Fanfic inspirado en un pequeño cómic de T助( _tsk03_).
Los personajes no me pertenecen sino a Fujio Akatsuka. Yo no gano nada más que alivio en mis noches de insomnio con esto.
Advertencias: Alternative Universe (aquí aparte de lo que el título indica, los séxtuples no son hermanos), Ooc, Yaoi, posible Gore, lenguaje explícito y lo que se presente en el camino. Si algo de esto no te gusta, te invito cordialmente a abandonar el Fanfic.
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No es que siguiera siendo un bebé llorón, pero debe admitir que le tomó más de 5 minutos contener la ansiedad y las lágrimas.
La enfermera amablemente lo ayudó a reprimir su llanto y (con una fuerza no prevista) lo levantó del suelo para que caminara.
-Vamos señor Karamatsu, no debemos quedarnos en un punto fijo, el hospital está repleto de ellos.
Él sabía que eso era cierto sin necesidad de cuestionarle. Su cabeza era una maraña, tenía tantas preguntas que hacerle, pero sólo pudo limitarse a intentar caminar y no ser un estorbo, no podía darse el lujo de detenerse a conversar con ella sobre esa situación y menos en un hospital lleno de monstruos.
Juntos, y siendo lo más silenciosos que podían, bajaron las escaleras rumbo a la primera planta, la cual posiblemente se encontraba repleta de zombies, Karamatsu quería correr directo a la planta baja o, en el peor de los casos, volver sobre sus pasos y encerrarse en la habitación. Cómo si Osomatsu supiera qué pasaba en su cabeza lo tomó de las manos y se acercó a él, quizás demasiado cerca.
-Oye Karamatsu, sé que debes tener miedo, yo también lo tengo y mucho, pero debemos ver si aún hay más sobrevivientes. El mundo fuera de estás paredes estará completamente infectado y entre más seamos, mejor.
Que lo llamara por su nombre a secas lo dejo un tanto desconcertado, sin embargo, sólo ese argumento bastó para que se pusieran en marcha. La idea de ir en grupo lo reconfortaba, ciertamente así serían más para defenderse.
A pesar de su buena fe, todo estaba sumergido en una calma espectral, su acompañante observaba por las ventanas al interior de las habitaciones pero no parecía haber nada dentro de ellas, era muy inquietante.
-¿Y si los doctores dieron aviso y todos huyeron? –preguntó.
-Es una posibilidad, aunque me resulta difícil de creer que lo hicieran sólo en la primera planta y no en el resto del hospital.
-Pero esto se encuentra desierto ¿no?
Osomatsu se limitó a darle una mirada extraña y siguió caminando. –La verdad es que sí es bastante sospechoso… te mentiría si dijera que es un hospital normal, de hecho es tan raro que yo…
El corte repentino lo lleno de curiosidad, aumentada claramente por la falta de palabras después de una frase tan extraña.
-¿Que tú… qué?
-Que yo… que yo, bueno, que yo por eso estoy aquí ¿vale? –respondió molesto.
Nuevamente reinó el silencio entre ambos, ayudando al aumento de ansiedad con cada paso que daban. Karamatsu se dedicó a vagar en sus pensamientos. ¿Cómo estarían sus padres? ¿Sus amigos? ¿Todo Japón estaría infectado? ¿El mundo?... ¿Su muerte inminente?
De pronto chocó con un cuerpo duro, saliendo de su ensimismamiento.
-Shh –lo calló Osomatsu. Y justo cuando iba a preguntar que qué estaba pasando, lo escuchó.
Era un ruido como si alguien hurgara entre objetos metálicos.
Se mandaron una mirada cómplice y avanzaron con cautela. Nuevamente la enfermera se detuvo, esta vez frenó a tiempo, observando su figura analizando la situación. Inevitablemente él también lo hizo. Si bien el piso de arriba era un caos y había un montón de objetos que podían utilizar para defenderse, éste se encontraba tan impoluto como siempre, por ende, no contaban con protección alguna, salvo claro la lucha cuerpo a cuerpo. Él estaba herido y no podría usar su brazo, así que sólo tenían a una persona útil pero desarmada ¡Vaya mierda!
-¿Qu-qué vamos a hacer? –susurró.
-Es obvio. Bueno –canturreó Osomatsu. –Me hubiese gustado que la magia y el disfraz durarán un poco más, pero no todo en esta vida es posible. –Y sin ninguna ceremonia o preparación, vio como la que llevaba considerando todo el tiempo como una mujer fea, se inclinaba con la pompa al aire, se bajaba las lustrosas medias (con bragas incluidas), y jalaba algo raro de su ano.
