Antes del cap dos quería dejar claro que One piece no me pertenece, sino que es propiedad única y exclusivamente del gran Eiichiro Oda.
Capítulo 2: interrogatorios y otras cosas
En cuestión de segundos se arrepintió de aceptar interrogar a esa loca. En cuanto la chica vio como Marco se llevaba al muchacho comenzó a removerse y la verdad le hizo muy difícil su transporte a un sitio más tranquilo para interrogarla. Tuvo que cogerla como si de un saco de patatas se tratara y no se escapó de algún que otro golpe, y aguantó, y aguantó, hasta que llegaron a la habitación.
—¡Suéltame! ¿Qué vais a hacer con mi hermano? ¡Te digo que me sueltes!
—Como quieras—Dijo soltándola en el suelo.
—Auch—Se quejó la muchacha.
—Muy bien, vamos a empezar con algo sencillo, ¿Cómo te llamas?
—¿Dónde está mi hermano?
—Si me contestas no creo que tardes en volver con él.
La chica frunció el ceño mirándolo con cara de odio y suspiró rindiéndose ante ese extraño chico de sombrero naranja.
—Sara, mi nombre es Sara.
—Así que Sara... ¿De dónde vienes?
—España
—¿Espa... qué?—Preguntó rascándose la cara en señal de confusión—¿Qué isla es esa?
—No es una isla es... un país que se encuentra en una península, pero eso da igual.
—¿Y en que parte del grand line está eso?
—En ninguna, ya te lo he dicho antes, no somos de este mundo...—Suspiró
El chico se paró a pensar un momento, parecía que esa chica decía la verdad pero la idea de otro mundo diferente a ese era tan descabellada, que viniera de otra isla, sí claro, pero de otro mundo... era raro, muy raro.
—En serio, deja de jugar y dime la verdad.
—¡No estoy jugando! ¡Digo la verdad! Es opción tuya el creerme o no.
Se estaba cansando de tantos juegos, además, le hablaba con tan poco tacto que estaba empezando a enfadarse.
—¿Llevas algún arma?
—¿Me ves a mí con pinta de llevar un cuchillo jamonero en el sujetador?
Entrecerró los ojos cansado y a punto de tirar a la chica por la ventana de su cuarto, no entendía una palabra de lo que salía por esa boca, lo estaba retando y si quería retarlo no se encontraba de demasiado buen humor como para que lo mangoneara y lo chuleara de esa manera.
—Muy bien, pues habrá que comprobarlo entonces...—Dijo con una sonrisa fingida y una vena latente en su cabeza debido a su enfado.
Se acercó a la chica y comenzó a cachearla mientras ésta se endurecía como piedra al notar el contacto con el chico del sombrero, no podía moverse y sus mejillas comenzaban a enrojecer al sentir el tacto del moreno.
Él se dio cuenta y sonrió de medio lado, por fin se había callado. Notó algo al llegar a la pierna, algo duro que sobresalía del bolsillo de su pantalón con forma cuadrada. Metió la mano, no sin quejas por parte de la chica, las cuales ignoró y sacó un cuadrado que parecía un espejo por la parte de adelante y era azul por la parte de detrás.
—¡Ey! Eso es personal—Se quejó ella al ver su móvil en manos de ese bruto.
—¿Qué es esto?—Preguntó curioso.
—Un smatphone, dámelo.
—En serio, ¿en qué idioma hablas?
—Yo también hablo en serio, dámelo, eso ya es violar la intimidad.
El chico comenzó a tocarlo y a darle vueltas hasta que apretó un botón que iluminó la pantalla del teléfono mostrando un fondo de agua. El chico lo tocó y al permanecer unos segundos con el dedo en la pantalla, esta se desbloqueó, mostrando un reloj y una foto de fondo de dos chicas, una era la chica insolente que tenía enfrente y la otra era una rubia de ojos azules con los dedos en señal de victoria.
—¡Espera! ¿Ahora funciona?—Preguntó ella observando la pantalla.
—¿Qué hace esta cosa del smatploss?
La chica por un momento se rió al oírlo decir eso, estaba en inglés pero supuso que era difícil para él decirlo a la primera.
—También lo puedes llamar teléfono móvil, sirve para hablar con gente a distancia, hacer fotos, mandar mensajes, navegar por internet... hace casi de todo menos la cena.
—¿Es como un den den mushi?
Ahora ella fue la que se quedó mirándolo como si le hubieran salido tres ojos. Por un momento Ace se replanteó muy seriamente la posibilidad de que en efecto fueran de mundos distintos puesto que el simple hecho de comunicarse entre ellos estaba siendo un tanto incomodo.
—¡Ah!—Gritó ella cayendo en la cuenta de algo—El caracol ese parlante ¿no? ¿Es eso?
Ace asintió y comenzó a apretar lo que la chica había llamado "Smartphone" comenzando a hacer que este empezara e emitir sonidos extraños.
