menú, por lo cual no podía observar su rostro.

Él, que continuaba sin saber que pedir, decidió que lo mejor sería preguntarle a la chica.

—No lo sé, ¿qué me recomiendas? —le preguntó, viendo aún la cartilla del menú.

Ella sonrió con los ojos cerrados, sabía muy bien que ofrecerle.

—Bueno… puedo recomendarle una porción de la tarta de chocolate, realmente es deliciosa.

¿Chocolate, eh? Parecía que la chica conocía sus gustos.

—¿Por qué no? Dame una rebanada de la tarta y… —calló al levantar la vista y mirar a la chica.

—Okay, una rebanada y, ¿qué se le ofrece para be…? —pero la pregunta quedo en el aire. Abrió los ojos con impresión y, al igual que él, se quedó callada al verlo.

—¿Sakura?

—¿L-Li?

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—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntaron ambos, al mismo tiempo.

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«—Y aquí estamos, para que veas que si llegaste sana y salva —le dijo una vez que se estacionó frente a un edificio.

¡No es mi culpa dudar! —soltó algo avergonzada—. Bien pudiste resultar ser un criminal o algo así, ¿no se vería peor en mi si me voy como si nada con cualquier extraño? —trató de defenderse.

Él no pudo evitar reír.

No te preocupes, no me lo tomaré personal —le hizo saber.

Vaya, que bien —dijo, aliviada—. En fin, por lo menos ya estamos aquí… muero por quitarme estos zapatos.

Y no lo dudo —abrió la puerta de su lado, dispuesto a salir.

¿A dónde v-vas? —preguntó, extrañada.

¿Tú qué crees? —regresó la pregunta como si fuera obvio, mientras alzaba una ceja—. Te abriré la puerta.

P-Pero no es nece… —pero calló, él ya estaba fuera del auto y había llegado a su puerta, para abrirla.

Él le extendió su mano para ayudarla a bajar y ella rió un poco, todo gracias a la actitud de caballero de él. Pero el que después empezó a reír fue él, su vestido se había atorado un poco al intentar salir.

No es gracioso —le regañó, abrazándose a sí misma, el viento en la noche era algo frío.

Perdón, pero no pude evitarlo —se disculpó, quitándose su saco negro y poniéndolo sobre los hombros de la chica.

¿Q-Qué haces? —un sonrojo había subido a sus mejillas.

No voy a dejar que tengas frió… —fue su explicación—. Pero vamos, quien te espere allá arriba se debe encontrar preocupado…

Ella asintió de forma lenta y ambos empezaron a dirigirse a la entrada principal del edificio, ella con la cabeza un poco gacha y él mirándola de reojo.

Bueno… aquí estamos —comentó cuando estaban en la puerta.

Sí, aquí estamos —repitió él.

¿Sabes? —lo miro, decidida en no callarse lo que pensaba—. Me dio gusto conocerte, aunque al principio no te me hiciste muy agradable… —confesó ella.

El rió.

A mí también me dio gusto conocerte… Espero que un día nos volvamos a ver.

La vida lo dirá.

La vida debe decir que sí, me debes lo que comiste en el café.

Ella le dio un leve golpe en el brazo.

Ouch —dijo, "quejándose".

Tonto.

Entonces ambos se miraron a los ojos y sonrieron sin poder evitarlo.

La vida y el destino ya los había hecho encontrarse una vez, así que, si todo estaba a su favor, sin duda volvería a pasar.

De alguna u otra manera.»

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.

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Notas: No hay mucho que decir, más que estoy a nada de quedarme dormida sobre mi computadora haha.

Si alguien leyó el capítulo antes de su re-edición, podrá haber notado que lo que sucedía en las escenas realmente no cambió mucho, pero si modifiqué varias líneas antes de sentirme contenta con el resultado.

Espero que el capítulo haya sido de su agrado, me encantaría saber lo que pensaron de él.

¡Gracias a todos los que agregaron a favoritos y dieron follow! ¡También a todos a aquellos que no dejaron ningún comentario, pero que llegaron hasta aquí!

¡Saludos!

PD: Los reviews los responderé por privado más tarde, ya que he andado ocupada por mi examen de titulación que es el próximo sábado, ¡ojalá me vaya bien! (es por lo mismo que aún no he podido actualizar "Y el karma dijo" y "Un destino confuso", pero pronto regresarán).

PD2: El nombre del siguiente capítulo es: "La perspectiva de los demás". ¿Qué se imaginan que pueda suceder?