Anonadado, observo como iba retirando el mango de lo que sea que se había metido, atrayendo consigo un objeto rectangular y lustroso. Pujaba levemente para ayudarse, mientras que él seguía ahí sin saber qué coño estaba pasando. Tan absorto estaba en esa escena que no notó el sexo de esa persona hasta que el arma estuvo fuera.
Si su escaso conocimiento del mundo no fallaba, y sus noches de porno sirvieron para algo, esa enfermera frente a él eran un chico… ¡Un chico, maldita sea! ¿Cómo no se dio cuenta antes?
Estaba tan sorprendido observando las obvias características que lo señalaban como un varón, que no podía respirar. Era un chico, un chico que acababa de sacar una puta pistola de su puto ano.
Alguien mátelo por favor, se siente demasiado estúpido.
-Bien, vámonos. –Su trance fue roto por el culpable del mismo, con su traje de enfermera en su lugar y pistola en mano.
Pistola en mano.
Pistola en mano.
Pistola en mano. ¡Joder!
Estaba en shock. Pero siguió avanzando, pese a todo no quería morir, aunque eso significara seguir ciegamente a un pervertido.
No podía dejar de mirar fijamente a Osomatsu, su cabeza era una colmena de preguntas, aunque claro, es que él es idiota, si le dio su nombre y todo, y ese es un nombre masculino. Quería llorar.
El fuerte ruido de un tubo cayendo lo ayudó a poner sus pies en la tierra. Estaba con un pervertido en un hospital lleno de muertos vivientes, no podía dejarse llevar por sus divagaciones.
Se dirigieron a la fuente y encontraron no a uno, sino a cinco zombies chocándose contra distintos objetos que parecían formar una débil barricada en la puerta, la que parecía a punto de derrumbarse. Cruzó una mirada con Osomatsu, y con un leve asentimiento, salieron corriendo rumbo a las escaleras.
Lo más probable es que si no había nadie en las habitaciones fuera porque efectivamente el piso estaba vacío, salvo claro, por los infectados con ansias de carne fresca.
Corrieron a todo lo que daban sus piernas, bajando las escaleras de tres en tres y se encontraron con la pesadilla encarnada. Toda la planta baja estaba repleta de zombies; de zombies vagando, de zombies chocando, y lo más aterrador, de zombies comiendo.
La bilis le trepó por el esófago clamando por liberación, pero se contuvo. A su lado, aquel hombre pervertido que lo había salvado se encontraba petrificado. El sonido del metal estrellándose contra el piso se escuchó claramente en el piso de arriba. Estaba rodeados.
-Tenemos que salir, tenemos que salir, tenemos que salir, tenemos que salir.
Osomatsu repetía eso como un mantra, parecía en estado de shock, con sus ojos completamente abiertos y fijos en la nada.
No pudo evitar darle un pequeño golpe con su yeso, recibiendo una mirada alarmada.
-Tenemos que salir. Lo haremos.
Osomatsu sonrió, así es, tenían que salir de ahí. Miró al frente y observo la situación. Las salidas estaban bloqueadas, había al menos 50 zombies en ese sitio y otros cinco bajando las escaleras. Podían intentar correr, con su arma podían deshacerse de algunos… pero sería un suicido detenerse a disparar. Siguió viendo el perímetro. En la puerta de la entrada principal había 8 de ellos bloqueando la puerta, parecía ser que todos están amontonados en este living. Podemos intentar ir por la entrada de urgencias cuya calle es menos transitada, seguramente en la acera de enfrente de esta puerta haya una gran horda de zombies, que si por azares de la vida conseguimos salir por aquí, ellos nos matarán.
Pero di lo intentamos por la otra vía… nada nos asegura que el tramo a urgencias sea seguro…
Karamatus observaba a su acompañante con desesperación, podía escuchar a aquellas bestias a sus espaldas. De pronto, Osomatsu tomó su mano y le entregó su arma, estaba tan sorprendido que no recordó dónde había sido guardada antes.
El chico en traje de enfermera bajo los escalones que les restaban y con una última mirada que decía todo, corrió por el pasillo al lado de la escalera. Sin miramiento alguno lo siguió a toda velocidad.
Aquel pasillo se encontraba vacío, si acaso en los cruces veían a esos muertos en vida observarlos. Siguieron recto hasta llegar a una sala un poco más pequeña, con unas sillas a los costados y la clara entrada para ambulancias al lado de una puerta. Volteó hacia atrás, quizá ese lugar estuviera deshabitado, pero el pasillo era llenado por los entes que atrajeron en la búsqueda de una salida. Osomatsu lo tomó del brazo, aparentemente ya había notado que no estaban solos, y lo llevó a la puerta.
Por un vago momento se planteó la posibilidad de que estuviera cerrada y de que ese sería su final. Pero el mundo no era tan cruel a veces y lograron llevar a cabo la misión con éxito.
Habían salido del hospital rumbo a una ciudad repleta de ellos.
