OPORTUNIDAD DE ORO

Tan sólo un par de años más tarde, cuando sus tres alumnos ya habían alcanzado el grado de chunnin, Gai encontró su oportunidad para volver a ver a su querida Mei, ahora convertida en un brillo que en escasas ocasiones iluminaba la cara de Tenten. No sería fácil, especialmente porque cuando descubrió que estaba en su mano ya era algo arriesgado inmiscuirse, pero no por ello se rindió. La mayoría de los hechos los hiló después, por confesiones y narraciones de los propios protagonistas de la historia. Volvería a ver el espectro de Mei cuando los ojos de Tenten resplandeciesen de felicidad. Y, muchas veces, la felicidad de uno depende de otro.

xxx

Aquella noche, después de cenar con el resto del equipo, Gai dejó a sus alumnos marchar en paz. Poco rato después, Neji también se retiró, y sus dos compañeros se dirigieron a sus respectivos apartamentos, relativamente cercanos. Lee no se sentía bien, en sus ojos no había vida ni alegría, y Tenten se sintió obligada a preguntar.

-Oye, Lee –Inquirió, reclamando su atención-, ¿te ocurre algo?

-Lo de siempre –Suspiró-. Estoy cansado de decirle a Sakura cuánto me importa, lo feliz que podría hacerla… Pero no hace más que ignorarme.

-Lee, no quiero ser mala, pero quizá es hora de asumir que no le interesas. A veces, las personas que nos gustan no nos corresponden –Echó una mirada de soslayo al camino que Neji había tomado para irse, y suspiró con pesadez.

-¡No! ¡Jamás me rendiré!

-Ay, Lee, esto no es como tu camino del ninja –Puso los ojos en blanco.

-Pero si me esfuerzo, si lo intento…

-Lee, llevas ¿cuánto? ¿tres años detrás de Sakura? Si no sabe apreciarte, es su problema. Lo que no puedes hacer es intentar forzar las cosas –Sonrió, intentando animarle-. Algún día encontrarás a una chica que te haga feliz, que te corresponda… Y no tendrás que esforzarte, porque será un sentimiento mutuo.

-Tenten –Se detuvo en seco-, ¿cómo sabes que no puedo conseguir nada?

-Ya te lo he dicho, esto no es un entrenamiento. Los sentimientos no pueden controlarse ni modificarse –Pestañeó, perpleja, pues el semblante de Lee estaba adoptando una seriedad poco usual.

-¿Acaso tú te has esforzado alguna vez?

-¿Cómo dices? –Frunció el ceño, completamente anonadada.

-Llevas años enamorada de Neji, pero jamás has intentado decírselo. Te has limitado a esperar, y quizá esperando no llegue nunca nada –Tenten abrió los ojos de par en par-. Así que lo siento, pero con respecto a esto no puedo aceptar tus consejos, porque al menos yo lo he intentado.

El muchacho reanudó la marcha, dejándola paralizada en medio de la calle. Apenas le sacaba unos metros de distancia cuando escuchó su voz entrecortada. Volteó sólo para mirarla de lado, seguía enfadado porque cuestionasen su capacidad de esfuerzo.

-No sabía que tuvieses esa impresión de mí –En sus ojos había ahora una capa de humedad que Rock Lee jamás había visto en aquella chica. ¿Le habrían dolido sus palabras? Tragó saliva. Esperaba que no fuese así.-. En todo caso, sólo intentaba explicarte que por mucho que te empeñes no puedes cambiar los sentimientos de una persona. Y si te lo digo es porque no quiero que te hagas más daño.

Fue ella quien echó a andar hacia su calle, cabizbaja, obviamente dolida por las palabras de su compañero. Este corrió para alcanzarla y, llegado a su vera, comenzó:

-¡Tenten, lo siento! No pretendía hacerte daño…

-¿Sabes, Lee? –Le sonrió al mismo tiempo que una lágrima se precipitaba desde sus pestañas- Sí le dije a Neji lo que sentía, hace un tiempo… Él no me ha correspondido nunca, por lo que me limité a asumirlo e intentar pasar página –Se secó la lágrima furtiva con el dorso de la mano, y devolvió la vista al suelo-. Pero eso no quiere decir que ya no duela.

Se desvió por una de las callejuelas, hasta llegar frente a su portal, abrió el portal de su casa y desapareció por una escalera iluminada, observada por su compañero, que se sentía más culpable que nunca. Y como Lee no es un hombre que se rinde, subió por la fachada del edificio apoyándose en tejadillos y alféizares hasta dar con la ventana de Tenten, la cual forzó sin ningún problema. Entró de espaldas en la iluminada salita, y, al darse la vuelta, se encontró con Tenten, que se estaba deshaciendo de sus ropas. Aquella fue la primera vez que Lee vio a una mujer en ropa interior, y tardó un tiempo en apartar esa imagen de su cabeza. Los rostros de ambos tornaron rojos como tomates, y el recién llegado le dio la espalda, se tapó los ojos y dijo:

-¡Lo siento, no sabía que te estabas cambiando!

-¿Se puede saber qué haces en mi casa? –Se tapó el pecho descubierto con la blusa de corte chino que acababa de quitarse.

