Era una pesadilla tener que lidiar con que el hombre más candente del mundo estaba a solo tres cuartos de ella, pero había sido tan estúpida como para prometerse, o más bien, comprometerse con Yolei. Comenzaba a pensar que si había alguien allá arriba, seguramente la odiaba. Es que no le costaba nada al destino haber pospuesto esa inverosímil promesa al menos para darle tiempo a Taichi para vestirse y salir de su departamento, tan solo para quitárselo de la cabeza.

-Y… ¿Qué sabes de Taichi?

Yolei la miró de reojo, a ella no la engañaba. –No mucho.

-¿Es Francés?

-No, sólo trabajó allá unos años.

Sora no pudo evitar divagar al anexar la palabra "Francia". La tierra del Amor le sonaba de lo más cautivador; ya estaba cansada de japoneses fríos que no la llenaban. Taichi era perfecto a sus ojos… y Francés. Era como si el destino al fin cumpliera su fantasía de hombre ideal, lo pusiera frente a ella y a la vez no lo dejara siquiera tocarlo… Si tuviera el poder haría correr más rápido al tiempo, todo con tal que el mes terminara, y se diera las libertades de las que se vio privada por; según ella, un error. Lo demás importaba un comino… en cuanto ese mes acabara seria libre. Libre de ir a Francia a dar rienda suelta a todo aquello que se arremolinaba en su interior por culpa de un completo desconocido que hacia estragos en ella con tan sólo mirarle, e imaginarlo en sus brazos…

-Sora, ya deja de pensar en él –le rogó la pelilila.

-¡No estoy pensando en Taichi! –resopló al verse descubierta.

Desde que Taichi había entrado con éxito a la empresa, Yolei comenzaba a sentir pena por Sora, es decir, el chico llevaba apenas una semana y Sora estaba derrumbándose, como si le quitaran la heroína a un adicto. Y si, lamentablemente ese era un buen ejemplo.

Sora miraba lo pensativa que estaba Yolei, y un deje de esperanza se cruzó en sus pensamientos. Tal vez estaba arrepintiéndose de verla en tal estado, y la dejaría hacer lo que sea en ese mes, y toda su vida. Mejor que se apresurara.

-¿Quieres ir de compras esta tarde, Sora?

No era lo que esperaba. Negó con la cabeza en respuesta mientras después tomaba su mano con cariño. -Pequeña Yolei, -comenzó Sora- sé que no te gusta verme así, tan desconcentrada y casi enferma, y a mi no me gusta que sientas eso por mi. ¿Qué te parece si olvidamos esto y seguimos con nuestras vidas?

-Olvídalo –contesto la menor sin tapujos. –Si así te sientes, prefiero que mueras de abstinencia a que vivas siempre detrás de alguien.

-¡¿Qué clase de monstruo insensible eres?

-¿Qué clase de mujer eres? ¿Es todo lo que vas a luchar? Sora, te quedan solo tres semanas.

La pelirroja la miró horrorizada. –Somos amigas, se supone que deberíamos apoyarnos.

-Oh, ¿apoyo para ti seria que te dijera: "discúlpame por estar haciéndote esto, puedes ir a tirarte a Taichi mientras ambas vemos como tu dignidad desaparece"?

Sora escondió su mirada lejos de la almendrada de ella. Es que en verdad caía bajo; lo sabia, pero quien dijo que tratar alguna adicción era fácil.

Yolei suspiraba. –Mira, para mi es admirable que ni siquiera has ido a saludarlo en ningún momento, lo has evitado muy bien, pero de nada sirve si sigues pensando en él de la manera en que lo imaginas. –la chica después adquirió una cara de asco que inmediatamente tuvo que guardarse. –por favor, no digas que no puedes si no lo has intentado al 100%.

Lo bueno era que la exitosa mujer comenzaba a reanimarse. –Dime como.