—Ten cuidado que es muy sensible—Dijo ella viendo como esos dedos toscos tocaban su teléfono.
—Hablas como si fuera una persona.
—No es que sea una persona, pero hay tantos datos ahí dentro que el solo hecho de perderlos me da escalofríos... Espera...—Dijo más para ella que para él—Es posible que pueda volver a casa con eso... ¡El teléfono fue lo que me trajo aquí!
—¿Qué?
—¡Devuélvemelo!
Los dos comenzaron a forcejear, pero la gran diferencia de altura hacía imposible que ella llegara a agarrarlo y en cuanto la chica tocó el teléfono, el cual seguía sostenido por Ace, una luz cegadora los envolvió a ambos y el teléfono desapareció.
Cuando volvieron a abrir los ojos Ace ya no sujetaba el teléfono, en su lugar llevaba una pulsera de cuentas negras en la muñeca. Se miró el brazo preguntándose que había pasado y miró a la chica, dándose cuenta de que llevaba la misma pulsera de cuentas en el brazo contrario al suyo. Ambos comenzaron a estirar de la pulsera para quitársela pero no había manera.
—¿Pero qué es esta pulsera?—Preguntó ella haciendo fuerza para quitarla.
—¡Ha sido tu cosa esa la que lo ha provocado! ¡A mí no me preguntes!
Un golpe fuerte como de un cañón resonó por todas partes y un movimiento brusco se sintió en el barco lo que hizo a la chica caer de culo al suelo.
—¡Nos atacan!—Se escuchó por el barco.
—Mierda, quédate aquí y que no se te ocurra escaparte ¿Entiendes? No te muevas.
El chico salió corriendo al exterior mientras ella se quedaba sentada en el suelo pensando en si todo eso podía ser real o solo un producto de su imaginación que en exámenes se volvía un poco loca.
Por un momento fuera los gritos y los golpes comenzaron a cobrar intensidad lo que la hizo levantarse y acercarse a la puerta, estaba en una habitación sola y sin llamar mucho la atención, pero su hermano, al que conocía mejor que si fuera su madre, era el típico que saldría a la batalla aun sin tener ni idea de pelear, porque definitivamente era tonto.
Mientras, Ace atacaba como podía a todos los que habían osado introducirse en el barco de barba blanca con intenciones de derrocar a su padre. Con su puño rodeado por fuego había parado a más de un idiota con malas intenciones, pero parecían reproducirse y no vio a un hombre que se disponía a atacarlo por la espalda.
—¡Ace cuidado!—Gritó uno de sus hombres.
En cuanto se giró para encarar al hombre que iba a atacarlo, vio como este se caía al suelo de bruces inconsciente y la chica insoportable que había estado interrogando se encontraba detrás de él con una escoba rota en la mano.
—Mucho pirata pero luego no aguantan un golpecito de escoba en la cabeza.
—¿Por qué estás aquí? ¡Te dije que te quedaras dentro!
—No me puedo quedar quieta sabiendo que mi hermano está aquí fuera.
—Ni siquiera sabes si está fuera.
—Créeme, ese idiota está aquí.
Ace se giró para carbonizar literalmente a una sombra que se acercaba a ellos con malas intenciones aprovechando la confusión de su conversación.
—¿Cómo has hecho eso?—Preguntó ella fijándose en las llamas.
—¿Una mujer?—Dijo uno de los atacantes mirándola fijamente y burlándose—¿Barba blanca ahora tiene a niñas abordo? ¡Como que una mujer como ella va a poder hacer algo aquí!
—¡Cuidado!—Le dijo la muchacha al hombre señalándole un lado contrario a ella.
En cuanto el hombre se giró para mirar al lado que señalaba la muchacha le pegó un puñetazo en el rostro que lo hizo volar al lado que había señalado, sorprendiendo a Ace.
—Lo que me faltaba ahora era un machista para estar en mi salsa, como si no tuviera bastante—Dijo ella con rostro molesto y moviendo la mano ya que se había hecho daño—¿Qué?—Le preguntó al ver que la miraba extrañado.
—Ace...—Dijo un hombre acercándose al chico con una mano en el abdomen.
Era uno de los hombres de la segunda división que tenía una herida en el abdomen. La chica al verlo fue hacia él y examinó la herida, era una herida punzante, limpia, provocada por un cuchillo, con instrumentos quirúrgicos podría cerrarlo seguro, pero lo que en verdad le preocupaba era la hemorragia.
La chica se quitó la camisa vaquera, la hizo un ovillo y presionó con ella el abdomen del hombre para parar la sangre que brotaba de la herida.
—¿Qué haces?—Preguntó Ace.
—Es tu amigo ¿no? Intento evitar que se desangre. No creo que la herida haya llegado a dañar ningún órgano importante, es más la hemorragia que otra cosa ¿tenéis en el barco instrumental quirúrgico y gasas limpias?—Le preguntó al chico.
—Sí, creo que sí ¿pero tú tienes idea de esto?
