Capítulo 1
En la actualidad - New Orleans
–Tú sabes, Itachi, matar un alma absorbida por Daimon sin una buena pelea es como sexo sin copular. Una pérdida de total tiempo y completamente in...satisfactoria.
El no,brado gruñó ante las palabras de Shisui mientras se sentaba en una mesa de la esquina del Café Du Monde, en espera del regreso de la camarera con su café negro de achicoria y beignets. Él tenía una antigua moneda sajona en su mano izquierda la cual hacía rodar entre sus dedos mientras escudriñaba la calle oscura delante de él y vigilaba a turistas y locales moverse errática y ligeramente.
Habiendo desterrado la mayor parte de sus emociones mil quinientos años atrás, Itachi sólo se permitía disfrutar de tres alegrías: mujeres fáciles, café de achicoria y llamadas telefónicas con Shisui.
En ese orden.
Sin embargo en honor a la verdad, había ocasiones en que la amistad significaba más para él que una taza de café. Esta noche, sin embargo, no era una de ellas.
Se había despertado poco después del anochecer para encontrarse patéticamente bajo en cafeína, aunque la teoría decía que los inmortales no podían tener adicciones, él nunca apostaría a eso.
Apenas se había tomado el tiempo para colocarse unos pantalones y su chaqueta de cuero, antes de salir a buscar la cafeína.
La noche fría estaba desacostumbradamente calma. No había muchos turistas en la calle, lo cual era inusual tan cerca de Mardi Gras. Además, era la época principal de los Daimons, pronto los vampiros estarían acechando a los turistas, haciéndolos victima de un banquete abierto. Por el momento, pensó. Itachi estaba contento que estuviese calmo así podía ocuparse de la crisis de Shisui y alimentar el único deseo que no gemiría.
–Hablando como un verdadero hombre del norte –dijo Itachi en su teléfono celular–. Lo que necesitas, es aguamiel, un vestíbulo con chicas sirviéndote y vikingos listos para luchar por su camino al Valhalla.
–Cuéntame sobre eso –Shisui estuvo de acuerdo–. Extraño las buenas viejas épocas cuando los Daimons eran guerreros entrenados. Estoy totalmente aburrido de la mentalidad: "mi pistola solucionará todo".
–¿Te dispararon otra vez?
–Cuatro veces. Juro... desearía poder tener un Daimon aquí como Orochimaru. Me encantaría una buena pelea inescrupulosa una vez siquiera.
–Cuidado con lo que deseas, podrías obtenerlo.
–Sí, lo sé. Pero demonios. ¿Por una sola vez, no pueden dejar de correr? Extraño la forma en que las cosas solían ser.
Itachi ajustó sus anteojos oscuros Ray Ban Depredador, mientras miraba un grupo de mujeres caminando en la calle cercana. Ahora había un desafío en el que él podría hundir sus colmillos. Bajo sus labios cerrados, paso su lengua sobre su largo colmillo izquierdo mientras observaba a una bella mujer rubia vestida en azul. Ella tenía una lenta y seductora forma de caminar que podía hacer sentir a un hombre de mil quinientos años como un adolescente. Él deseaba tanto un pedazo de eso.
Maldito Mardi Gras.
De no ser por la estación, él estaría colgando el teléfono a Shisui y corriendo tras ella para satisfacer sus deseos. El deber. Cómo apestaba. Dejó que sus pensamientos regresaran a la conversación.
–Te diré, lo que más extraño son las Talpinas.
–¿Qué son esas?
Itachi echó otra mirada a las mujeres que rápidamente iban a la deriva en su línea de visión.
–Cierto, ellas estuvieron antes de tu época. Siendo mercenarios en el infierno de los Años Oscuros, solíamos tener unas animadas escuderas cuyo único propósito era cuidar de nuestras necesidades carnales. –Hombre, eran geniales. Ellas sabían lo que éramos y estaban más que felices de acostarse con nosotros. Hasta se entrenaban en cómo darnos placer.
–¿Qué les sucedió?
–Alrededor de cien años antes de que nacieras, un Dark Hunter cometió el error de enamorarse de su Talpina. Desdichadamente para el resto de nosotros, ella no pasó la prueba. Artemisa estaba tan enojada, que se presentó y desterró a las Talpinas de nosotros, e implementó la Oh maravillosa regla de solo-puedes-dormir-con-ellas-una-sola-vez. Ante la violenta reacción, Acheron vino con la ley de nuca-toques-a-tu-Escudero. Te digo, tú no has vivido hasta que has tratado de encontrar una noche decente en los setecientos de Gran Bretaña
–Ese nunca ha sido mi problema.
–Sí, lo sé. Te envidio eso. Mientras el resto de nosotros tenemos que alejarnos de nuestras amantes no sea que traicionemos nuestra existencia, tú puedes actuar despreocupadamente.
–Créeme, Itachi, no es tan acertado como debería ser. Tú vives solo por elección. ¿Tienes idea que frustrante es que nadie te recuerde cinco minutos después que te vas? - Shisui exhaló un suspiro largo, cansado–. La madre de Konohamaru se ha acercado tres veces en la última semana para encontrarse con la persona con quien trabaja. ¿La he conocido por cuánto? ¿Treinta años? Y no me deja olvidar esa vez dieciséis años atrás cuando volví a casa y llamó a los policías.
Itachi hizo una mueca ante la dolorida voz de Shisui. Eso le recordó el por qué no se permitía sentir nada salvo placer físico.
Las emociones no tenían propósito en la vida y él estaba mucho mejor sin ellas.
