Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a M. Kishimoto.
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Las horas continuaron transcurriendo y todo parecía igual.
Sakura deseó no haber dicho lo que dijo. Reevaluó su comportamiento y dio en el clavo, la verdad, la cruda realidad. Estaba resentida. Ahora que sabía todo eso, quería encontrar una solución y poner orden en su cabeza. Temía que no lo consiguiera, y que el único recurso fuera marcharse de Konoha. Porque debía ser sincera, a pesar de darse cuenta de los hechos, en realidad, ella no estaba lista para lidiar con el pasado junto a Sasuke.
Pues, el día de la batalla final, Sakura quiso pensar que lo ocurrido, cada uno de los errores que Sasuke llegó a cometer, podían perdonarse y él, de algún modo, purificarse ante la partida, en el último aliento. No era que Sakura deseara el fallecimiento del Uchiha como la cereza del pastel y el remedio necesario, no. Simplemente, ella ya estaba preparándose para el fatídico evento, al presenciar su última batalla y su sacrificio. El hecho de que todo hubiera salido distinto a lo dictado por su instinto de premonición, es lo que la llevó a salirse de las líneas, a caer en las acciones de última hora. Enfrentarse a Sasuke era algo de lo que no quería ni pensar. Temía volver a escupirle a la cara su traición, hasta el cansancio, cada día, toda la vida, hasta dejar de sentirse lastimada. En efecto, el hecho de tenerlo allí, en la aldea, vivo, muy vivo y cerca de ella, era la causa de su estado de ansiedad y mortificación.
El perdón lo dio muy de prisa, quizá él no lo merecía. Pero, era Sasuke, el Sasuke de Konoha, el del equipo siete. ¿Por qué se sentía tan cercana a él después de todo?
Era una tontería, quería metérselo en el pensamiento. Recordó cuando tenía trece años, cuando se alardeaba de llamar al shinobi como su Sasuke. De su propiedad, así tal cual. Ahora que rememoraba ese pequeño detalle, razonaba en lo mucho que había cambiado al pasar los años. Entendía que el sentido de pertenencia era subjetivo, esporádico. Los lazos que se pudieron haber creado los años anteriores, al graduarse de la academia, se habían roto con la partida de él. Finos lazos envueltos con retachos de experiencias compartidas. Y entonces, viene Sasuke y rompe los lazos. Los abandona, pese a todo el esfuerzo de Naruto por traerlo de vuelta, él los rechazó del modo más doloroso que existía: tratando de asesinarlos.
En conclusión, Sakura se aseguró de hacerle entender a su cerebro y a su corazón, que no debía importarle más lo que fuera a suceder con Sasuke. Como si se hubiera hecho una limpia a su vida; borrón y cuenta nueva. Peor momento para ella, pues él estaba ahí, tratando de sobrevivir a hombro contra hombro, filtrándose en el día a día de la primaveral aldea de Konoha.
…
La siguiente mañana, Sakura fue a hacerle una visita a Naruto a su casa. En su cabeza pasaban distintas cosas; como, por ejemplo, debía pedirle a Naruto que dejara de hacer de dominio público su vida privada y sus últimas decisiones. También, quería advertirle que no intentara, por ningún motivo ni con ninguna artimaña, acercarla a Sasuke. Ya tenía la impresión que el Uzumaki tramaría estupideces para unirla al Uchiha, como si quisiera restaurar, por milésima vez, el equipo siete.
Tocó a su puerta repetidas veces y nadie abrió. Tras la ventana no parecía haber movimiento ni ruido dentro del hogar. Sakura suspiró, pensando que si no lograba hablar con Naruto en ese instante, no podría estar en paz lo que restaba del día. El remordimiento y el enojo se mezclaban, dándole sólo estrés a sus hombros. Tenía demasiado trabajo en el hospital, no tenía tiempo para un dolor de cabeza.
Para su suerte, en ese momento, Naruto subía los últimos peldaños hacia el pasillo de su apartamento, trayendo consigo una bolsa de plástico en la mano. Sakura le miró, y él abrió más los ojos.
—¡Sakura-chan! —llamó con entusiasmo. Aunque Sakura le dedicó una mirada poco amistosa, apretando los labios. Él, perspicaz (don estimulado en esos últimos años), supo que algo no estaba bien—. ¿Estás molesta?
—¿Tú qué crees? —anunció ella, cruzándose de brazos.
Naruto se rascó la nuca con la mano desocupada y se echó la culpa.
—¿Qué fue lo que hice ahora?