-No podía irme sin hablar contigo, Tenten –Respondió, intentando eliminar de su mente los turgentes pechos de su compañera, cubiertos parcialmente por un delicado sostén de color blanco marfil.-. Siento muchísimo haberte hecho daño, no era mi intención, pero…

-Pero no soportas que cuestionen tu capacidad de esfuerzo –Completó la frase por él, con la mirada perdida en la moqueta y una triste sonrisa en los labios.-. Ya lo sé. Ni siquiera me he enfadado.

-No se trata de que te hayas enfadado, sino de que te he hecho llorar, y no te lo mereces.

Unos brazos le rodearon la cintura, y sintió un agradable calor humano contra la espalda. La morena había dejado caer la prenda que cubría su cuerpo, y le abrazaba ahora con el rostro apoyado contra su espalda. Las mejillas del joven chunnin se encendieron todavía más al contacto con la piel desnuda de su compañera, al recibir el calor de su cuerpo, al sentirla tan cerca de él. En aquel instante, Lee olvidó por qué habían discutido, e incluso olvidó el nombre de la chica que no le hacía ni caso.

-Todo está bien, Lee. Es simplemente que hay heridas que tardan mucho en cerrarse.

Al oír estas palabras, él se giró, sin apartarla de su cuerpo, y la atrapó en un abrazo que le cortó el aliento. Ella, lentamente, le devolvió el abrazo y cerró los ojos, dejando que una inmensa paz la invadiese.

-Deberías haber compartido todo ese dolor, guardarse estas cosas no es bueno, porque te hace más daño del que puedes soportar –Susurró, apoyando la barbilla sobre su cabello-. Si lo hubiese sabido, jamás habría dicho eso, nunca te hubiese dejado sufrir sola.

-No tenías por qué cargar conmigo –Respondió, sin moverse. Entre sus brazos estaba más a gusto de lo que hubiese supuesto en cualquier otra situación, Lee resultaba ser la persona con la que más deseaba estar en aquel momento. Ni siquiera le incomodaba estar en ropa interior, porque sabía que era lo suficientemente gentil como para no decir nada al respecto.

-Me importas mucho más de lo que crees –Fue decir aquellas palabras y darse cuenta de que en realidad le importaba mucho más de lo que él mismo pensaba. La observó, tan frágil, tan vulnerable… tan bonita. Sacudió la cabeza, ¿Qué había sido ese pensamiento furtivo? Pestañeó, confundido. No había pensado en Tenten como mujer, siempre había sido su amiga, su compañera… No una chica. Y sin embargo ahora la veía tan hermosa…

La joven kunoichi alzó el rostro para mirar a su amigo, le sonrió lastimeramente y se puso de puntillas para poder besar su mejilla. Asimismo, se agachó para recoger su blusa, se apartó de él y se acercó a una cómoda, de donde sacó una camiseta de tiras y unos shorts que le hacían de pijama. Por alguna razón, no podía dejar de mirarla, cada curva de su cuerpo le recordaba eso que acababa de descubrir: su compañera de equipo era también una mujer, y una muy atractiva. En un recóndito lugar de su mente, compadeció a Neji por no haber sabido aprovechar su ocasión.

-De verdad, Lee, todo está bien –Sonrió con su amabilidad habitual, y el moreno salió de su ensimismamiento.

-En ese caso, será mejor que me vaya –Se llevó una mano a la cabeza, avergonzado por haberse quedado allí mirando mientras Tenten se cambiaba.-. ¿Te importa si esta vez utilizo la puerta?

-Vamos, te acompañaré –Respondió entre risas, guiándole fuera de la acogedora salita y llevándole hasta la salida a través de un estrecho pasillo. La muchacha abrió la puerta y ambos se sostuvieron la mirada en el umbral, en silencio, sin saber qué decir. Fue ella quien retomó la conversación cuando sus carrillos tornaron rosados de nuevo.-. Bueno, te… ¿te apetece si mañana vamos juntos hasta el campo de entrenamiento? Al fin y al cabo, somos casi veci…

-Tenten –La interrumpió, apreciando cómo la sorpresa encendía una nueva luz en sus pupilas. Sus ojos eran de lo más normales, grandes, castaños, algo rasgados… Maravillosamente normales. Tragó saliva y, de nuevo avergonzado, reunió el valor suficiente para decir lo que quería decir.-, siento mucho haber entrado de esa forma, y haberte visto… ya sabes…

-Estoy segura de que no le contarás a nadie lo que has visto –Esta vez, su sonrisa le resultó algo amenazadora.-. Creo que esto puede quedar perfectamente entre tú y yo.

Asintió enérgicamente, no le convenía provocar a la maestra de las armas. Ya tenía un pie fuera de la casa, pero una idea fugaz lo paralizó y lo obligó a darse la vuelta. Ella estaba a punto de preguntar, pero Lee, como siempre, fue más rápido. Todo su cuerpo temblaba de miedo, pero eso no le impidió besarla, un leve roce cálido y delicado, una reacción afectiva instintiva que apenas podía explicarse a sí mismo.

Lee se apartó con delicadeza, la miró una última vez y se fue de allí sin mediar palabra, dejándola completamente helada en la puerta de su casa. Apenas duró unos segundos, pero sabían que aquello pondría su mundo patas arriba.


Finalmente, he decidido continuar este fic. Creo que tiene bastante miga, y espero que vosotros lo veáis así. Ayudadme con vuestras reviews :3

Drusila