-Bien, empieza por dejar esos pensamientos, la cabeza suele jugar malas pasadas, así que si piensas que todo esta y estará bien, es por que así será. Después habla con Taichi, pero en un plan laboral, igual él es solo un empleado más.

-Taichi es solo un empleado más.

Yolei sentía estar hablando con una niña; los temas acerca de la vida amorosa de la hermosa pelirroja para ella eran un tema desgastante, cada uno de ellos, por cinco años, cuando se conocieron, y empeoraron desde que Sora empezó a tener vida sexual. Debería ganar un premio por soportarlo tanto, imaginó.

-¿Por qué sonríes, Yolei?

Salió entonces de su ensimismamiento. –Por nada.

Ya, aceptaría el premio de ver a Sora "rehabilitada". A como ella veía las cosas, un mes no era suficiente; en cuanto ese tiempo pasara, Sora volverá a su vida normal, al mismo ritmo de incesantes llamadas, sonrisas que duraban menos que nada, rompimientos, gritos y depresión. No era por ella, Yolei era una amiga muy leal, pero no quería ver a Sora en ese círculo vicioso por que poco a poco estaban afectándola más profundamente, cada vez a más grandes escalas, tanto que ahora era extremadamente dependiente de ellos. Sabia de los problemas familiares de la pelirroja, y comprendía su comportamiento, pero ya era suficiente. Era mas allá del tabú de la sociedad y el de la madre de su amiga, de que una mujer esta completa al estar casada… Pues ya no eran mas esos tiempos. Como amiga debía ayudarla, obviamente era una tarea que sabia desempeñar bien, ahora el reto era cómo hacer que Sora se desilusionara de los hombres, y eso ameritaba prolongar mas ese tiempo. No es que quisiera verla lastimada, pero era una buena manera de enfrentar su fijación: dejar de confiar en ellos y aprender a dominar su instinto femenino… Vaya que sonaba difícil…


El ensayo del desfile de La Semana de la Moda fue más que suficiente para mantener la cabeza de Sora fría. Tantos detalles que arreglar por cualquier parte era cosa que ocupaba bastante de su tiempo; claro, arrastrando consigo a su brazo derecho, Yolei, como siempre.

Supermodelos, escenográfos, modistas, diseñadores, el equipo técnico, de allá para acá haciendo tanto como les correspondiera. Era un caos, pero Sora no podría estar mas contenta.

Ella y su asistente acompañaban a las delgadas modelos en el backstage, pues había que revisar que los vestuarios concordaran con la descripción que la voz principal daría conforme aparecieran los modelos de Vestidos de Noche este otoño-invierno.

Sora se basó en el estilo europeo medieval, y lo convirtió en algo más revelador, digno del siglo XXI. Cortes en los lugares perfectos y creaba una prenda que tenia su marca personal, marcando tendencias y ganándose con cada diseño un lugar mas alto en la codiciada carrera que tanto amaba.

-De acuerdo, estás lista –informó a la delgada chica que estaba por salir a la pasarela.

-Sora, tienes que salir a tomar tu lugar ahora. Recuerda, una vez que te llamen, hayan aplaudido y te des por satisfecha, retírate sonrientemente y vuelves a tomar tu lugar al lado de tus socios.

La pelirroja suspiró sonriente, esa era su especialidad. Tomó a la última modelo del brazo y salió del backstage con ella, tan victoriosa como se sentía en aquel momento.

Caminaba por la pasarela con el ímpetu por los cielos. Imaginaba con experiencia como serian las cosas si el evento estuviera festejándose en ese momento. Aplausos y mas aplausos, los cegadores flashes disparándose por todos lados dándole incluso mas seguridad, el área de los fans volviéndose loca con mirarla, como si fuera una especie de diosa. Al llegar al borde, una respetuosa reverencia y una breve, pero convencedora forma de hablar acerca de sus accesorios, descripción que siempre lograba poner su marca al tope de las ventas. Era su campo, y ella tan feliz.