Sakura lo observó detenidamente, notando su estado de preocupación. Se dio cuenta que no podía enojarse demasiado con él. Cualquier cosa hecha, no fue premeditada para dañarla ni molestarla, lo sabía. Así era Naruto, imprudente. Por ello, la chica exhaló otro suspiro y rodó los ojos.
—Hiciste algo muy inapropiado, y quiero que hablemos de eso. Además, necesito que me expliques qué significó esa nota en mi ventana. Tengo idea de qué se trata, pero quiero que tú lo digas. Son… demasiadas cosas, que no puedo dejar pasar así como así.
—¿Quieres que hablemos ahora? —preguntó Naruto, serio, al tanto de lo que se avecinaba.
—Claro que sí. ¿Por qué crees que estoy aquí, Naruto?
—Lo siento, Sakura-chan, pero no puedo hablar ahora mismo —En ese instante, la chica frunció el ceño y abrió los labios, dispuesta a quejarse, por lo cual, Naruto la interceptó rápido—. ¡Espera, espera, no te enfades! Sé que debemos hablar… de todo. Pero necesito ver a la vieja Tsunade antes, me está esperando en la torre de los Hokages, ahora mismo. ¿Puedes esperar un poco?
—¿Un poco? —dijo con tono severamente sarcástico—. ¡Llevo esperando hablar contigo todo el día de ayer! También yo tengo ocupaciones, Naruto, y aún así me tomo este tiempo.
—Lo sé, lo sé, pero, ¿por qué mejor nos vemos más tarde? ¡A las seis, cuando salgas del hospital!
Sakura achicó los ojos, dubitativa. Esto no estaba en su plan de esa mañana. Pero nada podía hacer, pues la cuestión de la demora por esa charla, tenía que ver con su mentora y no quería tomar el tiempo de ella. Un par de horas más, podía esperar. Sólo esperaba que en el transcurso de esas horas, a Naruto no se le ocurriera hablar de ella con absolutamente nadie.
—Nos veremos a las seis, puntual, aquí en tu departamento.
—Me parece perfecto, Sakura-chan. Tendré el ramen listo, dattebayo' —Naruto, olvidándose de la seriedad, esbozó una sonrisa zorruna.
La Haruno no le devolvió el gesto, sólo le pasó a un lado, recordándole que lo golpearía si llegaba tarde.
…
Sakura se desinfectó las manos después de practicar una cirugía. Dos horas en el quirófano le ayudaron a mantenerse alejada de otros turbios pensamientos. Definitivamente, era cierto que concentrarse en el trabajo ayudaba a que el tiempo pasara de prisa. Sin embargo, al volver a la realidad, el problema no cambiaba. La inseguridad le retorció las ideas, lo que era absurdo para ella, que se jactaba de un gran sentido común. Y lo tenía, casi siempre, menos con Sasuke. ¡Qué juicio tan obsesivo con ese Uchiha!
Detrás de ella apareció Ino, quitándose la bata blanca para después colgarla en el perchero. Se torció el cuello en dos ocasiones, relajando los músculos. Dejó escapar un gemido de gozo, de alivio. Sakura le observó de reojo, escuchando su suspiro, sintiéndose un poco ajena a la escena. Bueno, ella no tenía tranquilidad desde hace días, quizá semanas… meses. Algunos años, aunque no lo aceptara abiertamente. Pero esa era la verdad.
—¿Vendrás a la fiesta de cumpleaños de Rock Lee? —preguntó Ino.
Sakura salió de su burbuja ante esas palabras. Ni tenía idea que la reunión ocurriría esa tarde.
—¿Es hoy? —respondió en cuestión, percatándose de su mala memoria.
—Lo olvidaste, frente —dedujo la Yamanaka—. Estás en la luna, ¿sabías? Me sorprende que no hayas cocido los intestinos fuera del cuerpo de esa mujer.
La alumna de Tsunade se percató de su poca concentración. Sintió un poco de ansiedad y se talló con más presura las manos. Ese día en particular se sentía fuera de lugar, absorta en ideas. Supo al instante que no tenía cabeza para otra cosa que no fuera la charla con Naruto y el destino que tomaría su vida. Así que quiso apresurarse y se secó las manos con una toalla. Ino notó que lo hacía con antelación.
—Tranquila, ¿qué haces?
—Tengo que irme.
—¿A dónde? Si se puede saber.
—Es algo con… Naruto.