—Soy estudiante de medicina, aunque esto no lo he hecho nunca, solo sé lo que se hace, pero será mejor que pruebe a que se desangre ¿no crees?
Ace y ella lo movieron entre llamas y entre la lucha que iba cobrando vida, no sin antes decirle al chico que tuviera cuidado con la herida ya que cualquier movimiento la haría sangrar más.
En cuanto llegaron Ace descubrió que las enfermeras no estaban y vio como la chica se movía rápidamente de aquí a allá cogiendo cosas cuyo nombre desconocía. El movimiento fuera lo hizo girarse para irse a ayudar a sus nakamas, esa chica no se iría, no sin su hermano, así que podía estar traquilo.
—Espera...—Escuchó decir a la chica antes de marcharse—Necesito fuego.
—¿Qué?
—Antes te he visto hacerlo ¿no? Tu cuerpo se convirtió en fuego y necesito fuego para esterilizar el material, o mejor espera—Se giró y cogió una vela—Enciende esto y luego haz lo que quieras.
El chico encendió la vela y se fue pensando en la extraña chica que dejaba atrás, aunque por poco tiempo, ya que con todos los hombres que tuvo que derrotar poco pudo pensar en la castaña.
—Ese era el último—Dijo Vista mirando a Ace.
—¿Cómo es posible que hayan salido tantos de la nada?—Preguntó Thatch
—Fue demasiada casualidad que llegaran justo después de que esos adolescentes aparecieran en el barco—Dijo uno de los hombres.
—¿Insinúas que esos chicos son el motivo de que esta gente aparezca?—Preguntó Vista sorprendido—¿Tú qué piensas Ace? Te llevaste a la chica ¿has podido descubrir algo?
—Es...—Dijo Ace sin saber qué decir.
—¿Qué ocurre?—Preguntó Thatch
—Parece que dice la verdad, pero... es todo tan extraño que no sé si creer en mi intuición que me dice que esa chica no miente o pensar en la locura que es que venga de otro mundo aunque...
—¿Aunque?
—El simple hecho de comunicarse con ella es... casi imposible.
El silencio se hizo presente mientras todos se miraban entre sí intentando descifrar las últimas palabras del comandante de la segunda división.
—No lo entiendo...—Dijo Thatch rascándose la cabeza—¿No la entiendes porque es una mujer y no estás muy acostumbrado a tratar con féminas?
—¡NO LA ENTIENDO PORQUE USA PALABRAS EXTRAÑAS! ¡NO POR ESO!—Gritó el moreno poniéndose rojo de rabia.
—¿Palabras extrañas como qué?—Preguntó vista.
—Smart...plos... no, Smarty... no tampoco, Smartphone, sí eso, Smartphone.
—¿Y eso que es?
—Era una cosa cuadrada y plana que dijo que era como un Den den mushi o algo así...
—¡Increíble Marco! ¡En serio!—Se escuchó una voz joven.
—Te dije que te quedaras dentro niño y no me hiciste caso—Dijo Marco cansado.
Los dos se acercaron a donde se encontraban Ace, Vista y Thatch con otros hombres, así que estos se fijaron en el chico que miraba a Marco como si fuera su ídolo y se preguntaron cómo conocería al comandante si no eran de ese mundo, nada cuadraba en la historia de esos dos muchachos.
—Pero en serio, nunca pensé que tu poder fuera tan impresionante de cerca, siempre admiré a Ace pero ahora... increíble...
—¿Dónde está la chica?—Preguntó Marco a Ace ignorando a Cristian.
—La dejé en la enfermería con uno de mis hombres, había sido herido y parecía que tenía bastante idea sobre lo que debía hacer.
—¿Dejaste a esa loca sola por el barco? ¿Y si en vez de curarlo ha rematado a tu hombre?
—No he rematado a nadie—Se escuchó una voz.
Todos se giraron para observar como la chica con una camiseta negra de tirantes con alguna que otra mancha de sangre se acercaba hacia ellos mirando fijamente a Marco, hasta darse cuenta de la presencia de su hermano.
—¡Hey! ¿estás bien?—Preguntó preocupada.
—Pero... ¿Qué has hecho? ¿A quién has desangrado como un cerdo?—Dijo Cristian mirando las manchas.
—Yo no sé ni para que me preocupo por ti.
—¿Cómo está mi hombre?—Preguntó Ace cortando la conversación.
—Bien, se recuperará, solo tendrían que vigilarle los puntos y retirárselos en dos semanas, dependiendo de lo que tarde en cicatrizar, cada cuerpo es un mundo.
—¿Quién diablos sois vosotros dos?—Preguntó una voz grave que sobresaltó a todos.
Al girarse Sara contempló a un hombre gigantesco conectado a varios tubos de oxigeno que sujetaba una gran lanza con un cuchillo en la punta. Mediría aproximadamente cinco metros, cosa que no era posible en un ser humano normal.
—¡Pero qué...!—Gritó Sara al ver al hombre.
—Padre...—Susurró Ace