-¡Salió perfecto!- exclamó con emoción Kutaru aplaudiendo, su halagador personal. –Ven aquí, muchacha.

Sora bajaba de la pasarela riendo divertida. -¿Te gustó?

El hombre se puso pensativo. –A ver, ¿Cuáles son las palabras? Me fascinó, me enamoré de ti en la pasarela. Vas a brillar en La Semana.

-¿Cuál es el asunto? –preguntó Sora un poco curiosa. –Es un evento como tantos antes, ¿Qué tiene éste de especial, que te veo tan emocionado?

Tratando de disimular su, al parecer muy notorio animo, Kutaru comenzó. –Recuerda que Francia esta aquí, Sora. –Entonces señaló a Taichi, quien al parecer había visto todo el ensayo desde la parte alta del auditorio, fumando un cigarrillo e inspeccionando el lugar. ¿A que hora había llegado? Su presencia la perturbó un poco en el momento. -Quiero que sepan lo perfeccionistas y ambiciosos que somos, ya sabes, quedar bien.

-¿Es todo? –preguntó por el simple acto de hablar, tratando de alejar sus ojos de Taichi, que se aproximaba a ellos.

Kutaru seguía controlándose. Si había otra sorpresa, pero ella no la debía saber. –Si, es todo.

-¿Sora? Increíble presentación, en verdad, eres digna de todas las voces allá afuera. –Inmediatamente su vista se enfocó en el chico de fuego. No entendió si fue por ser amable, o por deleitarse mirándolo. Ambas eran buenas razones.

-Gracias, pero no es para tanto. En Francia deben ocupar los más bellos palacios para un evento como este.

-¡Que modesta! Eres grande, termina por reconocerlo. –Comentó Kutaru.

-Pues no en verdad. Para ti podrán ser eventos como a los que estás acostumbrada, pero hace un tiempo que no veo alguno aquí en mi país, y que mejor si la famosa Sora Takenouchi esta involucrada.

Sora extendió ligeramente sus brazos mientras sonreía. –Bienvenido de vuelta.

Los tres entablaban una conversación que no salía de no ser acerca del evento, de lo fabulosa que era Sora y aspectos relacionados de la vida de Taichi en Francia. Un rato después Kutaru se restó del trío para atender su ejecutividad en el evento cercano a realizarse.

-Tienes que disculparlo. Esto de la moda le apasiona como a nadie, así que mejor supones que este es tu mundo antes que nada.

Taichi frunció los labios. –Tomaré tu consejo, en verdad Kutaru es imparable.

Ambos reían por tan acertado adjetivo. Sora sintió la confianza como para estrechar una simple relación laboral, es decir, ya no se le hacia tan imposible como antes. Lo malo de la enemistad del destino contra Sora, era hacer que esta concluyera rápidamente sus suposiciones, casi siempre haciéndola equivocarse.

-Sora, ahora que estamos solos… Me encantaría invitarte a cenar. No hemos tenido mucho tiempo para conocernos y difícilmente coincidiríamos en el edificio para tener un momento.

Era un sí seguro, sólo la molestaba una voz interna que se negaba. Y lo recordó. Era Yolei y su estúpida manera de hacerla comprometerse… y bueno, parte de ella, que quería quedar bien con su mejor amiga, hacerla sentir orgullosa después de todo lo que ha tenido que soportar por su culpa.

Pero esta era una oportunidad para hacerlo, entonces. Sólo una cena, ¿a que más podría llevar a algo que no fuera enseñarla a controlarse? Excepto que algo seguía negándose dentro de ella.

-¿Entonces que te parece?