—¡Oh, entiendo! —dijo la rubia, sonriendo maliciosamente—. ¿Es una clase de cita secreta? —soltó la risa—. Nunca lo imaginaría, después de todo lo que ha pasado. ¿No te importa lo que Hinata pueda pensar?
—No es una cita, tonta. Es un asunto importante.
—Ah, claro, un asunto importante, sí —Ino le clavó la vista, no muy convencida del argumento de la Haruno—. ¿Y dónde se verán tú y Naruto?
Sakura sabía a dónde iba la conversación. Ino quería escuchar algo que no iba a escuchar.
—No hagas conclusiones ilusas.
La Yamanaka le observó un momento, dándose cuenta de cada movimiento de su rostro. Era como si Sakura escondiera algo. Pero la chica del cabello rosa no iba a permitir que Ino la analizara. Bastante había dicho la tarde anterior en la florería, para que ahora sacara más rebanada del pastel. Era algo privado, un tanto delicado, como para dejar que Ino lo usara para burlarse y para hacer gala de su sarcasmo con ello. No iba a darle detalles, era obvio. Por eso, sólo dijo que debía marcharse, sin más explicación. Ino quería decir algo más, aunque no alcanzó.
Sakura salió del lugar de prisa.
…
Las calles de la aldea estaban atiborradas de personas. Era un día lleno de movimiento. El sol, alto, cobijaba cálidamente la tarde. Sin embargo, era temporada en que las noches se colmaban frías como hielo. El invierno se avecinaba para la aldea de la hoja. Y Sakura, deambulaba, alejándose de la ciudad, aproximándose a su destino. Pronto llegó a la casa de Naruto, poco antes de la hora acordada. No fue su intensión llegar anticipadamente, pero la impaciencia hizo su juego.
Sakura notó que la puerta estaba entreabierta. Sabía que faltaban veinte minutos para la hora acordada. Sólo era puntualidad, rasgo poco predominante en ella. Así que sin más, entró al departamento, que en ese momento se encontraba en total silencio, iluminado a penas por los rayos del sol. Sakura pisó el suelo de madera que crujió a cada paso. «Esta casa está más rancia que la vieja Koharu», observó. El lugar tenía el mismo olor de siempre; esa mezcla de madera con humedad. Naruto no se había convertido en un hombre más pulcro, era visto.
A un lado de la cama del rubio, aún estaba ese retrato del equipo siete. Sakura lo tomó con ambas manos. Los tiempos añorables. La mirada cálida de Kakashi cobijándolos. Ahí estaba ella, hacia un par de años, sonriendo, llena de excitación, felicidad, alegría. Naruto se veía tan gracioso con ese rostro malhumorado y berrinchudo. Y Sasuke, de brazos cruzados, tan altivo y gallardo; porque era un niño de trece años en esa foto, pero ya tenía todo el porte de un hombrecito garboso. Sakura sonrió ante el recuerdo de ese día. Sonrió con anhelo.
La puerta rechinó. Sakura giró la cabeza, pensando que se encontraría con Naruto, pero el que estaba ahí era Sasuke. Sakura tembló ante la sorpresa, y de modo torpe intentó colocar el retrato de nuevo en la mesa, sin quitarle la vista al recién llegado. Sasuke apareció con su ropa habitual; la camisa blanca y los pantaloncillos azules. Su rostro era sereno, sin presentar el mismo asombro que la chica.
—Sakura —dijo él.
La Haruno no sabía a dónde mirar.
—¿Qué haces aquí?
—Busco a Naruto —comentó, sin quitarle la vista.
—Yo también lo estoy esperando.
Después de eso, Sakura se mantuvo callada. La habitación quedó en silencio, interrumpida sólo por el soplo del aire en la ventana. Sakura no sabía qué decir, sólo miraba el suelo, ansiosa, mientras torcía los labios. Y Sasuke no dejaba de mirar cada una de sus muecas. Ambos sabían que la última vez que conversaron, todo terminó mal. La noche anterior, Sakura no durmió bien, pensando en el asunto. Ya no sentía la amargura de su presencia con la misma intensidad. Aunque, eso Sasuke no lo sabía, por eso creyó que evitar mayor molestias era la solución.
—Vendré en otro momento —informó.
Se dirigió a la puerta por donde acababa de entrar. Sakura alzó la vista de prisa y vio su espalda alejándose. Su corazón rebotó en su pecho y sintió que algo estaba mal. Ese encuentro sólo fracasó, y Sakura se estaba cansando de los fracasos. Lo observó con angustia, con ganas de detenerlo, pero un nudo en su garganta no le permitía. Supo que si no hablaba con él en ese momento, iba a arrepentirse, pues creyó en un instante que la injusta era ella.