–Lo siento, pequeño hermano –le dijo Itachi–. Por lo menos nos tienes a nosotros, y tu Escudero, quien no te puede recordar.
–Si, lo sé. Agradezco a los dioses por la tecnología moderna. De otra manera me volvería loco.
–No es por cambiar el tema, pero sabes a quién reacomodó Artemisa para tomar el lugar de Sasuke?
–Oí que era Neji -dijo con incredulidad–.¿En qué estaría pensando Artemisa?
–No tengo idea.
–¿Sasuke ya lo sabe? –preguntó Shisui.
–Por una razón obvia, Kakashi y yo optamos por no decirle que el nieto y viva imagen del hombre que le crucificó y destruyó su familia fue reubicado en la ciudad. Desgraciadamente, estoy seguro que se enterará tarde o temprano.
–Humano o no, Sasuke lo matará si alguna vez se cruzan sus caminos, no es algo a lo que necesitas hacer frente en esta época del año.
–No me digas.
–¿Entonces, quién tiene la tarea del Mardi Gras este año? –
Itachi soltó la moneda en su mano mientras pensaba en el antiguo esclavo greco-romano, que sería temporalmente trasladado a la ciudad mañana para ayudar a batallar con la explosión de Daimons que ocurría cada año en esta época. Juggo era un conocido cazador que se alimentaba de sangre humana. Era inestable en el mejor de los casos, sicótico en el peor de ellos. Nadie confiaba en él.
Y era simplemente la suerte de Itachi tener a Juggo aquí, especialmente desde que había estado esperando que una Cazadora Oscura viniera de visita. La presencia de otro Dark Hunter podía agotar sus poderes, aún así, él prefería tener una mujer atractiva para mirar que lidiar con la psicosis en persona. Además, para lo que tenía en mente, él y la Cazadora no necesitaban sus poderes de Cazadores Oscuros de cualquier modo..
–Están importando a Juggo.
–No pensé que Kakashi le permitiría alguna vez dejar Alaska.
–Sí, lo sé, pero la orden vino de Artemisa, ella lo quiere aquí. Pareciera que tendremos una reunión de sicóticos... Oh espera, es Mardi Gras.
Por fin la camarera trajo su café y un plato pequeño con tres beignets que estaban cubiertos con excesivo azúcar. Itachi suspiró apreciativamente.
–¿El café llegó?
–Oh, sí.
Tomó un sorbo de su café, lo dejó a un lado, y alcanzó un beignet. Apenas había tocado el pastel cuando vio algo a través de la calle, en el lado derecho de Jackson Square más allá de Pedestrian Mall.
–Ah, hombre.
–¿Qué?
–Mierda, Fabio a la vista.
–Hey, tu no estas demasiado lejos del tipo tampoco, rubiecito.
–Muérdeme.
Fastidiado por la inoportuna aparición, observó al grupo de cuatro Daimons acechando la noche. Daimons que poseían la divina belleza de su raza. Se contoneaban como pavos reales, borrachos de su propio poder mientras observaban a los turistas que iban a matar. Por naturaleza, eran cobardes. Sólo defendían su causa y peleaban cuando estaban en grupos y sólo como último recurso. Porque eran mucho más fuertes que los humanos, se alimentaban abiertamente de ellos, pero deja a un Dark Hunter cerca de ellos y corren para esconderse. Hubo una vez un tiempo en que no había sido así. Pero las nuevas generaciones eran más cuidadosas que sus antepasados. No estaban ni tan adecuadamente adiestrados, ni eran tan ingeniosos.
Itachi estrechó sus ojos.
–Tú sabes, si fuera una persona negativa, estaría seriamente molesto ahora mismo.
–Suenas molesto para mí.
–No, esto no es estar molesto. Esto es estar suavemente perturbado. Además, deberías ver a estos tipos –dejó su acento céltico mientras inventaba una conversación. Él elevó su voz a un tono antinatural–. Oye, grandioso George, creo que huelo un Dark Hunter.
–Oh no, Dick –dijo, bajando su voz dos octavas–, no seas despreciable. No hay ninguno aquí.
Itachi regresó a su falsete.
–Yo creo...
–Espera –dijo Itachi, otra vez con voz profunda–. Huelo turistas. Turistas con grandes... fuertes almas.
–¿Te detendrás?
–Hablo de "mancha de tinta" –dijo, usando el peyorativo término que los Cazadores Oscuros le daban a los Daimons. Se basaba en la extraña marca negra que todos los Daimons desarrollaban en sus pechos cuando pasaban de ser un Apolita a cazadores de humanos. –Demonios, todo lo que quería era tomar un café y un beignet pequeño.
Le echó una nostalgiosa mirada a su bebida mientras debatía qué debería tener prioridad.
–Café... Daimons... Café... Daimons...
–Pienso que en este caso es mejor que ganen los Daimons.
–Si, pero es café de achicoria.
–Itachi queriendo ser tostado por Kakashi por fracasar en proteger a la humanidad.
–Lo sé –dijo con un suspiro altamente indignado–. Déjame ir a eliminarlos. Te hablo después.
Se paró, deslizó su teléfono en el bolsillo de la chaqueta de motorista, y clavó anhelosamente los ojos en sus beignets. «Oh, los Daimons pagarían esto.» Tomando un rápido trago de café que escaldó su lengua, rodeó las mesas y caminó hacia los vampiros, que acechaban el edificio Presbiteriano en construcción. Con los sentidos de Dark Hunter alerta, Itachi se encaminó al lado opuesto de la plaza. Él les cortaría la cabeza y se aseguraría que pagaran por sus formas de robar un alma. Y por sus beignets no comidos.