-Perfecto. Y este sábado sería magnifico…


Después de una ducha renovadora en su tina de mármol, no estaba precisamente relajada. No era la cita, de hecho estaba emocionada de conocer mas a Taichi; era Yolei. No le había avisado acerca de su cita, y se sentía un poco mal por eso, pero tenia motivos. En verdad quería salir con el castaño, y el interés de Yolei en ella le hacia pensar que al criterio de la pelilila no estaría bien que saliera con Taichi, y no quería eso. No iba a estar contenta si no avisaba a la chica, pero tampoco lo estaría si acaso se lo comentara.

Por eso no se alejaba del teléfono, debatiéndose entre simplemente avisarle o inventar después una excusa. Ninguna le convencía por igual. Estaba casi sobre el teléfono, aun sin vestirse por completo mientras su cabello goteaba encima de su toalla. Que dilema tenia que atravesar por tan solo conocer mejor a alguien con quien de todos modos trabajaría un buen tiempo. De esta manera intentaba convencerse de que lo que hacia era una buena estrategia… laboral, claro.

Así que se prometió no hacer nada de lo que ella acostumbraba hacer en sus citas, por Yolei. Aunque lo peor aun no había pasado…


Una noche en el restaurante Hamadaya era una experiencia que un mortal rara vez se podía dar, pues disfrutar de los jardines, cenas al aire libre, el mejor ambiente, servicio e instalaciones tenía su precio, y uno muy grande. Como todo franco-japonés, Taichi tenía un muy buen gusto en estilo de vida y trabajo, una muy buena combinación de ambas nacionalidades, pudo notar Sora al momento en el que el castaño menciono Hamadaya, pues era uno de los mejores restaurantes de la nación nipona. Además mostraba que no estaba tan perdido conforme a su patria, cosa que le agradaba mucho.

Bajaba del taxi cuidando que su vestido durazno no se arrugara. Sus tacones de charol blancos se ajustaban al pavimento y al contorno de sus piernas mientas caminaba con alegría. Sora también solía ser reconocida por tan exquisito y sencillo gusto para vestirse, nada más de la cuenta. Quien imaginaría los dilemas de su vida.

Había mencionado lo mucho que le gustan los jardines, así que Sora se dirigía a la zona del aire libre, relajándose con los sonidos que se podían apreciar de aquel típico jardín para ella, que por típico le traía muy lindos recuerdos de su infancia.

Al acercarse a su mesa encontró al encantador caballero que había tenido el gusto de conocer. Tan impecable como le había parecido en la primera impresión, pero no lograba recordar que esa no era la más importante, pues ya se había dejado llevar por el encanto que él irradiaba.

-Buenas noches –saludó llegando a su lado finalmente.

-¡Beau! –exclamó al mirarla. –Sora, te ves hermosa.

La pelirroja sonrió sonrojada, como una colegiala enamorada. Tenía todo el don, no podía decir nada de él sin que no incluyera perfección.

-Taichi, creeré que quiere adularme.

Taichi negaba sonriendo. –Ya olvidaba que aquí en Japón las mujeres son más modestas… Por cierto, no me molestaría que pudieras llamarme sólo Tai…

Después de más palabras bonitas, Sora se había olvidado de Yolei y hasta de aquel supuesto trato, pero había ganado sentirse en confianza con un sujeto que hasta hace poco la hacia derretirse entre deseo y desesperación. Sus palabras captaban toda su atención, como si estuviera contándole los secretos mismos del amor, incluso al hablar de trabajo; era como si su voz fuera hipnotizante, tenia ese algo que una mujer puede percibir solo cuando se habla con la persona correcta, el hombre correcto. Los líos amorosos de Sora generalmente eran por su marcada ingenuidad, pero esta vez se sentía diferente, podría jurarlo.

Parte de su conversación de horas era meramente laboral, y Taichi tenía algo de interés en ello, cosa que a la pelirroja le pudo parecer normal. Él no tenia mucha experiencia en la moda japonesa, puesto que sus principios en la industria fueron en país extranjero; ella se compadecía de Taichi en ese aspecto, era todo un continente de diferencia.

