Capítulo 1: El futuro Rey

Reino de Fuego, Firendelle

El príncipe Vlad cumplía sus dieciocho años, la misma edad de la reina Elsa. Él aún continuaba siendo príncipe, su padre seguía enfermo, y aunque el Rey estuviese en tales condiciones, el heredero no podía proclamarse rey hasta su muerte. Aquella era una mañana animada en Firendelle, y el pequeño Lagrius, el dragón del príncipe, revoloteaba sobre su cabeza intentando captar su atención. En Firendelle, el dragón del príncipe no crecía hasta que éste se convirtiese en Rey, por eso mismo, Lagrius, transmitía más afecto que miedo. Era pequeño, de un color rojizo, con brillantes ojos verdes y su cola tenía diminutos pinchitos. Su rugido que parecía el de un bebé… ¡incluso daba risa!

"¡Lagrius! ¡Vete a jugar con los otros dragones! ¡Tengo que estudiar!" – le advirtió el joven príncipe.

El dragón voló hasta posarse sobre los pesados libros que leía el príncipe. Expulsó una minúscula llamarada que a Vlad le provocó risa.

"No volveré a repetírtelo, Lagrius." – le dijo en un tono más severo.

Lagrius se fue algo enfadado con su dueño. Vlad, mientras tanto, estaba cansado de leer esos libros que le regalaba su padre. Todos trataban sobre casi lo mismo: Historia del linaje real de Firendelle, Razas y especies de dragones, Geografía del Reino, y un largo etcétera de temas que aburrían al príncipe. Vlad quería luchar, ¡y practicar para ser un buen rey! ¿De qué iban a servir tantos conocimientos?

Entonces, Vlad decidió ir a las mazmorras con el resto de dragones, y el gran Rathalos, el dragón de su padre, y el guardián del castillo. Comenzó a jugar con ellos lanzándoles bolas de fuego que creaban sus manos, y grandes llamaradas que crecían cuando él lo ordenaba. Los dragones respondían con su fuego, y él esquivaba sus ataques. Minutos más tarde de diversión, alguien entró en las mazmorras, y Vlad detuvo sus poderes mágicos por si alguna persona descubría su secreto. Finalmente, vio a su madre.

"¡Vlad! ¿Qué haces aquí? Deberías estar estudiando." – la Reina le regañó.

"Lo sé, madre… Pero, ¡tantos libros me aburren! Quiero luchar, pelear y… ¡ser un buen Rey! Un rey valeroso como padre." – mencionó el príncipe mientras lanzaba fuego con sus manos.

"Vlad, ¿recuerdas lo que siempre te dice el Rey?" – le preguntó.

"Conócelo todo y deja que todos conozcan." – murmuró – "¿Eso también significa que debo leer aburridos libros?"

"Vlad… eso significa que debes tener conocimientos acerca de todo. La sabiduría es un don importante para un Rey, ¡más incluso que la valentía!"

La Reina acarició la mejilla de su hijo con cariño.

"Un día serás Rey, y todos conocerán tu poder." – le sonrió – "Todos sabrán quién es el gran Rey Vlad, el verdadero dragón." – dijo su madre, y el príncipe sonrió con anhelo – "Mientras tanto… debes esconder esos poderes."

La Reina puso unos guantes negros sobre las manos de su hijo. La sonrisa del príncipe se borró, decaída… debía tener más paciencia.

Reino de Hielo, Arendelle

No era un día como otro cualquiera en Arendelle. Hoy, el consejo del Reino se hallaba reunido para ayudar a la Reina Elsa con las decisiones que influirían en su pueblo. Muchas de las personas se quejaban por una antigua ley que ha parecido incumplirse con el nuevo reinado de Elsa. Uno de los consejeros, Frederick, se quejó:

"¡Reina Elsa! ¡Esto es intolerable!" – exclamó.

"¿Qué ocurre, Frederick?"

"No podemos ignorar las leyes que han estado impuestas en el Reino de Arendelle desde que se fundó nuestro Reino." – dijo otro de los presentes.

"Incluso vuestro padre tuvo que cumplirla para seguir siendo el Rey." – dijo Frederick.

Elsa adquirió una mirada dubitativa durante varios instantes, ¿cuál era esa ley tan importante que debía cumplir para seguir siendo Reina?

"¿Tiene eso algo que ver con mis poderes?" – Elsa creyó que sus poderes mágicos de hielo tendrían algo que ver con el asunto.

"No, Reina Elsa, se trata de algo mucho más sencillo."

"Reina Elsa, debéis casaros para continuar con vuestro reinado." – le comunicó Frederick – "Es la tradición…"

Reino de Fuego, Firendelle

"¡Vlad!" – el Rey llamó a su hijo desde sus aposentos.

El príncipe se dirigió hacia el lecho de su padre. Aunque el Rey tuviese una mediana edad, parecía que la muerte le acechaba cada vez más cerca. Sus heridas de guerra que habían traído tanta gloria a Firendelle, también le trajeron desgracia a su salud. Vlad contempló la débil figura de su padre, se sentó junto a él, agarrando su mano y el Rey se preparó para comunicar algo importante a su hijo:

"Hijo mío, tu madre, el consejo del Reino y yo…" – tosió, luchando por respirar – "Hemos decidido no esperar más a que llegue mi muerte. No quiero alargar más tu espera."

"Padre, no hables así. No morirás tan pronto, no me importa esperar…"

"Vlad." – el tono de voz del Rey se volvió más serio – "Estás preparado para ser Rey."

El príncipe sintió que algo se quebraba dentro de él, al mismo tiempo que sentía cómo algo crecía. Sintió que la muerte iba a arrebatarle a su padre, pero también supo que todas sus cualidades iban a crecer cuando éste le abandonara. Iba a saber apreciar el valor, la justicia, la templanza y la sabiduría, como él mismo le había enseñado. Una lágrima cargada de dolor y a la vez júbilo se resbaló por la mirada verdosa del príncipe.

El Rey tragó saliva, y dio unas palmadas en el hombro a su hijo.

"Voy a abdicar, hijo." – le confesó – "Te entregaré la corona de fuego, y tu serás el nuevo Rey de Firendelle."

"Protegeré este reino con honor, padre. Como me enseñasteis." – las palabras del príncipe se volvieron sinceras.

El Rey sonrió y negó con la cabeza. Miró a su hijo de una forma indescifrable, y con una sonrisa algo burlona, iba a decirle algo muy importante, algo que marcaría su reinado por siempre:

"Primero, debes casarte. Es tradición." – afirmó el Rey.

"¿Ca… casarme?"

"Sí, y no sólo eso, de una vez por todas, curaremos viejas heridas con un Reino enemigo." – le murmuró su padre, en un tono alentador, mostrándole un viejo mapa del Reino de Arendelle – "Te casarás con la Reina Elsa, y ambos reinos serán aliados."

"¿¡Qué!? ¡Pero ella tiene poderes de hielo! ¿No recuerdas aquel incidente que provocó en su reino? ¡Es una locura, incluso yo podría hacerle daño con mis poderes!"

"Ella no lo sabrá hasta que os caséis."

"Es injusto, padre… ¡No puedo hacerle eso!"

"No le harás nada, sólo os casaréis y te proclamarás rey de ambos reinos. Arendelle y Firendelle serán tuyos." – el Rey dijo con satisfacción.

Porque el fuego… podía derretir al hielo.


NOTA DE LA AUTORA: ¡Hola a todos! ¡Espero que os guste la historia! En el siguiente capítulo se conocen Vlad y Elsa. ¿Qué pasará...?