—¡Sasuke, espera! —llamó la Haruno. Él se detuvo lentamente y giró para mirarla, ahí en la puerta. A Sakura se le resecó la boca. Se conectó con sus pupilas, sabiendo que en realidad quería escucharlo hablar. ¡Kami, quería escucharlo hablar! No sabía qué era lo que iba a escuchar ni lo que quería escuchar, pero debía dejar que fluyeran las palabras. No era un esfuerzo, era una necesidad. Así tal cual—. No te vayas —Él obedeció, se quedó allí parado. Sakura no tenía ni idea de lo que pasaría entonces—. Debo decirte...
Los rasgos finos del rostro de Sasuke eran fascinantes para ella. Era tan apuesto, y eso le inquietaba.
—Lo de ayer estuvo mal —confesó—. No quería… ofenderte.
—No me ofendiste, Sakura. Entiendo todo. Estás en tu derecho.
—Lastimar a otras personas no es ningún derecho.
—Está olvidado, no te tortures.
Aquello no pareció agradarle a Sakura. El hecho que Sasuke no quisiera hablarlo, le causó molestia.
—No es tan simple como para olvidarse, como si fuera un malentendido. Porque no fue un malentendido. Dije cosas que no debía, eso es cierto. Pero, también me guardé otras más. Y tú, Sasuke, no has dicho nada aún —La tensión se hizo espesa. Sakura esperó que él hablara—. Si dices que lo entiendes todo, ¿por qué no entiendes que necesito escucharte decir lo que te hizo falta?
—¿Qué quieres escuchar, Sakura? —Sasuke entró a la habitación, acercándose peligrosamente a ella. No estaba molesto, sólo estaba confundido—. Te dije todo ese día, en la batalla. Te pedí disculpas, es lo único que podía hacer. Y si tú no aceptaste esa disculpa, si te retractaste después, lo entiendo. Personifico el mal, a fin de cuentas. No puedes perdonar a un demonio —Sasuke se acercó, mirándola fijamente—. ¿Recuerdas esa marca maldita? Pues aún no se va. No aunque quisiera alejarla de mí. Aún sigue en mi cabeza, en mi interior. Quizá ya no está en mi piel, pero está aquí —dijo, tocándose la sien con los dedos—. No se irá. Nunca.
Sakura escuchaba sin creerlo. ¿Ese era el modo de justificarse?
— ¿No crees que esa salida es muy cobarde? —Sasuke la miró tan duramente, que por un momento, Sakura pensó que se marcharía ofendido.
—No captas nada de lo que he tratado de decirte.
—¿La excusa de la maldición? La capté bien.
—¿Excusa? Eso es lo que piensas.
—Es lo único que has dicho.
—Ahora sé que no importa qué tanto diga. Sólo escuchas lo que tú quieres.
—Quisiste asesinarnos, ¿quieres hablar de eso?
—Tú también lo intentaste.
—Porque tú no parabas de causar daño, Sasuke. Todo el mundo pedía tu cabeza, y tú no escuchabas palabras.
—Cualquier acto de mi parte será insuficiente para pagar lo errores de una vida —exclamó en alto—. ¿En quién tengo qué convertirme para curar mi pasado? ¡Exacto, no es posible!
Dicho esto, Sasuke dio la espalda, dispuesto a marcharse. Sakura volvió a temblar, indispuesta a quedarse callada. Porque lo perdonó, a fin de cuentas, pero a cambio de eso, Sakura quería escuchar la verdad.
—¿Por qué te fuiste esa noche? —exclamó, sin más filtros. Sasuke volvió a detenerse en la puerta. Los ojos de Sakura vibraron ante las gotas aparecieron, retenidas—. ¿Por qué no quisiste hablar conmigo? ¿Por qué no dejaste que nos acercáramos a ti ese día, cuando te encontramos en la guarida de Orochimaru? —Sakura sintió el nudo de su garganta, pero las palabras no podían frenarse—. Yo quería verte. Tenía tanto anhelo de verte, y tú, sólo, nos apartaste de ese modo tan cruel…
La primera lágrima cayó por su mejilla. Sasuke no giró a verla, pero recargó el hombro sobre el marco de la puerta, indicando que escuchaba todo y que aceptaba escucharlo. Sakura prefirió que fuera así, que no la viera llorar. Tenía tanto por decir, sin saber por dónde comenzar.