-Tenía dieciséis cuando nos fuimos a Francia; una amiga de mi padre pudo conseguirle trabajo allá puesto que la empresa aquí en Japón había quebrado. Poco tiempo después la cadena colapsó, pero nosotros ya estábamos allá, así que tuvimos que hacer nuestra vida al ritmo francés.

-¿Con "nosotros" te refieres a tu madre?

-Y a mi hermana –contestó con una sonrisa.

-Interesante, ¿Cuál es su nombre?

-Se llama Hikari, ella sigue en Francia, tiene 21.

Un hermano mayor no podía ser un mal hombre.

Además de que todo en aquella cena iba de maravilla.

-Supongo que empezaste tu carrera como modelo.

Tai rió divertido. –No, no me gusta modelar.

Eso si que la tomó por sorpresa. No se imaginaba otra cosa.

-Si estoy donde estoy es por que mi padre me dio la oportunidad.

-Lo siento.

-Está bien –entonces bebió un poco de su olvidada copa. –Pero dime, ¿Por qué pensaste eso?

La única manera posible de hacer el ridículo en una noche tan perfecta es casi ahogarse con el contenido de su vaso de cristal. Genial, simplemente no podía contestarle "Oh, sólo pensé eso por que estás buenísimo y yo paso la vida reconociendo a modelos". Enrojeció, intentando buscar algo remotamente aceptable.

-Creí que era buena reconociendo modelos.

-No te desanimes, seguro eres buena en mil cosas más.

¡Dios!, su sonrisa, reconocía ese tipo de sonrisas. Eran las mismas que ella sabia esbozar en ciertas ocasiones. No sabia como descifrarla, no era la primera vez en la noche que él mencionaba algo con un sentido oculto, dada su experiencia. Esas chispas internas querían encenderse.

-Sora, eres una mujer muy interesante. No siempre uno tiene la suerte de encontrarse con alguien como tú.

Logró arrancarle un discreto suspiro a la chica pelirroja. Por eso le encantaban ellos, ¿Quién querría resistirse a tan hechizante voz, cuyo galán sabe usarla tan bien? Si no tuviera una noche de conocerlo diría que estaba enamorándose.

-Espero que esta no sea la última noche que compartamos.

-También disfruto de tu compañía, Tai.

Se dejó perder en su mirada, eso le bastaba para asegurar que ya había algo ahí. Era una sensación que no sentía desde hace mucho, tan calida como tenebrosa, todo aquello estaba ocurriendo muy rápido, tanto que ni ella se percató de la advertencia.

Estaba muy ocupada disfrutando la tibieza de su mano entrelazada con la suya, llevándola tan lejos de la realidad haciéndola pasar por alto todo el peligro que en su mente se veía rosa.

Pero era culpable, por eso no pensó en Yolei, sino en ella misma. Había pasado en verdad poco tiempo después de su ultimo rompimiento, y lo que estaba pasando la hacia sentir de todo, menos orgullosa. Muchos malos recuerdos invadieron su memoria, pero ella flotaba entre una especie de nirvana, tres lados, y solo podía decidir por uno…

Era el hombre perfecto… pero después de todo, seguía siendo intocable para ella...


¿O sora es demasiado enamoradiza, o tai demasiado inteligente? Eso lo dejo a su criterio. Y bueno, supongo que deje en claro que tai tiene segundas intenciones en todo esto (si no: Tai tiene segundas intenciones en todo esto xD) sora se llevara una decepción, pero no quiero arruinarlo con especificaciones. Igual no hay de que preocuparse yo escribo puro amor, jaja. No me gusta este taichi, pero es necesario. Amo escribir del chico impulsivo, idiota, raro, y enamorado (de quien sea, con que el sea parte de la pareja protagonista) pero como se supone que es un maestro del engaño en este fic… pronto podré escribir acerca del taichi de adventure, por que este fue como el de 02.

En fin, nos leemos pronto.

Au Revoir (:D)