—Hicimos todo lo que pudimos para recuperarte. Y todo fue en vano. No quisiste escucharnos. Ni decir lo que sentías. No hablaste de Itachi con nosotros…
—No hables de él… —Le interrumpió de pronto—. Por favor.
Sakura escuchó sus palabras. Lo que siempre quiso evitar. Hablar de él. Ahora sabía que esa fue su maldición.
—Él fue la causa de todo. Lo sé.
—Sakura, no.
—¿Por qué no? ¿A qué le temes si él ya no está aquí? ¡¿A qué le temes tanto si Itachi ya no está aquí? —Le reclamó entre lágrimas. Él no respondió. Pero, como si se tratara de un foco recién encendido sobre su cabeza, Sakura descubrió lo que tanto quería ocultar el Uchiha—. Entonces es eso… es porque él ya no está aquí —continuó, dispuesta a contradecirlo—. Ahí se encierra todo. Lo necesitas, ¿verdad? —Cada segundo, su cabeza revelaba algo más—. Ese fue el error, ¿lo sabes? El ocultarlo de nosotros, de las personas que querían estar a tu lado. Pero no, te lo llevaste contigo, todo el tiempo. Por eso nos abandonaste, por ir tras él. Te dejaste consumir por tu hermano —Ante el mutismo del Uchiha, Sakura se desesperó—. No me dejaste ayudarte, no me dejaste salvarte, Sasuke. Yo pude salvarte —Las lágrimas volvieron.
—Fue más que eso —habló de pronto, absorto, lejano. Tanto, que Sakura sintió miedo. En ese momento, Sakura sintió el enorme deseo de correr hacia él y abrazarlo por la espalda. Así, de la misma manera cuando la marca maldita lo empujó a lastimar al ninja del sonido. Iba a hacerlo, hasta que él interrumpió sus ideas, girando, por fin, para verla de frente —. No estuvo en tus manos, Sakura. Lo siento.
—Pude esforzarme un poco más —siseó, con el rostro húmedo.
La mirada de Sasuke le ofreció el cobijo que ella necesitaba. Sakura supo que no podía pedirle más, nada que él no estuviera dispuesto a compartirle. Fue ese momento único para los dos. La comprensión estaba en el aire y el perdón en el corazón. Sakura se percató que la culpa, no se la echó a él todos esos años, la culpa siempre la sintió ella.
—Hiciste todo lo posible —agregó Sasuke.
Esos breves segundos, la liberación de años por fin cedió. Era una agonía que la persiguió todo ese tiempo, manchando sus sueños y sus pesadillas. Era una calamidad para su existencia, saber que tuvo la oportunidad y la dejó ir, ante la debilidad de la que aún era dueña. Cada día trabajaba duro, con el afán de convertirse en una persona diferente. En esa persona que quizá, pudo salvarlo.
Ahí, entre ese mágico reconocimiento por parte de la persona que tanto marcó su vida, la catarsis la culminó enteramente.
Para romper la burbuja, apareció Naruto de prisa por la puerta.
—¡Sasuke! —Se interrumpió él mismo, con la visión de Sakura dentro de su apartamento—. ¡Sakura! ¿Llegué tarde?
La Haruno rompió el contacto visual que tenía con Sasuke y giró el rostro a un lado. No quería que Naruto viera sus lágrimas. Con calma se las limpió. Mientras, escuchó al Uchiha.
—Debo irme ahora. Adiós —Se despidió, ignorando que necesitaba hablar con Naruto.
—Pe-Pero… —Naruto no pudo quejarse, pues Sasuke desapareció. El rostro del rubio mostró todo su desconcierto—. ¿Acaso pelearon, Sakura-chan?
Con su cabeza rosada, ella lo negó.
—No, no.
—¿Y por qué lloraste? —cuestionó con repentino pesar.
—Porque ahora todo tiene sentido, Naruto.
Y salió de prisa por la puerta, casi chocando con el hombro del Uzumaki, quien quejó más perplejo que antes.
¡Por fin, por fin! Aquí está la segunda y penúltima parte de este fic. Mi reto será subir la última parte este mismo mes. Odio tardarme tanto, en serio. Mis defectos siempre me sabotean. En fin.
Mar, el podio todo tuyo. Linda, una enorme disculpa por la tardanza. Lo que te he hecho no tiene nombre. Demandame, lo acepto. Sólo espero que el capítulo haya sido de tu agrado. Y no te desilusiones, que el capítulo final tendrá una sorpresa :D
¡Comentarios, críticas, quejas, tomatazos, aquí abajo!
Hasta la próxima
Lux
